Hola a todos y feliz sábado!
Aquí os dejo el que posiblemente es el capítulo más largo que he escrito en lo que va de fic.
Pido disculpas de antemano ya que me ha costado horrores sacarlo adelante y no lo he podido revisar a fondo antes de publicarlo... Me disculpo por los errores ortográficos graves que podáis encontrar...
No se si seré capaz de publicar la próxima semana :( Estoy en medio de un bloqueo importante y me está costando mucho avanzar... Lo intentaré con todas mis fuerzas pero no puedo prometerlo.
En este capítulo pasan muchas cosas importantes. Espero de corazón que lo disfrutéis mucho.
Robinfleur:Veo que no soy la única con problemas a la hora de recibir los avisos de Fanfiction... Es realmente frustrante! Incluso cambié mi dirección de correo pq no me avisaba de vuestros reviews! Parece que de momento funciona... Cruzaré los dedos para que dure. Me alegra mucho leer que todo y no siendo muy fan de los sevmiones el mío te esté agradando :) Para mi es un subidón saber esas cosas! Ten por seguro que en cuanto tenga un huequito, leeré tu fic. :) Un saludo y un abrazo enorme!
DanySant: Como bien dices, estos dos solo se engañan a si mismos. Es evidente para todos excepto para ellos, que sus sentimientos florecieron en aquellos castigos en el aula de pociones... En este capitulo, ambos tendrán un baño de realidad y serán un poco más conscientes de todo lo que rodea a su "acuerdo". Hermione cada vez tiene actitudes más Slytherin... La influencia de Snape y Draco se comienza a notar y ella comienza a pensar más como ellos. Para muestra lo que tu muy bien notaste. Cuanto más firmemente niegue su "relación" con Malfoy, más pensará todo el mundo que realmente están juntos.
Y lo de Ron.. Bueno es Ron. Por desgracia hay mucha gente que intenta hacer lo que él hace de intentar amoldar a sus parejas a su estilo de vida... Por eso encajan tan bien Severus y Hermione. Ellos simplemente fluyen y se ayudan a crecer como personas y como profesionales. Encontrar a alguien así en tu vida es lo mejor que te puede pasar.
Yetsave: Me alegra mucho que te guste la historia! Por desgracia solo puedo actualizar una vez por semana... Espero poder tener terminado el capítulo para la semana que viene! Un saludo! :)
Guest:Ciao! Il confronto tra i professori avverrà sicuramente nel capitolo della prossima settimana. Manca poco! E sì, Draco è un buon alleato e un buon amico.
Mil gracias a todos lo que esta semana han puesto la historia en favoritos y han comenzado a seguirla. Me anima mucho ver que hay alguien que me lee! :)
Un saludo!
Queen Slytherin.
-¿Draco, me estás escuchando? - Preguntó Hermione indignada.
-Si, claro Granger. - respondió el rubio alzando la vista de la carta que hacía horas no paraba de leer.
-¿En serio? ¿Que te estaba diciendo?
-Pues no se que de tu vestido… - dijo el chico distraído de nuevo. La castaña bufó exasperada.
-No Malfoy, no era eso…
-Si, bueno, claro… - respondió el muchacho sin prestar atención.
-¡Te decía que estoy embarazada de tu padrino! - dijo llena de indignación por sentirse ignorada.
-Si claro, genial… - los ojos de Draco se abrieron de golpe y la miró horrorizado - ¿Como dices?! Oh por Merlín – comenzó a decir mientras entraba en pánico. - Bueno tu tranquila, no estás sola yo puedo…
-¡Para, para, para! - dijo ella alzando las manos. - No es más que una broma, Draco. ¡Para que por fin me escuchases!
-¡Joder Hermione! Me acabas de robar diez años de vida. No me des esos sustos.
-Es que llevo intentando hablar contigo toda la mañana y me ha resultado imposible. No dejas de leer esa maldita carta y no se que te pasa. -Draco se sonrojó levemente.
-Me a escrito mi madre. - dijo por fin. - Dice que no va a venir a la fiesta de mañana, que no le apetece rodearse de nuevo de toda la gente que tuvo que ver con la guerra y eso…
-Bueno, es comprensible. ¿Donde está el problema?
-Ese no es el problema, dice también que Astoria va a volver y va a venir a la gala con sus padres.
-¿Astoria, que Astoria? - preguntó Hermione confundida.
-La hermana de Daphne. - Hermione abrió los ojos al comprender por fin.
-¿Vaya, ya ha salido del hospital? ¡Eso es una buena noticia!
Astoria había pasado muchos meses en San Mungo ingresada.
Nacida en la familia Greengrass, una de las familias más antiguas de sangre pura en Gran Bretaña, Astoria se crió en los ideales de la supremacía de la sangre pura al igual que Draco. La vida de Astoria se vio truncada por una maldición impuesta a un antepasado mucho antes de su tiempo, lo que hizo que su cuerpo se volviera extremadamente frágil y tuviese que pasar largas temporadas en el hospital.
-Si, es una buena noticia. - dijo Draco mientras se ruborizaba.
-¡Oh Dios mío, Draco! - dijo Hermione emocionada. - ¡Te gusta!
-Eso no es verdad. - dijo él a la defensiva.
-¡No mientas! ¡Te gusta y eso es fantástico!
