Capítulo 23

Severus y Hermione llegaron a la casa y, aunque tenían la casa para ellos solos, prefirieron no arriesgarse y se apresuraron a subir al dormitorio de inmediato.

Parecía que el deseo que sentían por el otro era insaciable, probablemente porque era algo tan reciente.

Severus aseguró la puerta con cuidado y puso las guardas alrededor de la habitación. Hermione estaba desesperada por él porque Severus la había estado manoseando en el auto, mientras conducía. Él había comenzado a acariciar su sexo disimuladamente, primero sobre el vestido, y cuando ella lo había reprendido, él le había dicho que mantuviera los ojos en la carretera, con una sonrisita pícara. Fue entonces cuando metió la mano bajo el vestido y poder acariciar la piel directamente, despacio, sin darle a la chica todo lo que deseaba, solo incrementando su desesperación para llegar a casa y follarlo.

Y así llegaron al cuarto y ella lo presionó contra la puerta, besándolo con avidez, quitándole la chaqueta mientras metía su lengua en su boca. Le acarició el cuello y quitó el hechizo que mantenía oculta la cicatriz. En ese momento, él tomó el control, llevándola hasta la cama y, cuando estuvo recostada allí, se encaramó sobre ella. Hermione soltó los botones de la camisa de Severus con habilidad. Cuando estuvo a mitad de camino, trató de invertir las posiciones y montarse sobre él, pero Severus la tomó de las manos y las presionó sobre el colchón, por encima de su cabeza.

"Aquí no es la jefa, Srta. Granger." Remarcó él con una sonrisa juguetona.

Ella devolvió la sonrisa. "No. No lo soy. ¿Qué quiere que haga entonces… señor?" Se lamió los labios y luego mordió el labio inferior. Severus gruñó gravemente ante la respuesta de la pequeña atrevida y su miembro se puso más duro entre las piernas de la joven. Entonces, se apartó de ella.

"Desnúdate para mí, mujer." Ordenó mientras se recostaba en la cama para observarla, sosteniéndose con un solo brazo.

Hermione se puso de pie y se alejó un poco de la cama, con una sonrisa traviesa, y comenzó a moverse como si siguiera la música, antes los ojos cargados de lujuria de él. Lentamente, despacio, comenzó a quitarse el vestido, mostrando más de sus piernas, que Severus siempre admiraba, mostrando apenas atisbos de su sexo desnudo a través de la abertura del vestido. Con la misma lentitud, desató el vestido, pero no dejó que se abriera, dándole la espalda en un segundo para evitar que el pudiera ver algo. La castaña siguió meciéndose y moviendo la cadera al tiempo que terminaba de soltar su vestido y desnudaba solo un hombro, provocándolo, mirándolo por encima del hombro descubierto.

Severus la miraba con una sonrisa dulce, pero sus ojos estaban cargados de una lujuria indecente, y a ella le gustaba mucho. La hacía sentir capaz de cualquier cosa. El verlo abrir su pantalón para sacar su grueso, delicioso miembro para masturbarse, también le causó placer.

Ella dejó caer el vestido por completo y continuó meciendo el trasero mientras soltaba su sostén. Todavía moviéndose con lentitud, se quitó la prenda y se volvió hacia él, cubriéndose los pechos con un brazo. Se mordió una uña de la mano libre, con expresión tímida, para luego revelar sus pechos. Los acarició mientras se mordía el labio inferior, mientras una mano descendió hacia su entrepierna y comenzó a tocarse con suavidad.

Mientras Severus observaba esa maravillosa escena, se masturbaba despacio con el espectáculo que se le ofrecía, frotando la punta de su miembro con el pulgar con cada movimiento hacia arriba.

Ella volvió a darle la espalda y se inclinó hacia adelante, con las piernas bien abiertas, para quitárselos tacones, ofreciéndole a su amante una buena vista de su excitado sexo.

Antes de quitarse los zapatos, deslizó su mano entre sus piernas y se tocó un poco, regalándole a Severus una vista todavía más excitante, mientras él admiraba como esos dedos se estimulaban y abrían los labios, haciendo que se mojara todavía más para él.

Su miembro se estremeció.

