Capítulo 19
Severus despertó con las mejillas doloridas.
Había sonreído toda la noche. Tal vez, actuar así de tonto y como un adolescente, no era lo más sensato, pero era más fuerte que su mente racional.
El hecho de saber que ella estaría pegada a él de alguna forma, aunque solo fuera por un rato, le dio la confianza para tratar de seguir con aquello, para tratar de cortejarla, sin los juegos que parecían ser la norma últimamente.
La conocía desde hacía mucho, después de todo, y cuanto más pensaba en el asunto, todo lo que había observado a lo largo de los años de trabajar con ella, parecía más atrayente, más estimulante, más excitante.
Ella también lo conocía, y todo lo que Severus podía hacer, era esperar que ella comenzara a verlo bajo otra luz, justo como él a ella.
Tal vez si tus barreras no estuvieran siempre alzadas y si no estuvieras todo el tiempo a la defensiva, ella podría ver algo que le guste. Tal vez aún queda algo en ti que es atractivo.
Se volvió para mirarla dormir. Ella le daba la espalda, desnuda aun, y se aferraba a las sábanas, sosteniéndolas contra el pecho. Esa maravillosa pierna, como era usual, escapaba a las cobijas.
Severus se encontró sonriendo al verla. Luego, se inclinó para oler su cabello, pero sin molestarla. No pudo evitar besar el hombro desnudo con ternura antes de levantar suavemente las sábanas y salir de la cama.
Encontró su camiseta en el suelo y se la puso. Fue hasta el armario para buscarse unos pantalones de ejercicios, porque los que había tenido puestos, Hermione los había hecho desaparecer.
Después de sus abluciones matutinas, ella seguía profundamente dormida, así que Severus salió despacio del dormitorio, cerrando la puerta con cuidado.
Bajó a la cocina, en donde Jane lo saludó alegremente, en cuanto lo vio aparecer en las escaleras que daban directamente a la cocina. La señora aún estaba cubierta por una bata. "Oh, ¡buenos días Severus!"
"Buenos días Jane." Respondió él con una sonrisa.
"¿Hermione todavía duerme?"
"Profundamente."
"¿Qué tan tarde llegó anoche?"
"¿No estaba usted con ella?"
"Oh, no. Las viejas regresamos a casa después de la cena y un rato de conversación. Las jovencitas fueron por unos tragos. Tal vez también fueron a bailar." Dijo la señora con una sonrisa mientras bebía un sorbo de té y luego colocaba la taza sobre el mostrador.
"Ah, bueno. Llegó bastante tarde." Replicó Severus. Luego miró a las cosas preparadas para el desayuno sobre la isla, y se dio cuenta que su urgencia por llevarle a su chica un desayuno completo, podía parecer extraño, porque no lo había hecho en toda la semana anterior. "Estaba pensando en llevarle el desayuno… porque no pude hacerlo ayer." Dijo con una sonrisa tímida.
"¡Claro! ¡Hazlo cariño! No necesitas pedir permiso en esta casa, en especial para hacer algo tan dulce para mi hija." Jane bebió otro sorbo de té sonriendo. "Siéntete como en casa."
Luego, la dama tomó una bandeja de uno de los gabinetes y lo puso sobre el mostrador mientras Severus buscaba un plato y comenzaba a armar el desayuno para su hechicera y para él mismo.
….
Hermione despertó desnuda, en más de una forma, y sola en el cuarto.
Había esperado que los brazos de Severus estuvieran a su alrededor, que la despertara con suaves besos en el cuello y las mejillas.
¿Sería posible que, una vez más, hubiera malinterpretado la situación? ¿Acaso había juzgado más el carácter del hombre?
Ella era tan insegura y pegajosa después de la traición de Jacques, tan necesitada de romance y reafirmación. Pensó que había logrado alcanzar aquello en un hombre de verdad, de carne y hueso, en el pasado, pero aparentemente, no había hecho un buen trabajo.
Ningún hombre aguantaría esa necesidad que tenía. Severus ni siquiera había tolerado el quedarse para despertarla.
"Estúpida Hermione. ¡Eres tan estúpida!"
¿Había sido solo sexo? No… no podía ser. Había sentido que era algo más. Lo había sentido.
Como seguramente creíste sentir con Jacques. Eres una estúpida.
Hundió el rostro en una almohada y gritó. Se recostó sobre el abdomen y golpeó la cama con los puños, llamándose estúpida y gritando incoherencias mientras las lágrimas se derramaban sobre la almohada.
"¿Quisieras que te de unos momentos?" Escuchó la sedosa voz de Severus y se volvió para verlo, sosteniendo las sábanas contra su pecho, encontrándolo en la puerta, con una bandeja con el desayuno y una mueca traviesa en los labios.