El joven Malfoy no supo que decir así que esbozó una tímida sonrisa como respuesta.
-¿Cuanto hace que pasa esto?
-Pues no lo se. Nos conocemos desde muy pequeños, nos hemos criado casi juntos…
-Oh que romántico… - dijo Hermione llevando sus manos sobre el corazón.
-¡No seas cursi, Granger!
-Perdón. - dijo ella divertida. - Pero sigo sin ver el problema de todo esto. Ella te gusta y va a venir a la fiesta. Es tu momento.
-No es tan sencillo, Granger. - Ella le miró interrogante. - Primero, no se si yo le gusto, segundo, sus padres van a estar allí también y tercero, no se como comportarme con las chicas en esta clase de situaciones...
Hermione le miró durante unos segundos y estalló en carcajadas. Draco la miró molesto y se sintió humillado al ver a su amiga llorando de la risa.
-¡No seas ridículo, Draco! Yo soy una chica y sí sabes tratarme.
-Sí, pero tu no me gustas de ese modo…
-Bueno, tu ya estuviste con Pansy, no es nuevo para ti.
-Sí, y mira que bien me fue. Además, Astoria no es como Pansy..
-Si, a Merlín gracias por ello. -Draco no pudo disimular su risa ante ese comentario. - No te preocupes, lo harás bien. Sólo se tu mismo. Puedes llegar a ser encantador cuando te lo propones.
-Pero, ¿Y si no le intereso?
-Bueno, eso sólo lo sabrás si hablas con ella ¿no?
-Pero, ¿Y que le digo?, ¿Que hago?, ¿Cómo actúo?
-Lo primero de todo es que no te agobies. Tranquilizate y centrate en pasarlo bien. Podéis hablar de mil cosas, juegas con la ventaja de que os conocéis de hace mucho y puedes usar eso a tu favor. Dile lo bonita que está y que te alegras muchísimo de verla tan bien. - Draco tomaba nota mental de todo eso. - Tendrás que saludar a sus padres. Se educado y muéstrate feliz de verles. Intenta no parecer arrogante y como truco siempre puedes alabar la belleza de la madre. A las mujeres suelen gustarles los cumplidos. Pide permiso al padre para bailar con su hija. Eso le gustará. Tienes que parecer interesado pero no desesperado. No se si me explico.
-Joder. - suspiró el chico. - Va a ser un completo desastre…
-Vamos Draco, tranquilo. Lo harás bien. - Hermione sonrió para infundirle ánimos.
-Pero entonces el plan de ir tu y yo juntos no..
-Por mi no te preocupes. No tengo problema en llegar sola a una gala. Además dudo que Ron o Harry lo permitan así que tu mira por ti y no pienses en nada más.
-Eres la mejor, Granger – dijo dándole un abrazo – ahora entiendo un poco más porqué le gustas a Snape. -Hermione se sonrojó ante esa confesión.
-No le gusto, Draco. Sólo nos hacemos compañía, nos divertimos y.. .
-¡Si, claro, lo que tu digas! No puedes negar lo evidente.
-No voy a tener esta conversación contigo, Malfoy.
Hermione puso punto y final a su charla con Draco y ambos se marcharon del tranquilo rincón junto al lago que habían estado ocupando durante esa mañana.
Durante el resto del día, los estudiantes de Hogwarts no dejaron de hablar de la fiesta del día siguiente.
Solo unos pocos estaban autorizados a asistir a la gala organizada por el ministerio pero todos iban a disfrutar del día festivo. Esa noche las cenas para los estudiantes se celebraban en las salas comunes de cada casa y los alumnos disfrutaban de una amena velada con sus compañeros vigilados por los prefectos.
Ese día solo tendrían clase hasta medio día y durante la tarde comenzarían a disfrutar del día de fiesta oficial en el que se había convertido el 2 de mayo.
Hermione estaba cansada de oír hablar sobre vestidos, invitados y demás tonterías por las que se preocupaban todos los demás.
Ginny estaba exultante de alegría ya que había conseguido que la castaña se prestase a que la ayudase con el pelo y el maquillaje.
Normalmente Hermione no daba importancia a esas cosas y cuando accedió a dejarse preparar por su amiga pelirroja, casi explota de alegría.
Que fácil era hacer feliz a Ginny pensaba Hermione…
Esa tarde se presentó puntual a su "hora de castigo" con Snape.
-Pase- dijo la voz del profesor tras la llamada a la puerta de su despacho.
-Buenas noches, profesor. - dijo Hermione mientras entraba para cerrar la puerta tras ella.
-Buenas noches. - respondió el profesor malhumorado.
-¿Que te pasa? - preguntó ella curiosa mientras se acercaba a la mesa.
-Nada, tengo trabajo. - respondió cortante.
Hermione le estudió en silencio. Tenía los hombros tensos, el ceño fruncido e irradiaba mal humor por todos sus poros. Se acercó lentamente a él, se situó en su espalda y posó sus pequeñas manos sobre sus hombros para intentar relajarle un poco. El no reaccionó pero tampoco la apartó lo que ya era un gran avance.
Le giró la silla lentamente para poder encararlo. El profesor resopló molesto al verse alejado de sus documentos pero se dejó hacer cual cachorrito indefenso.
