Capítulo 17
Severus despertó relativamente temprano, y por eso, estaba agradecido.
Ella todavía dormía profundamente, así que él se levantó lo más calladamente posible. Realizó sus abluciones matutinas y se vistió con rapidez, pero en medio de eso, se detuvo algunos segundos para admirarla mientras dormía. Una de esas maravillosas piernas estaba por fuera de las sábanas.
Tuvo que hacer un gran acopio de fuerza de voluntad para no perder el control y no pasar más tiempo mirándola.
Salió calladamente de la habitación y bajó las escaleras para encontrar a Jane preparándose el desayuno. Charles estaba hablando por teléfono afuera, en el patio que daba al jardín trasero.
"Buenos días Severus." Dijo Jane con una sonrisa. "¿Dormiste bien?"
"Sí, muy bien."
"¿Y dónde está la chica del cumple?"
"Todavía duerme. No quise despertarla. Estaba esperando poder salir sin que lo notara, para poder ir por su regalo de cumpleaños antes que despierte."
"¡Oh, sí!" El rostro de Jane se encendió de excitación.
"¡Las sorpresas son divertidas! Quería preguntarte… ¿has planeado algo con ella? Porque quiero organizar una pequeña fiesta, pero no quiero arruinada que tengan planeado."
Severus sonrió de lado, con timidez. "No… pensé que sería lindo para ella poder pasar el día con todos, no solo conmigo, porque no viene a visitar a menudo, y ciertamente no en su cumpleaños."
Mentiras. No tenían la clase de intimidad que garantizaba que pudiera organizar algo solo para los dos. Aunque el pensamiento sí que pasó por su cabeza. Pensamientos que no deberían estar en su mente. Estaba dejando que la situación se saliera de control.
"¡Oh, bien! ¡Maravilloso! Eres un buen hombre." Dijo la señora con una sonrisa. "Te prepararé unos huevos para que puedas ir."
"No, no, por favor, no será necesario. De verdad quiero ir antes que ella despierte. Yo solo… ¿sabe de alguna compañía de taxis a la que pueda llamar? ¿O algún lugar en el pueblo donde puede conseguir uno?"
Por supuesto, no pensaba hacer todo el recorrido en taxi, pero estaba pensando en la preocupación de Hermione con respecto a la magia en casa de sus padres y alrededores. Podía tomar un taxi hasta el pueblo, o si ella le decía que había forma de conseguir uno desde la casa, tendría la excusa para decir que caminaría un poco antes de aparecerse.
"Pero si puedes llevarte el auto, ¡no seas tonto!"
"Yo… no sé…" La interrumpió antes que la dama fuera en busca de las llaves. "No sé conducir." Concluyó, un poco avergonzado.
"Oh, ya veo. Está bien… y… ¿no puedes solo…?" Bajó la voz, "ya sabes…" Tronó los dedos. "¿… y estar ahí?"
Charles todavía hablaba por teléfono, totalmente ignorante de lo que se conversaba entre su esposa y su futuro yerno.
Severus sonrió de nuevo. "Sí, claro, pero se me aconsejó enérgicamente no usar eso, o dejar que me vieran haciéndolo. No quiero causar más… angustia en Hermione, hoy de todos los días."
"Sí, sé que ella dice eso." Dijo Jane con una pequeña sonrisa. Luego miró hacia Charles en el patio y volvió a mirar a Severus. "Tú ve. Será nuestro secreto. En lo que concierne a Charles, fuiste a caminar por ahí. Cuando regreses, él no estará aquí. Irá al viñedo por un rato, antes del almuerzo."
Severus le sonrió de nuevo. "De acuerdo. Gracias."
"¿Estás seguro que no quieres un poco de café antes de ir?"
"No, gracias. Compraré algo en el camino." De verdad no quería arriesgarse a que Hermione despertara y lo viera allí.
