Hola hermosas, muy buenas días, antes de iniciar a leer este capítulo les recuerdo que esta historia al igual que todas mis historias son para mayores de edad (21+) y para las personas que no se sienten incómodas con los temas de contenido adulto y con amplio criterio, esta escrita sin ánimo de ofender, es solo con fines de entretenimiento, así que recuerdo una vez más que es clasificación M, te pido de la manera más atenta y educada posible que si no tienes la edad suficiente para leer por favor retírate, de lo contrario eres bienvenida. Gracias por tu comprensión.
LA MATRIARCA DE LOS ANDLEY
CAMINO A LA ILUSIÓN
CAPÍTULO 30
Los movimientos de Candy eran tranquilos, se había deshecho de su vestido de novia y se preparaba para ir a la habitación con su esposo, quien la esperaba impaciente en ella, esperando la llegada de su amada para romper por fin con aquella distancia que la sociedad imponía entre los seres que se amaban hasta después de la boda. Un sonido en la puerta le advirtió de su llegada.
-¿Puedo pasar? – Preguntó tímida, como si fuera la primera vez que compartieran cama. La mirada de Anthony viajó por su rostro tímido.
-No necesitas permiso para entrar en mi alma. – Le respondió sin dejar de observarla. Estaba más hermosa que nunca, sus rizos dorados caían sobre su espalda, cubriendo una parte sus senos que eran cubiertos por la prenda de noche que ya portaba.
Candy sonrió con timidez de nueva cuenta, sintiendo la mirada de su esposo sobre ella, esa sola mirada le comenzaba a quemar en su alma, prendiendo la llama del deseo con solo esas miradas que él le dirigía. La rubia observó a Anthony recostado en la cama, se veía tan guapo portando solamente su pantalón de pijama, dejando al descubierto su fuerte y blanco pecho, sus ojos azules resplandecían con solo ver la figura de su amada, ambos perdidos en la imagen que más amaban.
Candy de pronto lo supo, sus pisadas la llevaban hacía su amado y sus pensamientos hacia aquellas palabras que habían permanecido en su mente por meses y que por fin hasta ese momento comprendía a qué se refería, "Complacer a su hombre", sus ojos viajaron por su cuerpo y lentamente se fue acercando a él quien abría los ojos como comprendiendo sus intenciones, sin mover un solo músculo dejó que su amada se acercara a él para comenzar a besarlo. Cerró sus ojos para disfrutar del sabor de su boca, mientras sus manos comenzaban a posarse en su pecho, sintiendo sus fuertes músculos al acariciar su torso desnudo.
-Ssshh, no te muevas. – Le dijo a su amado cuando sintió que él quería abrazarla para iniciar su entrega. – Déjame a mí… por favor. – Pidió besando sus labios una y otra vez para convencerlo de que le permitiera ser ella la que llevara el mando por esa vez. Anthony asintió con una sonrisa y se volvió a recostar para dejar a la vista de su amada toda su anatomía.
-Tus deseos son órdenes para mí princesa. – Dijo con una sonrisa en sus labios, con un brillo muy especial en sus ojos que se hacía más intenso cuando Candy lo miraba con travesura.
Comenzó besando sus labios y poco a poco fue bajando a lo largo de su cuello, descendiendo sobre su pecho, pasando sus manos al mismo tiempo para sentir lo que él le ofrecía con aquella magnífica apariencia que tenía, disfrutando sus roces y sus besos, iniciando con esas caricias el inicio de su danza romántica, siendo ella la que comenzaba a tener el control de la situación, dejándose Anthony envolver por aquellas caricias que al ser nuevas para él despertaban la pasión de una manera inesperada, sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a reaccionar al sentir las caricias de Candy recorrer poco a poco su piel.
El calor que comenzaba a subir en su cuerpo se mezclaba con las imágenes que Candy le regalaba con su apariencia, cerrando sus ojos para así disfrutar de lleno lo que sus besos y caricias le transmitían, sintiendo que su paciencia llegaba a su límite al ser negado a iniciar él la contienda.
-Candy... – Decía impaciente al sentir sus caricias cada vez más atrevidas, mientras la rubia seguía bajando hasta llegar al cordón que detenía sus pantalones. Las manos de Candy tímidas y a la vez indecisas se seguían moviendo comenzando a sentir valor al escuchar la voz de su amado que parecía quebrarse al pronunciar su nombre, mientras sentía que su boca se secaba al intentar jalar aire para recuperar el que se había escapado de sus pulmones al sentir aquellas caricias que lo comenzaban a enloquecer, disfrutando de una manera diferente esta vez pero igual o más placentera.
-¿Te gusta? – Preguntó Candy deseosa de que él respondiera que así era y que no solo era en la imaginación de ella que su cuerpo se movía impaciente por más, deseando despertar en su cuerpo la misma pasión que él despertaba en el suyo con sus caricias y sus besos, amándolo por primera vez de esa manera, cerrando sus ojos para sentir de igual manera el placer que ella daba a su amado, despertando sus sentidos de una manera diferente, gozando su piel, su sabor y su aroma.
