Capítulo 12

El capitán atendió la solicitud, y al cabo de unos minutos, y luego de rápidas despedidas y explicaciones y disculpas a medio cuajar, la pareja estaba caminando por el muelle, mientras el yate se alejaba. La tía Jocelyn, Richard y los mellizos parecían preocupados por cómo iban a regresar a casa, pero Severus les aseguró que encontrarían la forma. Tomarían un taxi o rentaría un vehículo si era necesario. Solo era un camino de dos horas en auto. Jane no parecía preocupada, probablemente porque sabía cómo iban a llegar a casa.

Mientras los dos caminaban por el muelle, con el sol bien alto en el cielo, Severus mantuvo su brazo alrededor de Hermione, mientras todos lo estaban viendo desde el yate, quienes pensaban que era un prometido preocupado por su pareja enferma. Fue entonces cuando ella comenzó a hablarle.

"No tenías que hacer eso." Dijo con timidez.

"¿Hubieras preferido quedarte?" Severus miró hacia atrás y vio que la embarcación ya estaba muy lejos, así que quitó su brazo de los hombros de la chica.

"Perdona si actué sin…" Bufó con rigidez. "Debí consultarte primero."

"No, no, no quería quedarme, no. Pero pude haberlo soportado." Siguieron caminando sobre las tablas de madera que se extendía sobre el agua color turquesa, zigzagueando entre los botes amarrados, y Hermione extrañó el contacto con Severus. Se abrazó a sí misma, sintiéndose un poco incómoda por lo que estaba sintiendo.

Escuchó que Severus bufaba de nuevo. "Tolerar ser acosada todo el día, en medio del mar. Es como estar en Azkaban, pero con mejor vista."

La chica no pudo evitar reír.

"De hecho, creo que había algún que otro dementor a bordo." Retrucó con tono burlón.

"Probablemente te perdiste algunos ricos langostinos para el almuerzo." Dijo ella débilmente.

"Bueno, qué malo, ¿no? Que no pueda comer eso mismo en otro lugar, ¿no te parece?" Respondió sardónicamente.

Siguieron caminando en silencio, alejándose de los muelles, hacia un hermoso paseo marítimo, paralelo a la playa y el océano claro y azul.

La calle estaba llena de coches y gente que caminaba despreocupadamente, posiblemente turistas que estaban paseando, sobre todo porque era un día de semana.

Las palmeras se alineaban a lo largo de la playa y en la acera y el boulevard que separaba la calle en dos, creando una buena sombra por la cual caminar. Cruzando la calle se podían encontrar edificios residenciales y hoteles, modernos y algunos históricos. Las construcciones bajas eran mayormente comercios diversos y restaurantes. Seguramente, él estaba buscando un lugar apropiado para desaparecerse, pero ella decidió decir algo antes que lo encontrara.

"¿Tienes mucha prisa por regresar a casa?"

"No, no mucho, en especial porque estoy hambriento y es posible que en casa de tus padres no haya nada que comer."

Ella sonrió. "Oh, bien. Estaba esperando poder… explorar por aquí un poco. Nunca vine a este lugar."

"Muy bien." Severus indicó un cruce y ella lo siguió, para que pudieran caminar junto a los comercios.

Siguieron paseando por un rato, con Hermione admirando los escaparates de las tiendas elegantes de diseñadores caros. Prendas, bolsos, relojes, de todo.

"¿Quieres que busquemos dónde comer?" Preguntó, finalmente Severus.

"Si…" Estaban pasando frente a un salón de belleza que captó la atención de Hermione. "¿Podemos hacer una pequeña parada, primero?" Dijo ella, señalando un escaparate, y luego se tocó el cabello, desordenadamente sujeto, para ocultar las puntas desparejas que habían resultado de su encuentro cercano con el drenaje de la piscina.

"Oh, vaya… El ministerio debe estar pagándote muy bien." Dijo él, en son de broma, acercándose a ella, urgiéndola hacia el salón de belleza.