La chica se sentó sobre su regazo y con un dedo le recorrió las facciones intentando relajar ese ceño fruncido. Sus dedos se detuvieron unos segundos sobre sus finos labios y se acercó para depositar un suave beso lleno de mimo sobre el puente de su prominente nariz.
El profesor no pudo reprimir una media sonrisa ante ese acto.
Hermione sonrió satisfecha.
-Así está mejor. - dijo mirándole feliz.
Snape resopló entre molesto y divertido y por fin se rindió a ella. Se acercó a su dulce carita y la besó suavemente en los labios. Esa joven mujer tenía la capacidad de desarmarle en todo momento.
-Eres una criatura aterradora, Granger – dijo divertido sobre sus labios.
-Y a ti te encanta. - respondió ella sonriendo en su beso de nuevo.
Hacerla sonreír era el pasatiempo favorito de Severus aunque nunca lo admitiría.
-¿Me vas a contar que te pasa? - dijo ella mientras apoyaba la cabeza sobre su fuerte pecho. El profesor resopló y una de sus manos comenzó a acariciar la espalda de la chica sentada sobre sus piernas.
-Es por lo de mañana. No me apetece nada ir. - confesó molesto.
-Bueno, a mi tampoco me hace especial ilusión. - comenzó a juguetear con uno de los botones de la levita del profesor. - Va a ser aburrido, habrá gente a la que no quiero ver y tendré que lucir una sonrisa falsa durante toda la velada.
-No podremos estar juntos. - dijo él claramente irritado.
-Bueno, esa es otra. No me hace especial ilusión estar toda la noche junto a ti y no poder tocarte. - el profesor sonrió de medio lado ante la confesión.
-Va a haber muchas personas que me quieren ver en Azkaban o muerto. -Hermione alzó la cabeza para mirarle a los ojos.
-Tu eres un héroe, Snape. Seguramente eres el que tiene más derecho a estar allí de todos nosotros. - dijo indignada.
-Creo que la palabra "héroe" es demasiado grande para mí, pero gracias por tu lealtad. - Hermione le besó de nuevo y volvió a poner la cabeza sobre su pecho. - ¿Tu irás con Draco como acordamos, verdad?
-No. - respondió sonriendo. - Tiene otros planes.
-¿Otros planes?, ¿Que planes? Teníamos un acuerdo…
-No soy quien para contarte nada, es cosa suya pero no te preocupes, estaré bien.
-Se que estarás bien pero…
-¿Pero que? ¿Te preocupa algo?
-No…
-¿No?- ella le miró alzando una ceja en un gesto claramente adquirido de él. - ¿Te preocupa que encuentre al alguien interesante? - bromeó.
-No seas absurda, Granger. Y si así fuera, estarías en todo tu derecho. Eres una mujer libre.
Esa respuesta no le gustó nada.
Hermione se quedó callada sospesando las palabras del mago. Le molestó su indiferencia ante el hecho de que ella pudiese conocer a alguien pero había algo en el tono del profesor que le hacía pensar que estaba más molesto de lo que realmente mostraba. ¿Podían ser celos o inseguridad lo que ocultaba su tono? ¿O realmente no le importaría en absoluto que ella conociese a alguien con quien compartir su vida? Ese hombre era tan sumamente hermético a la hora de mostrar ningún tipo de sentimiento que ella no podía dar nada por sentado con él.
Durante el resto de la "hora de castigo" no volvieron a hablar del tema. La bruja quería marcharse ya que había dejado de sentirse cómoda pero tenían que seguir con la tapadera del castigo hasta que fuese una hora más prudencial y no levantase sospechas.
El profesor estaba realmente ocupado con unos documentos y mientras trabajaba en ellos Hermione se acurrucó en el sofá y se dispuso a leer hasta que pasase el tiempo y pudiese volver a su torre.
Cabe decir que después de leer el mismo párrafo tres veces seguidas sin entender una palabra, desistió en su cometido.
En su cabeza no dejaba de dar vueltas a las palabras de Sanpe sobre que era libre. No le gustaba.
Nada.
La incomodaba de una forma horrible el pensar que le era completamente indiferente.
Ese era su acuerdo pactado, pero ¿ella quería ser libre? Hermione estaba confundida. No quería nada exclusivo con el profesor ¿Verdad?
No, ella era feliz con su acuerdo…
¿Lo era?
En el fondo de su corazón, sabía que todo eso eran tonterías. Simplemente aceptaba las condiciones del profesor para no tener que alejarse de él pero Hermione estaba cada vez más convencida de que le quería más allá de su relación física.
Eso la destrozaba por dentro. ¿Sería capaz de seguir con ello ocultando sus verdaderos sentimientos? ¿O sería demasiado duro y debería de apartarse de él definitivamente?
El día 1 de mayo las clases terminaron a la hora de comer. Esa noche se celebraba la conmemoración de la batalla de Hogwarts y desde bien temprano el castillo comenzó a llenarse con magos y brujas que participaron de la batalla y de algunas personalidades del mundo mágico.
Hermione estaba recién duchada y sentada frente a un tocador improvisado en la habitación de las chicas de la torre de Gryffindor. Vestía una fina bata color bermellón y se la veía claramente molesta mientras Ginny la peinaba intentando soltar todos los enredos de su pelo.
-Alegra esa cara, Herms. En cuanto termine contigo ¡Draco se va a volver loco!
