A pesar de que podía sentir sus labios calientes y húmedos contra los suyos, Carol aún no creía que estuviera sucediendo. Podía sentir su áspera barba rozando su delicada piel, pero no le importaba en absoluto, estaba disfrutando del momento. Se movía lentamente, con ternura, pero intuía que escondía una gran pasión.
Daryl sentía que el corazón estaba a punto de salirse del pecho, estaba tan desbordado por sus sentimientos y el alcohol los aumentaba aún más. Estaba besando a Carol, probando el sabor de esos labios que tantas veces había observado y anhelado en silencio. Le gustaba como sabían y ya se había enamorado de su sabor.
Jadeantes y emocionados, con lágrimas en los ojos, se separaron para recuperar el aliento. Estaban desbordados por los sentimientos que tanto la discusión como la declaración y el beso le habían transmitido.
Demasiadas emociones en un solo día.
Aún arrodillados en el suelo arenoso enfrente de la pequeña cabaña, se mantenían a corta distancia el uno del otro, observándose detenidamente lo que la luz tenue del anochecer les permitía. Las manos de Daryl reposaban en sus caderas y sus labios a escasos centímetros de los suyos estaban a punto de rozarse de nuevo. Se inclinó hacia ella y juntó su frente con la suya, cerrando los ojos y sus narices se rozaron levemente.
—¿Estoy soñando? —preguntó Daryl, mirándole a los ojos cristalinos que tan enamorado le tenían.
Carol sonríe entre lágrimas ante su pregunta, y algunas gotas suicidas resbalaron por su mejilla. Negó con la cabeza antes de hablar.
—Es real. —Murmuró Carol.
Se inclinó de nuevo hacia él en busca de otro beso que, con gusto Daryl le devolvió. Aunque empezó con ternura, el hambre y la tensión sexual hizo que se intensificara a los pocos instantes. Su lengua acarició sus tiernos labios pidiéndole permiso para entrar y cuando lo hizo, se enzarzaron en un hermoso baile sensual.
La mano de Daryl subió hasta su nuca acercándola más a él, pero la posición en la que se encontraban lo impedía, y se quejó contra sus labios con frustración.
Daryl necesitaba tocarla, besarla, acariciarla. Necesitaba más de ella.
A su derecha, el crujido de una rama romperse los separó indicándoles que algún visitante indeseado se acercaba a ellos. A pesar de la oscuridad de la noche, pudieron percibir una sombra errante entre los arbustos que se dirigía hacia ellos con decisión, cada vez a más velocidad, hambriento de carne fresca.
Se separaron rápidamente, Carol agarró su cuchillo y se acercó a paso rápido y decidido al caminante para clavárselo en el cerebro. Un reguero de sangre salpicó su cuello antes de que el cuerpo inerte cayera al suelo. Lo observó unos segundos mientras se limpiaba las gotas con la manga de su camisa antes de volver junto a Daryl.
Carol se dio cuenta de que estaba más borracho de lo que aparentaba cuando lo vio haciendo maniobras para tenerse en pie. Las casi dos botellas de vino estaban haciendo mella en él. Se acercó con curiosidad dándose cuenta de que el resto de la conversación iba a tener que esperar al día siguiente. Ella quería aclarar todas las preguntas que aún quedaban pendientes, pero iba a tener que demorarse para saber la respuesta.
Quería que él estuviera totalmente sobrio para tener esta conversación. Pero al menos estaba contenta por haber dado el paso más importante.
—Vamos dentro, aquí estamos demasiado expuestos. —Susurró la mujer tendiéndole la mano para ayudarle a que no perdiera el equilibrio de nuevo.
Su mano grande se aferró a la suya, y al fin consiguió quedarse de pie. Se miraron a los ojos por primera vez y se dedicaron una tierna sonrisa. Daryl no pudo contenerse y la abrazó, escondiendo su cara en el hueco de su cuello. Estaba demasiado abrumado y el alcohol no ayudaba a frenar los sentimientos que le invadían, todo lo contrario, los potenciaba.
Carol disfrutó del calor de su cuerpo pegado al suyo al mismo tiempo que dejó caer las lágrimas de alegría. Inhaló su olor, que le tenía tan embriagada. Le hacía sentir tan bien, como si estuviera en casa, en paz.
Daryl se hubiera quedado toda la noche así abrazándole, entre sus brazos, pero ella se separó ligeramente y con un movimiento de cabeza hacia la cabaña le indicó que entraran en ella. Empezaron a caminar y Daryl tropezó al intentar subir las escaleras de madera, pero sin llegar a caerse.
Entraron en la pequeña casa donde un colchón maltrecho en el suelo y un par de muebles de madera la decoraban. Ni tan solo había un cuarto de baño.
—Deberíamos dormir. —Sugirió Carol al entrar. — Mañana podremos seguir hablando.
Daryl la observó entre la penumbra al mismo tiempo que se dejaba caer en la cama, él trataba de mostrar que no estaba tan ebrio como aparentaba.
—Estoy perfectamente. —Dijo con la poca dignidad que le quedaba.
Carol quien hacia esfuerzos para mover la cómoda de madera contra la puerta para evitar que algún intruso entrara, le miró con una media sonrisa que él no pudo percibir.
—Hace mucho que no bebemos alcohol, es normal que no tengamos tanto aguante.
—¡Yo tengo mucho aguante… en todo! —Masculló con vehemencia él.
Carol no estaba segura de sí Daryl estaba hablando del alcohol o la conversación había derivado hacia otro lado. Sorprendida, ella se río por lo bajo, sabiendo que sus palabras las utilizaría en su contra en otros momentos.
—¿De verdad? —Respondió con picardía, al mismo tiempo que terminó de colocar la cómoda contra la puerta. —Daryl estás borracho, soy la primera que quiero aclarar todo lo sucedido esta noche, pero no es el momento. —Respondió ella.
Él suspiró con pesadez cuando se tumbó en el colchón maltrecho de matrimonio y Carol se sentó a su lado.
—No te vas a ir, ¿verdad? —Preguntó Daryl mientras se acurrucaba en la cama, mostrando sus temores más profundos de que le abandonara. Trató de mirar a sus ojos, pero solo encontró la penumbra de la noche.
—No, Daryl. No me voy a ir. –Susurró ella con una media sonrisa.
Carol llevó su mano derecha a sus cabellos y empezó a acariciarlos con suavidad.
—No quiero volver a Alexandria, solo quiero ir a Nuevo México contigo. Solo contigo. —Remarcó él con voz tremola. —Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. —Murmuró ante la sorpresa de ella.