-Sí… - Dijo Anthony sin poder decir una palabra más. Sus ojos seguían cerrados, mordiendo sus labios, disfrutando intensamente sus caricias, sentir su boca recorrer su cuerpo lo llevaba al delirio máximo, unas emociones que jamás había experimentado y que deseaba continuaran así para descubrir hasta donde era capaz su cuerpo de soportar aquellas caricias. Candy sonrió con aquella palabra que él le respondía, satisfecha por lo que estaba logrando al ser la primera vez que se atrevía a hacer algo como eso, su vanidad de mujer se hinchó de gusto, se sintió poderosa al tener el control en ese momento.
El pantalón que cubría su cuerpo desapareció lentamente de su cuerpo, Candy lo había deslizado dejándolo por completo al descubierto. Anthony abría los ojos al sentir que los besos y las caricias de sus manos habían cesado, sintiendo frío de pronto en los lugares que previamente había besado.
-¿Sucede algo? – Preguntó con la respiración agitada y con el cuerpo sonrojado por los estímulos que había recibido. Candy negó sin dejar de observar su cuerpo. No era la primera vez que lo observaba como Dios lo trajo al mundo, pero si era la primera vez que su rostro estaba tan cerca de aquel artefacto que le había proporcionado un infinito placer tantas veces. Sonrió con timidez y prosiguió en su intento de complacer a su esposo, admirando cada parte de su cuerpo que parecía que había sido tallado por los mismos dioses, cincelada a cincelada sin error alguno al formarlo.
Esa noche Candy se dedicó a amar y complacer a Anthony, besó su piel por cada rincón que pudo hacerlo marcándolo como propio con su boca, no sabía de placeres, no sabía de obscenidades, solo se dejó llevar por lo que su corazón sentía y su cuerpo exigía, guiándose más que nada por los sonidos que salían de la boca de su príncipe de las rosas quien en más de una ocasión intentó contener los gemidos que salían de ella, suspirando y regalándole el placer que entraba por sus oídos, detonando en ella su propio placer.
La noche fue eterna para ambos ya que Anthony hizo lo propio con ella, también se deleitó con su cuerpo, la hizo suya con ternura, con delicadeza, y la segunda vez lo hizo con mayor necesidad, como si quisiera saciarse nuevamente de ella, tratando recuperar los días y las noches que no la tuvo a su lado, su necesidad de entrar en ella no tenía límites, haciéndola nuevamente su mujer, disfrutando esta vez con mayor placer que antes al tener su mente libre de complejos y culpas, la amaba, la amaba tanto que quería darle la mejor noche de su vida así como ella le había regalado a él su mejor noche, había sido maravilloso la manera en la que ella lo había amado, como lo había explorado y se había liberado de prejuicios frente a sus ojos, dejándose llevar por el verdadero amor. La culminación de amor entró desbocado por la puerta una vez más, atrapándolos sin ser improvisto, disfrutando cuando sentían que eran elevados al cielo y se mantenían en la cúspide por más tiempo que antes, disfrutando, gozando la vibración que sus cuerpos emanaban cuando llegaban al clímax de su demostración de amor.
El silencio se apoderó de la habitación por primera vez en la noche, solo sus respiraciones agitadas, sus miradas fijas en el contrario, sus cuerpos desnudos y sudados enredados uno en el otro eran los sonidos de la noche en aquella habitación iluminada por algunos quinqués que había puesto Anthony para amarla a plena luz y poder así observar sus expresiones, quería llenarse de su imagen, quería adorarla como ella se lo merecía y así lo había hecho, la había amado, la había adorado y la había vuelto a amar como si fuera la primera vez que lo hacía, como si fuera la primera noche que disfrutaba su hermoso cuerpo.
Lentamente la fue acomodando de nuevo en la cama para poder así observarla con detenimiento una vez más, el rostro enrojecido de Candy y su respiración apresurada lo tenían sin palabras, simplemente comenzó a deslizarse hasta su vientre para poder besarlo con sus labios y tomarlo con ambas manos para poder acariciar aquella parte que envolvía a lo más maravilloso que le había pasado en la vida y que venía de la fuente de su amor. Candy sonrió y acarició sus cabellos con ambas manos inclinándose en sus antebrazos para observar la tierna escena.
-Te amo hijo. – Escuchó de la boca de Anthony, eran las palabras que él todas las noches le decía a su pequeño antes de irse a dormir, sin embargo aquella noche, su noche de bodas, era la primera vez que se lo expresaba sin filtros, sin filtros de ropa, el único filtro que había era la piel desnuda de su pecosa que cubría a aquel pedacito de cielo que ella portaba en su vientre.
