Capítulo 33

"¿Pero qué diablos?" Fue todo lo que Hermione pudo decir.

Sabía cuál era la razón por la cual Reynolds estaba allí, pero ¿y Ronald?

Miró a Severus con la preocupación y el miedo permeándose a través de sus ojos. Él mantenía su postura rígida y su máscara imperturbable, pero trataba de calmarla con su mirada, o al menos, eso fue lo que ella pensó, aunque no podía asegurar si era su propio deseo o porque lo conocía tan bien.

Pero lo que la preocupaba más, era que Reynolds había encontrado a su padre primero.

Cielos santos. Reynolds había encontrado a su padre primero.

"Así que… hoy salí temprano para ir al viñedo y me encontré con el Sr. Reynolds y el Sr. Weasley. Que venían a verlos a ustedes dos." Comenzó a decir Charles.

Hermione comenzó a entrar en pánico silenciosamente, al repasar mentalmente las posibilidades de lo que pudieron haberle dicho a su padre. ¿Cómo había sido que Severus quedó pegado? ¿Estaba enfadado con ella? ¿Había dicho algo en consecuencia? ¡Oh, dios! ¿Qué le había dicho Reynolds a su padre? Debió mantener un ojo sobre él, debió anticiparse, debió rogarle para que no le dijera nada a su padre, aun cuando sabía que era una bruja.

"Los dos tenían cosas muy interesantes que contar." Siguió Charles. "Aparentemente, se ha promulgado una ley entre los… de tu clase, que forzará a los de tu edad a casarse."

Hermione podía ver que el desagrado de su padre por el mundo mágico, crecía con cada palabra que pronunciaba.

"Y el Sr. Reynolds cree que ustedes dos están tratando de romper la ley a fuerza de simular que hay una relación entre los dos." Dijo Charles con un gesto de asco. "Lo sabía. Sabía que había juego sucio en todo esto."

"Eso no es verdad." Dijo Hermione con voz queda. Ni siquiera sabía lo que había dicho Severus, si había confirmado el engaño, pero tenía que tratar. Por su parte, Severus permanecía inmóvil, con los brazos aun cruzados, protecciones alzadas, muy callado.

"¡No quiero escucharlo, Hermione! ¡Me mentiste! Por suerte, el Sr. Reynolds está dispuesto a dejar pasar el incidente y dejarte ir sin consecuencias. Aquí, el Sr. Weasley, iba a ser unido a ti, de haber dicho la verdad. Se enteró de todo esto y acudió a buscarte. El Sr. Reynolds está dispuesto a permitirlo y aceptarlo sin problemas. No puede decirse lo mismo con respecto al… Sr. Snape." Charles miró al aludido con desagrado, pero el rostro de Severus siguió como de piedra.

"No, no, no, no…" Sollozaba Hermione, al borde de las lágrimas.

"Mione, sé que me amas. Estamos destinados a estar juntos. Siempre ha sido así" Intervino Ron.

"No, no, no." Repetía la castaña, sin levantar la mirada y envolviéndose con sus brazos.

"Escogerás al Sr. Weasley. Es de tu edad, siempre ha sido tu amigo… es la mejor opción. La que corresponde. No te usará para trepar en la vida, no como… este." Apuntó a Severus con un gesto de enfado. "El Sr. Weasley es bueno. Un héroe de guerra, como tú." Esto lo dijo con un dejo de incredulidad, como si solo estuviera usando la información que le había sido brindada para reforzar su punto, pero sin creerla en verdad. ¿Qué clase de guerra había podido pasar desapercibida para miles de millones en el mundo? Seguramente no había sido tan grave.

"¡Severus es un héroe de guerra!"

"Y tu madre no debe enterarse de nada de esto. Solo le rompería el corazón." Siguió diciendo Charles, ignorando lo que su hija pudiera decir. "Solo le diremos que recuperaste tu sentido común y que te diste cuenta que amabas al Sr. Weasley, así que retomaron su relación."

"No. ¡NO!" Protestó la joven, esta vez más fuerte, mirando fijamente a su padre.