Severus se levantó de la cama de un salto y la tomó de la cintura con un gruñido casi animal, arrojándola a la cama. No le dio tiempo a quitarse los tacones. Ella cayó sobre el colchón riendo como colegiala luego del gemido de sorpresa inicial por las acciones de su amante. De nuevo, Severus presionó ambas manos de la joven sobre su cabeza y ella pudo sentir unas cuerdas invisibles que las mantuvieron atadas.

"Solo yo puedo jugar con tu sexo. Ahora, es mío, Gatita." Le dijo al oído con voz rasposa mientras deslizaba sus dedos sobre el ardiente sexo de la chica, yaciendo a su lado. Ella asintió y volvió a morderse el labio y abría más las piernas, buscando estimulación más directa.

"Acuéstate boca abajo, Gatita." Ronroneó él.

Ella batalló para hacerlo, porque las manos atadas hacían las cosas más difíciles y no podía moverse tan rápido como hubiera deseado. Una vez que logró la posición que se le ordenó, sintió otro hechizo, este le tensaba un poco los brazos, como si le hubieran atado las manos a la cabecera de la cama.

Severus le acarició el trasero, apretando un poco de un lado y otro. Ella alzó una rodilla, rogándole para que él la tocara. Él deslizó dos dedos sobre la abertura, abriéndola un poco, pero de repente, una mano le dio una firme palmada en el trasero y ella emitió un grito de sorpresa.

"¿Te gusta?" Preguntó él, de nuevo susurrándole al oído.

"Oh, Sev… sí… me gusta mucho." Jadeó ella.

Hermione comenzó a frotar la cadera contra el colchón, silenciosamente suplicando por más. Él le palmeó el otro lado del trasero y ella gimió. Severus entonces deslizó sus dedos sobre la vulva y hundió dos dedos en la abertura.

"Gatita traviesa… te gusta, ¿eh? Mira lo mojada que te estás poniendo…" Esparció la lubricación sobre toda la vulva abierta. "Diablos… quiero meter mi polla en tu dulce y mojada vagina."

"¡HAZLO!" Dijo ella entre gemidos.

Severus le palmeó el trasero de nuevo. "Aquí no puedes dar órdenes." Y la palmeó de nuevo.

Ella soltó un largo gemido y movió el trasero. "Sí, señor. Necesito que me castigue por eso. Por favor, castígueme señor."

Severus sonrió y palmeó el trasero de la chica de nuevo. "¿Acaso a la mandona Srta. Granger le gusta secretamente eso de ser dominada? ¿Entregar el control?"

Ella no respondió, solo movió la cadera una vez más y siguió mordiéndose los labios, frotando la mejilla contra su brazo atado.

"Debes responder cuando te haga una pregunta." Dijo él con firmeza y le palmeó el trasero otra vez.

"¡Sí! ¡Siiiiiiii!" Dijo ella en un gemido. "Toma el control, haz lo que quieras conmigo."

Él soltó un gruñido cargado de lujuria al escucharlos. "¿Y qué quieres que haga contigo, Gatita?" Preguntó mientras le acariciaba el trasero. No pudo resistirse y se inclinó para morder la nalga que había estado palmeando. Eso hizo que la chica siseara.

"Quiero venirme. Fuerte. Muy fuerte."

"¿Y crees que si froto tu clítoris podrás venirte así?" Los dedos de Severus ya estaban abriendo los labios vaginales y estimulando suavemente el clítoris.

"Sí… Sev, sí." Dijo ella, casi lloriqueando.

Mientras él la estimulaba, ella no dejaba de mover la cadera contra sus dedos, para aumentar la fricción. Él logró llegar hasta su orificio anal con el pulgar y lo frotó. Cuando puso un hechizo limpiador, ella sintió un cosquilleo.

"¿Y qué tal si decido abrir un poco este apretado agujerito?" Preguntó Severus y ella pudo escuchar el tono travieso de su voz.

"Soy toda tuya, Sev. Haz lo que quieras hacer." Jadeó ella y comenzó a mover la cadera más rápido contra los dedos que la masturbaban, tratando de alcanzar el orgasmo.

Él volvió a acariciar el apretado orificio, estimulándola justo antes de hundir el pulgar dentro.

