Buenos días a todos!
por fin traigo ese capítulo que algunos lleváis esperando durante bastante tiempo. ¡Por fin Snape y Pattrick se verán las caras!
Espero no decepcionaros. Me ha costado muchísimo sacar adelante la escena de la pelea y no me termina de convencer todavía... Pero o la dejaba así, o no había capítulo esta semana.
Ahora mismo estoy encallada con el próximo a la espera de que me visiten las musas y me ayuden a continuar...
Espero que lo disfrutéis muchísimo.
Mil gracias a todos por las palabras bonitas. Realmente me animáis mucho a no rendirme cuando no se como continuar.
Agradecer de nuevo a todos los que han puesto las historia en seguimiento y favoritos.
Se me olvidó decir que si alguien quiere ver como era el vestido que Hermione lució en la gala, hay una foto colgada en el capitulo en Wattpad. Me encontrareis allí como QueenSlytherin1
Un saludo
Queen Slytherin
Severus Snape apretaba contra su pecho el cuerpecito desnudo de Hermione. Ella dormía plácidamente entre sus brazos. Su respiración calmada y regular era como un bálsamo tranquilizador y relajante para él.
Enterró su nariz entre los castaños rizos de la chica y aspiró el dulce aroma que desprendía.
Por primera vez en sus 40 años de vida, se sentía completo y se atrevería a decir que incluso feliz. No sabía cómo ni porqué pero esa pequeña y deliciosa hechicera que dormía entre sus brazos le había elegido.
A él.
Por encima de todos de los demás. Y se sentía lleno de orgullo, exultante y a la vez aterrorizado.
Le daba pavor no poder estar a la altura. Temía hacer alguna cosa mal y que ella se terminase por marchar de su lado.
Pero estaba decidido ha hacer todo lo que estuviese en sus manos para llenarla de felicidad. Haría todo lo que fuese necesario para protegerla incluso si eso significaba tener que dejarla volar libre si ella así lo decidiese.
Desde ese momento, Hermione Granger era su absoluta prioridad.
Hermione se removió en los brazos de su profesor mientras despertaba. Abrió los ojos lentamente para verse envuelta en los fuertes brazos del oscuro mago. Depositó un beso en el fuerte pecho del profesor y le miró con una sonrisa en sus labios mientras disfrutaba de la tibieza de su cuerpo.
-Buenos días, Severus. - dijo con voz somnolienta.
-Buenos días. - respondió él antes de besarle la frente.
-¿Que tal has dormido? - preguntó ella.
-Creo que ha sido la mejor noche de mi vida. - admitió él.- Eres la cura para mis pesadillas.
-Vaya, que curioso… Creo que también ha sido la mejor noche para mí… - sonrió complice Hermione.
-¿Tienes hambre?
-No de comida… - dijo ella mientras alzaba las cejas de forma provocativa…
-Eres insaciable. - dijo antes de lanzarse a besarla.
Tras dedicarse unos minutos a besos y arrumacos y antes de que la cosa pasase a mayores, unos golpes en la puerta del despacho de Snape interrumpieron a la pareja.
El profesor se levantó de mal humor ante la risa de Hermione. Se cubrió con una bata y fue a abrir. Esperaba que fuera importante para haberle interrumpido en un día de fiesta cuando tenía algo tan importante entre manos.
-¡Que!- ladró al abrir la puerta.
-¡Vaya, buenos días para ti también, padrino! - dijo Draco mientras sonreía. - ¿Seguías en la cama?
-Creo que es bastante obvio que sí, Draco. - bufó molesto mientras se cerraba un poco más la bata. -¿Que quieres?
-¿Puedo pasar?
-No.
-Bueno, pues si quieres hablamos en medio del pasillo a mi me da igual…
Snape gruñó como respuesta y le hizo pasar de malas maneras al despacho para cerrar después con un sonoro portazo.
-Vale, ya estás dentro. ¿Que quieres?
-¿Le puedes decir a Hermione que salga?
-¿Que te hace pensar que está aquí? - dijo alzando una ceja.
-Veamos… Ambos desaparecisteis de la cena, ninguno ha ido a desayunar, son las 10 de la mañana y sigues en bata… Creo que es más que evidente.
-Espera aquí. - dijo Snape molesto antes de entrar a la habitación.
Draco se sentó en uno de los sillones del despacho y esperó. Unos minutos después Snape y Hermione salieron de la habitación completamente vestidos y algo avergonzados.
-¡Buenos días, Granger! - dijo el rubio con una sonrisa burlona. - ¿Una buena noche?
Hermione se sonrojó visiblemente mientras tomaba asiento al lado del chico.
-¿Que tal tu? - Preguntó ella bajito.
Draco sonrió abiertamente e hizo un gesto con los pulgares.
