Lucy creyó que Laxus se marcharía, pero entró pocos minutos después de que hubieran pasado al comedor. Al oír sus botas en el suelo de madera pulida, miró por encima del hombro y lo vio detrás de ella, en el umbral. Llegaba justo a tiempo para oír su disculpa.
—Les aseguro que no planifiqué hacerme pasar por un ama de llaves —les decía a Makarov y Porlyusica, sentados el uno junto al otro—. Cuando sus hijos supusieron que yo era la señorita Realight y me ofrecieron el trabajo, me di cuenta de que era una oportunidad para conocer a su familia sin que la rivalidad modificara su comportamiento en mi presencia.
—Pero ¿tu padre tampoco lo sabía? —preguntó Makarov, y se giró hacia Jude—. ¿O sí que lo sabías?
—No, ella no estaba preparada para verme. Aunque eso es un asunto privado…
—No pasa nada, papá. Tienen derecho a saberlo. El caso es que yo no conocía a mi padre. No tengo ningún recuerdo de él. Mis hermanos solían visitarme en Nueva York, pero él jamás lo hizo.
—Eso no es cierto —discrepó Makarov—. Sabemos perfectamente adónde iba cuando se marchaba con sus hijos. Siempre volvía a casa con el pelo gris. Suponíamos que Layla le metía unas broncas monumentales —acabó con una risita.
—Era un disfraz —murmuró Jude.
—Por tanto, ¿sí que le pegabas mientras estuvo aquí? Te amenazó con dispararte si volvía a verte, ¿eh? Ya me lo figuraba.
—No seas ridículo —replicó Jude.
Makarov no pareció ofenderse. Reía para sí mismo por haber sacado de quicio a Jude. Lucy los miró a ambos severamente para poder continuar con su disculpa y volvió a dirigirse a todos.
—Mi madre me hizo prometer que vendría aquí, pero no le prometí que me hospedaría con mi padre. Ustedes me dieron el medio para evitarlo, por lo cual me sentí agradecida en ese momento. Estaba segura de que yo no le importaba, y como pensaba eso me convencí de que él tampoco me importaba. Me equivoqué en ambas cosas.
—¿Así que todo está arreglado? —dijo Porlyusica con una sonrisa.
—Pues sí —respondió Lucy devolviéndole la sonrisa.
—Disculpas aceptadas, muchacha —añadió Makarov bruscamente—. Además, no ha habido ningún daño…
—Depende de cómo definas «daño» —lo interrumpió rápidamente Laxus.
Nadie respondió, y menos aún Lucy. Dieron por hecho que se refería a lo enfadado que se sentía por el engaño, aunque Lucy temió que se estuviera refiriendo a comprometerla. Si decidía hacerse el honorable y se lo contaba a Jude…
En pie detrás de Lucy, Laxus dejó caer en su plato una carta de su madre antes de tomar asiento frente a ella. Lucy la miró y trató de dejarla de lado, más o menos ya sabía qué pondría. Pero no pudo resistirse.
«¿Has perdido el juicio? —eran las primeras palabras de varias páginas—. ¡¿Te das cuenta de lo dolido que se quedará tu padre si descubre que prefieres hospedarte con el enemigo que con él?!»
Lucy volvió a meter rápidamente las hojas en el sobre.
—¿Malas noticias? —preguntó Laxus.
—No —respondió ella levantando la vista hacia él—, solo es que mi madre tiene un poco de temperamento.
—¿Un poco? —dijo Jude, sonriendo ligeramente.
—Más bien como un volcán en bombachos —dijo Makarov, coincidiendo por una vez con Jude.
Lucy pestañeó en dirección al patriarca Dreyar.
—¿Mi madre llevaba bombachos aquí?
—Ocasionalmente —respondió su padre—, cuando tenía prisa por salir a montar.
—Los llevaba puestos cuando vino a mi casa a decirme que tenía que darte a mi hijo en matrimonio —añadió Makarov—. También dijo que me dispararía si no respetaba la tregua hasta entonces.
—No sabía que te hubiera amenazado —dijo Jude.
—Está exagerando —metió baza Porlyusica—. Bueno, sí que es verdad que dijo eso, pero cuando él ya había aceptado el enlace.
—En eso tuviste que ver tú —le recordó su marido.
—Era una buena idea —repuso ella.
—Aunque debió de creer que no la respetarías, o no se habría marchado —dijo Jude secamente.
—Eh, un momento —gruñó Makarov—. ¡No puedes culparnos a nosotros de eso!
Lucy intervino rápidamente, golpeando incluso su copa con el tenedor para que todo el mundo la escuchara.