Ella detuvo las caricias en su cabello por un momento, sorprendida. Las lágrimas volvieron a sus ojos percatándose de lo inconsciente que había sido por no darse cuenta de lo que Daryl sentía por ella.
—Túmbate conmigo. Por favor. —Suplicó él.
Agarró su mano deteniendo sus caricias y tiró de ella.
Carol pensaba hacer la guardia mientras él descansaba; miró la cómoda dándose cuenta de que si entraba algún intruso les daría tiempo de reaccionar. Podía permitirse el lujo de disfrutar de este momento junto a Daryl.
—Claro.
Daryl la observó medio obnubilado como se tumbaba boca a arriba en el colchón; él abrió sus brazos y la atrajo hacia su cuerpo. La besó de nuevo, lentamente, mientras la mano de Daryl se apoyó en su cadera acariciándola, siguiendo el ritmo de sus labios.
Carol no sabía si la inusitada valentía de Daryl se debía a su borrachera o la declaración, o quizá una mezcla de ambas, pero era tremendamente novedoso en él. Correspondió al beso con suavidad, aun saboreando el regusto del vino en sus labios. Sintió su otra mano acariciarle su rostro para bajar por la garganta y besó su comisura bajando por la barbilla.
Carol acarició su espalda, apretando en un puño la ropa de él, empezaba a sentir que la ropa era un impedimento para ambos. Su cuerpo se estremeció por los besos y las caricias de él, su piel se erizó cuando él bajó sus labios en su escote, plantando besos y lamidas entre sus pechos.
Carol suspiró llevando sus manos a sus cabellos, sintiendo como la humedad en su ropa interior empezaba a notarse.
—Daryl. Debemos parar. —Murmuró odiándose a sí misma por frenar algo que ella estaba deseando que pasara.
Al escuchar su nombre elevó la mirada con los ojos brillantes de deseo y los labios húmedos.
Por mucho que anhelaba poder sentir más íntimamente a Daryl, no quería que su primera vez fuera así, cuando él estaba ebrio y no estaba segura de que al día siguiente él fuera a recordar lo que estaba sucediendo. Sabía que si continuaban ninguno de los dos iba a poder detenerse.
Una parte de ella quiere continuar, pero otra necesita tener esa conversación.
Él soltó un suspiro ofuscado, antes de esconder su rostro en su cuello. Lo escuchó gruñir y se estremeció al sentir el beso en su cuello.
—Lo siento. —Se lamentó Daryl levantando el rostro para mirarle y volver apoyar la cabeza en el colchón. —Después de todos estos años soñando con hacerte el amor y ahora… —Su frase quedó incompleta mientras arrastraba las palabras entre la somnolencia y la embriaguez.
Carol no podía creer lo que acababa de escuchar, era evidente que el efecto del alcohol hacia que dijera lo que pensaba en todo momento. Conociendo a Daryl dudaba que él hubiera dicho eso estando sobrio.
Daryl parecía no ser consciente de lo que había dicho simplemente suspiró tratando de calmarse. Carol estaba demasiado aturdida con las palabras de él y giró el rostro para observarle sintiéndose abrumada por tantos sentimientos.
Tenían tanto de que hablar, tanto que aclarar.
—Lo sé… Mañana aclararemos todo. Sólo descansa. —le instó Carol, besándole sin pretensión de que fuera a más.
Daryl se dejó besar, pero volvió a acercarse a ella posando su cabeza entre el hueco de su cuello y su hombro. Acurrucado sobre ella, con su brazo reposando sobre su abdomen y aferrándose a su cuerpo caliente.
—No me dejes solo.
—No me voy a ir. Nunca. —Prometió de nuevo Carol, calmando los temores de Daryl mientras apartaba los cabellos de sus ojos rozando sus dedos a su frente, y éstos empezaban a cerrarse lentamente.
Minutos más tarde, Carol escuchó su respiración se hizo más profundo, señal de que había perdido la batalla contra el sueño, donde Carol iba a ser la protagonista de éstos.
Ella siguió acariciando con suavidad sus cabellos mientras observaba su hermoso rostro dormido. Posó sus labios contra su frente en un beso suave.
Carol trataba de asimilar lo que había sucedido durante aquel día, pero no alcanzaba a creer que fuese real. Aquella mañana, temía perder a Daryl para siempre pero ahora se habían besado y todo había cambiado.
Una parte de ella estaba pletórica, tan contenta que su sonrisa estaba marcada en su rostro. Pero por otro lado temía que esto solo fuera una ilusión o que él no recordara nada a la mañana siguiente.
Carol trató de estar despierta durante la noche, por si sufrían algún ataque nocturno, y aunque la cómoda obstruía la puerta, sabía que con un par de empujones era fácil de mover. Trataba de estar alerta escuchando los ruidos que venían de fuera. Pero solo podía oír búhos y algunos sonidos de animales rondando por los alrededores. Debido al cansancio acumulado del día, Carol cayó en un ligero sueño, aun con una sonrisa en los labios mientras se maravillaba de poder sentir el calor del cuerpo de Daryl encima suyo.
Cuando despertó al amanecer, Daryl se había movido y ya no estaba encima de ella; aún estaba muy dormido. Con cuidado de no despertar a su compañero, se levantó, retiró la cómoda y salió de la cabaña para mear.
Aún estaba adormilada, cuando el aire fresco de la madrugada chocó contra sus mejillas. Se alejó un poco sin perder de vista la cabaña e hizo sus necesidades. Al volver se fijó en lo negras que estaban sus manos debido a los restos de sangre seca de caminantes a los que había matado la noche anterior. Se sentía sucia y estaba anhelando un buen baño. Recordó que el día anterior habían pasado junto a un lago enorme, kilómetros antes de que la moto dejara de funcionar. Subió el primer escalón de la cabaña con la intención de buscar en el mapa ese lago para proponérselo a Daryl, cuando escuchó su nombre procedente del interior.
—¡Carol!
Lo vio sentado en la cama, mirando hacia todos lados, buscándola. Su cara se transformó en alivio cuando la vio aparecer por la puerta. No sería la primera vez que se despertaba y ella no estaba, como apenas un par de días atrás cuando fue secuestrada por Kevin en la tienda de colchones.
—¿Dónde estabas?
—He ido a mear. —Informó la mujer sonriéndole, mientras caminaba alrededor de la cabaña en busca del mapa.
Daryl pareció relajarse, y se restregó su rostro adormilado.
—¿Cómo estás? —Preguntó Carol mientras rebuscaba entre sus pertenencias, para encontrar el mapa.