-Luego te cuento pero la verdad es que fue todo muy bien. Gracias por la ayuda, Granger.
Hermione sonrió y le abrazó. Se alegraba muchísimo por su amigo.
Snape se acercó a los chicos y le tendió a Hermione una taza con humeante café. Ella le sonrió dulcemente y él le colocó un rizo tras la oreja.
Draco les miraba boquiabierto. Los gestos de Snape reflejaban una dulzura y familiaridad con la castaña que el nunca le había visto con nadie. Parecía que por fin Snape había aceptado sus sentimientos y esos dos iban en serio.
El profesor tomó asiento junto a la chica y comenzó a beber de su propia taza esperando que Draco les contase el motivo de su visita.
-Bien, he venido a salvaros. - dijo por fin.
-¿A salvarnos? - preguntó Hermione confundida.
-Eso es. - sonrió con suficiencia.
-¿Y de qué si puede saberse? - preguntó Snape.
-De los rumores, claro.
-¿Que rumores?! - preguntó ella entrando en pánico.
-Los que comenzaran a circular si no explicas donde pasaste la noche, Granger.
Hermione empalideció ante el baño de realidad. Había estado tan sumida en sus propias emociones que no había pensado que pasar la noche en las habitaciones del profesor le podría acarrear problemas con sus compañeras de cuarto.
¿Cómo iba a explicar su ausencia?
Snape la miró al notar el cambio en su respiración. La pobre estaba al borde del colapso. Con un dedo, le recorrió la mejilla y le giró la cara lentamente para que le mirase. "Tranquila" le susurró para intentar calmarla.
-No te preocupes, Granger. Seré de nuevo tu coartada.
-Draco, no puedo pedirte que hagas eso…
-Y no me lo pides. Lo ofrezco yo.
-Ya pero, ¿y Astoria?
-¿Que pasa con ella? - preguntó el chico confundido.
-¿No se molestará si cree que hemos pasado la noche juntos?
-No te preocupes por eso. He hablado con ella y…
-¿Le has contado esto?!- gritó Snape molesto.
-¡No, hombre no! - se defendió Draco alzando las manos. - Simplemente sabe que estoy cubriendo a Hermione porque se ve con alguien pero no sabe con quien. Además, no necesariamente tenemos que decir que hemos dormido juntos. Tu – dijo señalando a Hermione. - sigue negando lo nuestro y la gente que crea lo que quiera creer.
-Esto es una locura… - dijo ella no muy convencida.
-Si, pero es la única solución.
-Vale, ¿como procedemos? - preguntó el profesor.
-Pues había pensado que en unas horas vendré a por Hermione y ambos llegaremos juntos al gran comedor a la hora de comer. Mientras, ella que espere aquí.
-De acuerdo. - dijo Snape.
-¿Podrás esperar un par de horas aquí encerrada, Granger? - Preguntó el rubio con una sonrisa burlona.
-Si, algo se me ocurrirá para pasar el rato. - dijo ella con fingida molestia.
Snape se levantó para dar por terminada la conversación y acompañó a Draco a la puerta.
-Gracias, Draco. - dijo una vez en la entrada.
-No te preocupes, padrino. - dijo sonriendo. - Nos vemos. - Y sin más se marchó del despacho.
Snape cerró la puerta y se dirigió hacia Hermione que esperaba sentada en el sofá terminando su café.
-¿Así que algo se te ocurrirá para pasar aquí dos horas? - Preguntó de modo juguetón.
-Sí, algo tengo en mente… - dijo ella mientras se levantaba y comenzaba a recorrer el pecho del pocionista con las manos…
Las manos del profesor recorrieron la espalda de la chica y se detuvieron sobre sus firmes nalgas ahora envueltas en tela vaquera. Las apretó y la alzó en volandas para que ella enroscase sus piernas al rededor de su cintura.
Se besaron con ardor y entraron de nuevo a la habitación del maestro.
Christopher Pattrick siempre había demostrado ser una persona segura de si misma. Arrogante, en ocasiones.
Desde muy temprana edad había demostrado grandes habilidades para conseguir todo aquello que se proponía. Llegando a usar incluso métodos poco ortodoxos si llegase a ser necesario.
Criado en una familia acomodada y siendo hijo único, tuvo desde pequeño todo aquel capricho que pudiese desear. Su padre, mago mestizo, se casó con una heredera muggle poseedora de una gran fortuna familiar a base de explotaciones petrolíferas en los estados unidos.
Patt mostró los primeros signos de magia a la edad de cuatro años cuando su padre había ya perdido la esperanza de haber concebido a un mago.
Hasta los 11 años estudió en los mejores colegios privados de América que su madre pudo encontrar y donde vivía en un hermoso rancho junto a sus progenitores, innumerables criados y rodeados de lujos.
