Hola a todos. Volvemos a recordar capítulos viejos (ahora por allá, capitulo 76 {material +18}). Y si, se pone aun mas feo todavía...


Apenas había comenzado la pelea entre Sakura y Hikari, pero eso no significaba que no estuviesen dando el ciento por ciento en ella. Parecían estar a la par, ninguna de las dos cedía, y eso sorprendió aún más a quienes hasta ese entonces, tan solo eran espectadores. El grupo que acompañó a Phil miraba con mucha atención la batalla, o al menos eso intentaban.

¿De dónde sacó tanto poder, Sakura? —preguntaba muy impresionado Steven.

Yo no me preocuparía por eso en este momento —le respondió Goku, muy impresionado—. ¿Cuánto aguantará su cuerpo ese poder? Lo que está haciendo es suicida.

Sakura comenzó la batalla consciente de eso, Goku —le respondió una voz muy familiar para él.

¿Krillin? —bastante sorprendido, no sólo Goku, también el resto del grupo, vio como el grupo que estaba acompañando a Sakura, apareció— Pensé que también habían desaparecido.

¡¿En serio esperabas vernos muertos?! —le gruñó una joven rubia.

¿Minako? —la llamó Reí muy sorprendida—. Pensábamos que todo había desaparecido.

Si todo hubiese desaparecido, ustedes también lo hubiesen hecho —le contradijo Tsunade—. Realmente no entiendo mucho cómo funcionan los multiversos, pero si estoy segura que siguen existiendo otras dimensiones.

Ya veo —muy pensante, Rei miró al Pikachu y Espeon de Phil, y volvió la vista a la batalla—. Prometo no volver a distraerme.

¿Distraerte? —Mimi se le acercó, y la vio totalmente concentrada en lo que sucedía, y luego vio a Paul, quien parecía no inmutarse— ¡¿Tú no vas a ir a defender a tu novia?! —pero el joven continuó en silencio.

Recuerda cuál es tu objetivo, Naruto —le ordenó rápidamente Jiraiya.

¡No te preocupes, anciano! —le respondió con entusiasmo el joven, también concentrándose en la batalla—. Al fin y al cabo, esto es solo paciencia.

¿De qué están hablando? —les preguntó muy extrañada Caldina, mirando fijamente al Pikachu de Sakura— ¿No me digas que esto, tiene algo que ver con lo que hablamos con Latis, en el templo de Kamisama?

Solo podemos confiar en que sucederá un milagro, o nosotros seremos los siguientes en pelear —fue todo lo que pudo decir Goku, quien no quitaba la mirada de la batalla.

Sabes perfectamente que no podemos ganar —le recordó Anna—. Será el final de todo.

Lo sé, y me alegra que todo haya pasado de esta forma —le contestó, fijando su mirada en Phil—. Al menos, tú no sufrirás más torturas.

El grupo parecía tan expectante como secreto. La batalla parecía más importante de lo que parecía, ¿pero que podía tener de estratégico una batalla donde una de las dos moriría de verdad?

Eres más fuerte de lo que aparentabas decir, Sakura —comentó con emoción Hikari.

Tú también lo eres, pero muy al contrario tuyo, yo estoy aterrada —le contestó, manteniendo una expresión sarcástica—. Pero, sí de verdad quieres quedarte con Phil, tendrás que esforzarte más.

¡Deja de decir estupideces! —y en un movimiento muy rápido, Hikari se adelantó a la altura del abdomen de Sakura, y la mandó a volar de un preciso uppercut— ¡Si no te concentras en la batalla, te mataré de verdad!

Para Sakura fue como si el tiempo se detuviera, pero cayó al suelo tan rápido, que impactó éste de lleno.

No sabía que tuvieses ese entusiasmo —le reclamó con entusiasmo—. Debiste haber empezado la batalla con esa clase de golpes.

Te dije que dejaras de decir estupideces —Hikari se le acercó, y cuando estuvo a punto de darle un fuerte pisotón, Sakura rodó en el suelo para esquivarlo—. Tómalo en serio, no estoy jugando.

Yo tampoco lo estoy —sin mucha dificultad, Sakura se levantó, volvió a elevar su poder, y se lanzó contra Hikari, asestando un fuerte puñetazo en la mejilla izquierda, seguido de un rodillazo en el abdomen, y finalizando con un fuerte golpe en su nuca, con sus manos entrelazadas—. A Phil no le gustan las chicas débiles, y es seguro que, con esas fuerzas, te rechazará de inmediato.

¡¿Vas a seguir hablando de él?! —con solo su energía expulsada, Hikari mandó a volar a Sakura por los aires, y en un instante, le dio alcance, y le dio una patada para volver a lanzarla al suelo.

¡No importa todo lo que haya sucedido, aunque esté muerto! ¡Él fue mi primer amor, terminamos no porque quisiéramos, y quiero lo mejor para él! —Sakura se levantó lentamente, y se quedó parada erguida— Solo quiero su felicidad… —pero de pronto, Sakura comenzó a resentirse, notándose una mueca de dolor, preocupando a todos— ¡Haré todo lo posible para que no sufra más!

¡Hikari, detente! —le gritó muy nerviosa Kasumi— ¡Sakura no puede continuar peleando!

