Capítulo 15

Hermione despertó como entre brumas, por lo muy profundamente que había dormido.

El aroma de él aún estaba presente en su nariz y no lograba entender por qué.

Lentamente, comenzó a abrir los ojos y soltar la almohada, a la que todavía se aferraba, y vio que aun llevaba puesta la ropa del día anterior.

El aroma de Severus estaba impregnado en su ropa. Sobre ella.

Sonrió. Y de pronto, recordó todo. Cómo había estado acurrucándose contra él toda la noche, como habían estado tan en sincronía, pateándole el trasero a todos como si fueran pareja desde siempre y pudieran leerse mutuamente sin problemas.

No recordaba cómo había llegado al dormitorio. Solo recordaba estar muy cansada. Pero ahora, estaba muy descansada.

Se sentó en la cama. La habitación estaba oscura aun, pero podía ver un haz de luz que entraba a través de las cortinas de la ventana con el alféizar.

Severus no estaba en el sofá, pero las cortinas de la ventana con puertas francesas, la que daba al balcón, estaban un poco corridas.

Hermione salió de la cama, y, con lentitud, porque todavía estaba un poco somnolienta, fue hasta esa puerta. Observó por la rendija que dejaban las cortinas y lo vio sentado afuera. Parecía estar admirando el paisaje mientras bebía una taza de café. Todavía estaba en ropa de dormir.

Hermione abrió un poco la puerta y se escurrió por el estrecho pasaje, sin pensar en que su cabello seguramente era un lío y que aún no se lavaba la cara.

"Buenos días." Dijo él sin darse la vuelta. Bebió un poco más de su café. Había salido de la habitación con la magra intensión de desviar sus pensamientos de ella, para no observarla dormir, justo como deseaba hacer.

"Traje un poco de café para ti." Dijo apuntando a la taza que estaba sobre la mesa. Ella, de pie junto a la misma, hizo ademán de tomar la taza.

"Cuidado, tiene un hechizo para mantenerla caliente."

Ella levantó la taza igual. "Gracias." Masculló. "Buenos días."

Severus había estado admirando el paisaje campestre, sentado a la sombra provista por el pequeño alero del techo del balcón. El murete de piedra que rodeaba el espacio, le impedía ver el patio trasero de los Grangers, y cualquiera que pudiera estar en él para verlo.

Alzó la mirada hacia ella mientras la chica bebía de su café. Repentinamente, le nació una sonrisa cálida y suave, al ver el rostro todavía un poco hinchado por el sueño y el cabello sencillamente amotinado.

"Por favor, sin comentarios sobre lo horrible que me veo." Dijo ella, sentándose en la silla opuesta a la de él.

Severus no pensaba que se veía horrible, para nada. Solo dejó escapar una risita cómplice.

"Así que fuiste hasta abajo a buscar café en piyama. Por fin." Comentó ella con una sonrisita.

"Si. Pensé que no habría nadie despierto después de lo de anoche, así que sería seguro."

"¿Y había alguien?"

"Pues sí. Vi a tu padre terminando el desayuno antes de ir al viñedo. Pensé que se suponía que estaba retirado, tan solo haciendo dinero fácil. ¿Qué hay con eso?"

Hermione se rio con acidez. "Es que no se puede quedar quieto."
Snape rio también.

"¿Acaso… acaso me quedé dormida encima de ti anoche? ¿Tuviste que traerme a la cama?" Preguntó con un poco de timidez.

"Sí… y sí." Contestó él, bebiendo más café, fingiendo indiferencia.

"¡Lo lamento tanto! No había dormido bien y… bueno, pudiste haberme despertado para no tener que cargarme."

"No me molestó hacerlo, calma mujer." Todavía era capaz de mantener una expresión imperturbable. Ella solo sonrió con calidez.

"¿Y cuáles son los planes para hoy?" Preguntó él y se las arregló para imprimirle a la pregunta un poco de molestia que en realidad no sentía.

"Bueno… había pensado que tal vez…" Miró a la lejanía, como si pudiera ver algo más allá de lo que daba la vista, y continuó en voz más baja. "… tal vez es un poco raro que estemos en Provenza, y que seamos una pareja enamorada, pero no hemos ido a ninguna parte solos."

Es, en verdad, era algo para considerar, pero lo cierto era que Hermione había pensado en esa excusa para convencerlo. Solo deseaba pasar el día con él, a solas, y tal vez, divertirse un poco, como el día en el que escaparon del yate.