Severus sonrió y trató de mantener la compostura y la dignidad, pero estaba aterrorizado que ella se arrepintiera de la noche previa.
"Oh, hola." Dijo ella casualmente, sonrojándose intensamente. Una lágrima se derramó sobre su mejilla. "Buenos días." Sonriendo al darse cuenta que él había ido a buscar el desayuno.
Él fue hasta la cama y puso la bandeja cerca de Hermione. "¿Qué sucede?" Preguntó Severus, un poco más aliviado al ver la avergonzada sonrisa. Él había aprendido a leerla muy bien en los años que había trabajado a su lado, solo que, hasta ese momento, no había confiaba en ese conocimiento, debido a la interferencia de sus propias emociones. Pero ahora, si podía. Debía recordar eso.
"No pasa nasa. Solo estoy siendo una tonta." Dijo ella con suavidad, estirando la mano para tomar una taza de café y beber un sorbo, sin mirarlo directamente por la vergüenza que sentía.
Él la observó con la cabeza inclinada.
Era tal cual había juzgado desde el principio. Era muy insegura. Ese Jackass le había hecho algo tan horrible que ahora ella siempre pensaba mal de los hombres y sus intenciones, sobre todo en cuestiones del corazón. Era muy entendible.
Severus se puso de pie y fue hasta el lado de ella de la cama. Ella estaba poniendo su taza sobre la bandeja para mirar lo que él hacía, cuando un largo dedo alzó suavemente la barbilla de la chica y reclamó sus labios, despacio, succionándolos. La mano de ella fue a enredarse en su cabello para responder apropiadamente, con el corazón lleno de un cálido sentimiento.
"Buenos días Gatita." Dijo él cuando dejaron de besarse.
Ella sonrió como una colegiala tonta. Luego, él regresó a su lado de la cama para desayunar a su lado.
"Gracias por el desayuno." Dijo ella a pesar de la vergüenza y lo cohibida que se sentía. Deseaba acurrucarse a su lado y solo estar con él. Deseaba saber qué era lo que se había formado entre ellos, pero no podían hablar de ello tan temprano, luego de su primera, y esperaba que fuera la primera de muchas, noche de intimidad. Además, eso solo demostraría lo muy necesitada que estaba.
"El placer es todo mío." Respondió él, sonriendo con todo el rostro. Una sonrisa amplia, cálida, sincera.
"Sabes, tienes una sonrisa increíble." Ella no pudo contenerse y decirlo mientras comía un pedacito de bagel. "Deberías hacerlo más a menudo."
"Tal vez ahora tenga más razones para hacerlo." Contestó él, mirándola directamente a los ojos y un sonrojo recorrió el cuello hasta las mejillas de la joven.
Cuando terminaron de desayunar, Severus puso la bandeja en la mesita frente al sofá, esperando no volver a dormir allí nunca más. Luego, su atención regresó a Hermione, que todavía estaba sentada en la cama, sosteniendo las sábanas contra su pecho.
"Tal vez debamos aparecer abajo. Tu madre ya estaba levantada cuando bajé. Aparentemente, ella regresó antes que tú."
"Oh, sí. Karen, Andrea y yo fuimos por unos tragos solas."
"¿Y te divertiste?"
"Sí…" Dijo ella con una pizca de picardía, pero sonrojándose furiosamente al mismo tiempo.
Severus hizo un gestito malicioso. "Con las chicas, quiero decir."
"Sí, también. Regresamos solo porque Andrea y Karen estaban por completo borrachas y tenía que llevarlas a casa."
"Oh, así que esa fue la única razón, ¿eh?"
Severus estaba sentado en la cama, frente a ella, muy cerca de ella, sonriendo con malicia.
"No… no fue la única razón…" Hermione estaba tan sonrojada que parecía una frutilla, sobre todo porque él se estaba acercando cada vez más y sentía sus labios muy cerca de los suyos, frotando su nariz con la de ella.
Fue ella la que acortó definitivamente la distancia entre los dos y comenzó a besarlo, con las mariposas haciendo acrobacias en su vientre.
Él era un sueño maravilloso, mucho, mucho más de lo que hubiera esperado de él.
"Ve a vestirte antes que te encierre aquí para tenerte para mí solo todo el día, Gatita." Dijo él, casi sin aliento, en cuanto se separaron. Ella rio como una nenita.
"De acuerdo. Solo… solo cierra los ojos mientras voy al baño." Dijo ella, todavía cubriéndose los pechos con la sábana.
"¿Por qué? Ya lo vi todo anoche." Otra vez ese gesto pícaro. "¿Es esa será la única vez que ibas a dejarme verte?" Los dedos de Severus trazaban las orillas de la sábana, tironeando suavemente hacia abajo, pero ella las sostenía en su lugar, sonriendo con timidez.