"Vamos Mione. No tienes que simular más. ¡Soy yo! No algún extraño. ¡Tú me conoces!" Dijo Ronald.

"Acepta el trato Hermione. Es uno bueno. O mejor aún, deja atrás a estos salvajes y sus leyes trogloditas y ven a vivir como una persona normal aquí, con tus padres. Te encontraremos trabajo aquí, en el viñedo, en el negocio de la familia, como se supone que deba ser."

"Tú me amas." Finalizó Ronald. "Y yo a ti."

"¡NO! ¡Eso no es verdad!" Hermione ya estaba llorando y gritándoles. "¡No estamos simulando! ¡Amo a Severus!" Miró al hombre en cuestión, con los ojos llenos de lágrimas, y pudo ver un flash de sorpresa en los ojos del hombre, quien descruzó los brazos, dejándolos laxos a los lados y ella corrió hacia él. La envolvió en su abrazo, con el alivio llenándolo por muchas razones, siendo la principal, el poder sostenerla y tratar de calmarla mientras lloraba. Lo estaba matando verla llorar. Besó el cabello y la apretó más contra su cuerpo.

Ella se dio la vuelta, sin abandonar la seguridad del abrazo de Severus. "Lo amo y voy a casarme con él. Y esto no es ninguna farsa."

"Hermione, deja de mentir. Tú y yo debemos estar juntos."

"No Ron. Eso no es cierto. ¡Tú y yo no tenemos ni la mitad de conexión que tengo con Severus!"

"Srta. Granger…" Reynolds trató de intervenir.

"¡Sr. Reynolds! ¡Qué bajo de su parte el venir aquí y acusarme de esa manera! ¡E involucrando a Ronald! Estoy segura que se han roto varias reglas al decirle que estaba apuntado para ser mi pareja, ¡sobre todo luego de haberle dicho claramente que no estaba disponible!"

"Ah, pero que linda demostración, Hermione, pero hagamos una pequeña prueba, ¿quieres? El viñedo está listo para una ceremonia de bodas, que ya no ocurrirá, gracias a él." Escupió Charles con disgusto, manteniendo su furiosa mirada sobre Severus. "¿Por qué no se casan entonces? ¿Eh? Aquí. Yo pago." Dijo con burla y desafío. "Ni siquiera creo que hayan establecido una fecha, ¿o sí?"

Hermione estaba enojada y propensa a desafiar a su padre. ¿Cómo podía ser así? En su contra. ¿Por qué dudaba tanto de ella?

Entrelazó los dedos con los de Severus y le dio un apretoncito. Alzó la barbilla en forma desafiante, miró a su padre y casi le ladró. "¡Pero qué idea más encantadora! ¡Lo haremos! Sr. Reynolds, Ronald, son bienvenidos a quedarse para la boda."

"¿Y qué hay de los otros invitados?" Charles todavía se estaba burlando de su hija. Todavía dudaba de ella.

"Tenemos forma de contactarlos, no te preocupes." Respondió la chica con una sonrisa sobradora. "Ahora, si nos disculpan, necesitamos ocuparnos de algunos detalles." Todavía desafiante, tironeó de la mano de su amante, esperando que él la siguiera y le brindara apoyo. Ni siquiera lo había mirado una vez en medio de su discurso inducido por la furia, mientras sellaba definitivamente y para bien, el destino de los dos. El corazón comenzó a latirle de nuevo por el alivio cuando él comenzó a seguirla, pasando de largo a su padre y a unos atónitos Ronald y Reynolds, saliendo del cobertizo.

El retorno a la casa fue apresurado y silencioso.

Charles había salido detrás de ellos, pero no sabían si los demás los estaban siguiendo también o no.

Entraron en la casa y fueron derecho hacia el dormitorio. Jane tenía suficiente sentido común para no interrumpirlos. Cuando quisieran y estuvieran listos, bajarían, con un poco de suerte, con todo arreglado.

Hermione estaba extremadamente nerviosa.