-Ginny, te he dicho mil veces que solo somos amigos. Además, ya sabes que no vamos juntos…
-¿Habéis discutido? - Preguntó mientras pasaba un cepillo por el pelo castaño.
-No, ya sabes que no. - dijo Hermione con cansancio. - Tiene otros planes y necesita estar solo.
-Bueno, tu estarás con nosotros. Será divertido. - dijo sonriendo.
Durante largas horas, la habitación de las chicas se convirtió en una especie de salón de belleza.
Cuando Ginny hubo terminado, Hermione se miró al espejo con detenimiento y no se reconoció.
Su desordenada melena se había convertido en una cascada de definidas hondas todas peinadas a un lado y sujetas por una bella peineta de brillantes a juego con los delicados pendientes en forma de lágrima que vestían sus orejas.
La pelirroja había optado por un maquillaje suave de tonos dorados y marrones muy sutiles para los ojos de Hermione consiguiendo así toda la atención en sus labios que estaban pintados de un vibrante y llamativo rojo con acabado mate.
-¿Que te parece mi obra? - preguntó satisfecha.
-No se Ginny, a ver no me malinterpretes, es una pasada pero no se si es para mi…
-Vamos Herms, ¡te ves increíble! Disfruta por una noche.
Hermione le sonrió no muy satisfecha y se dispuso a ponerse el vestido que había comprado para la ocasión.
-¡Espera! - dijo Ginny apuntando a sus labios con la varita.
Un suave flujo de magia bailó sobre la boca de la castaña que miró a su amiga interrogante.
-Es una pequeña ayuda para que labial no se mueva en toda la noche. - dijo guiñando un ojo con picardía. - Por lo que pueda pasar.
Hermione se sonrojó y entró al baño para poder vestirse a solas.
Se quitó la bata y se enfundó en su vestido, se calzó esos bonitos pero incómodos tacones y se miró al espejo.
No sabía quien era la mujer del espejo pero estaba convencida de que no era la Hermione Granger de siempre.
El vestido era largo hasta tapar sus pies. Era entallado a su cuerpo y se ajustaba a la perfección a sus curvas. Era de un suave tono gris que contrastaba perfectamente con la capa de tul negro que lo cubría completamente dibujando patrones florales de terciopelo. Era de manga larga y las flores ocultaban a la perfección las cicatrices de sus brazos. No era escotado. Ella no se sentía cómoda con eso pero en contrapunto tenía toda la espalda al descubierto. Tenía una pequeña cola que la chica tenía miedo de pisar y tropezar pero en general, era el vestido más bonito que Hermione había llevado jamás.
-¿Te falta mucho? - preguntó Ginny desde el otro lado de la puerta.
-¡No, enseguida salgo! - dijo Hermione insegura mientras seguía mirando su reflejo.
La castaña respiró hondo para infundirse valor y abrió la puerta.
La mandíbula de Ginny se desencajó por completo.
-¡Madre mía! - dijo asombrada.
-¿Es demasiado, verdad? - dijo Hermione cohibida.
-¿Estás de coña? ¡Es perfecto!
-No se, creo que debería ponerme otra cosa…
-¿Pero que dices?! ¡Herms, estás increíble! - dijo la pelirroja sonriendo. - vamos.
Ginny la cogió de la mano y la hizo bajar a la sala común.
Ella llevaba un vestido largo de corte griego color dorado cogido en un hombro con un broche redondo. Su melena roja estaba perfectamente alisada y peinada con una diadema confeccionada con la misma tela del vestido. Unos pendientes grandes y dorados adornaban sus orejas.
Cuando las chicas entraron a la sala común fueron recibidas por silbidos y vítores de los compañeros que estaban ya allí. Hermione se sintió morir de la vergüenza así que aceleró el paso para salir cuanto antes de allí.
Por suerte para ella, el ambiente fuera de las salas comunes era mucho más tranquilo.
Por los pasillos del castillo había magos y brujas elegantemente vestidos y ellas no desentonaban tanto.
Se encontraron con Harry y Ron cerca del gran comedor conversando animadamente con los señores Weasley.
Ron se quedó sin habla al ver aparecer a Hermione. Tras intercambiar unos saludos tensos con los padres del clan pelirrojo, llegó Neville y relajó notablemente el ambiente.
La señora Weasley seguía sin perdonar a Hermione todo lo ocurrido con su hijo pero el ver como su pequeño se desvivía por Hermione, le hizo relajar un poco la tensión hacia la chica y volvió a nacer una chispa de esperanza con esa pareja.
Ron le ofreció caballerosamente el brazo para escoltarla dentro y la chica lo tomó con cierto nerviosismo.
Llevaba todo el día sin ver a Snape. Hoy no había tenido clase con él y el profesor no había estado presente en la comida. No sabía nada de él desde la noche del día anterior.
Cuando Harry, Ron y Hermione pusieron los pies dentro del gran comedor, todos los allí presentes irrumpieron en un fuerte aplauso que incomodó a los chicos.
Sonrieron tímidamente y buscaron escabullirse de tanta atención.
Hermione era incapaz de mirar a nadie. Desde que había entrado su mirada estaba clavada en el suelo de piedra y no se atrevía a alzarla.