—Hecho una mierda.
Carol sonrió cuando lo vio frotarse los ojos cansado y aturdido; al mismo tiempo que encontró el mapa en el bolsillo de su mochila.
—Pues ayer presumías de tener mucho aguante… en todo. —Carol se mordió el labio con picardía mientras se sentaba a su lado.
Daryl abrió los ojos exageradamente y sus mejillas se pusieron coloradas.
—¡Pensé que no lo había dicho! —Se avergonzó Daryl recordando ese momento. —¿Cómo me pude emborrachar con un maldito vino?
Carol soltó una risa, sus miradas coincidieron, al mismo tiempo que el rostro de Daryl se llenó de preocupación.
—Entonces, ¿lo que pasó ayer fue… real? —Con un tono suave y casi avergonzado, Daryl preguntó evitando su mirada.
Carol trago saliva antes de hablar.
—Si te refieres a la conversación de ayer y… el beso. Sí, fue real.
Daryl sintió que su corazón bombeaba con fuerza. La noche anterior había estado demasiado borracho como para comprender la magnitud de lo que significaba todo. Pero ahora, aunque aún tenía su mente nublada por la resaca, empezaba a darse cuenta de lo que esto significaba.
Se habían besado y habían confesado sus sentimientos abiertamente. Se maldijo a si mismo por dejarse llevar por el alcohol, porque tenía algunas lagunas sobre lo sucedido la noche anterior. Recordaba el beso y como terminaron juntos en la cama, pero desconocía si había pasado algo más.
—No sé si dije algo o me sobrepasé…
—No. Daryl. Todo está bien. Pero ayer no terminamos de hablar, creo que tenemos que hacerlo con más profundidad y calma.
—Claro. —Él asintió mirándole, necesitaban aclarar esto, pero su mente no parece colaborar demasiado. — Pero aún tengo la mente nublada por el alcohol…
Carol asintió a sus palabras comprendiendo de que no era el momento.
—Estaba pensando que podemos ir al lago que pasamos ayer, justo antes de que la motocicleta dejara de funcionar. Así nos damos un baño y quizá eso te ayude a despejarte. —Dijo mientras señaló el mapa que sostenía en sus manos.
—Está bien.
Sus miradas coincidieron y se sonrieron, antes de que Carol extendiera el mapa en el suelo, para buscar la ruta para ir al lago. Según el mapa se llamaba De Gray y no parecía estar demasiado lejos de donde se encontraban.
Minutos después caminaban a través de los arbustos, siguiendo las indicaciones del mapa hacia el ansiado lago. Daryl arrastraba la motocicleta que aún no se dignaba a funcionar. Durante todo el trayecto, no podían evitar dirigirse miraditas cómplices que todas acababan con una suave sonrisa, las mejillas coloradas y una risita nerviosa.
Carol sentía como si hubiera vuelto a tener 15 años.
—¿Te encuentras mejor? —Preguntó Carol pisando una rama que crujió bajo sus pies.
—No sé qué llevaba esa botella, pero es lo peor que he probado en años.
—Hace tiempo que no bebemos nada, es normal.
—Antes de que el mundo se fuera a la mierda, Merle me obligaba a salir casi todas las noches y bebíamos de todo. Me emborrachaba día tras día, pero siempre recordaba todo. En cambio, Merle nunca se acordaba de nada. —Recordó. —Siempre acababa desapareciendo, me dejaba solo y cuando lo encontraba estaba o drogándose o con alguna prostituta. —Daryl negó con la cabeza ante ese recuerdo.
Carol escuchó sus palabras en silencio, imaginando cómo debía ser la vida pre-apocalíptica de los hermanos Dixon.
—¿Qué hacías de mientras Merle te dejaba a solas? ¿Te ponías a ligar?
Daryl le miró sorprendido por la pregunta y entrecerró los ojos al ver un toque de curiosidad, y al mismo tiempo de burla.
—¡Para!
—Vamos, Daryl. Estoy segura que solías ligar bastante. —Dijo con diversión la mujer.
Siempre se había preguntado sobre cómo era Daryl con las mujeres, algo de lo que nunca habían hablado. Y ahora había encontrado la oportunidad de hacerlo.
—Nah, yo era muy antisocial. Mientras Merle se acostaba con todo el mundo, yo era otra historia, me quedaba en la barra bebiendo y gritándoles a todos los que se me acercaban.
—Me lo puedo imaginar. —Daryl giró el rostro confuso y Carol se dispuso aclarar. —Cuando nos conocimos en el campamento, eras así, le gritabas a todo el mundo. Pero poco a poco has ido mostrando al verdadero Daryl y… has cambiado tantísimo. A mejor. Estoy muy orgullosa por ver en quien te has convertido.
Daryl no esperaba que Carol le dijera todo esto y sintió como su estómago se encogió de la vergüenza, y a la misma vez estaba tan orgulloso por sus palabras.
—Todos lo hemos hecho. Tú tampoco eres la misma. —Dijo tratando de desviar la conversación en otra dirección.
—No. Pero he cambiado a peor.
—Eso no es verdad. —Daryl paró sus pasos, observándola.
—Daryl, he hecho cosas que… —Las lágrimas empezaron a amontonarse en sus ojos. Daryl la vio y reconoció el dolor en ellos.
Carol suspiró tragándose las lágrimas, recordando el dolor que sentía por la muerte de Lizzie y Mika. No sabía si algún día sería capaz de contarle eso. Temía que él la viera como el monstruo que era.
—Todos hemos hecho cosas que jamás pensábamos. Este mundo nos ha cambiado. —Dijo Daryl tratando de aliviar su dolor. Daryl había frenado sus pasos y la admiraba, sin saber que más decir.
Carol le observó; pensando que por mucho que todos habían cambiado, ella seguía viendo a Daryl como ese hombre fiel, comprometido y con un corazón de oro. Ese hombre que lo había dado todo por buscar a Sophia o por cuidar a su grupo.
—Sigues siendo un hombre de honor, nada va a cambiar eso.
Las mejillas de Daryl se tornaron en rojo, recordando que no era la primera vez que ella le decía esa frase. Daryl se sentía muy abrumado por sus palabras y trataba de evitar que la conversación girara entorno a él. No sabía que decir, solo resopló antes de dedicarle una media sonrisa.
