On/off

A veces deseaba lanzarle un maleficio y otras…

Otras veces deseaba besarlo y no separarse más de él. El profesor Snape era…

El profesor Snape no, Severus...

Severus era una hombre complejo, inteligente y oscuro con bastante problemas de inseguridad en ciertos aspectos, pero que le estaba gustando conocer.

Miró su reloj. Respiró hondo y se centró.

Aun era muy pronto para ir a Londres, y Sirius no la esperaba hasta pasadas las 5. Sin embargo estaba segura de que si esperaba pudiendo ir antes, el hombre se quejaría y diría algo como que no tenía que esperar para ir a su propia casa. Y tenía toda la razón del mundo. Pensó (ilusa de ella) que la vuelta de Sirius la alejaría de Grimmauld Place, de la que consideraba su casa y del ambiente familiar y hogareño que había formado con Harry. Pero no había sido así, sentía esa casa más suya que nunca. Un verdadero hogar como cuando vivía con sus padres.

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Hermione salió por la chimenea de Grimmauld Place. La casa antaño oscura, lúgubre y mohosa, por fin parecía una casa digna de vivir. El salón cálido, limpio y con aquel olor frutal de los ambientadores muggles que tanto le gustaban, la hacían sentir a gusto.

-¿Sirius? ¿Harry? ¿Ginny?- Preguntó. Pero el silencio fue su única respuesta. No sabía dónde estaba Sirius, pero no iba a preocuparse por ello. De todas formas él no contaba con ella hasta dentro de unas horas. Seguro que estaría aprovechando la tarde para alguna de sus cosas.

Hermione sonrió, cogió aire y amplió la sonrisa.

Era perfecto, la casa sola para ella. Podría estudiar a gusto donde quisiera, sin interrupciones ni ruidos. No sólo era perfecto, era absolutamente perfecto.

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El sol invernal entraba por los grandes ventanales de la biblioteca. Hermione disfrutaba de su taza de té con leche y dos azucarillos, como le gustaba. Había avanzado bastante en los estudios en ese par de horas, tenía un resumen preparado, había repasado un par de temas y había comenzado con el trabajo de Snape de pociones avanzadas. Ese maldito ensayo sobre el efecto de la luna en pociones de estadio 3 le estaba dando bastantes dolores de cabeza, aunque le gustaban los retos y más si venían de él. Obviamente.

Un ligero movimiento en el piso de abajo la alertó.

Sirius había llegado a casa. Pondría la mano en el fuego a que era él. No sólo porque no esperaba a nadie más. Si no porque reconocía sus sonidos; el ruido que hacían sus pies al caminar, la forma de cerrar las puertas o su peculiar manera de moverse por la casa. Lo conocía hasta ese punto.

Sonrió feliz de que estuviera en casa.

-¿Hermione?- Susurraron suavemente. Sirius entró en la biblioteca, sonriendo de lado a lado al verla. La bruja le devolvió la sonrisa rápidamente.- No te esperaba tan pronto, vi tu chaqueta abajo y subí para comprobarlo.

-El profesor Snape me dejó salir antes, así que quise aprovechar el tiempo.- Respondió suavemente.

-Me alegro.- Comentó feliz.- No te molesto mas, una promesa es una promesa.- El hombre asintió con la cabeza a modo de despedida y se fue a la puerta.

-¿Y mi abrazo?- Se quejó. Sirius sonrió abiertamente mientras se acercaba a ella.

-Creía que querías estudiar.

-Pero primero es lo primero.- Hermione sonrió feliz.-. Además, por unos segundos no pasará nada, no te preocupes.

Sin poner más pegas de ningún tipo, Black se acercó a ella, la cogió de la mano y tirando de ella suavemente la abrazó con tanto entusiasmo que la levantó de suelo. Hermione se rió por lo bajo, pero se dejó abrazar encantada. Sus muestras de cariño, su atención, pero sobre todo, sus abrazos; eran de las cosas que más le gustaban de él. Se sentía a gusto, segura, en casa… Sus brazos eran algo conocido y familiar al que le encantaba volver.

-Si hubiera sabido que te ibas a poner así por un abrazo hubiera venido antes.- Susurró jovial. Poco después la bajó, dejándola pegada él, todavía entre sus brazos pero ya con los pies en el suelo.- Ahora te dejo estudiar.

Black se apartó de ella. Listo para cumplir lo que le había prometido, porque de corazón; sólo quería estar con ella, aunque fuera en la misma casa, en habitaciones diferentes y pisos diferentes. Compartir espacio con ella era un privilegio. La miró una última vez sólo para ver algo diferente en su rostro, quizás, un leve rastro de decepción, pero era sólo un quizás, y tampoco sabía muy bien porque. ¿Había hecho algo que le había molestado?

O puede…

Una sonrisa suave y amable se colocó en su rostro, sus ojos grises brillaron con intensidad al darse cuenta.

-Sólo tienes que pedirlo Hermione.- Indicó afectuosamente. Alzó la mano para colocarla en la mejilla suave y cálida de la bruja. La joven, cohibida sin saber porque, sólo supo apoyar la cara contra la palma de su mano y mirarlo expectante con sus preciosos ojos marrones.

Para Sirius, aquel gesto fue suficiente para entenderlo como una petición. Se acercó a ella con lentitud, y con extremado cuidado casi como si le estuviera pidiendo permiso, la besó.

Era una beso dulce, cariñoso, sin pretensiones de nada más que eso; un beso.

Hermione suspiró contra sus labios y ambos lentamente se separaron.

-Estudia, y llámame para cualquier cosa que necesites.- Sugirió, después cogió su mano con caballerosidad y protocolo, y dándole un elegante beso en el dorso y una reverencia, se despidió dejándola sola en la biblioteca.

La joven Gryffindor se quedó ahí de pie durante al menos unos minutos más.

Ya había besado a Sirius otras veces, pero aquel beso había sido… Especial. Diferente. No tenía mucho con que compararlo, no llevaban saliendo años (de hecho no estaban saliendo), pero con lo poco que habían pasado le llegaba para saber lo diferente que había sido. Su estómago había dado un vuelco y cuando se había separado una extraña sensación de frío se había apoderado de ella.

Suspiró una vez más…

Era increíble lo mucho que le atraía y le gustaba ese hombre. Si Severus no hacía nada y seguían así, era más que probable que se acabase enamorando de Sirius. Y no le importaba lo más mínimo. Ahora que lo conocía como realmente era, detrás de su faceta de niño rebelde, mujeriego y merodeador, se daba cuenta de que era mucho, mucho más que eso. Además de cómo la cuidaba y cómo sabía lo que necesitaba sólo con mirarla a los ojos.

Se sentó, respiró una vez más y mientras sonreía trató de seguir estudiando.

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Snape gruñó disconforme. No podía ser verdad.

-¿Para esto me has hecho venir?- Masculló entre dientes mientras lo fulminaba con la mirada.

-¿Cómo que para esto? ¿A caso tienes algo mejor que hacer?

-Si.- Espetó.

-¿Tienes una cita con Granger?- Preguntó alzando la comisura del labio.

-No te interesa.-Cortó bruscamente.

-Eso es un no.- Confirmó.- Por lo tanto, no tienes nada mejor que hacer.

-Lucius… - Advirtió enfadado.