Algunas personas se acercaron para hablar con ellos y allí comenzó la larga noche de sonrisas falsas a la que se refería Hermione.
Kingsley se acercó junto a su esposa para saludarles. Hermione les devolvió educadamente el saludo y allí fue cuando le vio.
Unos metros por detrás del ministro y su esposa, estaba Severus Snape.
Estaba realmente imponente esa noche.
Vestía una elegante levita de terciopelo negro con una elegante filigrana del mismo color en la parte del bajo y en los puños de las mangas. Era un detalle sutil pero que no pasaba desapercibido. Los pantalones, también de terciopelo, se amoldaban a sus piernas y le hacían ver todavía más alto. Calzaba unas elegantes botas de piel de dragón nuevas y su pelo se veía perfectamente peinado y sedoso.
Estaba conversando con un mago que Hermione no conocía pero sus ojos estaban fijos en ella.
-¿Hermione?
-Si, perdón señor Ministro. - dijo ella volviendo a la realidad. - Lo siento, estoy algo abrumada…
-Llámame Kingsley, por favor. - dijo con una sonrisa. - Decía que nos encantaría contar también contigo en el departamento de aurores.
-¿Auror? No creo que eso sea para mí. - dijo pensando en Patt.
-Harry y Ron se incorporaran a la academia este mismo verano y nos sentiríamos muy halagados si pudiésemos tenerte con nosotros.
-Te lo agradezco mucho pero no creo que eso encaje con mi trabajo soñado.
-Bueno, la oferta sigue en pie. Sino siempre puedes venir a verme cuando termines aquí. Estoy seguro de que encajaras a la perfección en alguno de los departamentos del ministerio.
-Gracias, lo tendré en cuenta. - sonrió al ministro.
Hermione se apartó ligeramente de esa conversación y cogió una copa de vino de elfo que le ofrecía un camarero que paseaba por entre los invitados con una bandeja.
A lo lejos, vio a Draco conversando con Astoria y sus padres. El rubio la vio y ella le guiñó un ojo mientras alzaba levemente su copa en un silencioso y privado brindis para infundir ánimos.
Se paseó distraídamente por el salón saludando a unos y a otros.
-Señorita Granger.- dijo una fría voz a su izquierda erizando visiblemente su piel expuesta.
-Profesor, Snape. - respondió ella girando el cuerpo hacia su interlocutor. Los ojos del maestro la recorrieron sin disimulo para detenerse unos minutos mas de lo debido sobre sus labios.
-Permitame que le presente al señor Malcom. Es el director de investigación del hospital de San Mungo.
-Mucho gusto, señor. - dijo Hermione ofreciéndole una mano como saludo.
-El gusto es todo mío señorita Granger. - dijo el mago mayor claramente emocionado mientras le devolvía el apretón de manos. - Quisiera agradecerle enormemente todo lo que hizo por nosotros durante los oscuros años de la guerra mágica.
-No hay nada que agradecer, señor. - dijo ella claramente azorada. - El profesor merece más agradecimiento que yo.
-Tenías razón con su modestia, Severus. - dijo con una amable sonrisa.
-Señorita Granger, usted jugó un papel crucial en todo el asunto, no se quite merito. - dijo Snape sin perturbar su impasible expresión. La castaña se sonrojó claramente.
-Severus me ha hablado maravillas de usted – Hermione le miró perpleja. - Dice que tiene usted una gran capacidad para las pociones y una mente muy aguda y preparada para la investigación.
-No creo que sea para tanto. - dijo ella quitando importancia y ocultando su sorpresa.
-¡Tonterías! - dijo Malcom divertido. - ¡Si ha logrado impresionar a Severus es que es usted una hechicera extraordinaria!
-No creo que sea para tanto… - dijo ella muerta de vergüenza mientras observaba al profesor.
-Me gusta esta chica, Severus. Creo que encajaría bien en nuestro pequeño proyecto.
-¿Proyecto? - preguntó Hermione ahora realmente intrigada.
-Ah, veo que su profesor tenía razón sobre su curiosidad, señorita Granger. Un gran rasgo en un investigador… - La joven le sonrió divertida. - La verdad es que Severus está desarrollando un proyecto de la mano del hospital y nos vendría muy bien alguien como usted en su equipo de investigadores.
-¿Yo? - dijo sin ocultar la sorpresa.
-Si, Granger, usted. - añadió Snape.
-Severus la ha recomendado para que pueda formar parte del equipo una vez termine su curso aquí. - Hermione miró al profesor sin poder creer lo que oía. - He hablado con sus profesores y me he tomado la libertad de fisgonear en sus notas y la verdad es que es usted impresionante, jovencita. Estaríamos encantados en ofrecerle un contrato a tiempo completo en el hospital y le aseguro que las instalaciones serían como un patio de juegos para usted.
-Vaya, no se que decir… - dijo ella algo conmocionada.
-Se que es mucho para procesar pero le digo que soy un mago que no se rinde fácilmente así que prepárese para que sea muy persuasivo para que me diga que sí. Estoy seguro que Severus le pondrá al día sobre la investigación ya que es todo idea suya.
-Por supuesto le contaré todos los detalles si lo desea, señorita Granger. - dijo Snape mirándola directamente a los ojos.
-Sí, claro. Estaré encantada de oírlo todo.
