Capítulo 13
Hermione no pudo dormir bien.
Al principio, lo que la mantuvo despierta, fue la incontrolable necesidad de ir al sofá y acurrucarse con él, de probar sus labios, de ver si… si ocurría algo más, pero el solo estar en sus brazos le parecía una idea hermosa y reconfortante.
Peleó contra esa urgencia y la batalla la mantuvo despierta, dando vueltas en la cama, en especial cuando comenzó a recordar los eventos del día.
Lo dulce, divertido y sexy que era, y como había sido en los últimos días.
Era sorprendentemente considerado y… algo más que no sabía cómo describir. Sentía una calidez en el corazón cuando pensaba en eso. Y necesitaba luchar contra eso, de otro modo, comenzaría a sentir algo… mas… que complicaría todo el esquema. Ni siquiera era bueno que tratara de juzgarlo mientras estaba de vacaciones, además del hecho de tener que lidiar con gente que no conocía y con la que sentía incómodo. Por supuesto que se acercaría a ella. A ella ya la conocía. Eso sin mencionar que aquello le aseguraría su libertad laboral.
Comenzó a preguntarse cómo sería con una persona con la que estuviera en una relación real. La verdad era que era posible que fuera todavía más atento. Era lógico.
Por supuesto que lo sería. Solo mira el asunto con Lily. Tan leal. Aun cuando, al cabo de un tiempo, solo lo movía el sentido del deber.
Si tuviera alguien a su lado, alguien que de verdad sintiera lo mismo por él, una solo podía imaginar cómo sería… ¿por qué diablos estaba solo?
Ay, dios… ¿estaba realmente solo?
Así que la otra mitad de la noche, eso fue lo que la molestó. ¿Acaso había estado con alguien? ¿Tratando de iniciar una relación, y ella había interferido? ¿Se había metido en medio de su posible felicidad? Por Merlín… eso la convertía en alguien deplorable. Y no solo a sus ojos, sino también a los de él. Si. Definitivamente, él la odiaría. Recordó lo que había dicho sobre Jacques la noche del sábado, y había tenido razón. Era horrible meterse en medio de una pareja. Era egoísta. El solo pensar en que él podía verla bajo esa luz, la llenó de ansiedad y perturbó todavía más su descanso.
Él, por otro lado, durmió muy bien. Soñó con ese sexy posterior envuelto en los pantalones mojados blancos. En esos carnosos labios probando de su helado. Sobre cómo ella había elegido su almuerzo pensando en darle un poco a él. La forma en la que había sonreído cuando no le prestó la menor atención a Victoria, prefiriendo enfocarse en ella. Era como si estuviera asombrada de que incluso pudiera suceder, cuando debería ser, especialmente si estaba en una relación, y no solo en esa situación.
Hermione era hermosa y le resultaba absurdo que no parecía creerlo, o que lo escuchara tan a menudo como debería.
Despertó con el embriagador deseo de mirarla. Siempre despertaba antes que ella, así que podía hacerlo por un rato, mientras ella dormía. Y si su pierna estaba de nuevo por fuera de las sábanas, se tomaría un tiempo para admirarla. Sus piernas se veían tan suaves. Nunca las había tocado como para asegurarse. Un poco de deseo despertó en su bajo vientre al pensar en verificar si su suposición era correcta.
Severus se estiró y se sentó en el sofá, todavía despertando, pero lo primero que hizo, fue mirar hacia la cama, esperando verla.
No estaba allí. La cama estaba hecha.
Por un momento, se sintió perplejo, justo antes que la voz de ella, proviniendo desde el alféizar de la ventana en el que él solía sentarse a leer en lo que ella despertaba, lo sobresaltó.
"Severus."
"¡Buen dios, mujer!" Exclamó él, frotándose los ojos, tratando de esconder la sorpresa y el hecho de haber tratado de espiarla mientras dormía, como un asqueroso fisgón. "No asustes así a un hombre tan temprano."
Pero a ella no pareció hacerle gracia la pequeña broma. En realidad, se veía cansada y un poco preocupada.