Había tomado una decisión que cambiaba la vida de los dos en un segundo, sin siquiera consultarle. Y aun no hablaban de lo que había pasado la noche anterior. No sabía lo que él sentía. Y ahora, también necesitaban hablar de lo que acababa de hacer…

Severus cerró la puerta una vez entraron y se quedaron mirándose el uno al otro. Ella no sabía por dónde empezar. Vio los nudillos pelados en la mano que había estado apretando apenas unos segundos antes, unos nudillos que la habían acariciado tantas veces, así que fue a tomarlo de la mano de nuevo, analizando las heridas, rozándolas con la punta de sus dedos.

Nada de lo que acababa de ocurrir podía ser discutido sin que antes Severus se sacara del pecho lo que lo atormentaba. La propuesta de matrimonio no estaba en su mente en ese momento. Seguramente lo que ella había dicho en público solo había sido para seguir manteniendo las apariencias. La chica no podía amarlo de verdad, aunque tenía la esperanza que de verdad sintiera algo tan bueno y profundo por él.

"Hermione, tienes que saber…" Comenzó a decir con suavidad. "Nunca quise traicionar tu confianza."

"Lo sé." Dijo ella con timidez, avergonzada por su propia exagerada reacción.

"Nunca… nunca…" Los ojos de Severus comenzaban a mostrar signos de lágrimas. "Nunca te traicionaría a propósito. Por favor, créeme. Significa demasiado para mí que hayas confiado en mí en primer lugar. Yo… nunca tuve algo así… y deseaba preservar algo tan precioso."

"Severus…" Ella se acercó a él, con el corazón desgarrado al verlo llorar. Esas lágrimas rodando por sus mejillas eran reales.

"Pero, por supuesto, tuve que arruinarlo. Fui tonto al pensar que podía ser algo…"

"Severus, Severus, lo sé." Trató de secarle las lágrimas. "Ya está perdonado y olvidado. ¡Diablos! ¡No hay nada que perdonar! Me estabas defendiendo… estabas cuidando de mí. Cálmate Sev."

Pero él meneó la cabeza. "No podemos… seguir con esto si no hay confianza."
"¡Pero si confío en ti! ¡Con mi vida!"

"¿Cómo puedes? ¿Después de haber jodido algo tan simple?"

"Lo hago." Tomó la mano de Severus y la presionó contra su propio pecho. "De verdad lo hago." Aun podía ver inseguridad y duda en él, así que se le ocurrió una idea. "Tu… habilidad para volar… ¿puedes llevar a alguien contigo?"

"¿Qué?" Preguntó él, muy confundido.

"¿Puedes llevarme contigo?"

"Pero tú odias volar."

"Es cierto, pero confío en ti y quiero probarlo."

"No tienes que hacerlo."

"Pero es lo que quiero." Lo abrazó y besó su pecho, luego alzó los ojos para mirarlo. "Llévame a volar contigo."

Él frunció el ceño y achicó los ojos al mirarla. Ella se apartó de él y lo llevó de la mano hacia el balcón. Allí, de pie, frente a frente, Hermione volvió a abrazarlo. "¿Qué esperas?"

"Hermione… ¿estás segura de esto?"

Una parte de él pensaba que aquello era una tontería infantil, pero no podía negar que otra parte de él estaba mucho más que feliz por la confianza que ella depositaba en él, y de verdad quería que la joven estuviera segura de lo que pedía.

"Sí."

¿Qué hay con eso de no hacer magia en casa de tus padres?"

"A la mierda con eso. Un imbécil del ministerio ya vino a golpearles la puerta, ya me importa un bledo tener que contentarlo. Aun cuando hice todo bien, siempre encontró una razón para machacarme. Tendrá que aceptar quién soy, lo que soy, o no volverá a verme nunca más."

Severus sonrío tímidamente.

"Ahora, llévame a volar Sev."

La sostuvo con fuerza por la cintura y ella se aferró con más fuerza de él, y en un parpadeo, no había nada más que ver que un humo negro ascendiendo hacia el cielo grisáceo.