-Ponte cómo quieras, pero te quedas a cenar.- Sentenció poniéndole una mano en el hombro y saliendo de la estancia.- Ya conoces la casa, ponte cómodo.- Aconsejó.

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Los pergaminos se acumulaban en el lateral de la mesa auxiliar y los libros abiertos tapaban cada rincón del escritorio ocultando la madera de caoba. No paraba de morder la pluma, fruncir el ceño y anotar cosas en los márgenes de los libros y de los pergaminos.

Las campanas del reloj de pared repiquetearon suavemente indicando las en punto.

-¿Es mal momento?- Preguntó Sirius llamando suavemente a la puerta de la biblioteca y entrando. Hermione negó mientras le sonreía.

-No. Pasa…

-Son las siete, y vengo a cumplir mi promesa. Es mi deber avistarte de que es una hora adecuada para cenar.- Informó suavemente.

-¿La cena?- Dijo frunciendo el ceño como confundida.

-¿De verdad te habías olvidado?

-Lo siento.- Se disculpó la bruja de antemano, dejando escapar un suave sonrisa de culpabilidad.

-Era cierto cuando decías que te olvidabas de comer.- Sirius se rió sorprendido.

-¿Por qué la gente siempre piensa que bromeo o exagero con ello?- Preguntó pensativa en voz baja.

-Porque resulta curioso.- Respondió aun con aquella amplia sonrisa.- De todas formas ese era mi trabajo ¿no? Recordártelo.- Indicó suavemente.

-Es cierto.

-¿Quieres cenar o prefieres seguir estudiando?- Preguntó paciente. Hermione suspiró seria un momento, sopesando la idea. Miró la mesa llena de apuntes, libros y deberes.

-No.- Sentenció.- Ya he estudiado suficiente de momento.- Una sonrisa de satisfacción inundó su cara.- ¿Cenamos?

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Alguien le preguntó algo, pero se limitó a gruñir en su lugar, espantando a la pobre persona que se había atrevido a hablarle.

-Se mas amable.- Ordenó Lucius por la bajo mientras sonreía como si no pasara nada.

-Olvídate Malfoy.- Seseó irritado mientras pinchaba el tenedor de mala manera en uno de los vegetales de su plato como si quisiera arrebatarle la vida o torturarlo.

-Se… amable.- Insistió Lucius arrastrando las palabras como cuando era un mortífago. Su mirada gélida y su sonrisa afable eran un contraste curioso a la par que inquietante.

-No.- Gruñó. Pero no le dio tiempo a quejarse más, varias personas se sentaron en la mesa para conversar, la mayoría en su totalidad mujeres.- Malfoy…- Advirtió en voz baja mientras observaba las miradas insinuantes de algunas de ellas.

-Shhhh...- Lo mandó callar Lucius mientras se levantaba para recibir a una mujer enjoyada y de aspecto estirado y frívolo. Severus entornó los ojos.

Menuda noche le esperaba.

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Pronto, en cuanto sus pies tocaron la planta baja, un agradable aroma le hizo ensanchar sus fosas nasales con deleite y un suave gemido de satisfacción se le escapó de sus labios.

-¿Y todo esto?- Preguntó sorprendida al ver el despliegue que había montado en el comedor.

-Teníamos que cenar ¿no?- Sirius sonrió abriéndole una silla para que se sentase.

-Sí, pero pensé que saldríamos fuera, o llamaríamos a algún sitio.

-Pensé mejor en hacerte la cena.

-Espera… ¿Lo has hecho tú? pero pensé…- Hizo una breve pausa.- No pensé que lo hubieras cocinado tú.- Confesó avergonzada.

-No se lo digas a nadie, pero en realidad se me da bien cocinar.- Susurró con orgullo.

-Yo diría que se te da mejor que bien.- Comentó sorprendida.- No tenías porque hacerlo.- Sonrió.

-No tenía, pero quería; así te relajas después de tanto estudio, además es algo tranquilo e informal.

- ¿Tranquilo e informal? ¿Así es como llamas a esto?- Preguntó divertida.

-Sí.

-Sirius.- Soltó a modo de reproche. El mantel blanco de algodón egipcio estaba cubierto de velas, centros de flores, y las cuberterías y vajillas de plata. En el centro, una gran bandeja con lasaña, una ensaladera con una suculenta ensalada de tomates y mozzarella, la cesta llena de pan caliente, y variedad de platos de acompañamiento como aceitunas, verduras asadas y delicadas lonchas de prosciutto mezcladas con escamas de parmesano.- Esto es de todo menos informal.

-Es informal.- Afirmó.- Simplemente te estoy cuidando un poco. Tú siempre te preocupas por los demás, quizás es el momento de que alguien lo haga por ti.- Indicó tranquilamente mientras con la mano le seguía ofreciendo asiento. Hermione se sentó aun sorprendida.- ¿Tinto o blanco?- Preguntó enseñándole dos botellas.

-La verdad es que no soy mucho de vino.- Admitió educadamente. Había visto a sus padres disfrutar de infinidad de copas. Incluso estaba acostumbrada a ver Sirius. Pero ella nunca había sido muy dada a esa bebida en particular, su paladar no estaba hecho para el vino.

El hombre se limitó a sonreír lentamente. Miró ambas botellas sopesando algo tranquilamente, después descorchó una de ellas, le rellenó una copa, y sin dejar de sonreír con aquel gesto travieso tan típico de él, se la ofreció.

-En realidad…- Hermione no sabía cómo decírselo sin sonar mal.- No es que no sea de vino, es que no me gusta.

-Vamos.- Instó. Hermione observó aquel líquido amarillento, casi ámbar deslizarse por los laterales del cristal como si fuera miel. No tenía sentía ningún entusiasmo por probarlo.- Hazme caso.- Le ofreció de nuevo la copa mientras levantaba la comisura del labio con seguridad. La chica le aceptó la copa, mirándola unos segundos casi con desconfianza.

Le dio un pequeño sorbo. Tenía un característico dulzor y acidez agradable en el fondo de su paladar, para luego traerle cierto regusto amargo recordándole a sus primeros e infructuosos sorbos de vino en casa de sus padres. Las burbujas le hacían cosquillas en la lengua, pero ese tacto áspero y amargo al final no le convencía nada.

-No me gusta.- Confesó. Reconocía que no era tan desagradable como los vinos que había probado en su adolescencia, pero aún así seguía sin convencerle.

-¿Por qué?- Preguntó con curiosidad.

-No tengo paladar para él.

-No creo que sea verdad. Hazme caso.- Aconsejó con seguridad.- ¿A qué te sabe?

-Si digo a uva… ¿Sonará tonto verdad?

-No es una tontería, son uvas, debe saber a eso, pero piensa un poco mas.- Hermione lo miró con sorprendida, pero aceptando aquel desafío raro que tenía con él.

-Es dulce al principio y fresco, pero se vuelve demasiado ácido y amargo para mí y definitivamente ese tacto áspero en la lengua no me gusta, es como beber lija.- Sentenció frunciendo el ceño.- Aunque reconozco que las burbujas me gustan.

-Mejor.- Sirius se limitó a sonreír. De nuevo parecía que se estaba tomando aquello como un reto. Se acercó a uno de los platos, cogiendo uno de los tomates que acompañaban la ensalada de mozzarella y ofreciéndoselo. Un poco extrañada, Hermione aceptó. Lo tomates eran dulces, ácidos y muy carnosos haciéndolos un bocado exquisito y suculento. Aunque no es que fuera muy objetiva porque siempre le habían encantado los tomates.