"Bueno, está el día que pasamos luego de bajar del yate." Señaló él, deseando de inmediato golpearse la cabeza contra la pared, temiendo que ella lo notara demasiado frío y distante, y se retractara.

"Si… pero no es lo mismo… Ellos ni siquiera saben qué pasó. No fue algo que planeáramos, ¿sabes?"

"Claro." Genial. No se había retractado. El corazón de Severus comenzó a golpear con más fuerza por el alivio, pero trató de apaciguarlo. "¿Y a dónde quieres ir, entonces?" Una de las esquinas de su boca estaba ligeramente elevada cuando bebió lo que le quedaba de café.

"Bueno… yo… yo nunca he estado en Mónaco. Estaba pensando que… tal vez…" Finalizó alzando los hombros, un poco insegura.

"Muy bien, Gatita. Mónaco será entonces." Dijo él, aunque se le heló la sangre por un instante, temiendo que ella se diera cuenta cómo la había llamado y preguntara por qué, ya que no había nadie alrededor que lo justificara, pero Severus no había podido detenerse.

Hermione se duchó y vistió. Luego lo hizo Severus.

Él tenía la idea de que todo y todos en Mónaco eran elegantes, así que se puso sus mejores pantalones y camisa negra, de vestir.

Eso debía ser suficiente. Tal vez ponerse la chaqueta que completaba el traje muggle era demasiado.

Ella salió del baño viéndose maravillosa, vistiendo un vestido color verde musgo, que se abotonaba en el medio, hasta los tobillos, sin mangas, con un discreto escote, ajustado solo hasta la cintura, desde donde era más suelto. También llevaba puestas unas sandalias con plataformas, con tiras en los tobillos.

Severus tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no comérsela con los ojos y comentar sobre lo increíble que se veía, o que se le escapara un gemido ante esa visión.

Bajaron para desayunar y encontraron a Jane ya de pie y ocupada. No había tenido tiempo de prepararles el desayuno apropiadamente, como le gustaba hacerlo para ellos.

"No hay necesidad, mamá. Tenemos planes para hoy. Hoy te dejaremos tranquila para que descanses." Dijo Hermione sonriendo.

"Oh, ya sabes que no me molesta, para nada, cariño. Me encanta que los dos estén aquí. Pero es muy bueno que tengan planes para pasarla a solas. Hay tantos lugares hermosos y románticos por aquí para visitar." Comentó Jane. "¿Dónde planean ir?"

"Parece que Gatita tiene su corazón puesto en Mónaco." Observó Severus y se puso a hacer unas tostadas para no recargar a Jane con sus comidas.

"Oh, ¡qué maravilloso! ¿Necesitarán el auto?"

Severus miró a Hermione desde la tostadora con una ceja alzada, pero ella no le mantuvo la mirada por mucho antes contestarle a su madre. "Sí, si puedes prestárnoslo por un rato. De otro modo, tomaremos un taxi o el tren, o lo que fuera."

"Claro que no. Lleven el vehículo. Las llaves están en el bol junto a la puerta."

"De acuerdo ma, gracias. ¿Tienes un sombrero que vaya con lo que tengo puesto? Afuera hay mucho sol y hace mucho calor."

"¡Por supuesto! Creo que tengo el sombrero justo. Iré a buscarlo." Jane corrió escaleras arriba.

Severus no dijo nada sobre la locura que creía que era que fueran conduciendo hasta allá, así que solo siguió preparando el desayuno para los dos.

"¿Puedo ayudarte en algo?" Preguntó ella.

"Bueno… como me contaron que no podías cocinar, puedes vigilar la tostadora mientras preparo unos huevos revueltos." Dijo él con una sonrisa pícara y ella solo rodó los ojos y arrugó la nariz. "Es bastante fácil. Solo tienes que poner dos rodajas más cuando las que están adentro salgan."

"Ja. Ja. Que gracioso eres, bastardo." Dijo ella, pero con un gran buen humor, acercándose a la tostadora mientras él sacaba algunos huevos del refrigerador.

Severus preparó huevos revueltos para los dos y para Jane, quien aún no comía. Luego dejaron la casa en el auto de la señora, con Hermione al volante.

"No te enfades Sev." Dijo ella, toda sonrisas. "Dejaremos el auto en alguna arte y nos apareceremos por el resto del camino. Solo quiero estar… segura, y no suscitar preguntas de nadie… en especial de mi padre."

Severus no dijo nada más. Solo se quedó mirando la carretera, sintiendo algo cálido dentro de él, porque era la primera vez que lo llamaba Sev, sin estar en presencia de alguien más.

