Hola hermosas, por primera vez haré esto no es algo que esté acostumbrada a hacer, pero fue un pedido especial, creo que pensaron que había quedado ese hueco en la historia aunque tengo que confesar que no era de mis prioridades hacerlo, sin embargo quise darle gusto a esa persona que lo solicitó porque siempre ha sido muy linda conmigo, así que va por ti Julie-Andley-00, y ya saben no apto para menores de 21+
LA MATRIARCA DE LOS ANDLEY
EXTRA
Archie regresaba a la mansión Cornwell, aquella que un día había adquirido con ilusión cuando formó una familia al lado de Annie, su mirada se posó en su apariencia, suspirando melancólico al traer a su memoria aquel día en el que había entrado por primera vez con Annie ya como su esposa, tantos recuerdos que tenía en su cabeza y que se agolpaban uno tras de otro, tenía que ser sincero había sido feliz con ella, todos y cada uno de sus días viviendo juntos habían sido maravillosos, los momentos incómodos era cuando ella intentaba quedar bien con la tía abuela, se quedó pensando nuevamente cuando había iniciado aquella situación, recordando que entre más demostraba afecto la tía abuela por Candy ella se esforzaba por halagarla aún más.
-¡Archie! – Dijo Annie emocionada al ver que su esposo llegaba a la mansión, corriendo emocionada cual niña pequeña para recibirlo.
-¡Papá! – Gritó el pequeño Anthony al ver que su padre había regresado, feliz porque nunca habían estado separados tanto tiempo. Archie lo tomó en sus brazos y lo abrazó con mucho amor, sintiendo el frágil cuerpecito de su hijo, buscando la sonrisa que este le regalaba gustoso por volver a verlo.
-¡Hola campeón! ¿Cómo te has portado? – Preguntó Archie a su hijo.
-¡Muy bien papá! ¿Cómo te fue? – Preguntó el pequeño sin borrar la sonrisa de su rostro. – Hice lo que me dijiste. – Decía nuevamente, demostrando que había seguido al pie de la letra lo indicado por el mayor.
-Me parece muy bien. – Dijo Archie alborotándole el cabello a su hijo. – Es bueno que cuides de tu mamá y tu hermanita cuando yo no estoy. – Dijo sonriendo.
-Cuando tú no estás yo soy el hombre de la casa, por eso ya soy muy grande. – Dijo el pequeño cruzando los brazos al frente demostrando madurez en sus palabras. Archie sonrió orgulloso de su hijo.
-Tienes razón hijo, ya eres muy grande. – Dijo Archie observando que ya no era aquel pequeño que cargaba con facilidad en brazos, a pesar de ser todavía un infante ya no podía cargarlo con tanta facilidad como antes. - ¿Dónde está tu hermanita? – Preguntó a su hijo, todavía sin valor de enfrentar de frente a su esposa, quien lo miraba nerviosa desde lo alto ya que él permanecía en cuclillas platicando con su hijo.
-Erin está durmiendo. – Dijo levantando los hombros con simpleza. – Es muy dormilona papá, a veces creo que se la vivirá durmiendo toda la vida. – Dijo un poco aburrido porque él quería un hermano o una hermana para jugar pero la que le había tocado era muy dormilona y no podía jugar con él mucho tiempo.
-Es normal hijo. – Dijo Archie divertido con lo que su hijo decía. – Tú también dormías mucho cuando eras un bebé. – Dijo tranquilo, mientras su hijo lo veía sorprendido como si no creyera lo que le decía.
-¿De verdad dormía tanto? – Preguntó de nuevo incrédulo, provocando la risa de su padre mientras asentía, después volteó a ver a su madre y esta hizo lo mismo, a pesar de seguir nerviosa por no saber cómo comportarse con su esposo asintió con la pregunta de su hijo para reafirmar la de su esposo. - ¡Qué bueno que ya no soy así! – Dijo provocando la risa de ambos padres, quien de pronto chocaron miradas y al mismo tiempo dejaron de reír.
-¿Cómo te fue? – Preguntó Annie sin atreverse a abrazarlo ya que había notado la frialdad en sus expresiones.