-¡Magnifico! - aplaudió emocionado Malcom – Espero que seas muy convincente, Severus. Nos vendría muy bien alguien tan brillante como la señorita Granger en el equipo. - el mago sonreía alegremente.
La conversación se vio interrumpida cuando un fotógrafo del profeta se acercó a ellos pidiendo si podía hacerles una foto. Snape quiso negarse pero el señor Malcom no le permitió marcharse de allí. Situó a Hermione en medio de los dos hombres y presumió de los futuros fichajes para el hospital. Cuando Hermione protestó divertida diciendo que no había aceptado, el señor Malcom respondió un "todavía" que la hizo sonreír sinceramente.
La fotografía del profeta mostraría a un exultante director de investigación de San Mungo que sonreía abiertamente junto a una ligeramente avergonzada Hermione Granger que desviaba la mirada y tomaba un sorbo de su copa de vino y a un serio Severus Snape que miraba distraídamente a la bruja que tenía al lado. Por suerte, la cámara no captó como la mano libre de Hermione y la mano libre de Severus se acariciaban secretamente tras sus cuerpos.
Justo después de eso, los invitados fueron invitados a sentarse para cenar.
Todos se acomodaron en las mesas redondas que había repartidas por el salón.
Harry, Ron y Hermione ocuparon sus sitios compartiendo mesa con Neville, Luna y Ginny.
Por suerte para la castaña, Snape estaba en una mesa bastante alejada con el resto de profesores y el ministro y su esposa.
Patt estaba sentado en otro extremo de salón con otros aurores y el jefe de su departamento. Por suerte le había podido evitar todo el tiempo que pasó en el gran comedor.
Draco, estaba sentado en la misma mesa que Astoria y sus padres y viendo su lenguaje corporal, todo parecía haber salido bien por el momento. Se le veía relajado y divertido y a ella se la veía muy a gusto con las atenciones del joven Malfoy. Hermione sonrió para sus adentros, Draco se merecía ser feliz.
La cena transcurrió de forma distendida y amena. Hermione pudo relajarse por fin y disfrutar junto a sus compañeros de un tranquilo momento. La comida era deliciosa y el vino tremendamente dulce y delicado.
Ya terminando los postres, el Ministro de magia se puso en pie y se dirigió a la tarima donde normalmente estaba la mesa de profesores.
Con su varita bajó un poco la intensidad de la luz en la sala para que toda su atención se centrase en el. Poco a poco los comensales fueron silenciando sus conversaciones y prestaron atención al ministro que esperaba pacientemente para poder comenzar a hablar.
-Buenas noches a todos y gracias por venir. Antes de nada quiero volver a agradecer a la directora McGonagall el habernos cedido el espacio para poder celebrar esta pequeña reunión. - levantó la copa que sostenía en su mano en dirección a Minerva que le devolvió el saludo mientras la sala aplaudía. - Estamos aquí un año más para recordar a todos aquellos que nos dejaron mientras luchaban con valentía para procurarnos un mejor futuro. Por aquellos miembros de la Orden del Fénix y otros valientes combatientes que ayudaron a terminar con el terror de aquellos oscuros días. - Tras el ministro aparecieron unas fotografías de los caídos en batalla que robaron el aliento a los presentes. - Por eso quiero todos alcen sus copas en un brindis en honor a todas las personas que dieron sus vidas por nosotros. -La sala entera alzó sus copas y bebieron claramente emocionados. - Pero también estamos aquí para celebrar la vida. También estamos para agradecer a los presentes todo lo que hicieron para terminar con el reinado del mal. Toda la comunidad mágica tiene que agradecer enormemente a Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger que arriesgasen sus vidas siendo tan solo unos niños para que hoy todos pudiésemos estar aquí. - Toda la sala dirigió sus miradas a la mesa de los chicos mientras aplaudían. Ellos estaban claramente emocionados – Sin olvidar la magistral actuación de Neville Longbottom. Su valentía ayudó a destruir ese infecto animal que tanto mal causó. - Neville se sonrojó y sonrió con timidez mientras volvían a aplaudir de nuevo. - Y por supuesto quiero agradecer personalmente todo lo que hizo por nosotros a Severus Snape. - La sala irrumpió en susurros. El mencionado mantuvo su gesto impasible en todo momento aunque un leve tic en su ojo izquierdo delataba su nerviosismo. Hermione le miró desde su mesa y no fue capaz de disimular la emoción ante las palabras del ministro. - Severus Snape fue, probablemente, el hombre más valiente que luchó de nuestro lado. Se enfrentó durante años cara a cara con el mismísimo diablo y peleó de forma heroica e inteligente para asegurarnos la victoria. Tuvo que desempeñar las peores tareas posibles, soportar torturas impensables y todo para que hoy podamos estar aquí, libres. Por todo ello, gracias, Severus. Todos los aquí presentes te debemos la vida. -
La sala se sumió en un silencio sepulcral mientras el ministro alzaba su copa para brindar por él.
De pronto unos tímidos aplausos comenzaron a oírse. Harry Potter se había puesto en pie y comenzaba a aplaudir. Hermione fue la siguiente en unirse al aplauso dedicado a su profesor y poco a poco toda la sala terminó en pie dedicando un cálido aplauso al pocionista que permaneció sentado.
