Hola hermosas, muy buenas días, antes de iniciar a leer este capítulo les recuerdo que esta historia al igual que todas mis historias son para mayores de edad (21+) y para las personas que no se sienten incómodas con los temas de contenido adulto y con amplio criterio, esta escrita sin ánimo de ofender, es solo con fines de entretenimiento, así que recuerdo una vez más que es clasificación M, te pido de la manera más atenta y educada posible que si no tienes la edad suficiente para leer por favor retírate, de lo contrario eres bienvenida. Gracias por tu comprensión.

LA MATRIARCA DE LOS ANDLEY

FELICES POR SIEMPRE

CAPÍTULO 31

Los ruidos de la cocina se hacían cada vez más estruendosos en la mansión de Chicago, mientras unas pequeñas manos intentaban asir una cazuela más grande que el mismo que intentaba hacerlo para poder preparar algo de alimento.

-¡Espera! – Dijo una voz un poco aguda para evitar que aquella criatura siguiera haciendo el desastre que evidentemente llevaba a cabo.

-¡Quiero ayudar! – Dijo la pequeña voz que reclamaba y pertenecía a las manitas inquietas que sostenían aquella olla que había bajado con dificultad del estante de la cocina y que había estrellado en el lujoso piso de mármol que decoraba la cocina.

-¡Tranquilo! ¡Sé que quieres ayudar pero eres aún muy pequeño! – Decía la pequeña que intentaba contener la energía de su hermanito menor.

-¡Pero yo puedo! – Dijo insistente en su llamado por ayudar a preparar la sorpresa que estaban realizando.

-Tranquilos Alexander, Alondra. – Dijo otra voz que se les unía en aquel relajo que se había armado en un segundo.

-¡Andrew, Alondra no me deja ayudar! – Dijo el pequeño comenzando a hacer un puchero por el llamado de atención que le había hecho su hermana, a pesar de que lo amaba y que siempre era la que lo cuidaba a pedido de sus padres, ella quería que todo saliera perfecto aquella mañana y la ayuda del pequeño Alexander no era precisamente lo que ella llamaría perfección.

-¡Andrew! – Dijo la pequeña rubia de hermosos ojos azules que estaba frente a él, suplicando a su gemelo un poco de ayuda de su parte.

-Tranquila Alondra, tranquila. – Dijo tomando en los brazos al pequeño Alexander para evitar que hiciera más ruido del que estaban haciendo todos en la cocina. – No llores Alexander, si lloras, mamá y papá se darán cuenta de que estamos en la cocina y lo que no queremos es que ellos nos descubran preparándoles una sorpresa. – Dijo intentando de nuevo tranquilizar al pequeño que comenzaba a hacer pucheros más fuertes. - ¡Alondra dile algo! – Dijo ya perdiendo la paciencia con el pequeño Alexander, al ver que sus palabras no surtían el efecto esperado.

Alondra abrió los ojos confundida por lo que estaba pasando, la verdad era que aquella sorpresa que tenían planeada para sus padres en su aniversario de bodas no incluía que su pequeño hermano se uniera a ellos, mucho menos porque con sus pequeñas manos lo único que haría era estropearlo todo, sin embargo comenzó a ver la pequeña carita de decepción de su hermanito, quien tenía sus rizos cubriendo sus hermosos ojos azules muy similares a los de ella, sus pecas estaban encendidas por lo rojo de su rostro y sus pequeñas manos regordetas tallaban sus tristes y aguados ojos, el corazón de Alondra se ablandó de pronto al no poder con aquella tierna imagen que le regalaba el menor de los Brower.

-Tranquilo Alexander, no llores. – Le dijo tomándolo en sus brazos, a pesar de ser aún muy pequeña sabía qué hacer con su hermanito. – No queremos que papá y mamá nos descubran y arruinen su sorpresa ¿Verdad? – Preguntó dando un beso en la punta de su pequeña nariz respingada. El pequeño Alexander asintió con su carita aún triste por el regaño que le había dado su hermana.

-No. – Dijo sorbiendo su nariz para retener los líquidos viscosos y transparentes que comenzaban a salir de ella y se mezclaban con las lágrimas saladas que salían por sus ojos y se juntaban en sus labios.

-Bueno. – Dijo ahora Andrew quien se sentía aliviado de que por fin el pequeño Alexander entraba en razón y lo tomaba con calma,limpiando su nariz con un pañuelo que siempre tenía en el bolsillo de su pantalón. – Ahora que ya estás más tranquilo te diré qué hacer mientras Alondra comienza a preparar la masa para el pastel. – Dijo tomándolo de la mano para llevarlo del otro lado de la mesa y subirlo ahí para que comenzara a elegir las frutillas que pondrían como adorno en el pastel que Alondra haría.

El pequeño Alexander vio cómo su hermano lo llevaba de la mano y él mismo le indicaba cómo hacer las cosas para poder brindarle esa sorpresa a sus padres que tenían días organizando.

Las cocineras veían con preocupación cómo los niños de los patrones estaban bastante entusiasmados con la sorpresa que ellos harían, sin embargo la sorpresa se la llevarían ellos al ver cómo quedaría la cocina al terminar de preparar el dichoso pastel que habían planeado preparar a sus padres como regalo de aniversario de bodas.

Alondra sabía bien como preparar un pastel, había aprendido de su mamá quien le había enseñado y más de una vez la había tenido como ayudante, lo que no sabía era que su mamá se encargaba de poner todo en orden y ella solo iba agregando los ingredientes, cosa que la sobrepasó al tener a su gemelo y a su pequeño hermanito como ayudantes.

La cocinera que era una mujer robusta y de aspecto duro observaba como los tres niños se movían de un lado a otro sacando y vertiendo los ingredientes en el gran tazón para comenzar a batirlo todos al mismo tiempo, logrando así que la harina se esparciera por todo su rostro y sus cabellos rizados. Los rizos de Alondra se pegaban a su rostro por el sudor y la harina que tenía, lo mismo que los mechones lacios de su gemelo Andrew quien era lo único que se diferenciaba de su hermana así como los ojos, ambos habían heredado el rostro de Anthony, pero el cabello de Alondra era el de su mamá y los ojos de Andrew eran los de su mamá, los dos muy parecidos entre sí, tanto en carácter como en lo físico. En cambio Alexander era un pequeño torbellino lleno de ideas y de energía que dejaba exhaustos tanto a sus padres como a sus hermanos cuando tenían que corretearlo, sus escasos dos años no le impedían ser el derroche de alegría y de problemas en la familia, había heredado las pecas de su madre, así como los ojos azules de su padre y los rizos de la rubia, que tenía en melena cayendo en su rostro y siempre andaba colorado porque corría por todos lados, no podía quedarse quieto un poco y sus dos hermanos la pasaban a veces muy mal cuando tenían que cuidarlo, los mayores eran más sensatos y maduros y eso los hacía creerse mayor de lo que eran ya que a sus escasos nueve años ya tomaban las riendas de sus decisiones.

