El plan
Parte dos
El profesor Snape cerró la puerta tras de sí con un golpe casi brusco. Por fuera, sus facciones frías como el hielo no dejaban entrever ni un atisbo de ninguna emoción. Pero por dentro…
Por dentro su corazón retumbaba contra su pecho vertiginosamente casi sin control.
¿En qué momento había decidió hacerle caso a su ahijado?
¿En qué estúpido momento se había vuelto un débil?
¿En qué maldito y bizarro momento había caído tan bajo para rebajarse a ese nivel?
Sencillo…
En el momento en que había visto a esa mujer delante de él.
Era su maldita perdición.
Lo era, y lo peor de todo es que creía que ya lo tenía asumido. Hermione Granger se había convertido en su punto débil a pesar de sus intentos frustrados de apartarla de su lado. Claro que le gustaba ella, no era estúpido para negar algo que era más que obvio desde hacía bastante tiempo. Pero su orgullo y su carácter, combinado con un pasado más que conocido, lo convertían a él en la peor mezcla para relacionarse con cualquier ser humano, mas, si se trataba de una mujer, y muchísimo más si se trataba de esa mujer en concreto.
La situación con Black no había ayudado a mejorarlo, y definitivamente su forma de verlo todo no había contribuido.
Puede que su ahijado tuviera razón.
¿Se había retractado por lo que le había dicho él?
Severus cogió aire, se quitó la túnica de profesor y se desabrochó todos los botones de su levita dejando ver la camisa blanca que traía rigurosamente siempre bajo sus ropajes sobrios, después se desplomó sobre su sillón agotado.
No estaba seguro de porque se había retractado, más allá por supuesto de porque le gustaba esa mujer. Quizás Draco había influido en él, de uno forma u otra.
Quizás si…
Se llevó la mano a la levita para recoger su libreta de notas y gruñó al darse cuenta de que no la tenía porque había salido casi huyendo de su despacho; si huyendo. Y ahora estaba enfadado por ello.
Primero, porque él no huía, y segundo; porque ahora tenía que volver a por la libreta y no le apetecía volver a su despacho. Era tarde, quería tomarse una copa de whiskey tranquilo y con suerte alejarse de los mocosos un par de horas antes de la cena, y si tenía mucha suerte, quizás incluso saltársela y estar libre toda lo que quedaba de día hasta mañana.
Gruñó de nuevo, necesitaba esa maldita libreta.
Se levantó rápidamente y entró veloz en su despacho acercándose a su escritorio.
-¡Demonios Granger!- Gritó con la varita en la mano apuntándola, cuando vio a la chica aún en la puerta, con la misma pose y las mismas facciones de sorpresa en la cara con la que la había dejado escasos minutos atrás.- ¿A caso quiere morir?- Inquirió molesto mientras volvía su varita al interior de su manga.
-Perdón… Iba a irme, pero…- Hermione cogió aire y frunció ligeramente el ceño mientras bajaba la mano por fin e hinchaba el pecho dejando que el oxígeno llegara a todas las partes de su cerebro, que, claramente gritaban por la falta de aire.- Me quedé absorta. Disculpe.
La Gryffindor levantó la vista lo justo para ver a aquel hombre frente a ella. Por primera vez en su vida parecía tan sorprendido como ella, y no se estaba preocupando en ocultarlo.
Su levita abierta mostrando la camisa blanca, y su mano sujetando el vaso de whiskey no ayudaron a calmar el fuerte sonrojo que cubría sus mejillas desde hacía unos segundos.
-Lo voy a decir una vez, una sola. No me repetiré.- Susurró de repente Snape, vació la mayoría del contenido de su vaso y lo dejó sobre el escritorio dándose la vuelta y encarándola directamente. Aunque entre ambos hubiera varios metros de distancia; Hermione parecía que lo tenía justo frente a él a pocos centímetros, su porte imponente y ese fuerte aire misterioso y Slytherin lo tenía más marcado que nunca.- Soy una persona muy hermética, mis circunstancias no han sido las mejores, pero aun así usted ha conseguido conocerme más que cualquier otra persona.- Declaró con solemnidad.- Hace un momento le dije algo que decía en serio, no espero nada a cambio. Sólo quiero que sepa que no me inmiscuiré en sus relaciones fuera de esta aula, o del colegio.- Sus palabras serias pero extremadamente suaves dejaron a Hermione atónita, sin embargo su corazón latía con fuerza y su estómago vibraba como nunca lo había hecho. Estaba maravillada y sorprendida a la vez de oírle decir eso.- Pero quiero que sepa…- Snape cogió aire y apretó la mandíbula.
Merlín decir aquello le estaba costando más que muchas de las cosas que había hecho en su vida.
Gruñó un momento y bufó.
-Quiero que sepa que estoy interesando en usted mas allá de la relación profesor alumno.- Aquellas palabras salieron extrañas de su garganta, secas, casi rasposas. Pero sin embargo estaban llenas de decisión. Hermione lo miró a los ojos, no sabía que encontrarse, no sabía exactamente cuál era el siguiente paso. Aquella mirada tan hostil que había visto varias veces no estaba, su mirada seguía siendo fría, expectante, y sin embargo podía percibir mucho más que sólo aquella fachada de seguridad.