Dirigió su oscura mirada a Hermione para ver como la bruja aplaudía llena de orgullo y unas lagrimas caían libres por sus mejillas. La visión le robó el aliento y tuvo que apartar la mirada al sentir como su pecho se apretaba de forma dolorosa.
Las parejas bailaban por el salón mientras algunos magos seguían conversando.
Hermione bailó con Harry, Ron y dos veces con Neville. También pudo acercarse a Draco que conversaba animadamente con Astoria. Las dos chicas conectaron enseguida.
Snape estaba en un rincón bebiendo una copa de whisky de fuego mientras observaba a Hermione divertirse. Ambos se regalaban miradas cargadas de deseo pero ninguno se atrevía a nada más.
-Profesor Snape. - dijo alguien haciendo que desviase los ojos de la pista de baile. - Quería hablar con usted.
-Vaya, el jefe de aurores en persona. ¿A que debo este honor?- dijo cargado de ironía.
-Quería preguntar que tal fue su trabajo como escolta de la señorita Granger.
-Ya le envié el informe donde detallaba todo.
-Si, lo se. Pero quería saber por usted en persona que tal le pareció el trabajo.
-Fue sencillo. No hubo incidentes.
-¿Estaría dispuesto a reconsiderar volver a hacerlo?
-No creo que sea necesario, señor. Como ya hablamos, no creo que exista un peligro real para los chicos. He estado moviéndome, buscando algo y nada. Todo está tranquilo ahora así que no creo que se necesite de más escoltas para nadie.
-¿Y no puedo tentarle para que se una a los aurores? Alguien con su dilatada experiencia en el campo de los magos oscuros nos vendría muy bien en el departamento.- Snape entrecerró los ojos molesto.
-Voy a pasar por alto su falta de respeto a mi persona y voy a declinar muy amablemente su oferta. Lo que hice fue un trabajo aislado y porque las circunstancias lo requerían pero no volverá a pasar.
-¿Alguna vez me contará porque tuve que apartar a mi mejor activo para que usted le substituyese?
-No tengo nada que decir al respecto.
-Está bien, si se lo piensa, mandeme una lechuza. La oferta sigue en pie.
Snape se despidió con un gesto de su cabeza y se marcho de allí sin mediar palabra.
Chritopher Pattrick salió de su escondite con una expresión de pasmo en el rostro. No podía ser verdad todo lo que había oído.
¿Snape era quien había pasado las navidades con Hermione?
Hermione vio desde el otro lado del comedor como Snape se marchaba de allí. Por la expresión de su cara estaba enfadado.
Se despidió de sus amigos con la manida excusa del dolor de cabeza y partió corriendo hacia las mazmorras.
-¿Que haces aquí? - preguntó Snape cuando Hermione entró a su despacho sin llamar.
-¿Estás bien?- dijo ella con cautela.
-Ahora que estás aquí, sí. - dijo el profesor mientras la cogía entre sus brazos y la entraba a su dormitorio.
La besó con ardor mientras todavía la alzaba entre sus manos.
La dejó de pie en medio de la estancia y se dispuso a observarla atentamente.
Con manos hábiles le soltó el pelo que cayó en cascada por su espalda desnuda e introdujo sus dedos entre las hebras castañas para acercarla de nuevo y volverla a besar.
Era un beso lento, sin prisas, de esos que transmiten más de lo que uno desearía.
-Me encanta tu vestido, Granger. - dijo con voz ronca. - Vamos a quemarlo.
Usando magia sin varita, el vestido cayó al suelo junto al fuego de la chimenea encendida.
Hermione se quedó tan solo con unas braguitas negras de encaje y sus tacones.
-Deliciosa. - dijo el profesor mientras se relamía antes de volver a besarla.
Las manos de Hermione no se quedaron quietas y comenzaron a desabotonar los infinitos botones de la levita del profesor.
Una a una las prendas fueron cayendo y dejaron desnudos ambos.
No hablaban, no les hacían falta palabras.
Las emociones de ambos estaban a flor de piel y solo querían estar lo más cerca del otro que pudiesen.
Snape depositó a Hermione con sumo cuidado sobre la cama y se dispuso a adorar su cuerpo a conciencia. La veneró como si de una deidad se tratase. No dejó rincón sin acariciar. Besó cada pulgada de su nívea piel.
La castaña se sentía sobrepasada. El profesor estaba demostrando una ternura desconocida para ella. Hasta esa noche todos sus encuentros habían estado marcados por la pasión y la rudeza pero esto era algo más. Lo era todo y nada a la vez. Era principio y final, cielo e infierno…
Él la miraba con una intensidad que la asustaba y llenaba de esperanza a partes iguales.
Era demasiado para ella. A cada segundo tenía más claro que necesitaba más, quería todo de él. No podía mentirse por más tiempo. Había traspasado todos los límites que se había autoimpuesto y ahora ya era tarde para volverse atrás. Le quería. Le quería de una forma que la lastimaba pero no podía hacer nada por evitarlo.
El profesor se deslizó en su interior con mucha suavidad y le arrancó un gemido entrecortado.
Comenzó con un vaivén suave y profundo. Los oscuros ojos del mago se clavaron en sus iris color melado y no se movieron de allí. Se mecía despacio, con embestidas largas y profundas que estaban llevando a Hermione al límite del mismísimo infierno. Sus dedos se entrelazaron en un íntimo apretón de manos mientras ambos respiraban pesadamente y bebían de los jadeos del otro.