…
Hermione despertó y, luego de ver que Severus no estaba allí, le entró un poco de pánico, irracional, por supuesto. ¿Se habría dado por vencido? ¿Se habría ido, dejándola atrás, para que se viera como una tonta frente a su familia, en su cumpleaños?
Miró en el balcón y el baño. No había ido a buscar café para ella como la mañana anterior, porque el sofá en donde dormía estaba acomodado.
Solo se calmó cuando fue al armario y vio que la ropa de él seguía allí, al igual que su maleta, que estaba junto al mueble.
Cuando bajó, encontró a su mamá y sus abuelos, muy ocupados en la cocina. Tan pronto la vieron, olvidaron lo que hacían y armaron un revuelo a su alrededor.
"¡Feliz cumpleaños chiquita!"
"¡Feliz cumpleaños cariño!"
Era todo lo que escuchaba mientras tomaban turnos para abrazarla y darle un beso.
"¿Estás ansiosa?" Preguntó Judith.
"¿Sobre qué? Solo estamos nosotros aquí, en casa, ¿no?" Abrió los ojos enormes un instante después, como rogando con desesperación para que eso fuera real.
"Bueno…" Comenzó a decir Jane. "Invité a la familia."
"¿A quiénes?"
"¿A quiénes? ¿Y quién es tu familia, tontita? Las tías Kate y Laura, el tío Mark, Karen y Andrea… sus esposos, los niños… el abuelo Nigel. El tío Richard y la tía Jocelyn dijeron que pasarían a saludar también, con los chicos…"
Hermione sintió que el pánico regresaba.
"Victoria…"
Y allí estaba, y la puta mierda.
"… dijo que le encantaría venir, pero que debía ir a Paris para una última medición de su vestido, así que no podrá venir. Sus padres y Niles fueron con ella."
Hermione nunca en la vida se había sentido más aliviada, y el suspiro de alivio se escapó entre sus labios audiblemente. Jane la miró con mucha curiosidad, achicando los ojos. Hermione se sonrojó y trató de cambiar el tema lo más rápido posible, mientras el abuelo salía al patio para preparar las cosas, aparentemente, habría barbacoa otra vez, junto con Nana Judith, con los platos de carne que acaba de sazonar.
"Y eso sería todo, ¿verdad?"
"Bueno, sí. No invité a los vecinos y amigos porque no tuve tiempo, y porque no estaba segura si tú y Severus tenían planes. ¿Quieres que invite a alguien más?" Preguntó Jane, preparando la ensalada.
"¡No!" Dijo la chica abruptamente. "No." Se corrigió al punto, tratando de apaciguar el tono de voz, sonriendo. "Solo la familia. Así es perfecto."
Jane sonrió con picardía. "No me entusiasmaba la idea de invitar a Jacques, si eso es lo que tanto te preocupa." Dijo ella solemnemente. "La única razón para que estuviera aquí cuando llegaste, es porque apareció. Y como ya estaba todo el mundo aquí, me pareció grosero si lo echaba… pero en un cumpleaños…"
"¿Qué? Si no dije nada." Hermione trataba de parecer calmada e indiferente.
"¿Aun no estás lista para decirme qué fue lo que pasó?" Jane la miraba con los ojos llenos de preocupación y cariño por ella.
"No pasó nada. Solo decidimos seguir nuestros caminos."
Jane gruñó. "Sí, bueno… todavía creo que te hizo algo, pero él me importa nada, a pesar de lo muy triste que sea la historia que cuenta."
"Él ¿qué?" La castaña ni siquiera pudo pronunciar toda la pregunta, por la mezcla de sorpresa y furia.
"Dice que lo dejaste en medio de la noche, así nada más, sin explicaciones, después de una pelea que tuvieron en la playa esa tarde, según él, porque tuviste un absurdo e irracional arrebato de celos."
Hermione soltó un sonido inarticulado de absoluta rabia, mientras se le caía la mandíbula al suelo.