¿Qué clase de horrores nos esperan para hoy?
"¿Estabas… estabas viendo a alguien, o interesado en alguien, o intentando salir con alguien… algo así… antes que te… propusiera este trato?"
Severus inclinó la cabeza y la miró con curiosidad.
¿De qué se trataba todo aquello? ¿Era posible que estuviera tratando de…?
No. Es ridículo. Ella no tiene otro interés en ti, más que quitarse de encima al Ministerio y sus estúpidas leyes. No te engañes.
"¿Te preocupa que el karma venga a morderte el trasero?" No estaba siendo agresivo, pero había una frialdad en su voz al que Hermione ya había, extrañamente, perdido la costumbre de escuchar. Eso le dolió un poco.
"No te preocupes. Nada estropeará tu plan, al menos no de mi parte." Él se puso de pie y comenzó a doblar las sábanas. "Buenos días, por cierto."
"No es eso, es que yo no… estúpidamente, tal vez fui egoísta, y no pensé en la posibilidad…y no quiero… no quiero ser un impedimento en tu oportunidad de encontrar… algo real… felicidad real. Yo solo asumí que… no estabas interesado en alguien más… por tu historia con Lily… y porque nunca leí nada sobre ti en los periódicos…"
Severus bufó.
"Pero… si hay alguien con quien quisieras intentar una relación, y yo estoy en medio…"
"¿Qué?" Su ladrido no fue tan violento como hubiera sido en otro momento, volteando para mirarla. "¿Me dejarías ir?"
Ella desvió la mirada, no deseando verlo. No quería admitirlo, pero los ojos le ardían. Y no era solo por el miedo de pensar que su plan fracasara y ser unida con algún extraño que la trataría dios sabe cómo, tampoco por la posibilidad de tener que decirles a sus padres la verdad, o terminar pareciendo una fulana que saltó de un chico a otro en un período de tiempo reducido, sin ningún sentimiento real por nadie ni respeto por sí misma. No. No quería perderlo a él… a esa retorcida complicidad y compañía que se estaba desarrollando entre los dos.
"Bueno… no es lo ideal… pero podemos… podemos… arreglarlo… podemos hablarlo."
Severus podía mentir y decirle que había alguien más y liberarse de aquello, pero, ¿obtendría su promoción de todos modos? ¿Y qué le dirían a ese idiota de Reynolds? ¿Acaso terminaría encerrado en Azkaban de cualquier modo? ¿Y ella? ¿Qué le pasaría a ella? Sería avergonzada frente a su familia, como mínimo. Por alguna razón que escapaba a su entendimiento, no deseaba que eso le pasara.
"¿Por qué este repentino ataque de brutal consciencia, mujer? Ya dilo de una vez. Los dos todavía tenemos nuestros propios proyectos, No cambia nada."
Ella lo miró con una expresión extraña. No había contestado la pregunta. No lo admitiría, pero con la consciencia pesada por pensar en la posibilidad de entrometerse en el camino hacia la felicidad de Severus, también vinieron los celos. Celos de pensar que podía estar interesado en alguien más… y que ella no tuviera ni una chance de…
¡YA BASTA!
Severus pasó a su lado cuando se dirigió al baño, sosteniendo su ropa, para cambiarse. "No te fustigues, Gatita." Dijo en tono sarcástico, pero mucho más leve que el que usaba habitualmente. A Hermione le estaba empezando a gustar que la llamara así. "No hay nadie." E ingresó en el cuarto de baño, sintiendo algo extraño en el pecho, algo cálido, provocado por la preocupación de ella por su felicidad. Alguien que se preocupaba por él.
El día prometía ser tranquilo, hasta la noche. Estaba programada una noche de juegos para parejas, y Snape sintió el repentino deseo de ser atacado por alguna dolencia inesperada que le permitiera permanecer en el dormitorio, con algo de fiebre que bien podía curar con alguna poción de las que siempre llegaba consigo, aunque claro, eso tendría que esperar hasta la mañana. Si había aprendido algo sobre Hermione en los últimos días, la chica estaría deseando una situación similar.
