Capítulo 24
Hermione despertó al día siguiente con una sonrisa en el rostro.
Las palabras de Severus habían sido tan dulces. Básicamente, se había comprometido con ella. Tal vez aquello podía funcionar y no solo por un corto período de tiempo, para engañar al ministerio. Tal vez podía funcionar para siempre. Tenían mucho en común, y ella había sido una tonta al no darse cuenta hasta que se vio forzada.
Había pasado el día anterior sintiéndose como en una nube, con ese calor y esa ternura que le nacía con cada muestra de afecto o atención especial de su parte hacia ella. De hecho, habían logrado hacer que Karen se sintiera incómoda una vez, a propósito, por supuesto.
Una vez más, su prima se había vuelto muy monotemática sobre su esposo y sobre lo absolutamente perfecto que era y lo felices que eran juntos.
El asunto había surgido porque alguien había hecho un cumplido al obsequio de Severus, los aretes, y por qué era tan significativo, así que habían explicado el porqué. Eso fue suficiente para que Karen comenzara a fanfarronear sobre los costosos obsequios que le había hecho el perfecto hombre que era su marido.
Severus había estado sentado con Hermione sentada entre sus piernas, ambos comportándose con decoro hasta ese momento, en el que él comenzó a besarle el cuello o mordisquearle la oreja mientras ella hablaba con Karen. La castaña entendió el juego y se unió, tomando la mano de su hombre y entrelazando los dedos, girando un poco la cabeza de cuando en cuando para besarle la mejilla o los labios. Eso solo sirvió para que Karen dejara de fanfarronear y permitiera que se cambiara el tema.
Pero ahora, y a pesar de haberse dormido con su cálido cuerpo pegado al de ella, despertó sola en una enorme cama vacía. Miró a su alrededor y vio, a través de las apenas abiertas cortinas, que Severus estaba sentado en el balcón, todavía en piyamas.
Hermione salió de la cama y se quitó las bragas. Había dormido con las bragas puestas y camisón porque no habían tenido lugar las ardientes actividades de las que, parecía ser, no podían dejar a un lado. Luego salió al balcón para encontrar a Severus junto a la mesita que tenía el desayuno encima. Él le había puesto un hechizo para mantener el calor y el frío de cada ítem del menú, en lo que esperaba por ella. Estaba allí, observando el horizonte, con sus gafas de sol puestas, aunque estaba sentado a la sombra, pero el día era muy soleado y había mucho brillo.
"Buen día." Saludó Severus.
Ella se acercó y fue a sentarse a horcajadas sobre él. "Buenos días." Contestó ella en un tono juguetón, con una sonrisa igual acompañando, mientras enredaba sus brazos alrededor del cuello de él y lo atraía para besarlo profundamente.
Comenzó a frotarse contra la entrepierna de él y Severus gruñó mientras la besaba.
"Oh, ya veo, entonces, ¿es que solo vas a usarme como tu juguete sexual?" Preguntó él, en cuanto dejaron de besarse.
"Sí. ¿Quieres presentar una queja?" Se acercó para susurrarle al oído. "A tu polla no parece molestarle."
Su miembro se estaba poniendo más que duro bajo el calor del sexo de ella, aunque el pantalón de ejercicios estaba en medio. Ella se apartó un poco y lo miró.
Una sonrisa adornaba el rostro de Severus y sus manos fueron a aferrarse del trasero de la chica. Hermione bajó un poco las gafas con la punta del dedo índice para poder mirarlo a los ojos. Había fuego en esos ojos, lujuria, pero también había calidez y sentimiento.
Hermione sacó el miembro de Severus del pantalón y comenzó a frotar su cálido y húmedo sexo contra la longitud del órgano y él siseó, apretando más el trasero de la joven.
"Diablos, Gatita. Tu vagina es tan fantástica." Susurró él, teniendo en cuenta que la mañana era muy tranquila y podría haber alguien abajo que pudiera escucharlos.
"¿Sí?" Ella le acarició el miembro una, dos veces, y luego se acomodó para poner la punta en su abertura y hundirlo en su cuerpo. Severus gimió con voz grave al sentir su miembro penetrándola. Puso su mano en el vientre de la chica para poner el hechizo anticonceptivo.
"Supongo que es perfecta para tu polla." Le dijo ella en un susurro, cerca del oído y comendó a moverse, empalada por el miembro de su amante.
