Capítulo 18
Severus puso los regalos sobre la mesa de centro que estaba entre los sillones y el sofá, en donde ella había dejado los otros.
La excitación y la expectativa que había sentido esa tarde, después de haber compartido ese beso, se había hecho humo.
Se había cerrado, protegiéndose, como siempre debió haber sido, porque las expectativas no hacían más que llevarte a la desilusión. Debería haber aprendido eso ya, con cuatro décadas de decepciones en su haber.
Una vez que Hermione bajara y las mujeres le dijeran lo que ocurrió, que le contaran la clase de bestia que era, todo volvería a ser lo que había sido al principio. Un acuerdo. Solo eso.
Y tal vez así era mejor.
Hermione salió del cuarto de baño, en donde había estado maquillándose. En cuanto la vio, Severus sintió que se le iba la respiración.
Llevaba un vestido skater color burdeos con mangas largas acampanadas y un escote pronunciado. Ella sonrió ante la intensa mirada de él, poniéndose unos rizos tras los oídos con timidez, mostrando los aretes que le había obsequiado, que hacían juego con el colgante que pendía entre sus pechos, sobre esa suave piel expuesta. Se había puesto unos tacones con tiras alrededor de los tobillos. Todo le había sido obsequiado recientemente, con la excepción del collar.
Hermione comenzó a preocuparse por la expresión que él tenía en el rostro. Hacía que sintiera insegura, y la sonrisa se borró de su rostro. "Me veo… ¿cómo me veo?" Preguntó con timidez absoluta.
"Absolutamente increíble y hermosa." Farfulló él sin pensar, a pesar de lo mucho que su instinto de auto preservación le gritaba para que no expusiera sus sentimientos.
Las mejillas de la chica se encendieron y la sonrisa regresó, y ambos pudieron sentir ese anhelo en el aire otra vez.
Severus aclaró la garganta. "¿Planeas regresar tarde?"
Ella lo miró con una expresión graciosa e interrogadora.
"No trato de controlarte, de ninguna manera." Dijo él con cierta liviandad. "Solo pensaba que tal vez podría aprovechar tu ausencia para dormir un poco en una cama de verdad, si te parece bien. Soy un hombre viejo y mi espalda se beneficiaría de eso." Bromeó él.
Sí, genial, maravilloso. Recuérdale la diferencia de edad, anda, y haz que sienta desagrado por tu cuerpo, pedazo de tarado.
"Oh, sí, claro. Ni preguntes."
"Cuando regreses, despiértame para que puedas acostarte tranquila."
"Está bien." Dijo ella con voz queda.
Se hizo un silencio entre los dos. Ella juntó coraje y habló. "Muchas gracias por los aretes. Me encantan." Tocó la pieza de joyería con la punta de los dedos. "No tenías que hacerlo."
"Quería hacerlo."
De nuevo, ese silencio ensordecedor. Los sentimientos, las dudas, el deseo, todo era palpable en el aire.
"Bueno, las damas te esperan. Dije que vendría para ver qué era lo que te demoraba."
"Si… debería bajar ya…" Dijo ella, avanzando hacia la puerta, pasando junto a él.
"Diviértete." Dijo él cuando ella lo miró con una tímida sonrisa antes de cerrar la puerta tras ella.
….
Todas las damas fueron a cenar y conversaron, y se divirtieron en su noche de chicas.
Luego de la comida y un montón de conversación, Nana y sus hijas estaban listas para volver a casa. Las más jóvenes, sin embargo, Karen y Andrea específicamente, pensaban que la noche aún era joven y tenía mucho que ofrecer, así que arrastraron a Hermione a un pub en donde beber unos tragos y escuchar buena música, incluso tal vez podrían bailar un poco.
Karen y Andrea estaban muy excitadas con esa noche, por la oportunidad de salir sin sus esposos, y en el caso de Andrea, sin su hijo, así que bebieron mucho y se pusieron bien alegres, hablando y riéndose en voz alta. Hermione nunca había entendido cuál era el punto de ponerse como una cuba. Eso no era divertido. Ella siempre bebía hasta que estaba alegre, entonces, comenzaba a beber refrescos o agua para comenzar a volver a la sobriedad total. Además, alguien tenía que llevar a sus primas a casa.
"¡De verdaaaaaad necesitaba esto!" Dijo Karen, un poco pasada de copas. "Lo que quiero decir, amo a mi esposo, pero una noche solo de chicas, de vez en cuando, es esencial."
"¡Sí! ¡Es muy cierto!" Andrea también parecía particularmente feliz bebiendo de su copa. "Y sin bebés que lloren." Dijo alzando su trago.
Hermione se rio y bebió un sorbo de su trago, pensando que ese probablemente sería el último.
"Mírala Karen, mirándonos desde su nuevo y brillante pedestal de relación nueva." Dijo Andrea. "Ya estarás en la misma posición que nosotras, Hermie, no te preocupes." Sonrió y bebió otro poco.
A Hermione le hacía gracia como esa molesta sensación de tener la mejor relación del mundo se esfumaba un poco con el licor.
"Aunque…" Comenzó a decir Karen. "No… no importa…"
"Ah, no. Ahora dilo." Azuzó Andrea, arrastrando un poco las palabras.
"¡Eso! ¡Ya suéltalo!" Hermione sentía curiosidad. ¿Habrían notado algo de su relación ficticia?
