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Perseverancia
9
Ayuda Mutua
Con que me des un soplo de tu vida
Sálvame la mía
No me dejes alejar
Me disuelvo en el suelo de rodillas
Sálvame la vida
Cúbreme de espejos
Nunca dejes de brillar
(Lucybell / Sálvame La Vida)
—Siempre había querido venir a este planeta porque me habían dicho que tiene uno de los mejores mercados negros para comprar tecnología de diferentes planetas, pero nunca lo hice —comentó Bulma mientras miraba la por la ventana de la habitación en la que se habían ocultado. La noche duraba muchas más horas que el día, por lo que siempre había movimiento en las calles iluminadas por el neón de los negocios y propagandas gigantes que parecían tocar el cielo—. En ese momento no sabía que terminaría de esclava para Freezer, y aún no sé si podré irme de aquí.
Continuó mirando hacia el exterior desde el tercer piso de su habitación. Estaba desnuda, pero con un cobertor sobre su cabeza protegiendo el resto de su cuerpo.
—Nos encargaremos de eso —respondió Vegeta desde la cama—. Buscaremos a alguien que te quite el chip y podremos irnos de este maldito lugar. —A diferencia de Bulma, él no necesitaba cubrir su cuerpo desnudo del frío, ya que podía resistir temperaturas extremas.
—Eso es lo que no me gusta —comentó, y regresó a la cama junto al guerrero—. Dejar que alguien me abra mientras estoy dormida… ¿Me vas a cuidar? —susurró mimosa, pegando su cuerpo sobre él.
—Lo he estado haciendo —dijo sin entender el juego de la chica.
—Tienes que decir que sí, entonces yo voy a caer rendida a tus pies —explicó mientras se sentaba sobre él y dejaba caer la manta. Le gustaba cómo la miraba cuando estaba desnuda, como si no pudiera haber nada más importante a su alrededor, y en cierto modo era así.
—Voy a cuidarte —dijo con dificultad con la mandíbula tensa cuando Bulma tomó su miembro para estimularlo.
—Eso era lo que quería escuchar —respondió sonriendo, complacida. Se sentó sobre su erección y se inclinó para que sus torsos se juntaran y pudieran besarse. Le encantó sentir las manos del hombre en su piel, en la cintura y los muslos, tomándose el tiempo para acariciarla mientras se mecía sobre él.
Dejaría los problemas para otro día. Ahora tenía que disfrutar de su primera noche libre, y lo haría en grande.
(...)
—Muy bien, ¿tienes alguna idea dónde buscar? —dijo la joven a Vegeta mientras caminaban por las calles pobladas. Si no fuera que estaban escapando y tenían que preocuparse de quitarse el chip, estaría vuelta loca yendo de un lugar a otro, comprando cosas para su computador y sus naves. ¡Qué nostalgia! De pronto recordó sus prototipos de nave y sus trabajos que hacía con su padre. Tan solo esperaba que estuvieran bien y que no la creyeran muerta, ese era su mayor temor.
—Tengo una idea —comentó concentrado a su alrededor en caso de que algún guardia apareciera—. No suelo hacer este tipo de cosas.
—¿Entonces es la primera vez que salvas a una damisela en aprietos? —preguntó sonriendo, tomándolo del brazo. Se sentía tan extraña haciendo algo tan simple como caminar por la calle con un hombre del brazo. Había pasado tanto tiempo secuestrada que en algún momento llegó a pensar que jamás volvería a la normalidad.
—¿Qué tengo que decir ante esa pregunta? —consultó levantando una ceja. Sí que tenía que fijarse en la mujer más extraña de todas.
—Tan solo di que sí —respondió sonriendo. De entre todos los hombres que habitaban la gigantesca torre de Freezer, tenía que fijarse en el hombre con las peores habilidades sociales. En el tiempo que pasó conociendo a los tres saiyajin, notó que hasta el gigante de Nappa tenía más conocimientos en el arte de amar.
—Está bien —dijo levantando las cejas, resignado. No estaba acostumbrado a caminar con alguien tan arrimado a su cuerpo, pero ya que no se le hizo incómodo, el lugar era peligroso y aún existía la posibilidad que los encontraran al seguir metidos en el planeta de Freezer, no la hizo apartarse de su lado.
—Tengo hambre —comentó la joven luego de un rato de pasar por tantos puestos de comida.
—Primero solucionemos el problema del chip, y luego comemos.
—Considerando que esta es nuestra primera cita fuera de la Torre, tienes que llevarme a un lugar elegante y pagar todo. También tendrías que regalarme flores y llevarme al cine, pero ya que estamos en una situación extraordinaria, dejaré pasar todo.
—Tu gente sí que hace cosas extrañas solo para poder coger —comentó mirándola.
—Hey, ya vas entendiendo cómo funcionan las cosas — exclamó sonriendo.
Caminaron un poco más, hasta que finalmente se encontraron con Raditz y Nappa quienes venían con sus armaduras bañadas en sangre, seguramente luego de haberse encargado de quienes los siguieron pensando que se trataba de Vegeta y Bulma.
Mientras los guerreros le informaban a Vegeta lo que había pasado, Bulma los miró con atención, especialmente cuando uno de ellos comentó lo importante que era pasar desapercibido hasta el momento de salir del planeta, ya que en cuanto Zarbon se enteró que Vegeta había desaparecido junto con una esclava, mandó a muchos guerreros en su búsqueda.
—Esperen un momento —dijo Bulma interrumpiéndolos—. Así nunca vamos a pasar desapercibidos.
—¿Así como? —preguntó Nappa.
—Mirense —exclamó, y miró a la gente que los miraba de reojo al pasar. Sí, era común ver a guerreros en este lugar, después de todo la torre de Freezer quedaba a unas horas de distancia, pero verlos con las ropas rojas de sangre era algo que no pasaría inadvertido con facilidad—. Tienen que deshacerse de estas ropas, todos, incluso tú, Vegeta.
