Capítulo 35

Severus y Hermione se quedaron acostados de lado, frente a frente, admirándose mutuamente, con amor.

No se habían ni molestado en bajar a cenar.

Habían dormido un poco, no estaban seguros por cuanto tiempo, pero cuando despertaron, a pesar que afuera estaba oscuro, se podía escuchar cierto movimiento en la casa.

Severus supuso que todo el equipo había arribado para los toques finales de la boda, para modificar lo que fuera necesario.

Hermione estaba bien segura de eso.

Pero a pesar de eso, no se movieron de la cama.

Severus admiraba lo resplandeciente que ella se veía, y ella hacía lo mismo, pero sonrojada por tenerlo mirándola con tal fijeza, así que desvió la mirada hasta sus manos, que jugueteaban, se acariciaban, entrelazaban los dedos, o presionaban palma con palma.

"Entonces… ¿de verdad lo vamos a hacer? ¿Nos vamos a casar?" Preguntó ella.

"Por supuesto." Él se llevó una de las manos de ella hasta los labios y la besó.

"Necesitamos invitar a la gente."

"Hmmmm."

"De verdad. Si no invito a Harry y Ginny, ella servirá mi hígado para el almuerzo. Y lo compartirá con Molly."

"¿Y no crees que estarán sorprendidas por ser la primera vez que escuchan al respecto?"

"Ya deben saber algo si Ron está aquí. No es de los que mantienen la boca cerrada."

"No pronuncies ese nombre en nuestra cama, por favor."

Ella rio y se acercó más a él, acariciándole el cuello con la nariz. "¿Y por qué estás celoso de ese pelirrojo tonto?" Susurró ella con los labios contra su piel.

"Pelirrojo tonto es un nombre adecuado para llamarlo en mi presencia, sí."

Ella volvió a reír y le mordisqueó el cuello.

"Como sea, harán preguntas."

"Y la única respuesta que conseguirán es, 'estamos enamorados y lo demás no es asunto suyo, y es por eso que no se habían escuchado nada de esto hasta ahora.'"

"Pagaría buen dinero por escucharte decir eso."

"¡Y lo haré!" Retrucó ella y lo miró a los ojos.

Él hizo un ruido de descreimiento.

"¿A quién vas a invitar?" Preguntó ella, mientras comenzaba a acariciarle el pecho.

"Hmmmm…" Soltó algo así como un suspiro. "A Minerva supongo."

"¿Y…?"

"Y eso es todo. No tengo a nadie más. Imagino que los Malfoys no causarían una buena impresión en ti o tu familia, además, considerarían de mala educación que les avisara tan cerca de la fecha."

"¿Y qué hay con los otros profesores de Hogwarts? ¿Tus antiguos colegas?"

Hermione sentía un poco de pena porque él no tenía a nadie más.

"Nunca le importé mucho a nadie ni fui particularmente cercano a alguien. Lo poco que pudieron haberme apreciado, se perdió durante mi tiempo como director. Además, sé que la mayoría debe estar en la lista que tienes en la cabeza." Le sonrió de lado y le dio unos toquecitos en la cabeza con la punta de su dedo.

"Ahora me tienes a mí, y puedes contar conmigo para lo que sea, ¿de acuerdo?" Le acarició la mejilla. Él asintió con timidez, y ella respondió besándolo apasionadamente.

"Entonces, ¿deberíamos comenzar a enviar patronus?" Preguntó Hermione cuando dejaron de saborear sus labios.

"Sí querida." Respondió él en tono juguetón y ella le dio una palmadita en el pecho.

"Recuerda avisarles que mi familia es muggle y que tengan en cuenta eso para lo del código de vestimenta."

"Solo voy a invitar a Minerva. Ella tiene sentido común. No te preocupes por nada."

Después de enviar los patronus, regresaron a la cama para disfrutar el uno del otro y dormir un poco más. Pero Hermione no podía dormir. Siguieron con las caricias y las miradas cómplices, y lo que comenzó con simples e inocentes caricias, creció hasta convertirse en algo más.

Terminaron haciendo el amor, lenta, ardorosamente en la oscura habitación, sin poder ver nada, solo escuchando sus respiraciones, los suaves gemidos, las dulces declaraciones de amor… sintiendo el contacto de sus frentes, el movimiento de sus pechos al respirar, sus manos percibiendo los latidos de sus corazones y el sudor que humedecía su piel… sus lenguas combatiendo una contra la otra, recorriendo la piel para saborear el sudor… sus sexos uniéndose en un ritmo dulce y armonioso.

