22 Tutorías y citas

Hermione abrió los ojos con sorpresa, pero sin poder evitar que aquella sonrisa enorme se posara en sus labios.

-O le he causado gracia o es alegría, en cualquier caso le agradecería la contestación.- Espetó.

-Por supuesto que me encantaría, profesor.- Respondió rápidamente.- Si.- Repitió por si acaso no había quedado claro.

-Bien, pues continuemos.- Hermione cogió aire, lo soltó lentamente y recuperó la calma y la compostura que la caracterizaban. Asintió y cogió la pluma de nuevo.

Snape siguió hablando durante un buen rato. A veces Hermione asentía o confirmaba algún dato formulando alguna respuesta corta. Cuando estaban enfrascados en ese tiempo de conversaciones la Gryffindor se sentía muy gusto, el tiempo se le pasaba volando.

Estaba concentrada, tanto; que no se dio cuenta de lo que decía Snape, ni de la cara que estaba poniendo.

-Quiero su trabajo ya.- Indicó.

-Si.- Asintió la bruja señalando las notas que había tomado.- Quiere el tema de mi trabajo esta semana.- Le recordó como si fuera obvio, ya lo había dicho Snape antes. A Hermione sólo le faltaba señalarle su anotación remarcándola con un círculo o subrayándola para indicarle que le había quedado claro.

-No, no sólo el tema.- Sentenció sin más.- Va con retraso, así que quiero directamente la estructura del trabajo.- Demandó sin más.- Resumen preliminar, índice y prólogo.

-¿Qué?- Hermione levantó la cabeza de golpe.- ¿En una semana?

-Para pasado mañana.- Ordenó.

-Pe…

-¿Pero qué?- La ceja del hombre se alzó impaciente.

-Es bastante trabajo en poco tiempo.- Se quejó.

-Pues más le vale que se dé prisa.- Insistió sin importarle las quejas de la joven. Hermione bufó mirándolo con cara de pocos amigos. Era una cantidad de trabajo enorme para tan poco tiempo, no era justo.

-Recuérdeme porque voy a salir con usted…- Pidió en voz baja molesta, mas para ella que otra cosa. Snape levantó la cabeza de la mesa, su pelo negro formaba una cortina sobre su rostro, se levantó del escritorio, se acercó a ella y colocando ambas manos en los reposabrazos de la silla la obligó a echarse hacia atrás. La espalda de la bruja estaba completamente apoyada en el respaldo, su respiración se había cortado durante un momento y sus mejillas rosadas se habían acentuado ligeramente.

-Porque le gusto.- Susurró casi en su oído.- El trabajo para pasado mañana.- Recordó mientras volvía a su sitio ante la mirada estupefacta de la bruja.

¡Demonios!

Realmente le gustaba ese hombre.

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-¡Granger!- La llamaron poco después de salir del despacho de Snape.- Tienes los apuntes de… ¿Granger?

-¿Qué?

-Los apuntes de… ¿Oye, estás bien?

-Si… Claro… ¿Por qué? ¿Tengo mala cara?

-No, pareces… embobada.- Draco la miró escéptico y sorprendido.

-El profesor Snape…- Comenzó la bruja, pero paró, lo miró a la cara y le sonrió.- Nada, adiós Malfoy.

El chico se quedó allí con una ceja alzada.

-¿Y mis apuntes?- Preguntó, pero Hermione ya había desaparecido.

El chico continúo por las mazmorras pensativo. Tras una esquina vio a Snape acercarse al aula de pociones.

-¿Qué le has hecho a Granger?- Preguntó el rubio acercándose a él.

-¿Por qué?

-Porque me la acabo de encontrar. Estaba… parecía tonta. Es raro…

-¿Y porque he tenido que ser yo?

-Dijo tú nombre.

-Le pedí una cita.- Dijo sin más.

-¡Bravo!- Gritó de alegría mientras le daba una palmada en el hombro. Severus lo fulminó con la mirada mientras bufada molesto.- Perdón.- Se disculpó Draco mientras sonreía y se apartaba de ahí.- ¿Y qué te ha dicho?

-Que no.- Draco se quedó pálido, pero luego alzó una ceja.- ¿Crees que si me hubiera dicho que no, no estaría maldiciendo todo ahora?– Espetó alzando él la ceja.

-Merlín padrino, has hecho una broma.- El joven soltó una sonrisa de burla.- Lo que puede hacer un sí de Granger.- Soltó mientras se iba.

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No tenía otra palabra para expresar cómo se encontraba. Estaba virtualmente en las nubes y todo porque iba a tener otra cita con Severus. No podía explicar porque estaba tan nerviosa, feliz y entusiasmada; mas allá por supuesto, de por lo mucho que quería estar con él. Era cierto que lo odiaba por la carga de trabajo innecesaria que le había puesto; sus neuronas se fundirían a ese ritmo, pero aun así…

Aun así estaba como una niña pequeña con zapatos nuevos.

-¿Vas a volver con los mortales?

-¿Qué?

-¿Qué si tienes intención de hacer acto de presencia?- Hermione frunció el ceño y bajó la vista sólo para encontrarse con aquellos ojos azules de Ginny que la miraban con diversión.

-Déjala.- Aconsejó Luna.- Está ocupada pensando en el profesor Snape.- Y con aquel comentario aleatorio de la rubia Hermione consiguió prestarle atención a Weasley.

-No hace falta que digas nada Hermione.- Soltó Ginny divertida.- Está claro que Luna tiene razón.

-¿Tanto se me nota?

-Lo llevas escrito en la frente.- Bromeó.- Llevas así desde el lunes. ¿Me lo vas a contar o tengo que esperar a que te duermas para sacártelo?- La castaña por un momento se escandalizó ante la idea de su amiga esperando a que se durmiera para sacarle información.

-El profesor Snape me ha pedido otra cita.