"Está bien, está bien… es solo que… Severus y tú… se ven extra sensuales… tienen un no sé qué… Es lindo. Me gusta." Dijo Karen con una sonrisita. "Ya puedo verte aferrada a él como una garrapata, no queriendo venir con nosotras sin traerlo a él." Finalizó la chica, rodando los ojos.
Andrea solo asintió y Hermione se rio para ocultar la timidez que le causaba el comentario de su prima.
"Severus está muy bueno. Me gusta mucho." Dijo sin pensar.
"¡Claro que sssssi…!" Acordó Karen. "Has evolucionado primita."
"Es verdad. Jacques, aunque todo musculoso y esculpido, siempre fue un tarado."
Hermione se quedó helada. ¿Acaso sabían lo que había pasado? ¿Por qué era que todo el mundo había elegido el día de hoy para confesar lo muy poco que les gustaba su ex, en lugar de hacerlo cuando aún salía con él, y tal vez ahorrarle un poco de dolor y humillación?
"Bueno… ¿por qué no dijeron nada de eso cuando salía con él?"
"Oh, bueno… ¿cuántos años teníamos entonces? ¿Veinte? ¿Veintiuno?"
Karen soltó el aire por la boca, como si desdeñara algo de lo que había dicho su prima. "Unos idiotas. Todos somos idiotas a esa edad."
"Por supuesto, nosotras pensamos que era un tipo maravilloso. Una belleza de tipo. Tan buena onda. De hecho, yo estaba un poco celosa, no te voy a mentir."
Karen asintió. "Yo pensé que estabas totalmente loca por dejarlo como lo hiciste. ¡Tirar a la mierda una relación por tu carrera!" Karen hizo una pausa y bebió de su trago. "Pero el regalo de la sabiduría no tiene precio."
"Además, ya no tenemos que soportar el placer de vivir con su constante compañía. Cretino molesto e insípido."
"Algo en él no me gustaba."
"Y nunca sale nada nuevo de las historias que se mueven tan rápido. Nunca. Estabas taaaaan embobada desde el principio. Eso es amor ciego, pasión, y se desvanece tan rápido como empieza."
"Yo debería saber." Dijo Karen. Hermione la miró con suspicacia, pero su prima movió la mano en el aire. "Ese imbécil con el que salí antes de conocer a mi esposo."
"Timothy." Dijeron las hermanas, rodando los ojos.
"Como sea, Severus y tú se conocen desde hace cuánto… Dos años, ¿no?"
"Bueno… técnicamente son como catorce, porque antes de trabajar con él, fue mi maestro." Dijo ella en voz baja. "Pero bueno, no nos conocíamos así en esos días, claro…" Eso si no se tenía en cuenta que ella vio sus recuerdos y que él siempre había sido un espía, que la había estado observado y protegiéndola.
"Oh, vaya… Un laaargo tiempo, entonces. ¿Y recién ahora decidieron empezar a salir? Bueno, está bien, seis meses atrás. ¿Ves? En este caso, tomaste una decisión informada. Una decisión construida con calma, con bases sólidas. Esta sí que va a durar." Andrea guardó silencio y bebió un poco de su trago.
Si solo supieran…
"Y es gracioso, de una forma sarcástica, pero gracioso."
"Y tiene ese aire sexy e inquietante, que es tan encantador."
"Y evidentemente está en muy buena forma. No del estilo modelito de revista, pero está bueno."
"Además, ustedes dos están por completo en sincronía. Evidentemente cuida bien de ti… mira esos aretes maravillosos." Dijo Karen, tocando las nuevas arracadas de Hermione.
"Dinos prima, ¿es bueno en la cama? Se ve como fuera un jodido animal entre las sábanas." Karen y Andrea se rieron. Hermione también, aunque la de ella era una risa más bien nerviosa.
"¿Qué tan grande tiene la polla?" Preguntó Andrea en vos baja y Karen estalló en carcajadas.
"¡Santo cielo, Andrea!" Hermione estaba más roja que nunca, pero siguió sonriendo nerviosamente.
"¿Qué? Mira, Jean es más o menos así." Andrea indicó el tamaño poniendo las manos sobre la mesa, marcando desde el borde de una orilla hacia la mitad aproximadamente, demostrando un tamaño considerable.
"¡Oh! ¡Bien hecho!" Dijo Karen. "¡No me extraña que seas tan lenta en las mañanas!"
Todas rieron.
"Paul la tiene más o menos así…" Karen puso sus propias manos entre las de Andrea, marcando unos quince centímetros.
"Bueno, bueno, tenemos buen material ahí también, ¿eh?" Dijo Andrea con una sonrisa.
"Ay, Hermione, no seas la margada de la fiesta."
Otra vez, Hermione sonrió con timidez. Al menos esto si podía responder. Había sentido su duro miembro en el trasero una vez, y lo había visto una vez, aunque cubierto por los pantalones de ejercicio, pero sentía que podía hacer un juicio justo.
Era increíble lo cómoda que se sentía compartiendo esta clase de información con Karen y Andrea, considerando lo que había pasado entre otra prima y su ex.
Pero Severus, en realidad, no es nada tuyo, estúpida.
Lentamente, estiró los brazos y fue a poner las manos sobre la mesa. Una en el inicio del borde, donde las primas tenían sus manos, y la otra algunos centímetros pasando la mano de Andrea, marcando poco más de veinte centímetros.
