23 La cucaracha.
Se aparecieron cerca de San Mungo. La joven llevaba toda la noche con una sensación curiosa y extrañamente agradable en el pecho. Entregaron el pedido diligentemente y Hermione se quedó en una esquina esperando y observando como Severus discutía con el mismo hombre que había visto en la chimenea. Estuvieron un rato hablando, aunque más bien sólo hablaba o gritaba Snape. No sabía exactamente que estaba diciendo pero se podía hacer a la idea más o menos. Era tarde, casi media noche. Estaba cansada y necesitaba urgentemente una ducha, pero por el lado bueno…
Estaba con él, y eso compensaba cualquier agotamiento o pelo encrespado.
-Si tengo que volver, no seré tan amistoso.- Indicó.
-Se lo agradecemos enormemente.
-No lo agradezca tanto, recibirá la factura.- Masculló mientras dejaba a aquel hombre. Se acercó a la bruja y con una simple mirada ella sabía que se tenían que ir.
-¿Todo bien?- Preguntó lentamente. Snape gruñó, eso podía significar muchas cosas. Pero parecía, dentro de la gravedad, que su profesor estaba relativamente bien.
-Malditos inútiles, se equivocan envasando una simple poción curativa, y luego almacenan mal las pociones y provocan una explosión que destruye uno de sus gabinetes y los deja sin suministros.- Seseó enfadado.- Y ahora me da las gracias sin más. Hogwarts le pasará la factura, ¿a caso piensan que los ingredientes de las pociones aparecen de la nada?- Espetó encendiéndose aún más.
Hermione se acercó a él, lo miró suavemente a los ojos y le sonrió con calma. El hombre la examinó suspicaz pero algo en su interior hizo que se calmara un poco. Era extraña la forma en la que la bruja había hecho que se relajara un poco. Estaba seguro de que su alumna no era consciente de ello. Se encargó de mantener su cara fría e imperturbable para que no se notara nada.
-Es tarde.- Espetó.
-Lo es, pero mañana es sábado.- La bruja se encogió de hombros. Al menos no tendrían clase. El hombre la miró un momento y alzó la ceja. La cogió lentamente del brazo acompañándola a la zona de apariciones para volver de nuevo a Hogwarts.- Espere…
-¿Qué quiere ahora Granger?- Preguntó impaciente.
-¿Tenemos que volver?
-No voy a pasar toda la noche en la recepción de San Mungo.
-No claro.- Habló rápidamente.- Me refiero a… ¿Tenemos que volver ahora al castillo?- La ceja de Snape se alzó mientras la miraba con escepticismo. Hermione sonrió, casi como si estuviera tramando algo.
-No sé que está pensando, pero no.- Sentenció. Por si acaso, el hombre negó de nuevo.- No.
-¿No tenemos que volver?- Hermione alzó una ceja confusa.
-Sí tenemos que volver.- Indicó impaciente.- Es tarde, nos volvemos a la escuela.- Demandó. La cara de la joven perdió un poco de aquel brillo de ilusión del principio. Se resignó y se encogió de hombros.
-Está bien.- Aceptó un poco decepcionada. Pero sonrió de todas formas, no podía ser avariciosa, había pasado con él todo el día. Se acercó a su cuerpo como había hecho otras veces para que el hombre la cogiera y se aparecieran en Hogwarts. Pero Snape no la cogió, la miró molesto, irritado. Como si tuviera algún tipo de problema.
-Muy bien.- Sentenció Severus bufando.- ¿Dónde?
-¿Dónde qué?
-Dijo que no quería volver así que… ¿A dónde quiere ir?- Preguntó mirándola a los ojos impaciente mientras resoplaba. Se iba a arrepentir de preguntarle eso ¿cierto? Entornó los ojos y se cruzó de brazos. Quería dejarle claro que aceptaba ir a otro sitio porque… porque…
No tenía un porque realmente. Había aceptado porque si, porque quería estar con ella. Pero no iba a dejar que supiera que iba voluntariamente. Quería que creyese que iba a desgana aunque no fuera así. La fulminó con los ojos esperando que fuera suficiente. Pero su gesto no amedrentó a la bruja, si no que, al contrario de lo que creía, la hizo sonreír como si le hubiera preguntado algo realmente emocionante.
Hermione sopesó sus opciones unos segundos y alzó levemente la comisura del labio.
-No se emocione señorita Granger.- Escupió.
-¿Le apetece una copa?- Preguntó, pero antes de que Snape pudiera responder, la bruja se acercó a él, y cogiéndolo del brazo desaparecieron de San Mungo.
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Se aparecieron a las afueras de Londres. Snape por deformación profesional de años ejerciendo como espía, analizó rápidamente los alrededores, y al no conocer la zona se tensó. No podía evitarlo. Hermione se acercó a él para mirarlo con calma. Nadie los iba a atacar ahí.
-¿Quiere saber dónde estamos?
-En Londres, obviamente, en una zona industrial.- Masculló el hombre impaciente.
-Era una zona industrial.- Remarcó la bruja mientras comenzaba a caminar lentamente buscando algo entre las fachadas de almacenes. Al girar por un pequeño callejón, empezaron a aparecer las primeras personas; pero no había muchas para ser viernes.
-¿Dónde demonios me ha traído?- Espetó alzando una ceja. Ya se estaba empezando a arrepentir.
-Un poco de paciencia.- Pidió mientras se acercaba a un gran almacén de cubiertas oxidadas y letrero desvencijado. Severus no parecía muy convencido, y a medida que pasaban los segundos más se arrepentía de haberle hecho caso a su alumna. Se cruzaron con un pequeño grupo de jóvenes que estaban fuera fumando.
-¿Es consciente de cómo vamos vestidos?- Le recordó con acidez el hombre ante las miradas curiosas de aquel grupito.
-Hace mucho que no sale de fiesta por Londres ¿verdad?- Preguntó tratando de no reírse, no quería ganarse un bufido de su parte o una mala contestación.
-Nunca he salido de fiesta, ni por Londres ni por ningún sitio.- Escupió molesto.
-Oh…- Fue todo lo que dijo la bruja. Se reprochó mentalmente por su pregunta. Por supuesto que Snape no había salido nunca de fiesta. Que estúpida por su parte.- No se preocupe, créame, nadie se fijará en su aspecto.- Comentó quitándole importancia. Por supuesto Snape no la creyó, elevó una ceja dispuesto a contradecirla, cuando vio salir de un local a un grupo de dudoso aspecto. Iban todos de negro, con pelo oscuro y largo, pálidos, labios negros y botas negras con tachuelas. La mayoría tenían la cara cubierta de pendientes y caminaban con una aire extraño, como si se creyeran de otra época.
-Qué demonios…- Masculló el hombre con una ceja alzada.
-Se lo dije.- Fue todo lo que comentó Hermione antes de entrar en uno de los locales. El interior no concordaba con el exterior. Snape avanzó curioso mientras su ceja se alzaba instintivamente. Las luces era tenues, el ambiente bastante relajado, la música no estaba alta y aunque había gente no parecía abarrotado. Las paredes eran de ladrillos pintados de blanco, había cuadros mezclados con plantas, y mobiliario dispar; lo mismo había un sofá de cuero, que una silla estilo tudor, o una mesa de plástico. Había bastantes zonas apartadas, lo cual agradeció. No creía poder soportar compartir su espacio vital con cuatro jóvenes de aspecto extraño.
-Hermione.- Saludó el camarero contento de verla, acercándose rápidamente y dándole un gran abrazo.
-Hola Billy.- Le devolvió el saludo.- ¿No tendrás por casualidad alguna zona libre?
-¿Arriba?- Preguntó tranquilamente. Hermione asintió. El chico de pelo rubio y gafas de pasta negras se giró rápidamente para llamar a un compañero. Después de intercambiar dos palabras se giró de nuevo.
-Estás de suerte, creo que queda algo al final del todo, cerca del escenario.- Hermione le sonrió y tras acercarse y darle un beso en la mejilla caminó hacia el fondo del local. Snape la miró sin poder evitar su actitud hostil. La bruja giró una esquina y cogieron unas escaleras de caracol metálicas que les subieron a unos pequeños palcos. Estaban ocultos, eran tranquilos y prácticamente no había nadie en los reservados adyacentes.
Snape abrió los ojos sorprendido.
-Si no le gusta siempre podemos…
-No.- La cortó bruscamente. Se sentó en aquel sofá extraño, alejándose lo máximo posible de las luces directas.- Está bien.
La bruja cogió la carta y se la entregó al profesor.
-Que se supone que me da.
-La carta.- Afirmó la bruja como si fuera lo más normal del mundo. Snape alzó una ceja y la fulminó con sus ojos negros. Cogió aquellos papeles que parecían un libreto sacado de algún musical y analizó el menú del local. Allí no había nada normal. Su ceja se alzó de nuevo
-¿Aquí no hay nada que no haya salido de un jardín?- Espetó frunciendo el ceño viendo las imágenes de cocteles con todo tipo de frutas y flores dentro.
-¿Cómo?- Preguntó la bruja confusa.
-Tengo pociones con menos ingredientes y con más efectos... satisfactorios.- Espetó dejando caer la carta con asco. Hermione sonrió y se rió suavemente.
-¿Se fía de mi?
-¿Tengo alternativa?- Masculló irritado.
-Podemos ir a otro sitio…- Ofreció la chica.
-Quizás en otro sitio me pongan trozos de personas.- Espetó con burla.- Prefiero arriesgarme con el jardín.- Masculló entre dientes. Hermione puso los ojos en blanco. Realmente cuando quería podía ser un dramático. Pero aun así, después sonrió. Billy volvió a buscar el pedido y ambos se pusieron a hablar tranquilamente mientras Snape estaba ahí, de brazos cruzados como si no existiera. De vez en cuando su alumna se reía abiertamente mientras aquel joven le tocaba el brazo, o la abrazaba e incluso besaba.
Tras algunos minutos el hombre carraspeó. ¿No le llegaba con Black que ahora también tendría que lidiar con camareros? No creía que fuera capaz de ello. Si era así se rendía. El chico se alejó y la bruja se lo quedó mirando un momento, las facciones de su profesor se había hecho más hostiles y frías.
¿Era cosa suya o Severus parecía celoso? Por lo menos un poco. Pero no podía ser cierto… Se movió un poco para llamar su atención, pero Snape parecía ignorarla.
Pues sí; estaba claro que aparte de celoso, estaba molesto.
-Es Billy Granger.- Comentó Hermione como quien no quiere la cosa. La táctica había funcionado. Los ojos del pocionista se abrieron sin poder ocultar la curiosidad al oír el apellido Granger.- Es el hijo de mi tío Charlie.- Explicó tranquilamente. Snape siguió con las facciones serias.- Es mi primo.- Aclaró.