-¡Y a que esperabas para contármelo!- Le reprochó, aunque claramente no estaba enfadada.- De todas formas no hay que ser adivina para saber que algo de eso era.- Susurró Ginny sin dejar de sonreír.- Últimamente estás que te sales.- Se rió.- El fin de semana pasado Sirius y tu….- Ginny se acercó a ella y le dio un toque con su hombro mientras le guiñaba un ojo.- Y ahora Snape… Vas a necesitar un giratiempo para organizar tu agenda social.- Bromeó de nuevo.

-Ginny.- Le reprochó.- No te burles, sabes lo mal que lo llevo.

-Ahora mismo, mal, lo que se dice mal, no te veo Hermione.- Se rió por lo bajo. La implicada trató de recriminárselo con la mirada, pero no sirvió de nada.- Tengo que serte sincera.- Confesó.- Llevas toda la semana como si estuvieras en la nube. Sé que te gusta Sirius, se lo que hubiera pasado el viernes si no os hubiéramos interrumpido y sé de sobra como pasaste esos días en casa y la cara de felicidad que tenías y tienes siempre que estás con él. Hacía tiempo que no te veía sonreír así.- Le explicó con calma mientras le sonreía.- Pero tengo que reconocer, que cuando Snape aparece para cualquier cosa, aunque sea sólo para gruñir mientras camina por el pasillo…- Hizo una pausa y la miró.- Deberías verte… Estás… Se te ilumina la cara.- Y dejando a Hermione con más dudas que soluciones y el ceño fruncido, Ginny se levantó de la mesa del gran comedor, le dio unos toquecitos divertida en el hombro y la dejó allí sola.

-Gracias Ginny.- Bufó con sarcasmo.

-No te preocupes Hermione, ya elegiste al profesor Snape.- Comentó Luna con su habitual jovialidad.- No tienes que preocuparte por nada más.

Hermione frunció el ceño de nuevo, giró la cara hacia su amiga para preguntarle a que se refería. Pero Luna ya se había ido dando botecitos.

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Hermione se acercó a él con lentitud.

-Te veo distraído Sirius.- No habían hablado de lo que había ocurrido la semana pasada. No es que lo ignoraran, simplemente lo habían asumido como algo natural. El susodicho levantó la mirada. El aula estaba vacía, no quedaba nadie. Black le sonrió apoyándose contra la mesa, su traje gris marengo de rayas resaltaban el porte elegante, el chaleco a juego con el traje resaltaba sobre su inmaculada camisa blanca. Una cadena plateada colgaba graciosamente desde el ojal hasta el bolsillo donde se encontraba su reloj de cuerda. Se cruzó de brazos de manera despreocupada, haciéndolo parecer aun más atractivo.- ¿Estás bien?

-No. Tengo un problema.

-Oh… ¿Te puedo ayudar en algo?- Dijo la bruja, se acercó un poco más y asintió.- ¿Qué ocurre?

-Que llevas dando vueltas en mi cabeza todo el día.- Confesó.- Y si vas a estar así por lo menos vístete.- Le gruñó divertido. La bruja se sonrojó ante el comentario, siempre se ruborizaba ante ellos, pero la insinuación de que Sirius se la imaginaba a ella desnuda en su cabeza había sido bastante impactante. Pero no se dejó engañar por el halago, le dio un pequeño golpe en el pecho por la broma. Por un momento pensó que le pasaba algo y se había preocupado.

La estaba volviendo loca.

¡Los dos la estaban volviendo loca!

Luna había dicho que ya se había decidido. Pero lejos de la realidad. Estaba más en el medio que nunca.

¿Cierto?

-Pensé que te pasaba algo malo.- Le reprochó. Sirius se limitó a sonreírle para darle tranquilidad.- Vale, estás bien.- Afirmó Hermione divertida.- Me voy antes de que decidas desnudarme entonces.

-¿Eso es un propuesta?- El hombre alzó la comisura del labio con diversión y picardía, se acercó a ella un poco más, casi acechándola.

-No puedo.- Negó lentamente.- Por muy tentadora que sea la idea debo estudiar.- Admitió. Se veía que Black quería protestar, pero Hermione se llevó un dedo a la boca en señal de silencio.- No.- Dijo con más firmeza.- Tengo que entregar mi proyecto de trabajo para pasado mañana y no puedo perder el tiempo con eso.- Se lamentó.

-Está bien… Está bien. Nada de desnudarte ahora sobre la mesa entonces.- Sirius levantó las manos en señal de rendición mientras sonreía.- ¿Qué tal este fin de semana?

Hermione se quedó pensativa.

-Creo que voy a estar ocupada, aun no lo sé con exactitud.- Explicó pensativa. Las mejillas de la bruja se tiñeron de un suave rosa y le desvió la mirada. El hombre soltó una pequeña risa.

Merlín, Hermione era encantadora cuando se ponía así.

-El murciélago te ha pedido una cita ¿cierto?

-¡Sirius!- Le reprochó la bruja con las manos en la cintura.

-Oye, puedes hacer lo que quieras, no es una crítica hacia ti.

-Me refería al nombre, no lo llames así.

-Es su nombre.

-No lo es.- Hermione esperó un rato y lo miró.- ¿Te molesta?

-¿Qué tengas una cita con él?- El hombre amplió su sonrisa.- Tranquila, para nada.- Trató de calmarla sin quitar de su cara aquella sonrisa divertida.- Simplemente me sorprende que haya sido capaz de pedírtelo. No pensé que tuviera agallas.- Dijo sin más.

-Pues sí, me ha pedido una cita.- Confesó cruzándose de brazos un poco a la defensiva.- Y le he dicho que si.

-Y me parece bien.- Declaró amablemente.- Me gusta que te lo pases bien y si es lo que quieres, me gusta más aún.- Sirius se acercó a ella, la agarró suavemente por la cintura y depositó una tenue beso en la comisura del labio.- Avísame cuando estés libre.

Sirius se dio media vuelta y volvió a su escritorio ante la atenta mirada de Hermione.

