Perseverancia


8

Fuga


My heart's been mended who'd have thought it would

An empty bet and still I won the cash

A man who I love and who

Loves me back

Oh, waited so long

For love to heal me so I'd feel it

Thought it wasn't breathing then you came

You proved me wrong again

(Chocolate / Kylie Minogue)


—Qué problema —murmuró Raditz pensativo mientras observaba su plato de comida sin tocar—. Vegeta va a estar en aislamiento un largo tiempo, y nuestra única preocupación es si hoy iba a estar nuestro plato favorito en el menú. —Apoyó el mentón en la mano y perdió la vista entre las y los guerreros que iban de un lado para otro en busca de su almuerzo.

—Mmm mmm —respondió Nappa, en una posición similar a Raditz, pero con el rostro sobre ambas manos, y sonriendo de una forma que jamás lo había hecho antes. Seguramente era la primera vez en su vida que utilizaba tantos músculos del rostro. Su atención estaba puesta en su scouter sobre la mesa, y a diferencia de su compañero, su plato ya se encontraba vacío.

—Me refiero a que somos saiyajin, en algún momento una de las razas más importantes de este lado de la galaxia —comentó aún metido en su reflexión—. Hace no más de treinta años éramos importantes en el universo, y ahora no sabemos si hay más de nosotros por ahí, y nuestro príncipe está castigado por no dejarse coger por un superior. ¿Te das cuenta lo que significa?

—Mmm mmm.

—¿Qué demonios te pasa? —preguntó mirándolo, haciendo que Nappa dejara de mirar el scouter—. No solo la situación me tiene sin apetito, también esa horrenda cara que tienes. Ahora entiendo porque no sonríes nunca. ¿Acaso no te importa lo que está pasando con Vegeta? Tú que eres el mayor de los tres y siempre estás recordando las glorias del imperio saiyajin, deberías ser el más indignado.

—Tienes razón —respondió con seriedad dando un golpe de puño en la mesa. Tenemos que hacer algo para que este abuso termine.

—Así me gusta —respondió sonriendo.

—¡Tenemos que levantarnos y recuperar nuestra dignidad de saiyajin! —exclamó con fuerza, golpeando nuevamente la mesa y volteando un poco del contenido del plato de Raditz, pero ninguno lo notó.

—Sí, eso es exactamente lo que tenemos que hacer —respondió Raditz animado.

—¡Ya basta de pisotearnos, somos saiyajin maldita sea! —vociferó de pie, completamente empoderado como en los viejos tiempos—. ¡Tenemos que recuperar nuestro lugar en la cadena de mando!

—¡Así se dice!

—¡Tenemos que...! —Cuando su scouter comenzó a vibrar, el guerrero fiero volvió a sonreír como estúpido y casi se lanzó sobre la mesa para tomar su aparato—. Es mi diosa de la guerra, ve tú que haces, tengo que atender, no le gusta que la haga esperar. —Se puso el scouter en la oreja derecha y se marchó del lugar mientras conversaba con la mujer, igual que un adolescente enamorado de dos metros y medio de estatura.

El ánimo de Raditz nuevamente descendió y volvió a apoyar el mentón en la mano, pensativo. Entre la gente que transitaba por el lugar, divisó a Bulma. Ya no lucía como antes, llena de vida y despierta, esperando una oportunidad para infiltrarse y pedir un plato de comida en el piso que no le correspondía. Ahora iba cabizbaja, cargando su caja de herramientas, se notaba que no había dormido mucho y un par de guardias armados iban detrás de ella.

No, esto no podía continuar así.


(...)


Vegeta despertó sobresaltado cuando aumentó el malestar generalizado en su cuerpo a causa de las golpizas que fue expuesto. No le quedaba otra opción que dormir arrodillado, puesto que sus manos se encontraban encadenadas hacia arriba, a los extremos de la celda. El espacio era pequeño, solo lo suficiente para meterlo encadenado y olvidarlo hasta que dijeran lo contrario. No había comida, no había luz, no había nada. No sabía cuánto había pasado ni mucho menos cuánto más estaría metido ahí, lo único real en ese momento era el dolor de los cortes en su piel y varias costillas rotas.