-¡Listo! – Dijo Alondra entusiasmada al terminar de verter la masa que habían batido con gran trabajo en el molde para pasteles que siempre utilizaba su madre.

-¡Sí! – Dijo Andrew haciendo un gesto de triunfo mientras Alexander comenzaba a aplaudir con sus dos manitas con alegría desbordante.

-¿Listo? – Se escuchó la voz fuerte de la cocinera, quien se paraba frente a ellos con las manos en las caderas como una gran olla de barro, con su gesto duro y frío. Su aspecto era de temer, no por el tamaño grande y obeso que poseía, ni el gran turbante que utilizaba en la cabeza para detener sus cabellos, sino por la cara de pocos amigos que poseía y que en esos momentos reflejaba frente a los tres niños, sin embargo esa mujer era más dulce que los mismos postres que preparaba. - ¿Y quién me ayudará a mí a limpiar la cocina? – Preguntó con cierta gracia en su voz, sin embargo Alexander y Alondra se pusieron detrás de Andrew quien era el que siempre la convencía de hacer todo a su favor con la hermosa sonrisa y el poder de convencimiento que había heredado de su padre y que había aprendido a utilizar muy bien a su favor.

-No te preocupes Ritha. – Dijo con su encanto muy parecido al de Anthony. – Nosotros te ayudaremos a recoger este desastre. – Dijo con una sonrisa tan dulce que estremeció el corazón de aquella mujer que estaba frente a él, provocándole una gran ternura por el gesto que aquel jovencito le expresaba.

Alondra volteó a ver la cocina como si dudara que hubiesen hecho el desastre que ella reclamaba, sin embargo al ver todo lo que había regado por la mesa, la harina espolvoreada hasta por el piso y las cucharas y cucharones esparcidas por doquier quedó con la boca abierta y sorprendida pensando en qué momento habían hecho tanto relajo.

-Tiene razón Andrew. – Dijo con timidez. – Nosotros la ayudaremos a limpiar Sra. Ritha. – Dijo con el respeto que siempre sus padres habían inculcado a sus mayores. La imponente mujer comenzó a reír divertida con las expresiones de los pequeños y en ese momento Alexander quien era el que menos conocía a la mayor suavizó su expresión.

-¡Yo ayudo Ritha! – Dijo con su voz aún de bebé, sus grandes ojitos azules se ponían con la misma expresión de su hermano y su linda y tierna sonrisa embargaba en el corazón de dulce que tenía la cocinera, tomándolo en sus brazos de pronto para apretar sus sonrosados cachetes rellenos de pecas.

-¿Con unos rostros tan bellos como estos quien puede enojarse? – Dijo mientras quitaba sus manos de las caderas y se agachaba para levantarlo en brazos. Alexander comenzó a reír con aquella risa cantarina que poseía, una risa que contagiaba hasta al más frío de los corazones y con mayor razón a aquella dama que era un gran terrón de azúcar encerrado en el cuerpo de una mujer fría y gruñona. – Si ya está listo, yo te ayudaré a ponerlo en el horno para que así lo puedan decorar. – Dijo de nuevo la buena mujer y así ayudó a Alondra a meter el pastel en el horno.

Cuando el pastel estuvo listo la misma Ritha se encargó de sacarlo del horno para que los tres pequeños ayudaran a decorarlo, siendo ella solo una espectadora esta vez ya que Alondra insistía que la sorpresa tenía que venir solamente de ellos.

-Sorpresa la que se llevaría la Sra. Brower si se diera cuenta del relajo que han hecho. – Pensaba la buena mujer con un poco de gracia y resignación porque ella y su personal a cargo serían los que tendrían que limpiar aquel desastre.

Mientras tanto en la habitación de los festejados, la rubia tenía más de una hora entre dormida y despierta, esperando que en cualquier momento entrara alguno de los hijos que poseía, ya que desde que habían nacido no había día alguno que no entraran a su habitación muy temprano por la mañana, evitando desde entonces que tuvieran algún encuentro íntimo desde que Alexander nació. Cuando Andrew y Alondra nacieron duró un poco de tiempo para romper esa tradición pero cuando pudieron bajarse de sus camas por sus propios medios comenzaron a invadir el cuarto de sus padres todas las mañanas, hasta que iniciaron el colegio que fue cuando comenzaron a levantarse tarde, después hubo un período que pudieron retomarlo hasta el nacimiento del más pequeño quien volvió a las andadas y ahora eran los tres que se encargaban de entrar a la habitación haciendo un ruido espectacular, llenando de alegría el cuarto de sus progenitores obligándolos a vestirse en plena madrugada para no ser agarrados infragante o con las manos en la masa.

La flojera que demostraba la rubia era característica de ella, quien a pesar de ser madre aún le costaba algo de trabajo despertar tan temprano, y mucho menos ese día que al ser sábado además de su aniversario número diez de bodas, era el primer día que se tomaba Anthony como vacaciones del hospital para el cual laboraban. Sintió que el cuerpo de su esposo se removió entre las sábanas, siempre a la misma hora, siendo puntal en su abrir de aquel par de hermosos ojos azules que poseía.

-Feliz aniversario, mi amor. – Le dijo besando su hombro izquierdo, haciendo a un lado el tirante de su bata de dormir. Candy sonrió sin abrir los ojos, sabía que tenía a su esposo de espectador en ese momento, su mirada fuerte y ardiente se podía sentir sin necesidad de abrirlos.

-Feliz décimo aniversario mi amor. – Le respondió de la misma forma, provocando una sonrisa en los labios de su amado esposo al darse cuenta que ella estaba despierta.

-¿Estás despierta? – Preguntó con alegría por el hecho de que era así, ya que estaba acostumbrado que eran sus hijos los que los despertaban todas las mañanas antes de irse a trabajar.

-Desde hace más de una hora estoy esperando que entren los niños. – Respondió intentando abrir los ojos con pesadez. Anthony comenzó a reír por su comentario, sabía bien que era verdad él esperaba lo mismo.