Su educación mágica se llevó a cabo en la escuela de Ilvermorny.
Allí se graduó con notas aceptables (nada extraordinario) y decidió partir hacia Gran Bretaña para comenzar su aprendizaje en la academia de Aurores. La academia de Inglaterra era considerada como una de las mejores del mundo y él quería destacar sobre todos los demás. Así que no lo dudó y tras convencer a su madre para que corriese con los gastos de su estancia y educación, partió sin mirar atrás.
Se trasladó a vivir a una de las múltiples propiedades de las que disponían sus padres.
Su vida durante el aprendizaje en la academia estuvo llena de mujeres que pasaron por su cama.
Haciendo gala de su labia y poder de convicción, no tardó en crearse una lista considerable de amantes.
Patt disfrutaba de estar con mujeres sin ningún tipo de compromiso. Siempre se consideró un alma libre y un fiel detractor del compromiso.
No aceptaba un no por respuesta. Era perseverante y utilizaba todo tipo de artimañas para conseguir sus propósitos.
Cuando por fin se licenció y fue nombrado auror, se ganó el favor de su jefe, el señor Read, a base de hacer la pelota y acusar a compañeros. Eso le consiguió una muy buena posición entre las filas del departamento todo y ser tan joven.
Al poco tiempo de su ascenso, se le encomendó la tarea de ser el escolta de la mismísima Hermione Granger.
Al principio no estaba nada contento con ese trabajo. Era un coñazo tener que vigilar a esa niña… Con el paso del tiempo se fue interesando en ella. El aburrimiento de su tedioso trabajo le hizo intentar conquistarla como si de un reto se tratase.
Ella no quería saber nada. Le costó mucho hacer que esa niñata le dejase tocarla. A base de hacerse omnipresente en la vida de la castaña, logró por fin entrar en su circulo de amigos y acercarse a ella. Era la conquista que más tiempo le estaba llevando pero no pensaba perder la oportunidad de acostarse con la heroína de guerra Hermione Granger. Era como una leyenda en Inglaterra.
Si su jefe llegase a saber lo que pensaba hacer con ella estaba convencido de que perdería su empleo sin dudarlo pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr.
Realmente la chica le parecía de lo más aburrida e insufrible. Las horas que pasó con ella eran interminables pesadillas de parloteos soporíferos…
Ya lo daba todo por perdido hasta que un buen día la encontró con un bajón emocional. Esa chica era como una puñetera veleta con sus emociones y él se estaba cansando pero ese día fue su día. Tras aguantar meses de idas y venidas con sus cambios de humor causados por la guerra y sus horrores, ese día por fin, remataría su reto autoimpuesto.
Una cuantas palabras bonitas por aquí, unas copas de más en el pub para bajarle la guardia por allá y ¡Bingo!
La chica fue arrastrada a uno de los baños del local y por fin pudo dar por finalizada su meta.
Hermione no tenía el mejor cuerpo del mundo, ni era la más bonita de sus "amigas" pero consiguió lo que buscaba. Una muesca más en la funda de su revolver. Y encima con una persona influyente en el mundo mágico. Eso sumaba puntos.
Una vez hubo consumado, perdió todo el interés en ella y comenzó a poner sus miras en otra persona. ¿Que más daba si era una de las amigas de Hermione?
Cuando pasó por fin de la castaña, y terminó con la amiga de esta, fue llamado para otro cambio en su trabajo. El colegio Hogwarts de magia necesitaba un profesor de defensa contra las artes oscuras y su jefe había pensado en él.
Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró allí a Hermione. Pensaba que ella ya no estaría en la escuela.
Primero se molestó pero después pensó en sacar provecho de la situación.
No era un hombre al que le agradase repetir con la misma chica pero mientras durase el curso encerrado en ese viejo castillo, podía pasarla muy bien con Hermione.
Desgraciadamente ella no estaba por la labor. Además, su estancia no estaba siendo tan agradable como había imaginado pues tenía que compartir espacio con el odioso Severus Snape.
La leyenda de Snape era conocida a lo largo y ancho del mundo mágico. Todos sabían quien era, todos sabían que había hecho y en el fondo todos le tenían un poco de miedo. Él no quería dejarse intimidar pero realmente ese mago le ponía los pelos de punta con esa actitud tan hosca y esas malas maneras hacia él.
Y a partir de ahí todo se fue torciendo.
Hermione pasaba todas las tardes encerrada con ese murciélago cumpliendo un castigo y no podía acercarse a ella.