"Ya basta." Dijo ella sonriendo. "Nunca he sido… derrochadora, y creo que me he ganado un poco de mimo el día de hoy."

Severus puso su enorme mano en la espalda de Hermione, animándola a ir, y la chica sintió un estremecimiento en la columna. "Adelante, Srta. Granger." Dijo en tono burlón. "Que quiero comer."

Ella entró en el salón y él la siguió.

"Tal vez puedan hacer que mi cabello se vea presentable, por la cantidad de dinero que cobran, y tal vez pueda verme bien, por una vez en la vida." Masculló la chica, también burlándose, pero Severus no se rio ni se burló, como ella esperaba, mientras sostenía la puerta abierta para ella.

Él deseaba decirle que su cabello se veía bien como estaba. Hermoso. Pero, por alguna razón, no podía decirlo en voz alta.

Uno de los estilistas se acercó y comenzó a hablarle a Hermione en francés, comentando lo que podía hacer para ayudarla, mientras la chica seguía de pie frente a Severus, mientras las damas en las secadoras o con otros aparatos en la cabeza o productos, esperando a que hicieran efecto, miraban a Severus. Era poco común ver a un hombre entrar en el establecimiento, además de los que trabajaban allí. Pasó frente a algunas de ella cuando fue a buscar dónde sentarse.

"Bonjour." Saludó al pasar, y los sedosos tonos de su voz hablando en francés, llegaron a los oídos de Hermione.

Se sentó y encontró un periódico para leer mientras el estilista sentaba a Hermione y comenzaba a trabajar.

Aparentemente, tenía un hueco para un corte rápido, ya que la mayoría de las señoras presentes tenían que esperar o estaban siendo atendidas por sus colegas.

"Et vous?" Preguntó a Severus. "¿No quisiera un corte en ese hermoso cabello también?" Siguió hablando en francés, en su muy extravagante manera, deslizando los dedos por el cabello de Severus, soltando la cola de caballo que llevaba puesta. Severus tomó la cinta que lo mantenía atado, mientras se alejaba amablemente del estilista y procedía a atarse el cabello nuevamente. Después de la guerra, tenía mucho más tiempo para dedicarse a investigar, y había logrado crear la perfecta receta para un champú para él, así que su cabello ahora se veía mucho más agradable. Además, el haber estado alejado de los vapores de las pociones, Severus suponía que se vería todavía mejor.

"No, gracias, solo estoy esperando a mi prometida." Contestó en francés, y una vez más, Hermione sintió que algo se estremecía en su vientre, al escuchar esa voz casi ronroneando en el tan llamado lenguaje del amor.

Después de Jacques, el solo pensar en otro hombre hablando en francés, aunque fuera mal, le daba asco. Luego de escucharlo decirle a Victoria esas cosas atrevidas, sensuales, cosas que le había dicho a ella misma, Hermione sentía que podía vomitar con solo pensar en tener un hombre que hablara en francés a su lado. Pero la dulce, sedosa voz de Severus y su perfecto francés, causaba todo lo contrario. Se encontró imaginando lo que podría decir en la cama y si sería sincero. Estaba más que segura que sería mucho más sincero de lo que solía Jacques.

Severus estaba metido en una relación ficticia con ella. Básicamente, había sido obligado a estar allí, y, aun así, había actuado como un auténtico caballero, sin siquiera pestañear ante Victoria, respetando a Hermione completamente, que era mucho, mucho más de lo que había hecho Jacques.

El estilista hizo su trabajo mientras Severus leía. Al cabo de poco menos de una hora, el joven hizo girar la silla en la que Hermione estaba sentada y llamó la atención de Severus, preguntando qué opinaba sobre la apariencia de su novia.

Severus alzó la mirada para ver que el cabello castaño de la chica, que antes llegaba a la mitad de su espalda, que había sido cortado, apenas, para taparle los hombros. Le había recortado un poco los lados, y el hecho de haber sido secado y modelado en unas ondas más abiertas, para lucir mejor el corte, hacía que se viera todavía más hermosa.