"No, claro que no… definitivamente no, pero la luz era muy tenue anoche… escondía cualquier… imperfección."
"Estás jodidamente buena. ¿Qué imperfecciones? Ni una, te lo aseguro." Le besó el cuello, provocando una risita.
"Eres demasiado dulce."
"Nada más lejos de eso. Vamos, ve y deja que vea ese maravilloso trasero tuyo, Gatita. Las chicas Bond no son tímidas sobre su sensualidad."
Ella, sin embargo, todavía insegura, trató de salir de la cama llevándose la sábana, pero como él se había sentado encima de ellas, tironeó un poco más y se la quitó suavemente de las manos mientras ella caminaba al baño, admirando el cuerpo desnudo con lujuria en los ojos, mientras ella se apresuraba en tomar algo de ropa y correr hacia el baño, con timidez aún, pero excitada por las miradas cargadas de deseo que le dedicaba Severus.
Mientras ella estaba en el cuarto de baño, él cambió su ropa tranquilamente, sin tener que apresurarse, porque ella ya lo había visto desnudo, y con un poco de suerte, lo volvería a ver así muy pronto.
Una vez ambos estuvieron vestidos, bajaron a la cocina, con Severus regresando con la bandeja y las cosas del desayuno. Las puso sobre el mostrador y comenzó a lavarlo todo, pero Hermione protestó dulcemente, diciendo que debería lavar ella, porque él le había preparado el desayuno. Lo hizo suavemente a un lado, siempre con una sonrisa, y se puso a lavar ella misma.
Jane y Judith, quien recién llegaba, miraban el intercambio con una sonrisa e intercambiaron una mirada cómplice, cargada de significado.
A Charles no le importaba demasiado mientras terminaba su café de media mañana, ansioso por regresar a ver la tele.
Pero antes de regresar a la sala, se dirigió a Hermione. "Llamó tu prima."
"¿Cuál?" Preguntó la chica inocentemente, mientras se volteaba para mirar a su padre. Severus, a su lado, seguía mirando el fregadero, mientras secaba lo que Hermione lavaba.
"Victoria."
La sonrisa de la chica se desvaneció y sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo. Severus supo de inmediato el efecto que había tenido en ella, así que volteó él también, para mirar al resto de la familia, como una especie de apoyo moral para Hermione. No podía abrazarla, porque se vería raro para Jane y Judith, estaba seguro.
"Oh," Dijo la chica descorazonada. "¿Por qué?"
"Ha habido una emergencia familiar, con una de sus damas de honor, así que pidió que la reemplazaras."
Hermione rodó los ojos. "¿No podía buscar a alguien más?"
"No tiene muchas amigas mujeres."
Severus resopló por dentro. ¿Me pregunto por qué?
"¿Qué clase de actitud es esa? ¡Es tu prima! ¡Deberías mostrar tu apoyo! Eres su única prima mujer. "Charles continuó con ese tono áspero, como si Hermione lo hubiera insultado personalmente. "Es un honor. Deberías sentirte honrada."
Hermione respondió con tono un poco burlón. "Sí, es por eso que solo soy su plan de emergencia."
Charles la miró muy serio. "Mucho cuidado con esa actitud." Dijo amenazante.
"Charles, lárgate." Exigió Jane.
"No voy a permitirle que…" Comenzó a decir el hombre con actitud beligerante.
"No. ¡No voy a tolerar que trates a nuestra hija de esta manera! ¡Nuestra hija! ¿Te das cuenta que es por esto que casi nunca viene a visitarnos?" Jane estaba muy enfadada. "Ya para con esa actitud de mierda, ahora mismo, ¡o tú solo serás la razón por la cual nunca podamos ver a nuestros nietos! Y créeme, no voy a privarme de ese placer por ti. Cualquier acción que sea requerida, la llevaré a cabo, no lo dudes."
Charles la miró con sorpresa y un poco de temor, por la velada amenaza de dejarlo. Se retiró callado hacia la sala.
Hermione estaba apoya contra el borde del mostrador, sosteniéndose, sintiéndose incómoda porque había sido la causa de una pelea entre sus padres. Severus, finalmente, la abrazó con un solo brazo, acercándola a él y besándole la sien. En sus brazos, ella se sentía mejor, respiraba más fácil.
"Hermie, querida," Comenzó a decir Judith mientras Jane se calmaba, inhalando profundamente. "¿Por qué no quieres ser su dama de honor? Solían llevarse bien."
"No es nada Nana, de verdad, iré, no es problema." Era mejor decir eso que crear más problemas.
"¿Estás segura cariño? No tienes que hacerlo."
Hermione tomó aire profundamente, en la seguridad de los brazos de Severus. "¿Tengo un usar un vestido especial o algo así?"