De pronto algo más captó su atención. El estar dentro de una celda con oscuridad absoluta hizo que sus sentidos ya privilegiados se volvieran más sensibles, por lo que no solo el dolor se hacía más insoportable, sino que ahora su olfato reaccionó ante el exquisito aroma de un emparedado con carne, cebollas, queso, salsa de ajo y especias picantes de otros planetas que usaban los cocineros del patio de guerreros. No sabía que habían mejorado las técnicas de tortura y que ahora, además de privarlos de alimentos y agua, también ponían comida al otro lado de la celda para acrecentar el malestar.

—Esto sí que está bueno. —Escuchó Vegeta junto a la puerta. No creía estar en tan mal estado para que sus oídos lo engañaran y comenzara a alucinar. Necesitaba mucho tiempo sin ingerir nada para volverse loco.

—¿Raditz? —dijo incrédulo.

No escuchó una respuesta enseguida, seguramente el maldito estaba comiendo, lo que hizo que su humor empeorara más de lo que estaba.

—Aquí estoy. Era la hora de almuerzo, y hoy estaba tu emparedado preferido en el menú.

—Imagino que no viniste a dejarme comida —dijo con tono serio—. ¿Y cómo demonios te dejaron pasar?

—Es una historia muy rara y creo que no entraré en detalles —respondió Raditz luego de otra pausa. Por el volumen de la voz que lograba entrar a la celda, Vegeta supuso que estaba sentado en el suelo—. Pero te advierto que me debes una muy grande. Zarbon está furioso porque lo humillaste en frente de los guerreros y esclavos y te hubiera matado de no ser que le debes muchas conquistas a Freezer. Por eso solo por ahora pudo dejarte en aislamiento total.

—No sé qué tan aislado, si te tengo al otro lado de la puerta comiendo y perdiendo el tiempo.

—Ahora viene la parte entretenida y rara de la historia y el por qué me debes una —dijo como si no hubiera escuchado el comentario del príncipe—. Tenía pensado intimidar a quien fuera para llegar hasta a ti, pero resulta que no resultó —comentó sorprendido.

—Entonces te acostaste con los guardias —dijo Vegeta para nada asombrado. De pronto sintió que el silencio y la oscuridad total no estaban tan mal.

—Eran dos, y uno de ellos era hombre —volvió a decir sorprendido—. Sí, es la primera vez que me meto con un tipo. Y no, no estaba nada de mal, pero sin entrar en demasiados detalles, tengo que enfatizar que yo fui quien mandó en todo momento —aclaró como si fuera realmente importante que Vegeta lo supiera.

—¿Y qué es lo tan importante que tienes que decirme que no pudo esperar e hiciera que te acostaras con dos guardias para llegar a mí?

—Curioso —dijo luego de terminar el sándwich—. Pensé que lo primero que me preguntarías sería por tu mujer, después de todo ha pasado más de una semana.

—¿Le pasó algo a Bulma? —preguntó alerta, lo que provocó que se moviera y las cadenas tiraran y aumentara el dolor en los hombros y muñecas.

—No sé si Zarbon tuvo que ver. Realmente no creo que haya descubierto el disfraz de Bulma, porque ya estaría muerta, pero hubo una limpieza en su sector por un supuesto plan de fuga, mataron a algunas trabajadoras y les quitaron todo el contrabando.

—¿Y cómo está ella? —preguntó en un susurro.

—Está bien físicamente, pero ahora solo se dedica a trabajar con un par de guardias sobre ella. Ya no tiene sus aparatos, ni computador, así que le va a ser imposible escapar como tenía pensado. —Se mantuvo en silencio esperando lo que Vegeta tuviera que decirle, y ya que tardó tanto continuó hablando, reflexionando en voz alta—. Tu mujer sí que me hace pensar. Y no me refiero a fantasear en ella con el disfraz de soldado Brief que tan bien le queda pese a ese bigote. Me refiero a que no tiene poder alguno, fácilmente podrían aplastarle el cráneo con una mano, y aún así está luchando con todas sus fuerzas para escapar de este lugar, mientras que nosotros, tres guerreros saiyajin, seguimos volviendo aquí una y otra vez por nuestra voluntad.