Ella se aferraba de él como si su vida dependiera de ello. Su innato miedo a volar la hizo lamentar haber tenido semejante idea. Pero era él quien la sostenía. Severus no dejaría que nada la lastimara. Lo sabía de corazón. Comenzó a admirar la vista, lo magnífica que era, y dejó que esa sensación de poder y magnitud la llenara y sustituyera al miedo. Era una experiencia única y maravillosa.

Estaba riendo, con el corazón lleno de gozo, cuando descendieron en el jardín trasero de la casa de los padres de Hermione, luego de haber volado sobre toda Provenza y admirado los paisajes.

Severus la cargaba en sus brazos cuando el humo comenzó a disiparse y a revelar sus facciones, al tiempo que la velocidad se reducía y se acercaban al suelo. Ella se aferraba del cuello de él cuando finalmente aterrizaron y el recobraba el equilibrio, apoyándola en el piso también.

Las sonrisas pronto se desvanecieron cuando vieron a Jane viéndolos desde la cocina, y un poco más atrás, estaba Charles.

Jane estaba observándolos con admiración al haber sido testigo de algo tan mágico, pues no sabía que volar sin una escoba les era también posible.

Charles, sin embargo, cargó contra ellos con furia en la mirada.

"¡No voy a tolerar semejante falta de respeto! ¡Dije que no quería nada de eso en mi casa! ¿No es suficiente que tenga que aguantar que gente de su calaña se meta en mi propiedad con esos medios? ¿No fue suficiente que haya tenido que tolerar esta pequeña charada que montaste con este… este… criminal mentiroso? Y que también ha transformado a mi pequeña en un monstruo. ¡La niña que crie nunca les hubiera hecho a sus padres lo que tú! ¿Borrarles la memoria? ¿Borrarles sus vidas? ¿Sus familias? ¡Eso es despreciable!" Escupió Charles en medio de su furia.

"¡Ya basta! ¡Ya no puedes seguir faltándonos el respeto a Severus y a mí!" Por fin, Hermione había encontrado su voz y se plantaba frente a su padre.

"¡Cuida tu tono, pequeña puta insolente! ¡Que todavía soy tu padre!"

"¡CHARLES!" Gritó Jane, totalmente furiosa.

"¡Somos buenas personas!" Siguió Hermione desafiante.

Charles trató de hablar por encima de ella y continuar su enfadado discurso, mientras Jane gritaba tras él, a su esposo.

Pero Severus solo vio rojo, enceguecido por la furia. Comenzó a avanzar sin ver más que a Charles en su campo de visión. Tampoco escuchó a Hermione gritándole, llamándolo por su nombre, tratando de llamar su atención, de calmarlo, de detenerlo, y ciego al miedo de Jane, quien no sabía qué podía pasar.

Finalmente llegó hasta el hombre y puso sus manos a los lados de su dura cabeza, sosteniéndolo con firmeza mientras lo empujaba hasta tenerlo contra la pared.

"Hay algunas cosas que necesita saber." Ladró Severus y luego, Charles se desmayó.

…..

Charles no entendía cómo o porqué, pero parecía ser que estaba en la escuela de su hija.

Recordaba vagamente haber visto fotografías, ¡que se movían!, del condenado lugar, en los periódicos que solía traer ella consigo, en los veranos que pasaba con ellos, y este lugar, con sus murallas de piedra, apenas iluminado por la luz de las velas, parecía ser el castillo escuela.

Temía abrir la boca o moverse. No entendía lo que sucedía o cómo había llegado allí. En realidad, no se sentía como si estuviera realmente en el lugar. Más bien se sentía como un sueño.

Ahora parecía estar en lo que parecía ser el salón de profesores. Mucha gente vestida estrafalariamente y mirándolo raro, estaba sentada alrededor de una mesa. Parecía una reunión, y él se encontraba sentado junto a un mucho más taciturno y poco saludable Severus Snape. Todos hablaban acerca de una alumna en particular, alabándola. Era sobre Hermione. Era unánime la opinión sobre la chica, sobre lo muy brillante y talentosa que era. La mejor estudiante de todas las clases. Solo Severus permanecía impasible, silencioso. Cuando se le preguntó sobre el desempeño de la chica en sus clases, él solo dijo, "es… adecuada," en un tono tan desapasionado que nunca se le movió ni un músculo del rostro.