"Cualquier cosa color crema o perlada. Severus necesitará un traje gris también."
"¿Severus?"
"Sí. Era una pareja la que tuvo la emergencia." Jane miró a Severus.
"Oh, pero qué felicidad." Dijo con tono burlón y las tres mujeres rieron.
"Si no quieres hacerlo…" Hermione lo estaba mirando casi como suplicándole. Se sentiría mejor si tenía que soportar eso con él a su lado.
Severus se volvió hacia las señoras. "Lo haré si Hermione desea ir, pero hay un pequeño problema. No tengo un atuendo apropiado." Solo había llevado el traje negro para la boda. Siempre cabía la posibilidad de transfigurarlo.
"Yo tampoco tengo un vestido de ese color." La transfiguración siempre dejaba la ropa un poco rara.
"Oh, no te preocupes. Creo que tengo algo querida." Dijo Judith. "Unos arreglos por aquí y por allá y quedará perfecto para ti. Y creo que tengo algo de Edward para ti, Severus." Dijo la dama al alto hombre, con una sonrisa cálida.
Bueno, te salió el tiro por la culata, Severus, si creíste que escaparías de esta.
"Vamos, caminaremos hasta la casa de Nana para ver qué podemos encontrar." Dijo Judith mientras se encaminaba hacia la puerta.
…..
La verdad era que había sido una linda caminata.
Un pequeño paseo por la naturaleza durante una parte del recorrido y luego llegaron a un pintoresco poblado, con callecitas empedradas y casas de piedra y negocios de puertas coloridas.
Mientras caminaban por el largo camino de grava, rodeados de árboles y arbustos, que parecían ocultar la casa, hablando entre ellos, con Judith y Jane al frente, mientras Severus y Hermione iban un poco más atrás, cerca uno del otro, pero sin tocarse. Hermione estaba tratando de no ser una pegajosa y actuar como adulta, en especial, porque él era mayor que ella, más maduro, y corría el riesgo que él pensara de nuevo que no era más que una tonta mandona y molesta sabelotodo, pero no podía dejar de pensar en la noche de pasión que habían compartido, y lo mucho que deseaba que volviera a ocurrir, una y otra vez. Y otra vez mas si cabía la posibilidad.
Todavía tenía inseguridades sobre lo que había significado para él, incluso después de la dulzura demostrada en la mañana siguiente.
Mientras caminaba y pensaba en esas cosas, sin escuchar nada de lo que decían su madre y abuela, la enorme y suave mano, tan talentosa, recordaba ella, encontró la de Hermione, que había estado pendiendo a su lado, para sostenerla mientras caminaban.
Ella lo miró alarmada, pero él solo miraba hacia adelante, respondiendo algo que habían preguntado su madre o su abuela, sin soltarle la mano, como si no fuera nada, como si fuera natural, una ocurrencia diaria. Nadie los estaba observando. No era necesario.
Hermione sonrió y se aferró a la mano con más firmeza, entrelazando los dedos con los de él.
Mientras atravesaban el poblado, la gente los saludaba. Por supuesto, era un lugar pequeño y relativamente tranquilo, en donde todos se conocían, y por supuesto, conocían a los familiares de los extranjeros que eran dueños de la casona en las afueras del poblado. Severus y Hermione fueron presentados varias veces, y solo se soltaron la mano para saludar a la gente que le presentaban, para volver a tomarse de la mano de inmediato. Esa encantadora sonrisa de lado de Severus, ofrecida a quienes conocía, llenaba de mariposas el vientre de Hermione, en especial al recordar que él había dicho que ahora tenía más motivos para sonreír más a menudo, en referencia a ella misma.
La casa de Judith y Edward estaba del otro lado del poblado, también un poco escondida. Era más pequeña que la casa de los padres de Hermione, pero muy cómoda.
Edward estaba sentado en su sillón favorito, leyendo el periódico, cuando el grupo llegó.
"Edward, querido, vamos a necesitar revisar tu clóset para ver si encontramos algo para que Severus use para la boda. Han sido promovidos a dama de honor y padrino de boda." Dijo Judith con regocijo, en camino ya hacia las escaleras. Jane fue hasta donde estaba su padre, quien ya estaba dejando el periódico a un lado, para darle un beso.
Hermione estaba justo después de su madre para saludar al abuelo. Severus estaba siguiente, porque Hermione no le soltó la mano para ir a saludar.
"Bueno, muchacho, eres un poco más alto que yo." Dijo el caballero mirando a Severus y sonriendo, mientras le palmeaba el hombro. Era cierto, era un poco más que más alto.
"Estoy seguro que encontraremos algo y podremos soltar un poco de la orilla de la botamanga, además, la gente se achica un poco cuando se hace vieja."