—¿Por qué yo? —preguntó cruzándose de brazos.
—Porque tenemos que mezclarnos con la gente de este lugar. Y si los tres visten ropa que se usa en aquí va a ser más difícil encontrarnos… Yo también tengo que quitarme estas tiras horrendas, muero por ponerme algo con más estilo y bonito —dijo pensativa, y luego agregó llena de energía—. ¡Está decidido! Vamos por ropa nueva y luego vemos cómo sacarme el chip. Si me va a explotar la cabeza, al menos quiero estar bien vestida. Vamos. —Caminó decidida a encontrar alguna tienda de ropa, mientras que los tres hombres la miraron.
—La jefa ya habló, vamos —dijo Raditz sonriendo. Le encontró la razón a Bulma, y ya que habían decidido escapar del planeta y de Freezer, qué más daba hacer algo fuera de lo común.
Vegeta se limitó a gruñir, y terminó cediendo cuando incluso Nappa fue detrás de la mujer.
—¿Ya estás listo? —preguntó Bulma fuera del vestidor de hombres.
—Aún no… Esta ropa es incómoda y poco práctica —respondió Vegeta desde el otro lado.
No había sido problema encontrar una tienda de ropa. Lo que les había tomado más trabajo era encontrar el pasillo para cuerpos como los de ellos, ya que en esta área del planeta habían razas de todo tipo y tamaños, con tantas extremidades posibles, y no había tiempo como para cortar los brazos extras de una chaqueta.
—Voy a entrar para ver —dijo sonriendo, pero no lo hizo, solo para molestarlo. No podía creer que un hombre adulto como él tuviera tanto problema para escoger algo de toda la ropa que le había pasado.
—No lo hagas, aún no termino.
—¿Qué pasa? ¿Te da vergüenza que te vea desnudo? —preguntó más concentrada en su reflejo en el espejo que tenía al frente, que en Vegeta. Había escogido un lindo vestido negro corto con una chaqueta roja, todo muy juvenil, además de tenis. De contar con más tiempo se hubiera probado la tienda entera y hubiera comprado todo, pero había otras cosas que hacer.
—Ya casi termino —se limitó a responder.
—Pues fíjate que Raditz y Nappa ya están listos con la ropa que les escogí, y se ven más guapos que nunca —comentó viendo a los hombres que se miraban al espejo como si fuera la primera vez que tuvieran uno al frente. Aparentemente toda su vida habían usado solo los uniformes de combates, primero los de su extinto planeta y luego los que Freezer les hizo usar.
Raditz vestía un suéter amarillo ajustado y pantalones oscuros, mientras que Nappa se había arriesgado más, con pantalones cortos de jeans, una camiseta blanca y una camisa rojo con negro que dejó sin abotonar. La verdad es que no se veía mal, pese a que le había costado mucho encontrar algo de su tamaño.
—¿Crees que le guste a mi guerrera como me veo? —preguntó Nappa en voz baja, sin dejar de mirarse al espejo.
—Le gustaste desnudo —respondió Raditz con calma, mientras amarraba su abundante cabello—. Luego de eso no creo que haya ninguna prenda en el universo que la haga rechazarte.
—Sí, tienes razón —dijo con seguridad, sin captar lo que Raditz le había dicho en realidad—. No podría verme mal.
—Déjame ayudarte —insistió la mujer, y esta vez entró al probador donde se encontraba el hombre solo con pantalones puestos.
—Te dije que no entraras —dijo Vegeta con el ceño fruncido, pero aún así se hizo un lado para dejarla cerrar la puerta.
—Te pusiste los pantalones negros —dijo en tono de reproche, mientras revisaba toda la ropa que le había dejado—. Te dejé una gama de lindos colores para escoger y tuviste que elegir los negros… Mira, dime que no te verías a la moda y guapísimo con estos pantalones rosa y la camisa amarilla —comentó sonriendo mientras le mostraba las prendas.
—Preferiría volver al escuadrón de Zarbon antes que ponerle algo así.
—Está bien, entonces… —Buscó entre las ropas y esta vez escogió algo que le hiciera juego con el pantalón, y una chaqueta más clara, para que no fuera todo tan oscuro—. Con esto te verás bien. Hazme caso, Raditz y Nappa se ven geniales, nadie pensaría que son guerreros asesinos.
Vegeta ya sabía que se sentiría incómodo con cualquier cosa que vistiera, así que simplemente las aceptó y se vistió, mientras Bulma lo observaba con atención.
—No entiendo —dijo el hombre cuando ya estaba casi listo—. Puede que te explote la cabeza en cualquier momento, incluso cuando te intenten quitar el dispositivo, y actúas como si estuvieras de compras con tu novio humano.
—Ya le di más de un año de mi vida a ese demonio de Freezer —dijo sonriendo—. No pienso darle ningún segundo más, menos si voy a morir cuando intenten quitarme el dispositivo.
A Vegeta le gustó escucharla. Pese a que no tenía poder de pelea, tenía el carácter de una guerrera saiyajin. Era lista, aguerrida y no vivía con miedo. Sí que era una mujer interesante, y le gustaba. Le gustaba mucho.
—No vas a morir —murmuró mirándola a los ojos. La tomó de la cintura y la estrechó contra su pecho. Bulma lo abrazó del cuello y besó su boca, disfrutando del momento.
—¿Vas a protegerme?
—Sí —dijo solemne.
Se besaron a gusto en aquel espacio reducido, casi recordando los viejos tiempos cuando comenzaron a tener sexo el cuarto donde guardaban los objetos de limpieza.
(...)