En medio de la oscuridad, Vegeta había tenido mucho tiempo para pensar y recordar, desde el momento que había llegado a trabajar con Nappa y Raditz a este lugar, hasta la conversación que había tenido con Bulma al interior de su nave esférica. Ella le había dicho que esclavitud era esclavitud, no importa los términos ni condiciones. Habían sido tantos años con la misma rutina que se había resignado al punto de creer que estaba bien, que es así como su vida debía ser, cuando en realidad era lo peor y más humillante que le podía pasar al príncipe de los saiyajin. Por su edad ya debería estar preparándose para ser rey, maldita sea, pero no, ahora estaba enjaulado como un animal porque no había querido mamarle la verga a uno de los preferidos de Freezer. ¿Qué clase de destino era este para alguien como él? Toda esta situación sirvió para que la sangre le hirviera de ira y que por fin abriera los ojos y pudiera ver con claridad.

—Escúchame bien, Raditz —dijo con otro tono en su ronca voz. Una que no usaba hace mucho tiempo—. Esto es lo que vamos a hacer...

—Soy todo oídos —respondió Raditz sonriendo.


(...)


Bulma abrió la caja de herramientas para prepararse a arreglar el tanque de recuperación. Era el quinto de la mañana y ya había perdido la cuenta de cuántos había reparado en la semana, pero sentía que estaba en algún tipo de infierno redundante en el cual estaría condenada a reparar tanques de recuperación hasta el fin de los tiempos y más.

Afortunadamente para ella, los guardias eran demasiado estúpidos para darse cuenta de lo que le habían arrebatado. Sí, tener un computador de contrabando es una falta grande, pero no supieron reconocer los otros aparatos, y los juntaron con el resto como si solo fuera basura. No podía creer que hubiera perdido todo su trabajo, pero al menos estaba con vida, no como varias mujeres que fueron asesinadas esa noche. En un lugar como este, ella valía mucho más que las simples mujeres que trabajaban en la cocina o limpieza, y solo por eso no había recibido un castigo más severo.

En estos momentos se había transformado en un robot destinado a realizar el trabajo y solo los movimientos necesarios para reparar el tanque, sin mirar a otro lugar, ni abrir la boca, ni preocuparse de su entorno, de esa manera no se metía en problemas y evitaba hacer contacto visual con los guardias del lugar que la resguardaban para que no se fuera a meter a algún lugar que no le correspondiera. Al parecer había más guardias que esclavos en el lugar y detestaba mirarlos. Ya tenía de sobra con la pulsera que apretaba y lastimaba su muñeca y que se activaría en cuanto intentara quitársela o ir a las zonas prohibidas.

—Hasta que por fin te encuentro —dijo Raditz apoyándose en el tanque que Bulma arreglaba—. Jamás había buscado tanto a una mujer sin intenciones de meterme en su cama.

—No puedo hablar —respondió la joven sin el ánimo que la caracterizaba. Ni siquiera levantó la vista para mirarlo, concentrada en su trabajo.

—¿Quién dice eso?

—Los animales armados que nos vigilan día y noche —respondió con tono molesto, pero sin detener su labor.

—Tranquila, solo será un momento —dijo relajado, y continuó con la misma actitud cuando uno de los guardias se acercó.

—Estás trabajando, no puedes hablar —dijo el tipo a Bulma que ni siquiera se movió para mirarlo, haciendo como que no existía.

—Ella no está hablando —dijo Raditz con voz recia y erguido para que se notara mucho más la gran diferencia de estatura con el guardia que seguramente no tenía suficiente poder de pelea para hacer aparecer una simple bola de energía y por eso estaba armado—. Yo estoy hablando con ella. ¿Vas a dispararme a mí con ese juguete que llevas, basura?

El hombre no respondió y regresó junto con su compañero. No le correspondía meterse con guerreros, su tarea era vigilar a los esclavos, además el saiyajin se veía bastante intimidante, no iba a arriesgar su vida por un trabajo con un sueldo tan malo.

—No hagas eso —dijo Bulma—. Solo harás que mi situación empeore.

—¿Más de lo que ya está? No creo.

—Aún no estoy muerta, así que sí, puede empeorar.

Raditz la observó un momento con detención antes de volver a hablar.

—Me agradas, Bulma, después de todo, como dice Nappa, eres la mujer de nuestro príncipe. Por cierto, ahora Nappa te tiene en la más alta estima porque gracias a ti pudo finalmente montar a su amazona. Deberías escuchar su historia.

—¿No crees que ya he tenido suficiente en estas semanas como para agregarle una tragedia más a mi vida?

Raditz sonrió ante su respuesta.

—Yo ya he tenido que escucharla tres veces y con toda clase de detalles, lo justo es que tú también lo hagas, después de todo fue por tu consejo que logró conquistarla.

