Este capítulo contiene fragmentos del manga y de la novela.

Capítulo 71. Sanamos nuestros corazones

Los días en este pequeño paraíso pasan demasiado rápido, conforme transcurre el tiempo puedo sentir como crece la tención en Albert, de pronto en una tarde soleada apareció George en la casa, cuando lo vi me alegre de sobremanera, lo abracé dándole la bienvenida, después lo invité a sentarse en la mesita de patio y le dije — me gusta mucho su estilo, ese traje negro le queda muy bien

George siempre me a tratado con amabilidad, por eso lo lleno de cumplidos como una forma de agradecimiento, después pregunte curiosa:

—¿ Albert también utiliza trajes negros? — mientras que el aludido me miraba con suspicacia y con una sonrisa burlona que ignore con facilidad

— siempre que trabaja —contesto George sin expresiones en el rostro, pero lo hizo con la voz suave, suficiente para mi para saber que soy de su agrado. Luego pensé "¡ Ah, es por eso que a Albert lo confundieron con un gángster cuando vivíamos en el magnolia"

La presencia de George me hace sentir jubilosa y lo demuestro con una enorme sonrisa, pero todo cambio cuando dijo que Albert tenia que regresar a trabajar, en ese instante mi buen humor fue reemplazada por una de tristeza y frustración. Cuando termino de dar su comunicado se despidió con cortesía y desapareció así de repente como llego.

Albert al verme perturbada se acerco a mi, me abrazo y dijo — se que no te gusta para nada la noticia que nos acaba de dar George pero es lo mejor

Lo mire con reproche y hable sin meditar —lo mejor...¿para quien?... por que para mi no lo es

Mi esposo me consiente de sobremanera y eso a provocado que me convierta en una persona caprichosa, altanera y berrinchuda, me avergüenzo de mi misma, como también de mis propios sentimientos egoístas que tengo con respecto a él, trato de resistirme para que esta etapa de mi vida no se acabe, solo quiero tenerlo para mi. Me observa con cierta desilusión en su mirada lo que provoca en mi que yo desvié los ojos hacia otro lado, pero como siempre él es tan calmado, caballeroso, tranquilo y bondadoso que me sorprende que a pesar de mi actitud grosera él en ves de enojarse afianza el abrazo y dijo con una voz conciliadora — se que no quieres que acabe nuestra luna de miel... yo tampoco quiero que se termine pero no podemos vivir así de por vida, por que nos espera la vida real, donde yo soy el responsable de una empresa y tu tienes tu trabajo de enfermera, ya veras que nos la vamos a pasar bien en la mansión de Lakewood, chicago, escocia o Inglaterra

Me trague mi inconformidad, e imite lo positivo que era mi rubio y hable mas calmada — ¿tu crees?

Con su sonrisa de sol me contesto — claro que si, por que el hogar no es un pedazo de tierra... el hogar es el lugar donde están nuestros seres queridos, tu eres lo que yo mas amo y por eso eres mi hogar

Me sorprende como Albert ejerce esa voluntad en mi que con su trato cariñoso y sus palabras sabias hace que vea la vida con mayor optimismo que no puedo evitar sonreírle mientras lo abrazo con fuerzas mientras le digo _ tienes razón

_ por supuesto que tengo razón

Sabiendo que había hecho una tormenta en un vaso de agua, me disculpe con el corazón en la mano _ por favor perdóname por ser tan cabeza dura

Él me dio un beso en la frente y me regalo una sonrisa tierna, luego dio un suspiro mientras decía como si estuviera reflexionando — el matrimonio... recuerdo por que no quería casarme y del por que lo pospuse lo mas que pude

Con ese comentario lo fulmine con la mirada al mismo tiempo que él reía escandalosamente y dije con enojo _ si quieres te firmo el divorcio ahora mismo para que sigas con tu vida libre sin mi

_ ¡ah!, pero si lo escuchaste... solo es una broma... jajaja seria un tonto si te dejara ahora que estamos ¡casados!

Hice un puchero y mi esposo me dio un beso suave en los labios, acción que me hizo olvidar que estaba molesta con él y con la vida.