-Y nosotros de amamos a ti amor. – Le respondió Candy con una sonrisa, mientras el rubio continuaba besando y acariciando su vientre, quedándose unos minutos ahí hasta que sus labios bajaron aún más sorprendiendo a la rubia con otro encuentro, el cual no era fácil de rechazar ya que ella al igual que él estaba ávida de volver a sentirlo dentro de ella, dejó que se saciara de su cuerpo una vez más, disfrutando cada envite que su boca le proporcionaba, sintiendo que las fuerzas la abandonaban para centrarse en las sensaciones provocadas por sus labios, olvidándose de nuevo del mundo y concentrándose solamente en él y sus caricias, llenando su mente de un lienzo blanco en el que solo podían pintarse los colores de la pasión, esos colores que él la obligaba a ver cada vez que llegaba al clímax de su amor y que una vez más adornaban su pintura.
Su cuerpo comenzó a reaccionar y poco a poco la elevó hasta la cúspide del placer, sintiéndose libre para dejar escapar los sonidos que se agolpaban en su garganta, llenando los oídos de Anthony con aquella dulce melodía que ella formaba con sus gemidos, esa música que él escuchaba era la que deseaba escuchar cada noche antes de dormir y cada mañana al levantarse, era el único ruido que le gustaba escuchar cuando hacían el amor. Cada suspiro, cada gemido que abandonaba su boca era un aliciente para continuar explorando con mayor ímpetu aquella delicada zona, una que amaba besar y acariciar con sus labios, quería saciarse de ella de su aroma, de su sabor, quería llenarse una vez más del regalo dulce que su cuerpo le regalaba a explotar en su rostro, pronto fue complacido con aquella reacción que anhelaba cuando Candy no pudo más y por fin emanaba de ella aquella liberación que él reclamaba con sus labios, sonriendo satisfecho por el logro cometido.
Volvió a entrar en ella con delicadeza, moviendo su cuerpo con un vaivén lento y seguro, sabía a lo que iba y aprovechaba que ella seguía vulnerable, observaba su rostro con los ojos cerrados y las mejillas encendidas, su respiración iba más rápido de lo normal y buscaba la manera de alcanzar oxígeno, sin embargo los movimientos de su esposo la hacían fallar en su intento al sentir que era estimulada de esa forma, le gustaba sentir el cuerpo de su esposo encima de ella, le gustaban sus movimientos sensuales y su manera tan tierna y a la vez tan fuerte de abordarla. La sonrisa de Anthony no se hacía esperar cuando los ojos de ella se abrían complacidos, en ellos se reflejaba la satisfacción que sentía al hacer el amor con él, al saber que él estaba a sus pies y que ella le pertenecía en cuerpo y alma, no necesitaban mucho para volver a regresar al paraíso que ambos construían cuando saciaban sus cuerpos, ambos lo sabían y concentrándose en sus miradas que destilaban fuego se aferraron ambos a esas sensaciones, uniendo sus bocas antes de culminar una vez más su candente danza. Ambos se aferraron a sus cuerpos, sintiéndose ya sin fuerzas para continuar, habían pasado muchas horas demostrándose su amor y lo mucho que se habían extrañado y necesitado aún a sabiendas que ya nada podría separarlos y que esas demostraciones podrían seguir como en un principio día y noche, solo que ahora no tendría que ser en secreto, no tenía que ocultarse y ser como ese ladrón que asaltaba su cuarto en cuanto se apagaban las luces y que salía cuando se iluminaba el día. Ahora podía amarla a toda hora, porque ya podía gritar a los cuatro vientos que ella era suya y él le pertenecía a ella, ambos se amaban y nadie podría ya evitarlo.
-¡Te amo! – Dijo Anthony aún dentro de ella, sin poder abrir los ojos, uniendo su frente a la de ella y buscando el aire para alimentar sus pulmones, un aire que ella le proporcionó con su aliento y que él tomo gustoso, regalándole de igual forma su aliento para que ella se alimentara de él y pudiera respirar en un intercambio de oxígeno que ambos se obsequiaban gustosos. - ¡Candy! – Decía aún extasiado por el clímax, como si en ese momento tuviera otro orgasmo, aferrándose a ella en un último movimiento de su cuerpo para volver a liberarse.
-¡Anthony! – Gimió Candy de nueva cuenta al sentir cómo el la liberaba, disfrutando el roce que se producía al retirarse de su dulce refugio. Aquel roce tan delicado que ella sentía como otra caricia que él le hacía en sus labios íntimos.
Ambos se recostaron uno al lado del otro, con las manos unidas compartiendo ese íntimo momento que los había llevado a la dicha eterna, cansados, satisfechos uno con el otro por lo que habían obsequiado a cada uno, la manera en la que ella lo había amado lo había dejado extremadamente complacido y con ello había desatado todas las noches reprimidas que había tenido desde que habían regresado los Cornwell a su vida, eran meses los que se habían aguantado, habían tolerado todo ese tiempo sin tocar sus cuerpos, sin disfrutar de la presencia uno del otro y por fin ese día se terminaba su suplicio, ambos querían continuar, querían volver a sentir el calor de sus cuerpos, sin embargo el cansancio comenzó a vencer a Candy, sus ojos comenzaron a cerrarse mientras una sonrisa aparecía en sus labios, una sonrisa llena de felicidad que se posaba en su rostro cuando se perdía en el rostro de su amado príncipe de las rosas.