Luego de andar y hacer preguntas a la gente correcta, se introdujeron más en el centro de la ciudad, donde ocurrían los negocios más oscuros e ilegales, y solo tuvieron que intimidar a otro grupo pequeño de personas para terminar en una humilde tienda de tatuajes. Nappa aguardó afuera con la misión de impedir la entrada a cualquiera y de paso vigilar en caso de que aparecieran soldados enviados por Zarbon. Raditz se mantuvo en la entrada, junto con los matones que permanecían sentados en el suelo, luego que el guerrero los derrotara con un solo golpe. En tanto Bulma y Vegeta, hablaban con el jefe del lugar, un hombre de piel roja, joven, delgado y bajo, que no parecía impresionado con la exhibición de poder de los hombres.
—Entonces —dijo Bulma cruzada de brazos, con Vegeta a su lado en casi la misma pose—. Preguntamos en todos los lugares, y tú eres el mejor para quitar los chips explosivos.
—Es para quitártelo a ti, ¿no? —dijo el joven a Bulma y luego se dirigió a Vegeta—. Porque tú pareces guerrero, y a los guerreros no les implantan chips, pero definitivamente te están buscando. Tu foto ya está lista para ser enviada a los mejores cazarrecompensas.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Vegeta.
—La mujer lo dijo, soy el mejor, y siempre me meto a las computadoras de la Torre para ver a quien buscan y avisarle a mis amigos cazarrecompensas. Así me llega una parte sin haber hecho el trabajo sucio —dijo sonriendo, pero su sonrisa se esfumó cuando Vegeta se le acercó y lo tomó del cuello.
Fue tan fácil levantarlo que tuvo que controlarse para no romperle el cuello.
—Si le avisas a alguien que estoy aquí no pasas de hoy.
—No diré nada, lo prometo —balbuceó asustado ante el sorpresivo ataque, y se llevó ambas manos al cuello luego que Vegeta lo soltara.
—Zarbon está realmente enojado contigo —comentó Raditz—. Generalmente dejan pasar varios días antes de dar aviso de búsqueda, algunas veces ni siquiera lo hacen.
—La recompensa es de diez millones de créditos, y te quieren vivo —comentó el joven ya de pie, y retrocedió lo que pudo para alejarse de Vegeta.
—¡Diez millones! —exclamó Bulma.
—Sí que te tiene ganas ese cretino —dijo Raditz sonriendo, pero se puso serio al ver la expresión de Vegeta. No, no era tiempo para bromas.
—¿Ya está mi foto circulando? —preguntó al joven que se puso detrás de una de las sillas donde sus clientes se sentaban para ser tatuados.
—No, pero pronto lo estará. Será mejor que se vayan hoy del planeta, después será difícil.
—¿Puedes o no quitarle el chip? —Más que pregunta, parecía una orden que no se podía objetar.
—Sí —respondió temeroso, pero no por eso dejaría de hacer negocios—. Pero saldrá caro. No por nada soy el mejor, tal como dijeron.
—Acepta como pago que no te rompan los dedos de las manos, niño insolente —dijo Bulma amenazante.
—Si me rompen los dedos no podré quitarme el chip. Los necesito todos para poder trabajar —dijo, y mostró ambas manos, cada una con cinco dedos y dos pulgares.
—Hazlo entonces —dijo Vegeta. Sacó del bolsillo una tarjeta y se la arrojó—. Con eso será suficiente y te tendrá el hocico cerrado con los cazarrecompensas.
Pese al miedo, el tipo se acercó y tomó la tarjeta.
—¿Es tuya? Si la uso vendrán por mí.
—¿No eres tan inteligente? Haz algo para que no te atrapen.
Los hombres y Bulma vieron al chico poner la tarjeta en una ranura de su computador, sobre uno de los mesones de vidrio donde vendía toda clase de piercings y otros adornos para el cuerpo. Por la cara que puso, supusieron que ya había aceptado el pago.
—Con esto puedo darle el mejor tratamiento a tu novia —dijo sonriendo.
—Comienza ahora —ordenó el príncipe saiyajin.
—No puedo. Necesito ir por los instrumentos y avisar a mi asistente. Hago el procedimiento aquí, pero tengo todo guardado en diferentes lugares para que no me atrapen. Si saben que le quito los chips a los esclavos de la Torre me matan.
—¿Cuándo entonces? —preguntó Bulma.
—Mañana, a esta misma hora —dijo fascinado, con la tarjeta en su mano. Con la cantidad de créditos podría quitarle el chip a al menos cien personas.
—¿Cómo sabemos que no vas a escapar? —interrogó la joven.
Antes que respondiera, Vegeta ya le había arrebatado la tarjeta de la mano sin que se diera cuenta.
—Mañana luego del procedimiento y si sigue con vida, te daré la tarjeta —dijo Vegeta.
—¿Y cómo sé yo que no se van a ir sin pagar?
—Niño —intervino Raditz con su característica sonrisa—. Conocemos cientos de formas de torturarte sin dañar tus preciadas manos. Agradece que estamos teniendo una conversación civilizada. —De pronto su sonrisa se esfumó y lució incluso igual de intimidante que Vegeta—. Pero no abuses de nuestra paciencia. Somos saiyajin, unos créditos no significa nada para nosotros que podemos conquistar planetas enteros.
Nuevamente el miedo se apoderó del joven.
—Lo siento, no sabía que eran saiyajin —comentó nervioso, y los apuntó—. Como siempre visten armaduras, no me di cuenta…
—Hey, Bulma, tenías razón respecto a la ropa —dijo Raditz nuevamente amistoso.
—Siempre tengo la razón —respondió altanera.
—Vuelvan mañana en la noche. Yo me encargaré del chip, lo he hecho cientos de veces, y no busquen a nadie más, esos créditos ya son míos.
