Esté capítulo contiene fragmentos del manga.
Capítulo 66. La cabaña
Los rayos del sol atraviesan los ventanales de la habitación mostrándome a mi adorable esposa durmiendo entre mis brazos, tengo la fortuna de verla despertar, me encanta ver sus ojos que me dicen lo mucho que me ama, ella me regala su bella sonrisa mientras me acaricia el rostro y le digo divertido — buenos días señora Andrew
Me contesta embelesada —buenos días amor
Luego me besa acercando su cuerpo desnudo a mí, ella me provoca miles de sensaciones placenteras y no puedo evitar excitarme cuando mi rubia toma control de la situación encima de mí, verla tan deseosa de caricias es el mejor afrodisíaco que necesito para adorar su cuerpo de diosa.
La cama está hecho un desastre, pero no cambié las sábanas solo las quite. Después de bañarnos bajamos al recibidor, contemplo el jardín de rosas por la gran ventana mientras siento los brazos de mi linda esposa rodear mi cintura, luego me besa al mismo tiempo que me acaricia la espalda, yo pongo mis manos en sus caderas para luego bajarlas a su trasero, ella emite un gemido placentero, con un impulso la cargo mientras que ella me rodea la cintura con sus piernas, podría pegarla a la pared, pero optó mejor por el comedor, la siento en la mesa para besarla a mi antojo, deslizó mis manos por sus piernas para acercar mis dedos a su entrepierna, al estar en contacto con su ropa interior me percato de que está húmeda, solo jugamos por unos momentos, luego le acarició la pancita para decirle — ya es hora de tener un bebé
— a mí me gusta practicar contigo — dijo ella mientras me guiñaba un ojo.
Terminamos riendo, después fuimos a la cocina, puse a tostar pan, prepare huevos revueltos con tocino, Candy pico un poco de fruta y preparo jugo de naranja. Desayunamos a medio día, más tarde salimos a caminar al jardín, recuerdo a Antony de pequeño corriendo por todo el patio, él era feliz al lado de su madre, los recuerdos del pasado me ponen melancólico, Candy tiene un semblante triste, se que compartimos el mismo dolor, caminamos en silencio por los portales hasta llegar al de agua, en este lugar le tengo preparado una sorpresa que no se espera y se que la hará feliz, no me equivoqué por que ella sonríe al ver el bote en forma de cisne que fabricó Steer, acomodo el bote para ponerlo en marcha, me subí, luego le doy la mano a Candy para ayudarla a abordar, ella se sentó en el banquito frente a mí y avanzamos corriente abajo. Ella es tan hermosa a pesar de que en su rostro se refleja un aire de amargura y luego dice en voz baja —inventaba cosas impensables... Era tan alegré
Es tan difícil seguir sin Steer, sin Antony, sin Rosemary y sin mis padres pero se debe de continuar a pesar de todo. Mi rubia está pensativa pero la interrumpo llamándola por su nombre —¡Candy...!
Ella contesta con cierto sentimiento en la voz— lakewood... Me trae tantos recuerdos
De pronto cambia su semblante melancólico por uno curioso y pregunta — Albert ¿Dónde va este bote?
Le contesto con amabilidad — pronto lo sabrás
Pasados unos minutos disfrutando del paisaje y de la brisa que acaricia nuestra piel por fin Candy habló con el mismo entusiasmo que la caracteriza — ¡Ya sé! Vamos a la cabaña
Le respondo con la misma euforia —¡Bingo!
Se que para muchas personas ese lugar es muy simple pero no para nosotros, mi Candy y yo amamos ese lugar por que podemos apreciar su belleza, por lo sencillo de la residencia pero que está rodeada por la magnificencia de la naturaleza. Después ella habla — Albert dime ¿Por qué cuando nos reencontramos en la cascada no eras rubio? ¿Y por qué tenías esa barba que te envejecia?
—estaba disfrazado... Por que la tía Elroy conoce a mucha gente
Al estar cerca de la cabaña, el bote empezó a emitir sonido extraños y de pronto el cisne comenzó a hundirse con nosotros adentro, antes de ser arrastrados por la corriente, saltamos al agua y empezamos a nadar a la orilla del río, luego dije un tanto desilusionado — ¡Que raro! Estaba seguro de haberlo reparado correctamente...
Este inconveniente habría hecho enojar a cualquier otra persona pero no a mí comprensiva esposa que me regaló una bella sonrisa mientras decía alegremente— ¡Es el bote de Steer! ¡ Sus pasajeros están destinados a mojarse!
Los dos reímos por el comentario de mi rubia, estamos completamente empapados, la ropa se adhiere a sus pechos redondos, la tela se trasparenta mostrándome sus pezones erguidos, me acerco a mi amada para besarla lentamente en sus labios de cereza, mientras que con una mano le rodeó la espalda, con la otra le atrapo un seno para acariciarla con delicadeza, ella me rodea el cuello con sus brazos delgados al mismo tiempo que me masajea el cabello, el beso cada vez se vuelve más intenso, mis labios bajan por su cuello, de pronto ella estornuda haciéndome conciente de lo frío que está el agua. La ayudo a salir del río, luego salgo yo para dirigirnos a la casita escurriendo gruesas gotas de agua, dejando un camino húmedo a nuestro paso, nos introducimos al recinto, la acompaño a la habitación para mostrarle donde esta la ropa seca, ella se desviste en mi presencia, la arropó con una toalla cálida, luego me desvisto yo poniéndome una toalla en mi cintura, ella se pone un camisón, cuando está a punto de ponerse un vestido la detengo diciéndole —no te pongas lo que pronto te quitaré
Sus mejillas se ruborizan y asiente con la cabeza, yo me pongo unos pantalones cómodos, cuando estaba a punto de ponerme una playera Candy dijo — no te lo pongas... A mí me gusta verte así
La atrapo en mis brazos mientras ella ríe dulcemente, la pego a mi cuerpo, meto mi nariz en su cuello para preguntarle —¿Así cómo?
—no te diré nada
—dime o te hare cosquillas
— me gusta... —trata de escabullirse y grita —¡no lo diré!
Escudriñó su cuello para hacerla reír con más ganas sin dejar que escape, luego ella se rinde y dice con cierta picardía — me gusta ver tus perfectos pectorales
Al escucharla no puedo evitar reír escandalosamente y le digo con certeza — no son perfectos
Ella me toca sutilmente el pecho con sus dedos y dice con vehemencia — para mí son hermosos... Todo tú eres precioso
Me irritan un poco sus palabras por que no estoy acostumbrado a los halagos, se lo que soy y se que mi apariencia física no me vuelve un buen hombre, mis acciones son lo que pueden hacer de mi una mejor o peor persona. No sé que decir a sus palabras por eso la vuelvo a besar para hacerla callar pero está vez la llevo hasta nuestro lecho de amor.
Continuará...
