Capítulo 29

La renuencia de Hermione para hablar con su padre se mantuvo con fuerza.

Deseaba estar en otra parte y no quedarse encerrada todo el día, corriendo el riesgo de cruzarse con él.

Severus sugirió ir a un hotel o, incluso, a casa, ¿por qué no? Así tendrían tiempo de conocerse mejor, mucho mejor, y poder enfrentar la entrevista con Reynolds con más facilidad. Y con respecto a la boda, bueno… que Victoria se vaya a la mierda. La verdad.

No le debían nada. Hermione no le debía nada, y, a decir verdad, Severus se sentía incómodo con la idea de tener que presenciar tan de cerca una boda que estaba basada en una situación tan desagradable… pero tampoco sabía bien qué hacer sobre ese asunto.

Si le decía a Hermione, lo más probable era que la llenara de pesar, porque seguramente ella se sentiría menos cómoda que él si tuviera que contar a todos la clase de desgraciada que era Victoria.

De hecho, lo único que incomodaba a Severus sobre revelar las mentiras de Victoria y Jacques, era la reacción de Hermione, porque no sabía cuál sería.

Pero, para suerte de Hermione, sus primos Maxwell y Alexander llamaron, para ver si su prima y el viejo de su novio estaban disponibles para ir a beber unos tragos.

De inmediato, Hermione dijo que sí, solo para poder salir de la casa.

Severus se rindió a su destino porque quería que ella se sintiera mejor. Pero no podía negar que la idea de regresar a casa, lo ponía un poco… aprensivo.

¿Qué tal si la magia, la conexión y el fuego que habían descubierto en el otro, se apagaba en cuanto regresaran a su vida diaria? ¿Las situaciones ordinarias en las cuales nunca se habían envuelto juntos como estaban ahora? Severus ya no estaba en posición de ser indiferente, o de hacerlo solo para salvar el pellejo o conseguir un mejor empleo.

¡A la mierda con el empleo! Si no podía tener un hogar con su mujer, entonces no quería el jodido empleo. Quería tenerla acurrucada contra su cuerpo, con su hermoso trasero pegado a su entrepierna, mientras dormían luego de un largo día.

No podía permitir eso. No podía perderla. Eso… destrozaría su alma.

Así que fueron al pub.

Hermione prácticamente huyó, sin permitir que nadie se le acercara.

Severus la siguió con tranquilidad, sin mucho apuro.

Cuando Charles trató de alcanzar a su hija, no para disculpase, a juzgar por la expresión en su rostro, y recibió una firme advertencia de parte de Jane para que la dejara en paz, Severus se encontró con la mirada de frustración del tipo.

Le sonrió con sorna y lo dejó atrás, para seguir a su dama.

…..

En el pub, Hermione estaba relajada y sonriendo. Estaba a gusto.

La salida ahuyentó el dolor y las conflictivas emociones de su mente, y sus primos eran muy divertidos. La chica los adoraba profundamente.

Así que Severus tomaba aire sin cesar para aguantar las bromas y el carácter juvenil de los muchachos, tratando de ignorar el hecho de parecer estar como chaperón de una salida estudiantil, compartiendo la mesa con la versión muggle de los mellizos Weasley, y su joven y atractiva, bellísima, mujer.

Pidieron unas pintas de cerveza para comenzar, y solo se sentaron a conversar.

Hermione, por supuesto, se sentó junto a su amante, acariciando su muslo, o entrelazando los dedos con los de él a cada rato, porque sabía lo mucho que le estaba costando a Severus todo aquello.

Él apreciaba mucho todo aquello. Sus caricias, su aprecio, y eso lo mantuvo en calma y casi ignorando lo muy molestos que le resultaban los mellizos.

La noche estaba siendo mucho más placentera de lo que Severus hubiera pensado que sería.

Entonces, los mellizos los convencieron de jugar a los dardos.

Los chicos tomaron el primer turno y les fue bastante bien, aunque nunca lograron acertar el centro del tablero. Luego, fue el turno de Severus.

Inhaló profundamente y enfocó la mirada, y Hermione notó que estaba observando el tablero como si se tratara de un alumno particularmente insolente, o uno de sus empleados cabeza hueca.

No pudo evitar reírse sola.

Pero lo que fuera que estaba pensando, funcionó.

Sus dardos acertaron las tres veces en la diana, a pesar de lo mucho que trataban de distraerlo los mellizos.

"¿Qué? ¿Qué diablos? ¡Amigo!"

"Enfríate un poco, viejo. No estás haciendo quedar mal frente a las chicas alegres y agradables que están por ahí, ¿eh?" Dijo Maxwell, guiñando un ojo.