"¡Vaya, vaya! ¡Y tenemos un ganador, damas y caballeros!"
"¿Cómo diablos es posible que aun puedas caminar, nena?"
De nuevo, todas rieron.
"No es de extrañar que te veas más feliz ahora, más accesible y relajada."
"¿Tú crees?" Era la segunda persona que le decía eso ese día.
"Claro que sí. Volviste a ser la Hermione que recordamos de la infancia."
"Cuando estabas con Jacques, eras un poco molesta, si quieres franqueza."
"¡¿Por qué es que estoy escuchando esto por primera vez?!" Exclamó la castaña.
"Como si algo de lo que pudiéramos decirte entonces hubiera sido escuchado. Estabas enceguecida."
"Bueno, carajo, ¡Hubiera pensado que harían algo para evitar que jodiera mi vida, involucrándome con él!"
"Shhhhh… calma cariño, está bien. Ahora somos mayores y más sabias. Y de verdad Severus tiene todos nuestros votos."
Karen asintió.
"Esa no es una polla de la que te puedas deshacer." Dijo muy seria, antes de estallar en carcajadas.
"Y esa cosa que tiene… como de chico malo peligroso, sin llegar a ser un cretino, suma muchos puntos más."
"Ay, sí. La forma en la que te protegió hoy…" Andrea se apantalló la cara con la mano.
"Un poco celoso y posesivo, sin llegar a ser controlador. Un perfecto balance de sensualidad."
"Desearía que Jean defendiera mi honor de esa forma de vez en cuando."
"¿Qué? ¿De qué están hablando?" Dijo Hermione cuando logró meter una palabra en el medio.
"Oh, nena… ¿no te lo dijo él? Creímos que fue por eso que te tomó tanto tiempo bajar…"
"Jacques apareció cuando subiste a cambiarte."
"Con un ramo de rosas. La cara de piedra del tipo."
Hermione abrió grande los ojos, furiosa.
¡La verdad! ¡La cara de mármol de ese cretino! Después de todo lo que hizo… ¿Es que no se había dado cuenta? ¿No sabía por qué lo había dejado solo en la playa? ¿O es que era tan desgraciado?
"Severus fue hasta él, marchando como un sensual y peligroso caballero con armadura brillante, y lo estampó contra la pared, apretándole el cuello."
"Hermie, con todo respeto, pero hizo que me mojara."
"No llegué a escuchar todo lo que dijo, pero pude escuchar algo sobre faltarte el respeto y a él, y luego dijo y si te acercas de nuevo a mi mujer…"
"Cielos, eso sí que fue ardiente…"
La otra prima asintió.
"Como sea, Jacques huyó como rata en un segundo."
"¡Diablos! No lo parece, ¡pero que jodidamente fuerte que es este Severus! No hubiera pensado jamás que pudiera mantener en alto a un ropero como Jacques."
Hermione ya no escuchaba nada de lo que sus primas decían mientras imaginaba a Severus defendiéndola, llamándola suya, y consideró todas las cosas que sus primas le habían contado, lo que solo echaba más gasolina al fuego, sobre lo que había estado pensando y sintiendo.
…
Si fuera por Karen y Andrea, hubieran pasado toda la noche en el pub, pero ya estaban demasiado ebrias, así que Hermione decidió llevarlas a casa. Arrastrarlas en realidad. Además, deseaba mucho poder ir a casa también y mirar al hombre que dormía en su habitación a los ojos y hablar con él, para discernir qué diablos estaba pasando.
Fue ella la que inició el beso en su fiesta de cumpleaños, por puro impulso, porque el obsequio había sido tan hermoso, y si era honesta consigo misma, había querido besarlo otra vez, desde la primera noche que llegaron. Se aprovechó de la oportunidad que brindaba el estar frente a mucha gente, para que él no pudiera negarse. Pero no había esperado que Severus respondiera al beso de forma tan apasionada y… tentadora. ¿Había sido solo por el show? ¿Estaba jugando con ella? No. No podía ser. Había sentimiento en ese beso. La forma en la que había mordisqueado sus labios, como los había succionado, y luego, eso suave beso del final… eso era, definitivamente, sentimiento.
No puede ser que estés tan equivocada, ¿o sí? ¿Podrías haber interpretado todo mal? Después de todo, estuviste con Jacques…
Dejó a Andrea y Karen en sus casas, y luego llevó el coche de su madre a casa. No era tan tarde, apenas un poco después de medianoche, pero la casa ya estaba oscura y silenciosa.
Despacio, subió a su habitación y sonrió cuando hubo entrado y cerrado la puerta.
Severus estaba durmiendo sobre la cama, del lado que ella usualmente no usaba. Su lado de la cama estaba perfectamente respetado y ordenado.
Él dormía boca arriba, y se veía muy cómodo y tranquilo. Había dejado el fuego encendido en la chimenea, porque la noche se había hecho fría, y una lámpara apenas iluminaba el lado opuesto a donde ella estaba en la habitación, encendida en el pequeño corredor que llevaba al cuarto de baño. El agradable resplandor anaranjado lo dejaba dormir tranquilamente.
