Capítulo 16
Tuvieron tiempo de visitar el palacio y el museo.
Severus, fiel a su palabra, pagó por la entrada de ella con el dinero que había ganado en el casino, pero todavía le quedaba suficiente.
Pero para ese dinero, tenía otros planes.
No se mostraron muy impresionados con el palacio y sus jardines. No era que las vistas no fueran hermosas, pero los dos habían visto mucho de lo mismo en Londres. Hermione disfrutó mucho del acuario y del museo, con esos esqueletos de ballenas pendiendo sobre sus cabezas, mientras leía cada pequeña información disponible, pero Severus, por su parte, no hacía más que prestar atención únicamente a lo muy hermosa que ella se veía bajo la azulada luz submarina que la iluminaban desde los tanques a su alrededor.
Regresaron a casa de los Grangers cuando ya era de noche, pero no tan tarde como para que el gruñón Charles ya hubiera cenado, así que se sentaron todos a cenar, y la pareja más joven contaban todo lo que vieron ese día en Mónaco. Jane se puso a mirar las fotografías y estaba muy contenta con ellas, eligiendo junto a Hermione cuáles serían para imprimir y enmarcar, para su casa y la casa de Severus y Hermione, imaginando que ya vivían juntos o que pronto lo harían.
A Charles no le gustaba que Severus haya estado apostando. Eso no era nada sabio y podía llevarlo fácilmente hacia una vida de adicción, y que no apreciaba que el futuro esposo de su hija, quien ya ganaba menos dinero que ella y que era su subordinado, malgastara el dinero de esa forma. No lo dijo con tantas palabras, pero Severus sabía exacto lo que pensaba.
Pero eso no le quitó la alegría y la comodidad que ambos sentían, la alegría, de parte de Hermione, por supuesto.
Luego de la cena, se retiraron y todavía estaban riendo, sonriendo en el caso de Severus, y comentando entre ellos sobre lo que habían hecho en el día, recordando tal vez, antes que Severus le cediera el primer turno en la ducha a ella.
La castaña salió del cuarto de baño cubierta por una bata, que ocultaba el camisón, y él de inmediato entró para ducharse.
Hermione aun no deseaba ir a dormir.
Quería hablar más con él. Toda la noche, si fuera posible, así que se sentó en uno de los sillones frente al sofá en el que él dormía, con un libro escogido al azar en la mano, para simular que estaba leyendo, esperando que él también quisiera sentarse y hablar más con ella cuando saliera de la ducha.
Pero él estaba tardando más de lo que usualmente lo hacía. Tal vez así le parecía porque lo estaba esperando ansiosamente esta vez. O tal vez era porque se estaba masturbando. ¿Era demasiado pensar que era posible que lo estuviera haciendo pensando en ella? Él le había hecho cumplidos durante el día. Aparentemente, él había estado observándola desde el domingo. O al menos había notado algo de ella ese día… el vestido… tal vez podía pensar en ella en la ducha y…
Comenzó a imaginar su enorme y fuerte mano, deslizándose sobre su largo y grueso miembro… pensando en ella… imaginando sus maravillosas piernas, como él mismo había comentado, enredándose en su cintura, imaginando lo caliente que estaría. Seguro estaba empapado, con el agua corriéndole por la espalda, sobre todo su cuerpo, mientras se tocaba y gemía su nombre, llamándola Gatita, sosteniéndose con una mano contra la pared. Comenzaría a masturbarse con más intensidad, con el orgasmo aproximándose, con los músculos contrayéndose, mientras eyaculaba pensando en ella.
Ahora, ella estaba roja como un tomate, con la respiración un poco acelerada, con solo pensar en eso.
Sacudió la cabeza, pensando que era una tontería, obligando a su deseo sexual a calmarse, antes que él saliera y la encontrara así.
Pero lo que ella no sabía, era que lo que había estado imaginando con tanto ahínco, era exacto lo que estaba ocurriendo en la ducha.