Hermione despertó antes que Severus, algo verdaderamente poco común.

Estaba entre sus brazos, descansando a su lado, con una pierna sobre la delgada cadera de su amante.

La castaña se sintió vibrar de felicidad, deslizando lentamente, la mano sobre su pecho, hacia arriba y hacia abajo, de lado a lado, peinando el escaso vello del pecho con los dedos mientras presionaba sus labios contra el brazo, su pecho, el final de la cicatriz, y comenzaba a ascender por el cuello.

Él comenzó a despertar, con una sonrisa en el rostro.

"Nunca había tenido un despertador tan bonito."

"Si comienzas a despertar en un horario decente, puedes tenerlo cada día."

"Anotado. Mis motivos para quedarme por períodos más largos en cama, de hecho, están aumentando."

Ella le mordisqueó el pecho con suavidad y alzó la mirada y luego se besaron.

"Creo que deberíamos bajar antes que alguien venga a buscarnos. Debe haber mucho por hacer."

Severus se quejó, molesto, y se soltó de ella para salir de la cama.

Hermione estaba más que aliviada, pero sorprendida, porque ningún patronus había irrumpido en el dormitorio en el transcurso de la noche, exigiendo explicaciones.

Había sido muy clara con respecto a los peligros de enviar uno, teniendo en cuenta que estaban en horarios diferentes y que mucha de su familia muggle estaba presente. Pero ella sentía una intensa curiosidad por saber lo que pensaban de la repentina noticia.

Porque debían estar pensando en algo.

Se estaba estirando, tomándose su tiempo para salir de la cama, mientras Severus ya había entrado en el baño para llevar a cabo sus abluciones matutinas, cuando una pequeña y discreta lechuza se posó en la mesa del balcón. Ella podía verla porque no se habían molestado en cerrar las cortinas la noche anterior, porque estaban, digamos, felices y ocupados con otros menesteres.

La pequeña traía dos cuadrados de papel doblado en su patita.

Hermione se levantó, desnuda como estaba, y se apresuró a acercarse a la puerta que daba al balcón para dejar entrar al ave, que fue a posarse sobre la cómoda junto a la puerta, aguardando pacientemente mientras Hermione desataba las misivas.

Una estaba dirigida a ella, de parte de Harry, porque podía ver la escritura, y la otra era para Severus, aparentemente, de parte de McGonagall.

"¡Sev!" Llamó ella con dulzura.

"¿Sí?" Severus abrió la puerta del baño y salió, parcialmente vestido ya.

Ella le señaló la carta dirigida a él que descansaba sobre la cómoda, junto a la lechuza que picoteaba unas galletas que la misma Hermione había ido a buscar en medio de la noche para ella y su hombre.

Ella ya estaba muy ocupada abriendo su carta con enfocada curiosidad.

Severus abría su propia carta y procedía a leerla.

Severus,

No puedo actuar con naturalidad luego de enterarme la noticia que me cuentas, sin antes asegurarme completamente que sea verdad. ¿Lo es? No me malentiendas, si es el caso, estaré por completo emocionada por los dos, pero debes entender lo extraño que se ve, después de años de escuchar cómo te quejabas de ella y por haberte visto obligado a tomar ese trabajo. Y de pronto, desapareces y resulta que estás de vacaciones, que nunca te tomas, y justo cuando este asunto de la ley matrimonial se da a conocer. Ron ha hecho acusaciones muy serias. No termino de entenderlas ni las creo, porque no veo nada que te beneficie, (a menos que hayas estado enamorado secretamente de ella todo este tiempo), pero hay algo que se siente… raro.

Sin embargo, si estás haciendo esto por las razones correctas y por voluntad propia, los dos, estaré muy contenta de poder acudir a la boda, y estoy de verdad muy feliz por ti. Con honestidad, si te pones a pensarlo, son perfectos el uno para el otro. Los dos son unos sabelotodo cabezas duras, demasiado listos para su propio bien. Y ningún otro resultado podría surgir de tantas disputas y quejas, salvo tal vez el asesinato o la destrucción mutua.

Estaré esperando por la confirmación, y explicación, ya que he sido como representante del grupo que ha sido invitado, para no llenarlos de lechuzas o patronus. Date prisa, porque tendré que organizar nuestro viaje y tratar de hacer entrar en razón a esta gente en cuanto a la moda muggle. Y no hay magia que remedie eso tan rápido.

