Karen veía expectante a su padre que tenía un rostro inexpresivo, él sostenía las manos de la señora Kleist para evitar más agresión física hacia la chica mientras su mirada dura se posaba en los ojos de la dama que estaba enfurecida por ver como su esposo estaba defendiendo al producto de la traición mientras gritaba escupiendo veneno con cada palabra salida de su boca — ¡ sueltame... esa mal nacida merece que la muela a golpes ...!
La señora Kleist con tan solo tener cerca la presencia de Karen se sentía molesta por que sabía perfectamente que la joven era la prueba de la infidelidad de su esposo por eso con cada error por pequeño que sea de la damita la señora encontraba el pretexto idóneo para descargar en ella su frustración de no ser suficiente para esa persona con quien había contraído matrimonio a muy temprana edad. Situación de la cual el caballero ya se había percatado por lo que siempre trataba de mediar la situación, él intentaba ser neutral pero sabía perfectamente que sentía cierta debilidad por la pequeña Karen, gracias a su protección ella se había vuelto un tanto altanera, orgullosa, caprichosa y soberbia, actitudes que en vez de desaprobar le agradaban por que se veía reflejado en aquella criatura que tenía el rostro angelical de su madre.
—¿Qué pasa?... ¿ Por qué estás tan alterada?... — pregunto el señor a su mujer con dureza
— ¡Tú hija!... Fue expulsada del colegio San Pablo... — dijo la señora como si se tratara del pecado más grande de la tierra, al caballero no le agradó en absoluto la noticia recibida, Karen podía darse cuenta de cómo su padre apretaba la mandíbula, de como su respiración se volvió agitada y de su esfuerzo por controlar su enojó, el señor soltó las manos de su mujer para luego poner toda su atención en su hija y preguntó — ¿eso es cierto?
La chica no pudo contestar al ver los ojos de su padre que eran de molestia y decepción, la carita de Karen reflejaba una sincera tristeza por ser la vergüenza de su progenitor, su frente se arrugó mostrando mortificación, sus ojitos se humedecieron, sus labios hicieron un gracioso puchero y solo pudo hacer unos movimientos con la cabeza de arriba hacia abajo aceptando su culpabilidad al mismo tiempo que unas lágrimas traicioneras resbalaban por sus lindas mejillas sonrojadas.
— ¿Por qué te expulsaron? — pregunto el señor tratando de mitigar su enojó.
Había llegado el momento más doloroso para la joven, ella no estaba preparada para una situación tan estresante, pero armándose de valor levantó el rostro, poso su mirada en los ojos de su padre y contestó desolada — se enteraron de que soy una bastarda...
Esas palabras y la forma en que lo había dicho la niña de sus ojos fue un duro golpe al ego del señor, por que sabía perfectamente los pecados que había realizado en su juventud, él quería proteger a su hija de las habladurías y de las murmuraciones, a pesar de que Karen había sido el producto de una aventura el señor Kleist la amaba como no pudo amar a los hijos que tuvo con su legítima esposa, claro que se sentía culpable por tener a su preferida pero el cariño que le profesaba era algo que no podía controlar. El caballero se quedó mudo ante tal revelación, pensó en su momento que podía callar el pasado, pero se dio cuenta de la peor manera que los errores se pagan tarde o temprano, ante está situación él se sentía vulnerable, como decirle a la persona más importante de su vida que se aprovechó de su condición de señor y amo de la casa, que vio una flor bella y sucumbió ante su aroma embriagador que mostraba su dulzura e inocencia, él pensó que tenía derecho de tenerlo todo cuanto se le apetecía y en su ignorancia corto a tan encantadora creación de Dios para de forma mundana satisfacer sus necesidades disfrutando de lo que la flor le proporcionaba hasta que la vio marchitar por haberla cortado de raíz, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz mal sana de su mujer que decía con desprecio — con que ya lo sabés... Es verdad, eres la hija de una cualquiera
Al caballero le molestaba que su mujer hablara de esa manera tan irrespetuosa de la verdadera mamá de Karen que dijo enfurecido — ¡Cállate!...
Acto que hizo enojar aún más a la mujer quien por tantos años había soportado las infidelidades de su esposo y hablo con reproche — ya no voy a callar, esa mujer era una trepadora quita maridos, una indecente destruye hogares...
La mirada del caballero mostraba indignación, él estaba asqueado por escuchar a su mujer expresarse de esa manera y dijo — acaso no puedes tener ni un poquito de respeto hacia una persona que no está para defenderse...
— jajaja ¡Respeto! Jajaja Tú fuiste el que no me tuvo respeto, a mí, tu esposa ante Dios, la madre de tus hijos, te metiste con quien quisiste... Caíste tan bajo hasta revolcarte con una insignificante plebeya en mi propia casa, no me hables de respeto que eres el menos indicado... — la señora no pudo controlarse para expresar sus verdaderos pensamientos aunque podrían estar equivocados —que bueno que esa está muerta... Karen debería hacerle compañía en su tumba para que las dos sean comidas por los gusanos...
El señor Kleist no tenía argumentos para contradecir a su mujer, pero a pesar de eso deseaba cuidar el honor de la madre de Karen, por que en el pasado no pudo protegerla y sin que pudiera hacer nada se le fue la vida a esa bella flor, él recordaba como esos ojos azules se quedaron sin vida, como su cuerpo quedó flácido sin poder moverse, escuchar los insultos de su mujer hacia esa persona que significó mucho en su vida lo llenaba de irá, a tal grado de sentir la sangre hervir, no le importaba tener o no la razón, lo único que deseaba era callar las injurias de quien desgraciadamente era su esposa y cegado por el enojo golpeó sin meditar el rostro de su mujer mientras gritaba — ¡Te dije que te calles!... No voy a permitir que sigas diciendo estupideces
La dama quería seguir alegando pero el señor Kleist no lo permitió, la tomo del brazo para alejarla de su hija y dijo de forma implacable — ahora lárgate que no quiero verte...