—Pediría por favor que se mantenga un tono civilizado en cualquier mesa a la que me siente yo. Y mi padre estaba equivocado. Resulta embarazoso tener que decirlo, pero realmente no sabemos por qué mi madre se marchó de Montana. —Y de pronto le dijo a Laxus—: Probablemente llegará otra carta de ella mañana o pasado dirigida a vuestro rancho. Ya le ha telegrafiado para decirle que ahora estoy aquí con él, pero ella ya debería haber enviado esta segunda carta.
Lucy esperaba impaciente esa segunda carta y el permiso de su madre para marcharse. Por mucho que ahora le gustaría pasar más tiempo con su padre y sus hermanos, sus sentimientos hacia Laxus eran demasiado fuertes. Tenía que huir de ellos, huir de él, y cuanto antes lo hiciera, antes podría empezar a olvidarlo. Porque de todos modos no podía casarse con él. En eso no había cambiado de opinión. Sus propios motivos eran insignificantes en comparación con el que Laxus le había dado. No importaba si le gustaba, ni siquiera importaba que pensara que la quería. En lo más profundo de su corazón, el odio con que había crecido siempre se interpondría entre ellos.
Irónicamente, eso jamás lo habría sabido si no se hubiera puesto en la piel de Jennifer. Aunque al mismo tiempo era por Jennifer por quién él se sentía atraído, una mujer que había hecho cosas para impresionarlo, por el papel que representaba, un papel que le había permitido hacer cosas que de lo contrario. Lucy jamás hubiera hecho. Trató de no sonrojarse, aunque notaba calientes las mejillas. A Laxus no le iba a gustar su auténtica personalidad, su sofisticación y su elegancia, ni su observancia de los buenos modales. Confiaba en que se diera cuenta de eso antes de terminar la velada.
Lucy había planeado sacar el temido asunto de la enemistad a los postres, para no estropear la cena, pero nadie se sentía cómodo a la mesa mientras no se aclarase eso. Aun así, intentó retrasarlo, introduciendo algunos temas intrascendentes, aunque únicamente Laxus, y en alguna ocasión su madre, respondían. Los demás hermanos Dreyar seguían mirándola como si nunca la hubieran visto. Makarov estaba allí sentado con mala cara. Jude se mostraba reservado. Sus propios hermanos igual. Y Laxus… bueno, ella intentaba no mirarlo directamente.
Al menos, comían. Jude debía de haberle pedido a su cocinera que se superara aquella noche. ¿Era universal aquella necesidad de impresionar a los enemigos? El entrante era francés, unas tazas individuales de sopa de cebolla espolvoreada de queso. El plato principal era inglés, un asado tan rosado que parecía casi crudo, con media docena de cuencos repartidos por la mesa con buñuelos de Yorkshire para acompañar al asado.
Lucy tenía el estómago hecho un nudo. Lo que dijera aquella noche podía acabar con la enemistad o empeorarla. Como la mayoría de ellos ya casi habían acabado el asado, desistió de posponerlo más.
—Ahora me gustaría hablar del futuro y del pasado —empezó, mirando alternativamente a Jude y Makarov—. Tal vez haya cosas que ninguna de las dos familias sabe. Yo ya he oído las dos versiones de la historia de la enemistad, y no sé si alguien más aquí puede decir lo mismo.
—Nosotros la vivimos, muchacha —dijo Makarov con un resoplido—. ¿Qué no vamos a saber?
—Hay hechos que pueden haberse olvidado a lo largo de los años o que jamás se supieron. Por ejemplo, ¿sabía usted que Yuri sí que le fue infiel a Anna aquella noche? La engañó, y por eso ella le disparó a la mañana siguiente.
Makarov no respondió, aunque su expresión denotó sorpresa.
—Mucha gente ha sufrido por dos personas que no fueron capaces de resolver sus diferencias. Ahora están muertos, ¿y su único legado es seguir causando sufrimientos?
—Anna no debería habernos seguido hasta aquí —dijo finalmente Makarov—. Jamás había visto a mi padre tan furioso. No fue una decisión fácil, y la tomó únicamente para alejarse de ella. ¿Y va ella y se presenta aquí? ¡Eso fue una locura!
—Creo que incluso ella sabía que lo era… —metió baza Jude—. Yo me sorprendí tanto como vosotros al ver que volvíamos a ser vecinos.
—Entonces, ¿por qué no te marchaste? —replicó Makarov.
—Porque me convenció de que jamás hallaría la paz sin algún tipo de solución.