Severus rio con sarcasmo y Hermione rodó los ojos, mientras tomaba sus dardos para probar su suerte en el asunto. Se concentró, tomó aire, y lanzó el primero.

Erró por completo el tablero y el dardo cayó al suelo.

"¡Hermie! ¡Cuidado amor! ¡Que le vas a quitar el ojo a alguien!" Bromeó Alexander.

Hermione le mostró la lengua y arrugó la nariz por la frustración.

Severus podía leer muy bien a su chica, y notó que no se estaba tomando muy bien el fracaso.

Siempre tenía que ser la mejor en todo.

La castaña volvió a posicionarse para su segundo tiro, y Severus se paró detrás de ella, sosteniéndola de la cintura, deslizando una mano sobre el brazo extendido que sostenía el dardo, envolviendo su mano.

"Sev, ¿qué estás haciendo?"

"Tratando de ayudarte." Dijo con voz grave en el oído de la chica, provocando una oleada de excitación.

"¿Ayudarme o distraerme?" Preguntó ella con una sonrisa pícara.

"Ayudarte." Susurró él y le lamió el oído. Ella se apartó con timidez de los labios de él, pero no de su cuerpo. Presionó el oído contra su propio hombro, sintiendo que el vello de la nuca se erizaba. "Ahora," Continuó él con esa voz que casi era un gruñido, cortando el ruido ambiente que los rodeaba. "Mira, es fácil." Todavía le sostenía la mano con el dardo, y comenzó a moverlo, apuntando a la diana. "Toma una buena inhalación, apunta… apunta como si quisieras acertarle un hechizo directo al pecho de alguien."

"Oh… bueno… no soy tan buena en los duelos como tú." Dijo ella con suavidad, disfrutando más de la cuenta el tenerlo hablándole al oído, la cercanía y la tierna explicación del juego. Ahora se daba cuenta, sin lugar a dudas, que esas pequeñas cosas no eran solo por mantener las apariencias, y eso la hizo sentir mucho mejor. Él la deseaba, la quería, deseaba que tuviera éxito, deseaba cuidar de ella.

"Nos ocuparemos de eso más tarde." Comentó él con una sonrisa cómplice y le besó la mejilla. "Solo observa el tablero… respira… apunta…" Instruía Severus, apoyando la barbilla en el hombro de ella. Le soltó la mano, rozando la piel con la punta de los dedos antes de volver a ponerla en la cintura de la chica. "…y lanza con firmeza." Y así lo hizo ella. Aunque no le dio a la diana, estuvo bastante cerca.

"¿Ves?"

Hermione alzó los brazos celebrando, luego volteó y se sostuvo de los hombros de Severus para alzarse y besarlo en los labios con ternura. "Gracias."

Él solo sonrió.

"Oh, Severus…" Comenzó a decir Maxwell, parodiando a una dama en apuros. "¿Me enseñarás a mí también a lanzar los dardos?" Movió las pestañas como colegiala enamorada del profe.

Hermione se soltó de su hombre y le dio un empujoncito juguetón a su primo en el hombro, tratando de no reírse.

"Oh, sí, Severus, por favor." Gimoteó Alex, siguiendo la broma y moviendo las pestañas igual que su hermano.

"Cierren el hocico ustedes dos, antes que… accidentalmente pierda de vista el tablero y acierte en sus ojos." Ladró Severus amenazante, pero Hermione sabía que solo era una broma, y los mellizos lo encontraron muy gracioso y estallaron en carcajadas.

Con las instrucciones de Severus, Hermione comenzó a jugar mucho mejor, lo suficiente como para alcanzar a los mellizos y preocuparlos. Severus, sin embargo, mantuvo la amplia ventaja y, sin preocuparse, acertaba a la diana más veces que las que no.

"Has creado un monstruo, Severus." Dijo uno de los mellizos. "Tenía la intensión de largarme con una dama, bueno, tal vez no una dama en realidad, que se impresionara con mis habilidades, ¡pero eso será imposible si pierdo a los dardos con mi pequeña primita!"

"¡Eh! ¡Que soy mayor que tú, pequeña sabandija!" Recriminó la aludida.

"Sí, por un año más o menos." Replicó Maxwell.

"Pero tú eres más bajita y más bonita." Añadió Alexander.

Severus se rio, sin encontrar razón para intervenir en la discusión de los primos. Los mellizos la estaban molestando cariñosamente mientras ella trataba de manotear las manos de los chicos, que le pellizcaban las mejillas y le tocaban la nariz.

Aparentemente, el comentario de los mellizos con respecto a que algunas mujeres podían quedar impresionadas por las habilidades en un juego tonto, era cierta. Severus notó que, a medida que avanzaba en el juego y se lo metía en el bolsillo, comenzaba a atraer la atención de unas chicas sentadas en una mesa cercana. Eran jóvenes. De la edad de Hermione.