Se mantuvieron en silencio mientras caminaban pensativos entre los bosques en busca del tan ansiado lago. Daryl recordó el dolor que había visto en sus ojos cuando Carol le había dicho que ella había hecho cosas. Siempre había sabido que durante el periodo que estuvieron separados tras la prisión, habían pasado cosas que hicieron que ella cambiara; sus intentos de huir empezaron tras ese momento. Nunca llegaron a hablar sobre esto, muy a pesar de que él lo intentó.
—Carol…
—Sí.
—Sabes que cualquier cosa que haya pasado, me lo puedes contar. —Dijo mientras se señalaba a sí mismo.
Ella asintió, sintiendo las lágrimas en los ojos.
—Lo sé. Gracias Daryl.
Caminaron algunas millas con sus mochilas y la motocicleta arrastrándola, estaba más lejos de lo que ambos pensaron, pero mereció la pena. El lago se extendía por varios kilómetros, pero ellos se toparon con una zona tranquila y aislada del lago que estaba escondida entre los arbustos y una pequeña ladera. Enfrente, de donde ellos estaban había varias casas con sus correspondientes embarcaderos.
—¡Qué hermosa vista! —Exclamó Carol, mientras Daryl dejó la motocicleta a un lado de uno de los arbustos.
Daryl admiró el lugar y Carol tenía razón; era precioso. Pudo ver como los ojos de ella se iluminaron de felicidad e ilusión. Se acercó a la orilla y tocó el líquido transparente.
—Me apetece darme un baño. ¿Te apuntas? ¿O sigues siendo alérgico al agua?
Daryl, quien se había sentado en un tronco admirando el paisaje y a Carol, entrecerró los ojos ante la broma de ella.
—Muy graciosa.
—Venga va, ¿te das un baño conmigo? Te vendrá bien para la resaca. Podemos bañarnos con la ropa interior. —Despejo las dudas Carol sobre cómo podían hacerlo.
—Nah, paso.
—Llevamos varios días sin ducharnos… Ah, ya sé lo que pasa. No llevas ropa interior… Conociéndote no me sorprenderías. —Carol le miro pícaramente.
—Muy graciosa… sí que llevo… hoy.
La mujer se rio ante su comentario.
—Si no quieres llevar no me quejo. —Las mejillas de Daryl se volvieron de nuevo rojas y Carol sonrió —. ¿Te atreves a darte un baño o qué?
Propuso ella mientras le miró con los brazos en garra. Posiblemente era una imprudencia porque cualquier caminante o persona viva los podrían atacar mientras se estaban dando un baño, pero en ese momento Carol solo quería disfrutar de un baño junto con Daryl.
—Emm, está bien.
Carol empezó a desprenderse de la ropa; desabrochó uno a uno la camisa marrón y quitándosela. La dejó en el montón de ropa encima de la motocicleta, dejando a la vista la camiseta lila que llevaba debajo de esta. Volvió a llevar las manos a la prenda y la levantó.
El sujetador de encaje blanco llamó la atención de Daryl quien había empezado a desatarse sus botas. Inmediatamente dejó lo que estaba haciendo para fijar la mirada en su hermosa compañera. Daryl era capaz de percibir la parte superior de sus senos y solo de imaginarse a él tocándolas sintió una excitación en su entrepierna.
Cuando la mirada de ella coincidió con la suya, él la apartó con rapidez avergonzado; pero lejos de sentirse mal, Carol se lamió el labio, excitada por sentirse deseada por Daryl. Y entonces, ella recordó las palabras de Daryl la noche anterior:
Después de todos estos años soñando con hacerte el amor…
Saber que Daryl quería hacerle el amor, le hacía sentir tan deseada. Carol desató los cordones de los botines, mientras Daryl desabrochaba los botones de su camisa. Mientras las ropas iban desprendiéndose de sus cuerpos de ambos, los dos se dedicaban miradas indiscretas.
Los pantalones de Carol rodaron por sus estilizados muslos, dejándolos caer, dejando a la vista unas bragas blancas. Daryl volvió a mirarle, de nuevo, viendo por primera vez su cuerpo semidesnudo. La admiró de arriba abajo: sus piernas desnudas, su entrepierna tapada por esas bragas que quiere apartarlas, su estómago, sus pechos dejando a la vista la parte superior de estos, sus omoplatos salpicado por unas hermosas pecas, su cuello…
Cuando llegó a sus ojos, Carol le observaba mordiéndose el labio y su mirada lasciva. Daryl volvió apartar la mirada, pero entonces escuchó la risa de Carol.
—Espero que te guste lo que ves.
—¡Por supuesto!
Ella volvió a reír, antes de girarse y empezó a caminar hacia la orilla del lago, ofreciéndole así una vista de su trasero. Daryl escaneó de la misma forma que había hecho con su parte delantera, mientras ella se estremecía ante el primer contacto con el agua.
—Está fresquita. —Dijo girando el rostro.
Daryl seguía plantado al lado de la motocicleta mirándole con detenimiento. Aun llevaba su camisa medio abierta y sus pantalones con la cremallera bajada. Daryl estaba tratando de no fijarse en Carol con poca ropa, pero a pesar de que lo intentaba, no fijarse en su cuerpo semidesnudo era casi imposible.
—¿Vienes? —Dijo Carol mirándole.
Daryl le miraba mientras empezaba a desabrocharse los pantalones y los dejaba caer, mostrando unos calzoncillos negros. Carol lo observó desde la orilla con los brazos en garra, escaneando de la misma forma a Daryl. Su cuerpo también era digno de ver. Daryl acabó de desnudarse y se acercó a ella, mientras sus miradas coincidían, ambos parecían estar muertos de hambre del uno del otro.
Carol sonrió cuando él se estremeció al entrar en el agua. Se lo tomaron con calma, cada poco tiempo iban adentrándose un poco más mientras se dirigían miradas entre sí.
Daryl no podía dejar de observar a la mujer que tenía a su lado; entre ellos siempre había existido una tensión sexual que él nunca había sabido identificar hasta hacia tan poco tiempo, cuando se dio cuenta de lo que sentía por ella. Pero lo sucedido la noche anterior había despertado todo. Aún no habían hablado, pero era evidente lo que pasaba entre ellos.
Carol se quejó cuando el agua fresca empezó a mojarle sus caderas y pudo ver como todo su cuerpo se estremeció. Sus pezones se marcaron a través del sujetador y aunque él no quiso mirar directamente no había podido evitar que sus ojos se fueran a esa parte de su cuerpo. Daryl pasó la lengua por sus labios en un acto instintivo mientras sintió el inequívoco placer en su estómago y notó un estiramiento en su entrepierna.