¡No hagas algo de lo que vayas a arrepentirte de por vida! —le pidió Taiyō.

¡Es más que tu amiga, no puedes hacerle daño! —le recordó furiosa Haruka.

¡Te lo suplico! ¡Detente! —le pidió casi al borde de la desesperación Kinomoto— ¡Si lo haces, solo tendrás dolor, sufrimiento, y desesperación!

¡Si amas tanto a Phil, entonces no muevas un músculo más! —le gritó Mariah— ¡Si de verdad lo amas, entonces no hagas algo que lo haga sufrir!

No les interesa si lo que hago es correcto o no —Hikari se lanzó con furia contra Sakura, y asestó un golpe con su mano, de forma tan certera y crítica, que perforó su parte baja del abdomen—. Hice una promesa, y pienso cumplirla, cueste lo que cueste.

Por un momento, Sakura perdió la consciencia, pero de un segundo a otro, volvió en sí, pero ya no para continuar la batalla. Mientras, los demás veían horrorizados cómo Sakura comenzaba a desmoronarse, mientras un hilo de sangre caía de su boca; no lograban decir nada, aun así, sus rostros comunicaban de forma fehaciente tal acto.

¡Maldita! —le gritó furiosa Anna— ¡La mataste!

Fue su voluntad cuando quiso pelear en mi contra —cuando Hikari sacó su mano, perfectamente vieron cómo extrajo un órgano de la joven, lo apretó con tal fuerza que lo destruyó, y la pateó con la suficiente fuerza para dejarla a los pies de Son Goku, desangrándose profusamente—. Y ahora —volvió su mirada a Kinomoto, y comenzó a caminar hacia ella—. ¿Quieres ser la amiga de todo el mundo, y no eres capaz de proteger a los tuyos? Si de verdad conoces el concepto de la amistad, entonces muestra tu rostro, pelea, y no dudes.

Yo… —pero la card captor no despertaba de tan horrorosa escena, seguía ida— ¿Qué puedo hacer?

Si piensas actuar como una cobarde, y mortificarte por lo que sabes pudiste hacer y no hiciste, entonces, todo lo que te queda por hacer, es morir —y sin poner dudas, Hikari se lanzó contra una pelicastaña que no atinaba a nada.


Capítulo 110: "El secreto de las dos amigas"

Amanecía, y era el primer día después de aquella sincera, valiente y candente declaración. El incidente del monte Plateado hizo a Sakura y Satoshi ser honestos con ellos mismos, y todo gracias a aquel derrumbe provocado por los Graveler de la zona.

Ambos dormían muy abrazados, parecían atraparse, como si en algún segundo uno de los dos ya no estuviese cuando despertaran, pero cuando se despertaron dentro del mismo saco de dormir, completamente pegajosos de sus propios fluidos, se vieron a los ojos, aterrados.

—¡¿Qué haces dentro de mi saco de dormir?! —le preguntó Sakura totalmente aterrada.

—¡Lo mismo te pregunto! —le contestó en pregunta Satoshi, igualmente aterrado.

Ambos salieron disparados del saco de dormir, y se miraron muy asustados, pero cuando miraron el saco de dormir, el cual quedó abierto, el mundo se les vino encima.

—¡Tiene que ser una broma! —Sakura notó una mancha de sangre, por lo que corrió a revisar de qué se trataba, hasta encontrar semen junto a este— Tuvimos…

—¿Estás bien, Saku? —le preguntó el joven con mucho miedo.

—¡¿Me lo preguntas en serio?! —se acercó al joven con mucha prisa, y lo agarró de la ropa— ¡Mínimamente, júrame que no terminaste dentro mío!

—¿Terminar dentro tuyo? —aquellas palabras dejaron pensante al joven, hasta percatarse de lo que sucedía, igual de asustado— Creía que era uno de mis sueños contigo…

—Estamos… acabados… Totalmente arruinados —Sakura se sentó en el suelo, y se abrazó a sus piernas, totalmente frustrada—. No puedo culparte, también creí que fue un sueño.

—Saku… —con mucho miedo, el joven se le acercó, y la abrazó— ¿Tienes miedo de quedar embarazada?

—¡¿Tú qué crees?! —Sakura calló, sacudió su cabeza, y miró al joven a los ojos— Perdóname, no quise gritarte. También es culpa mía.

—Pero si realmente quedaras embarazada, sería muy feliz —le respondió con entusiasmo.

—Yo también sería feliz, pero no a los doce años —le negó la peli morada.

—¿Qué te parece si vamos al hospital de Viridian? —le propuso Satoshi— Sabremos si quedaste embarazada o no.

—Eso me tranquilizaría mucho, Sato —con ayuda de Satoshi, Sakura se levantó, y se tomaron de las manos—. Por favor, no creas que estoy molesta contigo, muy al contrario, soy la mujer más feliz del mundo, pero quiero que hagamos las cosas bien.

—Jamás te he presionado a hacer algo, así que será como tú me lo pidas —le asintió con seguridad.

—¿Sabes que me da más felicidad? —ante aquella pregunta, el joven la miró con curiosidad— Sé que jamás me abandonarás, y que podré confiar en ti hasta el final.

