Naruto y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Lo primero que quiero hacer en este día, es agradecerles a ustedes por estar. FF fue la primera comunidad que me acogió mientras aceptaba mi amor por la escritura. 8 años, un libro publicado y otro en proceso después, seguimos aquí brindando cariño a estas tramas. Gracias de corazón, gracias de verdad.
Había pasado un año desde el gran acontecimiento por el que luchó, literalmente, hasta casi morir: su boda. Shikamaru Nara jamás imaginó que semejante evento le hiciera tanta ilusión, especialmente, si lo involucraba a él. La boda de Naruto fue un momento especial, pero no podía compararse, de ninguna manera, a lo que experimentó en la suya. Cada detalle que tuvo que perfeccionar, cada conflicto y cada muestra de flores, pastel y demás aspectos quedaron olvidados al verla caminar hacia él, en ese vestido tradicional de Sunagakure, sin mangas, que le quedaba tan bien. 'Hermosa' era una palabra que no hacia justicia a lo que estaba presenciando. Él también vestía la contraparte masculina de aquella vestimenta tradicional, con su pantalón de tela negro y una camisa blanca al estilo playero.
Fueron unos meses caóticos, una unión de miembros tan importantes de la alianza no pasaría desapercibida y menos aún, después de todo el revuelo previo con lo de los retos y el malcriado heredero que tuvo que enfrentar. Se suponía que no habría objeción luego de la victoria del Nara, pero el consejo, de todas maneras, trató de oponerse de todas las maneras posibles, en vano, por supuesto; el joven Nara había pensado en cada posible escenario que podían utilizar. Shikamaru dejó en claro su posición; se iban a casar, por lo que, el consejo podría llevarse su opinión a donde quisieran, menos hacia su matrimonio.
El joven Nara fue claro en que se llevaría a cabo en Sunagakure. Si Temari se iría a vivir a Konohagakure, lo menos que podía hacer era conceder esa parte, que sirviera como una especie de gran despedida para ella, sus hermanos y el pueblo que tanto la amaba. Mientras las lágrimas descendían por sus mejillas, poco le importaba que lo vieran así, después de todo lo que había pasado, las personas que había perdido, se casaría con la mujer que amaba con locura y no podía evitar pensar que había valido totalmente la pena.
–Y después te molestas cuando te llama bebe llorón… – comentó su cuñado, el marionetista, al llegar a él, tomando una de las manos de su hermana.
–Te la encargamos, Nara. – apremió Gaara. Cuando sus manos se encuentran, es simplemente perfecto. Cuando ambos se dieron el 'si', Shikamaru no recordaba un momento en su vida donde se sintiera más pleno.
Luego vino la luna de miel. Alli, Shikamaru terminó de confirmar que jamás dejaría de amar a su esposa. Como era de esperarse en ellos, no fue un momento elaborado, sin lujos, alejado de cualquier fantasía idealista. Ambos decidieron hacer un viaje entre aldeas, conociendo lugares nuevos, compartiendo en lugares donde no le esperaban, compartiendo la intimidad que necesitaban luego de aquellos meses de locura. Amaban a sus amigos y familiares, pero habían esperado mucho tiempo para ser solo los dos y lo aprovecharon como era de esperarse en una pareja de recién casados. Al mismo tiempo, se dedicaron a simplemente disfrutar la compañía del otro y la nueva normalidad que suponía ser esposo y esposa.
Los primeros meses fueron difíciles porque tenían mucho trabajo y no podían compartir tanto como al Nara le gustaría, especialmente, porque Temari se estaba adaptando a su nueva vida en Konoha. Tuvo que pedir refuerzos: su madre. Fue la mejor decisión que tomó en mucho tiempo. Si su madre amaba a Temari incluso antes de todo lo acontecido, esos meses donde le hacía compañía a la rubia, terminaron de crear un vínculo permanente que a veces le jugaba en contra, pero que lo tranquilizaba; si algo llegase a pasarle, se tendrían la una a la otra. Su familia se restauraba de a poco.
Meses después, el día en que nació Boruto, Shikamaru supo que él sería padre. Nunca imaginó su reacción en el momento, tampoco pensó sentir tal nivel de plenitud y felicidad al enterarse de su futura paternidad. Lo único que sabía es que no podía esperar a que los meses pasaran, quería conocer a su bebé y vivir esa etapa de su vida en tranquilidad, cuidando de Temari y de su hijo no–nacido. Por supuesto que los ancianos del Consejo de Sunagakure no podían permitirle algo tan sencillo como la paz. Cuando se enteraron del embarazo, estuvieron insoportables. Entre el hecho de que el niño llevaba la sangre de Rasa, el linaje del Kazekage, y que era el futuro heredero del clan Nara, la contienda había iniciado entre ambos bandos. Mentiría si dijera que no lo vio venir. Ellos, de manera simple, sin complicarse la existencia, ignoraron sus reclamos. El niño ni siquiera había nacido como para estar hablando de hipótesis sobre su futuro. No lo habían hecho al principio y no lo harían en esos momentos cuando Temari estaba a pocas semanas de dar a luz.
