Capítulo 34

"¿Qué le hiciste?" Preguntó Hermione con suavidad, acariciando el brazo de Severus con dulzura.

El alivió llenó el corazón de Severus.

Tan pronto como se alejó de Charles y recobró un poco de su auto control nominal, de dio cuenta de lo mal que debió verse lo que hizo, a los ojos de Hermione y Jane.

No terminaba de zafarse de un problema y ya se estaba metiendo en otro. No podía creer que haya jodido todo tan pronto.

Pero allí estaba ella, mirándolo expectante, pero con esa suavidad en los ojos, con esa confianza, dispuesta a escucharlo, a creerle, a brindarle su apoyo.

Ella le regaló una sonrisa insegura, para animarlo a salir de su armadura que había erigido nuevamente a su alrededor y le hablara.

"Solo… le mostré cosas que necesitaba ver. Cosas que debía saber."
Jane miró a uno y otro, desconcertada. "Lo siento, ¿le mostraste? ¿Qué quieres decir?"

"Severus es un legeremante, lo que significa que puede ver lo que hay en las mentes de los demás o permitir que vean lo que hay en la suya. Eso es lo que hizo. Le permitió ver sus recuerdos."

Jane volvió a mirar de uno a otro, inclinando la cabeza, tratando de encontrarle sentido.

"Jane, por favor, perdóneme. Una vez más perdí el temperamento en su propia casa. No debí… no quise faltarle el respeto de esa manera, otra vez. Ataqué a su esposo."

"Severus… te he visto con mi hija. Puedo ver lo mucho que la quieres y lo mucho que deseas protegerla. Y sé cómo es mi esposo y lo muy exasperante que puede ser. Acabo de ser testigo lo muy fuera de lugar que estaba. No estás equivocado. Sé que solo quieres lo mejor para Hermione."

"Es la verdad."

Hermione sonrió y enredó su brazo con el de él, para poder tenerlo lo más cerca posible.

Severus sintió que su corazón latía más relajado cuando ella estaba así de cerca. ¿Podía ser posible?

Acababa de atacar a su padre, aunque el viejo cretino se merecía un ataque total, entonces, ¿por qué estaba tomando su lado?

"Y… ¿Qué le mostraste?"

"Fragmentos de recuerdos sobre el monstruo que amenazaba con tomar el poder, las mentiras que decía sobre la gente no mágica, las cosas que hacía, las torturas, los asesinatos… quería que viera que Hermione de verdad les salvó la vida con su decisión de borrarles la memoria. También le mostré la muy valiente guerrera que es y lo muy buena estudiante que fue… no hay una razón verdadera para tratarla como lo hace."

"¿Cuándo me viste luchar?" Preguntó la castaña un poco sorprendida.

"Aquí y allá… el Departamento de Misterios…"

"¿Estuviste allí?" Ahora si estaba bien sorprendida. "¡No te vi!"

"Bueno, ese era el punto de ser un espía." Contestó él con una sonrisa.

Jane estaba dividida.

Confiaba en Severus, pero una parte de ella, quería ver lo que vio su esposo, pero no lo diría. A juzgar por la forma en la que Charles había huido, y por lo que había escuchado decir a Hermione y Severus sobre la guerra, tal vez no quería ver en realidad. Sin duda iba a escuchar al respecto cuando su esposo le contara. Sabía que ir tras él en ese momento no iba a ser nada útil. Y con toda seguridad iban a tener una conversación.

"Bueno, parece ser que tiene mucho en qué pensar. Conociéndolo, se encerrará por buena parte del día antes de salir protestando y pueda admitir que estaba equivocado o masculle algo cercano a una disculpa."

Si es que alguna vez se disculpa.

Se hizo un silencio incómodo en el que nadie sabía bien qué hacer o decir. Y luego, Jane comenzó a indagar en un tono alegre y curioso. "Me estaba diciendo que se van a casar el domingo, para usar lo que se preparó para la otra boda, ¿es cierto?"