—¡No digas esas cosas! —le pidió el joven muy avergonzado— Tomamos desayuno, y partimos al hospital.

—Si —aceptó con demasiada felicidad, agarrándose del brazo del joven con mucha fuerza.

Y después de tomar desayuno junto a sus Pokémon, partieron a ciudad Viridian.

A mediodía, los dos jóvenes estaban parados frente a la entrada del hospital, listos para enfrentar su futuro, sea cual sea el que les tocara.

—¿Vamos a entrar? —le preguntó Sakura a su compañero de viajes, quien no movía un músculo.

—Tengo el presentimiento que algo malo nos va a pasar —le respondió con temor.

—Lo peor que podría pasarnos en este segundo, es realmente terminar embarazada y acabar con nuestra carrera de entrenador.

—¿Hablas de tirar todo por la borda por un hijo? —ante aquella situación, Satoshi realmente se preocupó— Pero yo no quiero…

—Te entiendo, y tampoco quiero —la joven suspiró, y tomó de las manos a su compañero—. Afrontemos esto con valor.

—Si.

Una vez en la recepción, la enfermera los recibió y llevó con el especialista, con una mirada de preocupación y resignación. Una vez dentro del box de atención, ambos jóvenes comenzaron a hablar con mucho temor sobre su primera vez, recibiendo un coscorrón lo suficientemente fuerte como para que se despertaran de su realidad.

—¡Mocosos irresponsables! —comenzó a regañarles el viejo ginecólogo— ¡¿Doce y trece años?! ¡¿En verdad querían arruinar sus vidas?!

—¡Te dije que pasaría algo malo! —le alegó el joven muy adolorido, llevando sus manos a su cabeza.

—Solo nos dejamos llevar por la situación…

—He escuchado a muchas parejas esas palabras, jovencita, y ahora están plagados de críos que no pueden cuidar —volvió a criticar el doctor—. Por culpa del embarazo juvenil, muchos jóvenes han tenido que abandonar sus carreras de entrenador, o muchos hijos han crecido sin sus padres —ante aquel planteamiento, ambos jóvenes guardaron silencio—. No son los únicos que han pasado por esto, y sus hijos pasarán por lo mismo si no son responsables. Les recuerdo que un hijo no es juguete, es una persona más.

—Entonces tendremos que abandonar nuestras carreras de entrenadores —aceptó rendido Satoshi.

—Según lo que me han contado, no han pasado veinticuatro horas —le interrumpió el doctor—. Jovencito, tendrá que esperar afuera por un momento. Le realizaré unos exámenes a su novia.

—¡¿Novia?! —ante aquella afirmación, Satoshi se puso rojo como tomate— ¡Ella…!

—¡No me interesa la historia de sus vidas, solo espera afuera! —le regañó el doctor, haciendo que el joven corriera fuera del box de atención.

—¡Sí señor!

En cuanto el doctor y Sakura se quedaron solos, el especialista comenzó a revisar su computadora.

—Según tu historial médico, no tienes nada malo —comentó el doctor, con una seriedad que ponía nerviosa a la entrenadora.

—Desde muy pequeña que tengo muy buena salud —le comentó con entusiasmo.

—Jovencita, necesito que se quite su ropa interior y se recueste en aquella camilla.

—¡Oiga, vine a buscar una solución, no a ser ultrajada! —le gritó furiosa la joven.

—¡Jovencita, soy un especialista de la salud! —le gritó furioso el ginecólogo— ¡No es más que un examen rutinario!

—Perdón… —y muy apenada, Sakura bajó la frente, e hizo caso— ¿Acostumbra a hacer estos exámenes a todas las mujeres?

—Ciertamente es un examen que se realiza a las mujeres cuando cumplen cierta edad, pero contigo haré una excepción.

Sakura comenzó a tener dudas de que tan moral era la situación, pero en algo sí tenía razón, es que él era el especialista, por lo que se recostó en la camilla, apoyó sus piernas en unas posaderas, y quedó en una posición muy comprometedora.

—Revisemos —con muy poco tacto, el doctor comenzó a examinarla—. Ciertamente el himen fue roto hace muy poco.

—¡No me diga esas cosas, me da mucha vergüenza! —le pidió totalmente humillada.

El doctor había comenzado a revisar más allá de lo prudente, según Sakura, y de un segundo a otro, el doctor se retiró, se quitó el guante, lo botó a la basura, y comenzó a escribir algo en un papel.

—Puede volver a vestirse —y haciendo caso rápidamente, Sakura se bajó de la camilla, y volvió a ponerse su ropa interior—. Hicieron lo correcto al venir de inmediato. Le recetaré unas pastillas para evitar algún embarazo no deseado.

—¡Muchas gracias, doctor! —agradeció muy aliviada, como si hubiesen salvado su vida—. Sato fue muy raudo al actuar. Fue al primer lugar que se le ocurrió venir.

—Pero fueron muy irresponsables al tener relaciones sin protección —volvió a regañarla el doctor—. Mientras tanto, si quieren seguir con una vida sexual plena, será su novio quien tendrá la responsabilidad de cuidarse.

—¿Mientras tanto? —Sakura parecía muy extrañada por aquella condicional.