Para Navidad, recibió la noticia de que alguien le había substituido en su tarea de escolta. Por lo visto, alguien había sugerido un cambio y se le había concedido. Tenía que ser una persona con una buena posición y mucha influencia para conseguir algo así…
Comenzó a temer de nuevo por su empleo. Si la niña abría la boca y contaba lo ocurrido, adiós a todo. Ahora se lamentaba de no haberla amenazado con obliviarla o algo parecido.
Investigó al sujeto pero solo descubrió que era un hombre.
La suerte se puso de su lado cuando oyó una conversación durante la gala del 2 de mayo.
Snape.
Siempre el maldito Snape.
¿Sabría Snape lo ocurrido?
¿Había algo entre él y Hermione?
Todas esas preguntas bailaban por su mente… El comportamiento del profesor de pociones no había cambiado desde navidad pero no podía dar nada por sentado.
Tendría que hablar con esa niña otra vez después de la comida.
Hermione y Draco caminaban por los pasillos de las mazmorras en dirección al gran comedor.
Ella se veía nerviosa y él realmente relajado. Se cruzaron con unos pocos alumnos de primer año que les miraron con la boca abierta pero ninguno se atrevió a decir nada ante la fría mirada del joven Malfoy.
-Te noto muy contento hoy, Draco. - comenzó a decir ella. - ¿Que tal fue tu noche?
-Pues la verdad es que salió todo rodado. - dijo con una amplia sonrisa.
-¿No piensas darme más detalles? - dijo ella pinchando el brazo del muchacho con un dedo.
-No. Soy todo un caballero y como tal no revelaré nada sobre mis conquistas..
-¿Así que triunfaste?! - dijo ella alegre y feliz por él. Draco sonrió de medio lado.
-Bueno, digamos que tuvimos una efusiva despedida…
-¡Vaya con el Don Juan! - añadió Hermione riendo.
-Te debo una, Granger. Todo fue gracias a tus consejos.
-Tonterías. - dijo ella moviendo una mano como si espantase una mosca. - Todo es gracias a tu encanto. Además, con la ayuda que no estás brindando, me doy por mucho más que satisfecha. Solo quiero que me cuentes más de tu noche.
-Bueno, seguí tus consejos y la verdad es que todo fluyó muy bien. Bailamos, charlamos y disfrutamos mucho. - Hermione le miraba sonriendo. - Sus padres me acogieron como a uno más y me invitaron a pasar con ellos el verano si la salud de Astoria está estable.
-¡Eso es fantástico! - dijo ella muy contenta.
-Y si todo sigue así de bien, anunciaremos nuestro compromiso para las próximas navidades.
-¡Como!? - gritó Hermione. - Eso es muy gordo, Draco… ¿Estás seguro?
-Si te soy sincero, es un tema que sus padres y los míos ya habían hablado hace años. Luego llegó la guerra y el resto pues ya lo sabes.
-Pero tu y Pansy…
-Bueno, no me siento orgulloso de ello. - dijo avergonzado. - No fue más que un pasatiempo en tiempos oscuros. Cuando todo estalló, Astoria y su familia se marcharon para alejarla de todo y yo pues… Cometí errores.
-Pero, ¿Una boda? ¿Tan pronto?
-Es muy normal en las antiguas familias de magos sangre pura concertar matrimonios…
-¡Pero estamos en el siglo XXI! - dijo ella entre molesta y sorprendida.
-Ya, pero en este mundo no. Seguimos anclados en el pasado. Pero no te preocupes, ayer hablamos largo y tendido con el padre de Astoria y dice que respetará la decisión de su hija, no va a obligarla.
-¿Y si te dice que no?
-No lo hará. - dijo Draco muy seguro de si mismo. - Pero si lo hiciera, respetaría su decisión. Pero lo hemos hablado, y ambos queremos estar juntos. - dijo encogiendo los hombros.
-Ya, pero…
-Granger, tu mejor que nadie sabes que la vida puede terminar de un día para otro. Astoria lleva sobre sus hombros el peso de esa maldición y no puede saber con exactitud cuanto tiempo tiene entre nosotros. ¿Porqué esperar? La vida es corta y si amas a una persona no desperdicies ni un solo segundo que no sea a su lado.
Hermione se quedó callada meditando esas palabras. El chico tenía razón. Mucha razón.
Ella quería a Snape y no quería pasar más tiempo alejada de él pensando demasiado las cosas. A veces era mejor tirarse de cabeza y lidiar después con las consecuencias.
-Tienes razón, Draco. - dijo mientras sonreía. - Mereces ser feliz y si es con ella, adelante. Me alegro mucho por ti.
Los chicos se abrazaron en medio del desierto pasillo.
-¿Lista para interpretar tu papel, Granger?
-Lista.
Los muchachos entraron juntos al gran comedor. Se despidieron en la puerta con una sonrisa cómplice y cada uno se dirigió a su respectiva mesa.
La comida de ese día fue tensa para Hermione.