Las manos de Severus en su trasero, por debajo del camisón, la ayudaba en los movimientos. Ella comenzó a respirar pesadamente por la nariz, tratando de controlar su vocalización, por lo bien que se sentía tenerlo dentro, consciente de los alrededores, porque estaban afuera, pero a medida que su placer aumentaba y el ritmo se aceleraba, los gemidos se le escapaban involuntariamente, aunque fueran un poco más apagados.
Severus levantó el camisón mientras ella mantenía el equilibrio sosteniéndose del cuello de él, y le puso un poco del género en la boca, para acallar un poco los gemidos que subían de volumen y para poder exponer los pechos a su ávida boca. Se inclinó para succionar uno mientras su mano acariciaba el otro, apretando un poco el pezón ente sus dedos, al tiempo que sus dientes hacían lo mismo con el otro. Los gemidos femeninos aumentaron y se hicieron más seguidos, apagados en parte por el camisón que sostenía entre los dientes. Severus cambió de pecho y se puso a chupar el que había estado acariciando con la mano, y los movimientos de Hermione se hicieron frenéticos.
"Sí, Gatita… haz que esa deliciosa vagina apriete mi polla." Le susurró al oído. "Estás tan jodidamente mojada. ¿Escuchas el sonido de tu sexo en la brisa de la mañana?"
Ella asintió, presionando su frente contra la de él, todavía cabalgando su miembro duro como roca y gimiendo a través de la seda del camisón.
Severus puso una mano en medio de los cuerpos para frotarle el clítoris. Ella se arqueó una vez más y se puso tensa, clavando las uñas en los hombros de él. Su ceñido sexo apretó el miembro de él con sus espasmos, provocando el orgasmo en él también, que emitió un gutural gruñido.
Hermione soltó la seda que sostenía entre los dientes, tratando de recobrar el aliento. "Ahora estoy lista para el desayuno" Jadeó con la voz ronca.
"Yo quería lamerte como desayuno." Dijo él.
Ella le respondió con una sonrisa. "Puedes hacerlo para el almuerzo, Sev. Puedes estar seguro que siempre voy a estar caliente y lista para ti."
Luego de desayunar, tomaron una breve ducha, mostrando buen comportamiento, a pesar de haberla tomado juntos, e hicieron su aparición en la cocina. Severus llevaba los platos y todo lo que habían usado para desayunar para lavarlos, algo de lo que se ocupó él mismo, a pesar de las protestas de Jane, quien dijo que ella podía hacerlo tranquilamente.
Cuando estaba terminando de lavar los trastos, Jane preguntó. "Bueno, ¿tienen algún plan para hoy?"
"Nada en especial." Respondió de inmediato Hermione. "Aunque bien podría trabajar un poco en mi bronceado, para no verme como un fantasma en la boda, en especial con ese vestido…"
"¿Cómo se ve el vestido? Aun no lo he visto." Intervino Severus, dándose la vuelta y apoyándose contra el mostrador, habiendo terminado ya de lavar los trastos.
"Esa será una pequeña sorpresa para ti." Dijo Jane alegremente y con picardía al mismo tiempo. Hermione solo le sonrió como toda confirmación.
"Eso es todo lo que hay planeado." Dijo Hermione finalmente.
"Tenemos esa lección de baile con Victoria, en la tarde, Gatita."
"Oh, sí." Dijo ella, revoleando los ojos y bajando los hombros, al tiempo que soltaba el aire.
Jane no dijo nada. Entendía cómo el tratamiento de Charles hacia Victoria lastimaba a Hermione y hacía que tuviera una mala disposición hacia su prima. En muchas oportunidades se lo había hecho notar a su esposo, pero él, cabeza dura como era, no había escuchado ni una sola palabra. Se justificaba diciendo que Victoria vivía más cerca y la veía más a menudo, que podía entenderse mejor con ella porque era 'normal'. Incluso tuvo la audacia de decir que Victoria lo respetaba más, ignorando por completo que Hermione solo se defendía o le contestaba de vez en cuando y solo porque él no la respetaba en lo absoluto.
