Hola a todos! Aquí dejo otro capítulo más. Esta historia ha entrado ya en su recta final. Todavía quedan algunos capítulos por colgar pero nos estamos acercando ya al final... Poco a poco se irán cerrando todas las historias que hay abiertas...
Muchísimas gracias a todos por estar al otro lado de la pantalla dando amor a este fic.
A los nuevos, bienvenidos!
Yetsave: Mil gracias por estar ahí cada sábado! Me alegra muchísimo que te guste mi historia.
Guest: Ti assicuro che Severus non ha intenzione di lasciarla scappare.
E per quanto riguarda il prendersi cura dell'altro insegnante, mancano solo due capitoli perché ciò accada!
DanySant: Concuerdo totalmente contigo. El mejor regalo que alguien puede darte por tu cumpleaños es algo hecho con todo el cariño. En mi experiencia, mi mejor regalo a sido justamente eso, algo hecho especialmente pensando en mi por una persona que me aprecia.
Ocultar una relació de esa indole en el castillo va a ser tarea difícil. Por suerte está Draco para echar una mano pero veremos cuanto tiempo son capaces de mantener la mentira. Me alegra que te guste su amistad con Hermione. Siempre he pensado que esos dos personajes hacían muy buen equipo. Me alegra mucho que te esté gustando el fic :)
Saludos para todos!
Queen Slytherin.
Hermione abrió los ojos lentamente. Durante unos momentos no supo donde se encontraba.
Estaba desnuda, en una habitación completamente a oscuras y sola en una cama que claramente no era la suya.
Se incorporó para poder tirar de las mantas y cubrir su cuerpo ante el frío que le acariciaba la piel. Cuando estuvo a resguardo bajo las cálidas cubiertas, un aroma familiar invadió sus fosas nasales. Aspiró hondo y sonrió ante el conocido olor de Severus.
Los recuerdos de lo que había pasado en el despacho de Snape le llegaron a la mente como un tren a toda velocidad y sin frenos.
Se ruborizó al recordar todo lo acontecido.
Una puerta que estaba a su derecha se abrió de pronto y la silueta del profesor emergió de lo que parecía ser un baño dejándola sin aliento. La luz de la otra habitación, mostraba el imponente cuerpo desnudo de Snape.
-¿Que hora es?- preguntó Hermione en un susurro intentado así romper el tenso momento.
-Pues deben de ser cerca las diez de la noche más o menos. - dijo él mientras volvía a meterse en la cama.- Lo siento, te has perdido la cena…
-No me importa. - dijo ella mientras se acurrucaba contra el cuerpo del mago buscando algo de calor.
Permanecieron en un agradable silencio durante unos minutos.
Las manos del profesor dibujaban intrincados diseños sobre la suave piel de la espalda de Hermione.
-Creo que tenemos que hablar. - dijo él con pesar rompiendo la paz que les rodeaba.
-Sí, creo que será lo mejor.- concordó ella con algo de temor en sus palabras.
Con un suave movimiento de su mano, haciendo alarde de su capacidad de hacer magia sin varita, Snape prendió las velas de la habitación rodeándolos de una cálida pero suave luz anaranjada.
Ambos se sentaron en la cama usando el cabecero como respaldo.
-Esto está mal.. - comenzó él.
-Lo se. - dijo ella afligida desviando la mirada.
-Se que debería haber evitado esto a toda costa pero soy incapaz de mantenerme alejado de ti por más tiempo. - Hermione alzó la cabeza tan rápido que se hizo daño en el cuello. - Merlín sabe que lo he intentado pero no puedo luchar más contra "esto".
-No luches. - dijo ella demasiado rápido esperanzada. - Yo tampoco quiero luchar más. -El profesor rió con algo de amargura. Le resultaba tan tierna verla ilusionada de ese modo…
-¿Eres consciente de lo que significa seguir adelante con lo que sea esto? - advirtió él.
-Sí, claro. - respondió con determinación. El profesor realmente dudaba que Hermione hubiese meditado bien lo que significaba implicarse con él de la forma que fuera.
-¿Seguro, Granger? - preguntó alzando una ceja. - Esto es algo totalmente prohibido. Si alguien se llegase a enterar de lo que ha ocurrido aquí, ambos estaríamos en la calle en menos de una hora.
-Lo se. Y no me importa. - dijo decidida.