Pero hasta entonces, el día prometía ser tranquilo, con solo Jane en la casa, ya que Charles se estaba yendo a los viñedos cuando Hermione y Severus bajaban a desayunar, despidiéndose de Jane con un beso y preguntando si no quería ir con él. La señora respondió con una risa, diciendo que "oh, no, no. Tú eras el que quería hacer esto. Yo estoy felizmente retirada, muchas gracias."
Severus se sentía más cómodo con Jane, así que se ofreció para preparar el almuerzo y darle un respiro a la dama, quien aceptó, pero solo en parte, porque no era una persona que pudiera quedarse quieta por mucho tiempo, así que comenzó a preguntar si podía ayudar con esto o aquello, o si ayudaba a cortar las verduras. Severus pensó que era un poco molesta y sobreprotectora al principio, pero pudo ser capaz de ver que la mujer tenía buenas intenciones y que sus sentimientos eran puros, así que aceptó la ayuda de buena gana. Hermione solo se reía, diciendo que así era su madre, y se puso a ayudar ella también.
Luego del almuerzo, el cual Jane alabó, la Sra. Granger dijo que iría a descansar un rato, para recargar las baterías y estar bien afilada para la noche.
"Compórtense ustedes dos." Dijo en tono juguetón mientras subía las escaleras, en lo que Severus y Hermione lavaban la vajilla.
Severus lavaba y Hermione secaba y guardaba la vajilla. Una vez que terminaron, Hermione se apoyó contra el borde de la mesada, sosteniéndose con las manos.
"Entonces… ¿irás tú también a descansar?" Preguntó ella.
A él no le molestaría ir a leer un poco, pero si se entretenía con un libro, se perdería en la historia, y no quería que eso pasara. Quería estar atento. Atento a ella. A Hermione.
Se estaba haciendo más y más difícil de negarlo, aunque pensara que debía dejar de pensar en ella. Pero lo cierto era que, necesitaba hablar con ella. Todavía quedaba mucho que conocer sobre Hermione Granger. Cosas que ella debía saber sobre él, así no serían atrapados en medio de una mentira.
Hermione estaba preguntando porque quería hablar con él, pasar tiempo con él. Severus la hacía sentir al salvo, segura de sí misma, bueno, al menos era así como sentía estando a su lado frente a terceros. Sentía que él la apoyaría siempre. Era un tipo leal. Pero no sentía esa misma seguridad en sí misma cuando estaba a solas con él. Sentía timidez cuando estaba a su lado, insegura de lo que sentía, y, sobre todo, sobre lo que él sentía. No deseaba detenerlo si deseaba tomar la oportunidad de tomar una siesta, alejarse de ella, estar solo por un rato. No se entrometería.
"Estoy bastante descansado, pero sí tú deseas tomar una siesta, te sigo y me siento a leer un rato. Puedo salir al balcón y darte algo de privacidad. No creo que sea sensato que esté dando vueltas por la casa solo, en caso que tu madre despierte o regrese tu padre."
Ella sonrió, complacida. "No te preocupes. ¿Tal vez podamos sentarnos a mirar un poco la tele?"
"Muéstrame el camino." Respondió él, sonriendo levemente ante la aparente incertidumbre de ella.
¿Acaso era posible que hubiera algo más allí?
No te halagues ni te engañes.
Hermione lo llevó hasta la sala, equipada con unos cómodos sillones y el sofá, además de algunas butacas con otomanos, todo frente a una elegante tele y sistema de sonido. Ella encontró el control remoto y se lo entregó a Severus, para luego sentarse en el amplio y suave sofá. Él alzó una ceja interrogativa, y ella sonrió, secretamente deseando que él eligiera sentarse a su lado, y no en algunos de los otros lugares disponibles.
Severus la miró. Una de dos, o se estaba volviendo por completo loco, o ella se veía absolutamente atrayente.