—Así es —y volvió a escribir en otro papel—. Tengo algunas dudas, por lo que necesito que se realice un examen de sangre, una ecografía, y una muestra de orina.

—¿Encontró algo? —ante tanta solicitud, Sakura comenzó a ponerse muy nerviosa.

—Tu órgano reproductor está en pleno funcionamiento, pero quiero estar seguro que no tendrás problemas en el futuro.

—Como usted diga —contestó, ya totalmente confundida.

—Mañana a primera hora, en ayunas.

Le entregó la receta, la orden de examen, y la despidió. Una vez fuera del box de atención, Satoshi la esperaba muy ansioso.

—¿Cómo te fue? —le preguntó el joven, muy nervioso.

—Me dio unas pastillas para evitar un embarazo, así que no tendremos que mandar nada por la borda —le contestó muy feliz.

—Ya veo… —con algo de decepción, pero a la vez muy aliviado, Satoshi le contestó mientras la tomaba de la mano— Por el momento, creo que es lo correcto.

—Y esto es tuyo —y con descaro, Sakura le entregó un papel—. Me dijo que tú debías ser el responsable de la pareja.

—¿Responsable? —miró el papel, y dijo en voz alta— ¿Preservativos?

—Y me tengo que quedar hasta mañana para hacerme unos exámenes.

—¡¿Tienes algo?! —ante aquella situación, Satoshi se puso muy nervioso.

—Me dijo que eran rutinarios, y son para analizar mi estado actual —le contestó muy traviesa—. Pero me dijo que podíamos seguir nuestras vidas sin problemas.

—Ya veo —Satoshi suspiró aliviado, y partieron del lugar—. No sé si el seguro de entrenadores cubra estas situaciones, pero tu salud es lo primero. Vamos a tomar la hora para tus exámenes.

Satoshi estaba muy aliviado por el resultado final de todo, pero Sakura tenía un mal presentimiento de la situación. Algo le decía que sucedería algo que pondría en peligro su recién naciente relación no oficial con el chico de sus sueños, y esos exámenes desatarían ese final. Pero no tenía más opciones, debía hacérselos por obligación.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana, ambos jóvenes estaban en la sala de espera. Aún faltaba media hora para su turno, y los nervios de Sakura eran vistos por todos. Daba vueltas por todos lados, se sentaba y paraba, mientras su estómago comenzaba a rugir.

—Después te invito a comer todo lo que puedas, pero por favor, Saku, siéntate —le pidió el joven, extremadamente preocupado—. Los demás también se están poniendo nerviosos.

—¡¿Cómo quieres que no me ponga nerviosa?! —le gritó muy ansiosa— Me van a sacar sangre. Eso no puede ser bueno.

—¡No te va a pasar nada malo! —intentó tranquilizarla—. Y si te da miedo, estaré contigo para la ecografía, cuando te saquen sangre, y cuando tengas que orinar.

—¡¿Quieres callarte?! —le gritó furiosa— ¡Pedazo de bestia!

—¡Tranquila, lo último era una broma! —le imploró aterrado—. Tranquila, no te dejaré sola —terminó más tranquilo, intentando darle confianza a su chica.

—A veces puedes ser muy tierno y romántico —aquellas palabras confundieron al joven, cosa que hizo reír a la peli morada—. En verdad quisiera que jamás te fueras de mi lado.

Y después de una hora de exámenes realizados…

—Los resultados estarán en una semana —le avisó el enfermero a cargo—. Si quieren, pueden pedir la hora médica de inmediato.

—Mientras más rápido salgamos de esto, mucho mejor —le propuso el joven con mucho entusiasmo.

—¡Pero prométeme que comeremos hasta reventar! —le pidió Sakura de forma aniñada.

—No puedo prometerlo, recuerda que el dinero que portamos está justo —le contestó algo asustado.

—Del modo que sea —aceptó rendida—. Entonces comamos lo que sea, y demos una vuelta. ¿Qué te parece?

—¿Dices de, aprovechar de pasar al gimnasio? Ya que estamos aquí...

—Te diría que no es mala idea, pero esa sangre menos me dejó muy mareada —le hizo saber, expresando su agotamiento en el sueño que traía.

—Nada de comer, despertar muy temprano y sangre menos… Podría decir que estás a mi merced —le comentó en broma.

—Te golpearía si pudiera levantar los brazos…

Satoshi agarró de los hombros a Sakura, y partieron fuera del lugar.

Después de solicitar la hora médica, ambos jóvenes partieron a un local de comida tradicional, y se dispusieron a comer.

—¡Muchas gracias por la comida que me voy a atragantar! —y sin terminar, Sakura comenzó a comer como salvaje.

—Qué formas son esas de dar las gracias… —comentó el joven muy nervioso.

—¡No te metas con mi comida! — le gruñó salvajemente, con si se la fueran a quitar.

—Como usted diga, princesa tragona —finalizó muy nervioso—. Por suerte, el hambre es por no haber tomado desayuno, y no por un embarazo.

—¿Por qué me dices eso ahora? —le preguntó la joven, muy extrañada.