Severus sintió que se le resecaba la boca, pero luego se las arregló para tragar un poco de saliva y articular una respuesta. "Magnifique."

Hermione sonrió y se sonrojó, preguntándose si lo había dicho en serio o si solo era para guardar las apariencias frente a esas personas que creían que eran pareja realmente.

No es necesario que estas personas crean que están juntos. Nadie del ministerio vendrá a preguntar aquí, ni está tu familia presente. Dijo eso porque quiso decirlo.

Hermione pagó y salieron del salón, fue entonces cuando ella quiso preguntar, mientras caminaban por la acera, en busca de un restaurante en donde almorzar. "¿De verdad se ve tan bien?"

"Absolutamente." Respondió él, caminando a su lado con las manos en los bolsillos. Desvió la mirada hacia ella de nuevo, y sus ojos se encontraron, aun cuando los dos llevaban puestas gafas de sol. Los dos sintieron algo y desviaron la mirada con nerviosismo. "Pagaste un precio estelar y obtuviste un look de estrella de cine." Terminó de decir él. Ella le sonrió, sintiendo que el corazón se le llenaba de calidez.

Encontraron un restaurante que tenía una especie de patio elevado al frente, con mesas cubiertas con sombrillas. Hermione pensó que sería muy agradable almorzar allí. Estaba emplazado en una construcción imponente que se veía como un palacio.

"Yo invito." Dijo la chica, subiendo los cinco o seis escalones que los separaban del patio.

"Tal vez no sea el jefe, pero aun puedo pagar por mi almuerzo." Dijo él sin mucho enfado, pero evidentemente un poco ofendido, porque frunció el ceño.

"¡No quise decir eso! Es solo que… quiero agradecerte por… por todo… por lo que hiciste hoy."

"Está bien… pero no hay necesidad… podemos partir la cuenta a la mitad."

"De acuerdo." Dijo ella con una sonrisa.

Los llevaron hasta una mesa y comenzaron a mirar el menú. Al cabo de unos pocos segundos, Severus estaba listo para ordenar.

"¿Ordenamos?" Le preguntó a Hermione.

"Ordena tú, todavía estoy decidiendo."

"¿Decidiendo qué? Tienen fettuccine Alfredo de pollo." Remarcó él, señalándolo en el menú.

"Bueno, pero aun no me decido."

Severus se rio burlón.

"¿Qué? ¡Tal vez te sorprenda!"

Severus llamó al mesero para poder ordenar lo que quería. Saludó al hombre y procedió a pedir gambas empanizadas fritas con risotto parmesano.

Hermione no podía prestar atención a otra cosa más que esa voz como chocolate fundido, que se derramaba en sus oídos al hablar en francés. Solo cayó en la cuenta que se había quedado mirándolo, cuando lo vio alzando una ceja, mientras ambos, él y el camarero, la observaban, esperando que ordenara.

"Oh, si… voy a querer el linguini de gambas." Pidió en francés, y entregó su menú. Severus alzó una ceja, sorprendido, y solicitó una botella de vino que sería apropiado para los platillos de los dos.

Cuando el camarero se retiró, él todavía la miraba con curiosidad.

"Así tendremos más langostinos." Dijo ella.

Estaban sentados uno junto al otro, porque los dos deseaban estar frente a la playa y observar a la gente y al bellísimo océano, así que cuando llegó la comida, fue fácil para Hermione ofrecerle un poco de su platillo, después que ya había probado varios bocados.

Severus se rio. "¿Por qué? ¿No te gustó tu elección?"

"No, Sr. Gruñón, me gusta mucho lo que pedí. Se llama ser amable. Te ofrezco una probada de un platillo que disfrutarás." Acercó su plato hacia él. Severus, a regañadientes, clavó su tenedor en una gamba y lo giró un poco, tratando de atrapar un poco de pasta también.

Se llevó el bocado a la boca y murmuró con parquedad. "Tienes razón. Es muy bueno."

"El tuyo también se ve bien." Dijo ella.