-Bebe otro sorbo.- Aconsejó. No es que dudara de él. Pero no entendía el entusiasmo de Sirius porque ella bebiera vino. Alzó una ceja escéptica consiguiendo una carcajada por parte del animago.- Un sorbo solo.- Indicó. Hermione le dio otro pequeño sorbo un poco desconfiada, sin embargo sus pupilas de dilataron de placer. Un suspiro de exclamación se escapó de sus labios mientras daba otro pequeño sorbo más, visiblemente asombrada.- ¿Y bien?

-Esto ha sido… raro.- Se rió mientras cogía otro tomate y luego bebía un poco más de vino.- Pero está increíble.

-¿Te sigue sabiendo a uvas?- Preguntó divertido. Hermione frunció el ceño de nuevo, bebió un pequeño sorbo pensativa y se apresuró a negar con la cabeza.

-No, es decir, si. Pero no me sabe igual.- La joven parecía asombrada por aquello, pero muy entusiasmada. Volvió a beber un poco más.- Merlín, me sabe a pera, y… Creo que a flores.- Soltó rápidamente como si hubiera dicho una tontería.- ¿Estoy loca?

-No. No estás loca, acabas de hacer tu primera cata de vino. ¿Qué te parece?

-Pues que quizás si sea una chica de vino, al menos de este. – Admitió levantando la copa. Sirius asintió, se llenó su copa y se sentó junto a ella.- Por los deberes.- Brindó mientras trataba de no reírse.

-Por los deberes.

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-Me debes una.- Le gruñó a Malfoy.

-¿A ti?- Preguntó con soberbia.- Quizás eres tú el que tendría que agradecérmelo.

-¿Agradecerte el que? ¿Que esa banda de arpías lleve toda la noche acosándome?- Le echó en cara sin ocultar su cara de asco y desagrado que se acentuaba cada vez que miraba de reojo a la piara de mujeres que tenía al lado.- Les estoy sirviendo a tus amigas como nuevo juguete.- Siseó con veneno.

-Vamos Severus.- Dijo con voz suave tratando de apaciguarlo.- Son hermosas mujeres dispuestas a complacerte.- Le corrigió.- Ni si quiera tendrías que esforzarte.

-¿Acaso tú dejarías que te tocase alguna de ellas?- Espetó alzando una ceja.

-¿Yo?- Soltó ofendido.- Ni por todo el oro de Gringotts dejaría que me tocasen y alguna incluso que ni se me acercasen.- Respondió con asco y malicia.

-Y porque yo si…

-Son tú tipo.- Dijo llanamente.

-¿Mi tipo?- La ceja de Severus no se había bajado desde hacía un buen rato.- ¿Y qué clase de mujeres se supone que son mi tipo?

-Las dispuestas a aguantar tu carácter.- Aclaró mientras una pequeña sonrisa macabra y divertida se formaba en su rostro.- Vamos Severus, son mujeres que quieren acostarse contigo.

-No. Son mujeres que harían cualquier cosa con tal de acostarse con alguien de mi posición.- Remarcó con asco.- El tipo de mujeres sin escrúpulos que te gustan a ti.

-¿A mí?… No, ya no.- Respondió mientras miraba de soslayo a su mujer.- Esos tiempos se acabaron para mi.- Afirmó seguro.- Tiempos nuevos querido Severus, tiempos nuevos…

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Hermione estaba encantada con la cena, todo estaba exquisito, el vino (tras sus reticencias iniciales) espectacular, el ambiente increíble y la compañía inmejorable.

-No puedo creer lo rico que estaba todo.- Confesó realmente sorprendida. Sirius sonrió con nostalgia.- Eres un gran cocinero.

-Sabes…- Los ojos de Black brillaron y su sonrisa se intensificó.- Siempre me había interesado la cocina, pero en casa de los Black era impensable. Alguien con mi apellido y mi nombre no podía interesarse por tareas de elfos.- Explicó.- Un verano, en casa de Potter, Lily se empeñó en hacer una barbacoa, cómo los muggles. Los padres nos habían transfigurado una piscina, zona de barbacoa…- Sirius se rió recordando aquellos días.- Ninguno de nosotros había hecho nunca una barbacoa en el jardín. Así que ella se encargó de todo. Había algo en cocinar que me atraía, así que durante todo el verano la estuve ayudando. Después comencé a hacerlo yo, y para cuando llegó Septiembre, la madre de James ya estaba acostumbrada a tenerme en su cocina.

-¿Has aprendido todo esto en un verano?

-No.- Reconoció sonriendo.- Muchas veces los chicos de la escuela pensaban que me pasaba los fines de semana conquistando a chicas.- Sirius le guiñó un ojo.- Pero la realidad es que los solía pasar en una de las torres norte.- Sonrió de nuevo con travesura.- Entre los merodeadores y Lily me ayudaron a transformar un aula abandonada en una cocina. Algunos fines de semana compraban ingredientes en Hogsmeade, o se los pedía a los elfos y después cocinaba algo. James decía que si en el futuro no sabía qué hacer, que montara una pastelería. Le encantaban mis brownies.- Se rió suavemente.- Se me pasó por la cabeza durante un tiempo la verdad.- Confesó mientras rellenaba ambas copas de vino con lo que quedaba en la botella.

-¿En serio?- Preguntó Hermione realmente sorprendida por su confesión. Sonrió, dándole apoyo.- Pues aún estás a tiempo, yo te compraría seguro.- Admitió mientras se metía en la boca el último trozo. Sirius sonrió aun más.

-Por eso tengo la heladería.- Le recordó.- ¿Postre?

-¿Aun hay más?- Se quejó en broma mientras se llevaba las manos al estómago.- ¡Voy a reventar Sirius! Estoy muy llena.- Dramatizó. El hombre movió la varita y ante ella apareció una deliciosa y perfecta tarta Charlotte de fresas. Parecía la típica tarta recién salida de una revista de pastelería. Los ojos de la bruja se dilataron.- Bueno… Quizás no estoy tan llena.- Dijo rápidamente con gula.- En la heladería no tienes estas tartas.- Puntualizó la bruja mientras le guiñaba un ojo.

-Es muy cierto.

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-La sutileza no es lo mío. Así que se lo diré una vez sólo.- Sus ojos negros tenían un característico brillo inquietante.- O se aparta de mí o nadie será capaz de reconocer su cara.- Siseó con peligrosidad.

La mujer, indignada y asustada, se dio media vuelta huyendo de allí.

-¿Qué demonios le has dicho?- Preguntó Malfoy acercándose a él con velocidad.

-Que me parecía una mujer de lo más interesante y encantadora.- Mintió claramente mientras dejaba la copa de hidromiel intacta sobre la mesa.

-No te creería ni aunque estuvieras bajo la influencia del veritaserum, ¿qué le has dicho?

-Me ofrecí a hacerle un arreglo de cara.- Si no hubiera sido por el veneno que desprendía su voz, casi se hubiera podido interpretar como un comentario gracioso más propio de un merodeador.

-No tendrás más oportunidades como estas.- Siseó Lucius poniendo siempre buena cara aunque sus ojos dijeran otra cosa.