Hermione sonrió nuevamente al ver que él había ordenado perfectamente sus obsequios en la mesita entre el sofá y los sillones. Algunas de las prendas habían sido meticulosamente extendidas sobre las sillas también. Severus era un maniático del orden, justo como ella mismo lo era, que solo había dejado algunas cosas desordenadas por las prisas. El sofá estaba perfectamente arreglado, esperando para que él se pasara allí una vez que ella llegara, tal cual habían arreglado de antemano.
Pero lo que ella quería hacer, era despertarlo, besar sus labios, ver si él respondía como lo había hecho antes, ahora que estaban solos, pero se disuadió a sí misma para no hacerlo.
Fue al cuarto de baño y se puso un camisón negro con flores. Se refrescó, se lavó el rostro con agua fría, se preparó para ir a la cama y se cepilló los dientes, todo el tiempo tratando de dejar de pensar en lo que deseaba hacer. Pero los aretes todavía pendían de sus orejas, mirándola desde el reflejo en el espejo mientras cepillaba sus dientes. Eso también había significado algo, ¿no? Y ese beso… Y la forma en la que, aparentemente, había enfrentado a Jacques… ¿de verdad la había llamado suya? Todo eso permanecía en su mente mientras iba hasta la cama y lentamente se metía bajo las sábanas, junto a él.
Severus estaba de verdad dormido. Tranquilo y profundamente dormido. Tal vez se debía al hecho de, finalmente, después de una semana, poder dormir en una suave, muy cómoda cama, que, además, tenía el perfume de Hermione en la almohada junto a la de él. Tal vez era la bruma del orgasmo que había tenido en la ducha antes de acostarse. Uno que había sido maravilloso, porque mientras acariciaba su miembro, había pensado en ella, vestida con ese vestidito color borgoña y en lo increíble que se veía cuando salió para ir a su noche de chicas.
Lo cierto era que ella se veía increíble con cualquier cosa.
Sintió una mano en su pecho, que no era la propia, porque ambas estaban sobre su abdomen. Dicha mano lo estaba acariciando tiernamente, con lentitud, y se sentía tan bien. Pero el estado adormilado estaba muy presente aún y no era capaz de abrir los ojos para ver qué estaba ocurriendo.
Repentinamente, su mente se sumergió en un estado más profundo de inconsciencia, que le regalaba imágenes de Hermione acariciándolo, sonriéndole mientras apoyaba la barbilla en el pecho y lo miraba. Tanto en su mente como en la vida real, tomó la mano que lo acariciaba y la llevó hasta sus labios para besarla, sin estar al tanto de lo que hacía.
Hermione sonrió al ver el dulce gesto, aun cuando fue algo inconsciente y probablemente no significaba mucho. Él aún estaba dormido. Podía estar pensando en cualquier cosa. Pero ella siguió acariciando el pecho de cualquier manera luego que él volviera a poner su mano allí.
"Sev." Llamó ella con suavidad y luego, un poco insegura, besó su hombro.
Él se despertó en cuanto su cerebro le recordó que debía dejar la cama cuando ella llegara.
"Oh, sí." Dijo con la voz llena de sueño, casi dormido aún, con los ojos casi cerrados mientras comenzaba a retirar las sábanas y le daba la espalda para ir al sofá.
"No. No te vayas." Dijo ella con suavidad, y luego, Severus sintió que ella dibujaba un camino de besos desde el hombro hacia el cuello, hacia la cicatriz, y sus uñas se deslizaban sobre su pecho, por encima de la camiseta. Luego los dedos comenzaron a descender hacia el abdomen, peligrosamente cerca de meterse en el pantalón, con esas uñas todavía arrastrándose deliciosamente sobre su cuerpo.
Abrió los ojos, totalmente despierto, y se volteó para posar su mano sobre la mejilla de ella. "Hermione." Masculló él con voz grave, parpadeando para enfocar la imagen y asegurarse que lo que ocurría era verdad.
Pero la severa mirada de él detuvo a Hermione. Solo se quedaron mirándose a los ojos y nada más.
Severus deseaba que ocurriera. Lo deseaba mucho, pero no si ella estaba ebria, no si iba a lamentarlo en la mañana, si iba a encontrarlo a su lado en la cama y recordar lo que habían compartido y sentir asco.
La miró intensamente a los ojos.
Todo lo que pudo ver fue la chispa del deseo y el anhelo, que comenzaban a desaparecer ante el miedo del rechazo.
Pero no había ni una pizca de ebriedad.
El pulgar de la mano en la mejilla comenzó a acariciar los labios. Los miró. Miró esos labios con absoluto deseo. Con rapidez, los largos dedos fueron a enredarse en el cabello de la chica, hasta la nuca, para acercarla y poder besarla.
Su lengua comenzó a deslizarse sobre los deliciosos labios femeninos, suplicando se le permitiera el acceso a esa cálida y dulce boca. Ella lo permitió, y él se aseguró de demostrarle que no había ningún tipo de rechazo de su parte.
Deseaba poder tenerla.
La deseaba a ella. La deseaba mucho.
Deslizó su lengua sobre la de ella con cuidado hasta que los dos encontraron el ritmo adecuado.
Era un beso voraz, pero lento y tierno al mismo tiempo, ambos tomándose todo el tiempo del mundo para explorar las bocas, tratando de recuperar el tiempo perdido.