Este conflicto que tenían su esposo y su hija de verdad lastimaba a Jane. Ya no sabía qué hacer. Charles no era un mal tipo, por algo se había enamorado de él, y siempre había sido estricto con Hermione, en un intento de hacerla perfecta, porque era la única hija que tenía. Jane sabía bien que él mismo había tenido conflictos con su padre al crecer, pero nunca hablaba al respecto. Sin embargo, hubo un tiempo en el que estaba orgulloso de su hija, aun cuando le resultaba difícil demostrárselo a la niña, pero sí se lo demostraba a Jane. Cuando la pequeña fue aceptada en Hogwarts, él ya no pudo compartir nada con su hija. No entendía nada de lo que la chica decía, pero en lugar de interesarse y tratar de aprender, como había hecho Jane desde el principio, solo se cerró. Y se puso peor después de lo de las memorias borradas.
Con todo, Jane seguía pensando que había algo más sobre el desagrado de Hermione hacia Victoria. Había algo en su cabeza que le molestaba, pero no era capaz de establecer qué podía ser, así que trataba de no pensar demasiado en ello.
"Después de eso, me gustaría llevar a Gatita a una cita." Continuó Severus. "Eso si no hay algo planeado, Jane."
Hermione se sorprendió y las mejillas se le enrojecieron. "Es la primera vez que escucho algo sobre esto."
Jane solo sonrió más ampliamente y puso sus manos juntas bajo la barbilla mientras admiraba a la pareja. "No. No hay planes, para nada. Vayan a su cita, chicos."
"¿Tiene algún lugar que pueda sugerirme?" Preguntó Severus. "Gatita, largo, quiero que sea una sorpresa." Finalizó con una sonrisa juguetona.
Ella se sonrojó otra vez. "Está bien. Iré a ponerme el bikini." Subió las escaleras con felicidad, excitada porque él iba a llevarla a una cita oficial, de verdad.
Cuando volvió a bajar, su madre estaba juntando algunas bolsas de compra y las llaves de su auto.
"Necesito ir al mercado por algunas cosas. Estaré de regreso en un rato. Niños, no destruyan la casa." Dijo con tono de broma antes de salir.
…..
Hermione se sentó en el sol para broncearse un poco, justo como había planeado, mientras Severus se fue a buscar el libro que había estado leyendo y, finalmente cumplir con su fantasía de recostarse en el diván con dosel junto a la piscina y leer en paz, lejos del sol. Al cabo de casi una hora de lectura y mucho avanzar en el libro, se cansó de leer y decidió echar una mirada a través de la delgada tela del dosel, para ver qué estaba haciendo ella.
Hermione todavía estaba recostada al sol, boca abajo ahora, y su trasero envuelto en el bikini verde que había escogido ponerse, era toda una visión, digna de admiración. Era un poco perturbador la forma en la que ella despertaba su deseo, sus emociones, como si fuera un jovencito, como todos esos que conocía, llevados por el instinto, son preocupaciones.
Ella se puso de pie de repente y fue hasta el diván en el que él yacía, con la botella de bronceador en la mano. Corrió las cortinas para encontrarlo yaciendo despreocupado, con una mano en nuca y una sonrisa atrevida en el rostro.
Sev, ¿puedes ponerme bronceador en la espalda? De otro modo, el color no quedará parejo."
"Claro, Gatita. Ven, siéntate." Dijo con picardía. Ella le entregó el bronceador y se recostó boca abajo a su lado.
Y él comenzó a ponerle el bronceador en la espalda. Sosteniéndose sobre un codo, se recostó junto a su chica. Puso un poco del aceite en la piel de ella y frotó con una sola mano. Lo espació por los hombros, dejándolos brillantes y suaves. Despacio, con sensualidad, siguió esparciendo el líquido sobre la parte baja de la espalda, tomando la oportunidad para deslizar los dedos sobre la columna y provocando un cambio en la respiración de ella.
"Seeeev…" Canturreó ella con dulzura. "Detente."
Pero él no prestó atención al pedido y continuó frotando el aceite sobre su piel, ahora del trasero, alrededor del diminuto triángulo de tela verde que apenas cubría el hermoso trasero. Luego, inadvertidamente, deslizó los dedos cubiertos de bronceador entre las piernas, metiéndolos bajo la braga para frotar el sexo.
"¡Severus! ¿Qué estás haciendo?" Dijo ella de pronto, girando para yacer de lado y verlo a la cara.