Se veía bellísima con esos leggings negros y ese top cortito, muy suelto y rosado, que dejaba ver un poco de la piel del abdomen, dependiendo de cómo moviera los brazos. Se veía cómoda, de entrecasa, pero si requería salir, se vería igual de maravillosa.
Se sentó a su lado, después de todo, era el lugar justo frente a la tele. No se acercó demasiado, pero fue suficiente para ella.
Severus encendió la tele y comenzó a pasar de canal en canal, hasta que encontró un partido de fútbol. Se detuvo un momento. Parecía ser que uno de los equipos estaba a punto de hacer un gol.
"¿Te gusta el fútbol?" Preguntó ella, después que la jugada terminara en nada. Él la miró para encontrarla bastante cómoda, con los pies descalzos sobre el sofá y las rodillas contra su pecho. Estaba jodidamente hermosa con ese nuevo corte de cabello, aun cuando no estaba arreglado con esas ondas que había lucido el día anterior, antes que la lluvia lo arruinara.
"Sí, un poco."
"¿De cuál equipo eres fanático?"
"Me inclino hacia Liverpool."
Ella hizo una cara graciosa.
"¿Qué?" Preguntó él con parquedad, arrastrando un poco la sílaba.
"Nada. Es solo que no esperaba eso, teniendo en cuenta de dónde eres." Comentó ella con gentileza.
"¿Y cómo diablos sabes de dónde soy?" Preguntó él divertido.
Ella rio. "Es solo… ya sabes… habiendo visto tus recuerdos, y luego que Harry descubriera dónde habían vivido su madre, y su tía Petunia comenzó a hablar un poco más después de la guerra. Ella se hizo más… amigable…"
"Oh, ¿así que viste mis recuerdos?"
Ella gimió y se cubrió la boca, horrorizada. Él se puso serio y aguardó una explicación.
"Yo… yo… lo siento mucho. Harry me los mostró después de la batalla… ni siquiera sabíamos que habías sobrevivido… sé que fue una horrible invasión a tu privacidad, pero…"
"Así fue, sí, pero ya está hecho." Dijo él con calma, regresando la mirada a la tele. Ella no sabía cómo proceder. No sabía si él, de verdad, aceptaba lo que había pasado, así que solo se quedó mirándolo.
"Mi padre era fanático de Manchester United. Como era natural, deseaba parecerme lo menos posible a él, desde muy temprana edad, así que…"
"Elegiste ser fan de su más acérrimo rival."
Él solo asintió con la cabeza, indicando que estaba en lo correcto.
"¿Te gusta el fútbol?"
"Bueno… no soy del todo indiferente, pero tiendo a ver solo los juegos de la Copa Mundial."
"Oh… así que de verdad te gusta sufrir." Dijo él con una sonrisita.
Ella le dio un empujoncito juguetón, también sonriendo. "Aliento a otro país cuando el nuestro pierde."
"O sea que has estado haciendo eso toda tu vida." Respondió sardónicamente.
Ella solo se rio.
"¿A cuál alientas?" Preguntó él sobre el país que seguía cuando Inglaterra quedaba afuera.
"Usualmente me inclino por los buenos, ya sabes, Brasil, Italia, Alemania…"
"Sabias elecciones." Dijo él, todavía con esa sonrisa.
"O alguno de los que nunca ganan… países africanos en general." Concluyó ella con una sonrisa.
"Comencé a mirar fútbol porque era algo con lo que podía… conectar con mi padre."
La información solo salió de su boca. Él no había preguntado, pero fue fácil decirle eso. Ella quería compartir con él. Esperaba que a él le importara, aunque sea solo un poco.
Severus le dio unas palmaditas en los pies, que estaban sobre el sofá, y la miró con simpatía. "Un noble sentimiento."
"Me regaló algunos lindos recuerdos." Dijo ella, alzando los hombros.
"Eso es bueno. Y te conseguiste un buen hobby." Trató de alentar él. En realidad, no sabía bien qué decir. El padre de Hermione le caía muy mal, pero no quería sonar frío y rudo.
"¿Qué hay del quidditch?"