Snape tenía la mandíbula apretada, trataba de recordarse a sí mismo que a pesar de todo lo que pudiera pasar a partir de ahora, debía mantenerse imperturbable. Debía demostrar entereza, y como dijo Draco (y con gran pesar), debía estar ahí pasara lo que pasara. Aunque lo humillase.
Caer tan bajo le parecía una aberración. ¿En qué momento el se había dejado manipular y humillar por una mujer?
Pero no era una mujer cualquiera…
Era Hermione Granger y ya había quedado claro que con ella todo era diferente.
-Gracias por su honestidad.- Agradeció de corazón mientras suspiraba aliviada.- Y ya que usted ha sido honesto, se merece el mismo trato.- Comentó suavemente. Cogió aire ampliando su pecho y cogiendo seguridad. Haciendo gala de su valentía Gryffindor.- Aunque esperaba estaba conversación hace tiempo no importa. Bien… No le voy a mentir; sinceramente deseaba haber tenido más con usted que una sola cita desde el principio…- Hermione se acercó un poco, tratando solo de reducir las distancias y que no fuera tan incómodo.- Lamentablemente y por los motivos que ambos sabemos se quedó ahí. Pero aun así me sigue gustando profesor…- Reconoció la bruja abiertamente. Snape apretó los puños, sabía que en algún momento habría algún pero importante. Sólo deseaba que su entrenamiento para Mortífagos de varias décadas le sirviera para mantener su temple a raya. No iba a mostrar debilidad.- Pero…- El Slytherin enmascaró un gruñido, aunque sus ojos no mentían.- No es el único; sabe que me gusta Sirius, he salido con él, aunque solo ha sido una cita y no es nada serio. De momento…- Su voz era asombrosamente tranquila.- No le estoy diciendo que no profesor, sólo le estoy diciendo que no voy a renunciar a esto de momento. Soy una persona adulta y mientras no haya ninguna persona seria en mi vida, va a seguir así.
¿Qué iba a decirle a Snape? ¿Qué tenía que ganársela de nuevo? ¿Qué tenía que asegurarse de que no iba a salirse con alguna de sus inseguridades otra vez? ¿Qué ya no se fiaba de sus palabras?
No podía decirle eso porque nadie pondría esas condiciones si no era para algo serio, y sinceramente aunque le gustara mucho Snape, (mucho) era demasiado pronto para firmar una relación seria de matrimonio e hijos y hasta que la muerte los separe.
La bruja suspiró suavemente, y tras unos segundos eternos sonrió abiertamente. Se había quitado un peso de encima, no se podía creer que ellos dos hubieran tenido esa conversación…
Esa conversación de personas normales. Si lenguas afiladas, comentarios ácidos o miradas hostiles.
-Es una mujer adulta y está en todo su derecho.- Siseó con brusquedad. Aunque a Hermione no le importó lo más mínimo, sabía que no lo decía con molestia, sólo estaba siendo él. Y no podía echarle en cara su comportamiento, porque primero, le gustaba su forma de ser; y segundo, porque le estaba diciendo que si quería salir con ella que lo hiciera, pero no iba a ser el único de momento.
La joven no pudo evitar cruzar el despacho y abrazarlo con fuerza.
Sabía que el contacto físico era complicado para él. Pero realmente, en aquel momento, lo único que quería era abrazarlo. Y como siempre, no esperaba que Snape le correspondiera; aunque le gustara, debía respetar que él tenía otra forma de expresarse, y eso estaba bien también. Sin embargo se sorprendió gratamente cuando sintió los brazos rodearla y un olor a hierbas y loción de afeitado.
-Gracias profesor Snape.
-No tiene…
Hermione levantó la cara, y depositó un suave beso en su mejilla. Su corazón latía con fuerza. Era imposible obviar lo mucho que le gustaba ese hombre.
¿Cómo?
No lo sabía exactamente, pero le gustaba mucho, muchísimo.
Se separó de él un poco para dedicarle una leve sonrisa.
-Buenas tardes profesor Snape.- Se despidió antes de salir de allí caminando casi como si estuviera en una nube.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¡Draco!- Gruñó con violencia metiendo la cabeza por la chimenea.- Mis aposentos, ¡ahora!
Unos segundos después una cabellera rubia se personó en la sala.
-Merlín padrino.- Se quejó por los modos.- No hace falta que me grites así.- Siseó mientras se recolocaba su impoluta camisa y se acomodaba el pelo.
-Te he hecho caso.- Le echó en cara mientras se llenaba el vaso de whiskey y lo vaciaba para volver a llenarlo. Sus oscuros pozos negros refulgían con un brillo inquietante y casi peligroso.
-Te dije que podía salir mal.- Se excusó Malfoy mientras lo imitaba, se servía un vaso y se sentaba frente a él.
-¿Qué?- Masculló entre dientes algo confuso.- Me ha dado un beso.- Siseó. La cara de Draco cambió al momento, sonriendo triunfante. Sólo le faltaba dar saltos de alegría.
-¿Y porque demonios estás así?- Se quejó el chico.- Parece que tuvieras ganas de matar a alguien.
-¿Y cómo demonios te piensas que tengo que estar?- Seseó con rabia.
