Capítulo 11 Mi nuevo amigo.
Terry decidió no entrar a hacer sus exámenes, ¿Para qué? Se repetía así mismo, siempre fue educado con tutores rígidos que habían logrado avances que ningún otro niño de esa edad pudiera lograr, lo anterior debido a que el chico era realmente inteligente y no tenía otra cosa que hacer que refugiarse en sus estudios, ya que el ambiente de su casa era realmente hostil, por lo que prefería pasar más tiempo preparándose para ser el futuro Duque. Por otra parte, le encantaba hacer desatinar a todas las monjas, fingiendo demencia y haciéndose el tonto, le gustaba ver sus caras tratando de explicarle lo que para él era demasiado fácil.
Sabía de antemano que la consecuencia de sus decisiones sería tener una asesora, lo sentía por ella, ya que Patricia O´Brian realmente le caía bien.
Salió rumbo a su colina favorita y observo de espaldas una chica con cabellos dorados.
- Hola pecosa ¿Cómo estás?
Candy salto del susto y decidió levantarse para irse.
- Espera, no te vayas si quieres podemos compartir la colina, prometo no molestarte.
La cara de Terry se veía suplicante por lo que la rubia se enterneció, recordó los rumores del origen de ese chico
– Papá dice que le llaman bastardo en su círculo social, son unos malvados-
Sonrió levente y accedió. Estuvieron en silencio casi una hora, pero extrañamente ninguno de los dos se sintió incomodo, Terry comenzó a contarle pequeñas anécdotas del colegio, de como hacía enojar a las monjas y que solía escapar por las noches para ir a un bar, de pronto saco un cigarro y Candy se lo arrebato de inmediato.
- Ah no, delante de mí no fumarás, eso te hace daño.
- No seas entrometida, ¿A caso yo te digo algo de que por las noches te metas a escondidas al cuarto de Cornwell? Por cierto, me asombra tu agilidad.
Candy se sintió descubierta se tapó la boca con ambas manos y le pidió que por favor no dijera nada, comenzó a hablarle de lo importante que era su permanencia en el San Pablo. Fue así como Terry se enteró de primera mano de algunos detalles de la vida de la chica que lo había deslumbrado.
- Esta bien no diré nada, pero tienes que prometerme algo: debes dejar de hablar con Stear Cornwell.
La rubia se encontraba pasmada ante su petición, de inmediato le explico qué ellos fueron los únicos que la ayudaron cuando todos sus conocidos le dieron la espalda y sufría constantes groserías públicas, enfatizando qué estimaba a los Ardley pero que también los necesitaba ya que, con su respaldo sus padres se sentían más tranquilos ante la protección que esa familia le brindaba. Terry no supo que decir, se encontraba enojado de no poder separar a la rubia del que pensaba que era su rival, pero se consoló al pensar que era solamente agradecimiento lo que Candy sentía por Stear.
Al día siguiente Candy fue interceptada por Anthony, quién había fingido estar enfermo para poder escapar y ver a solas a Candy, los hermanos Cornwell lo ayudaron en su plan para que cumpliera su anhelado sueño.
- Ven vamos te tengo preparada una sorpresa.
Juntos se dirigieron hacía lo que parecía un pequeño estanque que estaba rodeado de pequeños rosales que tenían muchos botones.
- Desde que llegué al colegio y vi este lugar decidí comenzar a crear un lindo jardín, pero cuando nos avisaste que entrarías al colegio con nosotros comencé a trabajar arduamente para tenerlo listo y pedirte algo, pero ya no puedo esperar más, aún falta para que los botones florezcan, pero decidí adelantarme.
De inmediato el chico la condujo a una manta en la que había dos vasos con jugo y algunas frutas picadas.
- Sé que no es mucho, pero dadas las condiciones del colegio… - Encogió los hombros.
Candy dirigía la vista a la sorpresa y después a los ojos de su príncipe de las rosas y nuevamente volvía a hacer el mismo recorrido, se sentía sumamente conmovida ante el gesto de su amor.
- Mi dulce Candy, ¿Quieres ser mi novia?
El claro de luz se filtró entre las hojas de los árboles, el perfume de rosas de la rubia embriagaba al joven Ardley y sus ojos la miraban con devoción, Candy lo notaba más buen mozo de lo que era antes, noto de repente que en ese corto tiempo había cambiado físicamente y para bien ya que se veía aún más varonil. El intercambio de miradas se alargó, lo que parecían horas, fueron tan sólo unos minutos.
La rubia bajo la vista y respondió en un susurro: Si, si quiero.
Anthony se acercó a ella y le dio un pequeño beso, muy cerca de la comisura de los labios, la chica se sorprendió ante el atrevimiento, pero lo disfruto como jamás lo imagino, era su primer beso y aunque no fue en los labios, sabía que muy pronto su príncipe de las rosas sería la persona indicada para darle ese regalo.
Después de pasar 30 minutos, se marcharon del lugar para no levantar sospechas.
Candy no cabía de la alegría que sentía parecía que caminaba entre las nubes, pensaba que su corazón iba a explotar de felicidad, se dirigió corriendo a la colina de Pony del colegio y ahí estaba él, de repente su corazón paro por un momento, vio a Terry y observo que la esperaba con una sonrisa, ¡Un momento! ¿La esperaba? No, no la esperaba, sólo se encontraron porque era el lugar favorito de ambos, sólo era eso, sacudió su cabeza un par de veces y se sentó junto a él.