Severus salió de la ducha esperando encontrarla ya en la cama, y se sorprendió al verla observándola desde uno de los sillones.
"Hola." Dijo ella con una sonrisa, sentada con los pies bajo su cuerpo.
Él logró milagrosamente esconder su sorpresa y la vergüenza de haber tenido el más maravilloso orgasmo pensando en ella.
Fue hasta el sofá en donde dormía y se sentó allí, viéndose demasiado estoico para el gusto de ella. Era como él se protegía de todo, incluida la vergüenza, pero es que se veía tan atractivo con el cabello húmedo…
Severus se pasó los dedos por el cabello, acomodándolo hacia atrás, mientras lo secaba mágicamente.
Y ella pensaba que eso era lo más ardiente que había visto.
"Así que… estaba pensando… ¿qué harás con el resto del dinero que ganaste?" Estaba tratando de hacer conversación.
Él alzó los hombros, con los labios hacia abajo, como diciendo, 'ni idea'. "Compraré algo."
"Ah, ¿sí? Eso es revolucionario." Remarcó ella sardónicamente, pero sin dejar de sonreír. "Pero, ¿qué es lo que vas a comprar?"
"¿Qué no sabes que la curiosidad mató a la Gatita?" Dijo sonriendo mientras se recostaba contra el respaldar y apoyaba allí también los brazos.
Ella rio. No deseaba que la conversación finalizara, y tenía tantas curiosidades que podía utilizar para continuarla.
"¿Crees que utilizarán veritaserum conmigo? Eso sí que era un motivo real de preocupación, y algo que la había estado molestando, incluso más, ahora que tenía esos sentimientos tan confusos hacia él. Confusión, mucha confusión. Y no tenía idea de lo que podría llegar a salir de sus labios si le preguntaban por él, porque ya no era capaz de reconocer su propia percepción de la verdad. Ya no.
"Ya hemos pasado por esto. Sería inútil para ellos. Yo puedo luchar contra los efectos, ¿quién puede decir que tú no? Además, la sola idea es ridícula."
"Bueno, pero también es ridículo pensar que serían capaces de forzar a la gente a casarse, pero lo hicieron."
"Pero… es contra la ley…"
"¡Ellos regulan la jodida sustancia!"
Severus se quedó mirándola en silencio.
"¿Tienes… tienes un poco contigo?" Había pensado en eso antes, pero no había confiado tanto en él como pedirle algo así. Tal vez ahora sí confiaba en él. Y tal vez, él tenía un poco consigo, como el hábito de un otrora espía.
"¿Estás loca mujer?"
"¿Qué? ¿Cuál es el problema? La posesión no es un delito."
"Pero usarlo sí que lo es. ¿Qué es lo que quieres que haga?"
"¿Tienes?"
"Por supuesto que sí. Soy un maestro pocionista. Llevo conmigo cualquier cosa que me pueda resultar de utilidad."
Ella se sintió un poco avergonzada, dándose cuenta que era jefa del departamento de pociones y no llevaba todas las pociones que debería.
"¿Me enseñarás a resistirlo?"
"Eso lleva tiempo. También debes aprender técnicas de oclumancia. Y te repito, no lo usarán contigo, mujer."
"¿Puedes afirmarlo con absoluta certeza?"
Severus inclinó la cabeza y achicó los ojos por unos instantes.
"¡Lo ves!" Protestó la joven. "No sería malo estar alerta. Soy la hechicera más brillante de mi generación, quiero que lo recuerdes." Dijo ella con una sonrisa. "Soy perfectamente capaz de aprender las cosas bastante rápido." Él todavía la miraba con los ojos entornados.
"¡Al menos debo saber cómo se siente! No siquiera sé eso. No lo he experimentado, solo he leído al respecto."
"Te has propuesto verme en Azkaban, ¿no es cierto?"
"¡No! Nadie lo sabrá. El efecto pasará en, ¿qué? ¿Una hora?"