-¿Alegre? ¿Feliz?- Ante la mirada oscura y asesina que le estaba lanzando su padrino levantó las manos en señal de paz.- Vale, ya sabemos que eso no forma parte de ti. Que tal… ¿Victorioso?- Preguntó de forma casual.- Has conseguido lo que querías ¿no?
-Más o menos.
-No me digas que fue un beso de compasión. Esos son los peores…- Murmuró casi para sí mismo.
-¿Te piensas que estarías ileso si eso fuera así?
-Buen punto… ¿Entonces?
-Le dije que quería algo más…
-Merlín, ve al grano.
-Me dijo que no tiene nada serio con Black, pero que va a seguir como ahora. Y que no me estaba diciendo que no.- Snape frunció el ceño confuso. Se llevó las manos a la cara frustrado.- ¿Eso qué demonios significa?- Soltó enfadado.
-Significa que vas a tener que trabajártelo. No las vas a tener para ti solo.
-Yo no comparto.
-Pues tendrás que aprender a hacerlo, porque es verdad. Granger te ha dicho que es una persona libre, que puede salir con quien quiera cuando quiera y que tienes permiso para pedírselo tú también. Bienvenido al mundo real.- Draco se levantó, dejó el vaso a un lado y se dirigió a la chimenea.
-¿Donde te crees que vas?- Escupió con rabia.
-Estás perfectamente y yo tengo cosas que hacer.
-¿Cómo?- Lo fulminó con la mirada.
-Tengo una cita. - Se despidió.- Adiós.
-¿Y que se supone que debo hacer?
-Procura no comportarte como un murciélago antisocial y te irá bien.- Se rió antes de desaparecer.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¡Vamos chicos!- Animó el profesor Black moviendo un poco la varita arreglando un par de ventanas rotas.- Los de primero tienen más soltura que vosotros.- Bromeó divertido.
-Siempre nos compara con los de primero.- Le interrumpió un chico.- Llevamos toda la semana con el mismo ejercicio. Ya lo sabemos hacer…
-Si de verdad lo supierais hacer no tendríais que repetirlo.
-Si nos hiciera una ejemplo práctico quizás sería más fácil aprenderlo.- Se burló el Slytherin.- Quizás no pueda.- Bromeó. La clase estalló en carcajadas.
-¿Me estás llamando viejo Erik?- Sirius sonrió.
-Jamás profesor.- Erik le devolvió aquella sonrisa pícara.
-¿Qué tal si hago una demostración exacta del ejercicio?- Los ojos del animago refulgían con diversión.- Y después de eso, si lo hacéis bien, doy el resto de clase libre.- Les incentivó.
-Eso estaría bien profesor Black.- Asintió el muchacho medio riéndose. A todo el mundo le gustaban las clases de Sirius, eran divertidas y diferentes al resto de las clases, y resultaban igual de útiles e instructivas, sólo que el hombre prefería usar otros métodos de enseñanza menos ortodoxos.
-¡Perfecto entonces!- Los estudiantes se apartaron dejando en el medio un pasillo amplio. Sirius se colocó en un extremo.- Erik, por favor.- Lo invitó divertido con la mano mientras le señalaba justo delante de él.
-¿Qué?- Preguntó sorprendido.
-Necesito a alguien para hacer el ejercicio. No puedo hacerlo solo. ¿A qué no?- El chico negó mientras tragaba saliva. Ahora ya no parecía tan divertido meterse con Black.
-Pe… pero…- Tartamudeó ligeramente.- No creo que sea el más adecuado profesor.
-¡Tonterías! Verás que se te da genial…- Sirius se estaba divirtiendo de lo lindo. Y el resto de sus compañeros unos se reían y otros estaban más serios. El profesor Black era para muchos el mejor del colegio, siempre hacia bromas y se lo pasaban bien. Pero todos los estudiantes conocían su historia. Merodeador, ex presidiario, miembro de la orden… No eran tontos, sería muy divertido, pero todos le tenían respeto. Nadie de la clase osaría retarlo. Era una locura.- No te preocupes muchacho, soy un viejo, que daño podría hacerte un viejo.
-De verdad que…- Erik no sabía dónde meterse, se le veía un poco mas pálido de lo normal. El ex presidiario se acercó a él y le puso la mano en el hombre con diversión, pero también infundiéndole tranquilidad.
-Será pan comido para ti, total ya sabes hacerlo. Llevas toda la semana practicándolo.- Afirmó colocando al joven en su sitio y poniéndose él en posición.- Mano firme, pero no tensa, debe ser un movimiento natural.- Explicó a la clase.- Aunque ya lo sabéis.- La sutil ironía y burla se notaba de sobras. Aunque no era esa ironía ácida e hiriente de los Slytherin. Sobre todo porque Sirius parecía divertido, como si estuviera jugando. Erik parecía a punto de tener un colapso.
-Muy bien.- Asintió cogiendo aire. El Slytherin pareció coger un poco confianza.- Pero yo ataco.- Dijo rápidamente. El joven se vino arriba hinchando los hombros y desafiándolo con la mirada como harían una buena serpiente.
-Perfecto, cuando quieras.