Hermione puso una pierna sobre la las de él, yaciendo de lado, bajo las sábanas, y él la acomodó para que la bella pierna quedara sobre su cadera, mientras que su muslo se insinuaba entre las piernas de ella, todo sin dejar de besarse.
Severus se retiró un poco para mirarla, pero solo por unos instantes, justo antes de volver a succionar los labios de ella una, dos veces para luego volver a besarse, deleitándose en el dulce sabor de su boca.
Y ella se entregó completamente.
Su mano se hundió en el cabello suelto de él, sosteniéndose de él casi con desesperación.
Severus se apartó una vez más, y, sonriendo en el silencio de la habitación, recorrió el cuerpo de Hermione con la mirada junto con su mano, que empezó acariciando el desnudo brazo, siguiendo camino hasta su trasero, el muslo, todo el trayecto hasta la rodilla.
Alzó más la rodilla y la afirmó bien en su cadera, acercándola todavía más.
Al tiempo que su mano volvía a recorrer su cuerpo, llegar al trasero, esta vez bajo el camisón, la colocó más sobre su cadera, y comenzó a besar el cuello con suavidad, describiendo un camino hacia la mandíbula, para luego volver a encontrarse con sus labios y reclamarlos apasionadamente.
Le apretó un poco el trasero, buscando llegar con sus largos dedos hasta su sexo y acariciarlo desde atrás, encima de las bragas negras que tenía puestas.
La respiración de ella se aceleró, aunque sus bocas seguían unidas, las lenguas entrelazadas en una dulce danza, y a Severus le gustó el efecto que tenía en ella.
La mano que la recorría entera estaba ahora ascendiendo por su espalda, primero sobre la suave seda que la cubría y luego sobre la piel, provocando que ella arqueara la espalda, al tiempo que separaba su boca de la de él y gemía.
Él comenzó a besar suavemente la línea del mentón de Hermione, mordisqueándolo, y al punto sintió que ella empezaba a frotar suavemente su entrepierna contra su muslo, firmemente acomodado entre las piernas de ella, y sonrió con picardía.
La mano de ella se movió desde la cintura de él hacia el pecho, levantando la camiseta, acariciando la tibia piel, aprovechando el soporte para frotar un poco más fuerte su aun cubierto sexo contra él. Severus presionó su muslo contra ella un poco más y volvió a marcar el camino entre su mentón y su boca con suaves besos. Cuando llegó de regreso a sus labios, los succionó una, dos, tres veces y luego volvió a profundizar el beso.
De verdad había sentimiento allí. No era sexo y nada más. La noción hizo que Hermione se sintiera un poco más desinhibida.
Ella deslizó su mano por la cintura de él, hacia adelante, en medio de los dos, para llegar hasta su miembro, para poder apretarlo suavemente a través del pantalón. Se estaba poniendo duro, pero aún no estaba en su total gloria.
Severus soltó un gruñido con la boca pegada a la de ella, al sentir el contacto. Se apartó un poco de ella para permitirse sentir los movimientos de la delicada mano en su órgano por unos momentos, con los ojos cerrados y la respiración cada vez más dificultosa, con los labios presionados aun contra los de ella, y Hermione sonrió al ver el efecto que tenía sobre él.
Entonces, Severus retomó el control de sus impulsos, así que los hizo rodar sobre la cama, hasta que ella quedó de espaldas y él sobre ella, perfectamente ubicado entre sus piernas, con su, ahora, duro miembro, frotándose contra su sexo.
A pesar de haber dos capas de tela en medio de sus ardientes, pulsantes sexos, ella aun podía sentir el calor que se irradiaba en ella, quemándola alrededor del cuello y el pecho.
Los dulces, suave, tiernos labios de Severus estaban reclamando los de ella de nuevo, y su lengua invadía su boca, con una voracidad lenta y gentil, que solo aumentaba la noción de sentimiento en el acto.
Las manos de Hermione viajaban por los costados del cuerpo masculino, levantando la camiseta mientras sus palmas se deslizaban sobre la piel. Luego fue a acariciar la espalda bajo la prenda, sintiendo cómo se movían los músculos cuando la abrazaba, cuando la acariciaba. Sintió las delgadas cicatrices que marcaban su picante piel, hasta que ya no pudo levantar más la prenda. Fue entonces cuando él se puso de rodillas entre sus piernas y se la quitó, arrojándola a un lado, pero se quedó de rodillas ante ella, admirándola con esa dulce chispa en sus ojos profundamente oscuros. Una de sus manos comenzó a acariciar suavemente uno de los pechos, jugueteando con el duro pezón, todavía cubierto por la seda del camisón, y eso hizo que ella arqueara la espalda y soltara un siseo, moviendo la cadera despacio contra él.
La otra mano de Severus acariciaba una de las piernas, que estaban envolviendo su cadera, mirándola con lujuria, mordiéndose el labio mientras la punta de sus dedos, sentían la piel suavemente, por el lado externo del muslo, hacia la rodilla, luego el gemelo, luego subiendo de nuevo para llegar hasta su trasero. Esos dedos no hacían más que aumentar la excitación que Hermione sentía entre el vientre y su sexo.
Él se inclinó para depositar un beso en la rodilla, pero luego siguió besando todo, hasta llegar al muslo, y ella estaba sonriendo no solo por las cosquillas, sino por la inmensa excitación que le causaba, porque recordaba cuando le dijo que tenía unas piernas increíbles.