"Oooooohhhh… ¡mierda!" Gimió ella. "Sí… eso es tan ardiente…" Ella siguió moviendo, cada vez más rápido, la cadera, encontrando el ritmo perfecto en la fricción en su clítoris, mientras el pulgar de Severus seguía en su trasero, empujándola más cerca el clímax.

"Sí, Sev… diablos… voy a venirme… sí, señor, justo así…"

Y justo antes de alcanzar la cúspide su placer, Severus retiró la mano y la giro hábilmente para que estuviera boca arriba.

"¿¡Por qué te detuviste!?" La respiración de Hermione estaba agitada y el pecho subía y bajaba a toda velocidad. "¡Estaba tan cerca!"

"Lo sé, Gatita… pude sentirlo." Rápidamente se quitó la camisa y luego los pantalones mientras seguía hablando. "Pero dijiste que querías venirte bien fuerte," dijo con una sonrisa pícara. "Te prometo que valdrá la pena." Comenzó a manosearle los pechos, de rodillas entre sus piernas.

Se inclinó para atrapar un pecho con los labios.

Tenía unos pechos pequeños, del tamaño perfecto para que pudiera poner bastante en su boca. Lo chupó y aplicó la lengua sobre el pezón. Luego lo atrapó con los dientes con mucha suavidad. Ella arqueó la espalda, soltando un largo y sonoro gemido, empujando su pecho más en su boca.

Mientras Severus se entretenía con el pecho, el gran miembro se frotaba contra el inflamado y enrojecido sexo de ella. Lo estaba haciendo a propósito, para no dejar que la llama de su creciente placer no se extinguiera por completo. También lo hizo por beneficio propio, porque su polla se estremecía y reaccionaba a cada uno de los gemidos que ella emitía.

Hermione dobló las rodillas y apoyó los tacones sobre el colchón, exponiéndose a mayor estimulación. Los labios de su hombre recorrieron el camino hasta su abdomen. La lengua lamió el ombligo, luego los dientes atraparon la piel un poco más debajo de allí, hasta llegar a besar el pubis y luego para lamer la vulva, haciendo que ella siseara de placer al mirar cómo lo hacía. Él la miraba a los ojos mientras lamía y succionaba con fuerza los labios y el clítoris.

Ella alzó más la cadera contra la boca de Severus mientras él seguía lamiendo sin descanso la abertura, hasta llegar al clítoris, prestando especial atención allí, provocando que se mordiera los labios para ahogar el gemido.

"¿Quieres gritar, Gatita?" Ahora la estaba acariciando y estimulando con los dedos también, frotando el clítoris, apretándolo con los dedos. "Puedes ser tan ruidosa como quieras, la habitación tiene hechizos." Hundió los dedos en su sexo y buscó ese lugar especial que hacía que la chica pusiera los ojos en blanco.

"Oooohhh… ¡Mierda! ¡Severus!" Gritó ella a todo pulmón. Otra vez, la lengua de Severus fue a estimular el inflamado clítoris. El otro brazo se enroscaba en una femenina pierna y ella apoyaba el tacón en el hombro, teniendo cuidado de no lastimarle la piel.

"¡Diablos! ¡Severus! Sí, sí… lame mi sexo… lámela… lame mi mojada vagina…" Suplicaba a los gritos.

Él metió su lengua en la abertura, tomando el lugar de los dedos, y su gran nariz se frotaba contra el clítoris, quitándole el aliento a la castaña, provocando que comenzara a tironear de las ataduras de sus manos para tratar de soltarse y poner sus manos en la cabeza de su hombre, pero no hubo caso, así que se tuvo que conformar con seguir empujando con la cadera contra el rostro de él.

La lengua de Severus descendió un poco más, hasta el apretado orificio anal y la mano del brazo enroscado alrededor de la pierna tomó su lugar, estimulando el clítoris indirectamente, creando sensaciones jodidamente hermosas, haciendo que respirar se dificultara.

"¿Te gusta mi trasero, Severus? ¿Te gusta lo apretado que es?" La chica estaba jadeando con dificultad. "¡Maldita sea! ¡Eso se siente tan rico!"

Luego de eso, Hermione gritó y las piernas comenzaron a temblarle y los dedos de los pies se contorsionaron.

Severus se apartó de ella una vez más, retrasando el orgasmo otra vez.