"Oh, bueno…" Hermione comenzó a tartamudear de puros nervios. Ni siquiera había tenido tiempo de hablar con Severus al respecto.

"¿Y qué hay con esa gente del trabajo que vino de visita?"

La castaña sintió que sus manos comenzaban a sudar de lo nerviosa que estaba. No deseaba decepcionar a su madre. Ya había hecho suficiente de eso con su padre. Y Severus. No quería perderlo. No sabía qué hacer.

Severus sintió la sudorosa palma de ella en su brazo. Los dedos de la chica temblaban.

"Se ha promulgado una ley," comenzó a decir él y Hermione sintió que la boca se le secaba como arena. "Que requiere que… procreemos, porque murió mucha gente en la guerra y los nacimientos han sido muy escasos. Como deseábamos mantener nuestra privacidad, por ser… demasiado reconocidos en nuestro mundo, no hemos dado a conocer nuestra relación. Eso, entre otras cosas, llevó a los burócratas a creer que solo comenzamos a mostrar que teníamos una relación para escapar de la ley. Vinieron a verificar si así era en verdad."

Al principio, Jane se mostró estupefacta por la idea de forzar a alguien a casarse, pero casi de inmediato lo olvidó y sonrió ampliamente. "¡Pero qué tontería! ¡Si cualquiera puede ver que tienen una relación y que se aman!"

Ambos aludidos se pusieron rígidos al escuchar esa palabra de nuevo. La gente a su alrededor parecía tan segura, pero ellos no sabían lo que el otro sentía. Nunca habían hablado sobre eso. No apropiadamente.

"Porque siguen juntos, ¿verdad? ¡Seguro ya arreglaron sus diferencias si van a casarse el domingo!"

"Uhm… todavía hay cosas de las que hablar, pero…" Hermione comenzó a decir con timidez, pero Jane ya había tomado la delantera, con la alegría ensordeciéndola a las palabras de su hija.

"¡Ooooh! ¡Estoy tan feliz que se casen aquí! Temía que quisieran tener una boda rápida en medio de su rutina diaria, y temía que no pudiera asistir…" Jane comenzó a llorar de repente.

Hermione se acercó de inmediato para confortarla, primero frotando el brazo de su madre con una mano y luego abrazándola. "¡Nunca te haríamos eso, mami! ¿Cómo no invitarte?"

"No lo sé… quiero decir, está tu padre y ustedes dos son adultos, tienen una vida que seguir y…" Tomó las toallas de papel que estaban sobre el mostrador para limpiarse los ojos y la nariz. "¡Pero ahora que lo hacen aquí, puedo asistir! Y te ayudaré a planearla, ¡aunque sea en tan poco tiempo! ¡Oh! Deberíamos ir al viñedo para ver las preparaciones. Ya están en marcha pero se puede cambiar lo que quieran, todavía hay suficiente tiempo para hacer cambios."

"Mami… yo…" De verdad necesitaba hablar con Severus.

"¡Vamos! ¡A moverse!" Jane estaba feliz y contenta de nuevo, y buscando las llaves de su coche, para luego encaminarse hacia la puerta.

Hermione, perdida como estaba y sin saber qué hacer o decir, la siguió, como lo hizo Severus, algo que la llenó de alivio.

Fue un día de verdad ocupado.

Jane los llevó por todas partes, mostrándoles las flores, los manteles, la platería… el menú.

Hermione, quien había dejado de soñar con una boda así hacía mucho tiempo, primero por la guerra, al no tener la seguridad de poder escapar con vida o por no saber qué sería del mundo post guerra, y luego, porque había perdido la esperanza de encontrar alguien compatible con ella, alguien a quien amar de verdad, encontró que todo era muy hermoso.