Ginny la sometió a un interrogatorio digno de la inquisición española. La castaña se mantuvo en su frase favorita de esos días para describir su relación con Draco "Sólo somos amigos".
Ron estaba muy molesto con ella aunque la chica no entendía muy bien porqué…
Durante la comida, llegaron las lechuzas con el numero especial del 2 de mayo del profeta.
Desde el fin de la guerra, el periódico hacía un especial con fotos y un resumen de la gala de la noche y con los habituales obituarios a los caídos. Las familias solían mandar notas recordatorias a la memoria de sus fallecidos.
Las reacciones no se hicieron esperar esa tarde cuando los alumnos abrieron el diario para ver las fotos y comentar los vestidos de las invitadas.
-¿Te vas a San Mungo? - preguntó Harry a Hermione.
-Pues no lo se… - respondió esta dubitativa. - Me han hecho una oferta pero lo estoy pensando.
-¿Te vas con Snape?! - Gritó Ron escupiendo la comida por toda la mesa. - ¿Has perdido el juicio?
Hermione le miró de malas maneras y le arrebató el periódico de las manos.
Buscó un poco entre sus paginas y por fin encontró la causa de tanto alboroto.
Allí, en mitad de una página, había la foto que les tomaron la noche anterior. El pie de foto decía que el señor Malcom se enorgullecía de presentar a sus dos nuevos y brillantes fichajes para el departamento de investigación del hospital.
Hermione resopló divertida. Ese mago metiche estaba cumpliendo con su palabra cuando le dijo que no aceptaría un no por respuesta.
La castaña estudió durante unos segundos la foto. Realmente se veía muy bien junto a Snape… Un leve rubor tiñó sus mejillas.
-Todavía no me he decidido, Ronald. - dijo devolviendole el periódico.
-Pero aquí dice…
-Se lo que dice pero todavía no he dicho que si.
-¿Pero lo vas a hacer, verdad? - preguntó Harry con interés. - A ver, es una muy buena oferta…
-Sí, realmente es un honor que te quieran para trabajar en los laboratorios del hospital. - dijo Ginny ilusionada.
-Ya, ¿pero con Snape? - preguntó Ron con cara de asco.
-Bueno, es un mago brillante… - dijo Hermione bajito.
-Sí, y si está de acuerdo en tenerte trabajando con él es porqué cree que tienes aptitudes. - dijo Neville uniéndose a la conversación. - Yo no lo pensaría.
-Supongo que aceptaré – dijo Hermione. - Realmente es un buen trabajo…
Mientras los chicos seguían conversando, en la mesa de los profesores se desarrollaba una situación parecida.
Minerva hablaba con Snape y se lamentaba de que les dejase aunque realmente se alegraba por él. La bruja sabía de buena tinta que ser profesor no era más que una imposición para Severus y que él sería realmente feliz de poder trabajar entre calderos sin necesidad de aguantar a alumnos.
La directora se mostraba algo sorprendida pero gratamente feliz de que contaran con Hermione para el proyecto. No se le ocurría alumna más preparada para ello.
Snape alabó muy discretamente las aptitudes de su pupila.
Patt no perdía detalle de la conversación. Algo le olía a cuerno quemado en todo aquello.
¿Snape hablando bien de un alumno? Eso era raro.
También le parecía sospechoso que tras saber que fue precisamente Snape quien pasó las navidades con Hermione, fuese justamente ella la elegida para trabajar en el hospital… A ver, podía ser una coincidencia pero algo le daba en la nariz de que no era así.
Terminó rápido de comer y se marchó del comedor para poder esperar a la chica y preguntarle directamente que pasaba.
Hermione fue interceptada por Patt mientras se dirigía a la torre de Gryffindor.
La agarró por el brazo de muy malas maneras y la arrastró a un solitario pasillo lateral.
La chica forcejeó con el profesor para soltarse pero este la empujó contra la pared y le cubrió la boca con su mano para que no chillase.
Los ojos de la castaña se abrieron con miedo cuando fue plenamente consciente de quien era su "atacante".
-No grites. - dijo él antes de lentamente bajar su mano. - Tengo varias cosas que preguntarte…
Hermione le miró sin comprender muy bien que pasaba. Esas últimas semanas había mantenido las distancias con él y le había evitado todo lo posible.
-Iré al grano, ¿pasaste las navidades con Snape? - La chica ante él empalideció y apartó la mirada pero no pronunció ni una palabra. - Tus reacciones te delatan.
-No pasé las fiestas con él. - dijo ella lentamente.
-Se que mientes.
-No miento. Las pasé con mi nuevo escolta designado por el departamento de aurores. Si era o no Snape es irrelevante.
Patt bufó molesto ante la respuesta de la castaña.