El joven volvió con una copa de contenido morado y un vaso con algo blanquecino en el interior.
-Gracias Billy.- Agradeció la bruja mientras su primo colocaba las bebidas en la mesa. El joven miró a Snape y sonrió con desparpajo. ¿Qué demonios quería ese chico? ¿Qué pagara? ¿Tenía algo en la cara? Lo fulminó con sus ojos oscuros, pero su mirada de desprecio no sirvió para evitar que el joven le siguiera sonriendo. El maestro alzó la ceja mirándolo con escepticismo.
Billy se acercó a la bruja diciéndole algo al oído mientras le daba un beso en la mejilla y se iba, Hermione estalló de risa. Severus bufó sin poder aguantar la situación.
-¿Le causo gracia Granger?- Preguntó de malos modos.
-¿Usted?- Hermione siguió sonriendo.- Para nada, es Billy el que me hace gracia.- Aclaró divertida.- Me ha insinuado que si todos los profesores en mi internado son como usted le gustaría que se lo dijera para poder secuestrarle.- Explicó entre risas.
-¿Qué?- Snape no parecía entenderlo.
-Parece que le gusta.
-¿Qué?
-Billy es gay…- Siseó divertida mientras cogía su copa y bebía un poco. Snape alzó una ceja y resopló.
-Bueno… Si le gustan los rubios le presento a Malfoy.- Ofreció tranquilamente. Hermione se atragantó con su cóctel ante la idea. No sabía si le producía gracia o asco imaginarse a Lucius Malfoy en tal tesitura. Por supuesto sabía que su primo estaría encantado de ello, sus gustos podían ser… Curiosos. Aunque con Snape coincidían.
Por un breve momento el Slytherin se sintió estúpido al darse cuenta de cómo se había puesto por la situación. Quiso reprochárselo mentalmente, pero era mejor ignorarlo y fingir que no había vuelto a sentir celos por ella. Sus sentimientos se estaban empezando a descontrolar. Dentro de poco sería incapaz de ocultárselo.
Hermione cogió su copa y le dio otro pequeño sorbo.
-¿Se puede saber qué es?- Demandó curioso.
-Sangre de hada.- Respondió divertida.
-La sangre de hada no es morada.- Espetó.- Es verde ¿y porque querrían beber algo que causa dolor estomacal?- Siseó alzando una ceja.
-Dudo mucho que los muggles lo sepan profesor.- El hombre no parecía convencido de ello pero no dijo nada.- Es solo una forma divertida de llamar a un coctel. Este es vodka y sirope de mora con un toque de zumo de limón.
-¿Cómo se llama el mío? ¿Cabeza de Yeti?- Se burló al ver aquel vaso.
-Es un Van Gogh.- Explicó. Snape alzó la ceja ante la elección de bruja. Con dudas, se llevó el cristal a los labios. No era muy dulce como esperaba, era algo amargo, anisado, y aunque no parecía fuerte a simple vista, podía apreciar la fuerte graduación por el olfato y su paladar. Fuerte, pero le gustaba, aunque no iba a hacérselo saber.
Hermione lo observó unos segundos, sus ojos castaños brillaron y Snape pudo ver las dudas y las preguntas danzando en sus pupilas.
-¿Por qué se ha quedado?- Preguntó la bruja curiosa.- Ambos sabemos que usted no va a este tipo de sitios, ni hace este tipo de cosas.- Susurró lentamente. Severus se dedicó a darle un pequeño sorbo a su coctel y después alzó una ceja.
-Creí que la respuesta era fácil señorita Granger.- Indicó con mofa. Después suavizó su gesto ligeramente.- Me gusta estar con usted.- Declaró.- Pero ya lo sabía.
Aunque lo supiera, Hermione sonrió tímidamente, una cosa era saberlo y otra escucharlo de él. Jamás se acostumbraría a escucharlo decir eso. Tenía ganas de besarlo.
Snape le dio un par de tragos largos a su bebida.
-No debería beberlo tan deprisa…- Aconsejó la bruja preocupada.- Es una bebida fuerte.
-¿Cómo su vodka?- Se burló.
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Severus dio el último trago a su vaso. No se lo reconocería nunca, pero realmente le había gustado ese extraño coctel muggle. Fuerte, pero agradable.
-Sabe…- Snape dejó la copa vacía sobre la mesa y la miró.- Por un momento me sentí celoso cuando la vi con el señor Granger.- Soltó de repente. Hermione levantó la vista rápidamente.- Lo cual es absurdo, si he aprendido a tragarme los celos por el chucho, tendría que haberlo hecho también por un mocoso que ni conocía. Pero que se le va a hacer… sigo siendo un poco inseguro. ¿No cree?
-Creo que ha bebido demasiado…- Indicó la bruja.
-¿Soy sincero y cree que he bebido demasiado?- Preguntó alzando una ceja.- Será mejor que regresemos.- Espetó de malos modos levantándose y dando por terminada la noche. Snape observó como las luces de su alrededor se movían de forma extraña. Se puso tensó y sutilmente se apoyó contra la pared.
-¿Profesor?- Preguntó mientras se levantaba y lo cogía. Snape frunció el ceño.
-¿Qué demonios llevaba esa cosa?- Demandó mirando su vaso vació.
-Sirope de azahar y absenta.- Explicó.
-¿Absenta?- Hermione asintió y Snape se vio obligado a dejar caer su cuerpo suavemente sobre el de su alumna.
-Absenta negra.- Confirmó.
-Demonios…- La cabeza de Snape estaba un poco nublada. Trató de serenarse, pero su cerebro pensaba con extremada lentitud.- Que narices… Granger.- Masculló molesto, su lengua estaba dormida. Le costaba vocalizar.
¡Condenada bebida muggle!
El hombre la miró frunciendo el ceño y se rindió. No estaban en Hogwarts, no podía acceder a su botiquín y tomar una poción para eliminar el alcohol. Hermione resopló al sentir el peso del hombre contra sus hombros.
-Merlín.- Se quejó al intentar soportar su peso. Ni de broma podía con él. Snape era alto, más fuerte de lo que parecía y le sacaba una cabeza. Hermione pensó rápidamente. Era imposible que Snape se apareciese en ese estado. Y ella no podía cargarlo para aparecerse. Buscando una solución la bruja miró a su alrededor tratando de elucubrar algo.
Quizás podía tratar de hacerlos desaparecer en distancias cortas, y llegar hasta las afueras del castillo y allí podría… No sé… levitarlo hasta sus aposentos.
-¿Hermione?- La llamó Billy.
-Hola.- Masculló la bruja bajo el brazo del hombre.
-¿Todo bien?
-La absenta.- Dijo simplemente. Billy se rió.
-Y luego llaman maricas a los débiles. Yo si puedo con una copa de absenta.- Se burló divertido el chico mientras se acercaba y entre los dos cargaban el cuerpo medio ido de Severus. Hermione procesó en un segundo, podían ir a cualquier pensión u hostal.
-¿Me llamas a un taxi?
-He acabado mi turno, os puedo dejar en casa de tus padres de camino.- Sugirió. Hermione sopesó la idea unos segundos. Snape la iba a matar, pero era mejor eso que una pensión, o nada.
-Me parece bien. Gracias…
Entre ambos sujetaron al pocionista, quien apenas se mantenía en pie.
-Chica, tu profesor huele… Dan ganas de lamerlo. ¿Lo has intentado?
-¡Billy!
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Entre los dos bajaron al hombre de aquel Mini y lo acercaron a la entrada. Justo ante la puerta de la casa.
-¿Seguro que puedes?
-Lo tengo.- Aseguró.- Gracias Billy.- Dijo moviendo los labios pero sin hablar, no quería molestar a Severus. Su primo le sonrió, le guiñó un ojo y tras asentir con la cabeza volvió al coche y se marchó.
Hermione abrió la puerta, y arrastrándolo casi como un saco de patatas, ingresó en el recibidor. Resopló sujetándolo por la ropa. El peso fue demasiado y al intentar cerrar la puerta el cuerpo dormido del hombre se desplomó contra el suelo haciendo un ruido seco.
-Mierda.- Espetó la bruja llevándose las manos a la cara. No sabía si horrorizarse o echarse a reír. Cerró la puerta, y ahora, sin que nadie pudiera verla, sacó su varita y levitó a su profesor a la habitación de invitados. Esperaba que no tuviera mañana ningún moratón en la cabeza.
La casa estaba vacía, sus padres pasaban la mayor parte del año en Australia, donde ahora tenían su vida. Así que la casa quedaba deshabitada la mayor parte del tiempo. Lo dejó caer sobre la cama y resopló aliviada.
Snape refunfuñó y se dio media vuelta.
Seguía vivo, bien.
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Hermione abrió la bolsa de plástico y sacó los vasos de cartón con té, y otra bolsa más con bagels. Había tenido que pedir el desayuno a domicilio, en casa de sus padres no había nada más que un paquete rancio de galletas y un poco de café pasado.
Arriba, Snape se despertó y se llevó la mano a la nuca, le molestaba un poco, después se masajeó la frente, sus sienes palpitaban con un incipiente dolor de cabeza. Sus fosas nasales se ensancharon y se dio cuenta de que no olía a humedad y libros, el aire era cálido, olía a hogar. Las sábanas eran suaves. Abrió los ojos y se encontró en una habitación de tonos azules neutros. Trató de recordar, pero tenían un gran blackout en medio de su cerebro. Sólo recordaba haber ido con Granger a un extraño local de Londres y después… Nada. No se acordaba de nada.
Se sentó y estiró su cuerpo, sus músculos chirriaron al ser estirados, pero lo ignoró. Se puso en pie lentamente y notó el aire fresco sobre su piel. Miró hacia abajo y se dio cuenta de que estaba desnudo. Completamente desnudo.
-¡Granger!- Gritó enfadado.
Hermione, asustada de que le hubiera pasado algo, subió las escaleras de dos en dos hasta la habitación de invitados.
-Que ocu… ¡Merlín profesor!- Soltó en cuanto llegó a la habitación. Snape estaba de espaldas a ella, desnudo, enseñándole todo su cuerpo en su esplendor. Se llevó las manos a los ojos y se dio media vuelta.- Lo siento… yo… Gritó y subí.- Trató de explicarse mientras notaba como sus mejillas se encendían de rojo fuego.
-¿Por qué estoy desnudo?
-¿Qué?