—Si nos mientes te encontraremos —sentenció Vegeta con voz ronca.
—Estaré aquí —respondió temeroso. Ahora incluso la mujer le provocaba miedo.
Cuando Raditz abrió la puerta para retirarse, Nappa ingresó, asustando mucho más al joven al ver tremenda montaña de músculos caminar hacia él.
—Estaba pensando —dijo Nappa mirando a Bulma—. ¿Si tatuo el nombre de mi guerrera en mi pecho le gustará o pensará que es raro? ¿Qué dices? Después de todo gracias a ti pude montarla.
El rostro de Bulma se deformó de solo imaginar aquella escena, mientras que Vegeta se llevó la mano a la sien por el dolor de cabeza que le provocó y Raditz soltó una carcajada.
—No, por nada del mundo hagas eso —respondió. Se apresuró en salir de la tienda, esperando que el chico continuara intimidado pese a la inoportuna intromisión de Nappa.
(...)
—Cuéntame más —dijo Bulma luego de beber otra copa de alcohol color rosa sin pestañear—. Conociste a Vegeta de pequeño, ¿verdad?
Ya que les quedaba un día entero para esperar, decidieron que lo mejor sería hacer hora al interior de una taberna oscura y atestada de gente en lugar de aguardar encerrados en una habitación aburrida.
—Claro que sí —respondió Nappa, que tenía la parte de su mesa con jarras de cerveza y la misma bebida de Bulma. Jamás había pedido tragos de ese tipo por considerarlos de mujer, pero luego de una probada, solo pidió de esos—. Era tan pequeño que todos creían que había nacido con un problema o algo…
—Ya basta, Nappa —dijo Vegeta, pero Bulma le puso la mano en la pierna en forma de cariño.
—No seas así, me está contando de tu infancia. Tú jamás me has dicho nada —y agregó en voz baja—. ¿Quieres que siga contando sobre su enamorada?
—Ninguna de las dos cosas, y no hay nada que decir —dijo con las mejillas rojas. No lograba entenderlo, en otra circunstancia parecida hubiera golpeado a Nappa o se hubiera marchado, pero realmente tenía ganas de estar con la mujer, aunque fuera bajo una situación tan humillante.
—¿Pero no tenía nada malo, verdad? —preguntó la joven a Nappa ignorando a Vegeta, pero continuando el cariño en su pierna.
—No, nada. Era un príncipe prometedor, con un gran poder de pelea, solo que bajito.
Bulma sonrió enternecida al imaginar a Vegeta en versión bebé.
—¿Y todos los saiyajin son altos como ustedes? —consultó curiosa.
—Es lo normal —respondió Nappa, mientras Raditz estaba ocupado coqueteando con la mesera que les traía la comida y la siguiente ronda de tragos—. El príncipe Tarble también era bajo, creo que lo heredaron de la reina…
—¿Tienes un hermano? —preguntó sorprendida, directamente a Vegeta, que se había puesto a comer.
—Sí —se limitó a decir.
—¿Y qué pasó con él?
—Debe haber muerto en la explosión del planeta —respondió Nappa.
—Pero no están seguros —insistió la joven.
—La verdad que no. Hasta el día de hoy no hemos visto ningún otro saiyajin —dijo el grandote, tomando otra copa de vodka rosa.
—¿Y no les da curiosidad saber si hay algún otro sobreviviente? No creo que todos los saiyajin estuvieran en el planeta cuando explotó, además en algunos sectores del planeta debieron tener más tiempo para escapar.
—Eso no lo había pensado —murmuró pensativo.
Bulma le iba a hablar a Raditz cuando se dio cuenta que su silla se encontraba vacía. Había desaparecido, al igual que la mesera.
—¿Y mi comida? —dijo haciendo un puchero.
(...)
—Hace mucho tiempo que no lo pasaba tan bien —exclamó la joven en cuanto entraron al cuarto, evidentemente pasada de copas, incapaz de dar más de dos pasos hacia adelante sin irse hacia el lado. Vegeta alcanzó a tomarla en brazos justo después que tropezara, evitando que se golpeara.
—Sí que tienes un cuerpo débil —comentó, y la llevó a la cama donde la lanzó, haciendo que la joven riera en voz alta al chocar contra el colchón.
—Pero aún tengo energía para tener sexo brusco contigo.
—Es lo más sensato que he oído esta noche.
—No bebía así en tanto tiempo —exclamó contenta y relajada, como si mañana no la fueran a abrir y quitar una mini bomba de la nuca—. No sabía que los saiyajin podían ser tan divertidos.
—Horas y horas de diversión —dijo cínico. Se quitó la ropa para meterse a la cama, mientras que Bulma continuó tendida, sin poder moverse por el exceso de alcohol en su cuerpo.
—¿Dime, no te da curiosidad buscar a tu gente, o al menos a tu hermano?
—No me doy tiempo para pensar en esas cosas —respondió.
—¿Ni siquiera a tu hermano?
—Si él estuviera con vida podría haberme buscado.
—Quién sabe, tal vez también estaba esclavizado en alguna otra torre de Freezer, en otra parte del universo… Yo si fuera tú buscaría a mi gente, o al menos a mi hermano. —Se recargó en su pecho desnudo en cuanto se acostó a su lado—. Por eso necesito salir de este planeta con tanta prisa, de lo contrario no me importaría quedarme contigo unos días más.
—¿Sí? —Se movió un poco para poder mirarla, y ella continuó cómodamente sobre su pecho conversando.
—Sí, pero necesito buscar a mis papás. Espero que aún estén en mismo planeta que solíamos vivir antes que me raptaran, porque viajamos mucho por el trabajo de papá. Estaba empecinado en montar su propia Corporación Cápsula, como la que tuvo en nuestro planeta natal.