-Descansa amor mío, que yo velaré tu sueño. – Le dijo besando sus labios por última vez esa madrugada. – Hasta mañana. – Volvió a decir y cubrió su cuerpo para protegerlo de la brisa que comenzaba a formarse en el ambiente, el aire fresco que se sentía entraba por los vidrios de la pequeña habitación que compartían esa noche, envolviéndose en ella para brindarle más calor con su cuerpo.
Candy ya no respondió, sus ojos se cerraron por primera vez en semanas tranquilamente, con la certeza de que al despertar seguiría segura en brazos de su ahora esposo, su esposo, aquel que pensó nunca lo sería y que había llegado a su vida de nueva cuenta cuando pensó que ya era demasiado tarde y aun así se había atrevido a amar a escondidas entregándole su virtud a pesar de tener todo en contra para hacerlo.
El sonido de los pájaros que cantaban alegres afuera del hogar de Ponny lo despertaron poco a poco, acostumbrándose a esos sonidos abrió los ojos con una gran sonrisa en su rostro recordando la noche anterior, su noche de bodas, una muy diferente a la primera, una que había anhelado tanto tiempo con poder compartir con el ser amado y que cuando se reencontró con Candy creyó por un momento que no podría suceder nunca al estar condenados a esconderse de la gente.
Era imposible no comparar cada una de ellas, ya que la primera había sido tan tranquila y monótona, su proceder como caballero le había impedido disfrutar de aquella su primera vez, solo los segundos que había alcanzado su liberación fueron los únicos que había disfrutado pero se habían desvanecido rápidamente, recordó el rostro Emily por primera vez sonriente, sin embargo su pudor evitó que las cosas fueran más allá de esa primera vez repitiéndose de nuevo al mes de su boda mientras él no sentía emoción alguna de repetirla. Que diferencia con la primera noche que había pasado con Candy, donde el amor y la pasión dieron rienda suelta a su imaginación, que maravilloso regalo había sido hacer contacto con su cuerpo directamente piel a piel, que sensaciones más maravillosas había descubierto a su lado, jamás hubiese pensado lo maravilloso que era hacer el amor con el ser amado y Candy le había enseñado esa noche que aún había más por explorar y que su vida juntos apenas comenzaba, su cuerpo le reclamaba su calor, su sabor y sobre todo ese refugio cálido que ella poseía y le brindaba con infinita pasión volviéndose casi loco de la desesperación al no tenerla junto a él tan solo una noche.
Sentía su cuerpo relajado, y un tanto adolorido por los movimientos que había hecho gran parte de la noche, un tipo de ejercicio que si bien su cuerpo sabía hacer tenía semanas que no experimentaba, ese dolor era delicioso y una sonrisa llena de satisfacción apareció en sus labios una vez más al sentir la calidez de la piel expuesta de Candy, su Candy, la chica que conoció tiempo atrás y que ahora dormía desnuda a su lado, aquella chiquilla que nunca pensó él podría tener de esa manera, al ser un chiquillo cuando se enamoró de ella sus pensamientos no iban tan lejos, pero ahora no podía hacer otra cosa más que imaginársela de esa forma, desnuda enseguida de él.
Estiró su cuerpo para desperezarse en lo que su amada rubia despertaba, sin embargo la manera en la que ella dormía le avisaba que tendría mucho que esperar. La pecosa dormía a pierna suelta y no tenía la menor intención de despertar por el momento, la actividad nocturna y el embarazo eran el impedimento perfecto para que despertara más temprano. Posó su vista en su vientre y sonrió feliz, levantándose con mucho cuidado para vestirse y para ir a la cocina e investigar qué había quedado de la noche anterior, recordando que por lo emocionado que estaba por la boda no le pasó por la cabeza prepararse para la mañana siguiente.
-¡Buenos días! – Saludó Tom desde la entrada del hogar.
-Buenos días. – Saludó Anthony con una sonrisa y hasta un poco sorprendido por la llegada de su amigo.
-No te pregunto cómo te fue porque eso se nota a la distancia. – Le dijo con picardía, mirada que Anthony respondió en el acto con una sonrisa llena de satisfacción, demostrando sin querer que efectivamente le había ido maravillosamente bien con su amor.
-No podría responderte porque te daría envidia. – Le dijo Anthony siguiendo su juego. Tom comenzó a reír por su comentario y Anthony lo siguió.
-Pensé que no te habías prevenido para el desayuno. – Dijo Tom para explicar su visita tan inesperada. – Y al saber que Candy está esperando un hijo tuyo y que se levanta muy tarde, aproveché para traerte algo para que desayunen. – Dijo extendiendo la canasta que llevaba el vaquero de muy buena fe.