Dejaron el vehículo cerca de un viñedo, no el de la familia, por supuesto, y pusieron un hechizo de ocultación, por si acaso. Luego fueron hasta el medio de un bosque cercano, y se aparecieron, reapareciendo en una calleja desierta, en los alrededores de la catedral de Mónaco. Por fortuna, nadie los vio o necesitó ser obliviado.

Se tomaron su tiempo para visitar la catedral y admirar la arquitectura.

Jane les había dado su cámara y les había pedido que tomaran muchas fotos. Los dos pensaban que no haría daño que tuvieran algunas fotos, para mostrarle al idiota del Ministerio, así que tomaron de cada lugar que visitaron, además de pedir a otros turistas o viandantes que les tomaran fotos de la pareja, por supuesto, con Severus envolviendo la cintura de Hermione con el brazo, por detrás. Los dos disfrutaban mucho del contacto, aunque ninguno dijo nada.

Severus, incluso, se animó a depositar un tierno beso en su mejilla, cerca del oído, mientras les tomaban las fotografías.

A ella le pareció una foto perfecta y, además estaba segura que la deliciosa sensación que viajaba por sus venas, sería combustible para sus sueños y fantasías.

Tuvieron tiempo para recorrer las calles y admirar la arquitectura de muchos edificios hasta que se detuvieron para almorzar. Pero Severus se sentía un poco incómodo desde que llegaron. Se podía percibir la riqueza en el aire, y el hecho que estar seguro que él no pertenecía o encajaba en ese lugar, le pesaba.

Era como si todo el mundo supiera que él no pertenecía a ese lugar, y que lo miraban por esa razón. Le recordaba a esas reuniones de mortífagos, donde, incluso después de haber alcanzado la cima y era reconocido por el Señor Tenebroso lo considerara invaluable, muchos de ellos todavía lo consideraban poca cosa. Esa semana, en casa de los Grangers, era cierto, viendo la casa y lo que era la propiedad, pero se las había arreglado para aguantarse la incomodidad, en especial porque la mayor parte de la familia era muy buena con él, con sinceridad, pero ahora, en ese lugar, era muy difícil de ignorar. La sensación había estado incrementándose, al igual que su sentimiento de auto desprecio.

La incomodidad no tenía nada que ver con Hermione ni con el hecho de aparecer en como tortolitos en las fotos, con él rozando su cuello con la nariz, tomando dulce ventaja de la situación.

Por supuesto, ella notó lo taciturno que estaba y, de inmediato, pensó que ella era la culpable.

Mientras comían su almuerzo, ella estaba sentada frente a él, juntando coraje para preguntarle.

"¿Sucede algo?"

"¿Hmmmm?" Dijo él distraído, masticando despacio.

"No te ves… muy complacido. ¿No te gusta la comida? ¿Estás aburrido de ver lugares bonitos? ¿O es mi compañía la que te molesta?" La última pregunta fue acompañada con una sonrisa.

"No. Nada de eso."

"¿Entonces?"

"No es importante"

"¿Soy yo? Puedes decirme, no me ofenderé." Fingió sonreír, esperando que fuera suficiente para ocultar la tristeza que la invadió repentinamente.

"No. Es… es este lugar. Es obvio que no pertenezco a este lugar, y siento como si todos lo supieran y me están viendo."

"Oh."

"Te dije que no era importante." Tomó un bocado de su carne.

"No. Ahora entiendo. Pero, créeme, si te están mirando, es porque te ves muy guapo." Dijo ella, sonriéndole.

Él se dejó de masticar por un momento y la miró a los ojos. Los ojos de Severus parecía que la perforaban y llenos de algo como… algo que no lograba descubrir, y que hizo que se sonrojara furiosamente. Él estaba por completo sorprendido porque ella pensara que él era encantador y guapo, lo suficiente como para que la gente lo mirara.

"Como sea, ¿por qué tienes que sentirte así?" Hermione trató de seguir adelante, abrumada por la vergüenza y el incómodo silencio. "¿Por qué no puedes sentirte como James Bond, por una vez?" Preguntó ella, recordando que a él le gustaban esas películas y, probablemente, también los libros.

Él se rio.

"¿No filmaron algunas de las películas aquí?"

"Sí."

"Bueno, ahí lo tienes. Y tú fuiste un espía." Sonrió ella, y él solo siguió con la risita socarrona. "Y, además, estás vestido para la ocasión."

"Ser un espía no era así de glamoroso." Fue todo lo que Severus pudo decir, de nuevo, sorprendido por sus cumplidos.