La castaña notó las provocativas miradas dirigidas hacia su hombre y les lanzó unas miradas furiosas, aunque no pareció que las disuadiera. Zorras.

Cuando el juego terminó, con Severus como el ganador, por supuesto, los mellizos prefirieron regresar a la mesa que hacer el ridículo perdiendo otra ronda. Los cuatro se sentaron a la vista de las mujeres que admiraban a Severus. Todavía lo estaban haciendo, intercambiando comentarios entre ellas, y teniendo en cuenta sus expresiones faciales, lo que estaban diciendo era bien picante.

"¿Te diste cuenta que esas muchachas no te quitan los ojos de encima?" Preguntó uno de los chicos.

Severus echó una rápida y desinteresada mirada en esa dirección, solo para responder. "Sí, me di cuenta." Con absoluta solemnidad, mientras los mellizos alzaban sus copas hacia las chicas.

Severus siempre notaba esas cosas porque era demasiado observador. Siempre estaba atento a lo que lo rodeaba, siempre alerta, listo para enfrentar cualquier peligro posible.

Pero esas mocosas le importaban un comino.

Hermione bufó al mirar a las busconas otra vez, ahora con el ceño bien fruncido. Si no habían entendido aún, lo entenderían ahora. Se puso de pie y se acercó a Severus. Levantó el brazo del hombre que descansaba sobre la mesa y se sentó en su regazo.

Él sonrió con picardía, divertido, mientras le hacía espacio para que se pusiera cómoda, envolviendo el pequeño cuerpo de su chica con los brazos. Ella se inclinó y lo besó tiernamente en los labios y él aceptó de buena gana que ella demostrara su autoridad.

"¿Marcando el territorio, Gatita?" Preguntó con una sonrisa de complicidad. Le sobraban brazos para envolverla con lo pequeña que era en comparación con él.

"Bueno, sí. Claro que sí. Tal vez las putas sean criaturas visuales y así entiendan."

Él se rio de nuevo y acarició la mejilla de la joven con la nariz antes de besarla.

"Y si no funciona, iré a darles una bofetada."

Severus soltó una carcajada. "¿Y si te la devuelven?"

"Oh, sí, se ven como de las que lo hacen, ¿eh?" Dijo uno de los chicos en tono soñador, provocando las risas en Hermione y Severus.

"¡Hermie! ¡Estás arruinando nuestro plan!"

"¿Y cuál es ese plan, Max?" Preguntó ella con el ceño fruncido.

"Todavía no está del todo formado," Comenzó a decir el joven, "pero incluye a Severus como nuestro cómplice. Tal vez podría acercarse y jugar a ser el siniestro pervertido así nosotros podemos intervenir y salvarlas del acoso."

Severus hizo un ruido nasal y tomó su bebida. "No seré parte de un plan tan terrible."

"¡Oh, vamos amigo! Tienes que darnos algunos consejos. Ahora que has demostrado lo que causas, debes pasar el conocimiento."

"Créeme, no hay nada que enseñar."

"¿Cómo que no? Te conseguiste una joven dama formidable, que es nuestra prima. Eso requiere habilidad."

"Eso," Comenzó a decir Severus, sosteniendo a Hermione bien cerca y mirándola a los ojos. "Fue el destino siendo amable conmigo por una vez en la vida. Fue la maravillosa suerte de este tonto que su prima sea tan ciega como para pensar que soy suficiente para ella."

Hermione lo sostuvo del mentón, toda sonrisas, y besó sus dulces labios otra vez.

"Aaaaaaaawwwwwwwwwwwww." Chilló uno de los mellizos en tono burlón.

"¿Y antes de Hermie eras un monje?"

"No." Severus volvió a beber de su copa. "Pero nunca había conquistado a una joven tan extraordinaria.

"Está bien. Nos conformaremos con las mujeres malas."

"Eso mismo. Anda, Severus, ¡danos ideas!"

"Solo vayan hasta allí y sean los caballeros que son."

Alexander lo miró con desconfianza. "Nos estás jodiendo, ¿no? ¡Si eso funcionara, no estaríamos pidiendo consejos!"

"Vayan y díganles que les enseñé todo lo que saben… incluyendo las artes eróticas. Tal vez eso provoque su interés, si de verdad están interesadas en mí."

"¿Y qué es todo lo que sabes, Sabio del Amor?" Preguntó Max, inclinándose hacia adelante, escuchando con interés.

"Oh… esto va a tomar un buen rato." Intervino Hermione, para el espanto de sus primos. "Mejor pidan otra cerveza chicos." Dijo ella, sonriendo pícaramente y moviendo las cejas.

"Oh, cielos… ¡olvidé que lo hace contigo!" Hermione se rio a carcajadas.