-Gracias Tom. – Respondió Anthony agradecido con el gesto de su amigo, recibiendo con gusto aquella canasta, mientras lo invitaba a pasar.
Tom declinaba la invitación, no quería ser un estorbo en la primera mañana de recién casados que pasaban los rubios, sin embargo el desayuno era algo que no podía privarlos y menos cuando sabía que Candy necesitaba alimentarse debidamente.
-Te lo agradezco Anthony, pero tengo que ir a trabajar. – Le dijo como excusa para evitar aceptar su invitación y no hacerla de mal cuarteto.
-¿Seguro? Candy tal vez despierte dentro de unas horas. – Dijo sin pensar en lo dicho delatándose que la había cansado mucho en su primera noche como esposos. Tom no pudo evitar reírse a carcajadas.
-Seguro hombre. – Le dijo ante la mirada de Anthony. – Mejor los veo después, si se puede antes de que se vayan. – Dijo el vaquero ya a punto de subirse a su caballo. Anthony sonrió agradeciendo una vez más el gesto de su amigo y entró al hogar de Ponny para poder poner el desayuno en los platos y poder así alimentar a su mujer.
Entró con una charola lista para que la rubia desayunara y por supuesto él la acompañaría, había puesto todo lo que Tom le llevó en dos platos acompañados del pan con mantequilla tostado, así como la fruta y los frascos de jugo y leche que les había obsequiado. Candy seguía dormida, sin embargo tal vez el aroma del desayuno fue lo que la hizo que comenzara a despertar ya que a pesar de que él tuvo cuidado al entrar sus ojos comenzaron a parpadear justo cuando él se acercaba con la charola y la ponía en la mesita de noche.
-Buenos días amor. – Le dijo con su sonrisa más hermosa. Candy sintió que un golpe de felicidad le llenaba el alma al escuchar la voz de su amado por primera vez en semanas dentro de su habitación, recordando de pronto que habían pasado la noche amándose y demostrándose su amor, el rubor invadió su rostro cuando sintió su cuerpo desnudo bajo la sábana que la cubría. Anthony entendió de inmediato su reacción y sonrió de lado dulcemente. – Te ves hermosa. – Le dijo con esa voz tan sexy y varonil que poseía. Candy sonrió tímida y el color rojo de su rostro se extendió hasta sus orejas.
-Tú también te ves hermoso. – Le dijo un poco torpe en su comentario, un piropo que le salió sincero pero que sabía bien no se aplicaba a los caballeros de la época. Anthony sonrió con sus palabras y se acercó a ella para besarla y acariciar su vientre.
-¿Tienes hambre? – Preguntó a sabiendas que así era, como médico sabía bien que el apetito de una mujer embarazada se incrementaba casi al doble. Candy asintió iluminándosele el rostro al observar lo que había en la charola.
-¿De dónde sacaste todo esto? – Preguntó sorprendida por todo lo que llevaba en aquella charola.
-Tom se apiadó de mí. – Dijo comenzando a reír por su descuido. – Por tanta emoción se me olvidó que comeríamos a la mañana siguiente. – Dijo rascando su nuca un poco apenado por su descuido.
-No importa, yo tampoco pensé en ello. – Dijo Candy queriendo hacerlo sentir mejor. Ambos comenzaron a reír por su descuido, pero de pronto el semblante de Anthony no era el mismo, se había quedado perdido en su risa, observando detenidamente su rostro, feliz de vela reír de esa manera tan fresca y alegre. Candy dejó de reír cuando se centró en sus ojos, unos ojos que la miraban con amor, ternura y a la vez deseo, una mirada que le transmitía lo mucho que la amaba y la necesitaba y que en ese preciso momento lo que necesitaba era volver a fundirse en ella.
Candy correspondió a su mirada, entendiendo perfectamente lo que aquella escondía, dando su consentimiento de la misma forma, sin hablar, sin emitir un sonido, simplemente comenzó a recostarse para que él se colocara encima de ella, solo que esta vez Candy lo ayudó a desvestirse, llenándose de su imagen a plena luz del día, pudiendo admirar de lleno su torso y su perfecta musculatura, su cuerpo esbelto pero fuerte, sin grasa alguna que pudiera evidenciar un descuido en su aspecto, un cuerpo naturalmente esculpido que ella palpaba y acariciaba complacida de hacerlo, él dejándose tocar y acariciar y comenzar a hacer lo mismo con ella abordando una vez más aquellas formas que él adoraba, esas formas que poco a poco perderían su línea por la belleza misma de su embarazo.