El cuarto comenzó a girar y Charles sintió como si estuviera cayendo. Gritó, pero no había nadie que lo oyera o a quien le importara.

Aterrizó en un lugar más oscuro y húmedo, que aun parecía ser dentro de la escuela.

Snape acechaba allí también. Estaba dando clases. Cada vez que él hacía una pregunta, o incluso cuando no la hacía, la mano de Hermione se elevaba en el aire y respondía. Evidentemente, esto molestaba a Snape, pero cada respuesta era la correcta. Un momento, ¿cómo sabía eso? ¿Cómo había podido sentirlo?

La habitación volvió a girar y ahora estaba en un amplio laboratorio en donde muchas personas estaban trabajando.

Había muchos brebajes siendo preparados.

Allí estaba Hermione, pero ya siendo adulta, la joven mujer que era actualmente. Caminaba por el laboratorio con autoridad, con una presencia dominante, junto a un Snape que, si bien lucía más joven y saludable, aun se veía taciturno, comentándole todo lo ocurrido en el laboratorio. Hermione regañaba a los que hacían algo mal. Parecía tener el control sobre todo y teniendo la certeza que estaba haciendo bien su trabajo.

La escena volvió a cambiar.

Ahora hacía frío.

Pero no se debía al clima. No.

Estaban sentados frente a una larga mesa. Todos vestidos de negro, mucha gente, y en sus ojos podía verse miedo, locura, o una mezcla de los dos.

Severus se veía muy delgado, pálido, como consumido. Parecía como si no durmiera ni comiera, ni cumpliera con las funciones básicas del buen funcionamiento de cualquier ser humano. Y, aun así, su expresión estoica, la armadura a su alrededor, permanecía en su lugar, mientras miraba al frente, sin mostrar ninguna emoción.

Junto a Severus, junto a Charles, estaba una criatura digna de las peores pesadillas. NO había otra forma de describirla. Tenía la piel suave e incolora, inhumana. No tenía cabello o nariz, más bien parecían las facciones de una… serpiente… su sonrisa era enfermiza. Dedos largos y huesudos, con largas y sucias uñas que mantenía apoyadas sobre la mesa.

Tamborileaba los dedos sobre la mesa en un ritmo lento, inconstante y que ponía los pelos de punta a cualquiera.

Una mujer pendía del aire, sobre la mesa, con el cuerpo contorsionado y parecía haber sido torturada.

La mujer lloraba, suplicando incoherentemente. La criatura como serpiente estaba hablando, e incluso cuando hablaba sonaba como el siseo de una serpiente.

"Ella piensa que los muggles son como nosotros… que merecen… respeto."
La mayoría de los presentes alrededor de la mesa se rio a carcajadas, algunos claramente forzados, tratando de adular a la criatura en la cabecera.

El monstruo siguió declamando, degradando a la mujer que lloraba, ofendiendo a los tan llamados muggles, afirmando que debían ser subyugados y esclavizados.

Charles recordaba que Hermione le había dicho lo que 'muggle' significaba, que era la palabra para definir a la población no mágica. Ella siempre se auto definía como 'nacida de muggles' cuando estaba en casa, en los recesos de la escuela, y que era por eso que era más sorprendente que lo hiciera tan bien.

La mujer que colgaba en el aire habló, pero solo salió un sonido inentendible y desarticulado, pero era claro que estaba mirando a Severus, quien permanecía impávido, como congelado, mirando al frente.

Charles no lo sabía, pero ese era el mecanismo de defensa que Severus había encontrado para sobrevivir, para lograr salir adelante. Solo borraba de la imagen a su compañera de trabajo, ignoraba a su amiga, como ella lo llamó en sus últimos momentos de vida, que le suplicaba directamente a él. Era conveniente ahora, para no hacer que Charles lo odiara aún más.