"Todo se reduce a ser paciente y observador. Aprender a ver las sutilezas." Instruyó Severus.

"De acuerdo. Sí. Podemos hacer eso."

"Si, sí."

Los dos chicos se pusieron de pie y se bebieron lo que quedaba de sus tragos de una vez. Se pasaron los dedos por el cabello negro y se dirigieron confiados hacia las chicas.

Hermione y Severus regresaron a casa cuando los chicos se fueron con las chicas que habían conquistado.

Cuando se separaron, hubo una cosa que los jóvenes dijeron que quedó resonando en la cabeza de Severus.

Lo comentó con Hermione cuando se iban a la cama.

"¿Hablaban en serio sobre hacer esto más veces?"

Aparentemente, el padre viajaba a Francia solo una vez al año, por trabajo. Los chicos se tomaban vacaciones de la universidad para ir también y tener aventuras. Pero ahora, que el año estaba terminando, debían regresar a Inglaterra y continuar sus estudios y sus vidas. Habían comentado reunirse más a menudo cuando regresaran. A Severus le preocupaba tener que tolerar a los chicos, pero al mismo tiempo, le agradaba la idea, porque su mujer los adoraba y sonreía tanto cuando estaban cerca.

Hermione se rio. "Eso creo. Los ayudaste a conquistar a las chicas. Definitivamente se te van a pegar como garrapatas."

Severus hizo un mohín de consternación. Luego la miró, yaciendo de lado, dejando mucho espacio en medio de los dos. "¿Por qué estás tan lejos?"

"No quiero mancharte de nuevo."

Él revoleó los ojos y acercó el cuerpo de la castaña hasta que estuvo en contacto con el suyo, tomando una pierna femenina y asegurándola sobre la suya. Se puso a acariciarle la piel expuesta, a pesar que ella había elegido una camiseta y un short en lugar del habitual camisón.

"Cómo adoro estas piernas." Dijo él sin dejar de acariciarla desde la rodilla hasta el trasero y de regreso, muy lento.

Ella sonrió, un poco avergonzada al no estar acostumbrada a recibir elogios a cada rato. Pero le encantaba.

"¿Solías…?" Comenzó ella, ahora con la cabeza apoyada sobre el pecho de Severus, acariciando suavemente su abdomen a través de la camiseta. "¿Solías conquistar muchas chicas en los pubs?"

Él inclinó su cabeza como diciendo, 'tal vez', sin dejar de acariciarle el muslo, mientras el otro brazo abrazaba los hombros de la joven, observando el techo. "Bueno, depende de lo que consideres como muchas. Tuve éxito cuando era necesario. Aparentemente, y aunque parezca una locura, mis… taciturnos encantos parecen ser atractivos para ciertas mujeres muggles. Algunas disfrutan de los que llaman 'chicos malos', aun con mi apariencia… poco convencional."

Ella se rio. "No me parece una locura, para nada. Eres encantador y sensual."

"Y tú eres demasiado buen, Gatita." La besó en la frente.

"¡Pero sí lo eres! ¡Créeme!" Lo dijo con convicción, sosteniéndolo de la barbilla para mirarlo a los ojos. Luego, lo besó con intensidad y dulzura.

Él le sonrió cuando dejaron de besarse y se puso a mirar el techo de nuevo, acariciándola despreocupadamente.

"Y…" Dijo ella interrumpiendo el silencio. "¿Tenías esa necesidad muy a menudo?" Teniendo en cuenta cómo era con ella, lo voraz que era en la cama con ella, debió haberse follado a la mitad de Londres.

Severus rio. "Sé lo que estás pensando, y créeme cuando te digo, pequeña, sexy, deliciosa y ardiente hechicera, que tú eres la única con la extremadamente talentosa magia como para tenerme duro tan a menudo. Nunca en la vida había sido tan activo. Todo esto es exclusivamente para tu delicioso, cálido y dulce sexo."

"Oh." Hermione se sonrojó furiosamente y escondió el rostro contra el costado de Severus, pero luego depositó un suave beso sobre su piel.

"Y… si no te hubieras visto envuelto en este asunto… ¿cómo serían las mujeres a las que tratarías de conquistar?"

"Hermione," comenzó a decir él con seriedad, alzando la barbilla de la joven con un dedo. "Aunque me forzaste a esta… situación, no me forzaste a desearte tanto. Estoy contigo porque de verdad así lo deseo. Te lo dije, las que vinieron antes, no tienen importancia. Ninguna."

Ella sonrió, con las mejillas encendidas de rojo. Comenzó a trazar el puente de la nariz con un dedo y él la besó suavemente.

"Bueno, ahora," dijo él cuando dejaron de besarse, "deja de ser una leoncita celosa y duerme."