Él solo encogió los hombros. "Me sé las reglas. Tuve que aprenderlas para reemplazar a Hooch en ocasionales arbitrajes.""
"¿O sea que no lo amas?" Preguntó ella, sonriendo.
"No particularmente. Los jugadores de mis días escolares, eran… muy poco amigables hacia mí, así que el desagrado por ellos quedó asociado hacia el deporte también, supongo. Y ahora que ya no soy jefe de casa y no puedo refregarle nada a Minerva en la cara, ya no me interesa."
La sonrisa de Hermione se hizo más amplia. Ella había desarrollado un intenso desagrado por el deporte porque era de lo único de lo que hablaba Ronald, en especial desde que su hermana comenzó a considerar convertirse en jugadora profesional, en los días en los que todavía salía con él, cuando vivían todos juntos.
"A mí tampoco me gusta mucho, que digamos. Solo le dijo a Ginny que aliento a su equipo, pero…"
Severus rio y luego le entregó el control remoto.
Ella lo tomó como evidencia de mal humor de su parte. "Oh, lo siento. A ningún hombre le gusta que hablen durante un juego. Me quedaré callada, lo lamento."
"No Gatita." Dijo él en tono dulce. Se dio cuenta tarde de la forma en la que se lo había dicho, así que hizo como si no hubiera pasado nada, actuando con naturalidad, aunque se le enfriaron las entrañas de miedo y vergüenza.
"Puedes elegir algo más para ver."
"¿No quieres ver el juego?"
"Ninguno de los equipos me interesa." Respondió él, sonriendo.
Ella le sonrió también y comenzó a buscar algo más para mirar.
El hecho que la haya llamado 'Gatita' con tanta naturalidad no había escapado a su atención, y provocó una sensación de calidez en su vientre, para luego sentir el frío de la incertidumbre.
Encontró una vieja película romántica francesa y por alguna razón, pensó que era una buena idea quedarse en ese canal. Se quedaron mirando por un rato, en silencio. Había una cierta tensión en el aire, pero se sentía bien. Se sentía bien estar allí sentada, en silencio, junto a él. En paz. Hermione nunca se había sentido así, en realidad. No sabía cómo mantenerse tranquila cuando estaba sentada junto a alguien más, porque sentía la necesidad de entablar conversación todo el tiempo, y para algunas personas, era cansador en algún punto. Pero ahora, estar a su lado, en silencio, era lindo, era fácil, como si no necesitara más, excepto, tal vez, apoyar la cabeza en su hombro y el brazo de él alrededor de su cuerpo.
¡Hermione, no!
"¿Es necesario que seamos parte de esos juegos esta noche? Podría hacer que finjamos alguna enfermedad para librarnos…"
Severus decidió hablar porque la pareja en la pantalla estaba comenzando un juego previo muy intenso, y tal vez era buena idea romper con el silencio y distraerse, y evitar el contacto visual con ella hasta que la escena terminara.
Ella se rio. "Si dices que estás enfermo, es más que probable que Nana quiera quedarse cuidando de ti y consintiéndote. Mamá también, aunque ella se mantendría más al margen porque eres casi de su edad."
Severus hizo un bufido.
"Pero siempre quiso un hijo."
"Entonces supongo que es inútil. Incluso si decidiera atrincherarme en el dormitorio, ellos solo cambiarían el día."
"Es lo que es más plausible que ocurra. Hoy vendrán menos personas, así que una cancelación derivaría en un cambio de día, es cierto, pero eso podría provocar que se reprograme para un día en el que podría venir más gente."
"Jesucristo…" Dijo él, poniendo los ojos en blanco.
Hermione se estiró un poco más en el sofá, teniendo cuidado de no poner sus pies en el regazo de Severus, pero logrando acomodarse casi acostada sobre el sofá. Él solo se quedó allí, deseando preguntar si su abuela y su madre habían consentido y tratado tan bien a Jacques, pero se mordió la lengua. Además, ¿para qué quería saber eso? Obviamente, todavía toleraban al imbécil. Y lo cierto era que no sería igual con él, porque una vez que se fuera, una vez que lograran conseguir un rápido divorcio, ya no lo verían más… Al no tener un vínculo con la familia… al no tener ninguna familia en lo absoluto, solo desaparecería, sin más, y volvería a estar solo completamente.