Sirius Black no era un hombre al uso. Era impulsivo, e inmaduro para muchas cosas, pero jamás, jamás en su vida había conocido a nadie con esa mentalidad de juego limpio. Sabía que le gustaba Severus y sabía que tenía citas con él, y desde un principio en lugar de ponerle límites o ponerse celoso se lo había tomado como un reto, se lo había puesto fácil ¿Qué hombre hacía eso?

-Señorita Granger.- La llamó la directora entrando en el aula.- Que bien que aún la encuentro aquí. ¿Tiene un minuto?- Hermione asintió y se despidió de Sirius con una breve sonrisa mientras la seguía fuera del aula.

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Hermione estaba en su sala común, rodeada de libros, pergaminos, tinteros y estrés, sobretodo mucho estrés. Estaban casi a mediados de curso y ya sentía la presión de finales de curso.

Además la conversación con la directora no había ayudado. Estaba presionándola para que eligiera su siguiente movimiento, pero es que la anciana llevaba haciéndolo desde principios de curso. El resto de sus compañeros no estaban como ella, Ginny, por ejemplo; la directora aun ni le había preguntado en firme donde quería continuar sus estudios fuera de Hogwarts. A ella ya le había ofrecido tres opciones a la semana de empezar el curso, todas encaminadas a la medimagia.

Se sentía presionada, demasiado. Vale que ella podía lidiar con el estrés, y era cierto que siempre había demostrado más interés que los demás en su futuro y se lo había dejado claro a la directora el primer día. Pero aun tenía cinco meses para decidirse. No era justo…

Miró el pergamino y apuntó dos frases antes de cambiar de libro. Suspiró varias veces.

-Quizás deberías irte a la cama Granger.- Masculló Malfoy sentándose en una esquina de la mesa abarrotada mientras mordía una manzana con ganas.

-Tengo que entregar esto mañana.- Se quejó la bruja sin intentar ocultar su molestia.

-Pero si te desmayas sobre los pergaminos no podrás hacerlo.- Recalcó divertido con una ceja alzada.

-Pues díselo a tu padrino.- Bufó enfadada.- Es él el que me cambió las condiciones y la fecha de entrega.- Draco la miró un segundo, no iba a darle ánimos, con Granger no funcionaba así. Sólo asintió, le configuró una taza de té y se fue a su dormitorio.

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-¿Me está tomando el pelo Granger?

-¿Disculpe?

-Su trabajo…

-¿Qué pasa con mi trabajo?- Preguntó preocupada levantando la cabeza del caldero. Lo había entregado esa mañana, como había pedido él.

-No sé hasta qué punto puedo apuntar que es un desastre sin sonar redundante.- Masculló con acidez.

-Está siendo injusto.- Se quejó, Snape siempre tenía unas expectativas y un nivel muy elevado. Sólo se conformaba con la perfección. Ella había entregado en dos días un proyecto de un trabajo que se tardaba un mes. Severus no estaba siendo razonable.

-¿Injusto? ¿Insinúa que después de más de 20 años de experiencia no se calificar un trabajo?- Hizo un pausa y lo miró.- Vuelva a leerlo.

-¿Qué?

Snape se acercó hasta ella entregándole los pergaminos.

-Que lo lea.- Ordenó. La bruja desconcertada cogió el proyecto y lo leyó por encima. El título, el índice, el resumen…

-Merlín... -Susurró aterrorizada.- ¿Yo he hecho esto?

-Si me dice que en realidad no tenía tiempo y que le pidió a uno de primer año, o a Weasley que se lo hiciera, me lo creería...

-Lo he hecho yo.- Afirmó. Sabía que no tendría sentido echarle en cara el poco tiempo, a fin de cuentas sabía desde hacía meses que tendría que hacer un trabajo de final de curso. Si lo hubiera preparado antes quizás…

Quizás nada.

La culpa había sido de él, ella se había ceñido a los tiempos y a las exigencias que había pedido. Era el profesor Snape el que había cambiado los términos. Aunque eso tampoco era una excusa por su parte por haber entregado tan pobre trabajo.

-¿En qué demonios estaba pensando?- Le preguntó Snape.

-No... Yo...

-No le permitiré ningún fallo más.- Espetó serio.- ¿No estoy para perder el tiempo me oye?

-Sí.- Contestó secamente, estaba dolida por su trato y de nuevo, por lo injusto que estaba siendo.

-Merlín señorita Granger…- Susurró lentamente.- Es demasiado brillante para hacer esto...- Soltó de repente indignado mientras dejaba caer el trabajo sobre la mesa. Hermione se quedó sorprendida por sus palabras. Había sentido frustración y rabia con su actitud hacia ella, pero ahora se había dado cuenta de lo que era en realidad. Estaba…

Snape estaba preocupado. Si, era eso. No podía ser nada más.

-¿Qué ocurre?- Preguntó. Pero Hermione no sabía que responder. El hombre no dijo nada mas, se limitó a observarla atentamente como si así pudiera descifrarla. Podía usar legeremancia si quisiera, quería hacerlo, necesitaba hacerlo. Necesitaba saber que ocurría.- ¿Qué ocurre?- Preguntó una vez más.

-Antes podía hacer esto con los ojos cerrados.- Confesó al fin. Hermione levantó la cabeza para verlo.- Ahora parece que no sé hacer ni esto.- Soltó dejándose caer sobre la silla.

Obviamente había algo mas detrás de aquellas palabras, Snape lo sabía. Podía sacárselo a la fuerza, o podía esperar a que ella decidiera continuar. Frunció los labios. No entendía su actitud con ella, más allá por supuesto de que estaba preocupado por ella. No podía ocultarlo, estaba preocupado. Verla con aquella actitud derrotada y agotada no era normal en Granger. Parecía como si se hubiera rendido de alguna forma. ¿Pero porque?