Snape, sin hacerle el menor caso se dio media vuelta ocultándose entre la oscuridad de la sala abarrotada en su mayoría de mujeres. Malfoy lo observó mientras le clavaba sus ojos grises. Ese hombre no tenía remedio. No le iba a decir nada si le gustaba Granger, a fin de cuentas, no era él, el que quería algo con ella. Severus podía tener las relaciones que quisiera, con quien quisiera; ya era adulto. Lo que no quería es que se obsesionara y obcecara como había hecho en el pasado, al menos no exclusivamente; podía disfrutar de mas relaciones mientras se decidía con la amiga de Potter.

Lucius sonrió de medio lado cuando lo vio hablar con una de las mujeres que había traído para él. La mujer no parecía asustada, intimidada o asqueada, de hecho; parecía casi hasta complacida. Sonrió orgulloso al ver la escena, Snape por fin parecía abrir los ojos y ver que podía darse una alegría mientras tanto.

Incluso podía asegurar que Snape estaba coqueteando con ella. Hacía años que no lo veía con aquella actitud. Severus se acercó con suavidad al oído de la mujer, diciéndole algo que por supuesto Malfoy no logró oír, estaba demasiado lejos. Pero fuera lo que fuera, la mujer parecía más que satisfecha. Lucius, con evidente cara de asco, vio como incluso ella paseaba descaradamente las manos por el cuerpo de su amigo, tocándole la entrepierna sin escrúpulos mientras, tras un breve pestañeo y un guiño de ojos la mujer se deslizaba por una de las puertas laterales que daban acceso a las habitaciones de la planta superior.

¡No se podía creer que le hubiera hecho caso!

Él no la hubiera tocado ni con un palo, pero Severus, a pesar de todo, siempre había sido menos exigente que él.

-Lucius.- Lo llamó de repente Snape acercándose a él con sigilo.- Me voy…

-Ya veo, ya veo…- Malfoy le sonrió casi con maldad.- Parece que hoy Lizzie no dormirá sola.

-Yo no lo hubiera dicho mejor.- Masculló Snape entre dientes mientras desaparecía por la misma puerta que la mujer.

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Sirius la miró atentamente, absorto en como aquella joven relamía la nata que quedaba en la cuchara. Hermione no era consciente de lo que estaba haciendo. En un último intento de recuperar la compostura que hacía un buen rato había perdido, el hombre se levantó con cuidado para recoger la mesa sin magia. Si se mantenía ocupado en otra cosa quizás consiguía quitarse de la cabeza la imagen de ella lamiendo con deleite la nata.

-¿Sirius?- Lo llamó suavemente Hermione tras los dos primeros viajes a la cocina, aunque el animago estaba demasiado concentrado en aquella tarea cómo para oírla con claridad. Para cuando Sirius se dio cuenta de que lo estaba llamando, Hermione ya tenía la ceja alzada y él ya había recogido casi toda la mesa.

-¿Estás bien?- Preguntó la chica con curiosidad.

-Claro, ¿por qué?- Preguntó rápidamente, aunque al momento se dio cuenta de que no le tenía que haber preguntado, tenía que haber cambiado de tema directamente. Sirius respiró profundamente. ¿Por qué demonios se estaba poniendo así?

Que pregunta más absurda.

Claro que sabía porque se estaba poniendo así. Sólo que estaba haciendo todo lo humanamente posible para evitarlo.

-Pareces nervioso.- Dijo sin más. El ex presidiario no habló, se limitó a sonreír con tranquilidad y de repente pareció volver todo a la normalidad.

-Todo perfecto.- Confirmó amablemente.

-Vamos a recoger entonces. Te ayudo.- Con decisión Hermione se levantó, se acercó a la cocina y cómo si fuera lo más normal del mundo se puso a fregar los platos y cubiertos de la cena. Sirius la miró asombrado.- ¿Qué?- Quiso saber la bruja sonriendo.- Si empiezas a recoger sin magia, se acaba de recoger sin magia.

-No es eso.- Comentó el hombre tranquilamente mientras cogía una copa de vino y le daba un pequeño sorbo.- ¿Qué haces fregando? Esto es cosa mía, tú a estudiar.- Afirmó tratando de parecer firme, aunque claramente estaba bromeando.

-A no.- Negó con la cabeza.- El que cocina, no friega. Es una regla.- Asintió sonriendo.

-Desconozco esa norma. ¿Dónde lo dice?

-Es una norma no escrita, y lo dijimos Harry y yo hace tiempo. En esta casa el que cocina, y más si es semejante banquete, tiene prohibido fregar después.- Explicó con solemnidad mientras se acercaba al hombre y depositaba un suave beso en su mejilla.- Pero puedes hacerme compañía y darme conversación mientras, eso sí.

-¿No prefieres estudiar? Podemos hacer una excepción a la norma por un día.

-Estudiaré, que no te quepa la menor duda, pero puedo tomarme un buen descanso.

-Cómo veas.- Le sonrió.- En este caso…- Sirius dejó la copa, se colocó a su lado y cogiendo un paño seco comenzó a secar los platos que Hermione fregaba.- ¿No me digas que también existe alguna otra norma sobre secar los platos que no conozco?- Bromeó mientras se ponía tras ella.

-Es un vacío legal, así que está bien.- Se rió mientras sentía la presencia de él a su lado.

Desde fuera, la escena era la de una matrimonio que llevaba juntos años y realizaban juntos aquellas tareas, mientras mantenían una conversación de lo más hogareña. Su complicidad y la forma natural con la que lo estaban haciendo era innegable. Sin darse cuenta, había surgido una conversación bastante seria, aunque ellos la tenían cómo algo de lo más natural.

-Nunca pensé en tener hijos.- Contestó el hombre a la pregunta de ella.- Por aquel entonces mis objetivos en la vida eran otros, y el poco instinto paternal que tenía lo tenía cubierto con Harry, así que nunca tuve ninguna necesidad. Después pasó lo que pasó, y obviamente ya no era ni planteable.

-Aun eres joven. Estás a tiempo.

-Supongo que para eso necesito a la mujer adecuada en mi vida. ¿Tú Hermione quieres hijos?

-¿Yo? La verdad es que nunca me lo había planteado, es posible que en un futuro si quiera. De momento quiero disfrutar de lo que tengo, tener una carrera, trabajar y vivir aquello que no he podido.- Explicó.- Pero sobretodo viajar, viajar y viajar.

-¿Te gustaría viajar?

-Me encantaría, de pequeña iba con mis padres de vez en cuando a Francia, y un verano estuvimos por el Norte de España. ¿Lo conoces?

-No. Yo tampoco he podido viajar mucho.- Comentó.- ¿Dime un sitio al que quieras ir?

-Fácil, Madagascar.

-¿Madagascar?

-Si, en concreto el parque nacional de Tsingy de Bemahara hay un bosque…

-Un bosque de piedras llamados "tsingis".ç

-¡Sí!- Gritó feliz la bruja.- ¿Lo conoces?

-No personalmente, pero está en mi lista. Pero primero tengo que pasar por Egipto.

-¿Las pirámides?- Preguntó.

-El templo de Karnak en concreto.

-Entonces mejor ir en Octubre.- Aconsejó Hermione.- Podemos ir juntos y así hacemos la ruta.

-Por supuesto, pero menos de veinte días no.- Aseguró el hombre.- Porque con menos tiempo no puedes verlo todo.

-Me parece correcto, pero nada de apariciones oceánicas, que me mareo.