"¡Ten necesito dentro! ¡Por favor, Severus! ¡Por favor! ¡Coge mi apretada y mojada vagina!" Gritó ella.

Severus se arrodilló entre las piernas de ella y frotó su miembro sobre el clítoris y la abertura varias veces, haciendo que la chica gritara de nuevo y moviera la cadera con desesperación. Solo entonces Severus hundió su miembro en ella y puso la palma de su mano sobre el abdomen de la joven para poner el hechizo anticonceptivo.

Embistió con urgencia, una que empataba con la que ella demostraba al mover casi desesperada la cadera contra él. Puso una mano en el cuello de Hermione y con la otra soltó los amarres de las manos. En cuanto ella sintió que sus manos se liberaban, las puso en el antebrazo de Severus, pero no por temor o desconfianza, sino más bien porque la presión ejercida solo acentuaba las sensaciones. Hermione se movía al compás de los movimientos de él, mientras que Severus embestía más profundo, más fuerte y más rápido. Le soltó el cuello y una oleada de placer la inundó.

"Fóllame bien fuerte Severus… sí, sí… ¡Siiiiiiiiii!" Ella gritó y las piernas le temblaban, mientras su sexo apretó con fuerza el miembro y se inundaba de una gran cantidad de lubricación. Solo una contracción alrededor de su órgano y fue suficiente para que él alcanzara su propio orgasmo dentro de ella. Dos movimientos de cadera más y se quedó duro, luego su cuerpo se relajó y cubrió el cuerpo de ella con el suyo.

Hermione lo sostuvo cerca, acariciándole el cabello mientras la respiración de su amante se calmaba muy cerca de su oído.

"Sev… creo que mi sexo va a estar dolorido."

Él rio por lo bajo y ella también.

"¿Nunca te habían follado fuerte? Ciertamente, tu pequeña y dulce vagina hace que cualquier hombre pierda la razón."

Ella le mordisqueó el lóbulo de la oreja. "Eres el mejor que he tenido jamás, Severus." Le repitió ella en un susurró. Y no se refería solo al sexo.

…..

Hermione despertó la mañana siguiente envuelta en sus brazos.

Sus piernas estaban entrelazadas. Una de las de ella estaba sobre una de él, y una de las de él, en medio de las de ella. La enorme mano de su amante descansaba sobre la parte baja de su espalda, sosteniéndola cerca de su cuerpo, y ella podía sentir la tranquila respiración en su cabello. Sonrió. Eso era muy lindo. De verdad lindo. No le importaría despertar así a diario, pero debía estar preparada para cualquier cosa, no esperar demasiado. La última vez que se había sentido así, todo se había derrumbado. Tal vez no se había sentido así precisamente. Definitivamente, conocía a Severus desde hacía más tiempo, aun cuando los primeros años de conocerlo no habían tenido una conexión tan profunda. Pero ella conocía su historia, lo conocía a él. Sentía una profunda confianza que no había sentido antes, ni siquiera con Ron, al parecer. De hecho, ese siempre había sido el punto débil con él, con su amistad. El pelirrojo podía ser grandioso y un segundo después, podía ser molesto o hiriente, sin una razón valedera, excepto por lo inestable que era su humor.

Severus era consistente. Con él, Hermione sabía qué esperar.

Acarició su pecho. Sus manos habían estado acomodadas bajo su mentón, contra el pecho de él, mientras dormía. Severus se movió un poco pero no despertó, entonces la castaña pasó un brazo por encima del cuerpo, metiendo su brazo entre el de él y el costado, para luego proceder a besar suavemente el pecho desnudo, la clavícula y la cicatriz del cuello.

"Buenos días." Dijo ella con dulzura mientras le besaba el pecho de nuevo.

"Buenos días." Masculló él con el rostro hundido en el cabello de la chica. Su voz sonaba rasposa por el sueño, y a ella le pareció lo más sensual del mundo.

Repentinamente, Severus despertó del todo y la apretó contra su cuerpo, alzando solo barbilla de su chica para besarla. Solo un suave, tierno beso y ella rio como una niña contra sus labios.

"¿Estás dolorida?"

"Sí, un poco."
"¿Será necesario que baje a anunciar que hoy no vas a bajar?" Preguntó en tono burlón, pero cargado de buen humor.