Odiaba a Snape. Le odió desde que puso los pies en el castillo y él le trató con tanta indiferencia. Le odió por tener a Hermione atada a ese castigo diariamente, le odió por enfrentarse a él repetidas ocasiones y ahora le odiaba por haber hecho que le apartasen de su trabajo de escolta y por haber sembrado la duda de sus capacidades con su jefe el señor Read.
-¿Te lo has tirado? - preguntó con desprecio.
-No.
-Mientes, Mimi, se que mientes. - dijo casi en un susurro cargado de ira.
-No miento y eso tampoco es asunto tuyo. - dijo mientras intentaba marcharse. Él se lo impidió y la acorraló de nuevo contra la pared.
-Dime cómo lo hizo. Cómo me apartó.
-No lo se.
-Vuelves a mentir. Algo pasó para que lograse sustituirme.
-De verdad que no lo se. Sólo se que habló con alguien del ministerio y ya.
-No es tan fácil. - dijo él molesto.
-¡Yo que se, Patt! - Hermione comenzaba a ponerse nerviosa. - Dejame ir, por favor.
-Se que hay algo entre vosotros.
-No digas estupideces.
-Te defendió ante mi cuando irrumpió en aquella clase mientras tu y yo discutíamos, te tiene todo el día encerrada en las mazmorras y acabo de ver la publicación del profeta.
-Irrumpió en la clase porqué yo estaba faltando a la suya, me tiene encerrada porqué cumplo un castigo que impuso la directora y los del profeta no es más que una foto de la cena con el director de investigación de San Mungo.
-Snape nunca a ido a buscar a un alumno él mismo. - Hermione se encogió de hombros sin saber que decir. - Y esa foto dice mucho más. La forma en la que te mira mientras tu desvías la mirada… Así no se mira a una alumna. - ella no pudo evitar sonrojarse levemente.
-Son todo imaginaciones tuyas. - dijo en un susurro.
-Se que no lo son. Quizás debería acusaros y hacer que le despidan…
-Yo podría hablar y hacer que te despidan a ti. - dijo ella decidida.
El profesor agarró por el cuello a Hermione y la empujó más fuerte contra la pared.
-Más te vale mantener la boca cerrada, niña. - Los ojos de la chica estaban llenos de lágrimas. - Tienes mucho que perder tu también…
-¿Que pasa aquí? - dijo una voz desde el fondo del pasillo.
Draco Malfoy había ido a buscar a Hermione a la torre de Gryffindor cuando le dijeron que no había llegado a entrar. La buscó por los pasillos cercanos cuando le pareció oír voces. Sigilosamente se paró cerca de un pasillo lateral y pudo oír parte de una tensa discusión entre su amiga y el profesor Pattrick. No le quedó más remedio que intervenir cuando la situación pasó a las manos y el profesor agarró a su alumna por el cuello.
-Nada que sea de su incumbencia, señor Malfoy. - dijo el profesor soltando a Hermione.
El rubio miró a la chica que jadeaba en busca de aire. Iba a arremeter contra el profesor cuando Hermione le dedicó una mirada suplicante para pararle.
-No olvide lo que hemos hablado, señorita Granger. Que tengan buena tarde. - dijo Patt mientras se marchaba de allí.
-Hermione, tienes que contar a la directora lo que ha pasado. - dijo Draco.
-No, no puedo.
-Pues al menos habla con Snape. - dijo casi suplicante.
-¿Estás loco?! No puedo decirle nada de esto.
-Pero…
-Nada de peros. Patt lo sabe, Draco. - Él la miró apenado. - No puedo permitir que cuente algo y deje a Severus en la calle. Solo quedan unas semanas más de colegio y seremos libres.
Draco no dijo nada. Simplemente abrazó a Hermione que comenzó a llorar sobre su hombro.
Esa vez no cumpliría su palabra. Esto había llegado demasiado lejos. Si ella no le contaba nada a Snape, lo haría él.
Snape se despertó temprano.
Había pasado la tarde con Hermione. La chica estaba algo distante, cómo si le preocupase alguna cosa que él no lograba comprender.
Habían hablado largo y tendido sobre el proyecto del profesor junto con el hospital y ella se había mostrado entusiasmada. Había aceptado el puesto y el propio Snape se puso en contacto de inmediato con el señor Malcom para darle la buena noticia.
Hermione se mostraba algo preocupada con la naturaleza de su relación con el pocionista y su nuevo trabajo. Desconocía si el hospital tenía alguna norma de no confraternización entre compañeros pero Severus le había asegurado que eso no iba a ser ningún problema para ellos. Cenaron juntos en la intimidad de los aposentos del profesor y después ella se marchó a su torre para poder ayudar a Ginny con los exámenes que estaban ya a la vuelta de la esquina. A finales de mayo serían las pruebas y para mediados de junio habrían terminado su estancia en el colegio y estarían graduadas.