Severus volvió a mirarla y la luz que brillaba en sus ojos, encendió una en el vientre de ella. Estiró un brazo y comenzó a acariciarle el pecho, deslizando su mano hacia abajo, hacia el abdomen, hasta alcanzar la cintura del pantalón deportivo, bajándola y liberando el duro miembro.
La castaña se relamió el labio superior y luego se mordió el inferior al verlo.
Ese miembro era delicioso. Duro como piedra, apuntando hacia arriba, con la enrojecida cabeza casi llegándole al ombligo. Además, el vello estaba perfectamente recortado, lo que hacía que su deseo por tocarlo y lamerlo fuera más intenso.
Y estaba muy complacida porque el estimado que había indicado a sus primas no estaba para nada equivocado.
Acarició el miembro, sonriendo, apretando un poco la punta cuando movía la mano hacia arriba, y él se acercó para besarle el cuello, la clavícula, succionar el lóbulo de su oído, todavía adornado con el arete que le había obsequiado.
Ella volvió la cabeza para besarle el cuello, lamer la cicatriz, y como la piel había quedado un poco más sensible, Severus siseó de placer, por el contacto de sus labios y por la mano que seguía acariciándolo.
Su miembro se estremecía entre los dos, todavía en la mano de ella, pero también se frotaba contra el sexo cubierto de ella, provocando que la joven quisiera arrancarse las bragas para sentirlo directamente contra su piel.
Mientras él besaba su cuello y la piel de sus pechos que asomaba por encima del camisón, Severus comenzó a levantar la prenda. Ella arqueó la espalda para asistirlo y pudiera quitarlo, dejando sus manos en el trasero de él para mantenerlo cerca y poder seguir frotándose contra su órgano. Desvaneció el pantalón que llevaba puesto él, tan grande era su deseo y lujuria por él. Apretó su trasero desnudo, firme y redondo, hasta que se vio obligada a levantar los brazos para ser relevada de la innecesaria prenda que la cubría.
Tan pronto estuvo desnuda, recordó que no había puesto el glamour en la cicatriz que desfiguraba el valle entre sus pechos. Nadie la había visto jamás, ni siquiera Ron, y él había estado presente el día que la obtuvo. Se había vuelto más delgada, menos agresiva a los ojos, desde la última vez que tuvo intimidad con alguien, pero aun la hacía sentir insegura.
Sin embargo, Severus no hizo ningún gesto ni cambió la actitud cuando la vio. Solo acercó los labios para besarla, justo donde comenzaba, mientras acariciaba un pecho, acunándolo con suavidad. Luego, sus labios pasaron al otro pecho y lo succionó una, dos veces, deslizando la lengua sobre el pezón, a veces, excitándolo con los dientes. Luego lo tomó con los labios y tironeó un poco. Eso casi la vuelve loca, haciendo que gimiera con voz suave y arqueara la espalda, para presionar sus pechos aún más contra su boca.
Como si no fuera suficiente, la mano que había estado masajeando el otro pecho, descendió para frotar su sexo, todavía cubierto por las bragas, una firme fricción que ella necesitaba mucho.
"Oh… Sev…" Dijo, respirando pesadamente mientras él la acariciaba y su clítoris clamaba a gritos por más atención, en medio de los empapados labios, contra su impiadosa mano.
"¿Sí?" Preguntó él en voz apenas audible, con una sonrisita burlona, mientras retiraba su boca del festín que se estaba dando en sus pechos. Lamió la cicatriz en toda su longitud. De ninguna manera le causó repulsión. No había discusión. No era necesario explicar nada.
Ella lo miró sonriendo y se mordió el labio inferior. Él besó la cicatriz de nuevo, sin dejar de mirarla a los ojos. Luego siguió con la piel de los pechos, con su mano todavía estimulando con movimientos circulares el mojado sexo.
"Sev… oh… Severusssssss…" Dijo en medio de suspiros.
"Hermione." Respondió él con suavidad.
"Sí… sí…sí, Severus…"
Sin poder aguantar más, la mano de ella fue a empujar las bragas por los muslos y trasero, quitándosela. Lo necesitaba. Lo necesitaba tanto.
Él sonrió y se apartó para quitarle las bragas. Las bajó lentamente hasta sus rodillas, rozando las yemas de los dedos en ambos muslos, mientras sus gemelos se apoyaban en sus caderas Luego, ella levantó las piernas, los dedos de los pies apuntando al techo, los ojos rogándole que se las quitara rápidamente y él lo hizo, sus manos regresaron rápidamente para acariciar sus piernas mientras observaba su rosado, hinchado sexo, expuesto a él con avidez cuando ella bajó y abrió las piernas para él.
Ella comenzó a tocarse suavemente, exponiendo más su clítoris mientras él miraba. Estaba empapada de excitación, según podía ver Severus, y luego, con los mismos dedos con los que se había tocado, Hermione comenzó a acariciar el duro miembro y frotar la cabeza contra su sexo abierto y expectante. Ella no podía dejar de gemir y jadear por la certeza de esta tan esperada intimidad.
Ahora, Severus podía frotar la piel directamente, permitiendo que sus dedos descubrieran cada milímetro de su sexo, aprendiendo las reacciones a cada diferente caricia. Eso solo provocó que el placer de ella se incrementara y el de él que se desbocara.