La escena fue rápida, Erik no había acabado de realizar el ataque que Sirius lo había esquivado sin ni siquiera usar la varita, sólo desplazándose un poco a un lado. El chico lanzó varios ataques pero apenas lograba rozarlo y, aunque así fuera, el ex presidiario las esquivaba fácilmente. Entonces Black se defendió, bloqueando la maldición con un escudo realizado con su varita.
Erik salió volando por los aires, justo cuando estaba a punto de chocar brutalmente contra la pared, Sirius movió su varita convirtiendo la piedra en espuma absorbiendo el golpe.
-No ha estado mal, definitivamente no ha estado mal. Bueno… ahora me toca atacar…
-¿Qué?- Preguntó el joven abriendo los ojos con preocupación. El orgullo Slytherin se había ido en el momento en que había salido por los aires.
-Claro, para que pueda hacer una demostración adecuada…
-Eh… esto…- Erik no sabía dónde meterse.
-¿Lo dejamos para otro momento mejor?- Preguntó Black como quien no quiere la cosa.
-Me parece bien profesor.
-¿Entonces qué opinas? ¿Seguimos practicando el hechizo unos días más?
-Si profesor.- Asintió poniéndose en pie.
-¡Fantástico!- Festejo.- ¿Hermione me ayudarías a acabar el ejercicio?- La bruja, que había estado toda la clase en la parte de atrás con Ginny, esperaba que no se acordara de ella. Aun así era interesante ver como Sirius, a pesar de todo, estaba en plena forma física.
La joven bruja se puso en posición. En el mismo instante en que se colocó frente a él, sintió como los ojos grises de Sirius la miraban de forma diferente. Dudaba que ninguno de sus compañeros se hubiera fijado; puede que Ginny quizás… O incluso Malfoy, que últimamente estaba demasiado pendiente de ella.
Hermione levantó la mano empuñando su varita, Sirius la imitó y ambos comenzaron una especie de danza de maleficios y escudos. Sirius los lanzaba con fuerza, sin cortarse y Hermione se defendía con habilidad y carácter. Cuando fue la hora de cambiar, era ella la que atacaba con decisión y Sirius se defendía con entusiasmo. Ambos le ponían ganas, y se notaba que Hermione era una oponente digna, Sirius tenía que concentrarse para no acabar volando por los aires.
Tras una última tanda el animago dio la clase por finalizada ante la mirada estupefacta y aún pálida de Erik.
Ginny y ella estaban saliendo por la puerta cuando Sirius las llamó.
-¿Qué tal chicas? ¿Ya os vais?
-Voy a aprovechar que tengo la tarde libre y voy a llamar a Harry, tenemos una escapada pendiente, quizás pueda escaparse del Ministerio este fin de semana.- Aseguró con esperanza. Los tres se miraron en silencio durante un rato, casi se oían grillos de fondo.- Vale, lo he entendido, yo sobro.- Bromeó la benjamín de los Weasley mientras le guiñaba un ojo a Hermione.
-No sobras Ginny.- Se apresuró a decir la bruja.
-Si claro.- Declaró Weasley mientras salía de la sala entre risitas y los dejaba solos.
-Ha sido un duelo duro. Realmente eres una bruja increíble.- Felicitó Sirius haciéndole una pequeña reverencia en señal de respeto.
-No estabas luchando a pleno rendimiento.- Le echó en cara con suavidad.
-Créeme, estaba casi a pleno rendimiento.
-Entonces sí que vas viejo.- La joven se burló mientras le obsequiaba una pequeña sonrisa.
-Sí, soy un anciano decrépito.- Sirius se rió mientras se apoyaba contra el escritorio con los brazos cruzados.- ¿Tú también tienes el resto de la mañana libre?
-Yo no tengo tanta suerte.- Comentó Hermione.- Aun me queda la clase de tutoría.
-¿Y la tarde?
-Sigo teniendo el trabajo de asistente.
-¿Y por la noche? No me digas que Snivellus te va a hacer trabajar también de noche.
-No. De noche no trabajo.
-¿Y estás libre?- Preguntó suavemente, no quería insistir demasiado ni hacer nada que ella no quisiera. Nunca la había presionado para nada y no iba a hacerlo ahora. Pero realmente creía que necesitaba relajarse un poco, y dejar que alguien la cuidase.
-No.- Afirmó.- No estoy libre.
-Si es por estudiar no cuenta…- Se adelantó.- Estás libre.
-Sí que cuenta.
-Es viernes.
-Da igual el día, tengo que estudiar, voy un poco atrasada con…
-Vamos Hermione…- Suplicó.
-Sirius, tengo trabajo, no puedo permitirme perder horas.
-Pero en algún momento tendrás que cenar.- Sugirió alzando la comisura del labio con diversión.
-Es posible.- Afirmó sonriendo suavemente.- Si me acuerdo…- Confesó a sabiendas de que no era una metáfora.
-Supongamos entonces que lo harás.
-¿Y si se me olvida?
-Para esto estoy yo, para recordártelo; y así podemos hacerlo juntos.
-¿Cómo una cita?
-Más bien cómo algo más informal. Tú estudias y yo te recuerdo que cenes.
-¿Seguro cenaríamos?- Preguntó suspicaz, mientras se cruzaba de brazos.