No te preocupes, nos reservo un vuelvo en primera clase.- Bromeó el hombre. Hermione sonrió.- ¿Prefieres una maleta en el avión o le hacemos trampa a los muggles y encogemos las maletas?

-Si viajamos, viajamos como debe ser, maletas facturadas, protector solar, pasaportes y pasajeros de avión molestos y horas de aeropuerto pesadas. Todo.

-Muy bien, si yo tengo que aguantar a señoras estiradas en el avión durante horas, entonces cogemos cama de matrimonio. Yo me pido el lado siempre pegado a la puerta. Explicó divertido.

-Muy bien, tú eliges el lado de la cama, pero yo elijo el hotel.- Se rió. De repente Hermione se quedó quieta y callada, por primera vez asimilando la escena al completo y la conversación que estaban teniendo. Un nudo extraño se instaló en su garganta mientras miles de mariposas revoloteaban en su estómago siendo consciente de la escena.

-Hermione…- La llamó suavemente, Sirius también se había dado cuenta, habían hablado como una pareja, habían hecho tareas del hogar, habían hecho planes, y por supuesto habían hablado del futuro.- Oye…- Se miraron a los ojos con intensidad. Sirius quería decirle que no tuviera miedo, que no había presión ni expectativas de ningún tipo. Quería decirlo que no se preocupara ni se agobiara por nada, sólo había sido una conversación inocente sin más. Quería…

Quería todas esas cosas con ella y más.

¡Merlín se estaba enamorando de ella!

-¿Estás bien Sirius?- Hermione dejó lo que estaba haciendo y se acercó a él con lentitud. Ella también lo había sentido. Colocó su mano con cuidado en su pecho y sintió como su corazón latía con velocidad bajo la tela de su traje. Se acercó a Sirius y lo besó.

Acalló sus dudas y preocupaciones contra sus labios. Se aferró a su ropa mientras él la abrazaba con fuerza. La alzó rápidamente subiéndola a la mesa de la cocina. Se lanzó sobre ella devolviéndole el beso, gimiendo suavemente contra su cuerpo esbelto que se acoplaba perfectamente al suyo. Hermione jadeó suavemente cuando las manos del hombre serpentearon por su espalda hasta clavarse en sus caderas y atraerla hacia él con fuerza.

Merlín, el calor subió rápidamente hasta sus mejillas. Sirius se apartó de sus labios para besar su mentón, y bajar por su cuello. Jamás había visto una piel tan cálida y suave. Hermione se dejó llevar, echando la cabeza atrás para dejarle todo el acceso posible. Al ver su gesto de absoluto placer, el hombre se apartó de ella un poco, suficiente para seguir apenas pegados, su mirada gris brillaba con intensidad.

-Hermione…- Su tono tenía cierta suplica, cierta advertencia.- Quizás deberíamos…- Aunque sus cara y sus gestos mostraran deseo, había cierta duda tras ellos.

-Ni se te ocurra pensarlo.- Le advirtió.- No pares.

Se miraron unas milésimas de segundo antes de que Sirius se quitara el chaleco de golpe y lo tirara en algún sitio de la cocina. Hermione lo imitó quitándose el jersey. El hombre se acercó a ella abrazándola mientras la besaba con algo más de entusiasmo, la besaba en los labios, le mordisqueaba el cuello, el lóbulo de la oreja, pasaba sus dedos por su espalda y sus caderas. Gruñó al encontrarse con la tela de la camisa.

-Quítala.- Ordenó la bruja mientras lo rodeaba con las piernas.- Quítala ya.- Soltó con apremio mientras lo cogía por la mandíbula y lo besaba con ansiedad. Sus labios sabían a vino, y se mezclaba con el olor de su colonia y el calor que desprendía su cuerpo.

Sirius no esperó, desabrochó varios botones para luego deshacerse de ella. Lo primero que hizo es apartarse unos centímetros de ella, lo justo para poder admirar el cuerpo de aquella mujer perfecta que tenía bajo sus brazos.

-Hermione…- Gruñó con deseo. Se quitó la camisa y se pegó a ella. Sus pieles se tocaron por primera vez. Ella lo besó, lo tocó, pasó los dedos por su espalda cuando Sirius acarició uno de sus pechos.

-Merlín…- Farfulló como pudo la joven. Sintió la erección del hombre contra su pierna y su vista se nublo al notarlo. Merlín no podía más. Su sujetador se movió lo justo para sentir los labios de él sobre uno de sus pezones. Gimió, se mordió el labio, enredó sus dedos entre su pelo para atraerlo más a ella y que no se moviera de allí.

Atendió ambos pechos como era debido, mordió su clavícula, su labio inferior y volvió a uno de sus pechos.

Hermione llevó sus manos al pantalón del él, justo a los botones, soltándolos con impaciencia. Lo quería ya…

De repente un golpe fuerte en la entrada los asustó.

-¡Hermione!- Gritó alguien visiblemente borracho entrando en la cocina a golpes y tropezones.

-¡Ronald!- Gritó furiosa y sorprendida en cuanto lo vio. Se apresuró a cubrirse el pecho con un brazo y coger la camisa de Sirius para taparse.- ¿Qué demonios haces aquí?- Espetó muy enfadada. Aunque estaba claro que Ronald no estaba ni para responder a algo tan simple como eso, el chico estaba al borde de la inconsciencia.

La chimenea se activó en el salón.

-No te preocupes Harry.- Habló con calma.- Quien te iba a decir a ti que te iba a sentar mal esa pizza.- Trató de consolarlo su novia mientras lo ayudaba a entrar en la cocina.- ¿Hermione?

-¿Ginny?

-¿Harry?

-¿Sirius?

-¿Ron?

Los cinco se quedaron mirando en aquel silencio incómodo.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó Ginny.

-Vine a estudiar.- Respondió recuperando aun la respiración como lo más natural del mundo, aunque todos la miraron con una ceja alzada, obviamente la situación no parecía de estudio.- ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¿No ibais a pasar el fin de semana fuera?

-Sí, pero le sentó mal la pizza y decidimos que era mejor venirnos, si lo llego a saber… yo…- La joven no sabía dónde meterse.

-Bueno… esto…- Harry titubeó, estaba pálido, pero estaba claro que era porque no se encontraba bien.- ¿Qué tal todo?

-¿Podemos dejar la conversación para luego?- Sugirió Hermione mirando brevemente hacia abajo para recordarles que estaba prácticamente desnuda.

-Creo que es lo mejor.- Aseguró Ginny sin poder evitar aquella sonrisilla que tanto la caracterizaba.- ¿Nos vemos mañana?- Preguntó con picardía mientras arrastraba a Harry fuera de la cocina.

-Un momento.- Sirius la llamó.- ¿Qué hacemos con Ron?- Comentó mientras los cuatro lo miraban. Ron estaba tan borracho que había colapsado contra el suelo.

-Déjalo ahí.- Sugirió Ginny con una sonrisa divertida.- Parece cómodo.

-Ginny.- La censuró su novio.

-Vamos Harry, sabes cómo es, mañana no se va a acordar de nada y le va a dar igual donde haya dormido.

-Cierto.- Asintió el chico mientras hacia un esfuerzo por respirar.- Nos vemos mañana, buenas noches.- Se despidió sin objetar nada mas mientras. La pareja se fue de allí al momento.