Jane solo rio cuando vio la cara que ponía Edward al escuchar decir eso a su esposa, algo así como falso enfado.
"Perdón… ¿me estás llamando viejo?"
"Yo no dije eso, cariño." La señora se acercó a su esposo y le dio unas condescendientes palmaditas en la mejilla. "Pero sí recuerdo que eras más alto." Concluyó en voz más baja, mientras se alejaba en dirección de las escaleras.
Hermione también rio junto a su madre y hasta Severus rio bajito.
"Esto es un abuso." Dijo Edward en broma, siguiendo a su esposa por las escaleras. "Estoy atrapado en una relación abusiva."
"Cállate. Si a ti te encanta." Retrucó Judith.
Llegaron a una habitación que claramente no era el dormitorio de la anciana pareja, pero en donde Edward guardaba ropa que ya no usaba. Aparentemente, en el pasado había sido un importante hombre de negocios, que luego se retiró e invirtió en el viñedo, con muchas funciones elegantes a las que ir, a juzgar por la cantidad de trajes finos que tenía. Judith, por supuesto, lo acompañaría, por eso tenía una igualmente grande y variada colección de vestidos.
"¿Qué es lo que estamos buscando?" Preguntó Edward.
"Algo gris. Un traje de tres piezas, con una linda corbata plateada estaría perfecto para él." Intervino Jane.
Ella sabía cómo sería todo en la fiesta porque el tío favorito de Victoria estaba invitado, por supuesto.
"Gris. De acuerdo. Entonces, revisaremos este lado del guardarropa." Dijo Edward mientras abría la puerta del armario en cuestión. "Revisa tranquilo."
Severus se sentía un poco incómodo con revisar el armario de otra persona, así que miró desde donde estaba, pero Hermione vio algo que le gustó. Era algo que ya le había visto puesto a su abuelo. Era un caballero muy elegante, y Severus podía asegurar que había hecho girar muchas cabezas en su juventud.
Hermione solo soltó la mano de Severus para ir a revisar el traje que le había interesado.
"Oh, Sev, te verías muy guapo con este traje." Dijo ella, sacando del armario una prenda, una pieza de corte clásico, que parecía ser de diseñador.
"Oh, Hermie tiene buen ojo." Dijo Judith.
"Uno de mis favoritos."
"Y se ajusta a los requerimientos de la novia." Remató Jane.
"¿Tú qué crees, Severus?" Preguntó Judith.
"Bueno, difícilmente puedo tener objeciones al juicio de tres damas distinguidas. Las damas siempre saben lo que es mejor."
Edward le palmeó con firmeza el hombro y las damas sonrieron. "Eres un buen hombre. Ya puedo ver que serás muy feliz en tu matrimonio." Dijo el caballero con tono de broma. Severus solo sonrió.
"Muy bien, ponte esto, Severus. Edward, fíjate cuáles son los arreglos que hay que hacer mientras nosotras vamos a buscar algo para Hermione." Dijo Judith, abriendo un cajón y sacando una cajita llena de alfileres y poniéndola en la mano de su esposo. "Ya sabes cómo se hace."
A Judith le gustaba coser y Edward había sido un gran ayudante y maniquí varias veces.
Judith salió del cuarto, con Jane siguiéndola. Hermione miró a Severus con los ojos llenos de amor antes de seguir a su abuela y madre.
"Bueno, Severus. Pongámonos a trabajar." Dijo Edward, sentándose en una silla junto a la cama.
Severus miró a su alrededor, sintiéndose un poco inseguro, y supuso que sería mejor cambiarse allí mismo.
Como en los vestuarios, qué divertido.
Comenzó a desabotonar su camisa.
"No deseo arrinconarte en un momento tan vulnerable, Severus, pero es que no hemos podido hablar mucho."
"Es cierto, señor."
"Y siento que necesito tener una charla paternal contigo, sobre nuestra pequeña Hermie." Dijo el hombre con una sonrisa.
Severus asintió una vez, poniéndose la fina camisa de Edward.
"Te he estado observando estos últimos días, y pudo ver lo atento que eres con mi nieta. Pero solo han sido unos días. ¿Estás simulando tu conducta?"
Severus sintió que se le enfriaba el estómago. De hecho, lo que había comenzado como una farsa, pero en algún punto intermedio, él no estaba seguro cuándo, las cosas habían cambiado.
"El matrimonio es un asunto muy serio, aunque cuando se es joven, pueda parecer solo un experimento. No serán todos días buenos, sabes. Han estado juntos por, ¿seis meses? Todavía están en la fase de la luna de miel." Comentó Edward, sonriendo.
"Así es, pero creo que olvida que he trabajado con ella por dos años y medio antes de… involucrarnos. He sido testigo de sus malos momentos y he sido el blanco de esos momentos, muchas, muchas veces." Severus ya estaba abotonando los pantalones grises de diseñador.
