Capítulo 27
Ordenaron todo el lugar con magia, para evitar la inmediata detección de sus actividades allí. Por supuesto, hicieron todo aquello luego de ducharse para quitarse el sudor y el aceite del cuerpo, que les había quedado después de toda la diversión de la que disfrutaron.
Hermione estaba tan cansada, que, si hubiera sido por ella, se hubieran quedado durmiendo en el yate y lidiar con las posibles consecuencias en la mañana, así que Severus los apareció en el auto, y aunque técnicamente él no conducía, se encargó de llevarlos a casa, mientras ella dormía en el asiento del copiloto.
Era un mago, después de todo, y conocía cómo funcionaba el vehículo, así que puso un pequeño hechizo para asistirse y condujo por las vacías calles francesas en la madrugada. Mientras lo hacía, miraba constantemente a la joven que descansaba en el asiento del acompañante, iluminada por la azulada luz de la luna, y sonreía sin darse cuenta.
Ella era de verdad muy hermosa, y a pesar de las circunstancias que los llevó a unirse, que los forzó, más bien, estaba más que feliz por haber tenido esa oportunidad. De no haber sido por la situación, él nunca hubiera podido conocerla como ahora lo hacía. Hubiera continuado alimentando el enfado hacia ella, asumiendo que el sentimiento era recíproco, y que era mejor mantener la distancia, y hubiera seguido con la certeza que iba a morir solo, que nunca encontraría alguien que lo aceptara como era, o que deseara acercarse lo suficiente para conocerlo.
Aparentemente, ella si lo hacía.
Llegaron a la casa Granger y Severus aparcó el vehículo. Luego de admirarla un poco más, deslizó los nudillos suavemente sobre el brazo de la castaña, y luego sobre la mejilla.
Ella le sonrió en sueños, se movió un poco y despertó.
"¿Mmhn?" Susurró medio dormida aún.
"Ven, Gatita, te llevaré a la cama."
"¡Condujiste!" Comentó ella con una sonrisa, evidentemente todavía un poco dormida.
"Así es. Ven, vamos a la cama."
Severus salió del auto y abrió la puerta del pasajero para llevarla al dormitorio. Meterla a hurtadillas, en realidad. La metió en la cama y se cambió para meterse él también. Le encantó que, ni bien se metió bajo las sábanas, ella se acercó para acurrucarse junto a su cuerpo, casi automáticamente, porque la chica ya estaba dormida de nuevo.
…
Ya era de mañana y Hermione seguía acurrucada junto a Severus.
La salvaje melena sobre su pecho, una pierna sobre la de él, una mano sobre su abdomen.
Él estaba muy al tanto de todo aquello y de la dulzura de su perfume.
Su cerebro lo urgía a despertar, pero sus ojos y cuerpo aun no recibían el mensaje. Comenzó a acariciar el brazo de la joven sin darse cuenta, pensando casi en la inconsciencia, que podían quedarse un rato más en la cama, ¿no? ¿Sería muy grosero el quedarse todo el día en la cama e ignorar a la familia?
Ella se movió un poco, y Severus, involuntariamente, la apretó más contra sí, más cerca, como si no quisiera dejarla escapar.
Y de repente, se escuchó una rápida sucesión de, "¡Ay mierda! ¡Ay, mierda!" Y bruscamente, ella se zafó de su abrazo y escuchó los apresurados pasos, acompañados de más groserías.
Como pudo, Severus abrió los ojos y se sentó para ver qué diablos estaba pasando, pero ella ya se había encerrado en el baño.
Miró a su alrededor y vio la cama y sus piernas. Sangre. Una buena cantidad, sobre las sábanas y sus pantalones.
La embotada mente de Severus se puso en alerta al instante, y lo primero que le vino a la mente, fue guerra. Una brecha de seguridad, no poder dormir, enemigos acechando.
Saltó de la cama y se puso a golpear la puerta del baño.
"¡Hermione!"
Unos segundos después, se dio cuenta de lo absurdo que aquello era. Entonces otra cosa le entró en la cabeza.
¿Acaso había sido demasiado bruto en sus… experimentaciones, la noche anterior? ¿La había lastimado?
"¿Hermione?" Trató de abrir, pero había cerrado con llave.
"¡Vete, Severus!" Le gritó ella.
"¿Estás bien? ¿Estás herida? ¡Déjame entrar!"