—Es cierto lo que dijiste —comenzó a responder, muy pensativo—. Solo hubiésemos arruinado nuestras vidas y la del niño, pero cuando tengamos nuestras carreras afianzadas, y tengamos nuestro hogar, sé que podremos cuidar a nuestro hijo, y darle todo lo que quiera, sin pensar en si podremos o no.

—Eso se escuchó muy maduro —comentó Sakura muy sorprendida, dejando de comer de golpe—. Me siento feliz de que pienses de esa forma, y te agradezco que respetes mis decisiones. Yo también quisiera formar una familia contigo, y también te daré tu espacio. Espero con ansias el día que quieras formalizar nuestra relación.

—¿No crees que estamos hablando sobre temas muy delicados para tener apenas once y doce años? —preguntó Satoshi muy complicado.

—Todos maduramos a una velocidad distinta, eso depende de cómo vivamos nuestras vidas —le respondió, para después percatarse de lo que había dicho, muy sorprendida—. Parezco anciana hablando así…

Para Sakura, esos seis meses desde que conoció a Satoshi, en verdad le habían servido para ver no solamente al joven de otra forma, sino también a ella misma. Pensaba en como ambos habían crecido, madurado, y en como ahora eran inseparables, al extremo que ya se veían formando una familia, pero era consciente que faltaba mucho para lograr aquel objetivo, y que podían pasar muchas cosas en el camino, hasta las más imposibles de creer.

Y así, la semana pasó, y Sakura estaba frente al doctor.

—Como lo suponía —fue todo lo que dijo el doctor después de ver los exámenes.

—¿Sucede algo? —le preguntó Sakura muy ansiosa.

—Supongo que ya tuviste tu periodo.

—Así es, y como todos, muy extraño e irregular —le respondió muy preocupada.

—Tu útero tiene un desarrollo irregular, y si continúa este ritmo, te será muy difícil tener hijos.

—¿Qué me está tratando de decir, doctor? —le preguntó ya muy preocupada.

—Tu útero no es capaz de mantener sujeto el óvulo por aquel extraño desarrollo, eso evita que logre fecundar. Ahora, el peligro está en que, si no te tratas, y espero que no suceda, podrías desarrollar algún tipo de cáncer.

—¡¿Entonces qué puedo hacer?! —con aquel diagnóstico, Sakura había quedado totalmente devastada, solo quería llorar.

—Tienes suerte que hay tratamientos que pueden ayudar a sanar tu útero, y ser tan fértil como cualquier chica, con un alto índice de recuperación, pero tienes que ser responsable y seguir al pie de la letra todo el procedimiento.

—¡Dígame qué tengo que hacer, y comenzamos ahora! —le gritó con entusiasmo.

Y después de diez minutos de charla sobre el tratamiento, Sakura salió sin mucho entusiasmo.

—¿Qué voy a hacer ahora? —pensaba la joven totalmente devastada—. Es un año de tratamiento… Y puede que sea el fin de nuestras carreras…

La joven caminó perdida en sus pensamientos, hasta encontrarse con su compañero de vida.

—¿Qué sucedió? —le preguntó el joven muy preocupado.

—Si le digo la verdad, sé que abandonará el entrenamiento por mi —pensaba la joven muy triste—. Se había hecho ilusiones, y por mi culpa…

—¿En qué estás pensando, Saku? —Satoshi la tomó de los hombros, y la miró a los ojos—. Te pido que seas sincera conmigo, sea cual sea la noticia.

—¡Tranquilo! —le pidió muy despreocupada, o al menos trataba de simular— ¡Me dijo que tuviera cuidado con las enfermedades de transmisión sexual, que, si no me cuidaba, los dos la pasaremos muy mal!

—Ya veo —suspiró más aliviado—. Siendo que no hay problemas, continuemos nuestro viaje.

—¡Por supuesto! —le asintió con alegría— ¡Pero quiero que me prometas que te convertirás en el campeón de Kanto y Johto!

—Te prometo hacer todo el esfuerzo posible —le respondió con una sonrisa nerviosa—. Sé que, con tu ayuda y compañía, no volveré a caer más.

—¡Entonces al gimnasio Viridian! —y con mucho entusiasmo, Sakura tomó de la mano al joven, y salieron corriendo del lugar, mirando de reojo muy triste la recepción, donde supuestamente debía tomar hora y recoger la información del tratamiento—. Su felicidad es la mía, y soy capaz de hacer este sacrificio por mi Sato.

Y así pasó el tiempo, un año para ser más exacto, y Sakura se encontraba en el mercado de Viridian haciendo unas compras para el grupo.

—Veamos… —Sakura miró la lista de compras, y simplemente levantó una ceja—. Haruka quiere ramen, Taiyō hotkeys, Mariah golosinas, Kasumi… ¿una tarjeta de video? ¡Qué se la compre su mamá! —arrugó la lista, la metió a su bolso, y completamente fastidiada comenzó a elegir alimentos— Por suerte, Sato y Hikari no son caprichosos ¡Llevaré alimento de verdad y no chatarra!

Con mucha calma y dedicación, como si fuese ama de casa, solo llevaba al carro alimentos de verdad, como ella decía.