La criatura apuntó uno de esos palitos, que Charles sabía que los mágicos llamaban varitas, a la mujer en el aire y exclamó unas palabras inentendibles con pura furia, y un rayo de luz verde impactó en la mujer, cuyo cadáver cayó con fuerza sobre la mesa con un sonido hueco y espantoso.

"Nagini… la cena." Dijo la criatura.

Charles vio que todos los presentes miraban en su dirección, y el estómago se le llenó de frío. Escuchó que algo se arrastraba sobre el suelo, se deslizaba, siseaba, y de pronto, una serpiente, una de verdad, enorme, apareció a sus espaldas.

Gritó con desesperación y más miedo se le metió en el cuerpo, pensando que tal vez podrían escucharlo, hacerle algo, pero nadie reparó en su desesperación, todos estaban pendientes de la serpiente, que se había subido a la mesa y deslizado hasta la mujer asesinada, para comenzar a devorarla entera…

La escena se retorció una vez más, de nuevo en una especie de reunión con esa gente temible, pero esta vez, parecía ser algo así como un baile. La criatura como serpiente interrumpió una canción suave, el baile y la conversación, y dio un discurso.

Comenzó a hablar de la inferioridad de los muggles, de sus nefarios planes, de como ellos, ese grupo presente, habían tenido éxito al infiltrar y tomar control del ministerio.

El ambiente volvió a cambiar y ahora se encontraba en una colina, viendo a un muy joven Severus y a un hombre viejo de larga barba blanca.

"¡Los va a matar!" Suplicaba Snape.

El viejo de la barba negociaba, y se estableció que el joven Snape sería un espía a las órdenes del viejo.

Otro cambio de escena y ahora estaban en una habitación muy elegante, decorada en colores oscuros, en alguna clase de mansión.

Severus estaba hecho un ovillo en el suelo, viéndose tan pequeño, para nada todo lo intimidante que se veía habitualmente.

"¿Por qué no has obtenido la información?"

Era la criatura, que hablaba enfurecida.

"Algo tan sencillo mientras estás en medio de ellos…"

"Milord…" Snape habló suavemente, evidentemente presa del dolor. "Yo…"

"¡CRUCIO!" Escupió la criatura, y Severus se retorció agónicamente sobre el suelo.

Charles podía sentir su dolor, la necesidad de vomitar mientras todo el cuerpo tenía espasmos, pero la escena estaba cambiando de nuevo.

Ahora era una habitación muy oscura.

Los suelos eran negros y las paredes no podían verse, porque estaban en un pasillo, en medio de estanterías repletas de esferas, miles de ellas, hasta donde alcanzaba la vista. Otro corredor interceptaba el que ocupaba, iluminado por llamitas azules de tanto en tanto. Allí, en ese corredor, estaba Hermione, ese mocoso pelirrojo que Charles acababa de dejar en el cobertizo, y el chico que conocía como Harry Potter. Estaban otros tres que no conocía, todos rodeados por un grupo de hombres y una mujer, todos enfundados en capas negras y algunos usando máscaras.

Le recorrió un escalofrío por la espalda.

Charles pudo reconocer a los que estaban a cara descubierta. Los había visto en esa reunión en la que la criatura había enviado a comerse el cadáver de la mujer y en el baile, y en la escena en la que habían torturado a Severus.

Todos tenían las varitas en la mano. Adultos amenazando a niños.

Miró a su alrededor, buscando a Severus. ¿Es que no iba a hacer nada? Pero no lo vio. Era extraño, considerando que en las visiones previas siempre había estado junto al hombre. ¿Podía ser que estuviera en medio de esa gente horrible que amenazaba, que arrinconaban a su hija?

Un instante después, los chicos gritaron al unísono.

"¡Reducto!"

Y las esferas comenzaron a caer de los estantes más altos mientras Hermione y sus amigos corrían.

Los rayos de luz volaban desde las varitas de todos, en todas direcciones y de diversos colores. Las esferas de cristal seguían cayendo, pero parecía que había formado un domo a su alrededor, protegiéndolo. Ni una sola le cayó encima.