Snape se conmovió ante la determinación de su alumna. Realmente quería que ese "acuerdo" entre ellos funcionase pero debía dejarle muy claro a la chica todas las consecuencias de seguir adelante. La juventud de la castaña la hacía ser demasiado impulsiva a veces, pero él ya era un adulto y su deber era exponer todos los contras que rodeaban el que ellos siguieran con esos encuentros furtivos entre las sabanas.
-No podrías graduarte, yo perdería mi empleo y todo eso por no hablar de los comentarios y las barbaridades que tendrías que aguantar. Hablarían de ti y no muy bien precisamente. De mi ya se ha dicho de todo y más pero de ti no. Tu no tienes porqué aguantar ese juicio publico que te despellejaría sin remordimiento si esto se llegase a descubrir.
-Creo que correré el riesgo. - dijo ella mientras hacía un gesto de suficiencia. - Si tu estás dispuesto yo también. Me alaga que quieras protegerme pero creo que soy lo suficientemente mayor como para tomar esas decisiones por mi misma.
Snape suspiró audiblemente. Estaba claro que Hermione había tomado una decisión poco meditada pero que nada la iba a hacer cambiar de idea.
Seguirían adelante hasta que sus caminos se separasen al terminar el curso y con un poco de suerte nadie les descubriría. Tendrían que tener cuidado pero si él pudo estar más de 20 años al servicio tanto del señor oscuro como de la orden y nadie le descubrió, estaba seguro de que podría con una hechicera 20 años más joven. Simplemente debían dejar claros los puntos de ese "algo" que compartían.
-Quiero dejar claro que esto no significa nada más que dos adultos pasando un buen rato juntos. - dijo él intentando aclarar su posición. - No quiero ni busco nada más allá de esto, Granger. No tengo interés en entablar una relación de índole romántico contigo. Ni contigo ni con nadie.
-No esperaba otra cosa. - dijo ella feliz. - No es como si esperase una declaración a la luz de las velas con un cuarteto de cuerda y un anillo. - El profesor rió suavemente. - La vida me ha enseñado a disfrutar de lo que se me ofrece en cada momento y voy a hacer justo eso. No quiero pensar más allá de el "hoy".
-Bien. Entonces quedan claras las intenciones de "esto".
-Claro como el agua, Snape. Lo único que Draco puede ser un problema… - comenzó a decir ella. - Sabe lo que pasó y…
-Lo se. -La cortó el profesor. - He hablado con él. No te preocupes. Puedes confiar en él.- Ella sonrió aliviada.
Las tripas de Hermione gruñeron cortando la conversación. Snape la miró con burla mientras ella se tornaba de color carmesí por la vergüenza.
-Creo que debería alimentarte… - dijo él divertido. Ella le sacó la lengua en un gesto infantil que le hizo sonreír. - Avisaré a los elfos para que nos traigan alguna cosa. Puedes vestirte mientras lo hago.
-Desapareciste mi ropa – dijo Hermione avergonzada cubriéndose con las mantas hasta la barbilla en un repentino ataque de pudor.
-Me disculpo por ello – respondió el maestro divertido mientras chasqueaba los dedos y hacía aparecer de nuevo el uniforme de la chica pulcramente doblado a los pies de la cama. - Aunque por mí, podrías andar desnuda todo el día. Es más, creo que deberías hacerlo.
Hermione le arrojó una almohada mientras él salía de la habitación. Una vez se quedó sola, se puso en pie y se dispuso a vestirse. Estaba ya desplegando la camisa de su uniforme cuando una idea atravesó su mente.
Decidida, abrió uno de los cajones del profesor para encontrar su ropa interior perfectamente doblada y ordenada. Cogió uno de sus boxers de algodón negros y se los puso. Era una tela realmente agradable y aunque le quedaban algo grandes de la cintura, la ropa elástica se pegaba a la perfección en sus muslos.
Abrió otro cajón para encontrar varias camisetas básicas de color blanco y negro. Eran de manga corta y el tejido era suave. La típica camiseta que ella se pondría para hacer deporte. Eligió una de las blancas y se la puso. Le iba muy grande. El profesor era un hombre bastante alto y aunque no estaba fuerte tenía un cuerpo definido y eso era mas que evidente visto cómo de holgada le quedaba su ropa a Hermione.
Entró al baño y después de usar el retrete se lavó las manos y se refrescó un poco la cara. Recogió sus desordenados rizos en una coleta y volvió a la habitación a ponerse unos calcetines. Cogió los de su uniforme, que le llegaban a la rodilla y se dirigió al despacho.
Al entrar, vio que los elfos habían dispuesto una deliciosa cena para dos sobre la mesa del profesor.