—Al menos alguien lo está pasando bien —dijo, y suspiró—. ¿Cómo está Vegeta?

—Sigue en confinamiento, pero no te preocupes, es fuerte y soportará, al igual que tú.

—Ya no lo sé —respondió un tanto cabizbaja. Aún no podía sacarse de la cabeza lo que había vivido y las imágenes de esas pobres mujeres con sus niños.

—Claro que sí. El príncipe no estaría con cualquiera. Así que tienes que estar atenta, pronto sabrás de nosotros.

Eso hizo que Bulma lo mirara y luego a los guardias. Había uno atento a ella, así que volvió a poner sus manos en el motor del tanque.

—¿De qué estás hablando?

—Este lugar tiene muchos oídos, tendrás que tener paciencia, pero te recomiendo estar atenta.

—Como digas —dijo sin emoción alguna en su rostro y voz. No quería llamar más la atención de los guardias.


(...)


Justo en los días que la falta de alimentos y líquido se estaban haciendo insoportable, la luz inundó el pequeño cubículo en el que Vegeta se encontraba confinado. Un guardia ingresó para quitarle las cadenas que lo inmovilizaban, haciendo que cayera directo al suelo, golpeando su rostro en el frío metal, sin siquiera alcanzar a poner las manos.

—Vegeta —dijo Zarbon con voz suave y melodiosa, evidentemente de muy buen humor de ver al saiyajin en tan mal estado—. Espero que este tiempo en la celda te haya servido para pensar y darte cuenta de la exitosa carrera de guerrero que estás desperdiciando por no saber comportarte con tus superiores.

—Así es —respondió Vegeta con dificultad, tenía la garganta seca y le ardía, además estaba cubierto de sangre y suciedad y tenía los músculos entumecidos por haber pasado tantas semanas en la misma posición. Le tomó un poco de trabajo levantar el torso ayudándose con las manos contra el suelo, pero continuó sentado—. No quiero volver a este maldito lugar.

—Eso dependerá de cómo te comportes —murmuró a gusto mirándolo hacia abajo. Vegeta en ese momento levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. Le provocó agrado comprobar que el saiyajin se encontraba en disposición pasiva. Aún conservaba su ceño fruncido y ojos intentos, pero no sería Vegeta si con tan poco se hubiera domado, eso le tomaría mucho más tiempo, pero ya era un comienzo, un muy buen comienzo.

—Me comportaré —dijo casi mordiéndose la lengua para no explotar y decir algo que lo deje otro mes metido en la caja oscura. Terminó con la mirada en el suelo, incapaz de seguir soportando la mirada de complacencia de Zarbon.

—Así me gusta. Mañana te espero a primera hora en mi salón de entrenamiento. Ahora puedes ir a asearte y descansar. Apestas, y odio los malos olores. —No esperó respuesta y se marchó seguido del guardia que no se molestó en ayudar al saiyajin a levantarse para salir del lugar.

En cuanto se quedó solo en el pasillo de aislamiento, Vegeta se puso de pie sin mucho problema, salvo una molestia en la pierna derecha, se encontraba bien.

—Imbécil —susurró—. Como si esto fuera a aplacarme. —Sintió un leve escalofrío en el cuerpo por haber tenido que comportarse de manera tan sumisa y vulnerable, pero ya estaba hecho. Ahora debía ir a su cuarto y limpiarse, tenía mucho que hacer y poco tiempo antes que Zarbon se diera cuenta que no se uniría a su séquito de perras en su dichoso salón de entrenamiento.


Una vez que salió de la ducha, se secó y se puso ropa limpia, tomó el scouter para comunicarse con Raditz. No se había tomado la molestia de cerrar las heridas, causando que su ropa se manchara por la sangre de algunos cortes aún abiertos. Mientras observaba el lugar, que ahora se sentía tan vacío al no tener las cosas de Bulma repartidas por todos lados, escuchó la voz de Raditz.

¡Hey, ya te dejaron libre! Yo que te iba a ir a buscar con un regalo, pero no me avisaron.

—Tal vez no follaste tan bien a los guardias como habías pensado —respondió Vegeta, serio como siempre, haciendo reír a Raditz.

¿El príncipe haciendo bromas? Veo que estás de muy buen humor.

—Pero no durará mucho. Escucha, no tenemos tiempo, tenemos que hacerlo hoy en la noche. Avísale a Nappa y nos vemos en el lugar que acordamos.