Tal vez soportar una noche de juegos no era tan terrible, después de todo.
"Cuando estás en casa, ¿siempre andas vestido con jeans y camisa?" Preguntó ella, viéndose divertida y bien acomodada en el ángulo del reposabrazos y el respaldar de la parte más alejada del sofá.
Él la miró, alzando una ceja. "Cuando estoy en casa, no, pero de ninguna manera voy a andar solo vestido con un pantalón de ejercicios frente a ti o tus padres."
Ella se rio con picardía, pero tuvo una inesperada oleada de vergüenza al imaginarlo con el torso desnudo. Esa era una imagen que no le molestaría ver a diario. Para nada.
Siguieron mirando la película por un rato más, hasta que escucharon que alguien entraba en la casa.
"¿Jane? ¿Amor?"
Escucharon a Charles llamando a su esposa y los dos se miraron de inmediato, atónitos por el temprano retorno del hombre a casa.
Al parecer, los dos pensaron lo mismo. Que no se veían como una pareja convincente, cómodamente mirando una película, sentados en el sofá, y si había alguien a quien debían convencer de la validez de su relación, ese era Charles.
Al unísono, Severus se movió más cerca de Hermione y ella se sentó más derecha. Lo más cerca que lograron, fue con los pies de ella descansando en los muslos de él. Cuando escucharon al hombre acercarse a la sala, atraído por el sonido de la tele, Severus tomó uno de los pies de la chica y comenzó a masajearlo. Ahí estaba. Eso se veía natural, ¿no?
Los pies de la castaña eran tan suaves y delicados, con esas uñas pintadas de un color claro. Severus descubrió que disfrutaba acariciar ese pie. De hecho, disfrutaba escuchar los sonidos de placer que ella emitía por sus caricias. Deseó poder lamerle los dedos.
Ella soltó un suave gemido sin darse cuenta. Se había sentido muy a gusto incluso antes que empezara a masajearla de verdad, tan relajante. Las manos de Severus eran suaves y firmes. ¿Qué otras partes de su cuerpo podría acariciar con tanta habilidad? La necesidad de descubrirlo, de dejar que él la explorara completa, parecía incrementarse exponencialmente.
Hermione estiró un brazo y comenzó a acariciar la nuca de Severus, deslizando los dedos entre su cabello, soltando la cola de caballo, disfrutando la suavidad de su sedoso cabello, masajeando su cabeza con la punta de sus dedos. No era para simular frente a su padre. Por un momento, ella olvidó que estaba a punto de asomar la cabeza en la sala. Ella solo quiso hacerlo.
Deseaba retribuir sus caricias. Y había mucho más que deseaba hacer.
"Ah, hola." Dijo Charles al pasar por la puerta. La escena que presenció lo dejó observando con admiración.
"Hola pa."
"Charles." Dijo Severus, sin calidez, pero con respeto.
"¿Y mamá?" El hombre seguía mirando a la pareja, atónito.
"Está arriba, tomando una siesta."
Charles se retiró para ir en busca de su esposa, pero miró atrás una vez más, antes de desaparecer por completo. Pero los dos siguieron con las caricias.
Y continuaron mientras miraban la película, sin darse cuenta, aunque estaba solos de nuevo. Se seguían diciendo a sí mismos que lo hacían por si alguien más aparecía, y como ninguno de los dos protestó, asumieron que sentían igual. Pero lo cierto era que, simplemente, lo estaban… disfrutando.
Severus sintió un estremecimiento en la columna cuando ella comenzó a acariciarle el cabello y el cuello, y pensó que sí, disfrutaría del momento, mientras durara, antes que tuviera que regresar a su siempre solitaria existencia.
De verdad, una noche de juegos no sonaba tan mal.
N/T: Parece que alguien empieza a sentirse más cómodo y abierto a nuevas experiencias, ¿eh?