Snape estaba agachado avivando el fuego de la chimenea cuando se giró al notar la presencia de Hermione. Sus ojos se abrieron con sorpresa durante unas milésimas de segundo.
Esa niña iba a terminar con su cordura. Nunca hubiese pensado que alguien podía verse tan condenadamente apetecible vistiendo una de sus viejas camisetas y uno de sus calzoncillos. Estaba realmente tentado de desaparecer la cena, tumbarla sobre la mesa y saborearla a ella durante horas. Su entrepierna se sacudió con anticipación ante la perspectiva de llevar a cabo ese pensamiento.
Se puso en pie rápidamente y comenzó a caminar en círculos al rededor de su alumna.
-Vaya, vaya, Granger – dijo casi con un ronroneo. - Me gustas desnuda pero nunca pensé que mi ropa se viese tan bien en ti… Estas realmente para hincarte el diente.
Hermione se sonrojó y miró a los ojos del profesor que estaban nublados de deseo.
Sus pezones se habían endurecido al escuchar esas sucias palabras y eran claramente visibles presionando contra la fina tela de la masculina camiseta.
El oscuro profesor era incapaz de apartar los ojos de ella. Sus manos temblaban ante la idea de acunar sus pechos entre ellas y jugar un buen rato con sus rosados pezones a través de la fina capa de algodón de su camiseta blanca.
-Será mejor que te sientes a cenar o no respondo de mis actos. - dijo haciendo acopio de todo su autocontrol mientras pasaba un dedo por la tela de sus propios boxers que envolvían el trasero de su alumna.
Ambos tomaron asiento y comenzaron a cenar.
Mientras comían, se regalaban miradas cargadas de intenciones lujuriosas.
Poco a poco fueron relajando sus instintos y disfrutaron de la comida ante ellos.
-¿Puedo preguntarte algo? - dijo el profesor cuando ya estaban cerca de los postres.
-Si, claro.
-He visto unos feos moretones en tu espalda… - Hermione se tensó visiblemente. - ¿Que te ha pasado?
-Nada, un golpe sin importancia. - mintió ella. El profesor la miró con un claro gesto de no creer ni una palabra. - Estaba colocando unos libros en la parte alta de una estantería y me caí de la escalera. Golpeé mi espalda contra otro estante…
-¿Por qué no usaste magia?
-Pues no lo se. Supongo que estaba enfrascada en la tarea y no lo pensé. - Hermione se sorprendía de la facilidad con la que era capaz de mentir.
-Ten más cuidado la próxima vez. - dijo él no muy convencido. -También he visto las marcas en tu muñeca. - Ella empalideció. - Me disculpo por ello.
Hermione le miró sorprendida. Snape pensaba que esas marcas habían sido causa de su agarre en el despacho. Decidió no sacarle de su error. Simplemente se limitó a asentir y a decir que no pasaba nada. El profesor hizo aparecer un ungüento de olor fuerte pero fresco y se lo tendió.
-Ponlo una o dos veces al día y desaparecerán las marcas por completo.
-Gracias. - se limitó a responder ella tímidamente.
Terminada la cena, se sentaron juntos frente al fuego y conversaron de todo.
Su conversación, muchas veces se veía interrumpida por ardientes besos y calientes caricias que les dejaban sin aliento. Disfrutaban mucho de la compañía del otro.
A la una de la madrugada el profesor le dijo a Hermione que era mejor que volviese a su torre.
-¿No puedo quedarme a dormir? - Preguntó ella poniendo morritos.
-Aunque es una idea que me encantaría hacer realidad, creo que es mejor que no. ¿Cómo explicarías tu ausencia en la habitación? Además, si te quedas no dormirás demasiado y necesitas descansar.
-Tienes razón. - dijo ella con pesar. - Pero es que cuando duermo a tu lado no tengo pesadillas y…
-Creo que hemos pasado el suficiente tiempo juntos hoy para que puedas dormir sin problema. - dijo mientras le colocaba un rizo tras la oreja.
Hermione se puso su uniforme con un pase de varita y se despidió de Snape.
-¿Quieres que te acompañe a tu torre? - preguntó el profesor.
-No, creo que es mejor que vaya sola o no te dejaré ir… - él sonrió de medio lado.
-Ten cuidado y que no te atrapen. - dijo él antes de darle un suave beso en los labios.
-Te veo por la mañana.
Hermione salió del despacho.