-¿Qué por qué estoy desnudo? ¿Por qué no recuerdo nada? ¿Por qué tengo un golpe en la cabeza? ¿Y dónde demonios estoy?- Demandó arrastrando las palabras visiblemente enfadado. Hermione balbuceó un poco mientras seguía con los ojos cerrados y dándole la espalda.
-Eh…- La bruja sentía la boca seca. ¿Lo acababa de ver desnudo?- Verá…
No… no podía ser posible. No podía ser que acabara de ver a Severus Snape así. Su imagen no se iba a ir de su cerebro y dudaba que jamás fuera capaz de quitarse de la retina aquella imagen de él, desnudo, con su cuerpo pálido, sus cicatrices blancas, su espalda delgada y atlética y sus…
…Sus glúteos, que glúteos. Por todos los dioses muggles y mágicos. Menudos cuartos traseros escondía el profesor de pociones.
-¡Granger!- Llamó su atención.
-Eh…Si….- Balbuceó de nuevo.- Sí.- Cogió aire y se abanicó un poco la cara.- No lo sé…- Se sinceró.- Yo lo dejé vestido en la cama.- Aseguró.- Se lo juro. No sé porque usted está… está…
-¿Desnudo?- Snape alzó una ceja aunque Hermione no lo viese.- Dese la vuelta.- Ordenó.
-No, si no hace falta…
-Dese la vuelta…
-Estoy bien así…- Si lo volvía a verlo desnudo no se responsabilizaba de sus actos.
-Que se dé la vuelta.
-De verdad profesor no hace falta…
-¡Dese la vuelta Granger estoy vestido!- Escupió con rabia. Hermione se giró con cuidado, sus mejillas ardían de vergüenza o eso pensaba que era. La chica cogió aire e intentó por todos los medios calmarse. Sintió el calor de sus mejillas bajar hasta su estómago… Definitivamente no era vergüenza, o no solo vergüenza al menos.
-Bebió una copa de absenta y le sentó bastante mal.- Snape alzó una ceja irritado.- Le dije que no la bebiera tan deprisa.- Se defendió en voz baja más para sí misma, pero el hombre lo había escuchado de todos modos y respondió con un sonoro gruñido.- Estamos en casa de mis padres, en Hampstead Garden Suburb, a las afueras de Londres, pero estamos solos, ellos apenas vienen aquí.- Hermione dejó de hablar atropelladamente y quiso huir antes de que Snape pudiera decir nada más. Avanzó un paso.
-¿Y el golpe?- Escupió llevándose la mano a la nuca de nuevo. Tenía la zona un poco inflamada. Hermione se detuvo.
-Eh…- La joven dudó de nuevo y sonrió con culpabilidad.- Se me cayó. ¿Vale?- Dijo rápidamente mientras se rendía.
-¡Granger!- Gritó enfadado a modo de reprimenda.
-¡No podía usar la varita y pesaba mucho!- Le respondió.- Lo llevaba a cuestas pero se me resbaló y se estampó contra el suelo de la entrada.- Hermione para evitar reírse bajó corriendo las escaleras evitando la escena del crimen. No sabía si reírse o entrar en pánico. Pero nada de eso importaba porque…
Lo había visto desnudo.
No se lo había imaginado.
Había visto el culo desnudo de Snape.
Se sentó en la mesa de la cocina con el vaso de cartón en la mano, con su mirada fija en el líquido ambarino con la esperanza de que su corazón se calmara y su mente pensara en otra cosa, pero no funcionaba, lo único que se le venía a la cabeza eran aquellas nalgas redondas y firmes. Aquellas nalgas esculpidas como si fuera un maldito Dios apolíneo. Y cada vez que su cerebro le ponía la imagen en 3D en su cabeza, su corazón se desbocaba. Suspiró resignada.
Escuchó una respiración silenciosa a su lado y levantó la vista asustada.
-Profesor…- Soltó alterada.- No le oí bajar.- La ceja de Snape se alzó en automático y eso confundió a la bruja, sus mejillas se encendieron de nuevo. ¿Por qué tenía que sonrojarse ahora? ¿Por qué?
-¿Avergonzada Granger?- Preguntó con tono jocoso. Hermione quería decirle que ella no estaba avergonzada, que no era una niña de 12 años. Pero mentiría un poco, porque si había sentido algo de vergüenza al principio.
Al principio… Luego estaba claro que no era solo eso lo que hacía que sus mejillas ardieran como el infierno.
Severus la analizó. Era imposible que no se le encogiera el estómago al verla con las mejillas encendidas por algo así. No tenía a Granger como alguien tímida en esos asuntos.
-Desayunemos y volvamos a Hogwarts.- Aconsejó la bruja.- He quedado con alguien a las cinco.- Informó mientras le sonreía ampliamente feliz. Snape asintió y se sentó a su lado.- Por cierto… No me ha dicho a dónde iremos esta tarde.
-Ni lo haré.- Sentenció llanamente.
-Pero…- Hermione frunció el ceño otra vez. Snape bufó irritado y algo impaciente.
-Está bien.- Se rindió.- Póngase algo formal.- Aconsejó simplemente.
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Hermione bajó las escaleras hasta su sala común con rapidez. Llegaba tarde. Le había dicho a las cinco y ya eran las cinco y aun no estaba allí.
-Santo Merlín Granger.- Soltó Malfoy mientras levantaba la vista de la mesa. Hermione sonrió levemente.- Dime que has quedado con mi padrino.- Suplicó.- Porque si no es así te pido yo la cita.
-¡Malfoy!- Le reprochó la bruja, aunque sonrió por el halago igualmente. El chico se levantó, hizo una pequeña reverencia y le ofreció la mano para acabar de bajar los últimos peldaños.
Llevaba un vestido negro de satén. Tenía los brazos cubiertos hasta un poco más abajo de los codos y un escote palabra de honor alto que llegaba casi hasta su cuello desnudo. El vestido parecía ligero, suave. Se ajustaba a su pecho y luego caía suavemente hasta sus rodillas. Iba subida a unos impresionantes zapatos de tacón que estilizaban aun más su figura. Llevaba el pelo recogido, salvo por un gracioso mechón que caía sobre su rostro enmarcando las pecas sobre su nariz. En sus orejas llevaba unos delicados y pequeños pendientes de diamantes a juego con la fina pulsera de plata de su muñeca. Sus pestañas largas hacían brillar sus ojos marrones, y sus labios rojos le daban el toque perfecto y justo.
Un bolso negro de mano con pedrería completaba el atuendo junto a un abrigo del mismo color.
-Estás deslumbrante.
-Gracias.
-Si mi padrino no se casa contigo es que es tonto.
-Malfoy...- Le reprochó de nuevo. No porque hubiera dicho una tontería, si no porque así enmascaraba la verdadera realidad, que era que no le había sonado descabellado lo que había dicho. Pero no podía adelantarse a los acontecimientos. ¿Casarse con Snape? Ni si quiera estaban saliendo de verdad, era la segunda cita, aún lo llamaba profesor incluso estando solos y aunque le gustase mucho, aún no estaba enamorada de él. Así que mejor seguir el protocolo y reprochárselo sutilmente, para camuflar la verdadera y surrealista realidad que era…
Le había sonado bien lo de casarse con él.
Estaba loca, ¿verdad?
Si, estaba loca.
-Te acompaño.- Ofreció mientras le obsequiaba galantemente el brazo.
Hermione, cogida de Malfoy, caminó por los pasillos de Hogwarts hasta llegar al vestíbulo. Snape estaba rígido contra una estatua. Incluso en la distancia se le notaba impaciente y enfadado.
-Me va a matar, llego tarde.- Le susurró a su acompañante.- Está enfadado…
-En cuanto te vea se le pasará.- Afirmó divertido.- Créeme.- Dijo con seguridad. Avanzaron unos metros más.- Padrino, buenas tardes.- Saludó.
-Buenas tardes profesor.- Saludó la bruja también. Snape se giró rápidamente, mirando el reloj.
-Llega…- Snape se fijó entonces en la bruja, desde su pelo hasta sus zapatos, abrió ligeramente los ojos asombrado.-… tarde.- Siseó muy lentamente. Draco la miró con complicidad, y tras asentirle con la cabeza a ambos se fue de ahí con altanería. Malfoy sabía que en cuanto la viera, su padrino se olvidaría hasta de existir. No fallaba, Snape era más simple que el mecanismo de un chupete.
Hermione sentía aquella mirada intensa sobre ella, pero no se sintió incómoda. Le sonrió ampliamente. Podría a ver jurado que incluso había visto el pecho del hombre subir y bajar desacompasadamente. Pero no estaba segura. Le sonrió de nuevo y avanzó junto a él.
-Siento la tardanza.
-Si… no…- Snape se calló. Se había olvidado de cómo se hablaba. ¡Merlín! ¿Qué embrujo le había lanzado esa mujer? Lo había convertido en un bobo.
-¿Vamos profesor?- Insistió suavemente. Snape asintió, y tras golpearse mentalmente varias veces por su estupidez momentánea siguió a la bruja. Tras unos metros se paró. Hermione sorprendida de caminar sola se paró también.- ¿Profesor?- Lo llamó extrañada. Lo miró unos segundos, el hombre no le quitaba la vista de encima. Tenía sus ojos fijos en su espalda.- ¿Profesor?- Lo llamó de nuevo. Snape por fin alzó la vista. La espalda de la bruja estaba al descubierto, y se había perdido recorriendo su columna aterciopelada desde su nuca hasta la base de la espalda.
-¿No tiene reloj?- Masculló molesto para cambiar de tema. Después no dijo nada más y se puso a andar como si huyera de algo.
Llegaron relativamente pronto a las puertas de los terrenos. Hermione se acercó a él para desaparecerse cuando vieron aparecer un búho pardo planeando sobre ellos. El animal ululó mientras se posaba en una de las estatuas de cerdo alado que flanqueaban la puerta de hierro.
-¿Espera algo?- Preguntó Snape con una ceja alzada.
-Es la lechuza de Harry.- Susurró confusa. Hermione se acercó a ella y le quitó la carta que traía atada. Leyó rápidamente la misiva y la dobló de nuevo mientras fruncía el ceño.- Es de la orden.
-¿Qué quieren ahora?- Espetó el Slytherin mientras resoplaba. ¿Es que los iba a tener hasta en la sopa?
-Han recibido un aviso del Ministerio de un suceso a las afueras de Edimburgo con una extraña firma mágica y se preguntan si los mortífagos que han podido quedar han tenido algo que ver.- Explicó algo preocupada. No habían sabido nada de los seguidores de Voldemort desde hacía meses. Pero podía ser…- Quieren hacer una reunión para mirar las opciones.