Daryl apartó la mirada del cuerpo de Carol, y se adentró un poco más en el agua que estaba bastante fría, lo que ayudó a que la poca excitación que había sentido por Carol desapareció cuando el agua llegó a su entrepierna. Su cuerpo se estremeció cuando el agua sobrepasó las caderas, empapando por completo sus calzoncillos.
Por su parte, Carol sentía como él le observaba. La tensión entre ambos era palpable, ninguno de los dos decía nada, pero sabían lo que estaba pasando. Cada vez que coincidían las miradas, había más fuego en ellos.
—Mira, hay peces. Ya tenemos cena para esta noche. —Dijo Carol señalando a través del agua cristalina del lago.
Daryl asintió mientras se adentraba un poco más, justo en el momento que Carol empezó a nadar un poco hacía el interior.
—Dios, esta buenísima. —Dijo Carol en la distancia mirando a Daryl. — Venga va, Daryl atrévete.
Sus cabellos largos empezaban a empaparse y se pegaban contra sus hombros, Carol dio unas brazadas hacia él, justo en el momento que Daryl se acercaba a ella. Daryl sonrió al ver el rostro iluminado de la mujer. No recordaba haberla visto tan feliz en mucho tiempo y adoraba verla así.
Nadó hasta donde ella se encontraba, quedándose a escasos centímetros de ella. Daryl ya se había adaptado al frío y agradecía que Carol le hubiera insistido en que se bañara con ella.
—Hey, —saludó él.
—¿Te gusta? —Preguntó Carol.
—Sí, este lugar es impresionante, —Dijo Daryl mirando hacia la infinidad del lago que se extendía por miles de kilómetros.
Volvió a centrar la mirada en Carol y le sonrió.
—Lástima que no tenemos jabón. —Se lamentó Carol, cuando zambulló el cabello hacia atrás, lavándoselo.
—Ya.
Daryl cerró los ojos de golpe y se preparó para hundirse en el agua, apretó los dientes y se zambulló durante unos segundos. El líquido transparente fluyó a través de sus cabellos oscuros y enredados. Por primera vez desde que salieron de Alexandria, se sintió limpio. Tras unos segundos, el cazador plantó los pies en el fondo del lago y salió a la superficie de nuevo.
Sacudió sus cabellos y se frotó los ojos, antes de pasarse las manos por la cara. Sin querer, había puesto un poco de distancia con Carol, quien le observaba con una media sonrisa.
Carol nunca hubiera pensado que pudiera encontrarle más atractivo de lo que ya era, pero verle allí mojado, con sus cabellos húmedos, sus ojos cerrados, los labios entreabiertos, ella sintió que se excitaba por verle.
Daryl no supo que le estaban observando hasta que abrió los ojos. Tuvo que parpadear un par de veces para disipar las gotas de agua de sus pestañas y entonces la vio… Carol. Instintivamente se lamió los labios, saboreando el agua dulce y le sonrió.
—Sabes, estás muy sexy así. —Soltó Carol, haciendo que Daryl levantara las cejas.
—¡Para! — Dijo Daryl sintiendo como el rostro se enrojecía.
—Es la verdad. —Empezó a decir Carol, mientras nadó en su dirección hasta llegar a su altura.
—Espero que en Nuevo México haya un lago cerca… Quiero repetir esta imagen a menudo. Aunque las siguientes veces puede que llevemos aún menos ropa.
—Puf…
Carol se rio, acercándose más a él levantó sus brazos a sus cabellos mojados apartándolos de sus ojos, y los dejó reposar en sus hombros desnudos. Estaban muy cerca, Daryl pudo sentir como una de sus piernas chocó contra la suya bajo el agua. Las manos de Daryl fueron hacia sus caderas, y las posó sintiendo la suavidad y la humedad en su piel.
Ella necesitaba su contacto, habían pasado demasiadas horas desde la última vez que se habían besado y aunque aún tenían que hablar sobre esto más detenidamente, necesitaba volver a probar sus labios de nuevo.
Mantuvieron la mirada en el otro mientras Carol le dedicó una suave sonrisa. Se inclinó hacia a él lentamente para darle le espacio suficiente a rechazar el beso si él quería. Y entonces, Daryl se adelantó cerrando el espacio entre ellos. Cuando sus labios se tocaron, Daryl cerró los ojos disfrutando del momento. El placer le recorrió desde los pies a la cabeza. Él también había extrañado esto desde la noche anterior.
Ella estaba presionando sus labios contra los suyos mientras sus pequeñas manos acariciaban su cuello. A pesar de que fue un beso tierno, rápidamente cambió de intensidad. Sus suaves labios se sentían tan bien en su boca y empezaron a besarse como si tuvieran hambre el uno del otro.
Las manos de Daryl la apretó contra su cuerpo, llevándolas por su espalda mientras sentía como empezaba a excitarse. Sentir su cuerpo caliente pero húmedo presionando contra el suyo empezaba a ser demasiado excitante. No estaba completamente erecto, el agua fría parecía evitar eso, pero empezaba a excitarse.
Las manos de ella se enrollaron en su cabello justo en el momento que él abrió sus labios para ella. Carol gimió, ella se echó para atrás lo suficiente para mirarle a los ojos. Su corazón estaba acelerado y ver la lujuria en los ojos de él, solo hizo que incrementara la excitación.
Daryl movió lentamente sus manos a su cintura. Estaba disfrutando de poder abrazarla tan íntimamente, besarla y tocarla. Llevaba todo el día desde que se había despertado con ganas de hacer esto, besarle de nuevo, pero no se había atrevido. Por mucho que se hubieran besado la noche anterior aún tenían la conversación pendiente, él no quería dar nada por supuesto.
—Estaba deseando besarte de nuevo. —Susurró Carol.
Con los ojos fijos en los suyos, el arquero aspiró una respiración tranquilizadora y sonrió.
—Yo también.
Las manos de Daryl le sujetaban con fuerza, podía sentir su cuerpo mojado y duro pegado al suyo. Carol alisó sus cabellos cerca de las sienes.
—Aun no me lo creo. —Suspiró ella.
—Yo tampoco- —Admitió Daryl, sonriéndole.
Seguían estando tan cerca y no podían apartar la vista del uno del otro. Daryl agachó la barbilla e inhaló el aroma de sus cabellos que estaban mojado. El simple hecho de sentir su cuerpo contra el suyo, sus pechos aún cubiertos, pero aprisionados entre sus cuerpos, hizo que se excitara. Por mucho que la deseara, él quería tocarla, pero no se atrevía a llevar sus manos abajo o arriba.