"Lo sé, pero existen las fantasías, Severus. Deberías intentarlo alguna vez. Es un gran escape para tu mente y para olvidar por un rato las preocupaciones. Es como leer."

Hermione cortó su carne, sin mirarlo mientras hablaba, para no tener que justificar sobre las cosas de las que quería olvidar o de las que quería escapar. Probablemente, él ya podía imaginarlo, de todos modos. De hecho, sabía mucho sobre el tema.

Después de almorzar, fueron al Casino de Montecarlo. En cuanto entraron, los dos se quedaron mirando lo espectacular de la arquitectura interior del lugar, con esos techos altísimos, con arcadas ornamentadas adornándolos, los lujosos candelabros y la chispa de la excitación que vibraba en el aire.

"¿Ya te sientes como James Bond?" Preguntó ella, parada junto a Severus.

Él soltó una breve y grave risita.

"Ven, vamos a apostar."

"¿Tienes ganas de perder dinero?"

"¡Oh, vamos! No es divertido venir hasta aquí y no apostar. Puedo ser tu chica Bond y soplar los dados para ti, o lo que sea. Ya sabes… para la suerte."

Severus había estado mirando al frente mientras ella hablaba, admirando el lugar, la atmósfera, la gente, pero cuando a Hermione se le escaparon esas palabras, la miró de hito en hito, parados uno junto al otro, con la ceja alzada, deslizando su mirada sobre el femenino cuerpo una y otra vez.

"Sé que no me veo como una de esas chicas Bond, lejos de eso, pero tendrás que arreglártelas con lo que hay." Dijo ella, tratando de sonar como que bromeaba, pero tratando de ocultar sus inseguridades y su baja auto estima, y el cabal miedo de saber lo que él piensa de su apariencia.

"Oh, yo creo que te ves perfecta para ser una chica Bond, Gatita." Se atrevió a decir él. "Pero creo que solo dedicarte a soplar los dados, sería un lamentable desperdicio de talento."
Ella quedó casi boquiabierta por la sorpresa, y él rio, pero luego, ella comenzó a reírse, dándole una palmadita en el brazo. A Severus no le importó el agresivo contacto, para nada.

"El único problema es…"
Hermione sintió que se iba el aire cuando él comenzó a mirarle las piernas.

"Las chicas Bond, por lo general, muestra la piel. Deberías tener puesto ese vestido que te pusiste el domingo, que dejaba ver tus increíbles piernas." De nuevo esa sonrisita ladeada, mientras movía los dedos sobre un lado de la cadera y muslo de ella.

Ella lo sintió y se sonrojó, no solo por sentir su mano en su pierna, sino también por el halago, por el hecho de haber notado el vestido y sus piernas. La verdad era que no sabía qué decir.

"Ven, Pussy Galore*, consigamos algunas fichas." Dijo él, y ella volvió a reírse y a darle una palmada, mientras se iban juntos a la taquilla para cambiar dinero por fichas.

"¡Pícaro desgraciado!" Dijo ella, todavía riendo, apresurándose a seguirle el paso. Al hacerlo, sin pensarlo, lo tomó de la mano. Por un momento, los dos se quedaron helados, al darse cuenta de lo que había pasado.

Ella estaba a punto de retraer la mano y dar alguna excusa tonta, cuando él cerró los dedos alrededor de los de ella, y siguieron caminando juntos, como si fuera lo más natural del mundo.

Severus no cambió demasiado dinero, apenas un poco por encima del mínimo. Luego se alejó de la taquilla con la chica a su lado.

"Bueno, ¿a qué jugarás?" Preguntó llena de alegría.

"A los dados."

"¿Dados? Pero Bond siempre juega al póker." Respondió ella con alegría, de nuevo tomando la mano de él, luego que Severus tuviera que soltarla brevemente para tomar su dinero del bolsillo y cambiarlo por fichas.

"Si quieres soplar los dados, eso es lo que harás, Gatita." Dijo Severus con una sonrisa, mientras la llevaba de la mano hacia la mesa de Pase Inglés.

El casino apenas estaba abriendo y mucha de la gente solo lo visitaba para observar el edificio, el lugar, no para apostar realmente, así que pronto fue el turno de Severus para jugar. Tomó los dados, los sacudió en la mano y luego los acercó a los labios de Hermione.

Ella rio y lo miró con un poco de timidez.

"Vamos. Sopla."

Ella lo hizo y él apostó y lanzó los dados, obteniendo un siete. La banca pagó y fue el turno de otro jugador.