Edward rio. "Es cierto, muy cierto. ¿Y estás dispuesto a aguantar esos ataques y tratarla bien, como se merece ser tratada, a pesar de las peleas, por el resto de tu vida? ¿Serás siempre atento, compresivo y bueno con ella? ¿Leal? ¿Podrás levantarle el ánimo y estarás a su lado? Dios sabe que le ha faltado esa clase de atención masculina." Comentó Edward entre dientes, obviamente refiriéndose a Charles y sus rudas maneras.
Severus dejó de ajustarse la ropa y miró al caballero a los ojos.
"Señor, puedo decirle con honestidad que eso es lo que quiero hacer, con todo mi corazón, y que siempre haré todo en mi poder para llevarlo a cabo."
De verdad, era sincero. Aunque había sido coaccionado para entrar en el acuerdo, ahora se sentía dichoso de haber terminado en esa situación, que pudiera reconocer la valía de Hermione, una gema que había estado escondida frente a sus propios ojos.
"Bien." Dijo Edward. "Te creo. Ahora, veamos qué podemos hacer con este traje." El hombre se levantó con la cajita de alfileres en la mano.
Severus tenía casi el mismo tamaño que Edward, y aparentemente Judith tenía razón, Edward había sido más alto en su juventud, así que no se requirió demasiado trabajo, aunque Edward era un poco más robusto y Severus más delgado, porque la musculatura llenaba bien donde Edward estaba más gordito.
"Vas a necesitar unos gemelos. Y un clip para la corbata." El caballero abrió un cajón del armario y rebuscó entre varias cajitas. "Ah, ¡estos serán perfectos!" Edward abrió una cajita que contenía unos gemelos y clip de plata, ambos con grabados de nudos celtas. "Van muy bien con la sortija que le diste a Hermie."
Severus solo sonrió mientras el abuelo le tomaba las muñecas y colocaba los gemelos, entregándole el clip para la corbata y que la colocara él mismo.
Las damas entraron luego de tocar y elogiaron lo que veían.
"¡Ooooh! ¡Qué guapo!" Dijo Judith. "Bien hecho Hermie. Diste totalmente en el blanco."
La chica sonrió y se acercó a su hombre, deslizando sus manos sobre el chaleco y los hombros del saco, disfrazando las caricias con alisar la tela. Él se inclinó y besó sus labios suavemente, sin importarle la audiencia.
Judith ya estaba analizando las marcas hechas por su esposo, y habiendo aprobado los cambios, dijo que se ocuparía de coser todo más tarde, luego salieron del cuarto, dejando a Severus para que pudiera cambiarse.
Una vez lo hizo, le entregó los gemelos y el clip a Edward, solo para escucharlo decir, "oh, no. Son para ti."
Severus abrió grandemente los ojos. "No, señor. No podría…" Se veían muy costosos.
"Si podrías. Ahora eres familia. Y aunque aún no nos conocemos mucho, presiento que harás muy feliz a Hermie. Y eso es lo que más importa, en realidad. Y eres un buen hombre."
"Yo… yo…"
"No te sientas incómodo. Tengo muchos de esos, como puedes ver, más de lo que tengo oportunidad de usar en estos días. Y le he dado una pieza a cada hombre honorable que ha entrado en la familia."
Severus se quedó sin habla ante tal gesto, pero al mismo tiempo, su mente se preguntaba si cada hombre había obtenido un regalo así de invaluable.
"Bueno, tal vez no debas mostrarlos cuando Charles ande por ahí." Comentó el hombre, como si leyera la mente de Severus, quien rio con picardía.
"Gracias señor. Siempre haré mi mejor esfuerzo para honrar esta confianza."
…..
Se quedaron a almorzar, y luego de mucha conversación y risas, Jane, Hermione y Severus regresaron a la casa de los Grangers.
La cajita que Edward le diera, parecía a punto de quemar un agujero en su pierna, mientras permanecía en su bolsillo mientras caminaban por el poblado.
El gesto había sido muy amable. Severus nunca se había sentido bien recibido en ninguna parte. Miró a la joven a su lado, todavía sosteniendo su mano, y se sintió bien. Había sido muy honesto con su abuelo. Sentía esa apremiante necesidad de cuidarla y protegerla, de estar a su lado. Era inteligente y maravillosa. Se preguntaba cómo nunca había notado lo muy brillante que era. Confiaba en ella y sentía que podía decirle lo que fuera y que ella no lo juzgaría, aun cuando él aún tenía algunos problemas para abrirse y comunicarse. Y ella había sido, definitivamente, con la que más se había abierto, y, aun así, ella parecía más que deseosa de estar con él, aun conociéndolo.