Severus Snape suspiró y mientras recogía los restos de la cena, no dejaba de pensar en el tremendo lío en el que se había metido.
Los días fueron pasando y Hermione y Severus establecieron una rutina cómoda entre ellos.
Las horas de castigo se convirtieron en apasionados encuentros donde daban rienda suelta a sus más secretas fantasías.
El profesor descubrió que podía hacer llegar al orgasmo a Hermione en cuestión de pocos minutos si la tomaba desde atrás. Por otra parte, ella descubrió que cuando le cabalgaba sentados sobre su sillón favorito, podía pedirle lo que quisiera ya que él obedecía sin replicar.
Descubrieron sus cuerpos y aprendieron a llevar al otro al límite de su placer.
Snape adoraba los jadeos que se escapaban de la boca de su alumna cuando lamía sin piedad su inflamado clítoris. Amaba oír esos gemiditos entrecortados que emitía justo antes de alcanzar el clímax. Incluso había comenzado a resultarle agradable el perfume dulzón de la chica que ahora impregnaba cada uno de los recovecos de sus habitaciones.
Hermione se sentía extasiada cada vez que Severus alcanzaba el orgasmo y gemía de ese modo ronco y varonil que hacía que se le erizasen todos los vellos de su cuerpo.
Le encantaba como las callosas y precisas manos del pocionista recorrían su cuerpo desnudo dibujando mapas en su piel, como su pelo largo le hacía cosquillas en el cuello cuando la tomaba desde atrás. Le encantaban esos arrebatos de pasión que le daban al profesor y hacían que la tomase sobre el mesón de trabajo sin siquiera quitarse la ropa…
Le encantaba esa fingida distancia que tenían que representar frente a todos los demás. Era divertido interpretar esos papeles de fría indiferencia ante los alumnos y profesores. Hermione se había vuelto adicta a la adrenalina que le proporcionaban las caricias furtivas o las miradas secretas que se atrevían a regalarse en los pasillos o entre las clases.
Incluso, en alguna ocasión, la chica había sobrepasado los límites establecidos y había rozado de la forma más discreta posible las manos del profesor en plena clase. Esos roces casi imperceptibles les mandaban a ambos unas corrientes eléctricas que bien podrían haber dejado sin luz a todo un pueblo muggle. Snape se enfadaba cuando ella hacía alguna tontería como esa. Durante el castigo intentaba regañarla pero fracasaba estrepitosamente y terminaba con ella sentada en su regazo moviendo las caderas en un candente y lento vaivén mientras sus enormes manos descansaban sobre sus redondas nalgas y le hacía aullar de placer durante horas.
Draco resultó ser un gran aliado.
Dejando al margen las bromas y comentarios que tenían que aguantar, el joven Malfoy les resultó de gran ayuda.
Se convirtió en una perfecta coartada para las cada vez más frecuentes ausencias de Hermione.
La mayoría de los alumnos de Gryffindor estaban convencidos de que tenían un affaire aunque Hermione no parase de desmentir tal cosa.
Ron estaba muy enfadado.
Muy en el fondo todavía guardaba algún tipo de esperanza de poder volver con ella. Al fin y al cabo, Hermione era un buen partido y quizás, con el tiempo, podía moldearla para que fuese más como su madre y no tan fría e independiente. Pero sus esperanzas morían poco a poco al ver que la castaña cada vez estaba más distante y separada de ellos.
Ginny también creía que algo se cocía entre Hermione y Draco. Había sacado el tema muchas veces pero su amiga siempre decía lo de "sólo somos amigos".
Pero era raro. Raro y muy sospechoso.
Hermione pasaba días enteros desaparecida. Los castigo de Snape cada vez se alargaban más y eso sólo podía significar una cosa.
Una de dos, o el profesor la tenía esclavizada haciendo tareas, o ella lo usaba como excusa y cuando terminaba el castigo se iba con Draco.
De todos modos, la pelirroja no quería presionar a su amiga. Cuando la castaña quisiese hablar, lo haría. Mientras la viese feliz todo estaba bien y la verdad es que Ginny hacía mucho tiempo que no veía a Hermione tan feliz como ahora.
Los días se tornaron semanas y las semanas se tornaron meses.
Sin darse cuenta estaban ya por entrar en Mayo y eso significaba que se acercaba la fiesta en conmemoración de los caídos en batalla.
Desde que el señor oscuro fuera derrotado, cada 2 de mayo era un día festivo en el mundo mágico y se preparaba una celebración en Hogwarts con los miembros de la Orden del Fénix, empleados del ministerio y demás familia. Se rendía un homenaje a los caídos y se celebraba que habían podido derrotar al mal.