Con mis mejores deseos,

Minerva.

Severus rio.

Luego le contaría la verdad a Minerva, cuando el polvo se asentara con el asunto de la ley. Por ahora, solo necesitaba saber que sí, era verdad, y ambas partes estaban en sus cabales y dispuestas, por las razones correctas.

Hermione leyó su propia carta con la misma actitud, solo que la suya estaba plagada de sutiles insinuaciones sobre ser víctima de alguna clase de coerción o hechizo, o que simplemente se había vuelto loca. Harry, por supuesto, trataba de ser amable sobre el tema, pero había otras personas tras él mientras escribía, gente que estaba preocupada por esas posibilidades y que demandaba respuestas.

Harry,

¡Ciertamente me lo voy a tomar a mal! ¿Cómo quieres que lo tome cuando estás insultando al hombre que amo, insinuando que me está forzando a casarme con él? ¿Qué motivo tendría para hacer algo así? Si, lo amo. Con todo mi corazón. Y él me ama, lo sé, lo siente, esta vez de verdad. Y nos casamos porque así lo queremos.

¿Qué es demasiado pronto? No, no lo es, de otro modo, todos estarían recibiendo invitaciones apropiadas, con suficiente tiempo para poder digerir la información. Sin embargo, el Ministerio no parece inclinado a creer que nuestra conexión es genuina, y aparentemente muchos de ustedes piensan así, y tu amiguito Ronald embarró más las cosas con sus mentiras, así que decidimos hacerlo. Queremos estar juntos, sin importar lo que se ponga enfrente.

Si la actitud que parece permearse de la carta se mantiene, la gente que siente de esa manera no necesita venir. No quiero ni necesito esa clase de energía negativa. Ya es bastante con que Ronald haya venido. Por cierto, ¡no creas sus mentiras! Un par de desastrosas llamadas hace un par de años no se transforman automáticamente en amor o deseo.

Como sea, espero que todos vengan y compartan la alegría, porque en verdad estoy muy feliz Harry. Quiero que mis amigos estén felices por nosotros. Severus es maravilloso si solo le dieras una oportunidad.

Espero verte pronto.

Hermione.

Después de despachar las cartas, terminaron de vestirse y bajaron a la cocina.

Alguien ya estaba llamando a la puerta y Judith los estaba llamando. En cuanto hicieron su aparición, y todas las mujeres de la familia, ya presentes, se abalanzaron sobre ellos, gritando y alguna que otra sollozando, para abrazarlos y felicitarlos.

Se hicieron preguntas sobre los planes para el cabello, maquillaje, las damas de honor, los caballeros de honor, y Severus se puso nervioso con la explicación que daría para justificar no tener ni un solo jodido amigo.

Tal vez debería enviarle otra carta o un patronus a Minerva, advirtiéndole que ella sería su madrina.

La dama se merecía el honor. Y no solo porque no había invitado a nadie más.

Minerva se había preocupado por él, lo había ayudado cuando más necesitó asistencia, había sido buena con él, y en la carta no lo había juzgado, sin llamarlo viejo verde y tonto, que no merecía casarse con la Princesa de Gryffindor.

Repentinamente, toda la conversación y la conmoción se detuvo.

Charles entró en el lugar.

La tensión podía cortarse con un cuchillo porque todos conocían cómo era Charles y cómo se había enterado de los hechos… que su sobrina no era la clase de persona que él creía.

Pero Severus, Hermione y Jane sabían que había algo más que añadía gravedad al hombre.

"¿Podemos hablar?" Dirigió su pregunta hacia Hermione y apuntó hacia afuera.

El tono amable no era propio de ese hombre.

Hermione quedó azorada por unos instantes, pero enseguida asintió.

Severus puso sus manos sobre los hombros de ella, parado tras ella, y achicó los ojos como rendijas, en clara advertencia para Charles.

El aludido sostuvo la mirada, pero era neutral, tal vez incluso de respeto, y luego salió al jardín.

"¿Quieres que vaya contigo?" Preguntó Severus, presionando sus labios contra la sien de la joven, preguntando en voz baja.

Ella puso su mano sobre una de las de él, todavía sobre su hombro, y se volvió un poco.

"Estoy bien, amor." Respondió en un susurro y le sonrió dulcemente, apreciando la preocupación y la oferta. Se volteó por completo y le dio un rápido beso en los labios y salió al jardín, siguiendo a su padre.