No quería traspasar los límites.
Daryl tragó saliva cuando ella se inclinó y besó su comisura a la misma vez que las manos de Carol empezó a acariciar sus omoplatos. Daryl quería más de ella, pero no sabía si era el momento adecuado.
Carol juntó sus labios de nuevo, pero esta vez con demasiada hambre, mordiéndole el labio. Abrió los labios y dejó que la lengua dulce se sumergiera en su interior. Daryl jadeó contra su boca sintiendo como se estremecía. Las manos de ella desaparecieron por debajo del agua hacia su cintura y tiró más de él, como si no fuera suficiente.
A pesar de que había estado cuidadoso de no traspasar límites, él no pudo más y su mano se deslizó por su trasero, por encima de sus bragas que estaban empapadas del agua. Al escuchar el gemido de satisfacción de ella, Daryl intensificó su magreo de su trasero y movió la otra mano para masajearla con más intensidad. El trató de ser cuidadoso al principio, pero ella continuaba besándole de forma tan desesperada, que sus reservas se desvanecieron. Dejo que el sabor de su boca le inundara y la sensación de sus manos por su piel desnuda en sus pectorales fue suficiente para ponerse completamente duro.
Daryl solo podía concentrarse en el placer que sentía por tener a Carol entre sus brazos, casi desnuda, en el agua y con su boca encima de la suya.
Estaban atrapados en una espiral de lujuria y placer y a medida que se probaban eran aún más adictivos. EL mundo se había desvanecido solo existían ellos dos y solo necesitaban eso. No querían separarse. La mente de Carol daba vueltas, mientras sentía su corazón ir cada vez más rápido, las manos de Daryl acariciaban en su cuerpo. Su erección se clavaba fuertemente en su bóxer.
Una de las manos permaneció en su trasero mientras la otra se deslizó hacia su espalda presionando aún más hacia él, sus suaves gemidos llenaron sus oídos. Carol notó como su mano acarició el borde de sus bragas. Bordeó el elástico de las bragas y metió los dedos por debajo de éstas. Carol sintió sus dedos tocando la piel de su monte de Venus.
Ella dejó de besarle y le miró a los ojos. Sus miradas estaban conectadas. Carol podía ver el fuego marcado en sus ojos; él le miraba tan fijamente, con su boca entreabierta y lleno de pasión. Dejó caer su frente junto a la suya en el momento que sus dedos rozaron su parte más íntima.
—Daryl… —gimió al sentir su caricia.
Pero esa conexión se rompió de repente cuando escucharon ruidos de caminantes; y entonces, aparecieron en la orilla al menos 5 con la intención de entrar en el lago. Carol y Daryl se separaron, empapados, corrieron para agarrar sus cuchillos y sus arcos para matarlos.
—¡Malditos caminantes de mierda! —Masculló Daryl cuando el último caminante cayó al suelo, antes de darle una patada en el cuerpo por haberles interrumpido.
Estaba frustrado, su momento que estaban teniendo había sido irrumpido por los caminantes. Su erección casi había desaparecido por la sensación de peligro. Carol le miró y medio sonrió comprendiendo la rabia que sentía en ese momento.
—Malditos caminantes. —Repitió ella ofuscada.
No sabía cómo hubiera acabado la situación sino hubieran aparecido los caminantes, pero estaba segura de que hubieran llegado hasta el final. Ambos compartieron una mirada comprensiva, sabiendo que por mucho que volvieran a meterse en el agua ya nada sería lo mismo.
—¿Qué hacemos ahora? —Preguntó Daryl tratando de poner en orden sus pensamientos.
—La moto no funciona, creo que lo mejor es encontrar refugio; por ejemplo, esa casa parece en buen estado. Podemos pasar la noche ahí mientras tratas de arreglar la motocicleta. —Señaló Carol al otro lado del lago.
Daryl la admiró y realmente era bonita, una casa de madera preciosa, una hamaca y un pequeño embarcadero que daba directo al lago.
Rodearon la orilla del lago hasta llegar a la casa. Parecía una casa de veraneo de alguna familia adinerada, estaba intacta. Aunque estaba llena de polvo, había sobrevivido muy bien el paso del tiempo. Además, tenía un pequeño garaje y para sorpresa de Daryl algunas herramientas que servirían para arreglar la moto.
Daryl pasó la tarde tratando de arreglarla con algunas piezas que encontró en el garaje, mientras que Carol inspeccionó la cabaña buscando cualquier objeto que les pudiera servir. La habitación de matrimonio estaba perfectamente decorada a tonos blancos, un enorme vestidor con muchísima ropa, las cuales les hecho un vistazo y decidió quedarse con un par de pantalones, ropa interior y alguna camiseta. Encontró medicamentos, aunque caducados por más de 10 años, pero los guardó en la mochila por si les era necesario. En la cocina también encontró decenas de botellas de vino y decidió coger un par.
Carol balanceaba sus pies desnudos sobre el agua. Se había remangado sus pantalones para evitar que estos se mojaran. Estaba admirando el atardecer desde el embarcadero de la casa del lago. Le encantaba ese lugar, le traía una inusitada paz de la cual no estaba acostumbrada. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que por primera vez se sentía bien consigo misma.
Escuchó el sonido del arquero acercarse a ella, y al girar el rostro lo vio cómo se sentaba a su lado apoyando su espalda en la viga de madera.
—Hey. —Carol sonrió a su particular saludo.
—Es hermoso este lugar. —Dijo Carol volviendo a centrar la mirada en el valle, el lago y la montaña que se veía a lo lejos.
—¿Has conseguido arrancar la moto?
—No. Mañana me levantaré pronto para arreglarla y poder continuar, si no tendremos que buscar alguna alternativa. ¿Y tú has encontrado algo interesante?
—He encontrado medicamentos, algún conjunto de ropa interesante y… más vino. —Dijo señalando la botella que había dejado a su lado.
—¡Puf, apártame eso de la vista! No creo que vuelva a beber en años. —Carol se rio.
Ambos habían notado el tenso ambiente que durante todo el día había estado con ellos acompañándoles. Carol sabía que era el momento de hablarlo. No podía soportar más esa tensión.
—Daryl…
—Mmmm —Murmuró aún con la mirada puesta en el cielo.
—Sobre lo de ayer… —Empezó a decir notando como el corazón empezaba a latir con intensidad.
Él giró el rostro para mirar sus ojos, necesitaba verlos mientras tenían esta conversación. Quería observar cada detalle en su hermosa fisonomía.