Las flores eran, casualmente, lirios blancos, y los manteles de un color crema perlado, que quedaba perfecto con el vestido que había escogido para ser madrina. Los arreglos florales con los lirios tenían mucho verde, que era el color favorito de los dos, se veían perfectos. Para resaltar los centros de mesa, habían colocado unos candelabros de cristal con velas doradas.

Hasta el menú era excelente.

La ceremonia sería afuera, en el parque, y aunque los preparativos habían sido interrumpidos, se podía ver lo hermoso que estaba quedando todo.

Un enrejado de madera serviría para cubrir el altar, y en el pasillo, se habían colocado arreglos similares a los de los centros de mesa. La alfombra era del mismo color perlado de los manteles.

Era perfecto.

A Hermione le encantaría casarse allí.

Con Severus.

Pero aún no había escuchado ni una palabra de su parte sobre el asunto, y ahora se sentía sobrepasada porque no sabía cómo resolver la situación.

Quería saber que era lo que haría feliz a Severus, cómo harían para mantener el arreglo que establecía el ministerio, y no quería decepcionar a su familia, a su madre.

Cada vez que le mostraban algo, la chica solo comentaba lo hermoso que todo se veía y Jane indicaba a los trabajadores que continuaran.

Hermione no pudo evitar pensar que todo parecía cosa del destino, que todo funcionara así.

Tenía el vestido, él tenía el traje. Las flores eran sus favoritas, las decoraciones eran del color que ella misma hubiera elegido, su familia estaba presente, los otros invitados llegarían pronto.

Era como si el universo los estuviera empujando para que se juntaran.

Lo único que no tenía era el consentimiento del novio.

Almorzaron tarde, ahí mismo, en el viñedo.

Jane conversaba felizmente sobre avisar al resto de la familia, y preguntó cuánta gente debía invitar, si los invitados podrían llegar con tan poco tiempo de aviso, y siguió parloteando alegremente sobre lo muy feliz que estaba por los dos.

Aunque Severus estaba callado, respondía con amabilidad y con esa encantadora sonrisa suya cuando era necesario.

Luego regresaron a casa, y la pareja subió al dormitorio, con la promesa de ponerse en campaña para invitar a sus amigos.

Ya era media tarde.

Cerraron la puerta en completo silencio.

Se intercambiaron miradas incómodas.

Hermione vio que los nudillos de Severus seguían lastimados, así que tomó su mano y lo llevó a sentarse en la cama, acariciando los nudillos sin quitarle la mirada de encima a los dedos. Tomó su varita y los curó por completo. Bueno, casi.

Severus sintió el alivio de haber recobrado su confianza una vez más, y recordó su declaración de amor, pensando que seguramente había sido cosa de mantener las apariencias.

Pero comenzó a preguntarse si era así en realidad.

Su curiosidad había crecido a lo largo del día, al verla ponerse feliz con los preparativos de la boda, aun cuando trataba de controlarse. ¿Acaso lo hacía porque era necesario? Tenía que saberlo. Había cosas que deseaba decir.

"Lo que dijiste en el cobertizo…" Finalmente fue capaz de romper el silencio. "¿Fue por apariencias? ¿Para mantener el… acuerdo? ¿para mantener sus dudas a raya?"

Ella lo miró con el sonrojo evidente en su rostro y los ojos enormes, indicando que estaba nerviosa.

"E… estoy asustada. Parece tan pronto…en especial considerando lo que me tocó aguantar en las relaciones pasadas y cómo terminamos juntos… pero al mismo tiempo siento que te conozco de toda la vida… yo…" La chica se miraba las manos. "A pesar de todo, de mis miedos y mis inseguridades, creo que… que te amo, Severus." Alzó la mirada para verlo.

Sus ojos estaban fijos en los de ella. Su rostro, imposible de leer. Ella aclaró la garganta con nerviosismo.

"Aun así… aun así, este es un gran paso, y está ocurriendo tan rápido, mucho más de lo esperado. Creo que era menos complicado cuando solo era un acto." Sonrió, tratando de alivianar el ambiente, pero él seguía mirándola sin decir nada y con los labios fruncidos.