-Tienes razón ¿Qué habrá pasado con ellos? – Preguntó extrañado de la misma forma que Candy, sin embargo ambos sabían que no habían ningún problema con ellos o ya tendrían a sus niñeras tocando la puerta.

-No tengo la menor idea. – Dijo Candy ya más despierta, volteándose de lado para ver a su esposo de frente y poder mirar esos ojos que seguían enamorándola cada día. La sonrisa de Anthony se resplandeció aún más y sus ojos brillaron enamorados al tener el brillo de los ojos de Candy fijándose en los suyos.

Anthony comenzó a besar a su esposa en su rostro, comenzando por los ojos para después continuar con sus mejillas y terminar en sus dulces labios, empezando a saborear su sabor por primera vez en esa mañana. Quería llenarla de besos antes de que sus pequeños entraran y lo interrumpieran como era su costumbre, pero después de varios minutos de estar haciéndolo sus ansias comenzaron a aumentar y sus manos comenzaron a viajar por su cuerpo, acariciándolo bajo las ropas de cama con caricias nada sutiles.

-Amor… - Decía la rubia con dificultad, cerrando los ojos para dejarse llevar por la cálida sensación que ya comenzaba a esparcirse por su cuerpo, sus sentidos comenzaban a despertar y el calor aumentaba considerablemente en ella. – Los niños… - Decía Candy un tanto inquieta, sin embargo disfrutaba las caricias que su esposo le hacía y quería seguir, quería abandonarse a esas sensaciones que la habían atrapado diez años atrás, sus labios parecían tener algún tipo de encantamiento porque podían convencerla rápidamente de continuar con lo que estaba iniciando.

-Eso no será problema. – Dijo Anthony besando una vez más apasionadamente la boca de su esposa, animándose a invadirla con su lengua para dejarla sin aliento una vez más, permitiendo Candy que la explorara a su antojo. De pronto se levantó de la cama dando un brinco para dirigirse a la puerta y poner seguro en ella, viendo como Candy lo observaba sorprendida y a la vez divertida por la acción que llevaba a cabo, una que nunca se había atrevido a hacer en todo esos años, más sin embargo podía notar sobre el pantalón de su pijama que estaba más que dispuesto para ella a complacerla y complacerse él mismo.

La mirada de Candy viajó sobre su figura deleitándose complacida con lo que podía apreciar frente a ella, la figura de su esposo aún atlética y esbelta, sin un gramo de grasa se posaba frente a ella como exhibiéndose al saberse atractivo para ella. Con la misma agilidad con la que se había levantado quitó la sábana que cubría el bello cuerpo de su esposa, provocando un grito que salió de improvisto de su garganta.

-¡Anthony! – Dijo soltando una carcajada muy parecida a la de su hijo menor, mientras Anthony se dejaba ir sobre ella para atraparla entre sus brazos colocándose encima de ella para aprisionarla con su sexy cuerpo.

-Ya no tienes pretexto. – Le dijo dejando salir una voz ronca y sexy, una voz que salía de su boca cuando estaba a punto de tomarla una vez más, una voz que sabía bien ella no era de juego ni de advertencia, sino de la plena seguridad que le haría el amor una vez más, su mirada se encendió en el acto estando de acuerdo de inmediato a realizar aquella acción al sentir directamente la disposición que tenía el cuerpo de su esposo al rozarse con ella directamente en su zona. – Para que vuelva a ser mía una vez más señora Brower. – Dijo volviendo a besar sus labios comenzando tiernamente, para convencerla de que hiciera lo que hiciera nada lo detendría de su propósito rompiendo desde hacía meses la dieta del "mañanero" que ya extrañaba bastante antes de irse a trabajar.

-Le aseguro que no pondré ninguna objeción en hacerlo Dr. Brower. – Dijo Candy con su mirada coqueta invitándolo a que continuara con su juego previo, abriendo sus piernas para que pudiera colocarse más cómodamente sobre ella, mientras la sexy sonrisa de Anthony se torcía de lado para demostrar su felicidad por el permiso otorgado y la disposición que la rubia presentaba sin pena alguna.

Rápidamente se despojó de sus ropas para después comenzar a desvestir lentamente el cuerpo de su esposa, besando una vez más cada rincón de su cuerpo, tomándose el tiempo de prepararla una vez más para volver a hacerla gozar como la noche anterior. No tenían mucho que se habían amado, se habían desvelado haciendo el amor, pasando la media noche para así celebrar en la intimidad de su alcoba los primeros diez años de matrimonio, diez años que se habían ido rápidamente, diez años en los que habían vivido las mejores aventuras y habían sido bendecidos con tres hermosos hijos, los primeros habían nacido cinco meses después de su boda en el hogar de Ponny, dándoles la enorme sorpresa de mellizos un niño que fue el primero en nacer y una niña que llegó a los pocos minutos sorprendiendo a ambos padres por igual, ambos rubios igual que sus padres.

Andrew era un chico que tenía el cabello como su padre al igual que su rostro, lo único que lo diferenciaba de él a su edad eran los ojos verdes que había heredado de su madre o de su abuela, siendo más el vivo retrato de la segunda al parecerse Anthony tanto a su madre. Alondra en cambio hasta los ojos había heredado del rubio, solo el cabello era lo que le anunciaba a Candy que era su hija, tenía los mismos rizos y su madre la peinaba de la misma manera que ella se aprendió a peinar siendo una chiquilla. Cuando los gemelos cumplieron 7 años nació el pequeño Alexander, quien era el vivo retrato de su madre, desde sus rizos hasta sus pecas, lo único que lo diferenciaba era el azul de sus ojos, un azul tan hermoso y radiante como el de su padre, su carácter era igual de fresco y alegre que el de su madre, mientras que los gemelos habían heredado esa virtud de su padre.

Las manos de Anthony se movían ágiles y decididas por su recorrido, sabía bien por donde dirigirse, sabía que botón accionar para que la rubia comenzara a pedir más y más de él, pedido que él sin dudar atendería en el acto para poder complacerla y llevarla a cielo mismo si fuese necesario para hacerla feliz. Sintió como aquel refugio que reclamaba ya como propio se volvía a acomodar rodeando aquella parte de su cuerpo, brindándole ese cálido y suave abrigo que sentía lo llevaría al borde de la locura, sintió como la calidez con la que era arropado se amoldaba a la perfección en su forma, la había amoldado a su cuerpo siendo el calce perfecto para su anatomía.