Los sonidos de sus cuerpos al chocar entre sí, los besos, los gemidos y la respiración agitada eran los únicos ruidos que se escuchaban en aquella habitación, desbordando de pasión la entrega que se llevaba a cabo en esos precisos momentos, amándose con libertad y ya sin culpas, externando con sus movimientos lo que los saciaba y lo que necesitaban el uno del otro, llenándose de nueva cuenta del desfogue natural de sus cuerpos, saciados, sudados, así terminaban una vez más, satisfechos con su desempeño una vez más, se habían alimentado de sus cuerpos dejando de lado el desayuno para poder probar de nuevo el sabor de su piel, atreviéndose Candy a amarlo como la noche anterior pero a plena luz del día, observando así que realmente aquella chica tenía razón, un hombre como él merecía ser complacido y sus gestos le demostraban que así lo estaba haciendo, tomando seguridad en cada uno de los movimientos que ella hacía.
Después de desayunar ambos tomaron un baño, uno que por costumbre tomaba tiempo en realizarse ya que sus manos comenzaban a juguetear con sus cuerpos al pretender enjabonar al contrario, movimientos que provocaban que el deseo aumentara con cada uno de ellos. Las manos de Anthony pasaban sobre el cuerpo húmedo de Candy el cuales estaba más voluptuoso y sensible, provocando una necesidad intensa en la rubia de ser abordada nuevamente ahí mismo, no había necesidad de hablar para pedirlo, los ojos de Anthony entendían a la perfección aquel llamado de su mirada, así que ahí mismo colocando su espalda contra la pared se dedicó a cargar su peso con sus antebrazos para poder abrir espacio en una nueva posición, entrando lentamente en ella para no lastimarla, los brazos de Candy se aferraron a su cuello sin despegar la mirada de él mientras avanzaba lentamente dentro de ella, perdiéndose poco a poco en su refugio favorito, sintiendo como ella lo envolvía nuevamente y le daba cabida en su morada.
-Te amo Candy, eres maravillosa. - Le decía con su voz suplicante de delirio. Candy sentía que ahí mismo terminaría al escuchar esa voz que le hablaba al oído.
-Te amo Anthony, te amo. - Le decía Candy comenzando a moverse lentamente de la misma forma que él lo hacía para que comenzara a estimularla, el deseo que su cuerpo le exigía era normal en su embarazo y parecía que entre más tenía más quería.
Anthony sonrió complacido al sentir que su amada Candy comenzaba a liberar sus gemidos sensualmente al ir abordando su cuerpo una y otra vez, sentía como su cuerpo se refugiaba en ella y como ella se acercaba para que no se alejara, aquellos movimientos provocaron de nueva cuenta que ella alcanzara su meta una vez más, acompañándola después él mismo. Sus cuerpos se quedaron así por un momento liberando su pasión, sintiendo que las fuerzas los abandonaban de nueva cuenta, sus miradas se encontraron de nuevo y la pasión que segundos antes habían reflejado se convertía ahora en una mirada tierna y llena de amor.
El día había terminado y ninguno de los dos estaba aún listo para retirarse a la mansión, sin embargo sabían ambos que tenían que estar al pendiente de la salud de Albert, a pesar de que llevaba una buena respuesta al tratamiento que seguía, no querían que algo malo le sucediera, por ello ambos habían renunciado a la posibilidad de salir de viaje de bodas, eso y el embarazo de Candy los habían decidido a quedarse en Lakewood por un buen tiempo.
El camino hacia la mansión de las rosas fue más romántico que nada, las miradas y las palabras tiernas que ambos tenían para compartirse fueron la plática del recorrido, así como los planes a futuro y las sensaciones que ahora tenían después de haber logrado por fin estar juntos con todas las leyes que la sociedad marcaba.
Albert y los demás miembros de la familia los recibieron sorprendidos y gustosos de verlos así de enamorados y felices, era imposible esconder aquella felicidad que ambos derrochaban hasta por los poros y a pesar de no haberse visto tan solo en un día se les figuraba que el vientre de Candy había aumentado su tamaño.
-Bienvenidos. – Dijo la vieja Elroy haciendo los honores para recibir a los recién casados, como si ella nunca hubiese tenido ningún problema con la pareja, no cabía duda que la edad ahora sí la estaba afectando y cumplía de nuevo con su rol de la matriarca de la familia, eso hasta que ya no pudiera o hasta que Albert encontrara a quien otorgarle el puesto.
-Gracias tía abuela. – Respondió Anthony amable a la dama, dando un beso en su frente en señal de cariño. - ¿Cómo te has sentido tío? – Preguntó a Albert quien se veía con nuevos ánimos.
-¡Por favor, Anthony! ¡Sólo pasó un día! – Dijo sintiéndose como a un pequeño que tenían que cuidar bajo ojo clínico. Anthony lo miró como si lo obligara a responder esa pregunta que como médico que era le hacía. – Bien… me siento muy bien… todos han estado al pendiente de mí y no han dejado de preguntarme lo mismo a cada hora. – Dijo un poco cansado de tantas atenciones.