—¡Perfecto! —celebró la joven— La abuela de Sato me decía que, con esto, los mantendría a todos sanos y fuertes —se dirigió a una caja a cancelar, pero de un segundo a otro, comenzó a sentir fatiga— Será mejor partir rápido a casa, quiero descansar un poco, aunque sea.

Pero de un segundo a otro, Sakura cayó pesadamente al suelo, sin conocimiento. Al segundo, muy preocupados, todos corrieron a socorrer a la joven.

En muy poco tiempo, la ambulancia llegó a buscarla y llevarla al hospital. Aún no despertaba, y eso preocupó mucho a los médicos que la revisaban, pero después de un par de horas...

—¿Dónde estoy? —lentamente, Sakura comenzó a abrir los ojos, y de un momento a otro, muy agobiada, se sentó de golpe, y se vio en la camilla, conectada a un marcapasos y una bolsa de suero— ¿Qué hago aquí? Se suponía que estaba en el mercado.

De pronto, un doctor y una enfermera entraron.

—Por fin despierta, jovencita —le dijo el doctor—. Tuviste una baja de presión muy fuerte. Por poco creímos que te perdíamos.

—Ya veo —Sakura miró las sábanas, y después al doctor—. Lamento mucho las molestias, pero debo volver a casa.

—Veo que aún no comprende la situación —le regañó el doctor—. Revisamos su expediente, y se suponía que debía realizarse un tratamiento, el cual jamás realizó. Por causa de aquello, su cuerpo está comenzando a fallar.

—¡No tengo por qué hablar sobre aquello, y preferiría que no se meta! —le pidió de forma recelosa la joven.

—Es su voluntad —Sakura comenzó a quitarse el equipamiento que la monitorizaba y la aguja del suero, al tiempo que el doctor la sermoneaba—. Te recetaré unas pastillas para regularizar la presión, pero lo más recomendable, es que comience su tratamiento. Mientras más pronto comience, mayor será su expectativa de vida.

—Eso lo sé —le contestó muy fastidiada—. No quiero que se ofenda, doctor, pero no creo que sea el momento. Le prometo que en cuanto finalice la liga de Johto, le contaré todo a mi novio, y comenzaré el tratamiento.

—Solo le recuerdo que es su salud, y si quiere que su relación tenga un futuro próspero, la honestidad es primordial.

—¿Cree que no lo sé? —Sakura suspiró, se vio su ropa hospitalaria, y partió al baño del cuarto—. Eso es lo que más me duele.

Sakura sabía que su irresponsabilidad le estaba pasando la cuenta, su cuerpo le estaba avisando, y debía actuar rápido.

Porfiadamente, volvió al mercado por los alimentos que quería comprar; compra que los dependientes ya tenían separada y lista para ser retirada.

—Muchas gracias por guardar mi compra. ¿Cuánto les debo?

—Déjelo así, señorita —le pidió el dueño del mercado—. Sabemos que es una cliente leal, y que viene todas las semanas aquí a comprar.

—Me da vergüenza llevarme estás cosas sin pagar —insistió Sakura muy apenada.

—La única vergüenza que usted debería sentir, es si roba, miente, o traiciona a quienes más quiere, y tengo la corazonada que usted es una joven de corazón bondadoso. Le pido por favor que, en esta ocasión, la casa invite.

—Le recomiendo que no tenga tan altas expectativas de mi persona, podría decepcionarlo —le pidió Sakura muy avergonzada.

—¡Y además muy modesta! Ojalá hubiese más personas como tú, pequeña. Deme su dirección, y le enviaré su pedido a casa.

—Aceptaré que usted invite, pero prefiero mantener en reserva donde estoy viviendo —le pidió con algo de temor—. Razones personales.

—No es nuestra intención ponerla en problemas, si esa es su decisión —Sakura tomó las bolsas, y el dueño se despidió alzando la mano—. Cuide mucho su salud, no queremos que vuelva a desmayarse.

—Lo haré, y muchas gracias por preocuparse tanto de mí —dio una reverencia en agradecimiento, y se retiró.

Una vez afuera, Sakura miró a su alrededor, y se relajó.

—Todos se preocupan mucho por mí, pero yo no he hecho nada por los demás. ¡Altaria! —y a los segundos, el Pokémon dragón llegó con su entrenadora—. Ni siquiera a ti te molesta cargar mis cosas —ante el tono triste de la joven, y demostrando que le fascinaba ayudarla, tomó las bolsas con su boca, y las depositó en la canasta que cargaba—. No te merezco… —pero ante la tozudez de la joven, la misma Altaria tomó a Sakura, la puso en su espalda, y alzó vuelo al segundo— ¡Te he dicho que no hagas eso!

En poco tiempo, Sakura y Altaria llegaron hasta la base del equipo del nuevo inicio. Aterrizaron cerca de la entrada a la cocina, por la parte trasera de la estructura, y Sakura comenzó a sacar las bolsas y el canastillo.

—Gracias por todo, amiga —le agradeció muy emocionada—. Ve a pasar el día en lo que quieras —el Pokémon asintió, y se fue volando—. Bien… Tengo que guardar la mercadería en la despensa.

Con bastante dificultad, Sakura tomó todas las bolsas, y las entró a la casa.