Ella le palmeó el brazo, juguetona. "No. Aunque me gustaría ver cómo sería la conversación con mi padre."

Él rio con sorna. Una de sus manos descendió para acariciarle el trasero y luego la deslizó hacia adelante, hasta llegar a su sexo desnudo.

"Severus… no estoy bromeando… vamos a tener que tomar un descanso." De pronto, el miedo a que él perdiera interés si ella no accedía al sexo, la invadió, pero él solo sonrió y le besó la punta de la nariz. "Debería tomar algo para las molestias para que podamos ir a desayunar."

Ella se apartó de él, de mala gana, para poder ir en busca de una poción que la ayudara con el pequeño dolor, pero él la detuvo y la atrajo hacia sí antes que pudiera siquiera dejar la cama.

"Sev…"

"Eres una hechicera, y no quiero perder el calor de tu cuerpo contra el mío aún, ni el aroma a coco de su sofocante melena."

Ella sonrió y le besó el mentón, luego usó un accio para obtener la poción sin tener que dejar a su hombre.

….

Eventualmente lograron bajar, y fueron advertidos que, como la semana anterior, los planes del día eran pasar el día en la piscina, y que primos y tíos iban a venir.

Una vez más, se pusieron los trajes de baño, pero esta vez, Severus no se puso ropa encima. Con la gente que vendría se sentía cómodo si lo veían en pantaloncillos, porque la última vez que lo vieron así, no habían hecho ningún comentario fuera de lugar.

Antes que el grupo grande llegara, Severus incluso se animó a lanzarse un poco al agua. Hermione lo acompañó, aunque esta vez, se había atado el cabello apretadamente, y luego que hubieron nadado un poco, e incluso tuvieron una pequeña competición, él se detuvo a descansar en una esquina de la piscina, ella se acercó a él y se recostó espalda contra pecho, apoyando la cabeza sobre su hombro.

Jane, Judith y Edward estaban todos alrededor de la piscina, preparando esto y aquello para un almuerzo en el exterior, o simplemente tomando un poco de sol, y las damas, en especial, intercambiaron miradas complacidas y cómplices.

El resto de los invitados llegaron y la pareja se vio obligada a dejar su pequeña esquina de la piscina para ir a sentarse en las sillas reclinables. Como Laura y su familia no había podido concurrir, había suficientes sillas para todos.

Como siempre, la charla entre las señoras era ruidosa y constante. La diferencia era que, después del viernes pasado, el del cumpleaños de Hermione, Severus se sentía más cómodo como para participar, en especial porque la familia lo incluía más.

"¿Tuviste una noche dura?" Preguntó Karen, con una sonrisa toda picardía, mientras Hermione se volteaba para tomar sol en la espalda. Los otros estaban hablando entre ellos y no escucharon lo que la chica preguntaba a su prima.

"¿Qué?" Preguntó Hermione, sin entender de qué estaba hablando su prima.

"Tienes un interesante y pequeño moretón en el trasero que me dice que has tenido una noche excelente. ¿Tal vez te atrapó el largo brazo de la ley?"

"¡Ay, dios mío!" Soltó Hermione, horrorizada, mientras se volteaba otra vez para sentarse en su trasero.

Karen solo rio. "Está bien. Todas hemos pasado por eso. Es la norma, prima."

"Cállate." Suplicó la castaña con los dientes apretados, pero Karen siguió riendo.

Pero Hermione estaba bastante callada ese día. Estaba así porque estaba contemplando su vida, admirando al hombre sentado a su lado. No era un tipo social, nada más lejos de eso, pero hacía el esfuerzo para llevarse bien con su familia. La había ayudado tanto esos últimos días. Le había levantado el ánimo, l había defendido. Tal vez estaba enamorándose de él. Si quería ser de verdad honesta consigo misma, tenía que admitir que ya lo estaba. Pero no podía ir tan rápido. No era correcto. ¿Qué tal si…? ¿Qué tal si él solo estuviera montando un espectáculo porque trataba de sacar lo mejor de la situación en la que estaba metido y en realidad no tenía ninguna preferencia en particular por ella?

Pero la expresión en sus ojos cuando habían hecho… el amor, porque era lo que habían hecho… había algo allí. Sus tiernas caricias, sus apasionados besos… todo eso decía algo. Pero ya se había equivocado antes. ¿La habría mirado y escogido si no lo hubiera puesto entre la espada y la pared?