-Me alegra escuchar eso. – Dijo Anthony un poco burlón por las quejas que recibía de su tío. – Entones creo que ya no será necesario tantos cuidados. – Dijo para sorpresa de todos incluso del mismo Albert, guiñándole un ojo a Candy para que ella también le siguiera la corriente.
-Es verdad Albert, veo que ya estás cansado de tantas atenciones, eso quiere decir que tú puedes estar al pendiente de tus medicinas y sobre todo de comer a tus horas. – Dijo Candy mirando un poco divertida al mayor quien puso cara de sorpresa al pensar en todo lo que tenía que recordar en un solo día, entre las medicinas, la comida y por supuesto los negocios en los que no querían que se involucrara mucho no podría salir bien librado ese día.
-¡No! – Dijo de pronto al recapitular todo lo que hacían por él. – No es necesario tampoco que me dejen en el olvido. – Dijo con gracia provocando la risa de los presentes. – Solo que no me gusta que me pregunten a cada rato cómo me siento, cuando me siento bien. – Dijo excusándose de su queja.
-Tienes razón tío, pero te puedo asegurar que es solamente porque nos preocupas. – Dijo Archie palmeando su hombro.
-Así es tío. – Dijo Stear de la misma forma. Albert observó a cada uno de los miembros de su familia, incluso a los más pequeños que estaban también presentes, incluso a George quien siempre se mantenía cerca de él.
-Lo sé muchachos. – Dijo conmovido por aquellas muestras de cariño. – Y no saben que felicidad me da el que estén tan cerca de mí, tantos años que pasé en soledad y padeciendo mi enfermedad y ahora me cuesta acostumbrarme a no estar solo. – Dijo sincero.
-Nunca más estarás solo tío. – Dijo Anthony, quien comprendía muy bien ese sentimiento ya que a pesar de estar casado, a pesar de haber vivido con su padre, se sentía profundamente solo y únicamente cuando regresó a Lakewood al lado de Candy su corazón por fin se sentía que pertenecía a un lugar.
Candy los observó a ambos tan parecidos y a la vez tan distintos, ambos buenos mozos y de sentimientos nobles y tiernos, los dos habían dado mucho por ella y agradecía infinitamente haberlos conocido, pero sobre todo agradecía que la hubieran dejado entrar en sus vidas, que la hubieran aceptado como un miembro más de la familia y que ahora la hubieran incluido como la esposa de su verdadero príncipe.
-¿Sucede algo amor? – Preguntó Anthony al verla tan callada. Los ojos de Candy se posaron en los azules de su esposo y las lágrimas comenzaron a acumularse en ellos.
-Soy tan feliz Anthony. – Le dijo mientras él sonreía feliz de escuchar esas palabras.
-Yo también pecosa, soy muy feliz. – Le dijo con esa misma sonrisa que le dedicaba solo a ella, una sonrisa tan hermosa y radiante que podía convencer hasta al corazón más duro de ser bueno. La mirada de Candy se iluminó aún más al tenerlo de frente ante ella, mientras los demás se dirigían al comedor para comenzar la cena que habían preparado en su nombre. - ¿Vamos? – Preguntó ofreciendo su brazo para que ella lo tomara y poder así juntos avanzar hasta el salón donde se encontraba el gran comedor que estaba adornado con el mayor lujo posible.
Una cena que se hacía en nombre de los dos para continuar con el festejo de su unión, una celebración que se hacía en familia en la cual aquella pareja festejaba por fin que sus manos llevaban el anillo correcto, el que hacía par con el contrario, un anillo que los señalaba ahora sí como la familia Brower, la cual ya comenzaba a formarse con aquel pequeño que venía en camino para alegrar o estresar sus días.
-¡Por Candy y Anthony! – Dijo Albert levantando una copa de jugo porque aún no podía beber, y su médico de cabecera lo tenía muy bien vigilado.
-¡Salud! – Respondieron todos, levantando sus copas de vino, incluso los más pequeños que brindaban con vino de uva habían levantado sus copas, felices de ver a sus dos tíos juntos inocentes de todo lo que había pasado para que esto sucediera, ya que ellos en su inocencia con aquel paseo habían visto del amor que se tenían ambos.
-Muchas gracias. – Dijo Anthony con su copa en alto. – Gracias por ayudarme a reencontrarme con el amor. – Dijo mirando a Candy con ternura, provocando que ella se sonrojara ante la risita de los demás. – Gracias por ayudarme a encontrar los recuerdos que había dejado olvidados en este lugar, pero sobre todo, gracias por ayudarme a formar de nuevo una familia. – Dijo provocando que los demás sintieran su garganta hecha nudo, habían sido testigos de lo mucho que había sufrido, de lo que había pasado para que eso sucediera y sabían que no había nadie más merecedor de esa dicha que aquel par de rubios que se amaban tanto. – Los quiero a todos. – Dijo terminando esas palabras para los demás. – Te amo. – Le dijo a Candy chocando su copa con la de jugo de ella.