-¿Y no pueden hacerla solos?- Su ceja se alzó en automático.- Creí que ya eran mayorcitos, pero está claro que me equivoqué.- Masculló con acidez e ironía.
-Usted es el que mejor los conocía, quizás pueda ayudar.- Sugirió la chica lentamente. Snape bufó de nuevo.
Inútiles.
-¿Cuándo hay que ir?
-Ahora.
-¿Cómo?
-Ahora.- Repitió sabiendo que no le iba a gustar a Severus.
-Pues ya pueden hacerla ellos solos.- Sentenció enfadado.- Tengo una cita con usted y no pienso cambiarla por nada del mundo. Se lo dije.- Su voz sonó tan peligrosa que casi parecía una amenaza, aunque por supuesto no hacia ella.
-Vamos a seguir teniendo la cita igual.- Respondió con calma.- Se lo prometo.- Aseguró. Snape no parecía muy convencido. Sólo gruñía y miraba por encima de ella con rabia y frialdad.- ¿Dónde quería llevarme?- Preguntó tranquilamente. El pocionista la miró impaciente.- Vamos profesor, eso puede decírmelo.- Insistió, Hermione sonrió con ternura.
-Londres.- Soltó a desgana.
-Bien.- Hermione amplió su sonrisa.- ¿Porque no hacemos una cosa?- Sugirió acercándose a él. Severus la ignoró, pero posó sus ojos sobre los de ella cuando sintió su mano posarse con suavidad en su brazo.- La reunión no puede tardar mucho. ¿Cierto? Vamos allí, vemos de qué se trata exactamente y después nos vamos. Total, ya tenemos que ir a Londres. No nos vamos a desviar.- Confirmó pensativa.- ¿Vamos bien de tiempo?- Quiso saber. Snape gruñó disconforme, pero asintió.- ¿Que me dice profesor?
El hombre la miró durante un par de minutos. Estaba claro que no iba a poder tener una cita tranquila. Pero si iban ya, se los podría quitar de en medio. Mejor interrumpir ahora, que en mitad de la noche.
-Está bien.- Masculló, después alzó una ceja.- Es consciente de que vamos a llegar juntos, y nos vamos a ir juntos. ¿Verdad?
-Yo no tengo problema si usted no lo tiene.- Comentó con seguridad.- Salgo con quien quiero, cuando quiero. Si alguien tiene algún problema… Bueno, eso… Es su problema, no el mío.- Le hizo saber mientras le sonreía ampliamente. Snape resopló. ¿Porque le daba la impresión de que se iba a arrepentir?- De todos modos, no creí que fuese de los que le importa lo que la gente opine…- Dejó caer.
-No haga eso, conmigo no funciona.- Escupió. La miró un poco más.- A las seis tenemos que estar fuera.- Gruñó.
-No se preocupe.- Aunque a Severus su: no se preocupe, no le había servido de nada. Estar con aquella gente era como tener un maldito furúnculo en el trasero.
Aunque esta vez su trasero estaría vestido.
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Sabía que su llegada juntos iba a llamar la atención. Pero aquello estaba rozando lo absurdo. Veía las miradas incrédulas de los presentes como si se hubiera presentado desnuda y con una gran calavera tatuada en medio de sus pechos.
-¿Venís juntos?- Balbuceó Ronald mientras los señalaba atónito y extremadamente pálido.
-Si.- Respondió rápidamente la bruja esperando poder seguir con lo que habían ido a hacer.
-Juntos… ¿Juntos cómo?- Preguntó sin entender.- ¿Porqué?
-Pareces bobo Ron.- Se quejó Hermione poniendo los ojos en blanco.- Venimos juntos porque estábamos juntos cuando enviasteis la carta, y nos vamos a ir juntos porque tenemos una cita.- Le respondió.
-¿Una qué?
-No seas niño Ronald.- Le advirtió antes de tiempo.- Hemos venido aquí por un tema importante, no para discutir lo que hago o dejo de hacer en mi tiempo libre. ¿Ha quedado claro?- Preguntó. Pero la pregunta no sólo iba para él, si no para todas las personas que miraban a ambos completamente estupefactos. Snape no dijo nada, sólo se mantuvo a su lado, con actitud desafiante y mirada gélida.
-Hay cosas importantes que tratar.- Secundó Lupin sentándose en la mesa esperando que se diera por entendido su gesto.
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-¿Me estoy perdiendo algo?- Preguntó Ronald dándole un bocado enorme a su trozo de pollo, mientras la cocina de Grimmauld Place se volvía una batalla campal de gritos, y reproches.
-Mejor sigue comiendo Ron.- Soltó Harry. El pelirrojo asintió sin más, ajeno a aquel caos que se había formado en un momento.
-¿Se puede saber qué demonios os pasa?- Comentó la señora Weasley.- Dar ejemplo, hay jóvenes delante.- Ordenó con seriedad.- ¡No sois unos adolescentes!
-Es verdad, ya no soy un adolescente ahora puedo patearle ese culo peludo a Black cuando quiera.- Susurró Snape con rabia y asco mientras apretaba su mandíbula con tensión.
-Inténtalo murciélago.- Lo retó Sirius con una sonrisa socarrona y sus ojos grises brillando con peligrosidad.
-¿Quieres ver cómo te borro esa sonrisa de la cara Black? Quizás si sufres un accidente… ¿Has pensado alguna vez en darte un paseo de noche por la carretera? Quizás como felpudo de autopista seas más útil, y si eso no funciona me ofrezco voluntario para hacerlo. Estoy seguro que incluso podría usarte como ingrediente...
-Sigue así, que te voy a poner al sol maldito vampiro a ver si te desintegras, y luego te voy a tirar al lago a ver si de esa forma te lavas el pelo...
-Ya basta.- Espetó Granger cansándose de la escena.- Das pena.
-Hasta Hermione lo admite Snivellus, das pena.- Espetó Sirius con superioridad.
-El profesor Snape da lástima, eres tú el que das pena.- Soltó de brazos cruzados sin poderse creer aquella escena.- ¡La próxima vez os pondré veritaserum a los dos en las copas y voy a pasarme toda la noche preguntándoos porque uno tiene un peluche en la mesita de noche y el otro ropa interior rosa!- Amenazó.
-No se atreverá.- La amenazó Snape.
-¿Apostamos?- Hermione resopló, cogió aire y trató de tranquilizarse. ¿Por qué siempre que esos dos se juntaban la acababan sacando de quicio? Pero lo más importante… ¿Por qué siempre que se juntaban se acababan peleando como descerebrados?
-¿Me estoy perdiendo algo?- Preguntó Ronald de nuevo. Harry le puso un trozo de pan en el plato y el zanahorio se entretuvo con eso.
-Calmémonos todos.- Pidió Remus tratando por todos los medios de enfriar un poco el ambiente.
-Aquí ya no hay más que tratar.- Habló la castaña con más calma.- Es sábado y algunos tenemos cosas que hacer.- Indicó mirando su reloj. Faltaban diez minutos para las seis. Fulminó a Snape con la mirada por aquella escena de adolescente viendo quien podía mear más lejos. Pero tras respirar un par de veces logró apaciguarse y darse cuenta de que no podía hacer nada al respecto. Suavizó su mirada y le mandó al profesor un casi imperceptible gesto.
Severus asintió conforme y se acercó a ella.
-Nos vemos. Adiós a todos.- Se despidió la bruja.
-¿Nadie va a decirles nada?- Preguntó alguien.
-Son adultos, pueden hacer lo que quieran.- Espetó Sirius con indiferencia. Aunque estaba claro que no le era indiferente, pero alguien tenía que ser el adulto.- Adiós.- Se despidió de la bruja mientras la veía salir por la puerta en un silencio raro.
La escena había sido, aparte de infantil, extraña. Miró a Severus disimuladamente, pero el hombre tenía la misma cara de indiferencia que había tenido en toda la tarde, al menos en su mayoría. Era imposible no apreciar aquel brillo de desprecio y su tono asqueado y ácido cuando hablaba con Sirius. Notaba como se ponía a la defensiva, no solo por Sirius, si no por toda la orden.
¿Había sido mala idea decirle de ir? Esperaba que aquella reunión no hubiera estropeado su cita. Sabía que el carácter de Snape había quedado tocado tras aquel encuentro con la orden. Se lo notaba. Podía sentir aun su tensión y sus músculos agarrotados bajo sus ropajes negros.
Si por culpa de la orden su cita se veía arruinada, iba a acabar con todos ellos. Incluyendo Sirius Black.
Resopló algo preocupada y agachó un momento la cabeza.
-¿Vamos?- Hermione levantó la cabeza, descolocada por su tono.- No soporto llegar tarde.- Indicó con brusquedad. La bruja resopló de nuevo, parecía que un poco si se había arruinado, su carácter seguía agriado. Iba a matarlos a todos por fastidiar su velada. Snape se le acercó, colocó una mano en su cintura con lentitud y los escondió a ambos tras un pequeño callejón.
Hermione sintió el cuerpo del profesor relajarse y suspiró.
Parecía que la noche no estaba arruinada después de todo. Se alegraba de no tener que matar a nadie. Se pegó a él aliviada, al menos en parte; y dejó que los desapareciera a ambos.
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Se aparecieron en un lugar estrecho, lo sabía porque sentía el cuerpo de su profesor contra ella por un lado y la espalda pegada a una superficie dura por otro. Apartó la cabeza solo para sonreír al reconocer el sitio.
-Hacía tiempo que no estaba en una cabina de teléfonos.- Aseguró Hermione, no podía apartarse de él, así que se limitó a levantar la cabeza y sonreír. Si la levantaba unos centímetros podría besarlo y estaba segura de que él querría también. Sintió su respiración entrecortada y jadeó con anticipación. Se acercó a sus labios…
-¡Degenerados!- Gritaron en la puerta de la cabina mientras era golpeada con algo. Hermione parpadeó confusa y asustada, se apartó de Snape mirando a su alrededor.- ¡Pervertidos!- Una señora muy mayor y bajita sujetaba un bolso grande y rojo mientras golpeaba con el la cabina. Ambos salieron de allí sin saber que ocurría.- ¡Pervertidos!- Continuó la señora de vestido de flores y abrigo de piel completamente escandalizada.- ¡Desvergonzados!- Siguió. Snape frunció el ceño atónito ante la reacción de aquella señora. Podía hechizarla sin más. Pero reconocía que el gesto de aquella anciana lo había cogido tan desprevenido que se había quedado congelado.- ¡Lascivos!- Se quejó la señora.
Hermione, apartada un poco, veía como aquella anciana atizaba con fuerza a Snape con su bolso rojo. Trató de no reírse, pero si aquella señora seguía golpeando a Snape de aquella manera y encima él seguía con aquella cara de estupefacción, no iba a poder aguantarse.