Días después fueron a dejar unos caballos hermosos, eran gallardos, se veían poderosos, grandes, con un pelaje marrón y brilloso, los dos se veían llenos de energía. En una tarde soleada nosotros estábamos listos para la cabalgata de regreso a Lakewood con nuestros respectivos trajes de equitación. Albert realmente se ve precioso con esas botas negras que le llegan a las rodillas, sus pantalones blancos se adhieren a sus piernas fuertes como una segunda piel, se ve como el príncipe que es con su saco negro hecho a su medida que cubre casi por completo su camisa blanca, yo estoy vestida de la misma manera que él, con la única diferencia es que el saco que traigo puesto es de color rojo, veo como mi esposo se acomoda la boina para salir de la cabaña, Albert camina de forma soberbia sosteniendo la fusta en sus manos, me ayuda a subir al caballo con sutileza y emprendemos el viaje, primero trotamos lentamente apreciando el majestuoso paisaje de las tierras fértiles de los Andrew, son extensas hasta cruzar las montañas donde se esta ocultando el sol cálido, el verdor de la vegetación es impresionante por que muestra desde lo tenue a lo brilloso. Después empezamos a cabalgar a alta velocidad sintiendo el golpeteo del viento en nuestro rostro, sonrió al sentir la adrenalina que ofrece este deporte.

En plena carrera la felicidad que invadía mi corazón fue sustituida por la melancolía al darme cuenta que este lugar me es familiar, no quisiera recordar el pasado pero es inevitable que los recuerdos se hagan presente así de pronto, detuve abruptamente al corcel, el relinchar del animal hizo que Albert frenara su caballo mientras me veía con la preocupación plasmada en su cara, estoy pensativa con el rostro pálido, mi corazón lo siento latir cada vez más despacio al mismo tiempo que empiezo a temblar ligeramente y con un nudo en la garganta hable— ¿Podemos desviarnos un momento?

Albert acepto no muy convencido, después de un momento nos bajamos de los caballos para seguir a pie adentrándonos entre los arboles, este es el bosque donde Antony cayo del caballo golpeándose la cabeza, accidente que le costo la vida. Al llegar en el sitio donde ocurrió la trágica muerte de mi primer amor nos detuvimos por unos instantes observando el bello panorama, las campánulas cubrían de azul un lado del paisaje mientras que el otro lado era bordado de eglantinas. La luz de la tarde se dividió en cintillas como para marcar la frontera con el otro mundo...

Todo eso era tan bello y, doloroso que me puse a llorar. Si, esa famosa cacería de zorros... si no se hubiera realizado ese evento, donde estaba previsto presentarme a la familia como hija adoptiva... Anthony no habría fallecido tan joven.

Dije con melancolía en la voz _ es mi culpa...es mi culpa si Anthony esta...

No pude pronunciar la palabra que seguía y estalle en llanto sintiendo como mi cuerpo frágil era rodeado por los brazos protectores de mi esposo escuchándolo hablar con una voz dolorosa que penetro mi corazón _ ¿pero qué dices? si fui yo quien te adopto y fui yo quien organizo la cacería de zorro...

Luego pensé " Ah, los mismos sufrimientos que los míos... los mismos dolores se debaten en el interior de mi esposo desde hace tanto tiempo"

Las lagrimas salían a borbotones de mis ojos que la ropa de Albert quedo mojada, después de tranquilizarme le dije _ discúlpame por haber ensuciado tu linda camisa

Él me sonrió y me abrazo con mas fuerza, no necesitaba escuchar palabras para saber que ese pequeño acto me decía que no le importaban las cosas materiales. Después lo mire a los ojos para decir estas palabras que no se de donde surgieron, debió ser dios quien me las susurro en el alma para liberarnos de nuestras propias culpas _ no se puede saber lo que nos depara la vida … lo que le paso a Anthony no es culpa de nadie

Con lo que dije Albert y yo comprendimos que no fue nuestra culpa lo que le paso a Anthony y entre los dos, juntos, abrazados y reflexionando sobre lo acontecido en el pasado sanamos nuestros corazones liberándonos por fin fin de las culpas.

continuara...