Él solo sonrió. "¿Sabías que tengo fantasías contigo cubierta de aceite y ese pequeño bikini con el que cubres cada vez que vas a la piscina?" Describió un camino sobre el frente del cuerpo de la joven con los dedos mientras decía eso con esa voz como seda deliciosa. Le acarició el abdomen y jugueteó alrededor del ombligo, luego acortó la distancia entre ellos, moviéndose para cubrir el cuerpo de Hermione con el suyo, obligándola a acostarse y acostarse boca arriba con una sonrisa para aceptar su beso.
El beso resultó lento y explorador, saboreando cada centímetro de la boca de ella. Se retiró un poco y movió un poco la braga, poniendo aceite en su vulva.
"¡Severus! Mamá podría regresar en cualquier…"
Pero la mano de su amante ya estaba frotando aceite en su sexo, hundiéndose entre los suaves labios, encontrando la abertura y el clítoris. "…momento…" Finalizó ella en un murmullo.
"¿No te excita el peligro de ser atrapada, Gatita?" Dijo él con voz grave, con sus dedos estimulando el pequeño nudo de nervios, bien lubricado por el aceite y por el lento avanzar de la excitación de ella.
"Severus…" Se aferró de la camisa de él, mascullando sin aliento.
Él hizo a un lado el sostén con la mano del lado que lo sostenía, y sus dedos comenzaron a juguetear con un pezón duro y rosado. Ella gimió y se mordió el labio sonriendo, mientras él seguía estimulando su sexo con la otra mano, ahora presionando cuatro dedos contra la vulva empapada. Ella seguía aferrándose de la camisa. Levantó la barbilla de Severus para mirarlo, porque él estaba viendo hacia su entrepierna, viendo cómo su cadera se movía producto de los espasmos, para besarlo. Él accedió besarla, pero luego volvió a ocuparse del pecho, tomando todo lo que pudo en su boca, lamiendo y mordisqueando el pezón, todo sin dejar de acariciarle el sexo.
"Oh, sí… Severus… eso está tan bueno…" Dijo ella casi sin aliento, hundiendo los dedos en el negro cabello.
En un segundo, Severus dejó de tocarla y se lamió los dedos, mirándola directo a los ojos. Ella volvió a morderse los labios por la intensa necesidad que sentía, ahogando un gemido. Eso era tan ardiente.
Luego, él volvió a acomodar las bragas y le dio una palmadita suave, para luego cubrirle los pechos.
"¿Qué…? ¿Por qué?" La pobre chica todavía estaba jadeando. Y luego, escuchó a su madre llamándolos. Abrió los ojos como platos y se puso de pie de un salto mientras él se reía.
Seguramente, los agudos sentidos de espía de Severus lo habían alertado del vehículo de su madre entrando en el garaje. Ella no había escuchado nada porque estaba ocupada respirando pesadamente y casi viniéndose brutalmente en la mano de Severus.
Con la respiración todavía agitada y sonrojándose furiosamente, por la excitación que aún no bajaba y por el miedo y la vergüenza de ser atrapada. Se puso la bata tejida al crochet en cuanto logró llegar a la silla reclinable en la que había estado tomando sol, como si eso asegurara que estaría decentemente cubierta para que la viera su madre.
"¿Ya tienen hambre, chicos?" Preguntó Jane cuando Hermione entró en la cocina, todavía roja como tomate y Severus siguiéndola calmadamente con su siempre presente sonrisita pícara.
"No, ma." Contestó Hermione mientras comenzaba a ayudar a su madre a guardar los víveres.
"Oh, qué bien, porque me encontré con una vecina en la tienda que insistió en que la visitara, porque ha pasado mucho tiempo, así que pensé que podría ir a tomar el té con ella antes del almuerzo."
"No hay problema mamá."
"Tómese su tiempo. Comenzaré a preparar el almuerzo en un rato y estará listo, o casi, para cuando regrese." Ofreció Severus mientras miraba el reloj en la pared. Luego miró puntualmente a Hermione antes de volver a mirar a Jane con una dulce sonrisa.
El sonrojo de Hermione se acentuó cuando su amante la miró de esa manera.
"Eres muy dulce, Severus, pero no es necesario."
"No es ningún problema. No será nada del otro mundo. Y disfruto mucho cocinar." Severus pasó por detrás de Hermione y con la más absoluta discreción, deslizó un dedo en su trasero. Ella se estremeció. Luego, él también comenzó a ayudar con los víveres.