De inmediato, la charla cargada de excitación regresó, pero Severus se quedó haciendo guardia en la puerta vidriada, mirando hacia afuera a través del cristal.

"No te preocupes Severus." Dijo Jane, acercándose a él. "Anoche hablé con él. Ha estado pensando mucho. Está bien. Esto es bueno de verdad."

Charles llevó a su hija a sentarse a la mesa redonda que estaba junto a la piscina, cubierta por una sombrilla. Se sentó frente a ella, de frente a la puerta de la cocina, desde donde podía verse a Severus montando guardia como soldado, con los ojos como un par de líneas y fijos sobre él.

Hermione se mostraba tímida, mirando a su padre, muy insegura de lo que podría pasar. Ella permanecía de pie.

"Siéntate, por favor." Dijo el padre con suavidad, mirando a su hija. Los ojos del hombre se desviaron entonces hacia Severus, mientras ella tomaba asiento.

"Él es…"

Hermione se dio la vuelta y vio a su prometido, esperando alguna clase de comentario desubicado de parte de su padre. La sangre le hervía de antemano con tal de defender a su hombre.

"… muy protector contigo." Finalizó Charles con simpleza.

"Sí, lo es." Contestó la chica con una sonrisa que no notó tenía pegada en el rostro.

De verdad le gustaba la forma en la que Severus la protegía y la defendía, la forma en la que cuidaba de ella. Nunca había tenido nada de eso de parte de un hombre. Su abuelo era genial, pero nunca vivió con él ni pasó largos períodos de tiempo a su lado como para sentir eso constantemente y llenar su necesidad.

"Es muy molesto." Comenzó de nuevo el hombre, y las facciones de Hermione volvieron a endurecerse. "Pero es lindo, supongo. Tal vez debí ser mas así contigo."

Hermione sintió que la mandíbula le caía hasta el piso. De verdad no sabía qué diablos decir.

"No voy a pretender que lo quiero como a un hijo así de repente, de un día para el otro, en especial después de la forma en la que me atacó ayer…"

"Él no te at…"

"Pero," siguió diciendo el padre, sin dar lugar a controversia, "él te quiere. Eso me mostró ayer. Y pude sentirlo también. Y eso es todo lo que importa, al final del día. Y que tú lo quieras también."

"Lo quiero mucho." Dijo ella con dificultad.

Se hizo un momento de silencio y luego Charles siguió hablando.

"Yo he… he sido injusto contigo. Estaba tan preocupado por criarte a la perfección… no quería joder eso, no quería estropear a mi única hija… mi legado para el mundo… era algo que estaba grabado en mí, como automático, siempre haciéndote saber que fallar no era una opción, la mediocridad no era una opción…" Suspiró. "Añade eso a la forma en la que fui criado… repetí las malas acciones que juré nunca llevaría a cabo, olvidé detenerme y pensar en cómo me hacían sentir esas cosas antes de lograr acostumbrarme y condicionarme a esperarlo… no pensé en cómo te hacía sentir a ti, y también pasé por alto que ya eras, de por sí, una chica espectacular, probablemente no gracias a mí." El hombre estaba comenzando a lagrimear y Hermione estaba por completo confundida.

No estaba habituada a esta versión vulnerable y abierta de su padre, ni se sentía cómoda con la idea de mostrar emociones frente a él, o de confortarlo siquiera. Esa posibilidad jamás había existido en su mente. Se sentía agradecida por esta suerte de disculpa que estaba farfullando, pero no sabía qué más hacer.

"He sido particularmente injusto con tus… habilidades, con tu gente, sobre lo que tuviste que hacer con tu madre y conmigo. Ahora sé que, y Severus me lo mostró, que fue lo mejor. Esa horrible criatura. Las cosas que hizo… lo que sus secuaces hicieron, las cosas que te hicieron a ti. Las cosas por las que tuvo que pasar Severus… no es un mal tipo."

"Es la verdad. No lo es."

"De verdad lo siento mucho." Siguió diciendo Charles, todavía un poco emocionado, pero sin perder el control por completo. "Lamento mucho que… bueno, que ni siquiera te sintieras cómoda confiando en tu familia y contarnos lo que… lo que te hicieron esos… debiste poder decirnos. Y pensar que le permití tanto tiempo estar dentro de nuestro círculo cercano, pensando que era…" Volvió a suspirar. "Como sea, es mi culpa." Se puso un poco rígido y quedó en silencio. Hermione solo lo miraba, todavía sin saber qué hacer.