¿Absurdo e irracional arrebato de celos? ¿En serio ese cretino era capaz de pronunciar palabras tan largas? Ese desgraciado…Irracional… absurdo…arrebato de celos… había estado coqueteando descarada y abiertamente con Victoria toda la tarde, y la prueba irrevocable llegó esa misma noche. Y Hermione no había esperado eso de ninguno de los dos. Y todavía le causaba dolor al recordar las miradas y los gestos que le hacía a Victoria. Y su prima, siendo quien era, había estado flirteando con cuando tipo se le cruzara en la playa.
"Bueno, ya no importa. Ahora, estás con Severus."
"Sí." Respondió con una sonrisa. La horrible escena que había regresado a atormentarla, desapareció de inmediato.
"Él me gusta mucho. Es un hombre bueno. Y tú te ves más relajada y más feliz cuando estás con él. No tan tensa como solías ser."
"¿Lo crees?" La castaña estaba roja como tomate.
"Ya lo creo. ¡No te había visto así en años! No te voy a mentir. Por un momento me preocupó la diferencia de edad… pero él es tan bueno contigo… tan bueno para ti." Jane tenía la sutil idea de que la diferencia de edad estaba relacionada con los problemas con su padre, pero eso ya no importaba, siempre y cuando el hombre tratara a su hija bien.
"¿No te gustaba Jacques?"
"Bueno… no parecía mal tipo, per se, pero… nunca pensé que encajaban bien juntos."
Esa era una muy interesante y nueva pieza de información, pero Hermione no se quedó pensando más en eso. Ahora estaba sonriendo por las cosas que su madre había dicho sobre Severus, y por la cercanía que notaba entre los dos.
"¿Dónde… dónde está Severus?"
"Oh, salió temprano… creo recordar algo sobre ir a buscar un presente de cumpleaños…" Canturreó Jane con entusiasmo.
Hermione se echó a reír, pero estaba ansiosa por la idea de Severus yendo a buscarle un regalo. Le había dicho que no era necesario. De verdad no quería nada de él si lo hacía solo para guardar las apariencias.
Severus regresó poco después que Hermione terminara de desayunar. La chica estaba ayudando con las preparaciones para la fiesta, y la cocina estaba muy ocupada. Judith estaba preparándole un pastel.
En cuando la castaña lo vio, casi corrió hacia él. Lo llevó hasta la sala, lejos de las miradas de la familia. Severus se sintió un poco tonto cuando el corazón empezó a latirle con la esperanza de… algo… como si fuera un mocoso en la escuela.
"Mamá dijo que fuiste por un presente." Le hablaba muy de cerca, en voz baja, aun cuando estaban en otra habitación. A Severus le gustaba esa cercanía.
"Qué gatita tan curiosa." Dijo él con una sonrisa.
Ella le sonrió con dulzura. "No tenías que. Pensé que te lo había dicho… te devolveré el dinero."
Él la miró con una sonrisa estirándole los labios, sorpresivamente sin ofenderse por la oferta. La pobre chica era tímida y había sido humillada demasiadas veces. Entendía su punto. No significaba que estaba rechazando el obsequio.
"No hay necesidad. Lo compré porque quería hacerlo. De corazón." Respondió él, rodando los ojos, pero no para hacerle burla… solo estaba repitiendo lo que ella había dicho la noche anterior.
Ella no lo había estado mirando directamente a los ojos, pero cuando lo oyó decir eso, sus miradas se encontraron, y la de ella tenía tal expresión de anhelo que casi era palpable en el aire entre los dos.
Se movieron una fracción más cerca uno del otro. Los segundos que pasaron mirándose parecían minutos, o tal vez, el tiempo se había detenido.
Y entonces, la voz de Jane les llegó a los oídos, llamándolos antes de entrar a la sala.
"Severus, ¿puedes ayudar al abue a preparar todo?" Preguntó la dama con dulzura, apenas dándose cuenta que había interrumpido algo.