-Te amo. – Dijo Candy aceptando el beso que él le daba en los labios.
Candy observaba que todos reían y comenzaban a sentarse para iniciar a cenar, mientras Anthony la ayudaba a ella para que se sintiera más cómoda en su espacio, observaba el amor que Stear le mostraba a Patty y sus hijos, el amor que Archie le daba a Annie y a sus pequeños y como Albert veía orgulloso a todos, cada uno tenía sus familias, cada uno había formado un espacio íntimo entre ellos y ella comenzaba a formar el suyo junto a Anthony, su amado Anthony, el joven que conoció una mañana triste y con su presencia la había transformado en una mañana llena de color y alegría, cambiando su mundo al saber reconocer lo que era el amor en su joven corazón, sabiendo entregarse a aquel sentimiento que nacía en lo más profundo de su alma y que ahora se había transformado a uno más adulto, más palpable y no tan idílico como antes.
Tocó su vientre con la mano que tenía libre, sintiendo ilusionada cómo su vientre perdía forma para darle la forma del amor de su vida, su primogénito, aquel pedacito de cielo que la vida le había otorgado para que lo formara y fuera una personita real que pensara y decidiera su propio destino, así como ella un día había elegido el suyo. Apretó la mano con la que sostenía a Anthony y él como si comprendiera su sentir, colocó su mano sobre la de ella que sostenía su vientre, sonriendo feliz por el bebé que estaban esperando, sus días de tristeza habían terminado, su sufrimiento había llegado a su fin, la soledad no los había vencido como un día se lo habían prometido y ahora comenzaban de la mano una familia, la familia que tanto habían deseado formar a su lado se volvía por fin realidad.
Continuará…
Hola hermosas, cómo ya se habrán dado cuenta mi intención es terminar esta semana con esta historia, ya que como había dicho ya me tardé mucho en terminarla, ojalá que no se hayan aburrido con ella. Muchas gracias por haber leído todos y cada uno de ellos y sobre todo por haber comentado.
María José M. Hola hermosa, me alegra leer tu comentario hace rato que no te leía, es bueno saber que sigues al pendiente de la historia y más saber que te está gustando y la estás disfrutando. Así es Anthony por fin cumplió la promesa que había hecho a Candy y que quedó en el aire por mucho tiempo y que en mi imaginación pudo por fin lograrse. Aquí tienes el nuevo capítulo espero te guste igual que los demás. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.
TeamColombia, Hola hermosas, que bueno que les gustó el capítulo anterior, espero que este también les guste y sobre todo lo disfruten. Mucha gracias por sus buenos deseos que como siempre son bien recibidos. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, saludos y bendiciones.
Mayely León, Hola hermosa no te preocupes a veces no se reflejan los comentarios y otras veces no se suben no tengo explicación por qué pero así pasa, incluso a veces yo no los veo, también aparecen en el capítulo uno algunas veces y como yo solo selecciono las del capítulo que comentaré, así que pudo ser cualquier cosa. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones, gracias por leer.
Vanessa, Hola hermosa, que bueno que te gustó el capítulo, espero que este igual ya que no esperaste mucho en leerlo jajaja. Te mando un fuerte abrazo hermosa, saludos y bendiciones.
Julie-Andley-00, al contrario hermosa, gracias a ti por estar al pendiente de cada uno de los capítulos que publico, gracias por ser tan linda con tus comentarios y sobre todo por dejarme uno para saber tu opinión, solo una amiga apoya como tú lo has hecho y el regalo es para mí por haberme brindado tu amistad de esa manera. Entonces ya sabes que tienes a una fiel lectora para cuando puedas publicar la nueva historia. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones hermosa amiga.
Ster Star, Hermosa! al contrario gracias a ti por leer, que bueno que te pudiste relajar con la lectura, espero que con este también puedas encontrar un rincón cómodo y relajado para que puedas disfrutarla, pues como ya has de haber terminado entenderás que era necesario hacerlo. Ojalá te haya gustado la pequeña luna de miel que esta pareja ha disfrutado y que estés al pendiente del último de todos. Te mando un fuerte abrazo hermosa y espero que sigas cuidándote mucho. Bendiciones amiga.
Aminaabud, Hola hermosa, que bueno que te gustó la boda que tuvieron los rubios, y que los nervios no hayan sidos muchos. Te mando un fuerte abrazo y espero que hayas disfrutado también este capítulo. Saludos y bendiciones amiga hermosa.
Mitsuki Leafa, Hermosa espero que este capítulo te haya gustado ;). Te mando un fuerte abrazo.
Denisse Treviño, Hola hermosa, espero que llegues hasta este punto y sobre todo que te encuentres muy bien de salud. Te mando un fuerte abrazo hermosa, saludos y bendiciones.
Muchas gracias a las demás personas que leen y que no se atreven a dejar un comentario pero que siguen fieles a la historia. Gracias por llegar al final del recorrido y sobre todo gracias por leer. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
GeoMtzR.