-Te amo, hermosa. – Le decía mientras seguía invadiendo lentamente su cuerpo, sintiendo como una agradable tortura cada uno de sus movimientos, intentando retrasar una vez más su placer para poder complacer el de ella, siempre era ella su prioridad y aquella mañana no sería diferente, mucho menos cuando quería dejar huella en ella y demostrarle lo feliz que lo había hecho esos diez años, mucho más feliz que los primero veinticuatro de su vida.

-Y yo te amo a ti Anthony… - Le decía con su voz sensual y dulce muy cerca de su oído, provocando que su piel se estremeciera con aquel sutil contacto que ella le hacía.

El primer llamado que su cuerpo le hacía llegaba de improviso, sin necesidad de hacer mucho su cuerpo ya se incendiaba por dentro y la llevaba por primera vez esa mañana a la cúspide de su colina, buscando subir más alto, mientras él seguía esforzándose por que así fuera. La magia que sus cuerpos producían al estar en contacto era una que alcanzaba la nota máxima de la melodía que interpretaban continuamente sus cuerpos, era como una armonía que ambos tocaban al rosarse, al unirse, al formarse uno con sus cuerpos.

Las manos de ambos se entrelazaron una vez más al terminar ambos su faena, concentrándose nuevamente en las emociones que explotaban en sus cuerpos nublando sus sentidos, dejando su mente en blanco por unos segundos mientras asimilaban el placer que habían recibido. Ninguno de los dos hablaba, solo sentía, ambos se dejaban guiar por lo que sus cuerpos sentían en ese momento, sus emociones seguían sensibles, sus respiraciones seguían agitadas, el calor de sus cuerpos aún no descendía y el sudor que emanaba de ellos se esparcía deslizándose por su piel.

Una sonrisa apareció en el rostro de ambos al abrir los ojos y ver el reflejo del ser amado en los ojos del contrario.

-Eres hermosa. – Le dijo Anthony en un susurro, uno que ella pudo escuchar por la cercanía de su rostro.

-Tú eres hermoso. – Le dijo de la misma forma, ofreciendo su boca una vez más para que la tomara, un pedido que no tardó en aceptar, abandonándose una vez más en el sabor de su boca, invadiendo con su lengua esa cavidad que tanto adoraba.

Terminaron su danza para dirigirse al cuarto de baño y poder así lavar sus cuerpos y comenzar así su mañana una vez más, sin embargo como era su costumbre cuando se bañaban juntos aquel baño tardó mucho más de lo esperado. Anthony aprovechaba para ponerla contra la pared y abordarla de pie, enjabonando su cuerpo y disfrutando nuevamente la suavidad que su piel le ofrecía, besando su espalda con delicadeza mientras sentía como su piel se erizaba por ese contacto, moviéndose dentro de ella desde atrás mientras ella se sostenía con ambas manos para no resbalar en sus movimientos y disfrutar así aquella intrusión que le daba su amado mientras con sus manos recorría su cuerpo de frente, frotando y acariciando sus senos que se movían libres por el vaivén de la cadera de su amado príncipe, mientras que con su mano libre estimulaba su zona íntima para que alcanzara el clímax con mayor intensidad. No tardó mucho que aquellos movimientos tan sensuales surtieron efecto y con ello la arrastró a ella junto con él al término de su pasión, llegando a explorar aquella pradera infinita que visitaban cada vez que terminaban de hacer el amor.

Una vez que terminaron de amarse, bañarse y cambiarse, ambos salieron del cuarto de baño extrañados de no haber sido interrumpidos ni una sola vez por sus tres tremendos hijos.

-Se me hace raro que ninguno haya venido. – Dijo Candy mientras se colocaba el último zarcillo en su oreja.

-Tienes razón amor. – Dijo Anthony observándola mientras ella terminaba de alistarse. - ¿Qué estarán tramando esta vez? – Preguntó el rubio un tanto divertido al recordar las travesuras en las que habían caído más de una vez sus pequeños.

-Ni me digas. – Dijo Candy de la misma manera, ella era la que menos podía quejarse por lo que hacían sus hijos ya que sabía bien que todas las ocurrencias y las travesuras que tramaban o se las ingeniaban para hacer habían sido heredadas por su parte, ya que a pesar de saber que Anthony había también sido un niño muy travieso, él había demostrado más de una vez que era más responsable de lo que ella había sido a su edad.

-Ven, vamos a buscarlos. – Le dijo Anthony tomándola de la mano para ir en busca de sus hijos y averiguar así que era lo que estaban haciendo o tramando.

Caminaban por los pasillos de la mansión cuando comenzaron a escuchar ruido a lo lejos, cada vez que se acercaban a la planta baja el ruido era más intenso y todo les hacía pensar que salía de la cocina. Ambos se miraron un poco confundidos e indecisos por pensar que todo aquel ruido que se producía era causado por los pequeños Brower.

-¡Señores, buenos días! – Dijo una de las muchachas que ayudaba en la mansión.

-Buenos días, Clementine. – Respondió Candy con una sonrisa. - ¿Qué está sucediendo? – Preguntó curiosa, buscando pasar para ir directo a la cocina e investigar por sí misma lo que escuchaba.

-¡Nada! – Respondió la chica un tanto confundida ya que la habían enviado para que por ningún motivo permitiera que ninguno de los señores entrara a la cocina. – Ritha que está apurada con los preparativos para la cena de esta noche. – Dijo a manera de salvación para que no siguieran indagando.

-Entiendo. – Dijo Candy, pero de pronto se escuchó un grito que sin lugar a dudas venía de la cocina y era ni más ni menos que uno de sus hijos. -¿Qué está sucediendo? – Volvió a preguntar intentando ir de nuevo a la cocina.

-¡Nada señora! – Dijo de nueva cuenta la pobre chica con miedo a ser retada por sus patrones o por la misma Ritha, de cualquier forma que sucediera era bien sabido que estaría en problemas a pesar de que nunca había sido reprendida por alguno de sus patrones.

-¿Dónde están los niños? – Preguntó Anthony quien también había escuchado aquel grito y los movimientos de ollas que se escuchaban.

-¡NO! – Dijo apresurada. – Los niños están en sus habitaciones preparándose para bajar a desayunar. – Decía insistente, sin embargo ninguno de los dos se creía ese argumento. Clementine rogaba porque así lo hicieran, sin embargo Anthony fue el primero que imaginó que algo tramaban sus hijos así que no quiso indagar más y echar a perder o que fuese que estuviesen preparando sus pequeños.