-Soy hija de muggles, sólo por eso siento que debo estar más a la altura que nadie. Se supone que debo demostrar que merezco estar aquí y fallo en un proyecto.-Hizo una pausa.- Ni siquiera era el trabajo final.- La bruja se rió casi de forma histérica. Sonriendo nerviosamente, se notaba que estaba algo agotada. Entonces Snape lo entendió. La guerra se había llevado mucho más que vidas, se había llevado la estabilidad emocional y la seguridad de muchas personas, incluyendo la de Granger; hasta el punto de ella poner en duda su raciocinio.- Debo ser alguien excepcional.

-Ser excepcional está sobrevalorado. Ser un mago o bruja ya es suficientemente difícil para buscar ser mas.- Siseó sin más.

-Pero usted lo es.- Recordó la bruja un poco más calmada.- Es excepcional.

-Después de saber lo que sabe sobre mí, y de conocerme como lo hace... ¿Todavía piensa que soy un mago excepcional?- Snape alzó una ceja con escepticismo.

-Como mago…- Hermione levantó la cabeza.-… Y como ser humano.- Afirmó con seguridad. Severus alzó aun más su ceja, sus ojos brillaron con sorpresa, pero trató de ocultarlo. La bruja cogió aire y lo soltó en forma de suspiro resignado.- Pero yo estoy un poco...

-¿Desorientada?- Gruñó.

- Si.- Afirmó rápidamente sorprendida.- ¿Qué significa eso?- Quiso saber la joven.

-¿A mí me lo pregunta?- Bufó incómodo.- No lo sé Granger. Pero sinceramente no creo que haya nada malo en tener momentos de debilidad, no tiene que ser perfecta las 24h ni tiene que demostrar nada a nadie.- Masculló mientras cogía el trabajo y le apuntaba varias cosas en él.- Aunque haya cien personas en un salón y noventa y nueve no crean en usted. Sólo necesita una que si crea.- Susurró.- En su caso tiene a varias personas que creen en usted. No por lo que esperan que haga, si no por lo que realmente es.- Hermione se quedó con la boca abierta mirando para él, esperando el comentario mordaz o sarcástico, o esa pequeña puya que acompañaba casi siempre sus frases hacia ella. Pero no estaba, sólo había ese comentario amable y tranquilizador que tanto necesitaba.- Le agradecería que dejara de mirarme con esa cara de sorprendida.- Espetó molesto.

-Disculpe, aun no me acostumbro a…

-¿A que no sea un cabrón despiadado? Gracias.- Escupió con ironía. Hermione sonrió y resopló a la vez que relajaba sus hombros.

-Perdón y… Gracias, de verdad.- Agradeció la joven mientras le regalaba la sonrisa más sincera que jamás le hubiera dado. El Slytherin asintió suavemente, se acercó a ella y le sujetó la cara por el mentón unos segundos para mirarla a los ojos. Después la soltó y se dio media vuelta.

-Atienda al caldero, esa poción está burbujeando demasiado.

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-¡Podía haberla matado!- Se quejó Snape acercándose a ella con peligrosidad mientras la apartada de la escena del siniestro. El caldero había explotado, literalmente, y donde había estado sólo quedaba un agujero negro y quemado en la superficie de la mesa y cientos de esquirlas de peltre desperdigadas y clavas por todo el salón.

-Le ha hecho un corte en la mano.- Dijo Hermione preocupada. Se acercó a Snape mirándolo con los ojos vidriosos. El hombre ni se miró la mano ensangrentada con un trozo de hierro clavado en la mano.

-¿Esa poción casi acaba de matarla y le preocupa que yo tenga un corte en la mano?- Preguntó con burla.

-Me alegro divertirlo.- Dijo con reproche mientras cogía su mano cada vez más preocupada. Snape la retiró con brusquedad.- Estoy… estoy preocupada. Me importa lo que le pase.

-Sólo es un corte.- Dijo sin más.

-Debería ir a la enfermería.

-Creo que puedo cuidarme sólo.- Espetó.- Vayamos a cenar.

-¿No se le ocurre otro momento para recordarme eso?

-No es un recordatorio, vayamos a cenar.

-Ya me pidió una cita.- Le recordó suavemente.

-Ahora Granger, vayamos ahora.

-¿Cómo?

-Necesita salir de aquí.

-Pero… es horario escolar.- Soltó la bruja. Snape alzó una ceja.

-Acaba de hacer explotar un caldero.- Siseó enfadado.- Nos vamos de aquí, considérelo tiempo de tutoría.

-Pero…

-Es una orden.- Sentenció serio.- Está distraída y eso es peligroso. Necesita despejarse.- Indicó muy seriamente.

-Si me deja curarle la mano voy donde quiera.- Negoció la bruja empecinada. Snape gruñó, pero se rindió y se dejó hacer. Acercó su mano, ofreciéndole la palma donde tenía una pequeña laceración con el trozo de metal incrustado. El pocionista había interpuesto su mano entre la cara de la bruja y el caldero cuando había visto que la ebullición se había descontrolado. Con extremado cariño y una delicadeza que lo dejó un segundo sin respiración, Hermione cogió su mano y tras tocarla con la punta de su varita, el metal y la herida desaparecieron al instante. Acercó uno de los ungüentos que había en el gabinete y lo esparció en su mano con dedicación.

El hombre resopló un par de veces pero no dijo nada.

-Ya está.- Afirmó la bruja haciéndole un pequeño nudo a la venda.- Curado y listo, espero que no le deje cicatriz.- Afirmó tranquila.

-Bien, ahora vayámonos de aquí.

-¿Ya?

-Sí.

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Hermione respiró el aire frío e invernal. Estaba empezando a oscurecer lo que aumentaba la sensación gélida del aire. Se refugió en su capa y su bufanda. De la nada sintió algo pesado y cálido sobre sus hombros. Se giró rápidamente para ver como Snape colocaba la capa sobre ella. Se refugió en ella feliz, aspirando aquel aroma a pergaminos y loción de afeitar, igual que había hecho meses atrás en el bosque. Por gestos como aquellos, cada vez le gustaba más ese hombre. Eran esos detalles silenciosos y en la sombra lo que le gustaban de él. Lo que hacía que apreciara cada gesto mucho más que si lo hubiera hecho cualquier otra persona. Snape se giró, la acercó a su cuerpo abrazándola y desaparecieron de allí.