"La oferta que hice el otro día todavía es válida." Dijo ella finalmente. "Tendrás el ascenso, te apuntaré como jefe de departamento. Me haré cargo de la culpa, así no te arrestarán. Diré que te obligué, que te puse un Imperio. Pagaré la multa y me mudaré aquí." Prefería eso a tener que casarse con Ron, en especial ahora, que había conocido el verdadero amor, uno que la completaba tan bien. "No tienes que hacer esto Severus. No quiero que te quedes si te sientes forzado." La chica comenzaba a lloriquear.

"Es muy rápido." Dijo él por fin. "Hace dos semanas apenas nos tolerábamos… el solo pensar en casarnos en solo dos días… es una locura."

Ella asintió, mirando hacia abajo, tratando de contener las lágrimas.

"Pero todo lo que sé… es que estoy loco… por ti."

Hermione lo miró llena de sorpresa al escucharlo.

"Y quiero estar contigo, seguir conociéndote más… y si la única forma de tener una cita es casándonos primero, lo haré con mucha felicidad, porque, Hermione, yo también te amo."

La sonrisa de ella se hizo más amplia y rápidamente trepó sobre él para besarlo.

"¿En serio?"

"Claro que sí." Respondió él, un poco rígido.

Le resultaba difícil decirlo. Era difícil exponer sus sentimientos por ella tan abiertamente.

La última vez que había amado, o al menos él creía que así había sido, no había sido bien recibido, y eso que en esa oportunidad ni siquiera había llegado a declararse tan apropiadamente.

De nuevo, ella lo besó en los labios, más profundamente esta vez, montándose en su regazo. Él le dio la bienvenida con un abrazo, y aceptó sus besos con firmeza, casi tomando el mando del asunto.

Una de las manos de Hermione comenzó a deslizarse de su mejilla hacia la cicatriz en el cuello, quitando el hechizo que la mantenía oculta, y descendió hacia el pecho, metiéndose bajo la camisa abierta.

Mientras seguían besándose tierna y apasionadamente, ella comenzó a desabotonar la camisa, uno, dos, tres botones, hasta que el abdomen estuvo al descubierto.

Mientras ella se ocupaba de su camisa, él metía su mano bajo el top que ella llevaba puesto para acariciar la piel desnuda de su espalda, su cintura y los costados.

Sus bocas se separaron y ella apoyó la frente contra la de él mientras miraba hacia abajo para quitar la camisa de los pantalones y poder terminar de soltar los botones.

La mano de él le movió el cabello para poder acariciarle la mejilla y volver a besarla.

Con la camisa por completo abierta, ella tenía más libertad para acariciar su piel, arrastrando las uñas sobre los costados de su torso sin dejar de besarse, haciendo que él ahogara un gemido con la boca de su amante.

Los besos comenzaron a excitarlos, haciendo que sus respiraciones se volvieran erráticas.

Hermione empezó a mover la cadera contra él, buscando fricción en su sexo todavía cubierto por la ropa. Separaron sus labios sin querer hacerlo, y ella le quitó la camisa de los hombros. Luego él le quitó el top, después de descartar su propia prenda, dejándolo caer en el suelo.

De inmediato, Severus hundió el rostro en el valle entre los pechos de ella. Besó la delicada piel y lamió la cicatriz que corría como un río sobre su piel, mordisqueando su carne y masajeando el otro pecho, con un brazo envolviendo la cintura y sosteniéndola bien cerca.

"Severus…" Jadeó ella, pero luego lo obligó a mirarla para poder besarlo de nuevo.

Su cadera seguía moviéndose, sintiendo lo que la excitación le estaba haciendo a él, prisionero de los vaqueros. Deslizó su mano entre los dos para soltar los botones del pantalón, liberándolo parcialmente, porque aún llevaba puesto el bóxer.