-Vamos amor. – Dijo Anthony abrazando a su esposa para distraerla de su cometido. – Clementine, por favor vaya por los muchachos y dígale a Ritha que sirva el desayuno dentro de una hora. – Dijo para sorpresa de Candy, quien ya tenía hambre y sabía bien que ya era hora de que sirvieran el desayuno.

-¿En una hora? – Preguntó a su esposo sorprendida.

-No pasa nada si desayunamos un poco más tarde. – Dijo con una sonrisa, ofreciendo su mano para que lo siguiera. Candy así lo hizo, tomó la mano de su esposo y dejó que la guiara hacia el jardín para caminar un momento a solas.

La tranquilidad que Anthony provocaba en su esposa era una tranquilidad que ella disfrutaba bastante, ya que sabía bien que a pesar de lo que sucediera todo estaría bien si estaba con ella, así que la caminata matutina que comenzaron entre las rosas fue un aliciente para continuar disfrutando de su presencia en la soledad, sin interrupciones, como dos novios que se dedicaban tiempo para sí mismos y el aroma de las rosas era el que amenizaba el ambiente, así como el canto matutino que entonaban los pajarillos a su alrededor. La brisa que que se sentía en el ambiente les recordó a la brisa de la primera mañana que habían amanecido como marido y mujer, sonriendo ambos por aquel recuerdo tan hermoso que aún tenían presente en su memoria como si hubiese sido solo ayer.

El día había comenzado muy bien para Candy, había disfrutado una vez más a su esposo, habían paseado por el jardín por un buen período de tiempo, disfrutado un rico desayuno y una comida deliciosa, y en esos momentos se preparaban para recibir al resto de la familia que pronto llegaría para festejar su aniversario.

-Te ves hermosa como siempre. – Le dijo Anthony al acercarse a ella con las manos detrás de su espalda. - Pero te verás más hermosa con esto. – Dijo sacando de entre sus manos un relicario de oro que en su portada estaba adornado por diminutas esmeraldas en el borde, en su interior había una pequeña fotografía que mostraba a su hermosa familia, sus tres hijos y ellos dos al fondo, una pieza maravillosa que él mismo había mandado fabricar con ayuda de Stear quien era el encargado siempre de los pequeños detalles y siempre tenía una respuesta para ello, una fotografía tan pequeña y detallada que había sido recortada con sumo cuidado para que entrara en esa joya tan maravillosa.

-¡Es hermoso! – Dijo Candy al momento que vio aquel relicario colgar de su cuello, observando con admiración aquella delicada pieza, una lágrima brotó de sus ojos cuando pudo ver la hermosa fotografía que tenía en su interior, era su fotografía favorita, una que habían tomado el día que Alexander había cumplido un año de vida.

-¿Te gusta? – Preguntó Anthony con una sonrisa.

-Me encanta ¡Gracias amor! – Le dijo mientras se arrojaba a sus brazos para agradecer aquel regalo. – Una vez que había agradecido ese gesto, fue hacia su mesita de noche para sacar de ahí una pequeña caja alargada que guardaba para él.

-¿Qué es? – Preguntó al sostener la caja que le entregaba su esposa mientras esbozaba una gran sonrisa, era algo pesada para su tamaño.

-Ábrelo. – Le dijo Candy sonriendo con travesura. Anthony comenzó a abrir con cuidado aquella caja forrada con un papel de seda muy fino, envuelta con un pequeño lazo del mismo material formando un moño en el centro.

Sus ojos se iluminaron cuando pudo apreciar lo que sacaba del interior de la caja, Candy observaba feliz de que le hubiese gustado aquel sencillo regalo que le daba. Había estado pensando por semanas que le regalaría a un hombre que sencillamente lo poseía todo y no ocupaba nada material, sin embargo ella quería darle algo simbólico, algo con lo que iniciara su sueño, un sueño del que habían hablado tantas veces pero que no se había realizado.

De la caja sacó una placa de oro que tenía labrado su nombre "Dr. Anthony Brower Andley, Cardiólogo" podía leerse debajo de su nombre, una especialidad que había estudiado después de lo que había pasado con su tío y también por la posibilidad de que alguno de sus hijos pudiera heredar aquel mal. Había pasado gran parte de su vida estudiando y desarrollando la técnica que el Dr. Relish había descubierto, perfeccionándola él mismo, ayudando a mucha gente desde entonces, convirtiéndose en un médico con mucho prestigio.

-Creo que ya es hora de que cumplas con tu sueño. – Dijo Candy segura de lo que decía.

-Tienes razón amor. – Le dijo con una sonrisa, abrazándola agradecido por el apoyo que siempre le había brindado, había pasado días y noches en vela apoyándolo, animándolo a seguir adelante y siempre con una sonrisa en su rostro, con una palabra de ánimo cuando pensó que no podría más y agradeciendo en el alma que ninguno de los tres pequeños hubiesen heredado esa condición, siendo completamente sanos. – Creo que ya es tiempo de hacerlo. – Dijo de nuevo con una sonrisa, abrazando a su esposa para volver a besarla. Candy asintió y se refugió en sus brazos y las ganas de ella nacían de nuevo.

-¡Papá, mamá! – Dijeron las voces de sus pequeños que entraban como tres torbellinos yendo del más veloz, el cual era el más pequeño que parecía tenía bien ensayada esa manera de entrar.

-¡Vaya! – Dijo Anthony cuando vio a sus pequeños invadir su habitación sin siquiera tocar por permiso. – Hasta que se aparecen, ¿Dónde estaban? – Preguntó curioso a los pequeños.

-Estábamos… - Dijo Alexander en un claro intento de echar de cabeza la sorpresa que habían tardado casi todo el día en llevar a cabo y que gracias a los empleados de la mansión habían sido encubiertos en su cometido.

-¡Es una sorpresa! – Gritó Alondra de inmediato al creer que su hermanito echaría todo a perder y la desaparecida que se habían dado con ayuda de los empleados no tendría sentido. Alexander hizo un puchero al ser interrumpido y más cuando Andrew le hizo la seña que guardara silencio un poco más.

-Solo un poco más Alexander. – Dijo su hermano mientras lo tomaba en brazos. Candy y Anthony se miraron entre sí y comenzaron a reír por la manera tan especial que tenían de ser cómplices entre ellos, ni el más pequeño de los tres era capaz de delatarlos.

-Es una sorpresa… - Dijo Alexander cruzando sus dos bracitos y cerrando los ojos simulando ser alguien más maduro. Aquel tierno gesto provocó en Candy y Anthony una risa que el pequeño admiró sin comprender, mucho menos cuando sus dos hermanos se habían sumado a ellos, así que no le quedó de otra y comenzó a aplaudir y a reír al mismo tiempo.