Con ese pensamiento y luego de su recapitulación interna, Shikamaru levantó la vista, viendo a su esposa dirigirse hacia la cocina. Al día siguiente seria su cumpleaños, y al parecer, estaba estresada al respecto. Para su sorpresa, Temari se preocupaba por ese tipo de cosas, al menos, cuando tenía que ver con personas que les importaba. El bebé nacería la primera semana de octubre, por lo que, era una de las ultimas celebraciones antes de ser una familia de tres y ella, aunque no lo admitiese, quería que fuese perfecto para él. El sonido de vidrio rompiéndose lo trajo de vuelta a la realidad. Se levantó de inmediato y corrió hacia el origen, el mismo lugar donde se encontraba su esposa.
–¡Tem, ¿estás bien?! – preguntó, llegando al lugar. Encontró a su esposa frente a un montón de vidrios rotos, su cuerpo temblaba levemente, pero no veía sangre a la vista, lo que era una buena señal. Se acercó aún más. – ¿Estas bien? ¿Algo anda mal? – en el momento en que soltó la pregunta, supo que la respuesta no sería muy agradable.
–¡¿Qué si algo anda mal?! ¡No puedo ni siquiera servirme un maldito vaso de jugo sin hacer un desastre que no puedo enmendar! – Los cambios de humor. Temari siendo Temari, tan independiente y aguerrida como lo era, le estaba resultando difícil depender de otros. Sabía que por el bien del bebé debía hacerlo, pero eso no quería decir que lo aceptara de buena gana. –¡Soy una inútil!
–No, claro que no, Tem. – Por un momento, Shikamaru temió por su bienestar. Solo veía furia en sus ojos aguamarina.
–¡¿No?! – explotó. – No puedo alcanzar cosas por mi cuenta, me duele la espalda, los pies, no puedo ni siquiera ponerme los zapatos sin ayuda. ¡Todo me molesta! ¡Por todo lloro! ¡No es justo! ¡Para ti no cambio nada! – Para él cambiaron muchas cosas, solo que no fueron en su cuerpo, más bien en su rutina. Él era el encargado de conseguir cada antojo que se le ocurriese a su esposa, así como, mantenerla lo mas cómoda posible. Incluso, comenzó a realizar los 'entrenamientos' que Sakura había autorizado para que siguiera en una especie de movimiento que le permitiera tanto hacer ejercicio como prepararse para el parto. Sabía que no era comparación a lo que atravesaba mientras gestaba al bebé, pero algo estaba haciendo. Suspiró. Por los momentos, lo único que podía hacer era darle apoyo, así que, sin decir nada, la envolvió entre sus brazos.
–Sabes que no eres una inútil, ni una molestia. Jamás terminaré de agradecerte y admirarte por traer a nuestro bebé al mundo. Lamento no poder hacer mucho más que estar aquí. – Ante esto, Temari se tranquilizó un poco, pero seguía sin poder detener las lágrimas, gracias a sus revolucionadas hormonas. Shikamaru había hecho mucho por ella, más de lo que imaginó que alguien haría en la vida y no solo hablaba del embarazo, desde que lo conoció, él había sido así. Se alejó de ella para verla directamente al rostro. –Eres hermosa, Temari, te amo.
–¿Aunque me veo horrible y tengo sobrepeso? – Shikamaru sonrió. Esta faceta superficial de su esposa era nueva para él.
–Si eso fuese cierto, incluso con todo aquello, te amaría de todas formas. – Temari no había ganado peso como anticipó que pasaría y lo que le preocupó bastante al principio; Mucho menos se veía menos atractiva. Al contrario, desde que supo de su embarazo, Shikamaru notaba algo diferente, una especie de brillo que la hacía ver aún más hermosa. – Lo que necesites, no dudes en pedirlo, no porque no puedas hacerlo, yo quiero cuidarlos. Déjame cuidarlos, sabes que nada que tenga que ver contigo, representa un problema. – Ante aquella última frase, Temari no pudo evitar recordar los eventos del estúpido duelo aquel. Solo de recordarlo, la tranquilidad le invadió por completo. – Los amo. – dijo besando su pelo tiernamente.
–Nosotros también te amamos. – respondió el afecto. –Sé que estoy siendo problemática…
–Eso es normal. –Temari levantó la vista para mirarlo de manera amenazadora.
–¿Perdón?
–Te amo. –respondió en un intento de preservar la paz.