"¿Y confías en mí para que esté cerca de ti cuando estés bajo los efectos de la poción?" No tenía malicia en la mirada, ni estaba haciendo un gesto sarcástico. Solo había una especie de brillo de sorpresa… incluso podía llamarse… alegría, al saber que ella confiaba en él.
"Bueno… sí, claro…" Dijo ella con timidez. "Quiero decir, no tengo ningún secreto oscuro que ocultar. La mayoría de las cosas que me molestan, ya las conoces, ya sea porque te las conté o porque lo has leído en los tabloides… y… tienes que saber todo de mí, ¿no?"
Había solo una cosa que le preocupaba, que pudiera pensar, y era lo que diría si él le preguntaba qué pensaba de él. Sabía que no lo odiaba ni le resultaba repulsivo, así que lo que saliera de su boca no lo lastimaría, pero, ¿qué diría? ¿Qué era, exactamente, lo que sentía? No lo sabía, pero deseaba saberlo. Si confesaba… bueno, tendrían que conversarlo y lidiar con ello como los adultos que eran. Todo estaría bien, ¿no? Él no la humillaría, no ahora, aun si él no sentía igual. ¿No?
"Además… sé que no me humillarás, estoy segura." Otra vez la sonrisa tímida.
Él se sintió abrumado por la confianza que ella le tenía. Nunca, nadie, había confiado así en él, no que él supiera, al menos. Se sentía bien. Los labios se le curvaron hacia arriba un poco. "Bueno, al menos será entretenido."
Se puso de pie y fue hasta el armario, y ella rio y aplaudió suavemente, con excitación. Él rebuscó en una bolsita, la misma que ella había visto al fondo del armario. Estaba hechizada parra que ningún muggle pudiera encontrarla y revisarla. Regresó con un frasquito conteniendo un líquido transparente, casi como agua.
Hermione se acobardó un poco cuando lo vio acercarse y el vientre se le enfrió.
"¿Estás segura de esto?" Preguntó Severus, de pie junto a ella. Él olía tan bien, que Hermione se sentía cómoda cuando estaba envuelta en ese aroma.
Asintió lentamente y lo miró.
Él destapó el frasco y sostuvo la barbilla de la joven, inclinando su cabeza hacia atrás y ella abrió la boca. Severus depositó tres gotitas sobre la lengua.
De inmediato, Hermione sintió una oleada de sangre que puso su cuello y oídos rojos como frutillas y calientes, muy calientes. Y enseguida, esa tremenda necesidad de hablar, de decir lo que fuera, sobre todo y todos, la llenó.
"Hueles tan rico." Dijo antes que él pudiera alejarse de ella. Severus inclinó la cabeza, y una sonrisa estiró sus labios, mientras soltaba la barbilla de la castaña y volvía a tapar el frasco con la poción.
"Bueno… gracias… creo. ¿Cómo te sientes?"
"Como si quisiera hablar un montón, sobre todo." Dijo ella casi sin respirar.
"Así que no es muy diferente de tu personalidad habitual." Con una sonrisa se dio la vuelta para guardar el frasco en su lugar.
"Eres gracioso, ¿lo sabías?" Ella siguió parloteando, con una sonrisa pegada en el rostro.
De nuevo, él no supo cómo reaccionar al comentario.
"Bien. El primer ejercicio: trata de luchar contra la compulsión. No hables. Respira profundamente, vacía tu mente, quédate muy quita y callada."
Ella asintió y respiró. Dentro. Fuera. Era difícil, pero se podía lograr. Mientras ella hacía eso, él llegó hasta el armario para regresar el frasco a la bolsita, y regresó para sentarse frente a ella. Había tanto que quería saber. Lo que más le importaba saber, era qué pensaba sobre él, en realidad.