El timbre de la puerta de la mansión Brower sonó en punto de las 7 de la noche, era el llamado de los invitados que tenían para iniciar la celebración, solo la familia asistiría, a ambos rubios les gustaba mantener su privacidad y celebrar su matrimonio era algo que solo debían compartir con los seres queridos.

-Bienvenidos Sres. Cornwell. – Dijo el mayordomo haciendo una reverencia para saludos a Stear, Patty, Archie y Annie, junto con sus hijos Samantha, Arthur, Anthony y Erin, quienes ya eran unos jóvenes de 15, 12, 14 y 10 años respectivamente. – Adelante. – Dijo de nuevo con amabilidad, dando el pase a los primero que llegaban.

-Muchas gracias Stwart. – Dijo Stear con una sonrisa, agradeciendo de esa manera al buen hombre que siempre tenía una sonrisa para ellos cuando llegaban de visita.

-Bienvenidos. – Dijo Anthony quien iba acompañado de la rubia para recibir a su familia, acercándose a ellos para saludarlos como si tuviera mucho tiempo sin verlos, a pesar de que se veían seguido. Los dos Cornwell como siempre se abrazaron a su primo para felicitarlo y después hicieron lo mismo con Candy.

-¿Dónde están los demás? – Preguntó Candy refiriéndose a la familia de Albert y a la tía abuela.

-No deben de tardar. – Dijo Archie tranquilo. – Salimos algo tarde del corporativo, además si a eso agregamos que la tía abuela está imposible. – Dijo de nuevo el elegante.

-Tranquilo Archie, la tía abuela más de una vez ha demostrado que está más cuerda de lo que creen. – Dijo Anthony provocando la risa de los demás, refiriéndose a la vez que la habían creído senil y que no había sido cierto, después de diez años la anciana seguía dando guerra y aún podía presumir de tener buena memoria a pesar de que sus movimientos habían disminuido considerablemente y ahora se desplazaba en una silla de ruedas.

Después de haber reído un poco por el comentario de Anthony el timbre de la mansión volvió a pronunciarse y Stwart volvía sus pasos para atender nuevamente el llamado.

-Hablando del rey de roma. – Dijo Stear con simpatía. - ¡Tía abuela! – Dijo emocionado de verla, teniendo que hablar un poco más alto como si la abuela estuviera sorda.

-No tienes que gritar Alistear, escucho perfectamente. – Dijo la anciana con su misma manera de ser fría y altiva que siempre había sido. - ¿Dónde están los niños? – Preguntó por los torbellinos que tenía por bisnietos, especialmente por Alexander que era el que irónicamente le alegraba más sus días.

-No lo sé muy bien. – Dijo Candy buscando alrededor del salón a sus tormentos. – Todo el día han estado muy escurridizos. – Dijo de nuevo excusando la ausencia de los tres.

-Bienvenido tío. – Dijo Anthony al ver que detrás de la tía abuela llegaba Albert junto a su esposa y su hijo mayor, mientras el menor venía caminando de mala gana. - ¿Qué sucede? – Preguntó Anthony al ver que el menor de sus primos tenía cara de decepción.

-Nada Anthony. – Dijo Albert abrazando a su sobrino para felicitarlo, sin embargo no se quedó muy a gusto con la explicación y se colocó en cuclillas para ver qué era lo que le pasaba al menor.

-¿Qué sucede Alexis? – Preguntó amable. El pequeño que tenía tan solo 6 años volteó a ver a su primo mayor y sonrió frustrado.

-Lo que sucede es que yo tenía el regalo para ti y Candy. – Dijo con confianza. – Pero al bajar de auto lo he estropeado y se me ha caído. – Dijo con frustración. Anthony sonrió para tranquilizarlo.

-No te preocupes, de todas formas Candy y yo estamos muy agradecidos por haber pensado en traer algo para nosotros. – Le dijo tranquilo, para animarlo a que compusiera el gesto. El pequeño sonrió aliviado al darse cuenta que como siempre su primo no lo retaba a pesar de ser mucho mayor que él.

-¿De verdad Anthony? – Preguntó ilusionado.

-De verdad Alexis. – Dijo Anthony con una sonrisa, automáticamente el pequeño sonrió y entró como si nada hubiese pasado.

El mayor de Albert era un niño tímido y un tanto retraído, no era como Alexis que siempre era alegre y decidido y un poco extremista en ocasiones, pero también era un niño muy tierno al igual que su hermano. Alan había sido el nombre elegido para el mayor que tenía 8 años, saludó tímido a su primo y a Candy y se adentraron a la mansión para reunirse con los demás. La esposa de Albert era una dama rubia de cabellos lacios y ojos color ámbar, era de la misma edad de Albert y tenían alrededor de 9 años casados, se habían conocido un poco después de la boda de Candy y Anthony y rápidamente habían anunciado su compromiso.

Momentos después llegaron los demás invitados, ya que también habían sido requeridos Tom y su familia, la hermana María y los jóvenes Cartwrigth junto con Jimmy y su esposa que estaba esperando bebé. Todos llegaban muy felices para festejar el aniversario de los rubios. Toda la familia se había reunido en la mansión de los Brower para festejar aquel acontecimiento incluso Vincent había llegado tiempo atrás a vivir con ellos y bajaba para unirse a la celebración.

-¡Bienvenidos! - Decía Candy feliz e ilusionada de que hubiesen aceptado si invitación a pesar de la distancia.

-Señora la mesa está servida. – Dijo Clementine avisando a la rubia que todo estaba dispuesto para pasar a cenar.

-Gracias Clementine. – Dijo Candy con una sonrisa, pero aún preocupada porque sus hijos habían vuelto a desaparecer. - ¿Dónde están los niños? – Preguntó un poco impaciente.

-Tranquila amor, están bien, no te preocupes, recuerda que dijeron que tenían una sorpresa. – Dijo Anthony como siempre para bajar la angustia de su esposa. Candy sonrió tímida accediendo a calmarse un poco.

Cuando llegaron al comedor, la sorpresa que se llevaron fue mayor para la rubia que para Anthony, quien abrió sus ojos y su boca al mismo tiempo al encontrarse a sus tres hijos en el comedor con las manitas abiertas para mostrarles el pastel y la comida que ellos mismos habían mismos habían ayudado a preparar a Ritha.

-¡Sorpresa! – Gritaron los tres al mismo tiempo, incluso Alexander gritaba y aplaudía al mismo tiempo emocionado.