Tranquilamente, Sakura comenzó a ordenar la mercadería de forma muy ordenada y estructurada, mientras lo que ya estaba, lo movía de lugar.

—Esto pronto va a vencer —comenzó a decir en voz alta—. Por suerte, Mariah y Taiyō comen lo suficiente como para que esto no exista en dos minutos.

—Deberías descansar, y no cumplir todos los caprichos de las chicas, Saku —le pidió muy preocupada Hikari, quien entró sin avisar.

—¡Tranquila Hikari! —intentó tranquilizarla Sakura, hablando con tanto entusiasmo como se lo permitía— ¡No me molesta cocinar todos los días para cincuenta personas!

—Ojos caídos, piel muy pálida, hombros y cara sin mucho ánimo —Hikari caminó hasta las bolsas, y comenzó a buscar—. Deberías beber algo…

—¡Espera, yo puedo ordenar las cosas! —Sakura intentó detenerla, pero fue demasiado tarde.

—¿Qué es esto? —Hikari tomó un pequeño paquete, y leyó las instrucciones de este—. "Tomar sólo en caso de baja de presión". ¿Qué está sucediendo, Sakura? —le preguntó entre preocupada y sería.

—No quería que nadie lo descubriera —le respondió muy triste—. Prométeme que no le contarás a nadie, jamás, lo que te voy a decir.

—¿Qué es lo que ocultas de forma tan recelosa?

—Hoy en el mercado, tuve una baja de presión, perdí la conciencia, y terminé en el hospital.

—¡Pero Sakura...! —muy preocupada, Hikari acercó una silla para sentar a Sakura en ella— ¿Qué te dijeron? ¿Es grave?

—Creo que sí —le asintió—. Se suponía que hace un año debía hacerme un tratamiento por una enfermedad en mi útero.

—¿Qué clase de enfermedad?

—Las posibilidades de tener hijos son mínimas, y si no me trato esa enfermedad, podría transformarse en un cáncer, y eso sería mi muerte.

—¡¿Y por qué no le dijiste desde un inicio a Satoshi?! —le gritó furiosa Hikari.

—Debía dedicar un año completo al tratamiento, y Sato estaba muy entusiasta con participar en las ligas de Kanto y Johto nuevamente —le respondió con muchas ilusiones—. Quería que participara con él, quería demostrarme que era mejor después de conocerme, y quería que fuera parte de su familia —tomó las pastillas de mano de Hikari, y las miró—. Su mamá es algo loca y liberal, pero es una persona excepcional, y sus abuelos son muy distinguidos pero muy sencillos… ¡Muy en especial su abuelo, parece un súper hombre!

—Hablas con mucho cariño de ellos —comentó Hikari con algo de tristeza y felicidad, para después golpear la mesa, y gritarle—. ¡Prométeme que te harás ese tratamiento, y no quiero peros!

—Hikari… —Sakura parecía muy sorprendida por tal petición.

—¡Ahora ellos son tu mamá y tus abuelos! ¡También son tu familia! —se levantó, y miró a la peli morada con decisión— ¡Hazles ver que eres la mejor opción para Satoshi, y que no piensas perderlo por nada!

—¿Tú también? —algo frustrada, pero muy feliz, Sakura asintió, y se levantó— Prometo que, cuando termine la liga Johto, comenzaré con el tratamiento. Es verdad, deseo un buen futuro con él, hasta que seamos viejitos y no podamos movernos. Gracias por ser mi amiga; la mejor amiga del mundo.

—Para eso están los amigos, ¿no es así? —Hikari abrazó a Sakura y se miraron a los ojos—. Siempre que lo desees, puedes confiar en mí.

Esta historia continuará…


Hikari estaba por asestar el primer ataque contra Kinomoto, pero alguien se interpuso en la trayectoria, alguien lo suficientemente importante como para no atacarlo.

Charizard… —por sorpresa, el Pokémon de fuego apareció para interponerse entre las dos jóvenes— ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Regresa a tu pokébola, ahora!

Ya veo —Hikari retrocedió, miró la situación muy pensante, pero a la vez muy calculista—. Así que apareciste para proteger a tu entrenadora y pelear por ella.

¡No lo hará! —interrumpió de golpe Sakura— ¡Soy yo quien va a pelear contigo!

¿Piensas hacerlo con ese valor tan falso? —le cuestionó—. No hiciste nada cuando Iris y Serena atacaron a mis amigas, no hiciste nada cuando me enfrenté a Sakura, y mucho menos actuaste cuando destruí su útero, anulando toda posibilidad de que pueda tener hijos a futuro, ¿Y ahora que apareció Charizard, de pronto te nacieron las ganas de pelear? ¿Ahora que no tienes nada que ganar, ni nada que perder?

Yo… —pero ante los cuestionamientos, no pudo responder.

No quieres usar tus cartas, porque sabes que con tu poder de card captor no eres nada. Tampoco quieres usar la sincronía empática, porque tienes miedo de perder no sólo el control, sino también que mate a tus Pokémon. Y no querrás seguramente, que me refiera a lo que tú llamas modo berserker, y el riesgo de acabar con la existencia. ¿Por qué te mantienes como una chica común y corriente? Porque tienes miedo de ti misma. Miedo a lastimarte, y lastimar a los demás, y todo por tu "corazón bondadoso y desinteresado, que pretende salvar al mundo con el poder de las palabras y el amor".