"Vaya, tenga una buena charla con su amiga. Hemos estado robando mucho de su tiempo últimamente." La dulce sonrisa todavía estaba en su lugar.
"De acuerdo. Gracias." Dijo Jane sonriendo. "Solo terminaré de guardar estas cosas y me iré."
Severus siguió ayudando a la dama. Hermione cerró el armario en el que había guardado algunas cosas.
"Bueno chicos, parece que tienen todo bajo control." Dijo la señora. Solo quedaban algunos artículos por guardar. "Solo necesito refrescarme un poco. Hace… mucho calor ahí afuera." Ahora fue el turno de Hermione para mirar a Severus con picardía, cuando su madre no estaba viendo. Él la miró con los ojos como dos pozos oscuros y sin fondo, tan brillantes y llenos de lujuria, y sonriendo de una forma por completo indecente.
"Bueno nena. Los veré a los dos para el almuerzo entonces." Dijo Jane, poniendo los últimos artículos en la nevera, sin darse vuelta.
Hermione corrió escaleras arriba, bajo la intensa mirada de Severus. Cuando llegó al primer descanso, abrió la bata sensualmente y se lamió los labios, mirando directo a Severus, y luego, siguió subiendo.
Mientras tanto, él siguió ayudando a Jane con las cosas y la vio salir, en camino hacia el pueblo, antes de casi volar escaleras arriba.
Cuando entró a la habitación, fue recibido con una extremadamente placentera sorpresa.
Hermione lo esperaba vestida con la bata tejida, solo con eso. Se podía ver las delgadas líneas más claras en la piel y los rosados pezones que escapaban por los orificios del atuendo. La piel desnuda de su sexo también era visible.
Le regaló una sensual sonrisa cuando se sentó en el reposabrazos de uno de los sillones cerca de la chimenea, de frente a la puerta, montándolo.
"Tardaste mucho. Tuve que continuar sin ti, Sev." Dijo ella en voz baja, en medio de pequeños gemidos. Comenzó a tocarse, apretándose los pezones mientras aumentaba la velocidad sobre el resbaloso cuero que cubría el reposabrazos.
"No te detengas por mi culpa, Gatita. Te vez maravillosa. Se me está poniendo tan dura por ti."
"¿Sí? Déjame verla." Pidió ella, sin dejar de frotarse contra el sillón.
Él desabotonó el vaquero y sacó su miembro. Sin el pantalón para contenerlo, el órgano quedó libre y rozaba el ombligo. Se tocó un par de veces mientras la miraba.
Ella se quitó la bata por completo, apretándola en la mano mientras miraba insistentemente la hombría de Severus. "Tienes una polla tan hermosa." Dijo ella jadeando, luego se inclinó hacia atrás, exponiéndose por completo a él, abriendo los labios de su vagina con dos dedos, bajo la atenta y hambrienta mirada de él, luego frotándose y jugueteando con su clítoris.
"Me encanta la forma en la que tu polla abre mi apretada vagina."
Severus gruñó al escucharla y su miembro se movió solo. Ella volvió a frotarse contra el cuero un par de veces, luego apretó las piernas y se estremeció cuando la invadió una pequeña oleada de placer, obligándola a gemir.
"Oh, no Gatita." Dijo él mientras se desabotonaba hábilmente la camisa y se la quitaba con un solo movimiento. "Aún no estás lista." Se acostó en la cama. "Ven a sentarte en mi rostro para que pueda tener esa vagina tuya de almuerzo y hacerla correrse como es debido."
Ella maulló como una autentica gatita de tan caliente que él la ponía y dejó atrás el sofá para ir con él a la cama. Se puso a horcajadas sobre el rostro de Severus y lo miró a los ojos mientras él comenzaba a lamerla con ganas, sosteniéndola del trasero. Ella comenzó a moverse despacio, mientras hundía los dedos en su cabello.
Los gemidos y gritos no se hicieron esperar cuando la suave lengua de Severus encontró el clítoris y se hundía en la abertura. Fue entonces cuando ella se apartó de él por completo y sonrió ante la confundida expresión de su rostro.
Hermione se dio vuelta, sosteniéndose del pecho de él y volvió a bajar hasta el rostro de su hombre. La mano de él fue a acariciar el terso trasero y luego la palmada. Ella gimió fuerte y se frotó contra la barbilla de él.