"Claro que sí." Severus salió del trance y aclaró la garganta, alejándose de Hermione, yendo a la cocina.
Los dos se mantuvieron ocupados hasta que los invitados comenzaron a llegar, y entonces, Hermione tenía que ser compartida y brindar la misma atención a todos.
Severus estaba feliz de quedarse sentado y verla sonreír y reír con sus tías, sus primas y los tíos. Se veía como si de nuevo perteneciera allí, como si de nuevo fuera bienvenida, y eso lo hacía sonreír a él también. Sabía bien lo que se sentía desear esa pertenencia, y tener, aunque fuera solo una pizca de eso a través de ella y su familia.
Severus permanecía un poco alejado de la diversión, a orillas de la piscina. Mayormente observando a Hermione inadvertidamente, sin darse cuenta. Totalmente peligroso. Estaba aumentando su deseo por ella.
Como no era una fiesta en la piscina propiamente dicha, todo el mundo estaba vestido, muchas gracias. Severus no se hubiera sentido para nada cómodo si tuviera que exponer su cuerpo frente a todas esas personas.
Le llevaba tragos, ayudaba a Edward con la parrilla cuando se requería, eso cuando Charles no estaba en eso, y ayudaba a Judith y Jane en la cocina con lo que fuera menester, mientras bebía algo o comía un bocadillo entre conversaciones. En medio de todo eso, lograba escuchar partes de historias, dulces historias sobre la niñez de Hermione y cómo la veía su familia.
Se sirvió el almuerzo y el ambiente festivo continuó.
Hermione se sentó junto a Severus, por supuesto, y ese anhelo en el aire regresó y se hizo espeso entre los dos. Y, cuando durante el almuerzo, sus codos se rozaban, o parecía apropiado demostrar alguna clase de afecto, algo que se estaba haciendo bastante natural entre ellos, podían sentir algo así como una chispa en sus pieles. Eso solo provocó que se tocaran todavía más. Se acariciaban las manos sobre la mesa, o una mano terminaba en la rodilla del otro, la mano de Severus descansando en el respaldar de la silla de ella durante la sobremesa, frotando su hombro de cuando en cuando. Ella aceptaba con gratitud el contacto. Lo disfrutaba.
Luego, fue el momento de abrir los obsequios.
Todos se levantaron de la mesa y fueron a sentarse en la sombra cerca de la casa, o cerca de la piscina, o en las mesas esparcidas por el césped. Los presentes estaban colocados en una mesa que habían sacado de la casa para tal propósito.
Todo el mundo estaba ansioso, esperando que la chica comenzara a abrir los regalos, pero el único que ella quería abrir, era el de Severus. Sin embargo, ella no sabía cuál era o si estaba entre los demás. No había logrado ver el paquete cuando llegó. Eso solo podía significar que, o era muy pequeño, o había sido reducido y escondido en su bolsillo, para luego ponerlo entre los demás obsequios cuando nadie miraba. Tal vez pensaba entregárselo más tarde. Tantas posibilidades. Hermione no sabía cuál escoger primero.
Tomó un paquete de tamaño mediano y miró por si había una tarjeta antes de romper el papel. Antes de encontrar alguna, escuchó a su tía Amelia hablarle. "Ese es de parte de tu tío Mark y mía."
El tío Mark estaba sonriendo y asintiendo, con Amelia sentada en el reposabrazos de la silla, mientras se sostenía del hombro de su esposo.
Hermione sonrió y abrió el papel, luego la caja, y encontró un hermoso y elegante bolso.
"¡Ay, dios! ¡Es hermoso! ¡Gracias!" Hermione rodeó a la gente para darle un abrazo a Amelia y Mark.
Escogió otro paquete, y otro, y otro, con los presentes indicando de quién era cada uno. Hasta ese momento, no había encontrado el que más curiosidad le causaba.
