Pasados una semana de las murmuraciones, Will se encontraba en el aula junto a sus otros compañeros escuchando con tranquilidad como la religiosa pasaba lista.

En esa ocasión a la maestra se le había olvidado el libro que utilizaría para su clase de matemáticas y sabiendo que el rubio era muy amable no dudo en pedirle al príncipe que fuera a la biblioteca por dicho objeto.

El joven Andrew caminaba por los pasillos del instituto y antes de cruzar por la oficina de la directora vio a Karen recargada en la pared con un gesto triste en el rostro y los ojos cerrados, Will dudo en saludarla pero para llegar a la biblioteca tenía que pasar frente a la señorita, al acercarse ella escucho los pasos del rubio y abrió los ojos, después sonrió con pesar, luego el joven dijo con sorpresa — Karen...

— Andrew

—dime Will

—esta bien...

—¿Cómo te sientes?

La chica se mordió el labio inferior, su respiración se volvió agitada al mismo tiempo que sus ojos se inundaban de lágrimas y contestó sintiendo un nudo en la garganta —la verdad me siento mal...

Will se conmovió al verla tan decaída y hablo con preocupación — yo quisiera ayudarte pero no sé como hacerlo...

Karen fijo su mirada en los ojos del príncipe y al ver solo bondad en su corazón hablo —tu sola existencia me reconforta...— no pudo contener su llanto por más tiempo y estallo en sollozos silenciosos al mismo tiempo que las lágrimas corrían por sus mejillas mientras decía con impotencia e indignación — después de que divulgaran por todo el colegio sobre mi origen nadie me dirige la palabra, las personas de este lugar me ven con repugnancia...

— Karen... Aveces la gente es muy cruel

— tú eres la única persona que me dirige la palabra... Mis amigas se han alejado de mi, no quieren ni verme

— tú vales mucho... No les hagas caso

La damita se secó las lágrimas con las manos y se obligó a no llorar más y respondió — intento no prestar tanta atención a lo que hagan los demás pero me duele que piensen que soy menos...

—me lo imaginó pero la graduación ya está cerca solo debes de resistir una semana más y todo pasará

— gracias por tus buenos deseos pero...

—¿Pero qué?

La chica quería decir algo más pero se contuvo y solo contestó — nada... Tú tienes razón, falta poco para la graduación y todo quedará en el olvido

— me da gusto que no te dejes vencer... Eres fuerte Karen

La chica le ofreció la mano al joven, este la estrecho después ella habló — si no nos volvemos a ver nunca más yo siempre te recordaré con mucho cariño... Eres tan gentil que me parece que eres irreal

— pero nos volveremos a encontrar

—claro

Karen soltó la mano de Will mientras él hablaba — hasta luego... Tengo que ir a la biblioteca

—ves

El joven se fue dejando sola a la damita quien se dispuso a irse directamente a su habitación en plena clase, recordando las palabras duras de la directora del colegio.

En lakewood estaba un castaño intentando hacer volar un papalote en el jardín de las rosas, pero por más que se esforzaba no podía, estaba un tanto estresado por la situación hasta que se le ocurrió una idea para hacer volar el cometa, la solución era poco convencional pero según Steer era revolucionaria.

En Chicago la pequeña Candy era feliz disfrutando de la compañía de su hermana y sus padres en un día de campo, todos comían mientras hablaban de cosas graciosas. En cambio la caprichosa de Eliza disfrutaba ver como su madre Sara regañaba a la niñera. Eliza a pesar de su corta edad era maliciosa y cuando tenía un accidente siempre le echaba la culpa a la servidumbre, como en este caso que por estar jugando se derramó jugo en su costoso vestido pero le hecho la culpa a la empleada de la casa.

George después de encontrar a la mujer de sus sueños siempre realizaba la misma rutina, a altas horas de la noche llegaba al mismo lugar donde la vio por primera vez, la esperaba por horas, pero al no ver rastros de ella iba a buscarla a su departamento donde solo observaba la ventana carente de luz. Quería subir al piso de Flammy pero se detenía por que no quería ser impertinente con la dama, pensaba que si ella estaba descansando no quería interrumpir sus sueños y efectivamente la enfermera a esa hora se encontraba profundamente dormida, porque esa semana le tocó el turno de día, llegaba a su hogar en la tarde, después comía, limpiaba, cenaba y se disponía a dormir temprano por que su trabajo era cansado y a ella le gustaba ser puntual y responsable, para lograr su cometido necesitaba de disciplina.

El joven Andrew ya se estaba desesperando por dicha situación hasta que surgió según él un milagro y otra vez volvió a verla tan bella como la última vez, en esta ocasión no la pudo reconocer tan fácilmente por que la mujer se había puesto un abrigo café y el pelo lo tenía recogido en una coleta alta.

Cuando la dama estaba a punto de dar vuelta en una esquina el joven fue corriendo tras ella hasta alcanzarla mientras le gritaba — ¡Selene! ¡Selene espera!...

Flammy al escuchar la voz de George se detuvo, luego volteo a ver a la persona que le hablaba y sin poderlo evitar le sonrió de manera espontánea y pregunto con cierto asombro — ¿George... Pero qué haces aquí?

—te estoy esperando... —con un poco de timidez le ofreció una flor amarilla y dijo — en realidad llevo una semana buscándote en el mismo lugar en donde nos conocimos

Flammy contestó con cierto remordimiento — es que tenía turno de día... Del trabajo a mi casa por lo regular siempre paso por el mismo lugar solo que estos días he salido temprano

—comprendo

—¿Y por qué no fuiste a mi casa?

—si fuí lo que pasa es que cada que iba las luces de tu departamento estaban apagadas y no quise ser imprudente

— George de haber sabido que estabas afuera del departamento te abría abierto la puerta... Tú compañía me agrada

—pues de haberlo sabido que no te habrías molestado por despertarte te habría importunado todas las noches

—jajaja que malo

— vas a casa

—si

— déjame acompañarte

— vamos chico formal

Continuará...