Como digas, jefe.

Vegeta cortó la llamada y se quitó el scouter y contempló su habitación. Qué ciego había estado todos estos años creyendo que esto era lo que le había tocado. Era el príncipe de los saiyajin, maldita sea, era merecedor de mucho más y él mismo tenía que encargarse de eso.


(...)


Ya que Nappa nunca contestó al scouter y el tiempo apremiaba, Raditz no tuvo más opción que ir a buscarlo. No le tomó trabajo ubicarlo, ya que era obvio dónde se encontraba, y todo gracias a Bulma. Recreó bastante la vista en uno de las secciones de las habitaciones de guerreras destacadas, robó miradas y también se enamoró en varias oportunidades, hasta que averiguó cuál era la habitación de la amazona de Nappa.

Entró al cuarto luego de que una voz gruesa le indicara que pasara. Le llamó bastante la atención la diferencia de tamaños de las habitaciones, ya que mientras la de él era pequeña y cabía lo justo y necesario, esta tenía al menos tres sectores diferentes que estaban cómodamente amueblados e incluso con adornos. No pudo ver todo con lujo de detalle porque el lugar se encontraba en penumbras, siendo las velas repartidas por los muebles las que iluminaban.

—Aquí estoy —dijo nuevamente la voz.

Raditz fue hasta el dormitorio donde la cantidad de velas ya era exagerada, y ni hablar de los pétalos de flores repartidos por todo el suelo y la cama… La cama era tan grande que perfectamente podía estar ahí con tres hermosas mujeres, pero en este caso no había mucho espacio entre la amazona y Nappa. Ahí encontró a la mujer, desnuda y descansando evidentemente luego de haber disfrutado de la compañía del saiyajin que seguramente se encontraba duchando, ya que su ropa y armadura estaban tiradas en el suelo y podía oír el ruido del agua correr.

—¿Y tú quién eres, pequeño? —preguntó la mujer. Era difícil calcular su tamaño, pero debía medir fácilmente más de dos metros, tenía su cabello largo color blanco y poseía los atributos naturales de una mujer pero en el cuerpo musculoso y lleno de tatuajes y cicatrices dignos de una guerrera destacada que valía lo suficiente para darle una de las mejores habitaciones. Y ya que no se mostró incómoda por su desnudez ante un desconocido, Raditz permaneció en su lugar.

—¿Pequeño? —repitió levantando una ceja. En su vida le habían llamado de muchas maneras, pero nunca pequeño.

—¿Eres compañero de misiones de Peloncito, verdad?

—¿Peloncito? —dijo sonriendo. Sí que sería genial molestar a Nappa de ahora en adelante—. Sí, soy…

—Déjame adivinar, eres Vegeta, ¿Verdad? Peloncito dijo que era el más bajo de los tres —dijo estudiándolo de pies a cabeza con cierto desprecio—. No te ves tan fuerte como me dijo.

—Discúlpame —dijo ofendido por la insistencia de llamarlo bajo, si lo consideraba fuerte o no lo podía dejar pasar—. Pero yo soy alto y un gran…

—¿Qué demonios haces aquí, Raditz? —dijo Nappa cuando salió del baño desnudo y empapado—. Ni se te ocurra intentar quitarme a mi mujer —exclamó molesto.

Raditz intentó responder sin mirar la desnudez de Nappa que sí le incomodaba, pero la amazona lo hizo por él.

—Tranquilo, mi gran guerrero. Este chico no podría ni una ronda conmigo, no creo que tenga el tamaño para seguirme el ritmo.

Raditz quedó boquiabierto observando a los dos gigantes riendo, pero pronto se recordó que había algo importante que hacer.

—No vengo por tu mujer, Nappa. Es Vegeta. Ya está libre y tenemos que actuar hoy. Te espero afuera para que te vistas y despedidas. —Miró a la mujer y se dirigió a ella—. Ha sido un placer...

—Bysty. Mi nombre es Bysty. Ahora sal de aquí pequeño para que pueda despedirme de mi hombre.

No tuvieron que insistirle, Raditz se marchó enseguida.

—Lo siento, pero tengo que irme —dijo Nappa en cuanto quedaron solos y tomó su ropa del suelo.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntó esperanzada por un sí.