-Claro que cenaríamos ¿A caso insinúas otra cosa de mi parte? - Esperó un poco, Hermione no parecía muy convencida.- Te propongo algo.- La voz de Sirius era suave, y agradable.- Cuando acabes el trabajo de asistente te vienes a Grimmauld Place, Ginny y Harry estarán fuera.- Hermione quiso protestar pero Sirius la calló poniéndole un dedo en los labios.- Déjame acabar…- Insistió suavemente.- La casa estará vacía, tranquila. Vienes, estudias en la biblioteca sin que nadie te moleste y cuando sea el momento de cenar, te lo recordaré para que no te olvides, si quieres cenamos y después sigues estudiando, y si no quieres cenar… Sigues estudiando sin más.
Hermione levantó una ceja escéptica.
-En serio preciosa.- Confirmó. Se acercó a ella un poco, tenía las manos en los bolsillos, y sus ojos brillaban ampliando su sonrisa.- Sólo quiero que estés cómoda, te relajes un poco y que salgas de aquí. Prometo no molestarte.- Sirius levantó las manos en señal de paz.- Fíate de mi Hermione.
La bruja se quedó pensativa varios minutos. No era una mala idea… Estudiaba muy a gusto en la biblioteca de Grimmauld Place y si estaba vacío, (o casi) sería perfecto. Siempre tenía interrupciones en Hogwarts.
-¿Vamos a tener una cita y me vas a dejar estudiar?- Quiso confirmar mientras lo miraba atentamente.
-Así es. Palabra de Merodeador.- Hermione alzó una ceja aun más escéptica.- Yo no te mentiría.- Se defendió.- Con estar contigo me llega. Aunque sea sólo para que estudies. De verdad…
-Entonces si.- Aceptó al fin. La amplia sonrisa de Sirius era imposible de ocultar.- Eres un zalamero, al final me has convencido.
Black alzó la comisura del labio satisfecho.
-¿Nos vemos allí entonces?- Hermione asintió. Ese hombre tenía siempre la capacidad de convencerla. Se acercó a ella, y depositó un suave beso en su comisura a modo de despedida. Los pelos de su barba le hicieron cosquillas en el labio y su colonia le sacó un suspiro.- Vete, no querrás llegar tarde.
La bruja cogió sus cosas y se fue a la salida ante la atenta mirada de Black. Sentía sus ojos grises sobre su espalda y eso le provocaba pequeñas descargas eléctricas por toda la columna. Por gestos como esos le gustaba ese hombre. Era divertido, impredecible y le gustaba cuando la cuidaba de ese modo. Se sentía privilegiada por ver el lado humano y maduro de Sirius.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La puerta del despacho de Snape estaba abierta.
Entró con cautela, casi con la varita en mano; no era habitual que estuviera así. De hecho nunca la había visto abierta.
-¿Profesor?- Llamó. El despacho estaba vacío, pero la puerta de acceso al laboratorio auxiliar estaba abierta. Hermione levantó una ceja cual Slytherin, y se acercó con paso lento por el pequeño pasadizo hasta el aula.
-¡Mierda!- Se oyó desde el pasillo. Hermione se asustó un poco.- ¡Joder!- Gritaron de nuevo. ¿Era Snape el que estaba diciendo eso? Jamás en su vida había oído a su profesor hablar de esa manera. Apenas cuando su mano estaba en el picaporte un estruendo grande provocó que las paredes del castillo tronaran con fuerza.- ¡Mierda!- Gritó de nuevo. La curiosidad y preocupación hicieron mella en ella y accedió al aula rápidamente.
-Profesor está usted…- Hermione se llevó las manos a la cara, tratando de ahogar la risa incontrolable que amenazaba con salir de su garganta. Toda la estancia estaba cubierta de una sustancia verde y viscosa, aunque olía increíblemente bien; menta con algún tipo de cítrico.
Snape estaba de pie, al lado del caldero, con la camisa blanca puesta y las mangas remangadas, estaba cubierto de aquella pegajosa sustancia, con cara de pocos amigos y resoplando cómo si fuera una animal salvaje.
-¿Qué demonios hace aquí?- Escupió mientras con la mano trataba de limpiarse la cara.
-Es viernes por la mañana.- Comentó suavemente intentando que la sonrisilla divertida que tenía en sus labios no se notase. Snape alzó una ceja, parecía por un momento que no sabía de que hablaba.- Son las 11, es mi horario de tutoría.- Snape bufó con fuerza y un pegote de aquella sustancia salió disparada de su cara.
-Maldición.- Susurró.
-¿Se había olvidado?
-He estado ocupado.- Argumentó secamente. Hermione observó unos segundos el aula, parecía una cueva de mocos verdes que goteaban del techo, paredes, lámparas y estanterías. El Slytherin se acercó a por su varita, pero apenas alargó el brazo, perdió el equilibrio, resbaló y cayó de culo contra el suelo quedándose sentado sobre la piedra de las mazmorras. La risa que tanto había intentado ocultar la joven salió de su garganta como una estampida. Hermione se llevó las manos al estómago. No podía parar. Le dolía de tanto reírse… Intentó no mirar la escena, pero era como un imán. Y cuanto más lo veía más se reía. Apenas podía respirar…
-¿De qué demonios se ríe?- Otra oleada de carcajadas inundó el aula. Le dolía tanto la cara y el pecho de reírse que tuvo que encorvarse sobre su abdomen para mitigar la tirantez de su estómago.- Deje de reírse.- Ordenó enfadado. Sin embargo por muy enfadado que estuviera, estar cubierto de aquello y sentado en aquella postura le quitaba toda la agresividad del mundo.