"Estoy bien, ¡solo completamente mortificada! ¡Lárgate!"
"Mujer, ¿qué diablos sucede?" Ahora sonaba muy preocupado.
"Solo es mi período… llegó antes." La chica respondió con voz temblorosa por la vergüenza.
"¡Oh!" Severus comenzó a respirar con más facilidad y luego a reír, de tan aliviado que estaba.
"¡No es gracioso Sev!" Estaba molesta.
"Lo es para mí. Pensé que te había lastimado o algo así." Todavía se estaba riendo.
"¡LARGO! ¡O juro por Merlín que te lastimaré!"
Ahora él se estaba riendo a carcajadas. "Ya me voy, mujer, cálmate."
….
Severus se vistió y bajó con las sábanas y sus propios pantalones en los brazos. Los hechizos de limpieza no iban bien con la sangre. Los dioses sabían las veces que él mismo había intentado limpiarla en el pasado.
Jane lo miró con curiosidad.
"¿Buenos días?"
Edward y Judith estaban sentados a la mesa, bebiendo té junto a Jane.
"Buenos días." Respondió Severus, un poco tenso.
"¿Sucede algo?" Preguntó Judith.
"Nada grave. Si pudieran indicarme el cuarto de lavado…"
Pero seguían mirándolo como esperando que aclarara.
"Es que… ha habido un… un pequeño accidente." Esperaba que eso fuera suficiente.
"¿Qué clase de accidente?" Presionó Jane.
Severus suspiró. ¿Así que así era la cosa cuando tenías familia? Sin privacidad. Teniendo que compartirlo todo.
"Bueno… digámoslo así… aún no será abuela." Severus sonrió un poco y los ojos de Jane se iluminaron.
"¡Oh!" Sonrió ampliamente. "Está bien. La lavadora está justo aquí." Dijo señalando la dirección, pero fue con él de cualquier manera.
Lo ayudó a poner todo en la lavadora junto con Judith, y él no se sintió todo lo molesto como se hubiera sentido habitualmente por no serle permitido hacer algo por sí mismo.
….
Hermione salió del baño de puntillas, todavía mortificada, tratando de esquivar a Severus.
No estaba allí.
Pero la cama tenía sábanas limpias. ¿Habría llevado a lavar las sucias?
Miró alrededor. Las sábanas no estaban en ninguna parte, así que concluyó que eso mismo había hecho.
Qué hombre maravilloso. Le nació una sonrisa dulce.
A menos que le haya causado asco y por eso sacó las sábanas. No. Eso era poco probable, porque recordó haberlo escuchado riéndose mientras estaba encerrada en el baño.
Se recostó de nuevo. Los dolores menstruales estaban empezando a hacerse más fuertes, así que prefirió quedarse allí, acostada, a tener que salir a enfrentar al mundo.
No tenía ganas de comer ni conversar. Maldito período, llegando antes de lo anticipado. No se suponía que apareciera en lo que duraran las vacaciones, y era por eso que no había estado preparada. Ni siquiera tenía las pociones para los dolores con ella.
Tendría que aguantárselas.
La puerta se abrió de pronto y entró Severus, cargando una bandeja. La puso sobre la cama y tomó una bolsa de agua caliente y la colocó sobre el bajo vientre de Hermione. Ella le sonrió como una tonta enamorada. Luego él le preguntó por la poción para el dolor.
Por supuesto, Severus no llevaba consigo pociones para los dolores menstruales, así que era más que probable que le estuviera preguntando si tenía alguna, para poder alcanzársela.
Ella negó con la cabeza. "No traje ninguna. No se suponía que llegara aún." Estaba un poco molesta.
"Bueno, afortunadamente, los muggles han desarrollado sus propios remedios." Tomó unas píldoras de la bandeja y las puso en la mano de ella. Luego le acercó una taza de té.
"Me han dicho que el té ayuda."
Ella asintió con una sonrisa tímida y bebió un poco de té para tomar las píldoras.
Oh, ese hombre… era de los que valía la pena conservar.
"Te traje un poco de todo para desayunar. No estaba seguro de lo que podías querer. Si quieres más, iré a buscarlo."
"No… solo un poco de pan tostado está bien." Tomó una rebanada y la mordisqueó desganada. Él también comió, en silencio, hasta que ella tuvo el coraje para hablar.
"Lo lamento."
"¿Por…?"