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Hermione levantó la cabeza y sonrió.

-Creo que le sonará.- Espetó Snape separándose de ella. Hermione no sabía que a qué se refería, pero rápidamente se ubicó con un simple vistazo a su alrededor. La bruja no quitó la gran sonrisa. Asintió un poco sorprendida, pero alegre. Entraron en el pub, el mismo al que habían ido aquella vez que fueron a Londres a por aquella sustancia extraña. Su primera cita que no había sido una cita, porque no se lo había pedido.

La chica cogió aire y lo soltó en forma de resoplido nostálgico, recordando con cariño aquella tarde.

-¿Azotea?- Preguntó la chica.

-Ya tiene mi capa, no voy a dejarle también mi levita si sigue teniendo frío.- Espetó serio.- Mejor dentro.

Entraron y Hermione lo acercó hasta uno de los reservados, sentándose uno en frente del otro en cada sofá tapizado de cuero marrón. Estaba nerviosa, sorprendida, incluso entusiasmada por la idea de estar con él a solas fuera de Hogwarts.

-Bien ahora explíqueme que le pasa.- Demandó el hombre cruzándose de brazos.

-¿Cómo?

-Me entregó un trabajo patético y por un error de primero hizo explotar una poción.- Explicó impaciente.- Está claro que algo ocurre.- Estaba molesto con ella, pero no era sólo molestia, se le veía preocupado aunque tratara de ocultarlo, pero no podía ocultarlo y eso le molestaba más. Así que ahora estaba preocupado y molesto todo a la vez.- Hablé.- Ordenó. Un camarero vino a preguntar que querían, Snape pidió algo rápido por los dos y la examinó atentamente.- Vamos… ¿Qué le preocupa?

¿Qué le preocupaba? Hermione lo miró atentamente…

-Que me humille si se lo cuento, es demasiado personal. No quiero que se ría de mí porque piense que mis problemas son absurdos o infantiles.- Confesó con sinceridad.

-No sé qué debo hacer para que se fíe de mí.- La voz del pocionista era pausada y apenas un susurro. Su mirada era más intensa de lo normal, quizás hasta decepcionado por las palabras de la bruja.- Granger…- La llamó con cierta insistencia.

-Estoy preocupada por mi nueva vida.- Dijo rápidamente.- La directora mandó a principios de cursos mis solicitudes para acabar mis estudios en medimagia.

-Es lo que pidió.- Espetó el hombre secamente. Hermione tragó saliva, por eso no quería contárselo. Pero… si no le podía contar estas cosas, ¿cómo iba a confiar en él? Lo miró lentamente y cogió aire.

-No en realidad.- Comenzó insegura.- La directora lo sugirió porque creía que era lo mejor para mí, porque era lo que todo el mundo sugería. Yo solo asentí porque me pareció buena idea.- Hermione parecía triste, decaída.- No es que siempre haya querido estudiar medimagia, en realidad lo que me gustan son sólo las pociones.- Confesó ya no parecía triste, sólo aliviada por haberlo dicho.- Pero soy consciente de mis limitaciones. No soy lo suficientemente buena para que me admitan como aprendiz en ningún laboratorio de pociones.- Explicó.- Así que pensé que quizás, medimagia sería lo más cercano y lo que se esperaba de mí.

-Así que va a hacer algo que no quiere solo porque la gente y usted creen que no es lo suficientemente buena para hacer lo que realmente le gusta.- Susurró Snape a tiempo de que el camarero les trajera su pedido, dos pintas de cerveza y dos Sheppard's pie. Su ceja se alzó rápidamente.

-Algo así…- Admitió. La verdad es que dicho en voz alta sonaba…

-Absurdo.- Escupió Snape.- Es lo más absurdo que he escuchado en mucho tiempo, y vivo rodeado de adolescentes con el cráneo hueco.- Sentenció. Hermione no pudo evitar reírse de forma nerviosa. Severus alzó una ceja.- Puede hacer lo que quiera y lo sabe.

La bruja lo miró a los ojos con intensidad. Recreándose, sin rehuirle la mirada.

-Quiero hacer pociones.- Dijo en voz alta por primera vez.

-Pues hágalo.- Dijo sin más mientras probaba la cerveza y metía el tenedor en un Sheppard's pie.- Estudie pociones.

-¿Cree que soy lo suficientemente buena para ello?- Preguntó directamente.- Quiero saber su opinión de verdad.

El hombre dejó los cubiertos sobre la mesa, se limpió la boca con la servilleta y levantó la cabeza para observarla.

-Sí, lo creo, es inteligente y aprende rápido, ha conseguido olvidarse de los libros y seguir los instintos, puede entrar en cualquier laboratorio que quiera.

Hermione abrió los ojos sorprendida, aunque su ceño se frunció, había algo que no le convencía.

-¿Me ha pedido la opinión y ahora se sorprende?- Snape levantó la ceja de nuevo.

-No es ese tipo de sorpresa y si, le he preguntado si soy lo suficientemente buena… Pero me refería a si soy lo suficientemente buena para usted.

Severus la analizó, sus ojos mostraban expectación y ansiedad. Realmente le importaba su opinión, y eso era algo con lo que no estaba aun acostumbrado.

-Sí, lo es.- Confirmó. No dijo nada más ni hizo ningún gesto, continuó comiendo y bebiendo cerveza como si no hubiera pasado nada. La bruja lo miró, una gran sonrisa se colocó en su rostro, se sentía bien. Muy bien.

Hermione imitó a Snape y le dio un gran bocado a su pastel. Bebió un gran trago de su pinta dejando una pequeña marca de espuma blanca y sobre el labio. El profesor levantó la mano y con el pulgar limpió el rastro de espuma sin ser muy consciente de lo que hacía. La bruja se quedó sin respiración y hasta que no quitó el dedo de su piel no se acordó de volver a respirar de nuevo. Cogió aire y suspiró.