Luego de un ajetreado y largo cumpleaños, Shikamaru estaba aliviado de que todo había terminado. Amaba a sus amigos y apreciaba lo que hacían por él, pero con el embarazo y su trabajo, lo único que quería era descansar. Todos le decían que una vez el bebé naciera, dormiría poco, ¿por qué no lo dejaban aprovechar? La reunión fue breve, pero, aun así, estaba exhausto. Lo que sí le agradó fue ver a Temari tan relajada, hablando con las chicas y haciendo todo tipo de preguntas a Karui, Sakura y Hinata sobre informaciones generales de sus pequeños, dada su experiencia hasta ahora con Sarada, Cho–Cho y Boruto; Ino también tomaba notas que necesitaría unos meses después. La mejor parte de su día consistía en admirar las estrellas junto a su esposa. Vestidos en sus atuendos nocturnos, ambos se sentaron en la terraza de su hogar, la rubia cubierta por una frazada para protegerla del frío.
–¿Disfrutaste de tu cumpleaños? – Shikamaru asintió.
–Gracias, Temari, por todo. – besó su sien tiernamente. Se había esforzado tanto para que el día fuese perfecto, a pesar de la fatiga que notó sobre durante todo el evento.
–No hay de qué, bebé llorón. – respondió. – Te devolví el favor por lo que hiciste en el mío. – sonrió.
–Solo hice lo que un buen esposo haría; amar a su esposa.
–Lo haces muy bien. – admitió. Nadie pensaría lo abierto que podían llegar a ser en cuanto a sus sentimientos en la intimidad; no tenían restricciones. Shikamaru colocó su mano sobre el enorme vientre de Temari. – Este será tu ultimo cumpleaños antes de que seamos tres.
–Y el ultimo año donde solo celebraremos dos cumpleaños. – Sonrió. Su hijo o hija, se preparaban para una sorpresa, sería una representación más del nexo de las aldeas, de lo mucho que se amaban. Un niño o niña nacido en Konoha con raíces de Sunagakure; amado por ambas naciones.
–Sí, me preocupa un poco el consejo de ancianos de cada aldea. No quiero que le compliquen la vida.
–Si lo hacen, tiene nuestra inteligencia y tu terquedad. Ellos deberían preocuparse. – una pequeña sonrisa adornó el rostro de la joven. – ¿Shikamaru?
–¿Sí?
–Soy feliz. – soltó de repente. El joven Nara tardó unos momentos en interiorizar lo que acababa de escuchar, pero cuando lo hizo sonrió sin tratar de disimular en lo más mínimo. Estaba cumpliendo su cometido. Lo único que quería Shikamaru era hacerla feliz, enmendar aquellos años de su niñez plagados de miedo y decepción. El hecho de que ella fuera feliz, lo hacía feliz; ella era la luz en el medio de la oscuridad que lo envolvía. Era su problemática del viento que alejaba la desesperación de su vida. Ella lo conocía en su peor y mejor momento y lo amaba. No podía pedir más. – Gracias…– dijo colocando su mano sobre la de él, la cual aún descansaba sobre su vientre. – por todo.
–Lo que sea por mi problemática. – respondió antes de reclamar sus labios, aquellos que deseó por mucho tiempo y que sabía que seguiría deseando por la eternidad. Momentos como aquel, confirmaban que valía la pena desafiar a los ancianos hasta la eternidad. Ellos estaban destinados a esto y el pensamiento cuadrado que tenían, no intervendrían en ningún aspecto de su familia.
Decidiendo que era bastante tarde, se puso de pie y ayudó a su esposa a hacer los mismo para dirigirse a sus aposentos. Lamentablemente, su primogénito tenía otros planes para ellos que dormir. Unas tres horas después, Shikamaru era despertado por su esposa, presa de las contracciones. Todo pasó rápido, el amanecer los encontró en el hospital ante la llegada inminente del nuevo integrante de la familia. El mediodía le dio la bienvenida al pequeño Shikadai Nara. Y en cuanto conocieron a su pequeño, por supuesto que todo había valido la pena. Y por supuesto, lloraron de la felicidad ante la vida que habían creado.
Creo que el próximo será el ultimo capitulo. Sé que muchos ya me esperaban por aquí el día de hoy, como se ha vuelto tradición. Estaré actualizando múltiples historias en el transcurso del día. Lamentablemente no todas, porque tuve unos problemitas con algunos de los archivos y no me alcanzó el tiempo para re-escribir. Estaré respondiendo los mensajes privados en el fin de semana. Todo se me complicó a último minuto; solo pude revisar los capítulos una sola vez después de escribirlos; no es lo ideal, pero así es la vida, debo aceptarlo.
Gracias a aynaziz, LuizaMartins, SangoSarait, kaoru-sakura, JULIETH NOBUNAGA, AzusaCT por los reviews en el capítulo pasado. Como siempre, siéntanse libres de comentar. Cuídense un montón; ¡un fuerte abrazo virtual!
Bye!