Bueno, ¿y por qué era eso tan importante? No podía decir por qué. No le preguntaría eso de cualquier modo. Era peligroso. Ella sería brutal, sincera, y él terminaría con el corazón roto, y perdería una muy linda fantasía, un escape que ahora tenía. La fantasía de pensar que alguna vez podrían tener algo más que un mero acuerdo de negocios, que, aunque ya no lo necesitara, al menos, aún lo desearía. Que él la deseaba, aun después de la razón por la cual la había arrastrado, retorcida como había sido. Además, no quería traicionar su confianza, pero había cosas que quería saber. Iría despacio.
"Bueno, entonces, haré algunas preguntas, tú tendrás que luchar contra las ganas de responder. Mantén tu mente en blanco. Crea paredes alrededor de tus pensamientos, alrededor de la respuesta que deseas dar. La base de la oclumancia es exactamente eso, proteger tus pensamientos. Hay varias técnicas. La más sencilla es la que te acabo de decir. Mantener la mente en blanco o imaginar unas paredes infinitamente altas alrededor de los pensamientos, inexpugnables. Las técnicas más avanzadas incluyen plantar una imagen completa que disuada a los tarados de mirar ahí."
Ella asintió, sintiendo la insoportable urgencia de hablar, pero logró aguantar.
"Lo estás haciendo bien. Ahora, la primera pregunta… ¿cuáles son tus sentimientos con respecto a Harry Potter?"
"Es un amigo decente, aunque siento que no me trata igual que a los otros, que me considera una amiga 'menor'. Tiene buen corazón, pero es bastante tonto y piensa poco en ocasiones. A veces solo es directamente molesto."
Severus se rio y ella se dio cuenta de lo que había dicho. Pensó que lo estaba haciendo bien en eso de mantener la mente en blanco.
"Oh, qué delicia." Rio un poco más. "¿Y qué hay de lo que sientes por Ronald Weasley? Siempre aparece en la prensa que dijiste que terminaron amigablemente y que todavía lo estimas. Ahora, di la verdad."
Esto era de lo que más deseaba saber. Lo que de verdad quería saber. ¿Pensaba ella en volver con ese babuino pelirrojo? ¿Por qué diablos le enviaba flores de vez en cuando? Bueno, había pasado un buen rato desde la última vez que había visto flores, y solo recordaba haberlas visto dos o tres veces, pero su memoria había estado fallando un poco últimamente.
"Es un idiota. No tiene ni una idea digna de ser escuchada y nunca fue capaz de follarme como se debe, ni siquiera si su vida dependiera de ello." Ni bien lo dijo, se cubrió la boca horrorizada. Snape se echó a reír. Una risa real y sentida, como nunca había escuchado en él. El horror que pudo haber sentido se transformó en deleite cuando lo escuchó reír así.
"Oh…" Estaba tratando de recobrar el aliento. "Eso fue muy satisfactorio, gracias."
"¡Nunca debes repetir eso, Severus Snape! ¡A nadie!"
"Está bien, Srta. Correcta, me lo llevaré a la tumba" Todavía estaba riendo un poco. "Ahora, ¿dónde está toda esa fuerza de voluntad y poder mental, Hermione? Reprime la urgencia de contestarme. Pon tu mente en blanco."
Ella asintió. "Sí."
"Ahora, haré una pregunta que debería ser vergonzosa. Tal vez la vergüenza te anime a reprimir la respuesta."
Ella asintió, mordiéndose el labio y con el estómago dándole brincos ante la multitud de posibilidades que planteaba la pregunta a venir.
"¿Qué es la cosa más vergonzosa en la que puedas pensar en este preciso momento?" Preguntó con mucha inocencia, de verdad pensando en enseñarle a luchar contra la poción.
Ella abrió los ojos como un par de huevos fritos, se mordió los labios y sacudió la cabeza de lado a lado.
Severus se rio. "Vamos. Dilo ya." Urgió él, pero ella estaba haciendo un buen trabajo, pensaba él. Al menos había logrado aguantar las ganas iniciales de responder. Había mantenido la boca cerrada. ¿Sería acaso algo que él quisiera saber? ¿Serían sus verdaderos sentimientos por él? "Tú sabes que quieres decirme…" La apuró un poco más.