Recibió varias prendas preciosas, libros, e incluso, una canasta con varios productos para el cuidado de la piel, como perfumes, cremas y champú de una tienda súper elegante.
Llegó hasta un pequeño paquete que había estado escondido en medio de los otros. Lo tomó y lo miró como analizándolo por unos momentos. Su mente le decía que había joyería allí.
"Ese es de mi parte." Escuchó decir a una voz como sedoso chocolate derretido, en un tono de voz casi tímido, como nunca había escuchado antes. Alzó la mirada y lo vio de pie al fondo, detrás del resto de la familia.
Severus había estado de pie allí todo el tiempo, observando con fascinación las interacciones de la familia. Y había estado observando con la misma fascinación, su sonrisa, su cabello castaño iluminado por los rayos de sol que lograban penetrar el follaje de los árboles. Se había sostenido del respaldar de la silla reclinable en la que descansaba Judith. Cuando Hermione lo miró, se paró muy derecho, un poco nervioso.
Ella le sonrió y le respondió con una sonrisa cargada de timidez.
"Ooooooohhhh, pero si este es uno de esos momentos definitorios, viejo." Dijo uno de los primos mellizos.
"Sí, amigo. Porque si a ella no le gusta…" Comentó alguien más, en tono de broma.
"Es la prueba final."
"¿Qué? No es como si no le hubiera obsequiado nada antes." Dijo alguien más, una mujer.
"Pero no con toda la familia juzgando." Comentó otro, siguiendo la broma.
Mientras todo eso ocurría, Hermione abrió el papel y vio que era un estuche de terciopelo, como los de joyería. El abdomen se le llenó de mariposas, que descendían en picada hacia más abajo.
Abrió el estuche y se quedó boquiabierta de inmediato, al tiempo que la mano libre volaba hacia su boca, un poco temblorosa.
"Feliz cumpleaños, Gatita." Dijo él con simpleza.
"Oh, dios…" Dijo la chica, todavía mirando el contenido del estuche con admiración.
"Creo que pasaste con las mejores notas, viejo." Dijo Alexander en voz alta y todo el mundo rio.
En el estuche, estaban los aretes de oro blanco en forma de rosa que habían visto unos días atrás. Los que combinaban con su collar, el mismo que siempre llevaba puesto, incluso en ese mismo momento.
Lo había recordado. Le había importado su tonta historia. La había escuchado. Era tan considerado. Y el dinero que debió haber gastado…
Hermione caminó hasta él en silenciosa e impresionada, se paró frente a él con un poco de inseguridad por una fracción de segundo, justo antes de envolver la cintura del hombre con sus brazos y acercarlo para un abrazo que parecía unilateral. Él se dejó llevar y completó el abrazo apretándola contra su cuerpo.
Pero ella lo miró a los ojos, esos profundos y oscuros ojos, como ónix, y luego desvió su atención hacia sus labios… y de nuevo a sus ojos, a esos pozos sin fondo que tenía por ojos, y se mordió el labio.
Una de sus manos, la que no sostenía el estuche, dejó la cintura de Severus y fue a acariciarle la mejilla, tratando torpemente de acercarlo más, mientras se alzaba en la punta de los pies. De nuevo, Severus se dejó llevar, completamente perdido en esos ojos del color del whiskey.
Por fin sus labios se encontraron, por largos, maravillosos segundos. Ella se separó brevemente de él, para luego volver a besarlo, succionando suavemente el labio inferior de Severus, y luego besando su boca entera, con la punta de su lengua pidiendo permiso para entrar.
Él permitió el acceso, con una mano ahora acariciando el castaño cabello de ella, besándola con una intensidad y un deseo que no recordaba haber sentido jamás, mientras ella se dejaba dominar por él y su beso, inclinando la cabeza hacia atrás y sus lenguas batallando en una dulce armonía. Los vítores y los silbidos no interrumpieron el momento, porque Hermione y Severus estaban perdidos el uno en el otro.