Sí, disfrutaría mucho con ella, y trataría con todo lo mejor de él mismo para ser el hombre que ella merecía y deseaba, así cuando llegaran tiempos decisivos, ella no lo rechazaría. E incluso si lo hacía, Severus sentía que era mejor tener esos recuerdos a pasar la vida sin ninguna felicidad, aunque fuera de corta duración.
Llegaron a la casa y todos fueron a beber un vaso de agua. Hermione fue la primera en finalizar y anunciar que necesitaba una siesta, porque no había dormido mucho. Comenzó a subir las escaleras y miró a Severus cuando llegó al primer descanso. Había lujuria en esos ojos, que hacía que el color whiskey en ellos, ardiera como brasas y que provocaron una sensación en los pantalones de Severus. Luego desvió la mirada, avergonzada, todavía insegura, y procedió a seguir subiendo hasta su cuarto.
Los pies de Severus deseaban seguirla de inmediato, pero su mente le decía que no debería ser tan obvio.
Lavó su vaso y estaba pensando en una excusa que darle a Jane, cuando Charles apareció en la cocina, viéndose como el perrito que hizo en la alfombra y sabía que no debía hacerlo. Perfecto. Necesitarían hablar en privado, y Severus sería el tipo comprensivo que sabía cuándo debía retirarse.
"Creo que yo también tomaré una siesta. Esa caminata en el sol me dejó agotado. Disculpen." Comenzó a subir las escaleras cuando Charles se acercó a su esposa.
"¡Descansa bien, Severus!" Dijo Jane con su siempre alegre tono de voz, pero tenía la mirada asesina cuando miró a su esposo.
Ya veo de dónde saca Hermione la potencia.
Entró en el dormitorio y cerró la puerta.
Allí estaba ella, de pie en medio del cuarto, mirándolo con incertidumbre.
Antes que él llegara, ella había estado paseándose con nerviosismo. Lo deseaba, deseaba estar con él, por completo, sin mentiras, pero ¿cómo se lo diría después de todo por lo que lo hizo pasar? ¿Cómo estaría segura que él de verdad la deseaba si la amenaza de Azkaban estaba siempre presente? Podría mostrarle y esperar que él se diera cuenta y entendiera que era algo real. Eso si él lo permitía. Y lo dulce y tolerante que estaba siendo. Aguantando la nueva molestia que significaba ser padrino de bodas de alguien que ni siquiera conocía. Solo por ella. Cada cosa que hacía la hacía sentir más y más calidez por él.
Severus sonrió mientras la observaba sonrojarse, con esas facciones tímidas, y cerró la puerta con llave.
Hermione se lanzó hacia él, buscando sus mejillas. Él hizo lo mismo, acortando la distancia, envolviendo su cintura con los brazos y sosteniéndola cerca mientras sus labios se encontraban en plena avidez y pasión.
Los dedos de Hermione soltaron hábilmente los botones de la camisa, y se la quitó de los hombros. Severus se separó de ella de mala gana para quitarse la prenda. Mientras lo hacía, ella comenzó a empujarlo suavemente hacia la cama, desabotonando los jeans en el camino.
Cuando la parte trasera de sus rodillas tocaron la cama, ella le bajó los pantalones con todo y bóxer, en un solo movimiento desesperado.
"Directo al punto, ¿eh?"
"Sí." Dijo ella en medio de un suspiro, tan caliente por él con tan solo recordar lo que habían hecho en la noche previa.
La pequeña mano de ella envolvió el miembro que aún estaba alzándose, pero que se puso del todo rígido casi al instante. Hermione se lamió los labios y miró entre los dos cuerpos y se mordió el labio inferior.
Qué buena polla tenía ese hombre.
Lo empujó un poco hasta que estuvo acostado en la cama y de inmediato se montó sobre él, levantando un poco el corto vestido de verano que llevaba puesto, para poder moverse con libertad. Se sentó sobre la dureza de su miembro y él pudo sentir la húmeda calidez directamente.
La pequeña atrevida se había quitado las bragas antes que él entrara a la habitación.
"Oh, mierda…. Sí Gatita…" Soltó entre jadeos.
Ella comenzó a frotar su sexo lentamente, acunando el enorme miembro ente los labios de su vulva mientras se estimulaba a sí misma, apoyando las manos sobre el pecho de él.
El clítoris rozaba contra su erección, haciendo que la chica gimiera despacito, y cuando la punta del órgano se enterró en ese lugar, Severus emitió un grave gruñido.
Tomó la cadera de la chica y la frotó un poco más sobre su miembro, mirándola directamente a los ojos, y la lubricación empapaba su miembro, dejándolo perfectamente listo, haciendo que el movimiento fuera más fluido y mucho mejor, y permitiendo que fuera más fácil encontrar un ritmo.