Llamaron a la puerta del despacho mientras Snape se terminaba de vestir.
Se acercó a abrir extrañado. Era muy temprano para que nadie le interrumpiese.
Draco Malfoy esperaba tras la gruesa hoja de madera con cara de preocupación.
-¿Draco? - preguntó sorprendido el profesor. - ¿A que debo el honor de tu visita tan temprano?
-¿Podemos hablar? - dijo el chico muy serio.
-Tengo poco tiempo, Draco. En media hora tengo una reunión de profesores antes de que comiencen las clases.
-Es importante.
El semblante del muchacho era serio y eso inquietó a Snape. Se hizo a un lado para dejarle pasar y cerró la puerta tras él.
-¿Que pasa? ¿Está bien Hermione? - preguntó preocupado.
-Será mejor que te sientes, padrino.
-Draco, dejate de tonterías y dime que narices está pasando. - El chico suspiró profundamente.
-Hermione tiene problemas.
El corazón del profesor dejó de latir de pronto. El aire se atoró en sus pulmones y el poco color que tenía abandonó su rostro.
-¿Que clase de problemas? - preguntó sin expresión.
-El profesor Pattrick lleva acosándola desde principios de curso.
-¿Cómo?! - rugió colérico. - ¿Por qué no se me informó?!
-Hermione no quería buscarte problemas, creía que lo podría manejar sola pero estos últimos días la cosa se ha salido de madre y temo por ella.
-Será mejor que te expliques. - dijo el maestro acercándose peligrosamente al chico mientras notaba como si mil hormigas recorriesen su cuerpo.
-Tranquilizate, ¿quieres? - dijo Draco un poco asustado. - Le prometí a ella que no te diría nada pero creo que esto ya es demasiado serio para ocultarlo más tiempo.
-¿Tu lo sabías?! - gritó. El chico asintió con pesar. - ¿Lo sabías y no hiciste nada?!
-¡Ella me suplicó que no interviniese!
Snape de acercó peligrosamente a Draco, le agarró fuertemente por la barbilla y le obligó a posar sus ojos azules sobre sus oscuros pozos negros. El joven Malfoy sabía de sobra que pasaría a continuación. Él entraría en su mente y buscaría todos sus recuerdos para conocer la verdad. El chico le iba a dejar hacerlo sin oponer ninguna resistencia. Apreciaba mucho a Hermione y aunque había fallado a su palabra de no decir nada, sabía que estaba haciendo lo correcto. Alguien debía conocer la verdad para poder ayudarla y pararle los pies por fin a ese mamarracho.
Snape entró con facilidad en la mente de Draco. Agradeció que el chico no le pusiese mayor impedimento.
Buscó entre sus recuerdos hasta que fue viendo todo poco a poco. Vio las conversaciones de Hermione con Malfoy, como ella lloraba sobre el hombro del chico desesperada y perdida, vio el enfrentamiento de pattrick con ella en la biblioteca y descubrió que los golpes que presentaba la chica no habían sido un accidente como le hizo creer. Cuanto más iba conociendo de la verdad, más crecía su ira. Ese desgraciado había osado poner las manos sobre su bruja y lo iba a pagar muy caro. El último recuerdo le acabó de destrozar. Pudo ver como ese imbécil había acorralado a Hermione en un pasillo y la había increpado la tarde del día anterior pero su ira desbordó cuando tras acusarla de mantener una relación con él la había agarrado del cuello y golpeado de nuevo contra la pared.
Salió de la mente de Draco que le miraba con terror.
El profesor estaba jadeando en busca de aire. Sus ojos eran fuego liquido. Sólo veía rojo, no oía más que un pitido en sus oidos y sus manos temblaban descontroladamente.
Miró a Draco un segundo antes de salir a paso rápido del despacho con su capa hondeando tras él de forma fantasmal.
Sus pasos resonaban sobre el suelo de piedra. La ira le cegaba. Debía encontrar a ese desgraciado y hacerle pagar todo lo que le había hecho a su pobre Hermione.
Entró a la sala de profesor golpeando la puerta contra la pared de tan fuerte que la abrió. La reunión ya había comenzado y todas las cabezas se giraron a mirarle.
-Por fin nos honras con tu presencia. - dijo la directora ajena a lo que se avecinaba.
Snape respiraba pesadamente. Miró a todos los presentes y sus ojos se posaron sobre el profesor Pattrick que estaba sentado dos sillas a la derecha de Minerva.
Sin vacilar ni un segundo se acercó a él y le apartó de la mesa de un tirón. El auror le miró sin comprender durante una fracción de segundo antes de que un fuerte y certero puñetazo impactara sobre su mandíbula. El sabor de la sangre inundó la boca de Patt antes de que este se desplomara sobre la mesa.