Sirius y Hermione se quedaron unos segundos en silencio hasta que el animago estalló en carcajadas.

-Esto es surrealista…- Susurró Hermione.

-Pero ha sido divertido.- Sirius se encogió de hombros mientras le entregaba el jersey a la chica que tras unos segundos se empezó a reír. Sirius se acercó a ella, la abrazó mientras se seguían riendo y un par de minutos después se separó y se puso la camisa.- Creo que ha estado bien por hoy.

-Si.- Afirmó Hermione recogiendo su camisa de en medio de la cocina.- Espera… ¿de verdad vamos a dejar a Ronald aquí?

-¿Que le hubieras hecho hace unos minutos?

-Matarlo, pero se sigue considerando mal visto y está penado con Azkaban.- Se quejó brevemente mientras lo fulminaba con la mirada.

-Mejor lo dejamos ahí, es mas legal que el Avada.- Bromeó. El hombre le indicó con la mano la puerta mientras se hacía a un lado.

Subieron por las escaleras lentamente, Hermione aun no se creía lo que había pasado ahí abajo. La conversación de pareja (aunque no lo eran), aquel momento de lujuria donde casi…

Y por supuesto la aparición de Ron borracho como una cuba y posteriormente de Harry y Ginny. Esa noche iba a ser para recordar.

-¿Y ahora qué?- Preguntó la bruja en cuanto llegaron a las puertas de los dormitorios.

-Puedes ir a dormir a tú habitación, puedes volver a la biblioteca o puedes dormir conmigo.- Enumeró el hombre con una sonrisa amable en la cara.- Puedes hacer lo que quieras.- Hermione levantó levemente las cejas. -Sabes de sobra que me gustará cualquier decisión que tomes, y si te sirve de consuelo, hablo de dormir sólo.- Aclaró ante las dudas de la bruja.- Creo que a estas alturas sabes de sobras que puedes fiarte de mí.

-Lo sé. Sólo lo estoy pensando.- Hermione se quedó unos segundos ensimismada, mirando a algún punto de la pared.

-Quieres volver a la biblioteca ¿verdad?- Preguntó sonriendo.

-¿Te molesta?

-La duda ofende.- Sirius se acercó a ella, le dio un beso de despedida en la mejilla y le sonrió.- Ponte el pijama, te llevaré un té a la biblioteca para que puedas estudiar a gusto.- Informó feliz.

-Sirius, eres el mejor…- Hermione sonrió con entusiasmo.

-Lo sé…

-¿Cómo te lo puedo pagar?- Preguntó sin darse cuenta de lo que había dicho. El animago levantó la comisura del labio con diversión y picardía.

-¡Sirius!- Se quejó de antemano la bruja.

-Sólo estaba bromeando.- Se defendió levantando ambas manos en señal de paz.- Si quieres saber cómo me lo puedes pagar, deja que te cuide este fin de semana. No sólo hoy.- Pidió. Hermione no pudo negarse a eso. Parecía demasiada buena idea.

-Será un placer.

-Bien te traeré ese té, ponte cómoda.- El hombre asintió antes de desaparecer escaleras abajo en dirección a la cocina.

Hermione lo miró mientras desaparecía.

Su corazón aun palpitaba con fuerza, casi se había acostado con Sirius. Lo hubiera hecho encantada, tenía ganas, le tenía ganas. Le fastidiaba que los hubieran interrumpido, pero ahora sabía… O más bien sentía. Que algo le decía que aquel había sido el momento. Tenía la sensación de que su momento con Sirius había pasado y que ese fin de semana ya no iban a tener ese momento perfecto igual que el que habían tenido en la cocina. Tuvieron su oportunidad pero se había pasado.

¿Habría más momentos así?

No lo sabía, sólo iba a dejarse llevar y de momento, disfrutar de aquellas mini vacaciones en casa con él.

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-¿Qué quieres?- Espetó mientras abría la puerta con un gesto brusco. Era lunes, no tenía ganas de escuchar tonterías a primera hora de un lunes. Ni un lunes ni cualquier día a decir verdad.

-Está enfadado.- Dijo llanamente mientras se sentaba en la silla.

-No soy adivino. ¿Quién?

-Padre.

-¿Por qué debería importarme?

-Madre casi le arranca la cabeza, seguro que sabes porque.

-No.- Seseó sin más.

-Algo me dice que si lo sabes padrino.

-Se muchas cosas.

-Cuando madre se metió en la cama el viernes lo normal sería encontrarse a mi padre.- Severus levantó la cabeza sólo para mirar a Draco con un deje de diversión más propio de un Gryffindor y amagó una sonrisa malvada.- ¿Pero adivina a quien se encontró en su lugar?

-No tengo la menor idea.- Siseó con burla.

-Elisabeth Sinclair.- Soltó serio.

-No me suena.

-¡Lizzie padrino, Lizzie!

-Lizzie…- Hizo un breve pausa.- Me es vagamente familiar.- Comentó sin interés.- De todas formas la vida sexual de tus padres y lo que hacen en la cama no es de mi interés.- Se burló.

-No me fastidies. ¡Tú la metiste en la cama de mis padres!

-No hice tal cosa.- Espetó con brusquedad.- La señorita Sinclair comentó que tenía calor, que sentía deseos de quitarse la ropa y que necesitaba una cama. Le sugerí la más cercana.- Susurró alzando la comisura del labio casi con maldad. Draco alzó una ceja mientras se cruzaba de brazos.

-Padre te preguntó si ibas a dormir con ella y le dijiste que sí.

-No.- Le corrigió mordaz mientras lo miraba fijamente.- Me dijo, y cito textualmente: Parece que hoy Lizzie no dormirá sola.- Snape hizo una pausa sólo para sonreír con malicia.- La afirmación de Lucius era correcta, aquella mujer iba a dormir con alguien.

-Pero no contigo.

-Que hubiera formulado su frase adecuadamente, yo no tengo la culpa de que pudiera malinterpretar mis palabras.- Sentenció mordaz.- ¿Algo más? Tengo cosas que atender y tu clases a las que ir.

Draco quiso responder, pero rápidamente llamaron a la puerta.

-No te has librado padrino, seguiremos hablando.- Siseó el joven con la altanería y seguridad que le proporcionaba su apellido.

-Adelante.-Siseó el hombre de malos modos. Hermione entró por la puerta, sonriendo abiertamente aunque rápidamente lo cambió por unas facciones más serias. ¿Por qué últimamente siempre estaba Malfoy en el despacho de Snape y por qué siempre parecía que estaba entrando en el mismísimo infierno? Claramente se veía que había interrumpido algo, pero eran las 9 en punto. Tenía clase de tutoría, ella había sido puntual, cualquier cosa que hubiera interrumpido no era problema suyo.

-Buenos días.- Saludó con cuidado.

-Fuera.- Ordenó el hombre con mirada gélida. Hermione frunció el ceño. ¿Hoy tenía un mal día o qué? No quería discutir, no quería preguntar. La joven dio media vuelta y salió por la puerta.- Usted no Granger.- Gruñó enfadado.- Malfoy, fuera.- Y sin esperar a que el chico reaccionara lo agarró de la túnica y lo sacó de su despacho.- Dile a tú padre que la próxima vez que se meta en mis cosas no seré tan benévolo. Adiós.- Espetó cerrando la puerta con un portazo.