Fue entonces cuando los rayos de luz comenzaron a aparecer del aire mismo, desde un punto justo a su lado. Los rayos solo golpeaban a los hombres vestidos de negro, y parecía que los cortaban profundamente, porque varios se llevaban las manos a la zona de impacto y la sangre les llenaba la ropa. Algunos caían al suelo, incapaces de continuar, seguramente severamente heridos, algunos otros solo seguían avanzando, suponiendo que habían sido los chicos que lo habían hecho, pero otros parecían bastante confundidos por lo que había pasado.

Charles se sintió obligado a moverse, a seguirlos.

Vio que su hija luchaba valientemente, lanzando hechizos contra los furiosos hombres.

Los jovencitos tenían una ayuda anónima, la cual Charles suponía, era Snape, usando alguna clase de magia que lo hacía invisible, pero los chicos se las arreglaban bastante bien solos.

Hermione derribó a uno de los tipos que intentaba atrapar a su amigo Harry, pero luego se movieron hacia otra sala, y por mucho que Charles quería seguirlos, ver cómo se defendía su hija, parecía estar pegado a la figura que se movía sigilosamente entre los estantes, lanzando hechizos hacia los hombres con las máscaras cada vez que podía pasar desapercibido, para ayudar a que los chicos pudieran escapar de los ominosos hombres.

Cuando llegaron a la sala siguiente, fue justo a tiempo para ver que Hermione silenciaba a uno de los tipos que estaba a punto de lanzar un hechizo, el mismo que había escuchado que la criatura pronunciaba cuando mató a la mujer sobre la mesa.

Sintió un inmenso alivio, pero le duró poco, porque el bastardo logró lanzar un hechizo en total silencio, que impactó a Hermione directo en el pecho, y la chica cayó sobre su espalda.

La escena cambió con rapidez y ahora estaban en la enfermería, rodeados de paredes de piedra otra vez. La escuela. Estaban de regreso en la escuela.

Hermione yacía sobre una cama y una mujer de aspecto marcial y mirada estricta se inclinaba sobre ella, junto a Severus.

Su hija aún estaba inconsciente. Llevaba puesta algo parecido a una bata de hospital, abierta para dejar ver una profunda y larga cortada que le cruzaba el pecho, pero solo eso.

"Ha sido jodidamente larga." Masculló Snape, exasperado. "Dejará una cicatriz." Sacó una botellita que llevaba en su capa y le quitó el tapón, dejando caer algunas gotitas sobre la herida, que se cerró considerablemente, pero todavía era muy visible.

"Toma." Le entregó el frasco a la mujer a su lado, la enfermera. "Tendrás que aplicarla… más directamente. Cerrará por completo, pero quedará una cicatriz. Luego dale esto." Sacó otro frasco. "Y el daño interno también sanará."

De pronto, Charles se vio de nuevo en la mansión oscura.

La malvada criatura demandaba explicaciones de una mujer de aspecto enloquecido con una cabellera salvaje y enmarañada. Esa mujer había estado en la sala de las esferas que había abandonado unos minutos antes.

Snape observaba con las manos en su espalda, con esa pose estoica y con sus negras ropas abotonadas hasta la barbilla.

"¡¿Los dejaste escapar?! ¿¡Qué significa esta clase de incompetencia, Bellatrix?!" Bramó el monstruo.

"Mi señor, hice todo lo que pude. Vea. Vea lo que sucedió. Estará orgulloso Mi Señor." La mujer se arrodilló frente a la criatura, sonriendo con una expresión de enfermiza admiración.

Los largos y huesudos dedos se posaron sobre la frente de la loca, y las imágenes se proyectaron en la habitación, como un holograma.

Charles, por alguna razón, sabía en su corazón, que esos eran los recuerdos de la mujer loca, que su líder proyectaba para que todos los seguidores lo vieran.

En esas imágenes, esa mujer, Bellatrix, tenía a su hija presionada sobre el suelo. La chica lloraba por el miedo. Bellatrix jugaba con su temor. Esa malnacida puso su varita contra el cuello de Hermione, y mientras la jovencita gritaba de dolor, una herida se abría lentamente en su piel.