Y antes que él pudiera decir algo más, de felicitarla por aguantarse, decirle que lo estaba haciendo muy bien, las palabras salieron volando de la boca de Hermione.
"Me he masturbado pensando en ti."
Un segundo después, tomó un almohadón y apretó el rostro contra el y gritó de pura vergüenza.
Severus estaba muy sorprendido, no iba a mentir. Y estaba muy complacido con esa revelación, pero tampoco iba a engañarse, porque probablemente no significaba nada. No sabía si era un evento reciente o si era el fruto de hormonas de adolescente, o tal vez una fascinación con la autoridad o 'los chicos malos' de cuando estaba en la escuela. Por supuesto, no preguntaría más, porque no quería avergonzarla más. De hecho, podría arruinar su propia fantasía si la chica confirmaba que era algo ocurrido hacía años. No. Prefería pensar que era algo reciente y que había sido en la misma ducha en la que él, en la que había hecho lo mismo, pensando en ella, al menos dos veces.
La próxima ducha sería mucho más que agradable.
"Relájate Gatita." Le dijo con voz sedosa, tratando de sonar despreocupado. "No lo usaré en tu contra. Sé que no significa nada, solo tu mente usando lo que tenía más cerca en un momento de necesidad."
La chica todavía tenía el rostro oculto por el almohadón, mascullando cosas como, "Oh, dios, ay mierda, que vergüenza."
"Aquí tienes otra pregunta." Comenzó a decir él, tratando de hacerla olvidar. A él tampoco le gustaría divulgar así el hecho de haberse masturbado pensando en ella. A menos que… a menos que eso los llevara a mas cercanía, lujuria y deseo. Pero no. Ella no querría eso. Ella solo había tenido un pensamiento y había actuado por instinto. Después de todo, habían estado en contacto mucho esos días. No significaba nada…
"¿Cuándo ibas a decirme que mañana era tu cumpleaños?"
Ella soltó el almohadón y de inmediato farfulló, sorprendida. "¿Cómo lo sabes?"
"Ah, respondiendo con una pregunta, eso es una señal de progreso." Le sonrió con inseguridad. "Así que, ¿solo ibas a dejar que me pusiera en vergüenza y fuera el bastardo y tonto prometido?"
"No! ¡Es solo que no quería que te sintieras obligado a darme algo!"
"Bueno, entonces sería el desgraciado insensible, ¿eh?"
"No, no. Podemos decir que es algo privado entre tú y yo… que me diste algo aquí, entre nosotros."
Severus alzó una ceja.
"Sé que suena tonto, pero es que no quiero nada de ti."
La ceja se alzó todavía más. "¿Así que es eso?" Estaba amurallándose de nuevo, porque eso lo había lastimado. "Úsame para tu conveniencia entonces, de acuerdo."
"No, no, no entiendes. No quiero recibir un regalo de ti, si te sientes forzado a darme algo. Me encantaría que me dieras algo, pero solo si es del corazón." Las mejillas de Hermione se pusieron todavía más rojas casi al instante, porque el veritaserum aún le hacía decir toda la verdad.
Severus se quedó observándole, sintiendo el corazón un poco más liviano.
"¿No crees que tu madre y tu abuela estarán planeando algo?"
"¿Te han dicho?"
"No, pero soy muy bueno leyendo a la gente." Le sonrió con sarcasmo.
"¡Está bien, está bien! Tengo algunos aretes y collares que no han visto aún. Podemos poner alguno en una caja y decirles que me los diste tú."
"El regalo no es lo importante, mujer. Si fuera por ti, ni siquiera me hubiera enterado, y cuando alguno de ellos hubiera venido a decirme…"
"Si, ya veo. Fue estúpido. Lo siento." De verdad parecía lamentar el asunto.