Severus se recostó sobre los almohadones para quitarse rápidamente la prenda y ella lo ayudó.

La castaña trató de volver a subirse a horcajadas, pero él fue más rápido, recostándola a ella también para quitarle los pantalones. Una vez que ella se liberó de ellos, se las arregló para ponerlo en la posición inicial, recostado contra los almohadones, y volvió a montarlo, besándolo ávidamente.

Mientras saboreaban sus bocas, ella seguía frotándose contra él, sintiendo su duro miembro contra su sexo.

Los labios de Hermione migraron hacia su cuello, donde lamió la cicatriz, provocando un siseo de su parte. Por su parte, Severus le mordisqueó el lóbulo del oído y la piel de la mandíbula, para luego besarle el cuello.

Ella volvió a meter la mano en medio de los dos para poder bajarle el bóxer y liberar un poco el miembro y así poder frotarse directamente contra él.

Mientras ella se entretenía, él soltaba el sostén de la chica y se lo quitaba, estimulando los pezones con los pulgares. Ahora fue el turno de la castaña para sisear y sentir que el vello de todo su cuerpo se erizaba. Se quitó del todo el sostén y lo hizo a un lado, tomó las manos de Severus en las suyas para continuar el dulce masaje. Luego se llevó una de las manos de él hacia los labios y succionó el pulgar con una expresión de picardía. Él respondió con una sonrisa propia y llevó el húmedo dedo hacia uno de los pezones de ella, provocando un suave gemido.

De nuevo, ella se inclinó para besarlo, sin dejar de mover la cadera. Severus deslizó un dedo sobre la columna de Hermione y ella no pudo evitar arquearse por reflejo. El camino del dedo terminó en el trasero de la chica. Con el dedo en la parte más delgada de la braga, la retiró hambrientamente para exponer su trasero y la abertura vaginal quedara en contacto directo con su miembro. Los dos gimieron en la boca del otro al sentirse.

El sexo de ella estaba tan caliente, ardiendo, empapado, y su miembro estaba tan duro. Ella pudo sentirlo estremeciéndose bajo su cuerpo, vibrando al sentir el calor de su vulva envolviéndolo.

Se meció contra él un poco más, con más vigor, mientras continuaban besándose, y se deslizaba con tanta fluidez sobre la longitud de su órgano, estimulando su clítoris tan deliciosamente con la amplia punta.

Ya no aguantaba más.

Se hizo a un lado y, con movimientos apresurados, le quitó del todo el bóxer y luego se quitó las bragas, manteniendo una pierna en el aire mientras lo hacía.

Él besó la pierna, subiendo desde la rodilla hacia la parte interior del muslo con ávidos y húmedos besos. Cuando llegó a su sexo, usó toda su boca para cubrirlo, poniendo especial atención en su clítoris. Una lamida, dos, y ella estaba gimiendo y arqueando la espalda, con la cabeza moviéndose de un lado a otro sobre la almohada.

Entonces Severus comenzó a subir, dejando unos húmedos besos obre su abdomen, hasta llegar a los pechos para succionarlos, estimularlos con los dientes, apretando los pezones entre ellos.

Se acomodó entre las piernas de Hermione, frotando su miembro contra la abertura y sosteniendo una de sus piernas contra su costado. Le dio un largo y apasionado beso y la penetró de una vez.

Los dos gimieron a unísono, y Severus presionó su frente contra la de ella.

"Diablos, amor, se siente tan bien estar dentro de ti." Gruñó mientras embestía lentamente dentro de su cuerpo, todavía sosteniéndole la pierna.

Ella sonrió al oírlo llamarla 'amor'. No pudo detenerse y lo besó con todas sus fuerzas.

Mientras se movían juntos, unidos, buscando alcanzar el placer que tanto necesitaban, a través de brindarle placer al otro y mostrarse amor mutuamente, Hermione comenzó a deslizar sus uñas sobre los costados del torso de su hombre, sobre las costillas, su espalda, los hombros, y descendiendo hasta llegar a su trasero.