Hermione respiró un par de veces tratando de controlar su risa. Se secó las lágrimas que surcaban su rostro y se enderezó. Avanzó un par de pasos hacia él con la intención de; ahora que se le había pasado la risa inicial, comprobar que estuviera bien.
-Quieta.- Ordenó.- No se mueva de ahí.
-¿Es peligroso?- Preguntó con precaución, no se había percatado de que quizás aquella sustancia de aspecto horrible pero olor agradable fuera tóxica o corrosiva.
-No.- Masculló.- No quiero que se caiga.- Dijo sin más. Hermione sonrió abiertamente. Snape alzó una ceja, no sabía porque Granger sonreía de aquella manera hasta que se dio cuenta de lo que había dicho. Soltó un gruñido, reprochándose a si mismo su actitud.- Si rompe algo al caerse tendré que reponerlo.- Siseó mordaz, tratando de enmascarar su "error", pero la bruja seguía con aquella sonrisa en su cara. Era demasiado tarde.
Hermione avanzó con cuidado hasta él, el suelo resbalaba cada vez más a medida que se acercaba al epicentro del desastre.
-¿Está bien?- Snape alzó una ceja bufando.- Dentro de lo que cabe me refiero.
-Sí.- Bufó fríamente. Hermione le ofreció la mano mientras una sonrisa sincera aparecía en su cara.- ¿Qué hace?
-Ayudarlo a levantarse.
-No necesito su ayuda.
-No sea orgulloso.- Le reprochó, aunque en ningún momento quitó aquella sonrisa cálida de su rostro.- Vamos.- Ofreció de nuevo; su rostro radiante y amable descolocó un poco al Slytherin. A pesar de todo lo que había hecho ella, no estaba acostumbrado a que nadie fuera amable con él porque si, aunque estaba claro que eso había cambiado. Ella si era amable.
-Estoy pegajoso.- Advirtió Snape entre dientes.
-He convivido con Ron muchos años, créame, he tocado cosas peores.- Dijo sin más. Snape no quiso profundizar más en el tema. No estaba interesado en nada que tuviera que ver con el mastuerzo del zanahorio y algo pegajoso, se limitó a alzar nuevamente la ceja y resignarse. Aceptó su mano, pero a regañadientes. Que quedase bien claro que no lo hacía por placer; aunque a estas alturas ya poco importaba aparentar. O más que aparentar, fingir.
Hermione aceptó su mano pringosa y resbaladiza y tiró con todas sus fuerzas hacia arriba. A punto estuvieron de caerse, la agilidad de la joven no era muy notoria; pero por algún milagro desconocido ambos lograron mantenerse de pie.
-¿Ve como no le ha pasado nada por aceptar mi ayuda?- Le echó en cara suavemente.- No muerdo.- Bromeó. Snape gruñó disconforme, sin embargo siguió sujeto a su pequeña mano como si lo hubieran hecho toda la vida.
Un falso movimiento provocó que Hermione perdiera el equilibrio, siendo sujetada por las manos rápidas y fuertes del profesor que evitaron que cayera envolviéndola en un abrazo.
-¿Quién tiene que aceptar ahora ayuda?- Le preguntó Snape en la oreja. La bruja respiró con pesadez al sentir su pecho aprisionado contra él, su aliento cálido contra su oreja y el calor que desprendía su cuerpo.
La abrazaba con tanta firmeza que notaba la falta de oxígeno, aunque era un buen precio a pagar por estar tan pegada a él. Podía ser la respiración del hombre acompasarse con la suya, sus cuerpos amoldados perfectamente, y la atracción irremediable que sentían.
Snape carraspeó un poco, y haciéndose con toda su fuerza de voluntad, se apartó de su alumna sujetándola de los hombros y dejándola a una adecuada distancia de seguridad de su cuerpo.
Podía haberla besado…
Claro que podía; y por una vez, estaba completamente seguro de que no lo rechazaría, incluso estaba bastante convencido de que ella le devolvería el beso. Pero no lo hizo, aunque hubiera querido hacerlo y le hubiera encantado; no lo iba a hacer. Porque había aceptado el "juego" de ella. Pero iba a aceptarle el juego según sus propios términos. Según los términos de Severus Snape.
Hermione frunció los labios ligeramente, casi decepcionada, porque estaba bastante segura de que la iba a besar. Quizás su profesor se había asustado demasiado al decirle que ella no iba a elegir de momento, que era libre; quizás había sido demasiado para él…
-Me hubiera gustado que me besase.- Confesó de repente. Se asustó de su repentina espontaneidad, cogiéndola por sorpresa. Aquello había salido de su boca sin pensárselo, se llevó la mano a ella tapándosela.
-Lo sé.- Siseó serio. No había burla ni mofa.