Estaba mal, tan mal haber empezado así. Esto… podría haber algo allí. Ella quería que significara algo, lo deseaba tanto. Pero deseaba que él sintiera lo mismo, no que se sintiera forzado.

"Sev." Dijo ella suavemente, tocando su brazo mientras los otros estaban distraídos o entretenidos. "¿Puedo hablar contigo? ¿En privado?" Señaló con la cabeza hacia el área cubierta de arbustos y flores, en un rincón alejado del jardín. Él alzó una ceja y la preocupación llenó su cabeza, pero asintió y la siguió hasta donde ella había indicado.

"¿Qué sucede Gatita?" Preguntó en cuanto llegaron a la sombra. Ella sonrió con dulzura cuando lo escuchó llamarla por su apodo.

"Yo… he sido egoísta Sev. Tan egoísta. No debí forzarte a vivir esta situación, nada de esto." Él solo escuchaba con atención. "Yo… puedes salirte del acuerdo. Todavía tendrás el laboratorio y el ascenso, te lo has ganado, más que ganado en realidad. Te lo ganaste desde antes que yo naciera seguramente."

"Ya veo…" Dijo Severus con calma, casi estoicismo. "¿Y qué es lo que harás tú?"

¿Que qué haría? ¿Entonces se iba a salir? Por supuesto que lo haría. ¿Por qué diablos se quedaría?

"¿Es que solo vas a aceptar casarte con el idiota que te asigne el ministerio? ¿Es eso lo que prefieres?"

Los ojos de Hermione se estaban llenando de lágrimas, pero tenía que controlarse. No podía dejar que su familia pensara que algo estaba mal.

"No…" Respondió con la voz quebrada. "Pero esto no es justo contigo…" Inhaló profundamente. "Yo… yo puedo mudarme aquí, completar mi educación finalmente, eludir la ley matrimonial. Te recomendaré como mi substituto, incluso les recomendaré que te nombren jefe de departamento. Te lo mereces más que yo, que lo obtuve por medio de la fama, más que probablemente. Tú de verdad tienes la formación que no he logrado finalizar." Una lágrima se deslizó por su mejilla. "Entonces todo será como debió haber sido desde hace mucho tiempo."

"Hmmmm." Fue todo lo que dijo él. Pero luego, se acercó y puso su mano en la mejilla de la joven. ¿Estaba diciendo adiós? "¿Y dónde nos dejaría eso a nosotros?" Murmuró con suavidad.

Ella lo miró con sorpresa y no pudo evitar tener un poco de esperanza.

"Yo digo a la mierda con el departamento. A la mierda con cualquier trabajo."

"Pero… estás aquí porque te soborné y no es justo. Te mereces el empleo, eres un Maestro Pocionista y…"

"Tal vez empezó de esa manera, pero ahora estoy frente a ti porque te deseo."

"¿De verdad?" Dijo ella con una súbita sonrisa.

"Pero si prefieres que me largue…"

"¡No! Yo también te deseo." Acarició el rostro de Severus. "Es solo que no quería que lo hicieras porque…"

"No es así." Respondió él, mirándola fijamente a los ojos. "Estoy feliz con que estés a cargo en el trabajo, siempre y cuando pueda estar a cargo yo, apropiadamente, en casa." Finalizó en voz más baja, con un tono definitivamente pícaro.

Ella se rio.

"Y sobre tu educación, puedes tomarte un tiempo de licencia para completarla, si te molesta tanto. Yo me ocuparé de todo el trabajo, si eso es lo que más deseas."

"¿Tú me apoyarías así?"

"Sí, claro, por supuesto."

La sonrisa no se le borraba del rostro. Besó los labios de su amante.

"¿Eso era todo?"

"Sí." Dijo ella, sintiéndose un poco tonta.

"¿Y tenemos un acuerdo?"

"Supongo que sí."

"Qué bien." La tomó de la mano y la llevó de regreso a la piscina. Se sentó en una de las sillas reclinables y no la dejó sentarse en otra, sentándola en su regazo. Ella se rio cuando cayó en sus piernas, acomodándose en medio, para ser abrazada por su hombre.