¡No tiene nada de malo que sea así! —le gritó Mariah muy molesta— ¡A nombre de todos nosotros, agradecemos mucho conocer a alguien como Sakura, y no queremos que cambie, y si no quiere luchar, entonces nosotras lo haremos!

¿Prefieren estar con alguien que no tiene amor propio? —Hikari miró a Mariah y las demás, y con un puño de aire, las tiró al suelo— En la primera persona que uno debe pensar, es en sí misma, los demás no interesan.

Tiene razón —aceptó Sakura rendida—. He estado tan pendiente de proteger y cuidar a los demás, que me he olvidado de mí misma, y ustedes me han terminado salvando. ¿Qué clase de líder puedo ser, si no puedo salvar a los demás con mis inseguridades? Por intentar ser amiga de todos, hice algo irreparable.

Aquellas palabras sorprendieron a todos. Parecía que Sakura estaba firmando su rendición, pero un fuertísimo rugido de Charizard hizo despertar a la joven.

Charizard… —Charizard se paró de forma desafiante, dándole cara a Hikari, incitándola a pelear, con claro tono de querer derrotarla— ¡No lo hagas, jamás podrás vencerla! ¡Ni la sincronía empática será suficiente!

De todos modos… —interrumpió Hikari— ¿Qué sincronía empática pretendes realizar, si los dos piensan cosas distintas? ¿Acaso olvidaste cómo funciona?

Es… verdad… —totalmente rendida, Sakura bajó los hombros.

¿En verdad Sakura confiaba tanto en ti, que creía que tú eras la reencarnación de Asherah? —y con mucha rabia, Hikari comenzó a hacer movimientos con sus manos—. Que seas tú misma, la que se juzgue y elimine.

Las otras guerreras elementales reconocieron aquel movimiento de manos, identificando qué es lo que quería hacer.

Pretende atacar a Sakura con el juicio elemental… —Kasumi no creía lo que veía.

Pero si tiene esos pensamientos hacia ella, la va a matar —Haruka estaba igual de impactada por lo que veía.

¡Pero nosotros la queremos mucho, y si usamos el juicio elemental en Sakura, quedará anulado su ataque! —ideó rápidamente Mariah.

¡Mientras ustedes se preparan, yo la distraeré! —sin pensar mucho la situación, Taiyō se lanzó contra Hikari.

¡Regresa aquí, te va a matar! —le gritó muy preocupada Mariah.

¡Vamos, Wind! ¡Da la cara y pelea!

Actuando antes de pensar en las consecuencias. Muy típico de ti —de pronto, un látigo eléctrico impactó a Taiyō, dejándola en el suelo.

¡Taiyō! —desesperada, Sakura corrió en dirección a Taiyō— ¡Resiste, por favor!

¡En verdad nos estuvo engañando, siempre fue más poderosa que todas nosotras juntas! —se lamentó furiosa, al tiempo que veía a la card captor acercarse y posar sus manos en su cuerpo— ¡Vete de aquí, te va a matar!

¡No me importa! —le contradijo— ¡Resiste un poco, te sanaré!

No aprendes si quiera un poco —de pronto, Hikari apareció frente a Sakura, lista para asestar una patada en su cara—. Desaparece.

¡Sakura! —desesperada, Kasumi interpuso su cuerpo, recibiendo todo el impacto del golpe— ¡Haruka, ahora!

¡Formación de ofensiva total!

Mariah y Haruka se lanzaron directamente contra Hikari, creando parábolas en sus movimientos. En mente tenían confundirla, y atacar por sorpresa.

No pueden ser tan ingenuas como para atacarme con formaciones que yo misma inventé —y en cuanto las dos guerreras estuvieron a metros de Hikari, está formó un campo de energía, donde ambas se estrellaron y lastimaron.

¡Te lo suplico, detente! —comenzó a rogar Sakura, desesperada por la situación.

A diferencia tuya, yo sí soy capaz de matar a mis propios amigos. ¿Acaso olvidaste todo lo que hay en juego? No pienso sacrificar, por culpa de una sola vida, toda una existencia.

¡Tiene que haber otro modo!

¿Acaso aún no te has dado cuenta? —ante aquella pregunta, Sakura la miró muy asustada—. Tú eres la culpable de todo, y si te elimino, todo este pésimo plan terminará.

Entonces…

Así es —Hikari volvió a concentrar una gran cantidad de energía en sus manos—. Comenzaremos todo de nuevo, y esta vez sí resultará todo como debe ser.

¡Aléjate de aquí, tonta! —con la energía que le quedaba a Taiyō, la empujó con tal fuerza, que la mandó a volar varios metros— ¡Charizard, llévatela de aquí! ¡Hikari habla en serio, la va a matar!

¿No se suponía que tu deber era eliminarla con sus propias herramientas? —Hikari pasó por un lado de Taiyō, y la miró con mucho fastidio—. Para tu desgracia, tu sangre siempre te traicionará.

Continuó caminando, hasta que se detuvo a unos metros de Sakura.

Desaparece, Sakura Kinomoto… ¡Juicio elemental!