-Señora.- Se quejó Snape levantando las manos protegiéndose.
-¡Depravado!- Le gritó levantando el bolso una vez más. Hermione se acercó a Severus, le agarró de la mano y tiró de él corriendo mientras cruzaban la calle y giraban una esquina huyendo. Después, a resguardo de aquella anciana de bolso rápido, y defensora de la moralidad, la bruja se echó a reír.
-¿Le parece gracioso?
-Pues sí.- Dijo con sinceridad sin ocultar nada.- Mucho.- El pocionista gruñó, y bufó ante la diversión de su alumna, pero se resignó un par de minutos después al darse cuenta de que, no importaba lo que le dijera o hiciera, Granger iba a seguir con aquella cara de diversión.
-Vamos.- Indicó lentamente. La bruja asintió y lo siguió; pocos metros después, giraron la calle hacia Great Russell Street. Hermione vio frente a ella el Museo Británico.
-¿A dónde vamos?- Preguntó mientras se paraban frente a su portón cerrado.
-¿Dónde estamos Granger?- Preguntó impaciente.
-En el museo Británico.
-Pues ahí lo tiene.- Dijo sin más encarándose a la entrada.
-Pero…- Lo llamó mientras se acercaba a él.
-¿Ahora qué?- Quiso saber mientras se giraba rápidamente.
-Son las seis.- Le hizo saber. Snape alzó una ceja.- El museo cierra a las cinco.- Comentó como quien no quiere la cosa.- Está cerrado.- El hombre la miró unos segundos.
-Hoy no.- Indicó mientras esperaba a que un hombre con traje uniformado se acercara a ellos servicial, y les abriera la puerta. Snape metió la mano en su levita y sacó un pequeño sobre que entregó al chico, éste abrió el contenido y tras revisarlo y comprobar algo en una lista asintió con educación.
-Bienvenido señor Snape.- Saludó con un pequeño asentimiento de cabeza. Ambos pasaron y caminaron por el patio hasta la entrada principal. La bruja lo miró interrogante.
¿Qué hacían en el Museo Británico a una hora en la que estaba cerrado al público? Aunque estaba claro que si estaban ahí, es que cerrado no estaba.
Iba a preguntarle a Severus cuando ésta se respondió sola. Nada más entrar, junto a un pequeño atril con una chica con el mismo traje corporativo que el joven de la entrada, vio el cartel.
Sonrió y abrió los ojos con asombro y felicidad.
-Buenas noches y bienvenidos a Una noche por la Rusia Imperial. ¿Me permiten sus abrigos?- La chica se acercó a ellos para recoger sus abrigos y entregarle un par de folletos al Slytherin.- La exposición está en la sala 43, tercera planta; pueden coger el ascensor que está aquí detrás, o las escaleras de su derecha, que disfruten de la velada.
Snape le asintió y caminó hacia el ascensor lentamente, dejando que su alumna asimilase lo ocurrido y lo siguiese.
-Vamos Granger.- Ordenó impaciente, aunque no con aquel tono desagradable que solía usar, si no con uno casi divertido. No podía negar que la curiosidad en la cara de su alumna le causaba cierto regocijo.
Salieron en el tercer piso. Vio el mismo cartel de abajo. Había varias personas ahí, pero no muchas; veinte como mucho. Casi todas parejas vestidas elegantemente. Se alegraba de haber elegido aquel vestido. Un chico se acercó con una bandeja ofreciéndoles una copa de champán. Hermione seguían tan sorprendida que declinó la oferta antes de siquiera pensar en si quería una copa o no.
-¿Me ha traído a un evento privado?
-Si ya lo sabe, ¿por qué pregunta?- Hermione se limitó a encogerse de hombros y sonreír un poco nerviosa y excitada.
-Para confirmarlo.- Quiso saber maravillada. Snape le asintió y le hizo un gesto para que entraran en la sala mientras le acercaba el folleto que rápidamente la bruja leyó.- ¿Exposición de Fabergé?
-Una noche por la Rusia imperial…- Le recordó lentamente.
-¿Y después?
-No sea impaciente.- Susurró con calma mientras avanzaban lentamente por la sala. Los huevos brillantes eran piezas de joyería perfectas, delicadas, y de una belleza exquisita que resplandecían bajo las vitrinas.
-¿Los había visto alguna vez?- Le preguntó Snape al oído. Hermione tragó saliva y sintió como sus mejillas se encendían como si le hubieran dado a un interruptor. Quería hablar, pero se limitó a negar. Era incapaz de pronunciar palabra alguna tras aquello. Sentía su aliento en su lóbulo y de repente aparecieron en su cerebro las imágenes de él de esa mañana, desnudo, con todo su trasero a la vista.
Ya no veía aquellas maravillosas piezas de joyería, sólo veía los glúteos níveos de Snape en sus ojos. Negó rápidamente de nuevo.
¡Merlín! No era el momento de pensar en eso.
Tragó saliva e invocó a todos los dioses que conocía para tratar de calmarse. Respiró profundamente un par de veces y se centró en los detalles de oro, plata y zafiros con la esperanza de volver a la normalidad. Si examinaba con detalle las piezas, mantendría su cabeza ocupada en eso y no en su espalda firme y sus…
¡Por las bragas de Morgana! ¡Lo estaba haciendo de nuevo!
-¿Conoce su historia?- Le preguntó con aquella voz aterciopelada. Hermione negó de nuevo mientras estrujaba entre sus manos el folleto. Rezaba para que su templanza siguiera en pie.- Fueron creados por Carl Fabergé y sus artesanos de la Casa Fabergé para los zares de Rusia, y algunos nobles en el siglo XIX.- Explicó con lentitud. Su voz acariciaba su cuello erizando su vello.- Como habrá podido observar se consideran obras maestras de la joyería.- Hermione se limitó a asentir, dudaba que fuera capaz de nada mas, incluyendo respirar.- Existen sesenta y nueve joyas, aunque solo quedan sesenta y uno. Todas son de distintos estilos artísticos europeos. Los hay que fueron creados para conmemorar acontecimientos como la coronación del zar Nicolás II.
Las palabras de Snape entraban en su cerebro como una melodía. Cuando hablaba así, era extremadamente adictivo. Su voz… Su tono… Esa forma de decir cada sentencia y cada oración.
¿Qué demonios le pasaba esa noche con él?
-Si se fija, podrá ver los diferentes materiales con las que fueron elaborados. Explicó.- Oro, platino, plata…- Hizo una pequeña pausa y señaló uno de ellos, uno que tenía una pequeña y delicada filigrana. - También cobre, níquel, paladio e incluso acero.- Susurró.- Todo combinado para conseguir diferentes colores que conforman la cáscara del huevo.
Hermione estaba en una nube, entre la cercanía de Severus, y la belleza de aquellas joyas, la joven estaba completamente anonada y extasiada.
-Si observa de cerca podrá apreciar otra de sus técnicas usadas, la guilloché.- Le susurró deliberadamente en el oído.- Es un tratamiento de grabado superficial sobre metal que consiste en hacer ondas, estrías o cualquier otro dibujo, de un modo repetitivo y simétrico.- Explicó, Severus sabía el efecto que tenía en ella. Y no podía negar lo mucho que lo estaba disfrutando.
Se apartó de ella un momento sólo para ir a otra de las vitrinas, mientras dejaba a la bruja allí de pie, observando aquella pieza sin saber muy bien si la estaba mirando de verdad, o si se había quedado paralizada en el sitio.
-¿Viene?- La llamó. Hermione levantó la cabeza, sorprendida, como si la hubieran acabado de sacar de un trance. Al darse cuenta de que estaba sola ante el cristal, se acercó al hombre rápidamente. Se colocó a su lado, casi rozándolo.- Todas las materias primas que se empleaban en su taller provenían de distintas partes de Rusia. Muchos incluían minerales como el jaspe, el cristal de roca, e incluso el lapislázuli.
-¿El lapislázuli no es el mineral que se usa para el filtro de calma de los egipcios?- Preguntó sorprendida de haber podido hablar. Snape asintió. Casi parecía que un ligero brillo de orgullo había aparecido en sus ojos. Pero tan pronto había surgido, desapareció.
-Sólo hay un huevo destinado a la zarina María Fyodorevna, realizado en madera de abedul de Karelia.- Comentó suavemente arrastrando las palabras con extremada lentitud.- Las piedras preciosas, como los zafiros, los rubíes y las esmeraldas, fueron utilizadas para la decoración de los huevos y la sorpresa de su interior. Cuando se usaban era en la talla, conocida como cabujón. Seguro que le suena.
-Es el corte redondo.- Respondió la bruja.- Cómo el que se usa en algunos antídotos.
-Exactamente.
-¿Siempre usaban el mismo tipo de talla?- Preguntó con curiosidad.
-No, para los diamantes solían usar lo que se llama como talla rosa. Es bastante habitual.- Indicó mientras cambiaba de sitio y visitaba otra sección.- Pero como podrá apreciar también se emplearon piedras semipreciosas como las piedras de luna, los granates, los olivinos y las piedras de Mecca, casi siempre usadas también en cabujón.- Snape se cayó de repente.- Es la hora.
-¿De qué?
-¿Me acompaña a cenar?- Preguntó con seriedad. Hermione no se lo pensó dos veces y asintió mientras sonreía.
-Damas, caballeros.- Habló uno de los hombres trajeados- Si hacen el favor.- Indicó a los presentes mientras los conducían por varias salas con esculturas y cuadros. Avanzaron con el grupo de gente, ambos iban convenientemente apartados del grupo.
-¿Hay alguna sorpresa más que deba saber?- Preguntó con una sonrisa de picardía.
-No es ninguna sorpresa, lo tiene en el programa.- Se burló. Hermione abrió el programa que estaba arrugado contra su palma. Snape alzó una ceja al ver el estado del folleto, pero no dijo nada.- También puede leerlo ahí.- Indicó señalando un gran cartel:
Esta noche en British Museum: Un paseo por la obra de Tchaikovsky.
Interpretación a cargo de la Orquesta de Cámara Ut Queant Laxis y al piano, Dimitri Vólkov:
- Concierto de piano no 1.
- Serenata para cuerdas.
- Romeo y Julieta (adaptación de la obra orquestal)
- Dumka op. 59.
La joven solo supo sonreír ampliamente, era una clara sonrisa de felicidad.
Llegaron a la cafetería de la planta superior. Ella había estado ahí varias veces con sus padres. Pero no estaba como recordaba. Las mesas redondas y sillas de acero de la cafetería habían sido sustituidas por mesas cuadradas con manteles de algodón blanco y las sillas por butacas de terciopelo rojo.