Hermione lo miró. Ya estaba, era eso… Se había rendido con ella. ¡Snape se había rendido! Por eso no la había besado, lo había asustado tanto con todo lo que le había dicho sobre las citas y sobre Sirius... Aunque le interesase a su profesor, quizás no estaba dispuesto a esperar por ella, o a intentarlo o…
Merlín… ¿Tenía que habérselo dicho de otro forma? ¿O quizás habérselo planteado de otra manera?
-La estoy oyendo pensar.- Masculló dándole la espalda mientras cogía su varita y limpiaba el aula.- No se confunda.- La advirtió.- Si vuelvo besarla no lo haré así.- Informó quedamente, señalando con sus ojos el aula y el desastre que los envolvía.
Hermione abrió los ojos con sorpresa ¿Si volvía a besarla? Eso no era una afirmación, era un condicional. Un quizás sí, quizás no.
La frustración y confusión eran visibles en la cara de la joven. Así que ella tenía razón, cómo no había querido tener nada serio con nadie, ahora él tampoco quería seguir…
¡Qué lío tenía!
-¿Que estaba tratando de hacer con esa poción?- Preguntó Hermione tranquilamente en un claro intento de cambiar de conversación. Lo necesitaba; necesitaba cambiar de tema antes de que su cerebro fuera a colapsar. Tenía que pensar en otra cosa, o de lo contrario se volvería loca al analizar si había tomado las decisiones adecuadas y empezaría a dudar de si misma. El profesor se giró lentamente, observándola, sabiendo de sobras lo que pretendía hacer, lo que pasaba por su cabeza.
Un rápido intercambio de miradas fue suficiente para dejar (de momento) el tema zanjado. El tampoco tenía especial interés en continuar con aquello, ambos necesitaban tomarse las cosas con más calma.
-Comprobar algo que pidió San Mungo.- Respondió fríamente. Lo normal hubiera sido soltarle un comentario mordaz o cortante del tipo: No es de su incumbencia. O algo similar. Pero no se veía capaz de algo así después de haber estado a punto de besarla.
-¿No salió bien?
-¿Usted que cree?
-Ya veo…- Contestó con calma.- ¿Le ayudo en algo?
-No.
-Sabe que lo hago encantada.
-Lo sé.- Confirmó en voz baja.- No será necesario.- Siseó mientras con ambas manos se quitaba algo del exceso de la poción de su pelo.- De hecho puede irse.
-Pero…- Protestó. No quería irse. Apreciaba y le gustaba su tiempo con él.
-He cancelado las clases de hoy.- Informó arrastrando las palabras.
El silencio se apoderó del lugar, un silencio al que estaban acostumbrados. Sólo que esta vez, un suave burbujeo impedía que el silencio fuera sepulcral. Un silbido salió del fondo del caldero.
-Merlín…- Susurró Snape antes de cubrir a la bruja con su cuerpo y ambos salir disparados contra el suelo del aula. Otra oleada de poción estalló contra las paredes y el suelo. El Slytherin gruñó.- Malditos inútiles.- Se quejó mientras apretaba la mandíbula. Apenas unos segundos después se dio cuenta de que su alumna estaba debajo de él. Con los ojos cerrados y su cara contra su pecho. La cabeza de Granger estaba bajo su mano, mientras que la otra se ocupada de sujetar su propio cuerpo para que no colapsase contra el de la bruja.- ¿Está bien?- Escupió.
-Sí.
-Le dije que era peligroso.- Masculló molesto. El calor que emanaba del cuerpo del pocionista al estar en contacto con el de ella, provocaron que la respiración de Hermione se acelerase, el olor mentolado y cítrico de la poción se mezclaba con el olor a loción de afeitado y hierbas. Si el pocionista agachaba la cabeza unos centímetros podía besarla. Lo miró a los ojos con intensidad. Estaba claro lo que querían.
Estaba más que claro.
-¿Va a darme un beso ahora?- Quiso saber Hermione.
-No.- Se burló.
-¡Vamos! Sé que usted también quiere.
-Tiene toda la razón del mundo.- Confesó.- Me encantaría sujetarla en mis brazos, apoyarla contra la mesa y besarla hasta que mi cuerpo pidiera oxigeno.- Susurró con suavidad y eterna lentitud. Su tono era casual, desprovisto de cualquier rasgo de mofa o sarcasmo. Los bellos de la joven se erizaron ante sus palabras. Sin pretenderlo, Snape había sonado sensual.
-Entonces…
Snape se incorporó, le ofreció una mano y la alzó hasta dejarla pegada a su cuerpo. Para ese entonces el uniforme de la bruja ya estaba empapado de aquella cosa verde. La tela blanca de la camisa se pegaba a su estómago, y el delicado sujetador de algodón y encaje había comenzado a transparentar suavemente.
-Que tenga un buen viernes Granger, puede retirarse.- Ordenó con aquella suavidad tan Slytherin. Hermione asintió resignada, estaba claro que no la iba a besar. Pero no estaba muy convencida en cuanto a eso de irse de allí.- ¿No tiene cosas que hacer?
-Eh…- Titubeó.- Si.
-Pues váyase.- Sugirió secamente. No estaba enfadado, ni irritado. Era una oferta genuina.
-Pero…
-Ha quedado.- No era una pregunta. La miró, los ojos de la bruja nunca mentían.