-¡Mamá! ¡Papá! – Gritaba emocionado. – Yo ayudé a Ritha. – Decía aún incrédulo de lo que había hecho.

Candy comenzó a emocionarse por aquella sorpresa y sus ojos se llenaron de lágrimas, emocionada por aquella sorpresa que sus hijos le daban.

-¿Es verdad Ritha? – Preguntó para que la buena mujer le confirmara si la habían ayudado o estorbado.

-De verdad señora. – Le dijo la buena mujer guiñándole un ojo a los pequeños, quedando entre ellos todo el relajo que habían ocasionado en la cocina. Alondra respondió de la misma forma y Andrew también, los tres orgullosos por lo que habían logrado.

Comenzaron la cena que a pesar de que habían incluido las manitas de los niños había quedado muy bien gracias a la intervención de Ritha, y por último probaron el pastel de chocolate que habían preparado ese sí por sí solos, sabían que el chocolate era el favorito de sus padres y así habían decidido hacerlo.

-¡Está riquísimo! – Dijo Anthony al probar el postre que sus hijos prepararon.

-¡Yo lo hice! – Gritó Alondra ilusionada de que le hubiese gustado a su padre.

-¡Nosotros decoramos! – Gritó Andrew y Alexander para no perder crédito en la preparación del pastel.

Candy y Anthony sonrieron abrazando a sus hijos para agradecer ese gesto tan especial que habían tenido con ellos, disfrutando y alabando los demás que realmente el pastel había quedado riquísimo.

Anthony se levantó extendiendo una mano a Candy para que lo acompañara en ese brindis que daría frente a toda su familia, Candy lo acompañó con una sonrisa sin dejar de observarlo.

-Familia, primero que nada quiero agradecer a todos su presencia, muchas gracias por celebrar junto a nosotros la alegría que nos embarga al celebrar estos primeros diez años de matrimonio, diez años que confieso han sido los mejores de mi vida. – Decía sin dejar de mirar a los ojos a su esposa, como si fuese la única presente en el comedor. – Gracias por regresar a mí, mi vida. – Dijo emocionado. Candy le sonrió de la misma forma y se aferró a su cuerpo también emocionada por sus palabras.

-Al contrario amor. – Le dijo a duras penas. – Gracias a ti por haber decidido intentar recuperar tus recuerdos en Lakewood, si no hubiese sido así, tal vez otra hubiera sido nuestra historia. – Dijo sin evitar recordar aquellos años. – Gracias por amarme tanto todos estos años y sobre todo por haberme dado los hijos más maravillosos del mundo. – Dijo emocionada. Anthony la besó delante de todos, sin pena alguna, mientras los presentes comenzaban a aplaudir emocionados.

-¡Mamá, papá no! – Gritó Alexander cubriéndose los ojitos mientras los demás reían por su ocurrencia, era una costumbre que tenía cuando sus padres se demostraban su amor frente a él o sus hermanos, provocando la risa de Anthony y Candy quienes volvían a repetir el acto de nuevo para provocar la reacción del pequeño nuevamente.

-Por ti mi amor, porque estos años juntos sean los primero diez de muchos más. – Anthony levantó su copa una vez más, para brindar de nuevo por el amor de su vida.

-Por nosotros. – Dijo Candy ilusionada.

-¡Salud! – Dijo Stear haciendo lo propio con su copa de vino, lo mismo que los demás, para brindar así y celebrar un año más de la unión de los rubios, un amor que había comenzado hacia tantos años y que solo apenas diez años había florecido por fin, sus pequeños los veían felices de ver el amor que se tenían sus padres, siendo un verdadero ejemplo para ellos y un verdadero reto de enfrentar.

Anthony por fin podría lograr su sueño el cual era tener su propia clínica gratuita en donde Candy lo asistiría para que así ambos ayudaran a las personas de escasos recursos, una labor que muy pocos hacían y ellos habían sido unos de los primeros en comenzarían a hacerlo, queriendo dejar siempre una huella entre las personas que ayudarían.

Su vida seguía adelante, su amor continuaba creciendo día a día y solo el tiempo sabía qué era lo que les deparaba el futuro, un futuro que ambos estaban listos por recorrer siempre juntos de la mano, como si fueran una sola persona escribiendo ambos su destino, su felicidad estaba marcada desde el principio de sus días y a pesar de haber tardado en llegar había llegado en el momento indicado.

FIN

Una historia más ha llegado a su fin y con ello se cierra otro ciclo en la escritura que he llevado a cabo este tiempo, espero que haya sido de su agrado. Créanme cuando les digo que sus comentarios y sus lecturas son los alicientes que me animan a escribir una y otra historia, sin su presencia no tendría sentido escribir para publicar mis historias, sino que se hubieran quedado en la soledad de mi libreta o en un rincón de mi memoria, sin embargo ese pequeño impulso que tuve al publicar la primera y los comentarios con los que fue recibida fueron el detonante para publicar las demás, provocando que mi imaginación continuara con esta tierna pareja que me gusta tanto y que insisto nunca tuvo justicia en la mente de la escritora, sin embargo le agradezco haber creado a un personaje tan lindo y tierno que sin ser perfecto supo colocarse en mi corazón para siempre, provocando con ello que mi mente volara lejos y con ello formara varios finales felices para él. Gracias a cada una de ustedes por leer, gracias por acompañarme en este camino que con gusto he recorrido, gracias por sus ánimos, por ofrecerme su amistad que valoro inmensamente. Gracias por estar ahí y espero de nuevo contar con su presencia en las próximas por venir y espero yo sea pronto.

Esta historia estuvo pensada para 30 capítulos, sin embargo no pude terminarla ahí, así que les traje uno extra para que sean mas felices XD.

TeamColombia, Hola hermosas, espero les haya gustado el final de la historia. Muchas gracias por haber estado nuevamente en este recorrido, espero que sea así siempre en cada una de mis historias (si vuelvo a publicar) lo único que tengo como reclamo que ni todos los comentarios que me dejaron hicieron que se llegara a los 1,000 en esta historia jajaja pero bueno las perdono porque tal vez les faltaron más capítulos para que eso sucediera. Muchas gracias por sus lindos comentarios, por sus bendiciones y sobre todo por creer en lo que escribo y no cuestionar mis decisiones. Un fuerte abrazo para cada una de ustedes mis amigas virtuales del alma.

