Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Música del capítulo:
Moderat – Bad Kingdom
Bonus:
Slipknot – Duality
Machine Gun Kelly – Death in my Pocket
Dualidad
Chicago - Diciembre de 2007
Las semanas se arrastran. La misma mierda todos los malditos días. Y estoy aburrido, o cansado. Apático, agitado. Dejo la cocaína; empiezo a ejercitarme más… me masturbo. Mucho.
Y siempre es ella.
Imagino qué habría pasado si no hubiera respondido mi celular, si mis manos hubieran seguido bajando sus bragas. Su calor, lo mojada que estaría, los ruidos que haría, cómo se sentiría.
Una parte de mí quiere rastrearla. Pero no lo hago porque está mejor así. Lo sé. Es la única cosa que me mantiene lejos de ella. Soy una complicación que ella no necesita en su vida.
—Vamos a ir a ver este lugar esta noche —dice Alec, sacándome de mi estupor.
Estamos en el garaje, sentados en la oficina, los carros que usamos e intercambiamos están más allá de los pozos. Este lugar es un santuario para nosotros. Tiene una ducha, un sofá lo suficientemente grande para dormir, cámaras de seguridad… es ideal para limpiarnos si necesitamos hacerlo.
Me avienta un folleto de un club de estriptis. BLISS, dice. Promete exclusividad, discreción, todo por un precio jodidamente considerable.
—El dueño quiere vender. Tengo al manager, un tipo llamado Paul, feliz de poder hablar de números más tarde.
Resulta que el folleto no mentía, lo noto al pasar en fila junto a los musculosos porteros más tarde ese día casi cerca de la medianoche. Vamos bien vestidos porque este lugar es elegante y parece que no hay ni una sola chica en todo este jodido lugar que no pudiera estar en Playboy o alguna mierda así.
Alec alza las cejas impresionado cuando una pequeña rubia nos guía hacia una habitación privada, es alegre pero irritante.
—¿Por qué no hemos venido aquí antes? —pregunta Ben, silbando bajo.
Alec no responde, sus ojos se mueven por la habitación, desde el bar que está detrás de los asientos, hacia el tubo de pole en el centro de una mesa redonda frente a nosotros.
—No tengo ni puta idea —dice, pasándose una mano por la cara. Alza las cejas, impresionado—. Es diferente a Fever. Más diverso.
—Es lo que quieres, ¿no? —dice Ben—. Espero que tu conocido cumpla su promesa de que vamos a poder probar la mercancía…
—Porque la única forma en que te vas a poder acercar a un coño es si pagas por él, ¿cierto?
—Sí, bueno —dice Ben intimidado, ajustándose la camisa—. El dinero habla y estoy bien con eso.
—Pues tienes que estar bien, no tienes opción.
Ben se encoge de hombros, pero sé que a veces le molesta. Alec y yo no tenemos que pagar por esa mierda.
—¿Qué carajos te pasa? —pregunta Alec, me codea y saca un cubano—. ¿Quieres unos tampones para acompañar ese humor?
—Estoy aburrido. ¿Nunca te cansas de esto? —Señalo a mi alrededor.
Solía amar estas cosas cuando era adolescente. Lo que esta vida ponía sobre la mesa. Dinero, emoción, peligro, fiestas, mujeres sobre mi polla.
Pero ¿ahora?
—¿Del coño? —pregunta Alec—. Jamás. Necesitas tener sexo. Pídete un estriptis… Llévate a una de estas chicas a casa, estoy seguro de que algunas estarán más que dispuestas. Además… creí que estarías jodidamente feliz de que tu plan funcionara. Que querrías celebrar.
Hay una lúgubre satisfacción en saber que James está encerrado, pero todo lo que eso ha hecho es traer otra vez a Bella al frente de mi mente cuando he estado intentando con todas mis fuerzas olvidarme de ella.
—Tenía que hacerse —respondo, bajando la vista a mis manos.
La puerta de la habitación se cierra y alzo la vista otra vez, esperando ver a la rubia que nos trajo aquí.
Solo que no es ella.
La habitación se hace más pequeña y es como si el puto universo estuviera jodiéndome o el destino, o Dios, o como quiera que quieras llamarlo porque…
Ella está aquí.
Con ojos como platos, sorprendida, su mirada se mueve entre nosotros mientras su nombre se forma en la punta de mi lengua, mi corazón late fuertemente en mis oídos.
Bella.
Y bien pudo haberme noqueado porque esta chica… esta chica… ella es jodidamente todo.
Apenas escucho cuando Alec habla. Pero ¿a ella? Estoy al pendiente de cada una de sus palabras. Cada uno de sus movimientos, mis ojos admiran toda la piel que tiene por ofrecer. Una apretada faldita verde, unas tetas en las que quiero enterrar mi cara. Lleva puestos unos tacones de seis pulgadas y estoy listo para irme al infierno.
Luego lo asimilo lentamente. Porque ella está trabajando aquí. En un club de estriptis, a unas cuantas calles de mi apartamento.
¿Todo este jodido tiempo?
No sé si reírme o golpear algo, carajo. Cuando Alec empieza a hablar de más creo que podría hacer lo último. Mis manos se retuercen.
—Este es un esfuerzo desperdiciado, ¿eh? Me persuadiste que no la hiciera trabajar para mí y pronto estará haciendo justamente eso —me dice, exhalando una nube de humo.
No respondo, mi pulgar encuentra mis nudillos, rechino los dientes. Alec me palmea la cara, buscando una reacción. Le doy una, le aparto la mano de un golpe.
—Vete al carajo, Alec, juro por Dios que…
Me interrumpe.
—¿Qué harás? Tú y esta chica. —Alec sacude la cabeza—. Te esforzaste tanto por ella y ni siquiera te la has follado. Tal vez yo me encargaré de eso por ti, jodido cobarde.
Tan solo pensar en Alec y su polla cerca de Bella…
—No le gustas —gruño. La verdad es que probablemente yo tampoco le gusto. Él sonríe, como si lo supiera.
Cuando ella sale de la habitación, ya estoy de pie y la sigo, ignorando las burlas que me siguen.
—¿Qué carajos estás haciendo? —Apoyo la mano junto a su cabeza, encerrándola contra la pared.
Me fulmina con la mirada mientras mis ojos se mueven a sus tetas, a su pecho agitado, a su boca en toda su provocativa perfección.
—¿Qué estoy haciendo? Estoy trabajando, como lo he hecho casi cada noche durante los últimos tres meses. —Hace una pausa—. Ahora, si no te importa, tengo otras personas que quieren mi atención a las que tengo que decepcionar.
Puedo ver el enojo en sus ojos, sentir el veneno en su voz al despotricar, pero al pasar por debajo de mi brazo y apartarme de un empujón, amenazándome con hacer que me echen… el que esté tan enojada me da la esperanza que no merezco.
Porque significa que le importo.
Y esta vez…
No la voy a dejar ir.