—¿Qué pasó ahí?
—Invadieron el planeta, ya no era seguro vivir ahí y nos fuimos en cuanto se dio la oportunidad —dijo intentando hacer un resumen poco doloroso—. Por eso tengo que ir por ellos, espero tener suerte, pero ha pasado tanto tiempo que temo que piensen que esté muerta.
—Los encontrarás —dijo, y posó la mano sobre la cabeza de la joven. Estuvo un rato mirando su cabello hasta que se decidió a acariciarlo.
—Eso espero… Espero lo mismo para tí, que encuentres a tu gente, o al menos a tu hermano. Mañana, si todo sale bien, estaremos lejos de este planeta.
Vegeta continuó con la caricia mientras miraba el techo y meditaba. Le gustaba la idea de irse de este planeta y no volver más. Debido al brusco despertar que tuvo gracias a Bulma, ahora tenía una posibilidad de opciones por hacer, y no se le hacía del todo descabellado buscar a los saiyajin sobrevivientes. Lo que no le agradó fue saber que, tal como Bulma acababa de decir, mañana a esta misma hora, estarían tomando diferentes caminos. Pese al poco tiempo juntos, se había acostumbrado a estar con ella, y no quería dejarla ir. Nunca le había gustado ni interesado tanto una mujer, por lo que no sabía qué hacer o decir en un momento como este que les quedaba tan poco. Si estuviera en su planeta simplemente le ordenaría quedarse, pero ahora...
Regresó su atención hacia la joven al notar que llevaba mucho rato en silencio, y tal como temía, ya estaba profundamente dormida sobre su pecho. No habría noche de sexo brusco. Resignado, se levantó con cuidado para quitarle los tenis y la chaqueta, y luego la metió bajo los cobertores, ya que la noche estaba demasiado fría para su delicado cuerpo. Pronto también se dormiría.
(...)
Pese a ser un esclavo más, pero con beneficios, Vegeta podía tener sus propios horarios, en cambio Bulma no. A cierta hora, muy temprano, las hacían levantar para comenzar el día e ir a trabajar, y a la misma hora, todas las noches, tenía que estar en su cuarto para dormir. Esa última regla siempre lograba esquivarla, especialmente cuando logró conseguir el disfraz del soldado Brief, pero la otra era más difícil, ya que tenía que presentarse en su puesto de trabajo. Por eso, en su primer día libre, durmió hasta que le dio la gana, y solo despertó para desayunar, luego tener una nueva ronda de sexo con Vegeta y volvió a dormir sin tener que preocuparse de la hora. Ese tipo de pequeños placeres significaban demasiado luego de haber pasado tanto tiempo esclavizada. No había nada como volver a tener control de su vida y cuerpo.
Cuando finalmente se levantó, mucho después que Vegeta, el sol ya se había marchado hace rato. Aún quedaban unas horas antes de ir a que le quitaran el chip, por lo que buscarían un lugar para comer, y así mantenerse ocupados en algo y no pensar en la intervención que la tenía un poco nerviosa. Mientras revisaba que su vestido corto no tuviera ninguna arruga, no vio a los dos hombres que estaban asomados en la ventana desde afuera, pese a encontrarse en un tercer piso sin balcón.
No tuvo tiempo para reaccionar cuando los vidrios de la ventana salieron disparados acompañados de un ruido violento que la alertó para cubrirse. Lo que siguió fue que uno de los hombres la tomara de la cintura y la jaló con violencia fuera del cuarto, por la misma ventana destrozada. Afortunadamente para la joven, su grito interrumpido por una mano enguantada negra, alcanzó a ser escuchado por Raditz, que iba camino a su cuarto.
—¡Suéltame! —gritó Bulma golpeando al hombre vestido completamente de negro, con casco incluido. El tipo, que llevaba armas y toda clase de objetos en su cinturón, abrazó a Bulma y aprisionó sus brazos para que dejara de molestar.
La joven supo enseguida que eran hombres contratados por Zarbon, pues los había visto otras veces en la Torre entregando algún guerrero o soldado de importancia. Estos sujetos eran demasiado poderosos como para estar ahí por ella, lo que significaba que debían haberla visto con Vegeta y la estaban usando de carnada. Pese a la velocidad que iban, logró contar a cuatro más volando hacia la misma dirección, y para su alivio, a lo lejos vio a los tres saiyajin intentando alcanzarlos.
Le sorprendió lo veloces que eran, tanto que ni siquiera los guerreros lograban darle alcance, por lo tanto decidió no quedarse quieta y hacer algo al respecto. Pese a estar inmovilizada, y no poder ver bien debido al violento viento que azotaba su cabello, con la mano palpó los cinturones del hombre, hasta que logró tocar algo de utilidad. Pudo sacar una pequeña daga que le enterró a la altura de la entrepierna, provocando que la soltara ante la sorpresa del ataque. Eso le había pasado por subestimarla.
Bulma cayó en picada desde una altura considerable, y aún estando presa del pánico, alcanzó a ver a otro de los hombres volar hacia ella para alcanzarla. Justo en el momento que iba a tomarla, sintió un par de brazos grandes y fuertes afirmarla de manera sobreprotectora, al mismo tiempo que una mancha oscura se lanzaba contra el cazarrecompensas que intentaba tocarla.
—Te tengo —exclamó Raditz deteniéndose en el aire, lo que permitió que Bulma pudiera ver a Vegeta atacando al hombre—. Tranquila —dijo Raditz relajado, como siempre—. Seguramente te querían para llevarnos de vuelta con Zarbon, pero son muy pocos para detenernos a los tres.
Antes que Bulma pudiera decir algo, Raditz la soltó para enfrentarse a los tipos que se lanzaron todos al mismo tiempo contra Vegeta. Esta vez el grito de Bulma fue mucho más corto, ya que Nappa la atrapó casi enseguida.