Severus retiró la mano dándose cuenta de ello. Había sido un gesto automático, inconsciente, le había salido sólo. Abrió los ojos ligeramente por la sorpresa, pero rápidamente colocó su máscara indiferente como si no hubiera pasado nada.

¿Qué le pasaba con esa dichosa mujer?

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Hermione suspiró satisfecha mientras se metía en la boca la última cucharada de pudding dulce, cremoso y avainillado. Dejó la cuchara en la copa con un sonido titilante absolutamente satisfecha.

-Supongo entonces…- Hizo una breve pausa y lo miró.-… que debo considerar esto la cita que íbamos a tener.- Comentó la bruja tranquilamente.

-No, no es una cita.- Negó.- Le dije que lo considerara una tutoría.- Siseó con acidez.

-¿Si es una tutoría entonces no puedo darle un beso?- Preguntó suavemente.

-Granger…- La llamó con su voz aterciopelada.- ¿Quién dijo eso? -Preguntó con aquella mirada seria clavada en sus ojos. Hermione se atrevió a mirarlo.

-La última vez…- Hermione se mordió el labio y frunció levemente el ceño mientras pensaba.- La semana pasada, en el laboratorio.- Le recordó.- Cuándo le pregunte las dos veces si me iba a besar, me dijo que no.

-Le dije que no iba a hacerlo.- Le recordó también.- No que no quisiera.- Susurró arrastrando las palabras.- Puede hacerlo siempre que quiera.

-Bien…- Hermione le sonrió ampliamente.- Bien…

-Creo que es hora de volver.- Indicó lentamente. A fin de cuentas era por semana, no debían demorarse mucho. Quería sacarla de su entorno y que se despejase, y lo había conseguido.

Snape pagó la cuenta, y en silencio caminaron hasta el parque que había al lado para poder aparecerse en los terrenos de la escuela.

El hombre había tenido razón, le había hecho falta salir, lo necesitaba y él lo había visto. No era la primera vez que la escuchaba así y se preocupaba por ella, pero sentía como algo especial esa noche, sentía que esa noche había supuesto un punto y aparte en ellos.

Desaparecieron de allí haciendo que la joven se mareara un poco. Sus pies tocaron la piedra del caminó y ambos caminaron lentamente por los terrenos solitarios del castillo. Cuando casi habían llegado a la entrada, Hermione se giró hacia Snape, le agarró de la mano y tiró de él hacia ella escondiéndolos tras unos árboles.

-¿Qué hace?- Preguntó el hombre secamente, aunque era una pregunta retórica, estaba claro lo que ella iba a hacer.

-Cállese profesor.- Ordenó la bruja mientras se acercaba y lo besaba. Suspiró mientras sentía aquellos labios duros devolverle el beso. Envalentonada por la respuesta, Hermione enredó las manos tras su nuca y dejó que el hombre la abrazara y alzara. Sintió la lengua buscarla, rozarla. Lo sintió succionar sus labios con tranquilidad, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Perdió la noción del tiempo y del mundo. Suspiró contra él y se pegó a su cuerpo con fuerza. Snape aflojó el agarre, y besándola una última vez se separó de ella.

¿En qué momento la había echado de menos? No sabía que la echaba de menos.

-Gracias por la cena y por todo.- Hermione le sonrió, le dio un rápido beso en los labios y se fue.- Nos vemos profesor.

-Adiós Granger.

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La bruja se metió en la cama feliz, dando saltitos alegres y pequeños grititos de entusiasmo mientras se tapaba.

-Esa felicidad tiene nombre. ¿A que si?- Preguntó Ginny abriendo la cortina de su cama.- Habla.- Ordenó entusiasmada mientras se sentaba en la cama con ella.

-Ginny.- Se quejó.- Es tarde…

-No para esto. Vamos, habla.- Insistió.- Llevas toda la tarde fuera, vuelves ahora y encima tienes esa sonrisilla en la cara. ¿Algo que debas contarme?

-Simplemente salí con el profesor Snape a hacer un recado a Londres.

-¿Recado?

-Sí, puramente académico.- Comentó mientras sonreía.

-Ya… - Ambas se rieron mientras Hermione escondía la cara en la almohada.

-El profesor Snape…- Cogió aire y la miró.- Vio que estaba estresada, y me llevó a Londres a cenar.

-¿En serio?- Ginny sonrió aun más.

-Y a la vuelta lo besé.- Ambas volvieron a reír. La castaña sentía nervios en el estómago, como mariposas, estaba entusiasmada, excitada, como si la adrenalina recorriera su cuerpo tras haberse subido a una montaña rusa. Quería más…

Quería mucho más de él.

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Abrió los ojos ese viernes, llevaba en una especie de nube desde aquella cita exprés con el profesor Snape y aun le quedaba otra. No sabía cuando, no le había dicho nada aun, pero estaba segura de que no se había olvidado. Se vistió rápidamente con el uniforme y bajó a desayunar.

Sus amigas estaban ya en el gran comedor desayunando, entró y las saludó rápidamente. Después, en automático miró a la mesa de los profesores y sonrió.

-Lo tuyo no es normal.- Soltó Ginny mientras enfocaba su atención en el bol de CherieOwls que tenía delante.

-¿Qué pasa ahora?

-No sé, Hermione, tú sabrás.- Comentó la pelirroja feliz. La bruja frunció el ceño un momento, dándose cuenta de que algo de razón tenía su amiga. Lo suyo con aquellos dos hombres no era normal. Estaba lejísimos de ser normal.- Siéntate a desayunar anda.- Aconsejó entregándole una edición de El profeta.- No puedes empezar el día sin desayunar… quizás necesites mas fuerzas para luego.- Bromeó sabiendo que se estaba jugando el cuello. Hermione giró la cabeza de golpe para mirar a su amiga, roja como un tomate al entender lo que la chica quería insinuar.