-¿Nombre?- Preguntó una joven con educación.
-Severus Snape.- Dijo simplemente. La chica, poco mayor que Hermione, los condujo a una de las mesas. Al fondo un pequeño escenario. El sumiller de la sala se les acercó y con absoluto protocolo, enseñó la etiqueta de una botella de champán, la descorchó y tras servir dos copas, se retiró.
Sobre la mesa, cerca de un pequeño jarrón, estaba el menú de la noche. Hermione no podría dejar de sonreír aunque su vida dependiera de ello.
-Menú de la Rusia Imperial.- Leyó lentamente. Había cosas en el menú que conocía, otras que no había oído jamás, combinaciones de sabores impensables para ella y otros que le sonaba de lo más lujoso y extravagante.
-Entrantes.- Comentó el camarero.- Tiras de tocino y coco sobre pan negro, con caviar negro.- Explicó antes de retirarse. Hermione miró aquel pequeño cuadrado negro con caviar.
-¿Se lo va a comer o lo va a contemplar?- Espetó Snape. La chica levantó la cabeza de su plato y vio el de él ya vacio y al hombre bebiendo de su copa de champán.
-Nunca he probado caviar.
-Pues esta es su oportunidad.- Indicó lentamente.- No la va a morder Granger, en todo caso será al revés.
-Se que no me va a morder.
-Pues cómaselo.- Insistió.- La combinación es exquisita.
-¿A usted le gusta el caviar?- Snape asintió sin más.
-Es habitual en las fiestas de la Mansión Malfoy.- Comentó con indiferencia. Hermione cogió aquel cuadradito de pan y se lo metió en la boca.
¡Qué combinación más curiosa y deliciosa!
-¿Y?- La ceja de Snape se había alzado con anticipación.
-¡Es increíble!- El hombre le señaló la copa y Hermione bebió un trago, ahora notaba matices que no había sentido antes. Un suspiro de sorpresa y exclamación salió de sus labios. Snape se limitó a sonreír de medio lado ante la actitud de su alumna.
-Permiso.- El camarero les retiró los platos y puso otro.- Crema de foie gratinada con gelatina de ruibarbo.
Hermione vio aquel pequeño bloque dorado y sin esperar como antes, cogió un poco con la cuchara y se lo metió en la boca. Sus ojos se abrieron de sorpresa.
-¿Todo va a estar tan bueno como esto?
-Eso espero.- Respondió secamente mientras los fulminaba a todos menos a ella. Si algo salía mal en aquella cita quemaría el museo entero con el personal dentro. De nuevo, retiraron el plato viejo, y pusieron otro nuevo.
-Vieiras de Vladivostok con ostras del mar negro.
La bruja sonrió feliz, y degustó aquel plato con el mismo entusiasmo que el primero. Era decadente y untuoso.
Severus sólo se limitó a observar cada pequeño detalle de su rostro. Era interesante ver cada gesto, cada tic, cada movimiento imperceptible de sus labios que se curvaban en una diminuta sonrisa de satisfacción.
El camarero trajo dos platos nuevos, erizo de mar con vodka.
-No sabía que los rusos cocinaran así.- Bromeó Hermione mientras metía la cuchara dentro del erizo. Sus ojos se abrieron de sorpresa.- Está espectacular.- Snape la observó largo rato con el suyo sin tocar.- ¿No le gusta?
-Soy alérgico a los erizos de mar.- Sentenció como quien no quiere la cosa. Pero Hermione sonrió ampliamente.- ¿Le hace gracia mi alergia?
-No, me gusta que haya confiado lo suficiente en mi como para que decirme algo personal suyo.
-No es lo único personal mío que conoce.- Espetó con una ceja alzada y los brazos cruzados. Hermione no dijo nada, sonrió aún más y rebañó el suyo con la cuchara. Miró con gula el de Snape, pero no dijo nada.- Cómaselo, antes de que me siga poniendo esos ojos de cachorro abandonado.
La bruja metió la cuchara en el plato de Severus con felicidad absoluta, como cuando le decían a un niño que se podía comer una segunda bola de helado.
-Podía simplemente coger mi plato, en lugar de pasar el cubierto por encima de toda la mesa.- Le reprochó irritado.
-Podría.- Afirmó.- Pero todo el mundo sabe que la comida está mucho más sabrosa si se la robas a alguien del plato.
-¿Todo el mundo?- Su ceja se alzó rápidamente.
-Claro, todo el mundo, es una norma no escrita.- Aclaró.- Sobre todo las patatas fritas, siempre saben mejor si las robas.- Comentó tranquilamente mientras se metía en la boca el último bocado. La ceja del pocionista seguía ahí arriba con molestia, pero la comisura de su labio bailaba con una pequeña e imperceptible sonrisa de satisfacción.
Siguieron trayendo un plato tras otro hasta completar todo el menú degustación.
Hermione se echó para atrás resoplando, diez platos y dos postres eran mucho, aunque fueran (como decía su padre) plato grande con algo pequeño en el medio. Iba a necesitar un buen paseo después de la cena para bajarlo todo.
Por fin llegó el último postre, sobre la mesa colocaron una matrioska, al destaparla revelaron en su interior un delicado postre final. Una bola de cremoso helado de lima y merengue de limón. Cuando metió la cuchara dentro, el salón bajó la iluminación levemente. Era la hora del concierto.
Qué demonios…
Severus se quedó mirando al escenario con su ceja alzada y sus brazos cruzados sobre su pecho, estaba pálido y un pequeño tic comenzó a hacer vibrar su ojo derecho. Unos hombres chaparros, de piel morena y grandes sombreros comenzaron a cantar con alegría.
-¿Qué es eso?
-¿Disculpe?
-¿Eso?- Le demandó Snape al camarero señalando al grupo de músicos.
-Mariachis señor.
-¿Cómo?
-Mariachis.- Repitió con educación.
-Dígame algo señor…- Snape alzó la ceja buscando su nombre en su traje.
-Lohan, señor.
-Bien, señor Lohan. ¿Puede explicarme porque mi concierto de Tchaikovsky se ha convertido en una cantina mexicana?
-Eh…- El chico titubeó, se lo hubiera podido explicar si no le estuviera intimidando tanto Snape.
-Ya que está claro que usted no puede hacerlo. ¿Hay alguien que pueda?- El joven tragó saliva y se fue rápidamente para llamar a alguien. Al momento se acercó un hombre algo mayor, parecía el maître.
-¿Ocurre algo señor?
-Usted me dirá, puede que mi nivel de cultura se haya mermado un poco, pero hasta donde yo sé, La Cucaracha no es un tema musical de Tchaikovsky.
-Lo sé, lo siento caballero.- Afirmó con tranquilidad.- Nos disculpamos por los inconvenientes que nuestro cambio le haya podido causar. El pianista sufrió un desafortunado incidente a unas horas del concierto y lo hemos sustituido. Como bien explicamos y nos disculpamos ya en el correo…
-¿Correo?- Snape alzó una ceja.- No me llegó ninguna carta informando del cambio.
-Correo electrónico señor.- Indicó el hombre. Snape gruñó. Porquería de Internet.
-Esto no es por lo que…- Pero se cayó al sentir la mirada cálida de la bruja sobre él y una mano sujetar la suya con seguridad.
-Es perfecto.- Le indicó Hermione al maître.- Gracias.
-Pero…- Snape la fulminó con la mirada. Pero la bruja no se dejó intimidar, le hizo una señal al hombre para que pudiera irse.- Esto no es lo que yo tenía en mente.- Escupió con rabia.
-Lo sé, pero no importa.
-¿No importa?- Espetó con ironía.
-No.- Le sonrió de nuevo.- También me valen los Mariachis.
-¿Me está insinuando que los prefiere a Tchaikovsky?
-No.- Negó con calma.- Lo que estoy diciendo, es que no me importa verlos, con tal de estar aquí con usted.- Confesó tranquilamente.- Además, seguro que será divertido.
-No buscaba que fuera divertido.- Se quejó con brusquedad.
-Lo cual es una pena.- Hermione le sonrió una vez más. Ambos volvieron la vista a sus platos.- La cucaracha… - Cantó por lo bajo con diversión.
-¿Decía algo?- Demandó Snape molesto.
-Que me falta la cuchara.
-La tiene al lado.- Indicó escéptico e irritado.
-Que despistada.- Se disculpó con teatralidad.- La cucaracha…- Cantó de nuevo.
-La he oído.
-Vamos profesor, diviértase.
-Si piensa que voy a cantar o a bailar, se morirá antes.
-No contaba con tal cosa.- Aseguró Hermione.
-Yo no soy divertido.
-Claro que lo es. Inténtelo.
-¿Quiere que me dé un ictus?
Hermione soltó una gran carcajada.
-Ve como es divertido…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-Gracias por todo, que tengan una buena noche.- Se despidieron de ellos mientras les entregaban los abrigos de nuevo. Snape, se acercó a la bruja y poniéndole la prenda sobre los hombros salieron del edificio.
Caminaron lentamente por Londres. No sabía a dónde iban, pero no le importaba. Varios minutos después, se toparon con el Támesis. Eran cerca de las nueve, el aire de principios de Febrero era frío, pero estaba bien resguardada del aire gélido. Olía un poco nieve, aunque las calles estuvieran secas. Bordearon el río por el paseo que iba directo al London Eye que había sido inaugurado hacía poco.
-Gracias por la velada, ha sido de lo más interesante.- Agradeció. Snape alzó una ceja con escepticismo.- Vamos, no puede mirarme con desconfianza siempre.
-No es desconfianza.
-Pues lo parece.- Aseguró, le sonrió un momento y se refugió en su abrigo.- Nunca había visto tan de cerca un huevo de Fabergé y desde luego, nunca tantos juntos.- Severus asintió.- Y la cena… Merlín… ¿Usted había comido alguna vez algo así?
-Alguna que otra.- Siseó.
-Mis padres me llevaban a restaurantes cuando era pequeña, pero nunca a sitios de este nivel.- Le contó tranquilamente.- Había un restaurante italiano cerca de casa, todos los cumpleaños hasta que entré en Hogwarts los pasábamos ahí, era una especie de tradición. Siempre pedíamos lo mismo, mi madre una ensalada de burrata y prosciutto y mi padre tagliatelle al pesto.- Recordó con nostalgia mientras sonreía. Se quedó callada y siguió paseando.
-¿Y usted?- Preguntó con curiosidad.- ¿Qué es lo que se pedía usted?