—¡Déjame en tierra firme antes de ir a pelear! —gritó Bulma adelantándose a Nappa. El guerrero obedeció, tal como si su reina le hubiera dado una orden.
—Quédate aquí, no tardaremos mucho —dijo Nappa luego de dejarla en la azotea de un edificio y voló para ayudar a sus compañeros.
—Claro que no me moveré de aquí —respondió aún con el corazón exaltado. Desde donde estaba le era difícil ver la pelea, ya que estaban demasiado elevados y solo alcanzaba a divisar destellos de los ataques que realizaban.
No le quedó otra opción más que permanecer ahí y esperar que los saiyajin fueran tan poderosos y temibles como decían ser. Los minutos pasaban y pasaban y ya casi le dolía el cuello de tanto mirar hacia arriba sin saber qué estaba pasando, hasta que una explosión iluminó parte del cielo sobre su cabeza y logró divisar un par de siluetas que identificó enseguida como Vegeta y Raditz. Era imposible no distinguir las singulares formas de sus cabellos.
—¡Sí! —gritó contenta, dando brincos, pero pronto debió alejarse del lugar, corriendo horrorizada cuando partes de cuerpos y vísceras comenzaron a caer cual lluvia por sobre la azotea—. ¡Son unos salvajes! —exclamó cuando los tres saiyajin descendieron. Todos con algunas heridas y la ropa un poco estropeada, pero bien.
—Intentamos pedirles que por favor no nos molestaran más, pero no nos hicieron caso —dijo Raditz bromeando—. Tuvimos suerte que fueran ellos los que nos encontraron, porque por mucho que nos duela, no podemos hacerle frente a Zarbon, ni siquiera los tres.
—¿Estás bien? —preguntó Vegeta, yendo hacia la joven para revisarla, ignorando sus reclamos.
—Sí —respondió más tranquila, pero evitando ver toda la sangre y miembros repartidos por el lugar.
—Te dije que te cuidaría —susurró mientras revisaba que no tuviera ninguna herida.
Ese comentario hizo que a Bulma le brillaran los ojos.
—Vegeta —susurró encantada, y tomó al hombre de las mejillas para besarlo con pasión.
El príncipe se sorprendió por aquella muestra frente a sus compañeros, pero no rechazó a Bulma, sin embargo se aseguró de que le dieran privacidad.
—¿Qué están mirando? —exclamó molesto y avergonzado—. ¡Vayan a otro lugar!
—Está bien, pero háganlo rápido, tenemos que escondernos ya —dijo Raditz.
En cuanto los guerreros se alejaron de la azotea, Vegeta permitió que Bulma volviera a besarlo.
(...)
Bulma intentó calmarse una vez que estuvo sentada en la silla especial que la dejaba algo inclinada hacia abajo, y tenía una agujero en el respaldo para apoyar su rostro y pudiese ver hacia el otro lado, algo así como las camillas de masajes. No podía creer lo ordenado y pulcro que se veía este cuarto trasero de la tienda de tatuajes en comparación con el negocio mismo, al menos eso la tranquilizaba. Eso, y que Vegeta estaba en el lugar.
—¿Seguro que eres el mejor? —preguntó la joven
—Claro que sí —respondió el chico. Tenía un delantal negro que hacía juego con los guantes ajustados del mismo color que se estaba poniendo y aparentaban ser de latex—. Llevo haciendo esto por treinta y cinco años, y tengo el porcentaje de muerte más bajo entre mis colegas.
—Eso me calma… creo —murmuró, y luego reaccionó—. ¿Treinta y cinco años? ¿Qué edad tienes?
—Mi raza goza de envejecimiento lento. Suelen confundirme con un chico a menudo. ¿Estás lista? —preguntó y su asistente, otro hombre, aparentemente muy joven se puso a su lado con la bandeja con los instrumentos.
—Sí —dijo—. ¿Voy a dormirme?
—No, estarás despierta todo el tiempo, pero no vas a sentir nada, tranquila… Ahora no te muevas…
—Recuerda —dijo Vegeta que se encontraba de pie junto a la puerta—. Si le pasa algo, los dos tendrán muertes lentas, y me aseguraré que sientan todo.
—Vegeta, ven —pidió Bulma estirando la mano. El hombre obedeció, y se sentó frente a la chica, quedando casi a la misma altura. Y ya que insistió, le pasó la mano y continuó con cara amenazante. Mientras que Raditz y Nappa se encontraban afuera esperando y haciendo guardia.
—Esto va a ser rápido —susurró concentrado mientras amarraba el cabello de Bulma para que no le molestara, y luego tomó la jeringa con la anestesia, similar a un lápiz grueso.
—Estoy asustada —dijo Bulma, y apretó la mano del hombre en cuanto sintió el pinchazo en su nuca—. Y ahora me duele.
—¿Eso es normal? —preguntó Vegeta sin soltar la mano de la chica.
—Sí, lo es… —respondió concentrado haciendo su trabajo—. Es por eso que no dejo que entren los novios o novias de los pacientes, siempre se ponen tan melodramáticos.
—Deja de hablar —ordenó Vegeta—. Si no quieres que…
—Sí, lo sé, lo sé, me vas a quebrar el cuello… Ahora déjenme hacer mi trabajo…
—Aunque no lo creas, hubieras sido un muy buen novio —comentó Bulma con los ojos brillosos. Efectivamente no sentía lo que le estaban haciendo, pero aún le dolía mucho la inyección.
—No estés nerviosa, va a pasar rápido.
—Es que tengo miedo de morir y no ver a mis papás. Tienen que estar sufriendo mucho, creyendo que estoy muerta, quiero verlos y decirles que estoy bien, y que durante mi encierro no lo pasé tan mal, especialmente cuando te conocí.