"Esta es la clase de cosas que no deben ocurrir si queremos que esto funcione. Por más que algún tema nos parezca molesto, perturbador o lo que sea, necesitamos discutirlos."
Hermione suspiró.
"No puedo hacer nada bien." Se quejó la joven.
"No. Nada de auto desprecio. Solo estaba haciendo una observación."
Ella asintió como una niña regañada, porque no estaba esperando ese auto desprecio que llegó sin anunciarse. Maldita poción.
La ternura y la gentileza de parte de Severus, el hecho de no aprovecharse de la situación para hacerla sentir mal, le tocó el corazón. No había recibido esa clase de empatía de parte de los hombres en su vida.
"¿Y cómo te enteraste?"
"He trabajado contigo por tres años ya. Ya han pasado algunos cumpleaños."
Está bien, entendido. El tuyo es el nueve de enero, ¿no?"
Severus se mostró sorprendido y respondió que sí. Ella le sonrió, complacida de saber algo de él finalmente y que incluso había logrado sorprenderlo con ese dato.
Luego, lo miró a los ojos la dulzura, la suavidad en su mirada, la gentileza que había tenido hacia ella en los últimos días, en especial en momentos de vulnerabilidad, como ese mismo, la tenían maravillada profundamente.
Sintió la urgencia de decirle algo que había estado guardando por un buen rato ya, se impuso a su deseo de reprimirlo, así que brotó a borbotones de su boca.
"Severus, estoy muy, muy apenada por la forma en la que te obligué a hacer esto, usando tu ascenso como soborno… un ascenso que ciertamente mereces. Pero no estoy por completo apenada porque mis acciones te trajeron aquí, y lo que menos lamento de todo, es que seas tú el que esté aquí conmigo."
Severus ladeó la cabeza y frunció el ceño. Podía ver que estaba siendo sincera.
Por supuesto que lo es. Acaba de beber veritaserum y no tiene la capacidad de mentir entre dientes con la sustancia recorriéndole las venas. De verdad se siente así.
Eso lo conmovió profundamente. No sabía cómo lidiar apropiadamente con lo que acababa de escuchar, así que solo asintió y trató de aclarar la garganta.
"Está bien. Es mejor que nos vayamos a dormir ahora. Seguramente tendrás un día ocupado mañana."
Era mejor cortar la conversación ahora mismo.
La chica seguía bajo el influjo de la poción y él deseaba tanto el poder preguntarle más cosas, pero eso sería traicionar su confianza. Después de esa confesión, de haberse masturbado pensando en él, la dulzura en sus ojos cuando dijo que le encantaría un regalo de él, si era de corazón… y esa última revelación… no. Estaba leyendo demasiado entre líneas. Era mejor irse a dormir.
"¡Pero no he aprendido a luchar contra la poción!"
"Y no la tendrás tan fácil, hechicera. Pero prometes, no te voy a mentir, y es algo que no se adquiere en una noche." Pero lo que él no sabía, era lo muy bien que estaba haciéndolo Hermione, porque deseaba tanto decirle que estaba desesperada por tenerlo en la cama con ella, y dejar de fingir la relación.
"Está bien." Hermione se puso de pie y fue a la cama, dejando el libro con el que había estado disimulando sobre la silla.
Severus la observó quitarse la bata que llevaba puesta sobre el camisón, simulando estar preparando las sábanas para ponerse cómodo en el sofá. Pudo ver un vistazo de la espalda desnuda de ella y de sus piernas, cuando se sentó en la cama. Esas imágenes habitarían en sus sueños.
N/T: Si no fuera porque Severus está sintiendo algo bastante intenso por Hermione, hubiera hecho gala de su personalidad Slytherin y averiguado todo lo que quería de ella…
NotaWriter: ¡Gracias por las flores! Contame que traducis, me gustaría leer algo tuyo. Gracias a vos por comentar, Nota. ¡Saludos!