-Risotto de setas.- Sonrió. Hubo un pequeño silencio.- Mi primer año en Hogwarts mi madre quiso mandármelo por lechuza.- Explicó recordando el momento.
-¿Se lo mandó?- Preguntó Snape antes de darse cuenta. Se percató de la curiosidad que le suscitaba su alumna. Eran cosas sobre su vida. En otras circunstancias no le importaría, pero se dio cuenta de que si le importaba.
-El restaurante había cerrado.- Se lamentó.- En su lugar abrieron una hamburguesería de un McDonald's.- Espetó algo molesta, aunque aun así con una sonrisa. Continuó caminando sumida en un silencio nostálgico recordando aquellos momentos.
-Mi madre solía prepararme tortitas para desayunar el día de mi cumpleaños.- Se sinceró el hombre. Hermione se giró rápidamente para verlo.
-¿Dejó de hacerlo cuando entró en Hogwarts?
-No.- Espetó con brusquedad.- Dejó de hacerlo dos años antes, cuando mi padre decidió que eran demasiados privilegios.- Su tono era diferente. Nunca le había oído ese matiz, era extraño y tenía un deje que no lograba averiguar. Parecía una mezcla entre nostalgia, cariño, y un sentimiento más fuerte, algo parecido al odio o la ira.
Lo miró un momento, pero no dijo nada más. Severus gruñó y luego continuó caminando como si no pasara nada. Le sorprendían esos pedazos de información personal que le dejaba caer de vez en cuando. Se había dado cuenta, de que si tenía paciencia y no insistía, Severus le iba contando cosas poco a poco; lentamente, como pequeñas piezas de un rompecabezas. Le daba retazos de quien era él de verdad.
Era más efectivo que preguntarle, porque a menudo no conseguía nada, aunque por supuesto era mucho más lento. Pero no le importaba, no tenía prisa. Tenía todo el tiempo del mundo para conocer a Severus Snape.
Avanzó feliz al darse cuenta de ello y completamente relajada y a gusto comenzó a tararear.
-La cucaracha…. La cucaracha…- Cantó en voz baja para ella misma.- Ya no puede caminar…- Continuó feliz.- Porque no tiene… Porque le falta…
-Granger…
-Las patitas de atrás…
-¡Granger!
-¿Eh?- Respondió desorientada mientras sonreía. Snape la miraba con una ceja alzada.- ¿Qué?
-¿Está de broma?
-¿De broma?- Hermione no sabía de qué hablaba.- ¿Por qué?
-¿Cantando La Cucaracha?- Le espetó irritado.
-Vamos Severus, no seas tan serio.- Soltó tranquilamente sin darse cuenta, como si fuera lo más normal del mundo tutearlo.
-¿Qué ha dicho?
-Que no seas tan serio.- Repitió todavía sin darse cuenta.
-Eso no.- Insistió con frialdad. Hermione tras unas milésimas de segundo abrió los ojos todo lo que pudo mientras sus mejillas se tornaban rojas.
-Severus, le he llamado Severus y le he tuteado.- Admitió tratando de recuperar el autocontrol que momentáneamente se le había escapado.
-Eso me había parecido.- Susurró mientras se daba media vuelta y seguía paseando por la rivera del río. Hermione se quedó quieta en el sitio mientras lo veía alejarse. ¿No le iba a decir nada?
-Espera… ¿Ya está? ¿No me va a decir nada?- Preguntó un poco confusa. Snape se paró ya a varios metros de ella. Se giró sólo para mirarla a los ojos un momento y observar las facciones y gestos de estupefacción de la joven.
-No.- Sentenció secamente.- ¿Vamos… Hermione?- La llamó mientras se daba media vuelta y continuaba andando mientras dejaba ahora sí que si, a la joven bruja plantada allí en medio del paseo.- No voy a ir a buscarte.- Le advirtió.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Llegaron cerca del Big Ben y continuaron caminando un rato más. Hermione tomó la iniciativa, callejeando libremente. Severus se limitó a seguirla con las manos en el bolsillo.
-¿Dónde vives ahora?- Preguntó llanamente como otra de las varias preguntas que le había hecho ya.
-En Grimmauld Place.- Comentó tranquilamente.- Pero cuando salga de Hogwarts me gustaría tener mi propia casa.- Le explicó.- Y puedes decir lo que quieras, pero me encantaría que tuviera una pequeña biblioteca.
-¿Para llenarla de libros?
-Por supuesto.- Aseguró orgullosa.- Y me gusta el centro de la ciudad, así que tendría una casa por aquí.
-¿Por qué no una casa directamente a las afueras?- Preguntó con curiosidad.- Mas grande, más espacio para libros.
-Lo sé…- Se rió.- Fue una decisión difícil, pero realmente me gusta el centro de Londres. Aunque sé que puede ser… ¿Te aburro?- Preguntó de repente.
-No.- Escupió rápidamente.- El centro puede ser…- Instó.
-Ruidoso.- Acabó la bruja.- Pero supongo que no hay nada como un hechizo amortiguador, seguro que hace maravillas con el tráfico de Londres.- Hermione giró por una calle, y continuó andando sin rumbo fijo. Severus la observó con curiosidad, pero la siguió unos pasos por detrás.
-En realidad el centro puede ser bastante tranquilo si sabes dónde vivir.- Masculló mientras continuaba caminando.- Por eso me llevó un tiempo encontrar mi casa tras la guerra.- Susurró con lentitud.
-Pero tú casa no estaba en...
-No, ya no vivo en Spinners End.- Cortó secamente.
-Ah... -Dijo la bruja sin más. No parecía que Snape quisiera decirle nada más.
-Me compré una casa aquí en Londres.- Informó poco después sin mucho interés.- Cruzando la calle.
-¿Vives por aquí por el centro?
-Cruzando la calle.- Repitió molesto. Snape le señaló el edificio que había al final del parque.
-Ah…- Dijo sorprendida.- Era literal cuando decías que era cruzando la calle.- Susurró.
-¿Porque iba a usar una metáfora?- Espetó con una ceja alzada. La curiosidad empezó a brillar tras los ojos castaños de la bruja.- No, no te pienso llevar...
-Pero...
-¿Estás sorda?
-Está aquí al lado.
-¡No!
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Snape abrió la puerta de su casa ante la mirada de triunfo de Hermione.
-Ya puedes quitar esa sonrisa de tú cara. -Amenazó. Hermione trató de no sonreír, pero le dolían los músculos por forzarlos a estar sería.
Había ganado.
La casa parecía sobria, pulcra. Las paredes del salón tenían libros y una pequeña chimenea. Los muebles de cuero negro parecían cómodos. Se veía luminoso aunque fuera de noche.
-Me encanta tu casa.- Comentó, se fue rápidamente a la estantería a revisar los libros.
-¿Mi casa o mis libros?- Siseó con sorna.
-Ambos.- Sonrió. Snape se acercó a donde estaba ella, cogió un libro que había justo sobre su cabeza y se lo entregó. Hermione lo ojeó rápidamente.- Es magnífico.- Soltó asombrada. Se giró para darle las gracias, pero lo vio quitarse la levita y colocarla sobre uno de los sillones mientras el hombre se servía una copa. Se quedó hipnotizada viendo como el Slytherin se echaba en una copa algo que había en una botella sin etiquetar. Era atrayente verlo acercarse el vidrio a los labios. Lo observó con aquella camisa blanca y rápidamente su mente eliminó la tela, dejándolo desnudo como lo había visto esa mañana.
Hermione retiró la vista con brusquedad y abrió el libro. Si se enfocaba en otra quizás…
Quizás nada. Era demasiado tarde, su mente estaba invadida con aquellas visiones. Se giró dándole la espalda, si no lo miraba a lo mejor sería más fácil mantener la calma. Se forzó en leer la contraportada.
-El Malleus Maleficarum…- Susurró para ella misma.- El Malleus Maleficarum.- Repitió tratando de enfocarse.- Del latín, Martillo de las Brujas.- Cogió aire.- Es… es probablemente el tratado más importante…- Hermione se dio media vuelta al sentir un calor agradable en su espalda. Se topó contra el torso de Severus y sorprendida dejó caer el libro.
El Slytherin, con sus habilidades de ex mortífago aun presentes hizo un rápido movimiento y cogió la publicación antes de que ésta tocara el suelo.
-Le agradecería que no tirara…- Hermione se acercó a él, lo agarró por la camisa y lo besó, suspiró contra sus labios y se pegó a su cuerpo con un gemido entrecortado. Snape no se lo pensó, dejó caer el libro y la copa y la sujetó por la cintura con posesión. Le devolvió el besó rápidamente, pero con más lentitud que la bruja, suavizando su toque volviéndolo tortuoso.
Hermione sonrió dentro del beso y delineó su labio con la punta de su lengua. Sabía a algo fuerte y fresco, era adictivo. Enredó sus manos entre su pelo y gimió cuando Severus cambió sus labios por la piel de su cuello.
-Si vas a parar en algún momento… Hazlo ahora.- Pidió la joven mientras lo volvía a besar.- No quiero que pares, pero si tienes que hacerlo, prefería que lo hicieras ahora que aún conservó algo de cordura.
-No tengo intención alguna.- Afirmó con voz ronca. Severus se separó de ella apoyándola contra la librería. Examinándola de arriba abajo. Sus labios sonrosados comenzaban a hincharse, y sus mejillas tenían un suave rubor.
-Y porque pa…- El profesor se acercó a ella con rapidez y con un movimiento ágil la levantó estampándola contra la librería con su cuerpo. La besó con ansiedad mientras sentía los libros golpear el parquet envejecido. Gruñó y resopló contra sus labios y siguió besándola hasta que en algún momento necesitó respirar.
El vestido de la bruja se arremolinó en sus caderas y sus piernas se enroscaron contra su cuerpo. Bajó por su cuello, besó el inicio de sus pechos, acarició su cintura, mordió su mentón y le susurró algo al oído. Hermione se volvió loca y lo besó con pasión. Sintió su vello erizarse al notar el deseo de Snape en sus ojos oscuros, brillaban como si tuvieran fuego, como si hubieran encendido una luz tras ellos.
-Más despacio…- Pidió la bruja.- Más despacio.- Snape suavizó el agarre y finalmente, entre gruñidos de protesta y jadeos, se apartó de ella.
-¿No fuiste tú la que dijo que no parara? ¿En qué quedamos?- Espetó alzando una ceja.
-Lo sé… la verdad es que no tengo ni idea.- Hermione se abalanzó sobre él y ambos cayeron sobre el sofá. Se besaron durante largo rato, se tocaron y abrazaron con ansiedad. La bruja se apartó un poco, ahora sus labios estaban hinchados del todo, rojos como los rubíes, y sus mejillas completamente encendidas. Su respiración se había comenzado a acelerar.- Espera.