Se desató el terror en la sala de profesores.
Los demás maestros se apartaron de la mesa e intentaron separar a los dos magos entre gritos.
Snape se zafó de todos, agarró a Patt por el cuello y le aplastó sobre la mesa para seguir golpeándole sin piedad.
Tenía la cara completamente enrojecida. Enseñaba los dientes de forma amenazante mientras gruñía en cada golpe.
-¡Severus, detente! - Gritaba la directora desesperada.
Snape no oía ni veía a nadie más que al desgraciado que había dañado a Hermione.
-¡Vuelve a tocarla, desgraciado! ¡Vuelve a tocarla! - gritaba fuera de si.
Patt por fin entendió el motivo del brutal ataque.
De pronto Snape fue alzado por los aires separándole por fin del auror.
Hagrid tenía firmemente sujeto al pocionista que se removía para soltarse.
-¡Suéltame! - gritaba desesperado. - ¡No he terminado con él!
Patt estaba a punto de perder el conocimiento. Tenía la cara toda magullada y llena de sangre. Se incorporó un poco para poder escupir en el suelo. Su ojo derecho se estaba hinchando mucho y lo tenía casi cerrado.
Miró al profesor Snape con rencor.
-Yo tenía razón. - dijo a nadie en particular.- Todo esto es por esa pequeña putita que…
-¡No hables así de ella! ¡Te mataré! ¿Me oyes?! - rugió Snape encolerizado.
-¿Que se siente al saber que yo la saboreé primero, viejo?
-Profer Pattrick, ¡Basta! - gritó McGonagall.
Snape se soltó de Hagrid y volvió a golpear al auror que cayó redondo al suelo.
La directora conjuró unas cuerdas para mantener a Snape apartado y le silenció con un hechizo.
-¡Basta los dos!- gritó. -En todos mis años de enseñanza es la primera vez que presencio un espectáculo tan bochornoso.
La sala de profesores se sumió en un silencio sepulcral. Nadie sabía que es lo que había pasado pero tenía que ser algo gordo para que Snape se pusiera de ese modo. Sabían que era algo relacionado con una mujer pero nadie estaba preparado para lo que vino después.
El profesor Pattrick se sentó en el suelo algo mareado por la contusión. Alguien le ayudó a ponerse en pie.
Snape estaba en un rincón de la sala inmovilizado. Tenía la cabeza gacha y el pelo le ocultaba el rostro.
-Nunca pensé – comenzó a decir Patt con evidente esfuerzo- que lo que esconde Hermione bajo ese uniforme valiese tanto la pena. La chica no es nada del otro mundo.
Toda la sala se quedó muda de nuevo. Snape levantó de golpe la cabeza e hizo explotar todos los cristales de las ventanas con una pulsión incontrolada de su magia. Aprovechó para mandar directamente a la cara de Patt un grueso libro que le dejó inconsciente por el golpe.
Todos se quedaron mirando unos a otros sin saber muy bien que decir.
Snape respiraba con dificultad, Pattrick estaba inconsciente en el suelo y la directora estaba completamente en shock.
Minerva tomó aire para intentar calmarse y tomar de nuevo las riendas de la situación. Lo que había dicho Patt era una acusación muy grave y esperaba de todo corazón que no fuese cierto pero viendo la reacción de Snape, sabía que no era así y que se avecinaban problemas muy gordos.
Los demás profesores estaban completamente lívidos intentando asimilar lo que había ocurrido. ¿Snape con Hermione Granger? Eso no podía ser cierto...
-Hagrid – dijo la directora. - Lleva a Patt a la enfermería. - Y que no salga de allí. Los demás, no quiero que nadie diga una palabra de lo que aquí ha ocurrido. - Los profesores asintieron. - Espero que podáis mantener la boca cerrada mientras aclaro todo esto o tendré que borraros el recuerdo a todos.
Todos se fueron marchando con cara de estupefacción. Filius reparó todas las ventanas antes de marcharse.
-Tenemos mucho de que hablar, Severus. - dijo la directora muy seria. El mago asintió. - ¿Puedo desatarte para que vengas como una persona civilizada al despacho? -Snape asintió de nuevo.
La directora finalizó los hechizos que mantenían a ralla Snape.
-Minerva, yo… - comenzó a decir con pesar.
-No. Calla. - dijo alzando una mano frente a la cara del profesor. - Hablaremos en mi despacho.
Minerva salió con paso decidido de la sala de profesores y Snape la siguió en silencio por los pasillos mientras su mente era hervidero de culpa, dolor, rabia y temor por el futuro incierto que se le avecinaba a Hermione después de lo sucedido.