—Ahora el deber me llama, mi príncipe me necesita —dijo ceremonioso, desnudo de la cintura para abajo—. Pero tal vez algún día, en una batalla, en una guerra despiadada nos volvamos a ver y juntos reventaremos las cabezas de nuestros enemigos.

—¡Oh, Peloncito! Tú sí que sabes qué decir.

—Lo sé —dijo luego de ponerse los pantalones.


(...)


Cuando Vegeta entró a la sección femenina de esclavas, la mayoría se encontraba en sus habitaciones, y unas pocas en los pasillos intentando conseguir un cigarro o saber algo de sus compañeras que habían sido llevadas a las celdas de castigo y aún no liberaban. En otras circunstancias hubiera encontrado a más mujeres yendo de un lado a otro, pero después de lo que les ocurrió, y dado que doblaron la dotación de guardias en los pasillos, estaban más tranquilas. Sin embargo eso no evitó que comenzaran a asomarse de sus cuartos cuando se corrió la voz de que un apuesto guerrero había hecho ingreso. El escándalo no se hizo esperar cuando mató a los dos primeros guardias con solo un golpe de su puño.

—¿Dónde está Bulma? —preguntó a las mujeres que tenía más a mano. Ninguna pudo responder, ya que vieron un grupo de ocho guardias armados llegar corriendo ante el escándalo que dejó el hombre.

Para Vegeta no significó nada los rayos que lanzaron hacia su cuerpo y con la misma facilidad que acabó con los anteriores, lo hizo con estos, rompiendo sus cuellos o azotando sus cabezas contra los muros, haciendo que algunas de las mujeres dejaran de mirar, sin embargo otras celebraron el destino de aquellos tipos.

—¿Dónde está Bulma? —volvió a preguntar más impaciente esta vez. Miró hacia donde una de las mujeres le apuntó y solo tuvo que avanzar un poco hasta toparse a la científica frente a frente.

—¡Aquí estoy! —dijo agitada y asustada al ver tantos cadáveres en el pasillo.

—¿No te dijo Raditz que tenías que estar atenta?

—Lo siento mucho, pero no me dijo que tenía que esperar una matanza. Aunque bien merecidos se lo tienen.

—Nos vamos de este maldito lugar —dijo ofreciéndole la mano. A esta altura las alarmas ya se deben haber activado por los guardias que no quisieron enfrentarlo y fueron en busca de los centinelas encargados de detener a gente poderosa.

Bulma lo miró y dudó.

—No sé si alcancé a anular tanto el chip en mi cuello como para alejarme de la torre.

—¿Ahora comienzas a dudar de tus habilidades? —dijo alzando una ceja, aún con la mano levantada hacia ella.

Bulma le encontró la razón, además había algo en los ojos del hombre que la llenó de energía y confianza. No se le podía rechazar la mano a alguien así.

Lo primero que hizo el guerrero fue quitarle la pulsera de la muñeca, lo que activaría una nueva alarma. No esperó, y lanzó un potente rayo hacia una de las paredes exteriores, destrozándola casi por completo, exponiendo la vista hacia otros pasajes. Las mujeres y niños del lugar corrieron a sus habitaciones para que no las vincularan con lo que estaba pasando.

—Les prometo que las voy a ayudar a salir —dijo Bulma cuando Vegeta la tomó en brazos y corrió por el lugar, en busca de las otras salidas para ir al destino que había planeado desde un comienzo cuando se encontraba en cautiverio. El agujero en la pared era simplemente distracción


Tuvo tanto tiempo encerrado y sin nada que hacer más que pensar y odiar el destino que le había tocado vivir, que también se encargó de recorrer mentalmente todos los lugares y ascensores necesarios para llegar hasta la azotea. Eran tantos años viviendo en el mismo maldito lugar que al menos gracias a eso pudieron evadir la guardia y asegurar su salida.

—¿Estás bien? —preguntó Bulma ahora que iban solos en el último ascensor. Recién se había percatado de las múltiples heridas en su cuerpo.

—Sanaré —respondió el hombre serio, aún concentrado en lo que estaban haciendo.

—¿Por qué cambiaste de opinión? Dijiste que no eras un desertor.

—Y no lo soy. Ya le he dado demasiados años de mi vida a esa lagartija y todos sus secuaces. La deuda está más que saldada.

—Así me gusta —dijo sonriendo, e intentando ignorar el hecho de que si el programa para bloquear el chip no funcionaba, su cabeza explotaría en miles de pedazos.