-Si…- Dijo suavemente mientras asentía.
-¿Con Black?- Preguntó de repente. Sus ojos negros refulgían con algo de celos, aunque su semblante era neutro. Hermione se quedó unos segundos asombrada por la pregunta. Pero no tenía sentido ninguno ocultar nada, sobretodo, porque no tenía nada que ocultar. Asintió brevemente de nuevo.
-Pues váyase.- Ordenó de nuevo.- Aquí ya no queda nada por hacer.- Susurró mientras le asentía con la cabeza a modo de despedida y se iba por donde había entrado Hermione.- La veo el lunes Granger.- Susurró brevemente antes de irse.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-Merlín padrino, ¿te has bañado en moco de trol?- Preguntaron en cuanto Snape entró en el despacho.
-Esto no es un parque público.- Espetó.- ¿No sabes llamar?
-¡Eh!- Se excusó.- Yo no soy el que va dejando las puertas abiertas.- Snape se limitó a gruñir y cerrar las puertas tras él con un golpe brusco de varita.- Bueno…- Comenzó.- ¿Vas a decirme porque parece que te hayas bañado en zumo de gusamoco?- La mirada inquisitoria de Snape hubiera intimidado a más de uno, pero Draco se limitó a esperar pacientemente.
-Un inconveniente.- Dijo sin más.
-Ya veo… - Malfoy esperó un rato.- ¿Vas a decirme algo mas o voy a tener que jugar a las adivinanzas?
-No veo porque habría de interesarte.- Espetó enfadado.
-Hombre…- Draco sonrió con superioridad y lo señaló.- Interés suscitas. Las cosas claras.- Severus gruñó disconforme, pero se resignó, no tenía sentido dilatar mas esa conversación en el tiempo cuando sabía de sobra que acabaría diciéndoselo.
-Trabajo.- Respondió secamente.
-No, eso no. Granger.
-¿Qué demonios pasa ahora con ella?
-Me acabo de cruzar con ella se iba a la sala común.
-No sabía que eso fuera tan interesante.- Masculló con ironía.
-Tenía la tarde libre.- Comentó tranquilamente.- Llámame despistado, pero juraría que tenías clase con ella hasta las cinco de la tarde.
-¿Y?
-¡Me cansé!- Gritó perdiendo la paciencia.- Sabes de sobre lo que quiero saber. ¿Por qué no estaba contigo, porque se iba y porque se asustó cuando me vio?
-No te interesa, no te interesa y ni lo sé, ni me importa francamente.
-No he estado contigo durante horas escuchando tus problemas con Granger y tratando de ayudarte para que ahora me ignores.- Le echó en cara.
-No necesito que me ayudes en absolutamente todo.- Gruñó apretando la mandíbula.- Y no te interesa porque es académico, tanto lo primero como lo segundo. Mis decisiones como profesor no te atañen.- Explicó secamente.- En cuanto a lo tercero, desconozco porque hizo lo que hizo.
-Está bien.- Asintió cruzándose de brazos.- Lo preguntaré de otro modo. ¿Qué pasó cuando estuvo aquí?
-¿Por qué tendría que haber pasado algo?
-¡Merlín padrino! Deja de dar vueltas… No tiene que haber pasado nada, pero después de vuestra conversación el otro día y de tú historial con ella, lo lógico es preguntar cómo te ha ido al verla.
-Bien.- Siseó llanamente. El silencio eterno se instaló en las mazmorras. Draco ni se inmutó. Ya estaba más que acostumbrado, conocía aquellos silencios y sabía de sobra que sólo tenía que tener un poco de paciencia.
-San Mungo me pidió que le diera el visto bueno a una nueva poción. Los inútiles se equivocaron en la formulación y al recalentarla explotó poco antes de que Granger entrara por la puerta.- Gruñó entre dientes.- Me… ayudó con algunas cosas y hubo un par de momentos…- Hizo una pausa de nuevo.- Podía haberla besado, pero no lo hice.- Explicó con seguridad.- Hubo otra situación similar unos minutos después.- Susurró con extremada lentitud.- Me preguntó si iba a besarla pero no lo hice.
-¡Merlín padrino!- Se quejó de nuevo levantándose de la silla.- ¡La tenías!
-No era el momento.
-¿Cómo que no era el momento? ¡Era perfecto!
-No lo era.
-¿Y cómo no era el momento y te rindes?- Gritó desesperado.
-No me rindo.- Espetó.
-¿Entonces vas a competir con Black por ella?
-Yo no compito con nadie.- Susurró mientras alzaba la cabeza con orgullo y autosuficiencia y se acercaba a la puerta de acceso a sus aposentos.- Sólo lo voy a hacer a mi manera.- Soltó de repente. Su porte Slytherin se intensifico.- A mi manera…
.-
.-.-.-
.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cualquier cosa que pueda decir en mi favor no servirá de mucho… Así que lo dejo así. Me iré lentamente y os dejaré que reflexionéis con el capítulo que espero que os haya gustado.
Creerme, se acercan curvas jejejejeje (Me encanta ser mala a veces)
Muchas gracias por la paciencia, muchas gracias por el apoyo, muchas gracias por los comentarios y muchas gracias por todo.
Nos vemos pronto.
Saludos de Cloe