Mayely León, Hola hermosa, que bueno que pudiste organizarte para leer esa historia, lo malo que ya no podré actualizar todos los días ya que esta fue la última vez de esta historia, así que espero que tu bb siga siendo bb cuando llegue la próxima historia para que así puedas seguir leyendo y no la estés correteando por los rincones jaja. Muchas gracias hermosa por ser una lectora fiel a mis historias, como siempre te agradezco estar presente en cada una de ellas y convertirte en una amiga a la distancia. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones. Hasta la próxima primero Dios.

Ster Star, Hola hermosa, me reí bastante con tu comentario, por supuesto que me refería a que solo habían compartido una noche de "luna de miel" pero bien que supieron aprovecharla este par jajaja. Fíjate que ya me han preguntado si no me da vergüenza escribir estas escenas y les digo que sí pero que me aguanto jajaja no ya en serio, creo que no me apena escribir estas escenas porque tengo la ventaja del anonimato, tal vez me puedan conocer por lo que escribo, por mi seudónimo o por mi humor negro a veces, pero el que no tengan una foto mía o que la interacción no sea directa me ayuda a que no me de pena hacerlo, tal vez eso es, también porque creo que lo escribo no es vulgar (creo yo) sino que me gusta llevarlas a que se imaginen la situación sin ser muy descriptiva verbalmente, no sé si me explique, ya que yo he leído este tipo de escenas muy explícitas, en movimientos, y poses pero no me transmiten nada, es como leer algo plano o burdo, por eso busco poner un poco de intensidad al acto y sin explicar mucho lo que hacen sino lo que sienten o camuflar un poco la situación, creo que lo he logrado no en todas la escenas, pero sí en la mayoría. Me alegra saber que ya estás más tranquila, eso es bueno porque tu peque te necesita bien, sana y fuerte. Muchas gracias hermosa por ofrecerme tu amistad a la distancia, aprecio mucho tus comentarios y tus buenos deseos, tus bendiciones que son recíprocas y sobre todo el dejarme siempre un comentario de mi historia, gracias por leerla y sobre todo por aceptar esta amistad que aprecio bastante. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones, si necesitas algo sabes que puedes enviarme un PM cuando lo desees. Cuídate mucho!

Carolina Benitez, Hola hermosa, ¿Cómo estás? Espero que estés muy bien, muchas gracias por tu comentario y también por acompañarme de nuevo en otra historia, eres de las que siempre me apoya en la que escribo y no cuestiona mis decisiones, me da mucho gusto que te gusten todas y cada una de las historias que escribo, ojala que siempre esté a la altura de tus expectativas. Muchas gracias por leer y por ser una amiga y fiel lectora. Yo también opino que Candy nunca olvidó a Anthony y eso fue una referencia no solo al final de la historia, sino en toda la historia, siempre hubo algo un motivo o una situación que la llevó a recordarlo a pesar de que ella se reprimía mencionarlo porque su recuerdo era como un sofoco que le impedía respirar, para mí ese amor fue el primero y el único que Candy merecía por eso mis historias son y siempre serán de él. Gracias por comentar, gracias por leer, gracias por ofrecerme y aceptar mi amistad. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Vanessa, Hola hermosa, espero que te haya gustado esta historia, a pesar de que te incluí hasta casi lo último a los comentarios quiero que sepas que te agradecía en el anonimato al igual que a cada una de las lectoras que no revelan su identidad, me alegra mucho que te hayas animado a dejar un comentario y sobre todo el saber que disfrutabas la lectura y seguías constante en ella. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones y espero que en las que sigas estés presente. Te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones.

Aminaabud, Hola hermosa, creo que te quedé mal esta vez, los rubios ya no tuvieron problemas en su relación y ahora sí que como dicen los cuentos "vivieron felices para siempre" jajaja. Espero que te haya gustado el final de la historia y me alegra mucho que te haya gustado el capítulo anterior, muchas gracias por ser otra fiel lectora desde el inicio de mis historias y sobre todo gracias por ofrecerme tu amistad desde un principio. Espero estés lista para la que sigue y espero puedas acompañarme en el próximo viaje que a pesar de no tener fecha de estreno ya estoy preparando. Te mando un fuerte abrazo hermosa ya sabes que puedes contar conmigo, cuídate mucho y hasta la próxima.

Julie-Andley-00, Hola hermosa, que bueno que te gustó la noche de bodas de esta parejita que ya estaban muy emocionados por compartirla. Quiero agradecerte sinceramente el haber hecho este nuevo recorrido a mi lado, esta historia me gusto mucho escribirla y al parecer hubo muchas lectoras que la disfrutaron, me alegra que hayas sido una de ellas, gracias por leer, gracias por comentar, gracias por tu amistad y sobre todo gracias por la vibra que reflejas en tus comentarios, es una vibra sincera y sobre todo positiva. Espero que en las próximas que lleguen sigas estando presente, te mando un fuerte abrazo, saludos y bendiciones amiga y por supuesto que leeré la adaptación para mi Anthony y Candy, si son de ellos ahí estoy ya sabes. Cuídate mucho y que Dios te bendiga.

A las demás lectoras que no alcanzaron a dejarme un comentario por el tiempo que se publicó entre un capítulo y otro no te sientas si no me despedí "personalmente" quiero que sepas que sé que estarás ahí para dejar un comentario o enviarme un PM directo, aún así quiero agradecerte que estuvieras ahí leyendo y dejándome tu presencia en las gráficas, gracias a cada país que leyó y tradujo a su idioma la historia, espero la hayan disfrutado tanto como yo la disfruté escribiéndola. Gracias por leer y soñar con lo que escribo. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, Denisse Treviño, María José M., Mitsuki Leafa, StephanySchreave, Eliana Cristina, KT1947, CrisAral, Ale, Clint Andrew, arlenyferreirapacaya, Miyoya, Guest, y todas las demás que no se atrevieron a dejar su nombre, así como a las que le dieron la oportunidad y la agregaron a sus favoritos y comenzaron a seguirla: Judith Torres, daide luct, Chibely, Ster Star, StephanySchreave, Siladrew, SharkyWhite78, Serena Candy Andrew Graham, Roxana Jimena Montejo Ugaz, QUEEN BLACK-MALFOY, Proxy57, Miyoya, Kathyan, Julie-Andley-00, Jenny Leegan, Ileana Altamirano, Denisse Treviño, Clint Andrew, Claudia Branbilla y Shant88, gracias a cada una de ustedes por darle la oportunidad a esta historia y seguirla hasta el final. Les mando un fuerte abrazo y mis más sinceros y profundos agradecimientos.

GRACIAS

GeoMtzR.

Hasta la próxima, primero Dios!