Severus seguía con la frente pegada a la de ella, dejando que su chica descansara la cabeza en sus antebrazos, sintiendo el ardiente aliento de cada uno en sus rostros y labios.

Él le mordisqueó el mentón, lamiendo tiernamente todo el camino hasta sus labios, y la lengua de ella salió a recibirlo, para atraerlo hacia su boca.

Severus penetró su boca como lo estaba haciendo con su sexo, con avidez y pasión, y con la misma lentitud.

Una oleada de placer atravesó el cuerpo de ella, haciendo que temblara y que el vello se le erizara, arqueando la espalda, ofreciendo su cuerpo a él. También la indujo a clavarle las uñas en la cadera y apretarlo más profundo dentro de su cuerpo.

Él siseó y tomó una de las manos para presionarla por encima de la cabeza castaña, entrelazando los dedos apretadamente sin dejar de mover las caderas al unísono, escuchando los gemidos y las pesadas respiraciones que llenaban la habitación.

A medida que el placer se incrementaba, Hermione sintió la abrumadora urgencia de necesitar estar encima, de montarlo, y logró hacer justo eso.

Una vez con ella a horcajadas, Severus la tomó de la cadera para animarla, y ella puso sus propias manos sobre las de él, entrelazando los dedos y mordiéndose los labios en medio de la oleada de placer.

Le soltó las manos y las apoyó sobre el pecho de Severus para poder juguetear con las tetillas de él, provocando un nuevo siseo y que apretara más la cadera con sus manos, urgiéndola a ir más rápido. Ella lo hizo y apretó sus músculos alrededor del vibrante miembro, mientras seguía acariciando y apretando las tetillas de su amante.

Severus puso los ojos en blanco.

"Oh, ¡mierda!"

Jadeaba sin control cuando alzó la cabeza y le apretó la cadera de nueva cuenta. Abrió los ojos y la vio sonriéndole con picardía, todavía sosteniéndose de su pecho.

Otra vez. Apretó los músculos vaginales y volvió a arañarle el pecho y las sensibles tetillas, y él soltó un gruñido, haciendo un esfuerzo ciclópeo para no venirse.

Cuando logró recuperar un poco de control, se sentó de inmediato, y apretó el pecho de ella contra el suyo.

"Amo tu delicioso sexo." Dijo él entre jadeos, con sus grandes manos en la espalda de ella, sosteniéndola contra su cuerpo.

"Te amo Severus." Jadeó ella.

"Y yo te amo a ti, Hermione." Buscó sus labios y los encontró listos y dispuestos, luego descendió hacia su cuello y el pecho, para succionar los pezones.

Ella deslizaba sus dedos entre el negro cabello, animándolo a seguir prestando atención a sus pechos, sin dejar de presionar su sexo contra su miembro, regocijándose con la sensación de su piel, de tenerlo dentro de su cuerpo, esa deliciosa fricción, y su ardiente aliento en sus pezones.

"Sev… si… Sev…" estaba sollozando con cada movimiento.

Él apretó el trasero de ella, acercándola todavía más, y mordisqueó la piel de los pechos.

"Oh… mi amor…" Dijo ella, gimiendo en su oído, apretándose más contra él. "Voy a venirme…"

"Sí…" No podían estar más cerca, pero querían acercarse todavía más.

"Hazlo conmigo… juntos." Ella apretó sus músculos una vez más y de inmediato llegaron los espasmos que el placer del orgasmo le regalaba, que hizo que él también alcanzara el suyo, explotando en su interior y Severus la apretaba contra sí.

Mientras recobraban el aliento, frente contra frente, y se besaban suavemente, no tenían ninguna duda que se amaban.

Ahora era claro como el día en sus mentes y sus corazones.

N/T: Bueno, al menos Charles sigue vivo... a ver si se disculpa.