"¿Estuvo bien?"

"Si. Siete u once en la primera son muy buenos. Dos, tres o doce, no."

"¿Y el resto?"

"Pueden ser buenos, depende."

Habían pocos jugadores, así que pronto fue el turno de Severus nuevamente. Tomó los dados, los sacudió y los ofreció a Hermione para que soplara. Lanzó un cinco, pero el punto estaba justo en ese número, así que ganó una nueva oportunidad de lanzar. Volvió a tomar los dados y los acercó a los labios de la joven otra vez

"Necesitamos un cinco." Le dijo y ella le sonrió con complicidad antes de soplar los dados.

Ella solo sonrió porque él dijo necesitamos.

Salió un cinco, y la banca pagó a Severus. Hermione festejó.

"Así que, ¿hay otros números que sean dobles?"

"Sí, hasta que salga un siete."

"Ok. Creo que empiezo a entender."

Después de tres rondas ganadoras, los demás jugadores perdían o no ganaban tanto, renunciaron a ser lanzadores, prefiriendo apostar sobre Severus.

El hombre siempre lanzaba los dados correctos, después que Hermione soplara los dados, y ayudó a varios a ganar un poco de dinero.

Severus mantenía sus apuestas pequeñas, por si acaso perdía, la pérdida no sería tan grande. Así, lentamente, habían acumulado una buena suma.

Un caballero se acercó a Severus y le dijo en francés. "No dejes ir a esta chica," entre los vítores de otra victoria. "Es un amuleto de buena suerte."

"Deberías casarte con ella." Comentó otro jugador, ebrio, en francés.

Severus sostuvo en alto la mano de la chica con una sonrisa pícara, mostrando la sortija que había puesto en su dedo. "Ya me adelanté." Contestó en francés, provocando una risita y un sonrojo en Hermione.

Estaba comenzando a apreciar el francés otra vez, pero solo porque lo estaba escuchando de un buen hombre y su sedosa y bella voz.

Severus lanzó un ocho y debía lanzar otro. Le dio los dados para que los soplara, y por primera vez, no sacó un ocho. En lugar de eso, salió un seis. Esta vez no hubo aplausos, y Hermione se puso aprehensiva.

"¿Qué pasó? Lo lamento…"

"Tranquila, todavía estamos en el juego"
Él volvió a sacudir los dados y ella sopló una vez más, y salió un cinco. Hermione estaba decepcionada, pero Severus seguía sonriendo, en su muy discreta y tímida manera.

Otra vez, sacudió los dados con una mano y los puso frente a los labios de ella, mientras se acercaba a su oído.

"Sóplalos bien, Gatita. Sopla con ganas."

Ella sintió que el cuerpo le temblaba un poco y soplo los dados, pero dejando un suave beso en los nudillos de Severus. Él alzó una ceja y le obsequió esa sonrisa de lado. Lanzó los dados y salió un ocho.

Todo el mundo festejó.

Decidieron parar mientras tenían la ventaja, y Hermione estaba fascinada mientras caminaba a su lado hacia la salida. No se atrevió a volver a tomarlo de la mano, sintiéndose muy cohibida para hacerlo y sobre lo que él pudiera pensar, o ella misma, que eso significaba.

Una vez fuera del casino, él preguntó. "¿Dónde vamos ahora?"

"Hmmmm… ¿qué tal el museo oceanográfico?"

"Muy bien. Yo invito." Contestó Severus, sonriendo mientras se ponía las gafas oscuras otra vez.

N/T: No soy muy ducha en los juegos de azar, así que, si hay algún error en la traducción de la descripción del 'Craps' o Pase Inglés, por favor, háganmelo saber.

*Pussy Galore es un personaje de las novelas, y una peli, de James Bond. Fue la chica Bond en Goldfinger, de 1964, interpretada por Honor Blackman. Pussy, además de la connotación sexual, refiriéndose a los órganos sexuales externos femeninos, también significa 'Gatita'.

El sábado 29 de Mayo, fue el cumple de la autora de esta historia, DC_Fitzpatrick, por eso el capítulo doble. ¡Feliz cumple!

TONYA: Pronto, prontísimo, habrá algo de eso. ¡Saludos!

NotaWriter: Acá hay uno nuevo, jejejejejjeje. Ojalá pudiera escribir así. Ninguna de las historias publicadas en este perfil son propias. Solo son traducciones. No tengo la capacidad para escribir como lo hacen las autoras de las historias que traduzco. Espero no decepcionarte. :)