Mientras él frotaba, estimulaba y empapaba más el sexo de ella, esparciendo la humedad en todas direcciones, la otra mano de Severus se posaba sobre el abdomen de la chica para poner un hechizo anticonceptivo.
Se posicionó sobre ella de nuevo, con su miembro apoyado enteramente sobre el abierto valle de su sexo. Las manos de ella, que habían estado junto a su cabeza por todo el tiempo en el que él la había estado masturbando tan dulcemente, porque había necesitado aferrarse de la almohada por el intenso placer que provocaban sus atenciones.
En ese momento, Severus presionaba una de esas manos en el mismo lugar, entrelazando los dedos con los de ella. Mirándola fijamente a los ojos color avellana, centró la punta de su miembro con su inflamada y deseosa abertura vaginal, luego sostuvo una de las rodillas contra su cintura mientras comenzaba a penetrarla. Ella echó hacia atrás su cabeza, soltando el más dulce de los gemidos que Severus jamás haya escuchado salir de su boca, mientras la chica se sostenía del hombro de él con la mano libre.
Severus le mordisqueaba el mentón, y ella deslizó su mano hasta la nuca de él, para mantenerlo en su lugar mientras descendía sus labios hasta los de él. La lengua de Severus invadió su boca con el mismo ritmo ardoroso con el que su miembro penetraba su sexo. Enredó sus dedos en el cabello negro mientras se besaban, y los mechones que caían hasta su rostro le cosquilleaban las mejillas.
Él se apartó un poco para admirarla. Su cadera seguía con esos movimientos lentos y seguros, deslizándose dentro y fuera en medio de las femeninas piernas, estimulando el clítoris en la justa medida.
Había calidez en su mirada, junto con el evidente deseo. Eso la hizo sonreír. Definitivamente, había algo bueno entre los dos. El saber eso, provocó una oleada más fuerte de excitación en su vientre.
Después de Jacques, Hermione se había puesto muy tímida con respecto al sexo. Muy a su pesar, el solo pensar en ello le parecía sucio y desagradable, ya que todos parecían tratar el asunto como si fuera solo una función corporal más, sin pensar en los sentimientos que deberían involucrar.
Pero ahora se sentía tan bien. Tan tierno.
La respiración de la castaña se hizo más elaborada. Sus talones presionaban el trasero de Severus, animando los movimientos. Él le besó el cuello, mordisqueó la piel entre su cuello y el hombro, y sus manos sostenían su cabeza, con los dedos hundidos en el cabello. Ella lo sostenía lo más cerca que podía, con una mano en la nuca y la otra acariciándole dulcemente la espalda. Exhaló pesadamente contra la piel de la cicatriz del cuello, luego cerca de su oído, y luego, acarició el lóbulo de su oído con los dientes.
Se movían como uno solo, y ese movimiento, juntos con la excitación de ser admirada por él, de la forma en la que él lo hacía, la forma en la que sus ojos brillaban, contribuyeron a que el placer acudiera rápidamente.
Él percibió el cambio en ella, porque su respiración junto a su oído se aceleró y sintió los muslos presionándolo en los costados.
Se sostuvo con las manos para tener una mejor vista de su rostro y su cuerpo, contorsionándose con el placer que él le brindaba; las pequeñas manos aferrándose a su cintura, mientras mantenía los ojos cerrados y los labios curvados en una sonrisa, aún mientras se mordía el labio inferior. Suaves la recorrieron por completo, haciéndola temblar y sisear suavemente, erizándole la piel, mientras él desaceleraba sus movimientos hasta casi detenerse por completo.
Qué suerte tenía al haberse masturbado en la ducha antes de acostarse, porque sintió el orgasmo de la chica extendiéndose sobre su miembro, pero definitivamente, no deseaba terminar con ella aún.
Ella abrió los ojos y lo miró con una sonrisa. El devolvió el gesto y comenzó a moverse de nuevo. Hermione, aun sensible por el orgasmo, deslizó sus manos de la cintura hacia la cadera de Severus, para dictar el ritmo. Él prestó atención a la suave presión que sintió en la cadera y comenzó a moverse aún más lento y ella no dejaba de gemir y jadear.
Severus la llenaba tan magníficamente, alcanzando cada punto importante. El hueso púbico presionaba su clítoris, y la ternura se convirtió en excitación una vez más.
Él descendió hasta ella otra vez, sosteniéndose sobre un antebrazo, cuya mano acunaba la cabeza castaña, mientras la otra se dedicó a masajear un pecho, apretando y jugueteando suavemente con el pezón.
Ella volvió a gemir contra su mejilla cuando él miró hacia abajo, para ver cómo la penetraba, luego la miró a ella, a los ojos. La mano que sostenía su cabeza fue hasta la mejilla y el pulgar acarició los labios. Luego le dio un suave beso, sin dejar de mirarla, para profundizar el beso un segundo más tarde, cerrando él mismo los ojos. Las manos de ella acariciaban lentamente los costados del cuerpo de Severus.
Dejaron de besarse y una de las manos de él se metió en medio de los cuerpos, para que sus dedos encontraran el clítoris y comenzara a masajearlo. Hermione abrió enormemente los ojos al sentir lo maravilloso que era eso, en conjunto con el rítmico vaivén de su cadera, y un largo gemido escapó de su boca. Él puso esa risita de suficiencia y ella asintió enérgicamente, urgiéndolo a continuar.