—¿Vas a decirles cómo nos conocimos? —preguntó levantando una ceja. Había tantas costumbres diferentes entre razas que no sería sorpresa que contara a sus padres detalles indebidos.
—No, como crees —respondió riendo con suavidad—. Voy a emitir cierta información, especialmente todo el sexo candente y duro que tuvimos antes de comenzar a conversar. Les voy a decir que conocí un príncipe guapo, con cero conocimientos en las relaciones interpersonales, pero que pese a eso lo hizo muy bien, y lo mejor de todo es que me ayudó a escapar de ese infierno.
—También me ayudaste —confesó mirándola a los ojos—. Estamos a mano.
—Fuiste un buen novio, el mejor que he tenido, y eso que ni siquiera sabías lo que había que hacer. —Apretó su mano nuevamente cuando el dolor aumentó.
—Sigo sin entenderlo.
—Lo siguiente sería conocer a mis padres. Claro, si los encuentro —agregó con lágrimas en los ojos. Estaba demasiado nerviosa. Recién ahora sentía todo el peso de lo que le había ocurrido, desde el rapto, las amenazas de muerte que no cesaron hasta que aceptó su destino, todo el tiempo trabajando encañonada, los malos tratos, los negocios que hizo con otras mujeres que iban y venían. El momento en que puso los ojos en Vegeta y se encaprichó con él… Y de pronto tuvo miedo que terminara. No quería morir, le faltaba mucho por vivir y hacer.
—Eres fuerte, vas a salir de esta también y vas a encontrar a tus padres —respondió Vegeta, intentando controlar sus emociones, lo cual nunca había sido difícil, sin embargo, vio a Bulma tan nerviosa, que terminó contagiado.
—¿Y vas a buscar a tu hermano? —dijo con voz temblorosa.
—Lo haré —respondió acariciando su mano.
—¿Y te gustaría conocer a mis padres?
—¿Es lo que hacen los novios, no?
—Sí, eso es lo que hacen.
—No parece difícil —dijo pensativo.
—Espera a conocer a mis padres, en especial a mi mamá… Estoy segura que te va a amar, lo cual no sería bueno para ti.
—Bulma… —dijo, pero no continuó, pese a que desde anoche tenía intenciones de hacerle un ofrecimiento importante.
—Por favor, no dejes de hablar.
—Sí, claro —aclaró la garganta, complicado—. Ya va a terminar —dijo con dificultad, sin atreverse.
—No se siente así.
—Yyyy terminé —dijo el hombre con aspecto de joven, justo en el momento que dejaba la pequeña tenaza sobre la bandeja de metal, al lado de la minúscula cápsula que había estado metida en la nuca de Bulma.
—¿Eso fue todo? —preguntó Bulma sorprendida, ya que había estado a punto de pedirle a Vegeta que buscara a sus padres en caso de que no sobreviviera la cirugía.
—Sí. Los que tienen por años esos dispositivos son los más difíciles de sacar y fallan porque están más adheridos a la carne. Solo estaba haciendo tiempo, pensé que tu novio se iba a declarar, o proponértelo, pero veo que se acobardó. Ya puedes moverte.
Vegeta murmuró una serie de improperios, pero no golpeó al sujeto. Dejó la tarjeta prometida sobre un mueble y ayudó a Bulma a levantarse de la silla. Lo único que tenía en su nuca era un parche blanco de no más de cuatro centímetros.
—¿Entonces me puedo ir? —preguntó sin poder dejar de sonreír.
—Eres completamente libre. Tan solo evita tener sexo duro y candente en los próximos días.
Bulma sonrió con más ganas. No podía creer que era libre para ir por sus padres.
—Ya vamos —dijo Vegeta. —Para asegurarse que no hiciera ningún movimiento brusco, tomó a la joven en brazos y abandonó el lugar.
(...)
—No puedo creer que te vayas, pensé que serías nuestra nueva reina —dijo Nappa, aún con la ropa de civil que Bulma había escogido para él. Los tres hombres continuaban con sus "disfraces", y lo único que los delataba como guerreros, eran las naves esféricas que aguardaban por ellos a unos cuantos metros en aquel terreno solitario, donde las habían escondido. Pero no solo había dos, ya que antes de reunirse con Vegeta y Bulma, se habían encargado de robar dos más, una para cada uno.
—Tengo mucho que hacer —respondió Bulma sonriendo—. Pero eso no significa que no pueda ser tu reina. Pasé mucho tiempo como esclava, necesito dejar eso atrás.
La joven no se esperaba la muestra de afecto de aquel hombre inmenso que la estrechó en sus brazos y la levantó por unos segundos, para luego soltarla, recobrando la compostura de guerrero fiero.
—Lo siento —dijo intentando lucir serio—. Debe ser esta ropa, que me hace comportar indebidamente.
—Está bien —dijo de excelente humor—. Fue un gusto conocerte, y espero que puedas volver a ver a tu guerrera.
—Somos el uno para el otro, así que volveremos a vernos —dijo con total seguridad, pero enseguida se vio un tanto confundido—. Sigo pensando que la idea del tatuaje era lo más inteligente que podía hacer.
—Jamás eso va a ser una buena idea, confía en mí.
—Está bien, después de todo tú eres la inteligente.
—Muy bien —dijo Raditz acercándose a Bulma, mientras Vegeta continuaba un poco alejado y de brazos cruzados, mirando las cuatro naves—. Es hora de decir adiós. Te besaría, pero no quiero enfrentar las consecuencias cuando te vayas y quedemos solos con Vegeta.
Bulma simplemente le sonrió y abrazó a Raditz de la cintura. Sí que era alto el hombre, pero se sintió agradable sentirlo sin armadura.
—Muchas gracias por ayudarme.