Cuando finalmente se separaron, él le dio un último mordisquito al labio inferior de ella, mirando primero a sus ojos y luego a los inflamados, dulces labios, para regresar a los ojos de nuevo. Otro beso, más corto y suave, apenas un roce de los labios, para dejarla ir por completo.
Hermione nunca en la vida se había perdido así en un beso, que provocara espasmos tan intensos en su sexo que parecieran calambres. Por muy cursi que pareciera, ella incluso había levantado un pie del suelo, como en esas películas de amor de antaño. Ahora, con los dos pies sobre la tierra, intentó alejarse de él, como si ese beso, cualquier beso, fuera algo rutinario, pero sus piernas no parecían lo suficientemente estables para cooperar.
"Bueno, no creo que haya motivo para seguir con esto. Estoy bastante seguro que ningún otro regalo será comparable con ese, de ahora en más." Dijo uno de los mellizos, mientras Hermione regresaba a su lugar para seguir con los obsequios, sonrojada y tocándose los labios con la punta de los dedos.
"¡Ese sí que fue un gracias bien intenso!" Dijo el otro mellizo. Todos rieron por los comentarios de los dos bromistas.
La tarde se hizo noche, y los invitados comenzaban a retirarse lentamente, dando a Hermione sus mejores deseos otra vez, junto con abrazos y amor.
Los primeros fueron los tíos Mark y Amelia. Luego Richard y Jocelyn tuvieron que marcharse, aunque aún tenían deseos de quedarse, pero Richard tenía un compromiso de trabajo al día siguiente. Alexander y Maxwell se fueron con ellos, pero reforzaron su aviso de querer salir con su prima favorita un día de esos.
Los esposos que quedaban se juntaron para conversar mientras las damas conversaban entre ellas y se reían. A pesar de estar cada cual, en su grupo, Hermione y Severus no dejaban de intercambiar miradas cargadas de deseo, de sentimiento, pero también duda y confusión por lo que había pasado, por lo que podía significar. Por lo que provocaría de ahora en más.
"Bueno, chicos." Las mujeres se acercaron a Laura, que era la que hablaba. "Hemos decido tener una noche de chicas, así que ustedes tendrán que arreglárselas solos."
"Severus, ¿nos prestas a Hermione por un rato?"
"No solo por un rato. Por toda la noche." Dijo Karen.
"Sí. No hemos tenido una noche de chicas por mucho tiempo. La necesitamos." Completó Andrea, sonriendo a la fingida expresión ofendida de su esposo.
Severus no iba a mentirse a sí mismo. Estaba deseoso por que la reunión acabara. Ansiaba poder subir las escaleras con ella y encerrarse juntos en la habitación. Toda la noche. Había estado juntando coraje desde ese beso, ya sea para sentarse a conversar lo que había significado, exponiendo lo que sentía y escuchar sus intenciones, como partes adultas y civilizadas dentro de un acuerdo, o para besarla de nuevo, hacerla suya, y si no había objeciones o peleas, hacerle el amor toda la noche. Las razones de ella todavía no eran claras para él, o tal vez, las dudas sobre sí mismo le impedían ver la verdad, y eso era muy incómodo para Severus, en especial, habiendo sido un espía. La única certeza que tenía clara, era que ese beso no había sido puras apariencias. Ciertamente habían estado interpretando un papel por una semana ya y nunca se habían besado, bueno, solo una vez, pero solo porque era requerido, pero aquella vez, no había sido como esta.
"A pesar que el pensar en estar separado de ella, aunque fuera por una noche me resulta angustioso," Comenzó a decir él, hablándole a todas, pero manteniendo la mirada en Hermione. "No me opongo a la salida." Concluyó sonriendo, sin quitarle los ojos de encima a la castaña y ella se sonrojó. "Pero, por favor, no la entretengan demasiado. La necesito para que mantenga caliente la cama." Se atrevió a decir al final, alzando una ceja y sonriendo pícaramente, rogando para que ella entendiera el mensaje. Hermione se puso más roja todavía.