-¡Ginny!- Le gritó. Pero la pelirroja seguía riéndose por lo bajo mientras rellenaba por segunda vez su tazón de cereales.

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La bruja estaba enfocada en su movimiento de muñeca, practicando aquel hechizo defensivo no verbal realmente complicado. La clave del éxito era interiorizar la acción, era como el Crucio o el Avada Kedavra. Si no se deseaba realmente, no iba a salirle de ninguna forma.

-¿Lo tienes?- Preguntó Sirius. Hermione medio asintió, no había hecho nada tan complicado en mucho tiempo.- Probemos algo simple. ¡Expelliarmus!- De la punta de su varita salió el hechizo de desarme. Hermione trató de trazar el contra hechizo pero no funcionó. Su varita salió volando y después ella también. Black agitó rápidamente la mano creando cientos de cojines gigantescos sobre los que cayó la bruja.- ¿Estás bien?- El hombre se acercó a ella con rapidez, y se la encontró tumbada en medio de todas aquellas almohadas.

-Si.- Protestó un poco decepcionada.

-No te frustres Hermione, este hechizo es complicado incluso en magos experimentados.- Le tendió una mano para levantarla pero cayó con sobre ella.

-Sirius.- Se quejó.

-Te prometo que ha sido sin querer.- Se excusó.- Además…- El hombre sonrió con picardía mientras la miraba.- Sabes que nunca he puesto excusas tontas contigo. Si quiero tocarte, sabes que lo haré.- Le recordó con suavidad.- Siempre y cuando tú me dejes… por supuesto.

-¿Es una indirecta?

-No.- El ex presidiario se acercó a ella con el amago de besarla, pero solo le dio un suave beso en la mejilla.- La clase acabará en cinco minutos, puedes recoger si quieres.

Mientras la bruja metía sus cosas en la mochila sintió como era observada, Sirius la miraba desde su pose habitual en el escritorio.

-¿Qué?

-¿Ya te ha dicho algo de la cita?

-¿Qué?- Preguntó de nuevo un poco perdida.

-Nosferatu, que si ya te confirmó la cita.- Quiso saber de nuevo con total naturalidad. Hermione frunció los labios por la manera en que Sirius lo llamaba siempre.

-No.

-Merlín, nunca pensé que hubiera nadie tan negado como él.- Black se lamentaba mientras sonreía.- Si al final se arrepiente o lo que sea… Pasaré el fin de semana en Londres, avísame si te apetece.- Y con un suave beso en los labios el profesor de Defensa se fue a su despacho.

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Entró en el aula preguntándose porque Severus aún no le había dicho nada sobre la cita. Sabía que no se estaba arrepintiendo, ella no había hecho nada. O eso creía. Las ideas y los posibles escenarios se le pasaban por delante de su cabeza a una velocidad desconcertante. Snape siempre era capaz de hacerla dudar, sólo que esta vez no había sido él el que la había hecho dudar, si no Sirius.

-Buenos días señor.- Saludó como siempre entrando en el aula. Pero no estaba. Se sorprendió bastante; el hombre nunca llegaba tarde salvo que fuera algo grave o, como en la última vez, que se concentrara tanto en alguna investigación que perdiera la noción del tiempo. Esperó diez minutos, pero no apareció.

Más preocupada de que le hubiera pasado algo que de otra cosa. La bruja atravesó el pequeño pasadizo que conectaba el anexo al despacho del Jefe de Slytherin. Al poco tiempo empezó a oír los gritos y las voces. Snape estaba muy enfadado, sintió la necesidad de dar media vuelta. Pero no lo iba a hacer. Abrió la puerta lentamente procurando no importunarle, estaba claro que no estaba de buen humor. Snape estaba hablando con alguien por la chimenea, no sabía quién era, pero estaba claro que debía ser algo importante.

-Es una auténtica locura.- Masculló Snape furioso.- ¿Cómo ha permitido que esto pase?

-Lo han controlado todo.- Respondió el otro perplejo.

-Es obvio que no.- Espetó de malos modos mientras observaba algo que tenía en las manos.

-Quizás podría usted…

-No es mi maldito trabajo señor Petersen. No pienso arreglar sus errores.

-No tenemos opción, el almacén está sin suministros, el accidente afecto al gabinete tres y nos hemos quedado sin pociones curativas y reponedoras de sangre grado quirúrgico.- Trató de explicarse como buenamente podía.

-El Ministerio tiene personal e instalaciones de sobra para llevar a cabo la tarea.- Soltó con acidez.

-Pero usted vio fallar la última tanda, sabe corregir ese error.- Le recordó el desconocido. Severus gruñó y bufó enfadado.

-¡Sólo porque son unos incompetentes! ¡Si hubieran hecho su trabajo yo no tendría que hacer el mío!- El pocionista no podía mas.- Lo tendrá mañana.- Fue lo último que dijo Snape antes de mover la varita y despachar al hombre que salió en un remolino de la chimenea de su despacho como si un vendaval lo arrastrara fuera.

El Slytherin apretó los puños con fuerza cuando se giró y vio a la bruja frente a la puerta. Quiso despacharla a ella también, pero en su lugar gruñó enfadado y un par de tarros estallaron con fuerza. Snape dio media vuelta y salió por una de las puertas de su despacho dejándola abierta. Hermione se asomó un poco solo para ver un laboratorio en su interior, un laboratorio personal.

Su laboratorio privado.

Se acercó un poco mas con cautela para verlo sacar calderos y agitar su varita para abrir libros y libretas mientras bufada visiblemente molesto.

-Inútiles.- Masculló en voz baja. La bruja se acercó un poco más, estaba tentando a la suerte, lo sabía; pero su profesor la había visto y no la había echado. Si lo hubiera querido hacer lo hubiera hecho sin miramientos como había hecho tantas veces atrás.