"Oh, ya veo cuál era tu intensión." Dijo él con suficiencia, pero ella podía percibir el tono juguetón en su voz. Él sonrió y empujó su plato hacia ella. La chica sonrió y tomó un bocado de gambas con risotto con felicidad.

"¡Delicioso!" Masculló ella, masticando todavía.

Cuando llegó el momento de elegir postre, Hermione declinó la oferta, diciendo que prefería un helado en la playa, así que Severus también declinó el postre ir con ella a la playa, cruzando la calle, en busca de un lugar en donde vendieran helados.

Caminaron por un rato, conversando y observando a la gente en la playa, hasta que encontraron un expendio de helados. Estaban escogiendo de cuál querían, Severus pidió una probada del de chocolate, y Hermione hizo una cara burlona.

"¿Qué?" preguntó él, secamente.

"Aquí tienes información interesante sobre mí que probablemente deberías saber: Amo el chocolate. Mousse de chocolate, pastel de chocolate, soufflé de chocolate, galletas con chispas de chocolate, pero odio el helado de chocolate."

"¡Pero eso es absurdo!"

Hermione solo encogió los hombros y terminó pidiendo dulce de leche y Severus… coco, y pagó por los dos.

Aunque no estaba en una relación real con ella y no tenía obligación alguna de proveerla, se sintió mal, como si estuviera siendo maleducado si no pagara, como había sido cuando declinó la oferta de ella de pagar por el almuerzo.

Siguieron paseando, viendo a la gente tomando sol en la playa o jugando en el agua, sin dejar de comer sus helados.

"Déjame probar de tu helado."

Él la miró con el ceño fruncido, evidentes a pesar de las gafas, y Hermione no pudo ver la leve expresión de confusión.

Severus deseaba detenerla justo ahí. Quería detener esa… amistad… esa cercanía que comenzaba a desarrollarse entre los dos, pero por alguna razón, no pudo hacerlo. Tal vez, si tenían que vivir juntos, solo Merlín sabía por cuánto tiempo, era mejor que tuviera una relación cordial con ella.

Pero no dejes que se vuelva demasiado invasiva o íntima.

Además, la chica había tenido una mañana difícil y sería un cretino si empeorara las cosas para ella, sin razón alguna, más que su propia inseguridad. Sabía muy bien lo que significaba tener un mal día y desear un poco de confort, un poco de alivio para poder poner todo lo malo atrás.

Bufó un poco y comentó. "Debí elegir el de chocolate." Masculló el hombre, pero luego sonrió de lado y le ofreció su cono. Ella lo tomó, entregándole el de ella a él. Los dos aprobaron la elección del otro.

Cuando terminaron con sus postres, comenzaron la búsqueda de un lugar desde donde aparecerse, pero no estaban tan apresurados. Caminaron con calma frente a los comercios, esperando por la oportunidad de meterse en alguna de las callejas desiertas entre los edificios, mientras tanto, disfrutaban del paseo, hasta que Hermione se detuvo frente a un escaparate, una joyería, y se quedó mirando algo que estaba allí expuesto, acariciando esa llave antigua que solía llevar siempre puesta. Había estado todo el día a la vista, algo poco usual.

Severus había avanzado un poco más allá de la joyería cuando se dio cuenta que ella ya no estaba a su lado, así que retrocedió. Ella no dijo nada, solo seguía admirando algo en el escaparate, sin soltar la llave en su pecho.

Severus, entonces, fue capaz de identificar qué era lo que tanto miraba. Un par de pendientes de oro blanco. El metal se retorcía hasta formar una rosa muy pequeña, con algunas piedritas rojas en el medio y unas verdes a un lado, imitando las hojas. Esas piezas se verían muy bien en ella, y quedaban perfectas con el complejo diseño de la llave en su cuello.

"Esa llave, ¿tiene algún significado especial para ti?" Preguntó con suavidad.

"Uhm… sí… algo así… es un poco tonto."