"¡Maravilloso!" Dijo una de las damas.
"¡Oh! ¡Nos divertiremos tanto!"
"Puedes usar algunos de tus regalos…"
Se alejaron conversando entre ellas, llevándose a Hermione, quien parecía renuente a dejar de mirar esos ojos que la traspasaban.
Luego de eso, los caballeros se dispersaron pronto.
Los esposos de Laura y Andrea, quienes tenían niños pequeños, se fueron a casa para relevar a las niñeras. Charles se fue a la sala a mirar un partido de fútbol. Con Nigel y Jeffrey, el esposo de Kate, así que solo quedaron Severus y Edward afuera, con las señoras, conversando un poco más, riéndose de las cosas que decían siempre las mujeres, en especial cuando estaban cómodas y tranquilas.
Pronto, el cielo se puso oscuro por completo, y Edward se despidió para regresar a su casa y su sillón favorito, deseándoles a las damas una velada agradable.
Hermione fue enviada a su cuarto a prepararse, porque ella misma había expresado su deseo de cambiarse para salir. El resto de las chicas llevaban puestas prendas que bien podían ser usadas de día o para una velada informal y nocturna. Evidentemente, habían estado esperando que pudieran salir luego de la fiesta, así que solo necesitaron refrescarse un poco.
Severus estuvo a punto de seguirla hasta el dormitorio, para intentar una rápida charla, tal vez con la intensión de palpar la atmósfera entre los dos cuando estuvieran solos, para tener una idea más clara sobre lo que podía hacer, sobre lo que ella sentía. Sobre lo que él mismo sentía. Pero fue retenido por las damas, quienes deseaban mucho poder hablar con él y conocerlo mejor, así que se quedó y conversó con ellas un poco, sin sentirse lo incómodo que se hubiera sentido en el pasado.
Era extraño como aquello ya no le molestaba, aun cuando antaño hubiera estado seguro de mostrar su molestia.
Entonces ocurrió lo impensado.
Vio a Jacques entrar por la puerta francesa de la cocina, no muy lejos de donde él y las señoras estaban conversando.
Jane se levantó y fue a su encuentro y la sangre de Severus hervía de furia al verlo.
La osadía de ese imbécil. Se veía tan presumido y encantador mientras hablaba con Jane. ¿Cómo tenía el coraje de mostrar la cara, repetidamente, tratando de congraciarse, después de lo que le había hecho a Hermione? ¿Cómo pudo haberle hecho semejante cosa a esa maravillosa mujer, quien había aceptado entregarse a él por completo?
La furia que había sido capaz de controlar hasta ese momento, se aunó por completo en su cabeza.
Se puso de pie, y esa misma furia ciega lo dejó sordo a lo que las tías y primas decían a su alrededor, y marchó hasta donde Jane había dejado que Jacques entrara.
"¿Qué estás haciendo aquí?" Fue lo primero que dijo, casi escupiendo las palabras, en forma de ladrido, grave y venenoso. Sabía que no podía ser algún asunto del viñedo, que tuviera que ver a Charles, porque había sido el mismo Charles el que lo había dejado entrar. Además, el pequeño bastardo tenía un ramo de rosas en la mano.
"He venido a desearle un feliz cumpleaños a Hermione." Dijo sonriendo con presunción. "Y tal vez llevarla a ella y las damas a una linda fiesta." La mueca presuntuosa se acentuó.
La mano de Severus se cerró en la garganta del cretino, empujándolo contra la pared en un instante. Finalmente fue capaz de escuchar a las mujeres a sus espaldas, a la distancia, gimiendo, pero ya nada importaba.