—Yo… todo lo que dije es verdad. —Continuó Carol —. Mis sentimientos por ti empezaban a desbordarme, no puedo seguir viéndote solo como mi mejor amigo. Este viaje contigo a solas… cada día se hacía más insoportable. Por eso quería volver a Alexandria. Y sí, alejarme, pero… porque no soportaba más estar cerca de ti como un simple amigo.
Carol movía sus dedos nerviosa. Hablar de esto en voz alta se hacía tan irreal. Daryl la observaba detenidamente, pero puede ver una sonrisita en sus labios y sus ojos están iluminados.
Daryl no podía apartar la mirada de Carol mientras un familiar cosquilleo en el estómago hizo acto de presencia. No era capaz de expresar todos los sentimientos que tenía en ese instante a medida que va escuchando como Carol le decía que no podía ser solo su amigo. Había soñado con este momento que no podía creerlo. Solo sabía que estaba sonriendo como un tonto de lo feliz que se sentía.
—He tenido esa misma jodida sensación, empezaba a hacerse insoportable. —Contestó Daryl haciendo referencia a lo que sentía por ella. Carol le sonrió. — Pero hay algo que no entiendo, ¿por qué me hablabas de Connie?
Carol le observó y se mordió el labio.
—Estaba convencida de que sentías algo por ella y que no eras capaz de decírselo. Creía que yo te estaba alejando de tener una relación con ella. Solo quiero que seas feliz y no podía soportar hacerme a la idea de que al venir conmigo, hubieras renunciado a tu felicidad. —Carol se encogió de hombros mientras sus miradas se encontraron.
—Aquí es donde quiero estar. Contigo. Me da igual donde, en Alexandria o en New México. Me la sopla. Mientras esté contigo me da igual donde. Como si es el la jodida Antártida. —Soltó con vehemencia. —Connie era solo una amiga.
—Hasta ayer no me di cuenta de esto, Daryl. Pensaba que solo me veías como una amiga.
—Y yo siempre pensé que solo era tu amigo. —Admitió él. —¿Qué pasa con el Rey?
Carol suspiró ante su pregunta.
—Nunca le amé, Daryl. Él fue… muy amable conmigo. Pero… nunca estuve enamorada de él.
—¿Y porque te casaste con él? —Carol se encogió de hombros con lágrimas en los ojos.
—Por Henry. Y porque él era bueno conmigo y pensé que era una buena forma de tratar de olvidar mis sentimientos por ti. He tratado de convencerme de que le quería. Pero no funcionó… Creo que Ezequiel era consciente de esto. He cometido muchos errores, Daryl y este ha sido uno más. Me aproveché de él. Me hacía sentir bien… mientras yo quería a otra persona. Yo…
Daryl empezaba a comprender muchas cosas, él porque el rey fue desagradable con él cuando estaban en la carretera. Daryl sintió como el corazón le latía con demasiada fuerza, Carol estaba enamorada del desde hace tanto tiempo y nunca fue capaz de verlo. Había sido tan tonto. Carol le miró con lágrimas en los ojos, dejando entrever la culpa que sentía.
—Siento no haberme dado cuenta antes. —Se lamentó Daryl.
—No es culpa tuya.
—Si lo hubiera sabido, yo… pensaba que lo nuestro era una simple amistad… No me di cuenta hasta que te vi con Ezequiel, yo me sentí de una forma tan diferente… Me di cuenta de quería estar en el lugar de Ezequiel.
—Cuando te dije que me iba a casar con Ezequiel, yo… deseaba que me dijeras que no lo hiciera. Y si lo hubieras hecho, hubiera dejado al rey en ese mismo momento.
Daryl suspiró, la miró a los ojos profundamente viendo en ellos tanto amor, antes de levantar su mano grande hacía su mejilla y acariciarla. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
—¿Desde cuándo… tú? —Empezó a preguntar, aunque la dejó a medias.
—¿Desde cuándo he estado enamorada de ti? —Acabó la frase ella al ver que el parecía demasiado tímido para hacerlo y Daryl asintió. —Ni siquiera lo recuerdo, Daryl. Puede que desde la prisión o incl.…
Las palabras murieron en la boca cuando Daryl se abalanzó sobre ella para besarle, estaba demasiado abrumado por la conversación; por saber que desde hacía tanto tiempo ella había sentido algo por él y había sido tan estúpido de no darse cuenta.
Aunque sorprendida, ella llevó sus manos a su rostro mientras continuaba el beso que era desesperado y hambriento.
—¡Que estúpido he sido! —murmuró contra sus labios.
Carol se separó para mirarle y apartar su mechón del pelo de sus ojos.
—Hemos sido unos estúpidos los dos. —Corrigió. —Nunca pensé que tú podrías sentir algo por mí. Pero lo importante es que ahora estamos juntos, y que al fin hemos podido decir lo que sentíamos el uno por el otro.
Carol acarició su rostro con suavidad, Daryl cerró los ojos disfrutando de las caricias. Cuando los volvió a abrir, ella le miraba con una tierna sonrisa. Daryl se mordió el labio nervioso, quería volver a besarla, tocarla y sentirla de nuevo. Además, el atardecer hacía que la vista que tenía de ella fuera aún más hermosa, los rayos de sol chocaban contra su rostro.
Daryl volvió a juntar sus labios con los suyos, necesitando saborearlos de nuevo. Probar ese dulce sabor. Escuchó el gemido sordo en la boca de Carol. Ella sonrió contra sus labios, ansiosa por devolverle el beso.
Un beso que comenzó con suavidad y ternura, se transformó en un beso desesperado lleno de pasión y deseo cuando la lengua de él entró en su interior. Siguieron besándose sin medida mientras con cuidado se inclinaron hacia atrás. Las manos de Daryl recorrieron su cuerpo y deslizó su mano grande bajo su camisa, acariciando suavemente su estómago, Carol sintió que su piel se estremecía ante sus tiernas caricias.
Daryl se separó de ella y la observó tumbada debajo de él, con sus cabellos plateados esparcidos por la madera del embarcadero, sus hermosos ojos azules fijos en los suyos y sus labios entreabiertos.
Sintió la mano de Daryl sobre el sujetador, tocándole con timidez.
—¿Pue… puedo? —Susurró Daryl, como si fuese un adolescente pidiéndole permiso para tocarle.
—Por favor, Daryl. Tócame —Suplicó ella.
Probablemente no era el mejor lugar para hacer el amor, podía sentir la dura madera contra su espalda y no era nada cómodo, pero el creciente placer que está empezando a sentir entre sus piernas era mucho más importante en ese momento. Ya utilizarían la cama en otra ocasión.