-¿En serio Granger?
-Vamos a tú habitación.- Pidió. Snape la miró a los ojos algo sorprendido. Una cosa era besarse en el salón de su casa. Pero si iban a su habitación no iban besarse o dormir simplemente. Cuando se dio cuenta estaba arrastrando a su alumna por el salón hasta el dormitorio. Abrió la puerta y tan rápidamente entraron, agarró a la bruja por la cintura y la besó de nuevo. Se había olvidado lo que era tener a una mujer en sus brazos de aquella manera. Alzó las manos hasta los hombros de Hermione y movió el vestido hacia abajo. Se deslizaba por su piel como si fuera seda.
La bruja le quitó la camisa y volvió a ver aquel torso pálido y ágil que había visto esa mañana. Se relamió los labios inconscientemente.
-¿Hay algo que te parezca interesante?- Demandó mientras alzaba una ceja.
-No sabes cuánto.- Se pegó a él y lo besó otra vez. El contacto de sus pieles fue algo nuevo. La piel de Severus era suave y ardía. Le acarició la espalda y jadeó solamente al sentir las cicatrices bajo sus yemas. Estaba excitada. Entonces bajó la mano hasta los glúteos que tantos quebraderos de cabeza le habían provocado. Los apretó con fuerza y suspiró.- Quítatelos.- Pidió, aunque más bien parecía una orden. El Slytherin sonrió con burla, pero acató la orden quitándose el pantalón, unos calzoncillos rosas aparecieron tras ellos. Hermione se rió.
-¿Cómo sabías lo de mi ropa interior?- Preguntó mientras le besaba el cuello y bajaba a sus senos. Hermione contuvo el aliento al sentir los labios de Snape rozar la piel del escote.
-En cuarto año…- Granger, trató de enfocarse en hablar, pero la lengua de él ahora recorría el encaje de su sujetador.- Hablé con los elfos del castillo para… para el P.E.D.D.O.- Balbuceó. La prenda había desaparecido y ahora los labios de Severus besaban un pecho por un lado, mientras su mano acunaba el otro.- Uno de ellos dijo que el jefe de Slytherin usaba ropa interior rosa.- Confesó. Hermione gimió cuando uno de sus pezones se vio apresado.
-¿Quiere saber porque?- Preguntó mientras dejaba un seno y cogía el otro. La bruja se limitó a asentir y cerrar los ojos mientras se dejaba hacer.- No todas las maldiciones son tan mortíferas.- Dijo simplemente. Hermione quiso reírse, pero no tenía aliento para tal cosa.
La arrastró a la cama y se echó sobre ella. La besó y acarició tantas veces que perdió la cuenta. Estudió su cuerpo, cada centímetro de piel. Y gruñó al sentir como se erizaban los vellos al sentirlo.
Bajó a su vientre y le quitó la ropa interior, después volvió a besarla. El cuerpo del hombre sobre el de ella presionó en el lugar exacto, y Hermione no pudo evitar frotarse contra él buscando el contacto, estaba visiblemente excitado, y eso solo hizo que la bruja se lamiera los labios con deleite.
Estaba vez nada la interrumpiría.
Sintió la lengua de Severus serpentear por su vientre hasta que sujetándola con fuerza de las caderas hundió su cabeza en ella. Gimió y se agarró a las sábanas con fuerza. Sentirlo de esa manera era demasiado para ella. Se perdió en aquella espiral de placer y decadencia que en pocos minutos la llevó a la cumbre.
Snape aceleró el ritmo y no paró hasta que notó las piernas de la bruja apretarle con intensidad la cabeza y un gritó de placer retumbó contra las paredes de la habitación. Levantó la mirada para encontrarse la vista nublada de aquella joven que lo miraba como si fuera comestible.
Nunca nadie lo había mirado así jamás.
Se incorporó y la besó, sus lenguas se juntaban y separaban mientras sus manos arañaban, apretaban y acariciaban cualquier trozo de piel disponible. Hermione sonrió con picardía y antes de poder darse cuenta de que ocurría, se vio bajo ella. Los rizos castaños cubrían el lateral de su rostro y le hacía cosquillas las moverse por su piel. La bruja besó, mordió y lamió cuanto quiso sin que Severus pusiera ninguna resistencia. Apresó uno de sus pezones entre sus labios solo para ver como se retorcía bajo ella.
La sensación que sentía al ver el poder que tenía sobre él era indescriptible. Se apartó de él para observarlo de lejos. Su rostro era una máscara de frialdad e indiferencia, pero sus ojos y su respiración decían otra cosa completamente distinta. Había deseo en ellos.
-Quítatelos.- Ordenó de nuevo.
-No.- Se negó. Vio como la diversión bailaba en sus ojos negros.- Si los quieres fuera, quítalos tú.- Retó. No hizo falta que se lo dijera dos veces, le arrancó la ropa interior dejándolo completamente desnudo. Se maravilló ante lo que vio. Snape alzó una ceja y quiso preguntar a santo de que venía tanta diversión. Pero el aliento de la bruja sobre su erección le borró la idea.
Había mantenido la compostura hasta que sintió algo húmedo lamerlo de abajo a arriba. Abrió los ojos, pero los cerró rápidamente cuando se sintió engullido. Gruñó y al igual que la bruja, agarró las sabanas con fuerza. La sintió deslizarse arriba y abajo lentamente, casi como si estuviera jugando con él. Cuando le dio por mirar, se encontró con unos ojos marrones mirarlo con deseo. El mismo con el que la había mirado él. Sintió la tensión acumularse, y decidió cortar rápidamente, no quería acabar la fiesta antes de tiempo.
La levantó de donde estaba y la bruja se sentó sobre él. La sintió deslizarse lentamente hacia abajo, apretó la mandíbula al sentir aquel calor apretarlo, el deseo se agolpó en su pecho cuando la vio inclinarse hacia atrás con los ojos cerrados con un gesto de absoluto deleite. Se quedaron así, acoplados unos segundos. Era indescriptible.
Apoyó las manos en sus caderas y acompañó aquel suave y decadente vaivén que había comenzado la bruja. Sus dedos se apretaron cada vez más en su piel y sus caderas empujaban hacia arriba buscando mas contacto.
Hermione, lo sintió. Sintió su ansiedad, su pasión. Pero en lugar de seguirle el ritmo lo disminuyó. Volvió sus movimientos lentos, largos y oscilantes. La respiración entrecortada de Severus se había hecho visible. La acompañó entre bufidos y gruñidos.
Severus se incorporó y ambos quedaron sentados. La bruja aceleró el ritmo y él la siguió moviéndola con las manos, alejándola un poco para apretarla contra él con fuerza y movía sus caderas cada vez con más tensión. Los jadeos de ella comenzaron a resonar por la habitación. Se enganchó en su cuello y se balanceó hacia atrás haciendo mayor contacto. Un temblor en sus piernas le hizo saber al pocionista que era la postura indicada. Apretando sus dedos en su cuerpo hasta el límite de lo razonable, la ayudó a moverse hasta que sus pieles comenzaron a hacer ruido al chocar la una contra la otra.
Hermione apretó su agarre con las piernas y comenzó a temblar sin control. Severus se inclinó para besar uno de sus pezones mientras llevaba su mano hacia la bruja, con la ayuda de su pulgar realizó movimientos circulares. El cuerpo de la joven perdió el control y colapsó cuando una gran corriente eléctrica atravesó todo su cuerpo.
Apenas sin fuerza se dejó abrazar por Severus. El hombre no paró de moverla sobre él, y tras unos segundos, Hermione volvió a sus movimientos, sólo que esta vez eran erráticos y más bruscos. Snape enterró la cabeza en su clavícula y con sus brazos la apretó contra él con posesión y fuerza. Se sentía al límite, su visión se había vuelto borrosa y apenas podía mantener la respiración. La apretó contra su cuerpo de nuevo y dejó ir la tensión soltando un fuerte gemido que fue amortiguado contra el cuello de su alumna.
Ambos se dejaron caer contra el colchón, uno al lado del otro mientras trataban de recuperar la respiración que había perdido unos minutos atrás. Una carcajada de Hermione resonó suavemente.
-¿Se puede saber que te hace gracia?- Masculló.
-Me he acostado con Severus Snape. ¿A ti no te hace gracia?- El hombre gruñó, y se quejó.
-Lo más mínimo.- Escupió. Hermione amplió la sonrisa. Giró la cabeza y lo observó un momento para darse cuenta de la tensión y la incomodidad que había en su cara.
-Si me vas a soltar un discurso sobre lo irresponsable que ha sido esto…
-¿De qué demonios hablas Granger?
-Tienes cara de que algo malo ocurre.- Hermione arrugó la nariz.
-Sí.- Espetó.- Me estás aplastando el brazo.- Gruñó. La joven sorprendida miró hacia abajo para darse cuenta de que efectivamente le estaba aprisionando el brazo. Avergonzada y tratando de ocultar sus mejillas sonrojadas se apartó un poco. Snape cerró los ojos, pero se sintió observado.- ¿Ahora qué pasa?
-¿Me quedo o me voy? Y… ¿Vamos a tener la conversación incómoda ahora o en otro momento?- Preguntó a bocajarro.
-Merlín Granger.- Siseó irritado.- Tú sabrás si quieres irte o no, yo prefiero quedarme en la cama si no te importa, eres libre de unirte a mi si quieres.- Indicó con brusquedad e impaciencia.- En cuanto a los segundo no se a que conversación te refieres, pero sea lo que sea, mejor mañana y con café.- Ordenó. Snape se metió en la cama y se tapó. Sin embargo ella siguió allí mirándola.- ¿Quieres meterte ya en la cama Hermione?
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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin de capítulo.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
¿Cuántas habéis esperado por esto? ¿Y cuanto habéis esperado? Pero no os confiéis. Esto no acaba aquí… No, no… Ni mucho menos, aun queda mucho por delante. Mucho mucho…
Quería agradecerle este capítulo a la Murciana, por su ayuda con la escena del Pub y la escena de la pelea de Grimmauld Place entre Sirius y Severus.
Tambíen a Ílmatar, por su ayuda inestimable en… en casi todo. Desde ayudarme con una palabra que me faltaba. A ayudarme con el programa de Tchaikovski, o la idea de los Mariachis. Gracias por ser mi segundo de a bordo. Por aguantarme y decirme que dejara de rallarme en incontables veces.
También a las mexicanas del grupo. Por la ayuda con mis dudas con los mariachis.
Y en general a todas por la espera.
Saludos de Cloe