-Regresé. – Dijo simplemente. - ¿Dónde está George? – Preguntó como si esa fuera la mansión Andley.
-George regresó dos días después de que te fuiste, pero tengo entendido que llegó directamente a Lakewood. – Respondió tímida, sentía la frialdad de su esposo lo sintió incluso más frío que cuando se había ido.
-¿Qué pasó con el tío Albert? – Preguntó ansioso.
-Archie… - Dijo Annie sin saber cómo decirle esa noticia, sabía que era una buena noticia, pero no sabía cómo abordarlo con él, menos cuando veía que estaba indiferente con ella eso aceleraba su corazón y la hacía dudar. Archie la miró expectante. – Albert… - Dijo dudando.
-¿Qué pasa Annie? – Preguntó impaciente. - ¿Qué sucede? – Preguntó de nuevo.
-Albert regresó con vida… - Dijo hasta cierto punto dudosa.
-¿Qué dices? ¿Estás bromeando? – Preguntó incrédulo, sin embargo una sonrisa apareció por fin cuando la volteaba a ver a pesar de que no era directamente para ella eso le alegró.
-¡No! – Respondió ansiosa. – Albert regresó junto a George, y él ayudó a encontrar a Candy. – Dijo Annie un tanto apresurada.
-¿Ya apareció Candy? – Preguntó de nuevo, tantas cosas que se había perdido en ese viaje y tantas noticias buenas que no había recibido en su ausencia. - ¿Por qué nadie me lo dijo? – Preguntó de nuevo.
-Yo quería decírtelo, pero como no te comunicaste conmigo. – Dijo bajando la mirada triste por la falta de comunicación de su esposo. – Patty fue la que me estuvo informando de lo que sucedía en Lakewood, ya que Stear a tenía informada a ella. – Dijo de la misma forma. Archie la vio apenado, sabía que no se había comunicado con ella y hasta ese momento se sintió mal por haberlo hecho.
-Lo siento Annie. – Le dijo acercándose a ella, sin embargo no se atrevió a tocarla. Annie levantó su mirada para ver de cerca a su esposo quien la veía a los ojos, mientras ella se perdía en su hermosa mirada, una que la había conquistado desde que era tan solo una chiquilla, sin embargo no era la misma mirada que ella había conocido la primera vez, tampoco era la mirada del hombre con el que se había casado, en ese momento era la mirada indiferente que tenía para ella desde que se había descubierto que ella había hablado con Candy antes de que ella escapara de la mansión de las rosas. – Pero tenía que pensar muchas cosas. – Dijo algo apesumbrado.
-¿Y qué has pensado? – Preguntó Annie nerviosa, rosando sus manos entre sí preocupada por la reacción que podría tener su esposo.
-Annie, no es el momento de hablar, necesito ir a Lakewood de inmediato, quiero ver al tío Albert. – Dijo queriendo evadir aquella plática.
-El fin de semana tenemos que ir. – Dijo Annie de vuelta. Archie puso atención a lo que ella decía. – Es la boda de Candy y Anthony, sabían que llegabas esta semana y eligieron este sábado para que estuvieras presente. – Dijo de nuevo Annie. Archie la escuchó sin reclamar nada la falta de comunicación, sabía bien que había sido culpa suya.
-Bien, iré a descansar. – Dijo de nuevo Archie, sin querer hablar con su esposa de lo que había pensado.
-Archie… - Dijo de nuevo para que él hablara con ella.
-Ahora no Annie… - Dijo sin voltear a verla. – Estoy cansado. – Annie se quedó en el salón con un nudo en su garganta, comenzando a llorar por aquel trato que su esposo le hacía, incapaz de intentar hablar con él de nuevo.
Archie se retiró con un vacío en el corazón, le dolía demasiado tratar así a su esposa, pero aún no se animaba a verla de frente, le dolía mucho lo que había hecho y a pesar de que había descansado un poco al saber que habían encontrado a Candy, no podía estar del todo tranquilo al imagina que una situación como esa volviera a suscitarse y con ello el destierro completo de Anthony y Candy de la familia.