Y eso hizo. Los dedos ocupados con el centro de placer, comenzaron a acariciar los lados del clítoris y más abajo, hasta donde podía sentir su miembro enfundado en el apretado, mojado sexo de ella.
Estaba tan mojada y no requería ningún esfuerzo ponerla en ese estado. Adoraba la forma en la que su respiración se hacía más pesada y los suaves gemidos más frecuentes. La chica tenía los ojos cerrados, las pestañas parecían estremecerse, pero la mandíbula estaba laxa, con la boca abierta, y los gemidos no dejaban de salir. Severus sintió la necesidad de lamer el labio superior de Hermione. Lo hizo. Luego volvió a hacerlo, deslizando su lengua dentro de la boca, mientras su cadera incrementaba la velocidad suavemente contra el empapado sexo de ella. En la tercera oportunidad en la que su lengua buscó contacto con la de ella, Hermione, finalmente respondió. Estaban ocupados en una dulce, lenta batalla por unos momentos, hasta que los labios se encontraron y la batalla continuó en privado.
Severus alejó su boca de la de ella, no sin antes dejar un suave mordisquito. Los dedos trabajando en el clítoris, apretándolo con cuidado, incrementaron la velocidad al mismo tiempo que la cadera. Ella arrastró las uñas contra la piel de los costados de él, todavía gimiendo y jadeando debido a las expertas caricias de Severus, y cuando las femeninas manos llegaron al pecho, el pulgar rozó una de las duras tetillas de él. Por un momento, Severus perdió el ritmo de sus acompasadas embestidas, porque el cuerpo entero se estremeció y sus ojos se cerraron por un instante, y ella le sonrió con picardía, muy feliz con su descubrimiento.
Acarició la tetilla de nuevo y él emitió un gruñido, dejándola ganar esa mano, pero aumentando la velocidad de los movimientos de su cadera.
"Sí… Sev… Oh…" Hermione soltó una letanía de gemidos en consecuencia con el aumento de la velocidad de la penetración. Sus manos seguían acariciándolo. La espalda, los costados, y por supuesto, las tetillas de vez en cuando.
No era un ritmo frenético, pero lo suficientemente veloz como para generar un placer que volaba los sesos, pero, aun así, todavía se sentía tierno y afectuoso.
Severus apoyó su frente contra la de ella, frotó su nariz con la de ella, con su respiración ardiente y pesada contra la mejilla de Hermione.
"Sev… ah… Severus…" Ella continuaba con los gemidos. Ahora, su cadera acompañaba el vaivén que él había establecido, frotando más su miembro, mientras los dedos de él seguían estimulando el clítoris.
Una vez más, los de dos de Hermione se enredaron en el cabello negro, aferrándose con fuerza a medida que el placer se intensificaba.
"Oooohhhh… ¡cielossssss! ¡Ssssssiiiii…! ¡Ssssssssseeeev!" El siseo constante y el aliento verbal, en conjunto con la elaborada respiración era tan ardiente, que estaba contagiando a Severus, provocando gemidos y gruñidos propios.
"Ssssssiiiiiii… aahhhhh… oh, Sev… Oooohhh…"
La castaña puso los ojos en blanco, sin poder ya emitir sonidos. Las piernas le temblaban, los dedos de los pies se contraían, mientras tenía los talones firmemente presionados contra el trasero de su amante, moviendo la cadera casi con frenesí, hasta que se quedó como congelada. El dulce gemido contra los labios y la mejilla del hombre, junto con las persistentes contracciones de su vagina envolviendo su pene, y la ardiente lubricación que empapaba su miembro, llevó a Severus al orgasmo, gruñendo, chocando contra ella una vez más, hasta que ambos cuerpos se tensaron uno contra el otro, mientras el placer los invadía.
Ella se regocijaba en la bruma que dejó su orgasmo, flashes blancos parpadeaban detrás de sus ojos, su frente contra la de él, su nariz y su aliento pesado en su mejilla, su cuerpo sudoroso contra su propio cuerpo cubierto de sudor, mientras aún estaba dentro de ella, recuperando el aliento.
Y entonces, pudo sentir la pérdida del contacto con él, cuando Severus se acostó a su lado sin decir ni una palabra.
La inseguridad la llenó de inmediato.
¿Habría malinterpretado la situación otra vez? ¿Estaría solo usándola? ¿Tratando de sacar lo mejor de una situación de mierda, en la que ella lo había puesto?
No, basta. No seas pegajosa. No arruines esto Hermione.
Teniendo los ojos aun cerrados, sintió que la cubrían con las cobijas, el cuerpo de Severus acercándose a ella. Uno de sus brazos la estaba envolviendo, acercándola más. Hermione sonrió, sintiendo que el alivio y la calidez, le llenaban el corazón.
Se volteó en el círculo de sus brazos para quedar de frente a él y abrió los ojos. Vio la felicidad en los ojos de su hombre mientras la observaban. Él dejó un suave beso en su nariz y luego en los labios.
Ella se acurrucó lo más cerca que pudo sobre su pecho y se quedó felizmente dormida.
N/T: ¡Por fin! Se tomaron su tiempo, pero lo lograron. Les dije que tenían que tener paciencia. Pero no se relajen, que todavía hay historia para rato.