Él volvió a besarle con más intensidad, mientras sus manos amasaron sus pechos con suavidad a través del sujetador. A ciegas, Daryl empezó a desabrochar los botones de la camisa azul. Uno a uno, y con rapidez.
Se separó un momento, cuando ésta estaba completamente desabrochado. Otra vez ese sujetador de encaje blanco que vio en el lago y ahora puede verlo más de cerca. Siguió besándola, antes de deslizar los tirantes del sujetador por los hombros retirándole la ropa interior de su cuerpo.
Una parte de ella no creía que realmente estuviera medio desnuda delante de Daryl. Pero él no dejaba de mirarle, sus ojos estaban perdidos en su desnudez.
Daryl los observó como subían y bajaban por su respiración que se había acelerado en ese momento, iluminado por los rayos del atardecer, estos parecían brillar con luz propia. Y entonces la tocó; sus pezones se endurecieron por su toque. Llevó sus manos a sus pechos amasándola, acariciando sus pezones con los pulgares. Rozándolos, mientras escuchaba un gemido sordo saliendo de la boca de ella, levantó la mirada para centrarlos en sus ojos y pudo verlos tan brillantes, llenos de pasión.
Carol podía notar su erección en sus pantalones y eso le hacía sentir mucho más excitada.
—Eres… hermosa. —Susurró él con un gemido. Antes de inclinar sus labios para rozar sus dientes en su pezón izquierdo, llevándolo a su boca y para poder disfrutar de él.
Nada más sentir su boca húmeda en su pecho, Carol se arqueó de placer mientras sus manos se aferraron a sus cabellos oscuros de Daryl.
¡POM!
Daryl levantó el rostro rápidamente y miró hacia la puerta de la casa.
- ¿Qué ha sido eso?
—Se habrá caído algo, o un caminante. Por favor, no pares…
—¿Y si es un intruso?
Con rapidez, Daryl agarró la ballesta y adentrándose en casa hacia la puerta. Carol sabía que tenía razón, podía ser un intruso y podían estar en peligro, pero era la segunda vez en aquel día que les interrumpían en el preludio sexual y estaba muy frustrada.
—¡Joder! —Masculló Carol para sí misma.
Ofuscada dejó caer la cabeza contra el suelo soltando un bufido de desesperación, antes de levantarse y ponerse la camisa, olvidándose del sujetador.
Daryl se acercó con cuidado a la puerta, miró a través de la mirilla, pero no encontró nada. La moto seguía allá fuera. Pero entonces escuchó un gemido, similar a un bebé o un animal y pudo percibir un bulto en la puerta.
Con cuidado la abrió para encontrarse con un perrito negro con parches marrones estirado en el suelo y que parece que esta malherido.
—¡Oh no! —Masculló Carol por detrás al ver al animal.
Rápidamente la cola del perro se movió levemente de alegría, estaba contento por ver a personas. Pero parecía que estaba demasiado desnutrido y cansado como para levantarse.
—¿Le han mordido? —Preguntó Carol cuando Daryl se agachó para acariciarlo, y comprobar si tiene alguna herida o ha sido mordido.
Lo empezó a palpar por su estómago, sus patas, su cabeza tratando de buscar alguna herida interna y el perrito parecía gemir cada vez que le tocaban en la pata. Tenía algunos rasguños en su pata derecha trasera, aunque no parecían que fueran profundas.
—Tiene algunas heridas en la pata, pero parece más desnutrido y hambriento. —Dijo Daryl mirando a Carol quien los observaba con atención.
Carol asintió antes de que se dirigiera hacia la cocina donde buscó dos cuencos blancos; en uno vertió un poco de agua y en otro puso un poco de carne. Lo dejó a su lado y el perrito hizo el intento de levantarse, pero estaba tan agotado que no podía. Daryl se lo acercó más y tuvo que ayudarle a levantarle la cabeza para que bebiera y comiera.
—Shh, tranquilo. —Le habló Daryl ver que estaba muy ansioso por comer y beber, aunque apenas podía moverse.
Cuando terminó, Daryl lo agarró con cuidado y lo metió dentro de la casa, en una manta donde dejó que descansara, aunque no dejaba de gemir.
Ambos se sentían frustrados por la interrupción, otra vez, pero la preocupación por ese perrito les había hecho olvidar lo que estaba a punto de suceder. Pero ambos sabían que no iban a dejar ese animal a su suerte.
—Lo siento por lo de antes. —Susurró Daryl cuando vio como Carol, se abotonaba el último botón de la camisa mientras se sentaba en el sofá de la casa del lago.
—No te disculpes. No voy a negar que me siento frustrada, otra vez… pero, ya habrá otro momento.
Daryl le sonrió notando su frustración, él también se sentía así. Se levantó del suelo donde descansaba el perrito y se sentó al lado de Carol.
—Descansa, me quedaré cuidándole. —Propuso Daryl mientras acarició el cabello de Carol.
—¿Echas de menos a Perro? —Preguntó Carol, Daryl dirigió una mirada a ese perrito que dormitaba pero que en ocasiones gemía de dolor.
—Un poco, me hizo mucha compañía.
—Bueno… Me parece que a partir de ahora este viaje será de 3. —Daryl sonrió levemente.
—Si sobrevive, sí.
—Lo hará. —Le aseguró Carol, antes de acariciar su mano de Daryl.
—No creo que podamos continuar el viaje mañana. La moto no funciona y él está muy débil. —Pensó en voz alta Daryl.
—Quizá podríamos quedarnos unos días aquí, el tiempo que necesites para arreglar la moto, y que él se recupere. No me importará retrasar la llegada a Nuevo México, este lugar es hermoso y podríamos disfrutar del lago un poco más, bañarnos… y continuar con lo que hemos dejado a medias. —Carol se mordió el labio y le miraba con diversión.
Ambos se miraban con hambre en los ojos, aún recordaban lo que el perro había interrumpió.
—Me parece una buena idea. —Daryl besó a Carol sintiendo como su estómago se encogió de placer: quiere continuar con lo que habían dejado a medias, aun podía saborear su pezón en su boca, aún escuchaba su gemido, pero saben que van a tener que esperar.
Carol muerde sus labios y se acomodan de nuevo contra el sofá, pero el perrito gimió de dolor haciendo que se separaran para observarle con preocupación.
—Descansa. —Le instó Daryl, — me quedaré con él.
Iba a ser una noche complicada, pero ninguno de los dos iba a dejar de luchar por la vida de ese perrito.