—Vaya eufemismo para decir que quería matar a mi padre —saltó Makarov.
Jude lo miró amenazadoramente.
—Tuvieron relaciones íntimas antes de dispararse el uno al otro. Tú estuviste allí para verlo. ¿Quién puede decir que ella no trató de poner fin a la animosidad?
—¿Y luego cambió de opinión?
—Jamás me habías dicho que hubieran hecho el amor, Makarov —intervino Makarov.
—Porque no quería creérmelo —murmuró él.
—Estaban casi desnudos, Makarov —le recordó Jude.
—No importa. Estoy seguro de que ella disparó primero.
—Yo tampoco lo dudo —admitió Jude.
—Deja de darme la razón, maldita sea. ¡Tú derribaste nuestras vallas!
—No, eso lo hizo mi rebaño sin mi ayuda. Si una vaca quiere agua, la tendrá por narices, y tú lo sabes.
—¿De qué vez estás hablando? —gruñó Makarov—. ¿De la primera o de la quinta?
—¿Eso importa? —intervino Porlyusica—. La primera valla solo se levantó porque Yuri quería dejar claro que los Heartfilia no tendrían que habernos seguido hasta aquí. Y luego siguió levantándose por pura malevolencia. Pero Jude y tú finalmente lo resolvisteis, según recuerdo. Fue una discusión desagradable, pero al menos ninguno de los dos puso la pistola sobre la mesa. —Y miró a Lucy para explicarle—: Los Heartfilia derribaban la valla y los Dreyar volvían a levantarla. Eso duró casi seis meses. Terminó con ambos bandos limitándose a evitar que ninguna res cruzase el arroyo. Eso no diezmaba el rebaño de ninguna de las familias, solo le daba a los vaqueros algo de que alardear.
—Hasta aquella noche en que Makarov hizo que alguien me disparase y mi esposa se marchó menos de un mes más tarde —dijo Jude con amargura.
—¡Yo no hice que nadie te disparase! —negó con vehemencia el aludido—. Y si Layla estaba tan enfadada por ello, me lo habría mencionado cuando vino a mi casa aquella noche. No dijo ni una palabra sobre que te hubieran disparado. Lo único que le interesaba era que se firmara una tregua. Juraría que ya tenía decidido irse y que lo único que buscaba era proteger a sus hijos.
Hubo un silencio. Lucy se sentía inclinada a darle la razón a Makarov. Pero como solo Layla podía confirmar o negar su suposición, y no estaba allí para hacerlo, no era relevante para lo que tenían que acordar aquella noche. Y era el momento de decirlo.
—Voy a sugerir un final permanente para una enemistad que jamás debería haber empezado —dijo con cautela.
—Ya hemos aceptado ponerle fin —le recordó Makarov.
—Sin condiciones, porque incluso con los padres muertos, todavía se puede encontrar algo por lo que pelear. Pero permita que le pregunte, ¿su padre reclamaba todo el lago como suyo? ¿No habrían construido la casa más cerca del lago en ese caso? ¿O solo pasó a reclamarlo una vez que hubo llegado mi abuela, para que ella supiera lo furioso que estaba con ella por haberlo seguido hasta aquí?
—Nosotros llegamos primero —alegó Makarov.
—Sí, y por lealtad a su padre no estaban dispuestos a compartir un recurso natural. Pero los dos habéis disfrutado de una tregua desde hace quince años. Y esperáis que se convierta en permanente a través de una boda. Pues solo hace falta dar un paso más y terminar inmediatamente con la enemistad. Porque si no sois capaces de admitir que ha sido un error permitir que esto se prolongara durante dos generaciones, ningún matrimonio va a arreglar eso.
Makarov frunció el ceño.
—¿Estás rompiendo el compromiso?
Lucy gruñó para sus adentros. ¿Acaso no había oído lo que acababa de decir? ¿Y por qué no había saltado Laxus a darle la razón? Él había sufrido la carga de aquel matrimonio arreglado toda su vida. ¡No tendría que ser un prerrequisito para la paz! Y qué si a lo largo de la historia muchas guerras habían terminado gracias a alianzas matrimoniales. ¿Fueron alguna vez matrimonios felices?
—Solo le estoy pidiendo que piense en lo que he dicho —respondió Lucy.
—Lo que estoy pensando es que ya estamos tardando en marcharnos —replicó Makarov levantándose.
Nadie discrepó. De hecho, la salida fue bastante rápida. Porlyusica dijo algo por cortesía al marcharse, aunque era evidente que estaba avergonzada. ¿Acaso pensaba que aquella noche hablarían de planes de boda?