"¿A qué te refieres? Te manché con sangre." Se puso roja como tomate.
"La sangre no me da miedo. En especial si no proviene de una herida. Además, significa que al menos tenemos otro mes sin ser padres." Concluyó con una sonrisa ladeada.
"¡Es vergonzoso!"
"El objetivo de este viaje era que nos conociéramos, ¿correcto? Saber cuándo es tu ciclo es lo más íntimo que hay." Respondió con una risita.
Pero ella ocultó su rostro en la almohada. Él seguía riendo.
"Relájate Gatita. No es para tanto."
Ella seguía con la cara cubierta por la almohada y la bolsa de agua caliente en el abdomen.
"¿Harás una aparición pública hoy o debería decirle a tu familia que no te esperen?" Preguntó Severus cuando terminó de desayunar y tomaba la bandeja para bajarla.
"Tengo que mostrar la cara. Y tengo que ir por tampones. Solo tenía uno en mi bolso."
De verdad no lo había esperado tan pronto. Se veía totalmente miserable abrazando la almohada que había usado para ocultar su rostro. "Iré en cuanto los analgésicos hagan efecto."
"De acuerdo." Él tomó la bandeja y le guiñó el ojo antes de salir del dormitorio.
Ella se sonrojó, pero sintió una agradable calidez en su interior.
….
Mientras Hermione seguía en la cama, con los ojos cerrados, esperando a que el dolor dejara de molestar, pensó que Severus se estaba tardando mucho en regresar.
Por supuesto, no tenía obligación de quedarse encerrado en la habitación, con ella, pero pensó que aprovecharía la excusa para no tener que interactuar con la familia.
Tal vez era su culpa. Tal vez la forma en la que le había gritado le había molestado. Tal vez interpretó que lo que quería decir, era que quería estar sola todo el día.
Aunque la idea de permanecer sola y dolorida rodo el día le causaba un poco de malestar, el pensar que tal vez estaba conociendo a su familia un poco más, era agradable.
Escuchó que alguien golpeaba la puerta con suavidad. Se puso seria. Severus no tocaría.
"Pase." Dijo la castaña y la persona que entró, fue su madre.
"Hola corazón, ¿necesitas algo?" Jane se acercó a la cama con una sonrisa y se sentó del lado vacío, el más cercano a la puerta. El lado de Severus.
"No. Solo quiero que este horrible dolor se termine." Se quejó la joven.
"Pronto. Tomaste la medicina, ¿no?" Preguntó la madre.
"Sí."
"Este es uno de los aspectos de ser joven que no extraño para nada." Comentó Jane.
Hermione solo gruñó consternada, recordando que era una bruja y que su expectativa de vida era más larga y que esta mierda duraría más que si fuera muggle.
"¿Dónde está Severus?" Preguntó al cabo de un rato.
"Salió a caminar. Está en una misión para conseguirte unos tampones, si no me equivoco."
Hermione miró a su madre con admiración. "Le dije que iría yo… no tenía que hacerlo…"
"Sí, bueno… deberías estar agradecida que lo hace por voluntad propia." Comentó Jane, acariciando el cabello de su hija. "Te sacaste la lotería con él, Hermie."
"Sí, ¿no?" Respondió la chica con una sonrisa. Había estado tan preocupada en los últimos días, pensando que su relación era puramente física, porque lo había sido en gran medida, y temía que ahora volverían a primera base, atrapados en una relación de mentira, y que él regresara a solo odiarla por haberlo forzado y por la incomodidad y la amargura que venía luego de las relaciones puramente carnales.
Pero ese deseo sexual desenfrenado no era todo lo que había allí. Confiaban el uno en el otro, eran compañeros, cómplices. Había mucho más allí… podía sentirlo. Lo había sentido cada vez que habían hecho el amor, porque eso era, habían hecho el amor.
Bien podía estar enamorada de él, pero no pensaría demasiado en eso. Todavía tenían que regresar a la vida diaria en Londres, ella como su jefa, conviviendo. Eso era otro asunto pendiente. Tendrían que vivir juntos, porque el Ministerio estaría observando de cerca, y porque era necesario para conocerse mejor, ya que debían aparentar que llevaban un tiempo como pareja. Si pasaban las pruebas, entonces recién estaría segura y podría dejar que su corazón fuera libre.