La miró con una ceja alzada. Algunas nubes habían comenzado a hacer acto de presencia, cubriendo parcialmente al sol, y una suave brisa comenzó a soplar, así que los dos se habían quitado las gafas, y ahora ella era capaz de ver esos profundos ojos oscuros. De alguna manera, le parecían dulces, como nunca lo había notado antes. Incluso se veían comprensivos y la urgían a hablar, así que lo hizo.

"Era de mi abuela."

"¿De Judith?"

"No, la madre de mi padre. Ella siempre la llevaba puesta, y yo siempre me quedaba mirándola y jugaba con ella cuando era pequeña. La adoraba. Siempre decía que yo era su nieta favorita." Dijo la joven con una sonrisa. "Y ella era la que podía… controlar a mi padre la mayoría de las veces… siempre me defendía… y lo llamaba al orden y lo avergonzaba cuando comenzaba con sus reclamos. Él la respetaba y las cosas eran mucho mejores entonces. Cuando fui lo suficientemente mayor como para llevarla puesta, apenas un poco antes que llegara la carta de Hogwarts, me la dio en mi cumpleaños. Murió poco tiempo después."

Severus no sabía qué decir, en realidad. Tocó el hombro de la chica con un poco de inseguridad por unos segundos, pero se apartó casi de inmediato.

"Ella solía decir que era brillante en todo lo que hacía, incluso las cosas más estúpidas y poco importantes, y…" Hermione se secó las lágrimas. "Es solo que… la extraño mucho. Es tonto, porque tengo una familia enorme, y la mayoría es grandiosa… es solo que…me gustaría que estuviera ella también."
Se hizo un momento de silencio mientras la chica se recomponía. "Ella hubiera amado esos pendientes." Dijo con una sonrisa.

"¿Los vas a comprar?" Preguntó él con suavidad.

"¡Oh, no!" Contestó, ensanchando la sonrisa. "Ya derroché suficiente con el cabello." Movió la cabeza como si estuviera en un comercial de champú. "Solo me sorprendió que el diseño sea tan similar. Este collar es muy antiguo."

Mientras ella exponía sus sentimientos, esas lindas nubes algodonosas se habían estado oscureciendo hasta ponerse de un amenazante gris oscuro, sin que ellos lo notaran, y ahora, estaban desatando su furia sobre ellos. Atrapados por sorpresa, se mojaron bastante antes de empezar a correr en busca de refugio. Giraron en una esquina, todavía bajo la lluvia, y las calles estaban desiertas repentinamente. Recién en ese momento lo notó Severus.

La tomó de la mano, deteniendo su carrera, y ella lo miró de hito en hito.

"¡¿Qué?!" Se estaba empapando y su costoso cabello se arruinaría.

Severus sacó su varita del bolsillo de su pantalón y apuntó hacia arriba, sonriendo cuando un paraguas que cubrió las cabezas de los dos. "Esta regla de no hacer magia frente a tus parientes me está convirtiendo en un jodido muggle."

Hermione rio también, buscando junto a él un callejón. La brisa comenzó a enfriar su piel empapada, provocando que comenzara a temblar.

"¿Por qué… es que… la lluvia, siempre es… más fría cuando… el clima es más cálido?" Preguntó la chica, con los dientes apretados y frotándose los brazos, tratando de conservar calor.

Severus encontró un lugar apropiado para desaparecer, un angosto pasillo entre edificios, así que la tomó del codo para llevarla.

"¿Crees que serás capaz de aparecerte?"

"C… c… claro…" Trató de responder ella, con los dientes castañeándole.

Él revoleó los ojos. "Terminarás con una despartición." La atrajo hacia sí, y hubo un momento en el que los cuerpos de ambos se tocaron, con los dos mirándose a los ojos, y Hermione supo que, en ese momento, el temblor de su cuerpo no se debía enteramente al frío.

Siguieron mirándose a los ojos por más tiempo del necesario, hasta que Severus, finalmente salió de su trance.

"¿Lista?"

Ella solo asintió lentamente, como con timidez.

Con uno de sus brazos envolviendo la cintura de ella, Severus los hizo desaparecer, justo después que el paraguas mágico que protegía sus cabezas, desapareciera de la varita.