Cuando llegaron a la parte más alta del edificio, Vegeta nuevamente la tomó en brazos y corrió hacia uno de los tantos sectores de despegue de naves. Por el movimiento del lugar, Bulma dedujo que ya se sabía del intento de fuga, pero estaba segura que todo este escándalo era por Vegeta, no por ella, una simple esclava. No pudo evitar sonreír cuando vio dos naves esféricas, y junto a ellas, a Nappa y Raditz… también había un grupo de guardias y soldados menores muertos en el suelo con los cuellos quebrados, pero se quedó con la imagen de los dos hombres que jamás pensó que se alegraría tanto de ver.

—Ya estaban tardando mucho —dijo Nappa.

—¿Se quedaron en el ascensor recuperando el tiempo perdido? —preguntó Raditz mirando a Bulma e ignorando la cara de pocos amigos que le puso Vegeta.

—Seguramente ya imaginaste todo —respondió Bulma.

—Con lujo de detalle.

—Ya saben lo que tienen que hacer —dijo Vegeta a los guerreros.

—¿Le sacaron los gps a las naves? De lo contrario nos encontrarán enseguida —dijo Bulma preocupada. No tenía ninguna herramienta consigo para quitar los aparatos.

—Las naves no son para nosotros —respondió Vegeta, y le pasó a Raditz la pulsera que le había quitado hace un rato.

—Nosotros nos iremos en las naves para despistarlos, nos encargaremos de quienes nos sigan, y luego nos reuniremos con ustedes —dijo Raditz.

Los hombres se apresuraron en meterse a las naves para activarlas y salir del lugar. Bulma volvió a sonreír. Nunca, en todo el tiempo que llevaba planeando escapar, pensó que su fuga sería de esa forma y con tres poderosos saiyajin,.

Antes que las naves partieran, Vegeta tomó de la cintura a Bulma, se elevó y voló por el lugar hasta alejarse de la torre y las luces que podían delatarlos. Bulma se aferró a su cuello, pero se sintió segura ante el agarre firme del hombre. Jamás había observado la torre desde arriba, y pese a todo los horrores que vivió, no pudo evitar maravillarse por sus dimensiones que no lograban apreciarse del todo desde su interior. El viento de la noche revolvió los cabellos de ambos y el gélido aire casi congeló su débil cuerpo, pero nada de eso importó, Vegeta continuaba alejándose, la torre se iba haciendo cada vez más pequeña y de alguna manera menos aterradora. Miró hacia arriba cuando las naves esféricas en las que iban Nappa y Raditz pasaron volando a toda velocidad y pronto las perdió de vista. El chip no se había activado pese a lo lejos que se encontraban, lo que quería decir que había funcionado.

—Lo lograste —susurró Vegeta contra su oído.

—Sí —respondió Bulma sonriendo, con los ojos brillosos. Dejó de mirar la torre, eso ya era parte del pasado y se concentró en las luces de la ciudad a la que se dirigían. Mientras eso pasaba, su mejilla se estrechó contra la de Vegeta.


Continuará…


Hola a todas. Gracias por llegar leyendo hasta el final. Pude cumplir y subir un capítulo, así que estoy feliz. La verdad es que no tardé mucho. Este capítulo tenía 7 escenas, mientras que uno de El Legado puede llegar a tener de 20 a 30, para que se hagan una idea.

Bien, espero que se hayan puesto al día o que tengan buena memoria, porque ya no queda nada para que termine esta historia. Solo dos capítulos: el final y el epílogo.

Se me había olvidado lo mucho que me gustaban Raditz y Nappa en este fic jajajajaj. Qué manera de disfrutar escribiendolos, y por fin Nappa consiguió montar a su diosa de la guerra y de paso la mujer menospreció al no tan alto de Raditz jajajajaj.

Bulma por fin pudo darse a la fuga, y mucho mejor de lo que pensaba, con Vegeta, pero aún queda por saber cómo lo harán, porque les recuerdo que ese chip que tiene Bulma aún puede activarse si intenta dejar el planeta. Así que aún falta historia por leer, y saber si siguen caminos separados o continúan juntos.

Ah! Para la que no sepa, les cuento que hace una semana actualicé El Legado con el final de su segunda parte, y además hay plazo hasta su próxima actualización para participar en el concurso.

Y bien. Ojalá que les haya gustado y espero con ansias sus comentarios.

Que estén muy bien.

Dev.

17/09/21.