"Es raro." Continuó Jane. "Nunca dijiste nada de verdad agresivo sobre él cuando era tu profesor, al menos no que pueda recordar, pero nunca esperé que fuera… bueno, así."
Hermione rio. "Es sarcástico y se enoja con facilidad… pero supongo que son mayormente mecanismos de defensa. Es mejor ser rudo y darles razones para que te odien y mantenerlos a distancia segura, que dejarlos acercarse y que te den la espalda y te ridiculicen. Eso es todo lo que ha conocido. No creo que haya tenido mucha aceptación en su vida."
"¡Oh! ¡Pobre hombre!"
"Pero cuando logras pasar a través de esas defensas… es el más leal de los bastardos." Dijo Hermione con una sonrisa cálida.
"¿De verdad está molesto con toda la familia que lo rodea?"
"No tanto como quisiera estar, créeme. Creo que, en lo profundo, disfruta de lo que significa ser parte de una familia. Solo tenía a sus padres y no le prestaban casi nada de atención."
Jane dejó escapar un suave sollozo de pena por él.
Fue entonces cuando el hombre en cuestión apareció en la puerta, sosteniendo una bolsita de farmacia en la mano.
"Oh, Severus." Exclamó Jane, levantándose de la cama. "¿Cómo estuvo tu paseo?"
"Placentero. El sol todavía no es insoportable." Respondió el hombre con estoicismo.
Las dos mujeres rieron.
"¿Qué te gustaría para almorzar, Severus?" Preguntó Jane. Ahora que sabía más sobre él, estaba determinada a mimarlo como una madre a tiempo completo.
"Yo… no tengo una preferencia… lo que sea que prepare estará bien… bajaré en un momento para ayudarla."
"No, no. Toma un descanso y dime lo que te gustaría." Ordenó Jane. Hermione volvió a reír.
"Yo… Nada en particular…" Severus parecía un poco perdido.
"Hermione, ¿qué le gusta?"
La castaña todavía se estaba riendo. "Cualquier cosa con langostinos."
"De acuerdo. Qué bien. ¿Y de postre?"
Severus miró de una mujer a otra, con las cejas alzadas.
"¿Cuál es tu postre favorito, Severus?" Preguntó Hermione.
"Uhm… pastel de chocolate con coco, supongo."
"¡Oh! ¡qué bien! ¡Igual que Hermione! Qué lindo." Dijo la dama con una sonrisa. "Ahora, ustedes dos, tómense un descanso por el resto de la mañana y el almuerzo estará listo a eso de las 12.30, ¿sí?"
Jane se dirigió a la puerta con pasito alegre y la cerró suavemente.
"¿De verdad es tu postre favorito o es que sabías el mío y lo dijiste porque sí?"
"No, de verdad lo es." Contestó él con una sonrisa mientras se quitaba los zapatos y se acomodaba sobre la cama. "Pero está en segundo lugar, porque el primero lo ocupa tu dulce, dulce sexo."
Tomó la mano de la joven y la besó, provocando una risita en ella, luego tomó la bolsita y la colocó sobre el abdomen de ella.
"Tampones para la dama."
"No tenías que hacerlo Sev. De verdad iba a ir a buscarlos."
"Basado en mis… exploraciones del área y la fuga de esta mañana, creo que acerté con el tamaño." Dijo él entre risas.
Ella lo golpeó con la bolsa en el pecho. "Desgraciado." Dijo ella en tono juguetón.
Severus se recostó a su lado y retomó el libro donde lo había dejado. Ella se quedó allí, mirándolo con cariño, porque él solo se acostó y le brindó su compañía. Entonces podía estar en lo correcto y su relación no era puramente sexual. Podían tenerlo todo, ¿cierto?
Era fácil y agradable el poder quedarse a su lado en silencio mientras él leía.
Severus estiró la mano y comenzó a acariciarle el muslo en forma circular, de forma tan natural e inconsciente, mientras seguía leyendo el libro. Luego, su mano quedó en medio de los dos, sobre la cama, y buscó la mano de ella. Hermione de inmediato entrelazó sus dedos con los de él con una sonrisa.
De verdad valía la pena quedarse con él.
Se acurrucó a su lado y puso el mentón sobre el hombro de su amante para poder ver bien la página que él estaba leyendo, y así se quedaron hasta que fue la hora del almuerzo.
Leyendo juntos.
N/T: Un poco de descanso para los dos. Para todos, creo.