Aparecieron en los alrededores de la casa de sus padres, pero estaban un poco alejados, en la zona de los árboles y los arbustos, solo en caso que los padres de Hermione ya hubieran llegado a casa.

Allí también estaba lloviendo.

Aunque no quería hacerlo, Hermione se soltó del abrazo de Severus, porque se sentía un poco avergonzada. Comenzó a trotar en dirección a la casa, para abrir la puerta.

Él, por su parte, no podía decir que lamentaba la separación, porque ahora podía verla corriendo frente a él, y podía ver ese lindo trasero suyo envuelto en el pantalón blanco, por completo mojado, y un triángulo más oscuro, sus bragas, que cubría el área en el que, repentinamente, tanto deseaba poder frotar su entrepierna.

Despertó de su ensoñación y la siguió hasta la casa, llegando justo en el momento en el que ella abría la puerta.

"¿Mamá? ¿Papá?" Dijo la chica en voz alta, todavía temblando de frío.

Un momento antes que comenzara a caminar para ir a ver si sus padres ya habían llegado, sintió la mano de Severus en su hombro y la vibración de su magia, cuando usó un hechizo para secarla, y como estaba ocurriendo mucho estos días, sintió la vibración de otra clase de magia también.

"¡Severus!" Le regañó.

De inmediato, él supo que la preocupación venía por el miedo que le daba que su padre viera que se hacía magia. "Nadie nos vio. Probablemente aun no llegan a casa."

"Aun así… sería bastante difícil explicar por qué yo estoy seca ¡y tú no!"

Severus rodó los ojos y puso su propia mano en su cabello, deslizando los dedos entre los mechones, peinándolo en una forma extremadamente sexy, y de inmediato, el cabello estuvo seco. "Ahí está."

Ella abrió más los ojos, como regañándolo con la mirada, pero él solo le sonrió con suficiencia.

"¿Mamá? ¿Papá?" Llamó otra vez, adentrándose más en la casa.

"No han regresado. No es posible, mujer. No por los medios muggle."

"Está bien, de acuerdo… entonces, iré a darme una ducha." Dijo con timidez. "¿A menos que quieras ir tú primero?"

"Tú eres la que está temblando. Ve tú."

Hermione comenzó a subir las escaleras y él la siguió, sin ser capaz de dejar de mirar el trasero que se movía frente a sus ojos.

Ella tomó algunas prendas y artículos de tocador, y se metió en el cuarto de baño. Severus fue a sentarse en el alféizar de la ventana, mirando la lluvia caer mientras se quitaba las botas.

"¿Severus?" Dijo ella, sosteniéndose de la puerta como si necesitara apoyo emocional, todavía temblando un poco.

"¿Hmmmm?" Alzó la vista para mirarla.

"Yo… yo solo quería agradecerte. Por lo de hoy. La pasé muy bien." Concluyó con una sonrisa.

Severus asintió una vez, con suavidad, con una pequeña sonrisa propia. Hermione cerró la puerta del baño y se apoyó contra esta.

¿Acaso estabas a punto de invitar a Severus Snape a ducharse contigo? ¡¿Estás demente?! ¿No es así? ¿No tuviste suficiente por hoy? ¿Eh? Fue considerado y divertido… y… y… ¡No! ¡Ya basta! ¡No mezcles las cosas! Ahora son amigos, y eso es bueno… ¡No la jodas!

Del otro lado de la puerta, Severus estaba de pie frente a la puerta, contemplando la posibilidad de golpear o meterse y ya. ¿Estaba loco o le parecía haber visto algo más? Algo como una… ¿chispa? Y ese trasero en esos pantalones blancos mojados… Alzó una mano para golpear, pero no lo hizo. Solo presionó la palma contra la madera y se quedó escuchando el agua que comenzaba a correr.

N/T: Evidentemente esos dos comienzan a sentir algo, pero teniendo en cuenta lo muy inseguros que son los dos, puede que tome más tiempo de lo esperado para que se sinceren… tengan paciencia. En serio.