Entró a su habitación deshaciendo su corbata mientras sonreía porque la pequeña Erin pataleaba en su cuna.
-Señor Cornwell. – Dijo la niñera que estaba sentada enseguida de la cuna.
-Yo me encargo Joseline. – Dijo Archie sin tomarle mucha importancia a la muchacha. La chica salió de la habitación y el gatito se acercó a la cuna de su hija para tomarla en brazos, su mirada se perdió en los ojos de aquella pequeña quien tenía la mirada de su madre. Archie sonrió al recordar los bellos ojos de su esposa, unos ojos que acababa de ver inundados de lágrimas, suplicantes de hablar con él, sin embargo no sentía mucho ánimo de hacerlo, tenía que dormir un poco para poder poner sus ideas orden. Se sentó en la mecedora y comenzó a platicar con su hija como si ésta realmente le fuese a responder, sin embargo para él era un alivio que así fuera.
La noche llegó y con ello la necesidad de Annie de entrar a la habitación para poder descansar, todo estaba oscuro, sus hijos ya estaban en su habitación bajo la supervisión de las niñeras y Archie estaba dormido en su extremo de la cama, como si rehuyera de algo. Annie suspiró con melancolía, le dolía ese comportamiento de su esposo.
La pelinegra se desvistió intentando no hacer ningún ruido, cubriendo su cuerpo con su pijama, mientras Archie escuchaba a pesar del poco ruido que ella hacía, se metió bajo las sábanas y con delicadeza se acercó al cuerpo de su esposo para abrazarlo con mucho amor, sintiendo como su cuerpo comenzaba a vibrar por volver a tenerlo cerca, habían pasado muchas semanas sin sentirlo y a pesar de que no quería despertarlo quería sentir su cuerpo aunque fuese dormido.
El cuerpo de Archie se estremeció al contacto del pecho de su esposa en su espalda, tenía que reconocer que la extrañaba horrores y que sus necesidades de hombre estaban a flor de piel, necesitado por el placer carnal que no había experimentado de nuevo en todas esas semanas. Un suspiro escapó de los labios de Annie y Archie se sintió mal por su sufrimiento.
-Te amo. – Susurró Annie en su oído sin pensar que él podría escucharla al estar despierto. Archie se mordió sus labios para no responder a lo que ella decía, sin embargo los movimientos que hacía su mujer para apegar más su cuerpo al de él comenzaban a despertar otra parte de su cuerpo. Annie sintió que su esposo se removía ansioso y se atrevió a acariciar su torso, eso hizo que Archie suspirara un poco, delatándose ante ella que estaba despierto. – Te amo Archie, te extrañé mucho. – Decía esperanzada de que si estuviera despierto. – Archie… te necesito. – Dijo Annie sin querer sonar muy necesitada, sin embargo su cuerpo le exigía aquella atención natural en una mujer joven y deseosa de ser amada.
Archie no dijo nada simplemente se volteó para ver a los ojos a su esposa, encontrándolo terriblemente irresistible con su mirada acuosa y sus mejillas encendidas que podían percibirse con la luz que se filtraba de la luna, su necesidad era mucha así que comenzó a besarla en los labios apasionadamente, para después comenzar a recorrer sus mejillas y bajar así después por su escote.
-Archie… - Dijo Annie resistiéndose un poco, ya que quería hablar con él primero, sin embargo Archie no escuchaba y seguía acariciando su cuerpo con mayor necesidad. – Tenemos que hablar… - Dijo de nuevo.
-Shhh… - Dijo Archie sin dejar de besar su escote y su cuello. – No ahorita Annie… por favor… - Le dijo de nuevo, subiendo su cuerpo encima de ella para que sintiera lo necesitado que estaba de ella en ese momento. – Te necesito Annie… - Le dijo con su ronca voz, mirándola a los ojos para que ella viera la necesidad que tenía de estar con ella, ya eran muchos días sin sentirlo dentro de ella. Annie no dijo nada, solamente cerró sus ojos y ofreció sus labios para que él la tomara nuevamente.