"Mierda… estás tan deliciosamente mojada." Le dijo él.
Ella se puso roja al oírlo y apareció un dejo de timidez en su rostro, pero también se estaba estremeciendo y se mordía los labios. Eso era una buena señal.
La castaña se inclinó hacia él para besarlo sin dejar de mover la cadera sobre su miembro. En un momento, la detuvo cuando la punta de su pene estuvo alineada con la abertura de ella. "Necesito enterrarme en tu ardiente y empapado sexo, Gatita." Que fue dicho en apenas un susurro contra sus labios y comenzaba a penetrarla, y ella acompañaba la acción con el movimiento de su cadera para darle la bienvenida. De nuevo, no hubo respuesta a su atrevido lenguaje, pero los suaves gemidos y verla mordiéndose los labios, indicaban que le gustaba lo que oía.
Cuando ella volvió a tomar una posición sentada, Severus apoyó la palma de su mano sobre el bajo abdomen de la chica, y Hermione pudo sentir el cosquilleo del hechizo anticonceptivo, aplicado en silencio.
Comenzó a moverse sobre el erguido miembro, todavía sosteniéndose contra su pecho, gimiendo cada vez que su órgano la llenaba y abría tan deliciosa y completamente.
"Mierda, Gatita…" Él estaba jadeando. "Estás tan deliciosamente apretada. Quítate ese vestido. Déjame ver tus maravillosas tetas mientras te montas a mi polla."
Una mano abandonó la cadera de la joven para ir a acariciar un pecho y juguetear con el pezón, aunque aún estaba cubierto por el vestido.
A pesar de lo roja que se le ponía la cara, él estaba absolutamente seguro que le estaba gustando que le hablara sucio, sobre todo, porque sintió que los músculos vaginales se contraían, apretando su miembro. Eso hizo que Severus pusiera los ojos en blanco y gimiera gravemente.
Cuando logró enfocar la mirada de nuevo, ella estaba quitándose el vestido, tal cual le había pedido.
Él sonrió y la tomó de la cadera desnuda, ayudándola con el movimiento, acelerando el ritmo. Ella siguió por sí misma, gimiendo y jadeando, mientras sostenía en alto su cabello.
Las manos de Severus no se quedaron quietas y comenzaron a acariciarle los pechos.
"¡Oh, Sev!" Estaba sin aliento, pero se inclinó hacia adelante y lo besó de nuevo. Las masculinas manos abandonaron los pechos en cuanto ella descendió hacia su boca, y se establecieron, una en su trasero, la otra, en medio de los dos cuerpos, para estimular el inflamado clítoris suavemente, una, dos, tres veces, para luego presionar la punta de su dedo contra la enrojecida piel y darle un punto donde frotarse mientras seguía follándolo.
Con cada contacto, ella gemía con los labios pegados a la mejilla de él y la frente presionada contra la de Severus, y cuando le presión del dedo de Severus se volvió más consistente, también aumentaron los gemidos de ella.
"Oh… Sev… sí… oh… mmnnnnnn… sí, Sev, sí, sí, ooooohhhhh…"
Ella respiraba y siseaba contra la piel de Severus, depositando suaves besos sobre su mejilla en medio de los gemidos.
"Voy a venirme tan fuerte dentro de ti, Hermione." Dijo él con voz grave, al oído de ella. "Goza conmigo, Gatita… moja toda mi polla con tu sexo."
Con esas palabras, ella tembló y se quedó congelada, con la respiración más acelerada que antes.
Su vulva se contrajo una y otra vez, apretando el miembro de su hombre, haciéndolo gruñir. Él siguió moviéndola un poco más, en medio del orgasmo de la castaña, y soltando un grave grito en el oído de Severus, mientras él alcanzaba su propio orgasmo con un gruñido en el de ella.
Ambos se quedaron recobrando el aliento mientras ella seguía sobre su cuerpo, apoyando la frente contra la mejilla de su amante y el miembro de Severus comenzaba a relajarse dentro del cuerpo de Hermione.
Él levantó un poco la cadera de la joven y sacó el miembro de su interior, para luego volver a acomodarla sobre su cuerpo, acariciándole la espalda suavemente, besando con ternura la mejilla y la esquina de su boca.
Y a ella le encantaba.
"Supongo que la lista de mentiras que diremos se ha acortado un poco, ¿no crees?"
Ese fue un débil intento de conocer los pensamientos de Severus y poder entender lo que significaba.
"Muy cierto." Respondió él con simpleza.
Ambos cayeron presa del cansancio provocado por la intensidad de sus orgasmos y se quedaron dormidos.
N/T: Aunque todavía son un poco inseguros los dos, creo que estamos de acuerdo en que están progresando bastante, ¿no?