Bellatrix se reía a carcajadas, disfrutando cada instante.

Todavía riéndose a mas no poder, se puso de pie.

"Crucio." Dijo con simpleza, casi como si se tratara de un juego de niños, tan complacida estaba con sus acciones.

Su hija se retorcía de agonía, y a diferencia de Snape, ella si gritó y lloró.

Esta vez, Charles no pudo sentir físicamente el dolor, pero si lo pudo sentir en su corazón.

La escena cambió de nuevo, y ahora estaba Severus de pie frente a la criatura, a solas.

"Severus… ¿cómo va la búsqueda del chico?"

"Aún tenemos que encontrarlo, mi señor. Pero los carroñeros han estado… cerca."
"¿Y qué hay de los padres de la sangre sucia? Podríamos usarlos para atraerla, para obligarla a salir, y entonces tendríamos al muchacho… y dos muggles menos de los que preocuparnos."

"La residencia Granger ha sido revisada, en un intento de encontrar algo que nos pueda ayudar para hallar a los niños, pero no se ha encontrado nada, al parecer. Ni un solo vínculo en ninguna parte."

"¿Y eso qué significa?"

"Que, tal vez… la Srta. Granger ha hecho algo con sus memorias. Ya no tienen nada por lo que quedarse, así que desaparecen. Es la única explicación que puedo encontrar, mi señor."

La cosa se rio. "Severus… una sangre sucia no podría ser tan lista, ni ser tan astuta, ni tener tantos recursos mágicos."

Severus solo se quedó en silencio, asintiendo.

"Debieron hacerlo sus amigos."

"Por supuesto milord. Tiene razón."

"No importa. Tarde o temprano los encontraremos y todos morirán."

La escena volvió a girar, llevando a Charles a otra parte.

Era un embarcadero de botes.

Charles apenas tuvo tiempo de enfocar la mirada, cuando escuchó a la criatura decir algo.

"Nagini, ataca."

Y la gigantesca serpiente mordió el cuello de Severus.

El hombre cayó al suelo y fue dejado allí para desangrarse mientras el monstruo y su serpiente se iban.

Hermione y sus amigos aparecieron en escena y trataron de ayudarlo, mientras el hombre se tomaba el cuello con desesperación.

Luego que diera, lo que en apariencia era su último suspiro, los chicos se retiraron, pero Hermione se quedó atrás unos momentos, llorando profusamente y deseando poder hacer algo. Todavía quería ayudar, pero no había nada que hacer.

Severus estaba recostado contra la pared y ella lo puso del todo sobre el suelo. Tomó su varita, que había dejado caer y la puso en su mano, para luego poner ambas manos del hombre sobre el pecho.

La escena volvió a cambiar.

Ahora estaban en la habitación que la pareja ocupaba en su propia casa.

Hermione lloraba con amargura y Severus la confortaba.

"No sé por qué es así conmigo,"

Charles supo de inmediato que se refería a él.

Varios flashes en rápida sucesión, de la pareja riendo, besándose, acariciándose con ternura.

Charles pudo sentir la compañía, la ternura, la amistad, el entendimiento.

El amor.

Y tan repentinamente como todo comenzó, Charles volvió al jardín trasero de su casa, con su esposa y su hija mirando pasmadas, mientras Severus Snape estaba de pie frente a él, y Charles se deslizaba hacia el suelo, contra la pared.

Se puso de pie a los tropezones y miró a Severus fijamente para luego huir del lugar, yéndose hacia adentro de la casa, lo más rápido que pudo.

N/T: Si me preguntan, y nadie lo hace, pero no me importa, Charly necesitaba una dosis de realidad y que alguien lo bajara al piso de su pedestal, de los huevos.

Chalupitabonita: Es un personaje muy odiado por mí, así que me niego a traducir algo en donde ese pelirrojo salga ganando. Lo detesto. Pero no te preocupes, solo será una mosquita de la fruta en la sopa.

Tonya: ¡Qué personaje molesto que es ese pelirrojo! ¿No?