Hermione y Severus se habían perdido intencionadamente las primeras celebraciones. A ninguno le había interesado nunca asistir a un acto de esa índole pero este año no tenían elección. Al estar ambos presentes en el colegio, la directora McGonagall ya se había encargado de hablar con ambos para recordarles que su presencia era requerida.
Hermione se excusó diciendo que los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y necesitaba estudiar pero la directora hizo oídos sordos.
"Eres una heroína de guerra, Hermione. Por una noche que salgas de la biblioteca y te relajes no te va a pasar nada." Esas fueron las palabras de la directora que pusieron punto final a la discusión.
Snape también intentó librarse pero Minerva no se dejó intimidar por su lengua afilada y le informó muy "amablemente" de que su presencia era obligatoria y que se exigía etiqueta.
-No puedo creer que me obliguen a ir a esa tontería. - se quejaba Sanape mientras rebuscaba en su armario.
-No te quejes, a mi también me obligan. - respondió Hermione que le observaba tumbada en la cama del profesor mientras ojeaba una revista. - Por lo menos lo sufriremos juntos.
Severus gruñó como respuesta.
-¿Y si me pongo enfermo y no voy?
-¡Ni hablar! Me he gastado un buen puñado de Galeones en un vestido de gala y no vas hacerme pasar por esto sola.
-No vayas tu tampoco. Podemos aprovechar la noche en otros menesteres mucho más estimulantes… - dijo mientras se acercaba a ella cual depredador al acecho.
-Aunque la idea me resulta muy atractiva, mi respuesta sigue siendo no. Como te he dicho me he gastado una pequeña fortuna en un vestido y pienso lucirlo. Me ha costado mucho encontrar algo con lo que me sienta cómoda y no pienso dejarlo colgado en mi armario.
Snape bufó molesto y siguió buscando en su armario su túnica de gala.
Con el paso de los meses la rutina de ambos había dando un cambio radical.
Pasaban todo el tiempo que podían juntos pero las horas de sexo y pasión ya no eran el eje central de su acuerdo.
Muchas tardes se reunían solo para hablar de como les había ido el día o sobre algún nuevo descubrimiento sobre venenos o simplemente compartían espacio mientras leían y tomaban un té.
Poco a poco se habían hecho muy cercanos sin ser del todo conscientes de ello.
El baño del profesor había comenzado a llenarse de productos de aseo de ella. Un frasco del perfume dulzón de ella estaba presente en una de las repisas del aseo junto a un cepillo de dientes, un cepillo para el pelo y algunos objetos de higiene personal femenina que ella necesitaba en esos días del mes. Algunas prendas de ropa de Hermione descansaban en uno de los cajones de la cómoda de Snape. Incluso pedía a los elfos que les preparasen el té favorito de ella…
-¿Porqué no dejas eso y me lees un poco? - dijo la chica levantándose de la cama y dirigiéndose al sofá. Así intentaría hacerle pasar el mal humor relacionado con la gala.
El profesor suspiró y dejó lo que estaba haciendo para ir con ella. Esa hechicera tenía la capacidad de hacer con él lo que quisiera.
Cogió el libro que ambos estaban leyendo y se sentó en el sofá.
Como ya venía siendo costumbre, Hermione se tumbó a su lado poniendo la cabeza sobre el regazo del profesor mientras este comenzaba a leer.
Ese era el secreto mejor guardado de Hermione. Era su pensamiento feliz a la hora de conjurar un patronus.
Adoraba oír leer a Snape mientras le acariciaba los rizos lentamente…
Y eso no estaba bien. Eso era pasar otra de las lineas que se había prometido no traspasar jamás.
Pero no podía evitarlo. La voz del profesor le transmitía una paz y una seguridad que ella no había sentido nunca. La forma en la que los dedos del maestro se paseaban entre sus rizos la hacían estremecer.
Ella sabía que esa intimidad entre ellos era peligrosa. Poco a poco estaban cruzando las líneas imaginarias que trazaron cuando comenzaron a compartir cama. No quería ver la realidad pero esa realidad pesaba sobre sus hombros como una gran losa. ¿Estaba comenzando a sentir algo más por Severus Snape?
Hermione apartó esos pensamientos de su cabeza, los enterró en lo más hondo de su ser y se concentró en la voz del profesor mientras sus dedos se perdían entre las hebras de su ensortijado cabello.