Archie de inmediato comenzó sus movimientos para despojar a su esposa de todas las telas estorbosas que esta se ponía para dormir, desnudándola completamente para dejar su cuerpo al descubierto, algo que sorprendió a Annie ya que siempre lo hacían cubiertos, sin embargo esta vez Archie había despojado a Annie de todo incluso de la sábana con la que ella solía cubrirlos al hacer el amor. Archie se mostró sin pena ante ella y los ojos de Annie viajaban pudorosos por el cuerpo de su esposo, ya que nunca se había animado a verlo sin ropa, solamente lo sentía sobre ella pero la sábana cubría sus cuerpos. Sin embargo no dijo nada, no se atrevió a expresar su timidez, al contrario vio en los ojos en su esposo algo que nunca había visto, Archie estaba encendido por la pasión, por la necesidad que tenía de ella.
Cuando Annie sintió que la boca de Archie iba bajando más allá de lo "permitido" se levantó asustada.
-¡Archie! – Dijo Annie algo sorprendida y asustada.
-Por favor. – Dijo Archie suplicando, quería a su esposa, pero quería vencer de alguna forma el pudor que ella tenía. – No te haré daño, confía en mí. – Le dijo sin dejar de tocarla. Annie sonrió nerviosa y dejó que Archie continuara con su cometido, pronto comenzó a sentir el placer que él era capaz de proporcionarle con sus labios y poco a poco sentía la necesidad de que continuara, comenzando a acariciarlo de los cabellos como un reflejo de su cuerpo. Archie continuaba fascinado con aquellos movimientos que había descubierto. Annie le había dado su consentimiento para que él pudiera explorar libremente su cuerpo y todas sus reacciones le decían que estaba haciendo un buen trabajo, sobre todo cuando sintió que el cuerpo de Annie se liberó de pronto sin necesidad de entrar en ella.
No hubo necesidad de palabras, no hubo necesidad de decir nada, sus cuerpos se fundieron ansiosos, necesitados uno del otro, Annie nunca había sentido esa pasión en su cuerpo y jamás había pensado que su esposo le proporcionara esa felicidad que sentía en esos momentos, nunca pensó que su felicidad iba a ser mayor incluso que cuando se había entregado a él por primera vez.
Archie parecía poseído, parecía como que ese coraje que tenía con Annie por su comportamiento con Candy le provocaba quería desfogarlo de esa manera, no podía golpearla, no podía gritarle, la amaba demasiado para hacer eso, así que su cuerpo encontró otro tipo de desfogue, descargando toda esa intensidad haciéndole le amor como nunca lo había hecho con su esposa.
Annie terminó cansada, su cuerpo estaba débil y lacio, era la primera vez que había terminado tantas veces en una noche y varias de ella sin la necesidad de que él la abordara directamente, sus manos y su boca habían hecho un trabajo impensable para ella y a pesar de estar confundida de que si eso era algo normal se había sentido tan bien que no quería quebrarse la cabeza en descifrarlo. Archie también terminó exhausto al lado de Annie, demostrando en su rostro una sonrisa tan grande que nunca se había reflejado en su rostro incluso más grande que la primera vez que había hecho el amor con ella.
-Te amo Archie. – Le dijo con la misma ternura de la primera vez. Archie sonrió de lado.
-Lo sé Annie. – Le dijo volviendo a su realidad, tenía que hablar con ella, no le parecía justo que ella estuviera sufriendo su indiferencia mucho menos cuando la había amado con tanta intensidad. Annie comenzó a llorar por la respuesta de su esposo. - ¿Qué sucede Annie? – Preguntó volteándola a ver a los ojos, sin importarle que ambos continuaban desnudos, algo impensable semanas atrás cuando ella de inmediato se cubría su cuerpo siendo incapaz de mostrarlo directamente incluso a él.
-¡Ya no me amas! – Dijo estallando en llanto.
-¿Qué estás diciendo? – Preguntó Archie sorprendido por su reacción.
-¿Quieres dejarme Archie? – Preguntó Annie con miedo, sin dejar de llorar. Archie suspiró profundamente con su pregunta.