- ¿No crees que es un lindo día Terry?
- Sólo es lindo porque tu estas aquí pecosa.
El silencio reino en el lugar, Candy se removió un poco incomoda y no atino a que responder, él en realidad nunca había sido muy amable con ella y cuando lo era, siempre rompía la confianza con una broma absurda de su cabello o sus pecas.
- Jajajajaja te lo creíste jajajajajaja, ¿Cómo podría decir eso del tarzán más famoso del colegio?
- ¿Tarzán has dicho? – La cara de la rubia pasaba de un aire relajado a uno de enfado.
- Por supuesto: El tarzán pecoso del colegio San Pablo.
- Tarzán pecoso tus narices, yo soy Candice Britter Smith y de hoy en adelante para ti la "Señorita Britter"
- Ni lo sueñes Tarzán pecoso.
- Eres un maleducado, me voy.
La rubia salió corriendo a su habitación hecha una furia, ¿Cómo se le ocurría a ese patán ponerle un apodo? al entrar a su cuarto se olvidó del incidente y comenzó a rememorar el dulce momento vivido con su ahora novio. ¿A quién podría contarle? Sólo confiaba en Albert, pero él se encontraba taaan lejos.
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En una amplia oficina se encontraba tras una pila de documentos un Albert con su inseparable guardián George…
- ¿Me pregunto ¿Cómo le estará yendo a mi pequeña?
- George volteo a verlo para corroborar que se dirigía a él.
- Oh lo siento, pensé en voz alta- Lucía apenado.
- Tal y cómo es, la señorita Britter debe habérselas ingeniado para estar con sus sobrinos.
- Jajajaja Estoy más que de acuerdo con eso George, no hay límites para mi pequeña.
- ¿Ya pensó en qué va a hacer si se hace novia del joven Anthony?
- ¿Qué podría hacer? Yo quiero su felicidad y también la de mi sobrino, sólo espero que este amor prematuro no les traiga sufrimiento.
El rubio, aunque lucía resignado sentía en su pecho se clavaban filosas agujas que le causaban un dolor punzante, pero por ella, sería capaz de ignorarlo, ¡Todo por ella!
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En la habitación de Stear, Anthony les contaba los pormenores de su declaración de amor y los hermanos Cornwell se limitaron a escuchar las buenas nuevas, esa noche, ya esperaban la visita de la rubia por lo que decidieron terminar la conversación.
Cuando Candy dio el último salto hacía la habitación de Stear, unos ojos zafiro la vieron llegar y de inmediato pego su oído lo más que pudo a la pared colindante con la del cuarto de los Ardley.
- Gatita, ya nos contaron la buena nueva, par de noviecitos felicidades a ambos, hacen una bella pareja.
El murmullo de las felicitaciones dejo atónito a Terry, ¿Había escuchado bien? ¿Novios?, el joven Grandchester sólo atino a dejarse caer al suelo, se sentía enojado y decepcionado, no entendía porque una chica tan bella podía fijarse en ese cuatro ojos, era inteligente, sí, lo reconocía, pero cómo para ser su novio, no. De pronto recordó la dedicatoria del libro y se sintió perdedor, salió de su habitación para dirigirse a un bar, bebió hasta que casi no podía sostenerse y comenzó a pelear con unos lugareños, a pesar de su estado de embriaguez, se defendía ferozmente pero eran tres tipos que comenzaban a ganar la batalla, de repente un joven alto y rubio se metió para emparejar el numero en la pelea y cuando al fin ganaron Terry lucía muy mal, Albert reconoció el uniforme del colegio y lo ayudo a llegar a la barda por la que él mismo había brincado muchas veces en sus años de estudiante.
Al estar dentro Terry se dirigió a lo que pensó que era su habitación, pero desgraciadamente se encontraba muy confundido entre los golpes y el alcohol que corría por sus venas.
Al mirar el interior del cuarto notó que era el de su tarzán pecoso, quiso regresar sobre sus pasos, pero una Candy asustada lo detuvo y decidió ayudarlo.
La atmosfera en la que se envolvieron fue de profunda complicidad ya que sabían que la situación era peligrosa y que estaba totalmente contra las reglas del colegio, pero la rubia no pensaba dejarlo ir así, sabía que requería de su apoyo además, por unos instantes pudo ver algo en esos ojos azules verdosos que le hacían sentir que ella, era lo único que tenía ese joven, tal vez parecía absurda esa conclusión pero su alma no podía pasar desapercibida esa emoción que la arrastraba a estar a su lado a pesar de las posibles consecuencias.
- Nunca creí que te vería tan pronto en pijamas pecosa.
- No seas grosero Terry, estas hecho un desastre ¿Qué te ha pasado?
Terry la miro dolido, le quería decir que si estaba en ese estado era porqué ella lo había defraudado, pero no podía, entre ellos no había nada, más que una naciente amistad.
- Me parece que me estoy enamorando preciosa, pero ella no me corresponde- volteo la cara con una mueca de dolor.
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Agradezco los comentarios de:
Mia 8111
Rosario Barra
Mercedes Rafael
Lalo 7677
Mercedes Rafael
Los maravillosos Guest