-Iba a preguntarle que tal el fin de semana. – Susurró Hermione más para ella misma que como comentario hacia él.

-No ha sido memorable.- Gruñó molesto aunque parecía que no era por ella, así que Hermione entendió eso como una respuesta normal. Sonrió abiertamente y se sentó donde previamente había estado Malfoy, esperando el discurso de los Lunes habitual de él.- ¿Usted?- Preguntó sin más mientras agachaba la cabeza y sacaba unos pergaminos.

-¿Me está preguntando que tal me ha ido el fin de semana?- Preguntó confusa.

-Sí, ¿acaso está sorda?

-No, es que me ha pillado por sorpresa.- Confesó mientras sonreía ligeramente, después lo miró unos segundos analizándolo atentamente.- Perdón, sabe que he tenido una cita son Sirius ¿verdad?

-Si Granger, si.- Espetó enfadado.- Aun no tengo memoria a corto plazo como su amigo Weasley.

-¿Y aún así me lo pregunta?

-¡Merlín!- Se quejó bufando.- Estaba siendo cortés, puede responder o podemos empezar la tutoría.- Indicó visiblemente impaciente y molesto. Hermione no sabía qué hacer. No esperaba aquella actitud ni interés y aunque era muy agradable que se interesara por ella, no dejaba de ser inquietante tener que contarle a él qué tal le había ido el finde, teniendo en cuenta sobre todo lo que había pasado, o más bien; lo que había estado a punto de pasar.

-Bien, gracias por preguntar.- Respondió al fin con un poco mas de confianza y sonriendo suavemente.

-Ya sé que no soy la amabilidad personificada, pero puede dar más detalles si quiere.- Soltó de golpe visiblemente irritado.- No la voy a maldecir.

-Disculpe, es la costumbre. No sabía que le interesaba lo que hacía con mis amigos.

-En efecto lo que hacen sus amigos me da igual.- Confirmó mientras dejaba la pluma que había cogido y la miraba fijamente.- Pero lo que hace usted, a pesar de lo que pueda parecer, si me interesa.- Hermione trató de no parecer sorprendida, ni de dar botecitos de alegría por lo que le había dicho. Oírle admitir algo así siempre era agradable.

-Aproveché para estudiar.- Dijo feliz.- He conseguido avanzar mucho.

-Porque será que no me sorprende.

-Si quiere que le cuente lo que he hecho, quizás debería empezar por no ser tan sarcástico.- Advirtió.

-No creo que pueda acceder a ello, lo toma o lo deja.- Indicó Snape sin más. Sin embargo, en lugar de tomárselo mal, Hermione sonrió. Se dio cuenta de que ese era Snape realmente, no era desagradable, sólo sarcástico y además le estaba preguntando que tal el fin de semana.

-Cierto, si no fuera sarcástico creo que no me gustaría tanto.- Confesó sin darse cuenta. Severus abrió los ojos ante el dato, pero no dijo nada.- Aproveché que estaba casi sola. Usted podrá reírse todo lo que quiera, pero puedo disfrutar de pocos fines de semana así. Realmente me gustan los libros, me gusta leer y me gusta aprender cosas y saber que siempre habrá algo nuevo e interesante que no sepa y que puedo averiguar. Disfruto investigando. Y cuando estoy sola, no hay nada que me guste más que el silencio y una buena taza de té para acompañar un libro o investigar algo.

Snape asintió; lo sabía. La conocía y estaba seguro que por mucho que se quejara de que era un ratón de biblioteca, en realidad era una de las razones por las que le gustaba Granger. Porque él, hacía lo mismo que ella.

-Por lo visto fue fructífero su fin de semana.

-Mucho.- Confirmó mientras asentía con una sonrisa delatadora. La ceja de Snape se alzó en automático.

-No me diga que esa sonrisilla se debe también al chucho de Black.- Masculló entre dientes. Estaba molesto, pero esta vez no era por aquellos celos tóxicos, era simplemente su personalidad y el hecho de que cualquier cosa que tuviera que ver con el pulgoso ese le iba a molestar.

-Esta sonrisa se debe en realidad a que tuve un buen fin de semana y logré estudiar y adelantar lo que quería.- Indicó mientras cruzaba sus piernas con parsimonia.- Pero si tanto le interesa, Sirius también tuvo algo que ver.

-¿El chucho ejerció de animal de compañía? Se burló.

-Fue muy detallista y absolutamente encantador.

-Me van a dar nauseas con tanto detallismo.- Se quejó.

-Le recuerdo que usted en nuestra cita fue igual de detallista y además romántico.- Hermione sonrió con picardía. Snape quiso decir algo, pero se limitó a fruncir el ceño y bufar disconforme, aquel gesto, lejos de molestar a la bruja, le sacó una gran carcajada.- Aunque no lo crea, aparte de eso además es gracioso.- El pocionista gruñó de nuevo.

-Me alegro ser motivo de mofa.

-No me estoy burlando de usted, me estoy riendo con usted.- Explicó con suavidad.- Hay diferencia.- Los segundos pasaron en aquel agradable silencio que se había formado mientras Hermione sonreía abiertamente y Snape gruñía por lo bajo y la fulminaba con los ojos. Tiempo atrás su actitud la hubiera molestado, pero ya no.

- Que hizo, ¿le compró flores y le cantó una serenata?- Se burló.

-Cómo bien sabrá soy chica de flores, pero no en ramos, las prefiero en jardines.- Puntualizó esperando que pillara la referencia.- Y prefiero la música de cámara, o una opera en un buen teatro, no una serenata.- Informó con la misma tranquilidad.- Pero no, no hubo ni ramos ni serenatas. Sólo me preparó la cena.

-¿Black haciendo de elfo doméstico?

-¿Detecto cierta envidia?- Preguntó con una ceja alzada, aunque sin molestia.- Podrá decir lo que quiera, pero hacía mucho tiempo que nadie se encargaba de mi así. No recuerdo la última vez que alguien cuidó de mí sin que yo tuviera que preocuparme por nada.- Confesó en voz baja.- Pude leer, estudiar, tomarme un té y ocuparme de mi misma para variar. Fue agradable sentirse cuidada. Puede reírse si quiere.- Informó sin más, Severus quería que hablara, pues ahí lo tenía. Se había sentido cuidada, apreciada y se había sentido a gusto y segura. Esa era la verdad, y estaba bien que él lo supiera.

-¿Porqué tendría que hacerlo?- Preguntó con absoluta seriedad. Hermione sonrió con suavidad y asintió.

-Ese fue todo el fin de semana.- Explicó la bruja. Snape alzó una ceja, pero no preguntó más, no quería saber detalles, por si acaso.- ¿Y usted? No me pareció que tuviera un buen fin de semana.

-Dentro de lo normal.- Contestó con sequedad. Por un momento Hermione pensó que no diría nada mas, pero tras unos segundos levantó los ojos sólo para ver que Snape sólo estaba pensando.- Logré corregir el error del viernes…

Severus hizo una pausa visible, sólo para ver la curiosidad brillar en aquellos ojos castaños. Era tan previsible. Apenas unos segundos después de haber soltado aquello, Hermione estaba ya a punto de morderse el labio.

-Sí no se lo digo pronto explotará ¿cierto?

-No puedo negar que tengo curiosidad.- Admitió con una pequeña sonrisa delatora.