-Cuando inicié mi viaje rumbo a Europa me fui muy desilusionado de tu comportamiento Annie. – Dijo Archie colocándose boca arriba sin ser capaz de verla a los ojos. – Me pregunté muchas veces cual era el motivo de tu manera de ser en contra de Candy. – Decía sintiendo que Annie no dejaba de llorar. – Sin embargo no encontraba ningún motivo que fuese lo suficientemente válido para lastimar de esa manera a una persona que siempre ha sido noble y buena contigo y que siempre te ha visto como una hermana. – Annie lloraba sin parar, sin embargo Archie no pararía en sus palabras. – Lo único que encontré como motivo son los celos que sientes por esa persona Annie. – Dijo Archie sincero, captando la atención de Annie más detenidamente, ella bajó la mirada delatando que ese era el motivo principal.
-Quiero mucho a Candy. – Dijo Annie entre sollozos. – Pero… - Dijo de nuevo.
-Pero… - Dijo Archie animándola a continuar, sabía que había dado en el clavo.
-Ella fue la primera que tú amaste Archie. – Dijo Annie.
-Sé que yo en parte tengo la culpa de ello Annie. – Dijo Archie reconociendo que él también tenía algo de culpa en su comportamiento. – Yo amé a Candy Annie. – Dijo causando de nuevo dolor en el corazón de su esposa. – Sin embargo eso ya es cosa del pasado. – Dijo de nuevo. – Mi corazón ahora es tuyo Annie y a pesar de que no he sido muy claro en demostrarlo puedo asegurarte que la única que está en mis pensamientos eres tú, tú eres la única que me ha hecho verdaderamente feliz, en mi mente solo hay momentos felices a tu lado, cuando me atrapaste por completo fue para siempre Annie y a pesar de que en este viaje tuve la oportunidad de conocer a otras mujeres y rendirme contigo no pude hacerlo. – Dijo revelando que lo pensó en su momento. – No puedo dejar de amarte Annie, no puedo dejar de amar a mi familia, a mis hijos, tú eres la que elegí para mi compañera de vida, tú y solo tú Annie. – Decía emocionado cada vez más. - A pesar de que Candy es como una hermana para mí y de que siempre tendrá un lugar especial en mi corazón, ese lugar no es más grande que el que tú ocupa en mí damita. – Le dijo su antiguo apodo, ese que utilizaba con ella desde que le confesó que estaba enamorado de ella y que no había vuelto a utilizar en todos esos días. – Te amo Annie y quiero saber si estás dispuesta a cambiar tu manera de ser para poder iniciar un nuevo capítulo en nuestras vidas, uno en donde podamos ambos respetar el comportamiento de nuestra familia sin la necesidad de criticar o condenar. – Decía emocionado. – Te amo y quiero seguir mi vida a tu lado, pero necesito ambos pongamos de nuestra parte para poder manejar esta familia Annie, nuestra familia, no la de Stear, no la de Anthony, sino la tuya y la mía. – Dijo el gatito volteando a ver a su esposa quien estaba sin palabras por todas las cosas hermosas que le había dicho su esposo, sin embargo el que la hubiera pensado en dejar le había abierto una herida.
-Yo también te amo Archie, y te prometo que haré lo posible por no volver a criticar o entrometerme en las acciones de los demás si no piden mi opinión. – Dijo Annie segura de que sería difícil hacerlo, más no imposible. Archie sonrió por lo dicho por su esposa.
-Te amo damita, te amo. – Le dijo de nueva cuenta comenzando a amarla una vez más, buscando la manera de explorarla nuevamente, conociendo ahora sí libremente su cuerpo, besando y saboreando el sabor de su piel, Annie dio su consentimiento para que así lo hiciera, para que él la tocara y la explorara con sus manos y su boca, venciendo poco a poco la timidez que tenía que se iba debilitando conforme sentía que el calor iba aumentando, dejando por un lado los prejuicios que había recibido en su educación, mostrándole a Archie que estaba dispuesta a cambiar y por lo pronto se lo demostraría en la cama, mostrando su cuerpo sin pena y dejando que él la tomara hasta que se sintiera satisfecho.