—No fue nada —respondió, y cuando se separaron tomó su mano y la besó como todo un caballero—. Tan solo no te olvides de nosotros, yo no la haré, siempre tendré presente al soldado Brief y lo bien que le quedaba ese traje ajustado.
—¿Verdad que sí?
—Sí, incluso pese al bigote. Y sé que él tampoco te va a olvidar —mencionó apuntando con el mentón a Vegeta.
—Yo tampoco. A ninguno de ustedes.
—Muy bien —dijo Raditz a Nappa—. Vamos a preparar las naves. Tenemos un viaje muy largo que hacer ahora, antes que lleguen más cazarrecompensas a molestar, o peor, el mismo Zarbon.
—Sí —respondió el guerrero, y los dos se alejaron para que la pareja tuviera algo de privacidad.
Bulma se acercó hacia Vegeta. Estaban lejos de la ciudad, las luces y las construcciones. Solo había tierra, un poco de vegetación que creció pese a las escasas lluvias, pero al menos se podía apreciar el sol saliendo por las montañas lejanas.
—¿Vas a extrañarme? —preguntó Bulma cuando ya lo tuvo frente a frente.
—Ven conmigo —dijo Vegeta finalmente. Era una idea que se le había metido en la cabeza, y no se había atrevido a decir antes. Pero ya que había recuperado su tenacidad, no iba a quedarse callado aunque eso significaba dejar caer las barreras que siempre tenía bien puestas. Después de todo, esta mujer había provocado mucho en él, y valía la pena.
Bulma lo abrazó y besó. Mientras amanecía allá en la lejanía, se besaron con calma, disfrutando de la boca del otro, acariciándose a través de ese beso, dejando la pasión de lado y trayendo otros sentimientos a flote. Sentimientos que serían capaces de florecer si tan solo tuvieran tiempo.
—Me encantaría —susurró, y recargó su frente contra la de él, tomándolo del rostro con ambas manos—. Pero no puedo. Tengo que encontrar a mis padres, y ustedes tienen que descubrir qué van a hacer con su vida.
—¿Hay algo que pueda hacer para hacerte cambiar de opinión? —Si estuviera en su planeta, simplemente ordenaría que se quedara a su lado, pero conociéndola, sabía que esa orden no significaría nada si no deseaba estar con él.
—Acepta esto —dijo, y sacó del bolsillo lo que parecían ser dos pequeños audífonos inalámbricos—. Uno es para ti, y el otro para mí, así podemos continuar en contacto, y no sentirnos tan solos.
—¿De dónde lo sacaste? —preguntó curioso, y tomó uno de los pequeños aparatos.
—El tipo de la tienda de tatuajes. Ya que pagaste tanto por quitarme el chip y tenerlo callado, aproveché de pedirle algo para que pudiéramos comunicarnos, y tener sexo candente a la distancia —dijo sonriendo coqueta.
—Astuta —murmuró sonriendo también.
—Ya te dije que soy una genio, no debería sorprenderte.
Volvieron a besarse, envueltos en un abrazo apretado, despidiéndose, pero con la promesa silenciosa de que volverían a verse, ojalá más pronto que tarde, pero los dos tenían muchas cosas que hacer antes de permitir que sus caminos volvieran a encontrarse.
Cuando Bulma ingresó a su nave y la compuerta cerró, le lanzó un beso a Vegeta que continuaba, observándola. Le tomó un momento adecuarse al comando para activarlo y darle la orden de viaje. Iría al planeta donde estuvo con sus padres por última vez, antes del secuestro, y si no tenía suerte, debería moverse entre planetas que solían frecuentar, pero no descansaría hasta encontrarlos.
La nave se elevó más rápido de lo que esperaba, por lo que el último vistazo que se dieron fue fugaz, no lo que esperaban, sin embargo, aún no tenían idea que la marca que dejaron en el otro viviría más allá de su historia.
—Entonces —dijo Raditz cuando Vegeta volvió con ellos. La nave de Bulma ahora solo era una pequeña luz en el firmamento que terminó borrandose—. ¿Hacia dónde?
Vegeta miró una vez más el pequeño comunicador antes de guardarlo en el bolsillo de la chaqueta.
—Iremos a las cercanías de lo que fue Vegetasei —dijo decidido—. Comenzaremos a buscar desde ahí. Es imposible que seamos los últimos saiyajin en todo el universo.
—Será un viaje largo —comentó Nappa, emocionado ante la posibilidad de retomar sus raíces.
—Tenemos tiempo de sobra —respondió Vegeta.
Continuará…
Muchas gracias por llegar leyendo hasta aquí. Seré breve porque tengo los ojos cansados y tengo que ir a limpiar la cocina que dejé todo el día desatendida por estar escribiendo (sí, cosas de dueña de casa, muuuy aburrido)
Hasta que Bulma por fin pudo recuperar el control de cuerpo y vida, y eso también significaba que podía no terminar con Vegeta al final, ya que los dos tenían cosas importantes por hacer. Peeeeeero aún queda el epílogo para que finalice esta historia, así que tendrán que esperar para ver qué pasará con esta parejita que comenzó su relación de forma tan desordenada y poco convencional.
Es muy probable que la próxima semana actualice El Legado. Será el primer capítulo de la tercera parte, y aunque no se responden todas las interrogantes que dejó el capítulo final de la segunda parte, aclara muchas cosas, y también sucederán otras tantas más. Así que levanten las manos para enviarme su energía y así poder terminar el capítulo a tiempo (me faltan 11 escenas de un total de 26)
Muchas gracias por leer, y dejar rw.
Ojalá nos leamos próximamente, ya sea en el epílogo de Perseverancia o el próximo capítulo de El Legado.
Que estén muy bien, espero sus comentarios.
Dev.
01/10/21.