-Supongo que ese es uno de los motivos por los que me siento atraído hacía usted.- Confesó esta vez el jefe de Slytherin, sin darle mayor importancia a sus palabras. Hermione sonrió aun más. Snape por un momento pensó que la joven se levantaría y lo abrazaría, pero se limitó a sujetarse fuertemente contra la silla mientras trataba de disimular aquella sonrisa que tanto la caracterizaba, y que, siendo sinceros, tanto le gustaban de ella.- No calentaron la mezcla por segunda vez dejando componentes volátiles en la mezcla.- Explicó rápidamente.- Al calentarla yo de nuevo tras su envasado y reposo los gases inflamables que se acumularon en la poción la hicieron estallar con el calor.

-Eso es un error que no cometen ni los de primero.- Comentó la bruja como quien no quería la cosa. Pensó que quizás se había pasado con el comentario. No quería estirar el buen humor de Snape de esa mañana, pero el hombre sólo admitió con la cabeza.

-También aguanté las tonterías de la Directora, castigué a media docena de alumnos, aterroricé a otros cuantos… Lo normal en un fin de semana estándar.- Siseó indiferente. Sin embargo Hermione soltó una suave carcajada, aunque rápidamente se llevó las manos a la boca tratando de mitigar la risa.

-Perdón, es que de verdad es muy gracioso.

Snape gruñó de nuevo y puso los ojos en blanco.

Gryffindors…

-No parece que haya sido un mal fin de semana entonces.

-¿No? Mientras usted disfrutaba de una cena a la luz de la luna con perros a los que rascarles la barriga, yo asistía a una cena en la Mansión Malfoy.- Escupió con asco recordando la noche.

-No suena mal, ¿no le gustó la langosta?- Se burló de repente la joven. Sin embargo pronto agachó ligeramente la cabeza al darse cuenta de que quizás se había pasado de la raya, después de todo seguía siendo su profesor de pociones el que tenía delante. Una mirada gélida le hizo saber que sus suposiciones iban bien encaminadas, aunque algo le decía también que no pasaba nada.

-Digamos que Lucius Malfoy y yo tenemos conceptos muy diferentes.- Explicó brevemente.- Lo que para él es una cena tranquila e informal, para mí es una cena social, más en concreto una cena social compuesta prácticamente en su totalidad por mujeres.- Hermione abrió los ojos con sorpresa, aun no sabía cuál era el problema.- Y curiosamente todas las mujeres que asistían excepto Narcisa, tenían un curioso y especial interés en mi.- Gruñó visiblemente molesto.

Hermione sintió algo en la boca del estómago. Jamás se había planteado el hecho de que alguien más estuviera interesado en Severus, la idea, se le hizo rara y a pesar de no ser una mujer celosa, sintió aquel sentimiento de posesión justo en el pecho. Seguían sin ser celos, pero aún así era una sensación nueva para ella y se dio cuenta de que ese hombre, a pesar todo, le interesaba mucho más de lo que parecía.

-Lucius pensó que la atención de las mujeres me vendría bien.- Siseó aun irritado.- Sobra decir que Malfoy no volverá a sentir la necesidad de meterse en mi vida.- Masculló sacando unos pergaminos.

-¿Puedo preguntar que hizo?- La Gryffindor no se molestó en ocultar su curiosidad. El profesor alzó la comisura del labio con malicia, como buen jefe de Slytherin.

-¿Yo o Malfoy?

-Ambos.- Especificó.

-Pensó que sería buena idea traerme a mujeres dispuestas a acostarse conmigo.- Escupió con asco.- Tiene una percepción bastante distorsionada de lo que son mis necesidades.- Explicó brevemente.- En algún momento pensó que mientras esperaba por usted tenía tiempo para otras a pesar de mis reticencias.- Comentó de forma breve y visiblemente molesto.- Así que decidí complacerle.- Dijo sin más. Hermione intentó que no se le notara ese extraño nudo que se le había formado en la garganta al oírle decir eso. Snape era libre, sin embargo una cosa era saberlo y decirlo y otra verlo. Sin embargo el hombre parecía tener un pequeño brillo de triunfo y orgullo Slytherin en sus pupilas negras que no parecía encajar bien.- La señorita Sinclair expresó sus deseos de quitarse la ropa y meterse en una cama, yo muy amablemente le indiqué la más cercana.- Susurró lentamente.- Después por supuesto me vine para Hogwarts, parece ser que dicha cama estaba situada en los aposentos de los Malfoy y fue precisamente Narcisa la que se metió poco después en la cama esperando encontrarse a su marido.- Snape se encogió de hombros indiferente.- No es mi problema que ella pensara que la señorita Sinclair era la amante de su marido. Al igual que tampoco es mi problema que Lucius asumiera que ella iba a dormir conmigo.- Aunque su cara no mostrara ninguna emoción, estaba claro que sus ojos brillaban con diversión.

Hermione no sabía qué cara poner, por un lado trataba de no reírse ante la astucia Slytherin de su profesor, por otro aun tenía ese desagradable sentimiento en la boca del estómago al pensar en él con otra mujer, aunque sabía de sobra que eso era ser muy egoísta de su parte; a fin de cuentas entre ellos dos no había nada.

-Creo que su fin de semana a estado más interesante que el mío.- Comentó Hermione para romper el hielo. La mirada gélida de Severus le dio a entender que su comentario bordeaba la insolencia. Sin embargo era eso, o ser tan egoísta y desvergonzada como para "echarle en cara" esa noche.

Se mantuvieron la vista lo suficiente como para analizarse, a estas alturas de "relación" se conocían lo bastante como para poder estudiarse mutuamente y averiguar qué era lo que pasaba en sus cabezas. Puede que aun hubiera mucho que conocer de él, pero estaba segura que podría intentarlo durante toda su vida…

Hermione se quedó pálida siendo consciente de los pensamientos que habían invadido su cabeza.

Snape no le quitaba el ojo de encima. Vio la duda en sus facciones, las tribulaciones que la invadían.

-Se acabó la charla, tenemos cosas que hacer.- La cortó. Hermione asintió sonriendo, recuperando de nuevo su carácter Gryffindor y social. Cómo siempre observó como la joven sacaba su pluma y su pergamino para tomar notas, cómo se colocaba el mechón de pelo detrás de la oreja y fruncía el ceño esperando instrucciones.- Tiene que tener listo para esta semana el tema de su trabajo final, además preparará usted sola el pedido de enfermería.- Sentenció bastante impaciente. Hermione se apresuró a apuntarlo todo.- Esta semana estudiaremos las pociones de grado cuatro hospitalarias y las… Granger…- La llamó suavemente cortándose.

-¿Si?- Preguntó confusa.

-¿Le apetece ir a cenar conmigo esta semana?

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Esto es sencillo. Las que me queráis matar, por favor colocaros a la derecha. Las que me améis a la izquierda, y las que no sepáis que hacer conmigo en el medio por favor.

Amemos a Cloe Indecisas Matemos y torturemos a Cloe

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Bien, una vez hechos los grupos podéis proceder cómo veáis. Pero recordad, si me matáis o amputáis un miembro es posible que no pueda escribir los próximos capítulos. Y creedme los dos próximos capítulos. Serán LOS capítulos.

Ahí lo dejo…

Saludos de Cloe

PSD: Para aquellas a las que os dije que lo leyerais todo, espero que lo hayáis hecho. Y no miro para nadie Rakin.