Se quedó un par de minutos observándolo y cuando se dio cuenta de que no le iba a hacer nada, en silencio y con absoluta diligencia se puso a ayudarlo en tareas simples, cosas que sabía que podía hacer sin saber de qué iba exactamente la cosa. Limpiar la zona, encender los fuegos, cogerle del suelo los libros que caían, traerle cosas…

Ya a media mañana la bruja sabía perfectamente que estaban haciendo. Era un trabajo titánico y agotador. Snape no le había dicho nada, a veces dudaba de que supiera que estaba ahí, otras parecía como si se lo agradeciera de alguna forma, era difícil de saber.

-Granger.- La llamó en algún momento del día. Hermione se detuvo, estaba lavando uno de los calderos vacíos después de una ronda de pociones cicatrizantes.- Váyase.- Ordenó.

-Hay mucho trabajo.

-Puedo manejarlo.- Dijo llanamente. Hermione lo observó un tiempo, puede que incluso un minuto o dos.

-Se que puede.- Aclaró, era Severus Snape, por supuesto que podía con eso y con más. Pero no quería dejarlo sólo. El hombre miró el reloj, eran las siete de la tarde. Maldita sea, se habían tirado ahí desde por la mañana y ni si quiera habían comido. Ella no había comido. Gruñó molesto.

-Su trabajo de asistente acabó hace un rato.

-¿No puedo quedarme?- Preguntó. El hombre alzó una ceja.- Me gusta su compañía y ya que parece que estará ocupado este fin de semana…- La joven hizo una pequeña pausa.- Bueno…

-¿Bueno que?- Preguntó de malos. Hermione suspiró, si que se había olvidado de su cita… Al menos habían tenido una un par de días atrás, porque para ella había sido una cita, no una tutoría como lo había llamado él.

-Ya que no voy a tener mi cita con usted, me gustaría pasarlo igualmente aquí.- Confesó tranquilamente. La cuestión era estar con él, no importaba el cómo ni el donde. Solo quería…

Eso, quería estar con él.

-¿Cómo?- Snape alzó una ceja.- Ni la vuelta del mismísimo señor oscuro me haría cancelarla.

-Pensé…

-¿Qué me habría olvidado?- Su tono era mordaz y su ceja permanecía alzada en un continuo gesto impaciente.

-Si.- Admitió.

-No me he olvidado.- Masculló entre dientes.- Pero como habrá podido observar, he estado ocupado.- Sentenció bruscamente.- La veo mañana a las siete, para nuestra cita.

-¿Y ahora?

-Merlín. ¿Qué pasa ahora?- Preguntó impaciente.

-Quiero estar aquí con usted.- Comentó de nuevo. Severus la miró sin saber de dónde venían aquellas ganas de estar en su compañía. Pero le gustaba, para que negarlo.

No dijo nada más, se hizo a un lado y le ofreció uno de los cuchillos que tenía para que siguiera cortando las raíces de arúgula.

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Hermione embotelló el último vial y le puso la etiqueta correspondiente. Se giró para buscar otro caldero pero no había más.

-Hemos acabado.- Espetó el pocionista. La bruja miró a su alrededor, había una mesa llena de botellas y viales, otra con calderos ahora vacíos, el escritorio de él lleno de libros y anotaciones. Snape la observó, en algún momento de la tarde ella se había quitado la túnica y el jersey, estaba sólo con la camisa blanca y la corbata. Su pelo estaba algo encrespado y grasiento y se la veía cansada.- Lo llevaré a San Mungo, vaya a dormir, es tarde.

Vio como aun así, los ojos de la bruja brillaban con aquel destello especial, y como se mordía el labio ligeramente. Severus entornó los ojos. Esa chica no era normal.

-No me diga más…- Espetó bruscamente.- Quiere venir conmigo.- Bufó incómodo y algo molesto.- Empaquete todo con cuidado, cuando acabe la veo en mi despacho.- Soltó a modo de respuesta, después, tras observar como sonreía feliz, negó ligeramente sin creérselo aún y se fue a su despacho. Eran las diez de la noche. Demasiado tarde, debería simplemente llamar a San Mungo y decirles que vinieran a recoger lo que él, y también Granger; habían tenido que solucionar. Pero viendo lo incapaces que eran de no meter la pata, no quería arriesgarse a perder el trabajo de todo un día por su inutilidad.

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Hermione entró en el despacho con una de las cajas en los brazos.

-Quedan cuatro…- Se calló cuando vio el escritorio de Snape.- ¿Y esto?

-Esto se llama comida.- Masculló.- Y la gente suele ingerirla regularmente.- Inquirió con sarcasmo. La castaña sonrió ampliamente. Dejó la caja sobre una mesa auxiliar y se acercó a él.- No sabía que le hacía tanta ilusión.- Su ceja se alzó nuevamente.

-No es la comida.- Susurró.- Es el gesto…- Confesó. Quería que supiera lo que significaba eso. Se sentó cerca de él; sobre la mesa había sándwiches de asado, trozos de tarta, frutas y ensalada. Snape le sirvió zumo de calabaza y agarró uno de los emparedados.

Era tarde, y atípicamente estaba con Snape, en su despacho, tras un día de hacer pociones y ahora estaban cenando juntos. No era una cita, sólo estaban ahí los dos, como si fueran una pareja normal trabajando codo con codo. Eso la hizo sonreír aun más. La ceja del profesor se elevó de nuevo, pero no le importó.

La verdad es que podría hacer eso el resto de su vida.

Ese pensamiento la aturdió y sin darse cuenta se quedó quieta, observando la ventana que proyectaba falsas imágenes del exterior.

¿Había elegido ya?

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin del capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hola… ¿Hola?

No os quejaréis ¿verdad? El final no iba a ser así, no os voy a mentir, este capítulo iba a ser más largo e iba a incluir otra cita mas, muchas lo sabíais, pero se me estaba atravesando esa escena y quería subiros el capítulo ya. Así que quedará pendiente para la próxima vez.

El siguiente capítulo será intenso. MUY intenso. Si es que me entendéis.

Gracias a mis conejillos de indias y a todas las que me seguís en general.

Gracias y nos vemos pronto.

Saludos de Cloe.