"Escúchame, jodido hijo de puta," Comenzó Severus a decir en francés. "Te lo diré en tu lengua nativa para que no haya ningún malentendido. No creas que, aunque eres todo musculoso, no podré lastimarte." Severus no gritaba, pero, aun así, su rabia furiosa podía escucharse alto y claro. Jacques todavía se veía un poco presuntuoso, incluso con la respiración costándole mucho trabajo, y al parecer, tampoco podía liberarse de la mano como prensa de Severus, porque tenía su propia mano en la muñeca del hombre, así que Severus apretó un poco más fuerte.
"Podría matarte y hacerlo de tal forma que nunca, jamás, encontrarían tus despojos. Ni. Lo. Dudes." El peligro era evidente en la expresión de sus ojos cuando se acercó un poco más al imbécil, y en la sedosa voz. Eso, y el hecho de no poder respirar, llenó de miedo los ojos de Jacques.
"Sé lo que le hiciste, cerdo desagradable. Solo por eso, debería matarte. Justo ahora. Pero te dejaré vivir. Dejarás este lugar de inmediato, y si te acercas de nuevo a mi mujer, si le faltas al respeto, o a mí, te prometo que nadie será capaz de reconocer tu bonito rostro de nuevo." Escupió Severus, todavía en francés. "¿He sido suficientemente claro?" Preguntó con los dientes apretados.
Jacques se las arregló para asentir, con el pánico todavía inundándole la mirada, y Severus, finalmente, lo dejó ir.
Jane apareció en la puerta, justo junto a ellos, y llegó a escuchar lo último que Severus dijo, para ver Jacques casi escupiendo los pulmones.
Ella había estado en la sala, regañando a Charles por haber dejado entrar a Jacques, y exigiéndole que fuera a echar al mocoso antes que Hermione bajara.
La mujer abrió los ojos como platos, impresionada de verdad, y la preocupación de inmediato inundó a Severus, quien pensó que la señora estaría espantada por su accionar.
"Jacques ya se iba." Dijo él con frialdad, y el idiota solo asintió, pasando junto a Jane al retirarse, cuando la señora se hizo a un lado para dejarlo pasar. Charles, finalmente, yendo a hablar con Jacques, lo vio retirándose.
"Tengo que irme, señor. Lo veré el lunes." Dijo el tarado y se largó lo más rápido que fue capaz, mientras Severus lo observaba con las manos en los bolsillos y una mirada asesina. Jacques miró hacia atrás una o dos veces antes de desaparecer por completo.
Charles se quejó por haber sido obligado a perderse su partido de fútbol por nada, así que regresó a la sala, y Jane se quedó mirando a Severus.
"Por favor, disculpe mi pésimo comportamiento en su hogar, madame… Jane." Dijo Severus con mucha rigidez.
"Oh, no. Está bien. Parece ser que ese chico necesitaba algo de… corrección." Le sonrió suavemente, pero, aun así, Severus se sentía preocupado, pensando que tal vez había mostrado su verdadera personalidad, y que ahora le temerían u odiarían… que tratarían de convencer a Hermione de abandonarlo.
Ahora, justo cuando más deseaba la aprobación de su familia.
Ahora, que deseaba a esa niña escaleras arriba, que había hecho un lío con su corazón y su mente.
Se acercó al grupo de damas, que aún lo miraban con una expresión mezcla de alarma y admiración. Aclaró la garganta. "Bueno, damas, iré a… a ver qué es lo que demora a la chica del cumpleaños y la enviaré con ustedes a la brevedad. Espero que tengan una velada maravillosa." Logró sonreír de esa manera tan encantadora que tenía. Se volteó y fue por los regalos que aún estaban sobre la mesa. Tomó los que Hermione había dejado atrás cuando subió a cambiarse, porque no podía cargarlos todos, y los llevó al dormitorio con él.
N/T: Hasta que alguien le dijo a ese cretino de Jackass lo que todos pensamos de él…