"Gatita traviesa." Ronroneó él y luego volvió a devorar ávidamente el sexo de la castaña, que le hacía agua la boca.
Ella se inclinó hacia adelante y besó la punta del duro miembro mientras su mano se ocupaba de la base.
Él soltó un grave gruñido y comenzó a acariciarle el orificio anal, poniendo un hechizo de limpieza al mismo tiempo, mientras estimulaba el clítoris con su lengua y apretaba la carne. Ella, mientras tanto, succionaba su grueso miembro, metiéndose casi hasta la mitad, mientras el resto estaba a cargo de su mano. Luego comenzó a deslizar sus labios sobre un costado del órgano, despacio, descendiendo, para luego regresar a la punta, moviendo su lengua sobre la cabeza, y luego descendiendo por el otro lado, esta vez para comenzar a besar los testículos, y de regreso hacia arriba, lamiendo con gusto.
Él apretó el trasero por la excitación, lo palmeó y lamió el clítoris con más ímpetu, penetró su sexo con la lengua y lamió el apretado orificio anal. Ella gimió con su polla metida en la boca, con la punta casi tocando el fondo de su garganta y Severus puso los ojos en blanco.
"Mierda, Gatita..." Dijo él entre jadeos. No pudo evitarlo y movió un poco la cadera hacia arriba despacio.
La motivación de Severus creció junto con su excitación y comenzó a lamerla sin descanso.
Ella tuvo detenerse en su propia tarea al perder el enfoque. Gimió fuerte y comenzó a mover la cadera más rápido sobre el rostro de él.
"Sí… lame mi sexo, Severus… lámelo bien fuerte" Jadeó ella, cerca de la culminación de su placer. Todavía lo masturbaba despacio, sosteniéndose de los muslos de él para seguir moviéndose sobre él.
Se vino con una largo y sentido gemido, empapando la barbilla de Severus, pero la castaña no dejó que la invadiera esa bruma post orgasmo. A toda prisa, se desmontó de él, todavía viendo esos flashes de colores que la cegaban, y tomó el miembro en su boca hambrienta una vez más. Ahora estaba de frente a él, mirándolo fijamente a los ojos.
Él la miró, lamiendo la esencia de su mujer de sus labios. La miraba con mucha intensidad mientras ella lamía y succionaba su polla lentamente, saboreándolo, con la felicidad de estar lamiendo un helado delicioso. Deslizaba los labios sobre toda la longitud del miembro, lamiendo desde la base hacia la punta, zigzagueando entre cada surco y cada vena inflamada, explorando cada detalle de su muy largo órgano. Besó la rosada punta y jugueteó con su lengua allí, sin dejar de masajear la base. Luego, se metió todo lo que pudo en la boca. La mano que no estaba ocupada con el tronco del miembro, se dedicó a acariciar los testículos, e incluso, un dedo se aventuró a estimular el perineo.
"Hermione…" Gimió él. La mano de Severus que acariciaba el cabello de la chica, lo hizo a un lado para poder ver a la joven a la cara. Le acarició la mejilla. Podía escuchar su propia respiración, fuerte y pesada, pero estaba tratando de aguantarse, para admirar lo muy hermosamente que ella le proporcionaba placer oral, y cómo el brillo en los ojos color whiskey le decían lo mucho que los disfrutaba, lo mucho que lo disfrutaba a él… lo mucho que le gustaba.
Le sostuvo el cabello mientras movía despacio la cadera en su boca. "Mierda… tu boca es tan suave, Gatita." Jadeó él. Ella hizo un ruido con la garganta, teniéndolo aun en su boca, y Severus ya podía sentir ese delicioso cosquilleo en la base de su columna.
"Voy a venirme…" Atinó a decir como advertencia, pero ella metió más de su miembro en su boca.
Él explotó con un gemido, dentro de la boca de la joven, y ella, lentamente, tragó cada gota, solo soltando el miembro cuando estaba por completo fláccido. Él puso un dedo bajo el mentón de ella para hacerla subir hasta él, hasta sus labios, y poder besarla.
"Esa sí que es una jodidamente maravillosa manera de abrir el apetito."
N/T: Como tuvieron que esperar para ver la acción, ahora la tienen en cada capítulo, ¿qué tal?