La señora no quería acatar las órdenes de su esposo pero sabiendo que estaba en una sociedad machista donde la voz de una mujer no vale nada se retiró con toda su frustración y su coraje a encerrarse en su habitación para llorar su triste vida mientras golpeaba la puerta con fuerza hasta destrozarce las manos, su descontento era tan grande por que había sido educada para ser una buena esposa, se había esforzado tanto para complacer a su esposo y ese maldito hombre no supo valorarla, sentía cómo el fracaso de un matrimonio fallido se apoderaba de su ser hasta quitarle todo rastro de humanidad.
Mientras tanto el señor Kleist sentía un pinchazo en el corazón al ver a su pequeña tenerle miedo, en esos lindos ojos que mostraban la inocencia de la juventud, quería acercarse, abrazarla y protegerla como no pudo hacer con su madre pero la chica estaba temerosa de ese hombre agresivo que fue capaz de golpear a su propia esposa frente a ella. El caballero no quería forzar una cercanía con su hija, mejor optó por mantener su distancia mientras decía — ves a descansar... Mañana te llevaré a un lugar...
La chica obedeció sin que pudiera realmente descansar.
En una mañana tranquila Pauna caminaba por los pasillos de la residencia Andrew, hasta que se topo con la habitación del príncipe, ella sonreía mientras tocaba sutilmente la puerta, como no recibió contestación, decidió entrar, al estar al lado de la cama sintió un sentimiento de nostalgia por ver cuanto había crecido su bebé, se acercó a él, se sentó en la cama y empezó a acariciar su cabello rubio mientras lo veía dormir plácidamente, él joven al sentir las suaves manos de su madre en su frente se despertó, abrió los ojos con pereza, se los tallo con sus manos, luego hizo un gracioso bostezo y dijo —¿ Mamá?...
—si... Mi bebé
—¿Qué haces aquí?
—solo pase a desearte un lindo día
El chico mostró una bella sonrisa y contestó — gracias... No era necesario
—lo sé... Pero quería hacerlo, sabes, has crecido tanto...
— hmmm no me había percatado de eso
— dejaste de ser mi bebé...
— no... Yo siempre estaré a tu lado
— si mi amor... Por cierto ya está el desayuno
— puedo comer aquí
— hmmm no es conveniente... Tú padre nos está esperando en el comedor...
— en unos momentos bajos
— de acuerdo...
La dama le dio un beso en la frente a su hijo, después se marchó para darle privacidad a su hijo, el príncipe se arregló para tomar el desayuno con sus padres.
Flammy después de trabajar una larga jornada y darse una ducha se encontraba acostada en su cama apreciando como George preparaba la comida, luego se levantó para ver como estaba quedando el guisado, al estar tan cerca del caballero este aprovecho para darle a probar con una cuchara la salsa de tomate mientras preguntaba —¿ Qué tal está?
Ella al oler la comida empezó a tener hambre, al sentir la comida en su boca pudo disfrutar de un buen guisado y dijo con alegría — está delicioso
El joven estaba complacido por hacer feliz a la chica que contestó mientras le daba un beso en la nariz — ya está listo... Vamos a comer
Flammy con una gran sonrisa habló— sí... Que tengo mucha hambre
Mientras ponían la mesa el caballero preguntó — ¿ Cómo es que llegaste a Inglaterra?
—hmmm después de dejar la mansión Andrew fui a estudiar enfermería, cuando termine los estudios me ofrecieron vivir en este país y como no tenía nada que me atara en América decidí probar suerte aquí... Para comensar de nuevo
— sola...
— ¿a qué te refieres?
— ¿Por qué estás sola? Siendo tan bonita
— jajaja jajaja las personas piensan que soy insoportable
— así... Pues que gente tan estúpida, si tú eres realmente encantadora
—la verdad que si suelo ser exasperante
— no te creo
—exigente, perfeccionista y amargada jajaja jajaja que no todos pueden soportarme, ah también extremadamente responsable y con un poco de mal genio
— no te creo... — el joven veía embelesado a la enfermera, le acarició el rostro con sus manos y dijo — tú siempre tienes una bella sonrisa para regalarme y siempre me has tratado con mucha cordialidad
La mujer empezó a sonrojarse al mismo tiempo que decía con cierta vergüenza en el rostro — la gente tiene razón... Yo soy antipática, solo que contigo es diferente, tu compañía es muy grata que no puedo evitar ser feliz a tu lado
El joven al escuchar estás palabras de aprobación no pudo evitar tomar de la cintura a la chica para envolverla con sus brazos mientras la besaba con sutileza disfrutando de la calidez de sus labios, ella se sentía dichosa por tener a su lado a un magnífico hombre que se entregaba completa en un beso lleno de amor.
En Chicago se encontraba una niña rubia parloteando alrededor de su madre — veinte menos cinco es igual a quince
— exacto... Ahora dime ¿cuándo es diecisiete menos tres
— diecisiete menos tres son doce... ¡ No, no, no! Son quince
La señora Brighton movió la cabeza en negación mientras decía — nooo
— hmmm dieciséis— dijo la pequeña con dudas
Un poco molesta la mujer contesto — no estés adivinando y concéntrate
— si mamá... Deja y hago la cuenta otra vez... Son diecisiete y le quitó tres me quedan trece... No, espérame un momento... son catorce
—por fin Candy... Tomemos un receso y continuamos
— pero no estoy cansada
— tú no... Pero yo necesito un descanso
Continuará...