La magia se arremolinaba sin control en el interior de la pareja. Ambos estaban cerca del orgasmo y un pulso mágico pugnaba por escapar de sus cuerpos.
Hermione no era dueña de sus emociones. Nunca había sentido nada tan intenso. Incapaz de apartar la mirada de la de él, no pudo ocultar como unas traicioneras lagrimas escapaban de sus ojos y corrían sin control hacia la cama del profesor humedeciendo su almohada.
No hizo falta acelerar el ritmo para que el clímax les envolviese a ambos y se perdiesen en los placeres del orgasmo entre gemidos. Mientras se perdían en las olas de su placer, su magia se sincronizó y brotó de sus cuerpos en una fuerte pulsación que hizo temblar el suelo de las mazmorras e incrementó las llamas de todas las velas y de la chimenea para después apagarse súbitamente y sumirles en la más profunda oscuridad.
La habitación quedó a oscuras y solo se oían sus respiraciones entrecortadas.
El profesor salió de ella con cuidado y se tumbó a su lado mientras intentaban calmar los latidos desenfrenados de sus corazones.
Eso había sido muy intenso. Demasiado intenso. Nunca antes su magia había hecho nada parecido. Snape estaba intrigado y confuso.
El profesor buscó la mano de Hermione en la oscuridad y tras entrelazar los dedos con ella, llevó sus manos a los labios y besó su piel caliente. Ella suspiró con tristeza.
-¿Estás bien? - preguntó Snape en un susurro.
-No. No estoy bien. - dijo ella con pesar.
-¿Te he hecho daño? - preguntó con preocupación.
-No, no es eso…
-Entonces ¿que es? -Ella permaneció callada. - Sabes que me puedes decir lo que sea.
-He faltado a mi palabra.
-¿Que quieres decir?
-Que me he enamorado de ti. - dijo ella muy bajito. - Te quiero, Severus.
El profesor se quedó sin respiración. Su corazón martilleaba en su pecho, un pitido se instaló en sus oídos su rostro perdió todo el color y su estomago se encogió de puros nervios.
Eso no podía ser verdad. Eso no era parte del trato. Ella no podía quererle. No se merecía que una bruja tan brillante le quisiese. Ella merecía mucho más que él…
Él nunca podría estar a su altura, no podría hacerla feliz, tendría que apartarla de su lado y permitirle volar. No podía retenerla junto a él. Había fallado en sus planes. Eso no estaba previsto, no lo había contemplado. Tenía que dejarla marchar y demostrarle que estaría mejor sin él. Él no podía querer a nadie. Él no creía en esa tontería del amor. Estaba por encima de esas bobadas del romanticismo. Severus Snape no amaba ni amaría nunca a nadie.
Eso era, la dejaría libre para que viviera su vida lejos de él y así ella conocería a alguien más adecuado y sería feliz y él volvería a su vida tranquila y controlada y no tendría que preocuparse de nada más y nada perturbaría su planificada existencia y dejaría de ver a la señorita Granger a diario y, y, y…
Y nada.
No podía imaginar un futuro en el que ella no estuviese. Esa maldita mujer se había colado en su vida poco a poco y sin darse cuenta. La quería a su lado.
Siempre.
Era inteligente, bonita, brillante… Y por algún tipo de milagro le quería. ¡A él!
Hacía tiempo que sabía que algo pasaba, no quería admitir que esa hechicera que yacía desnuda junto a él se había convertido en algo más que una simple compañera de cama. Todas las señales estaban ahí pero siempre había tenido un miedo atroz a mostrar afecto y sentirse rechazado. Hermione Granger se había convertido en una pieza fundamental en su vida. No podía ni quería apartarla. La necesitaba más que al aire que respiraba…
Hermione hizo ademan de marcharse ante el tenso silencio del profesor. Con su varita encendió alguna velas de la habitación para poder salir de allí con la poca dignidad que le quedaba. Necesitaba llegar a un rincón solitario y llorar a moco tendido por el rechazo y la humillación. Había abierto su corazón y lo habían destrozado en mil pedazos.
La mano que él sujetaba apretó más fuerte el agarre impidiendo que ella se moviese.
La chica le miró sorprendida.
-No te vayas. - dijo casi suplicando. - Por favor, Hermione.
El oír su nombre salir de esos labios que tanto amaba besar encendió una pequeña llama de esperanza en su interior.
Volvió a sentarse junto al profesor en la cama.
Se sentía desnuda emocionalmente y estaba muy frágil. Una palabra de él podía salvarla o hundirla en la miseria para siempre.
Severus les cubrió a ambos con las mantas y la abrazó contra su pecho para poder besarle la cabeza con ternura.
Hermione le miró a los ojos y Severus le devolvió una mirada cargada de intensidad intentando demostrar todo lo que sentía y era incapaz de decir con palabras. Le acarició suavemente la cara antes de besarla con ternura en los labios.
Ella le abrazó con fuerza y sonrió con genuina felicidad mientras una solitaria lagrima resbalaba por su mejilla.
El profesor se la secó y la acomodó mejor contra su cuerpo para poder dormir junto a ella.
No hicieron falta palabras de su parte para que Hermione comprendiese todo lo que sentía por ella.