Los minutos pasaron y se sintieron como horas, y entonces, Charles volvió a hablar. "Quiero que… deseo que podamos arreglar esto, que podamos trabajar en nuestra relación, que podamos enmendarla. Te prometo esforzarme, escuchar a tu madre cuando me regaña, porque es innegable que hizo un trabajo maravilloso contigo, y es obvio que ustedes dos son cercanas. Solo espero que… que no te alejes de mí y que podamos arreglar esto y que, un día, podamos ser como… verdaderos padre e hija."

Hermione ahora no pudo evitar sonreírle a su padre. "Eso me gustaría mucho."

Charles sonrió a medias. "Bien." Masculló para finalizar la conversación y se puso de pie. Regresó a la casa de nuevo, pero antes de entrar, dijo algo más. "A pesar de todo, de lo que pueda parecer, debido a mis acciones, sabes que te amo."

Se metió en la casa sin esperar por una respuesta y Hermione se sintió agradecida por eso, porque no estaba segura de poder decir lo mismo hacia su padre, aun no. Pero si se sintió bien escucharlo decir algo así.

Ella se puso de pie para ir a la casa también, mientras su padre desaparecía en medio del bullicio de la cocina.

Cuando entró, Severus estaba allí para recibirla con un abrazo.

"¿Todo está bien?" Preguntó con tono grave, con el rostro hundido en la melena castaña.

"Sí. Muy bien, en realidad." Replicó ella con una sonrisa.

"Vamos Severus." Lo llamó Edward de pronto.

"¿Dónde vas con el abue?" Preguntó Hermione, con la sorpresa impresa en el rostro, cuando miró a Severus a los ojos.

Él solo encogió los hombros. "Algunas cosas pendientes, creo." Pero tenía esa expresión pícara y cómplice que le informaba que había algo más.

Severus había tenido una linda charla con Edward mientras ella y su padre conversaban afuera.

El caballero era un hombre inteligente y agradable, que le recordaba un poco a Dumbledore, pero sin esas manipulaciones pasivo agresivas. El abuelo pensaba mucho en el bienestar de su nieta, y pareció darse cuenta, antes que muchos otros, que Severus sentía igual, que la amaba y quería que tuviera lo mejor.

Edward estaba muy complacido por haberle dado a Severus los gemelos y el sujeta corbata, porque ahora tenían mucho más significado. Había sido como un regalo anticipado de bodas. E insistía que Severus se quedara con el traje también, ya que sería la prenda que usaría en un día tan especial, el más especial de todos. Era muy bonito.

A Severus no le importaría pasar más tiempo con el caballero, jugando al ajedrez o algo así.

Lo único que lo ponía nervioso de la salida con el abuelo era que había que conducir hasta donde pensaban ir, y Edward conducía como… bueno, como un anciano.

Llegaron, hicieron lo que debían, almorzaron juntos y regresaron. Edward se fue a su casa, a descansar un poco, y Severus regresó caminando de muy buen humor a la casa de los Grangers.

Estaba caminando distraído, pensando en el placentero vuelco que había dado su vida en tan corto período de tiempo, cuando, salido de ninguna parte, mientras atravesaba la pequeña arboleda que llevaba a la casa, Ronald Weasley le saltó encima.

Trató de atacar a Severus, pero afortunadamente, los reflejos de espía seguían muy afilados, así que Snape se las arregló para reaccionar y quitarse de encima a Ronald, quien terminó de trasero en el suelo. Junto a él, quedó un frasquito con un líquido claro y Severus lo tomó con toda velocidad. Lo analizó, los sostuvo a la luz y lo olió, mientras Weasley permanecía sentado en la tierra del camino, mirándolo lleno de furia.

"Bueno, bueno, bueno, Weasley. ¿Acaso la Auroría sabe que le has robado veritaserum, para tus actividades extra curriculares?"

"Estoy investigando para el Ministerio. A gente que trata de burlar la Ley Matrimonial." Escupió enfadado.

"¿En serio? Y no tienes ningún interés personal en esto, ¿no? ¿Todo por amor al deber?" Severus se guardó la poción en el bolsillo mientras se lo decía con las voz más sedosa y cargada de sarcasmo. "Y tu remarcable inteligencia, una vez más, es increíble. Obligarme a beber veritaserum. Un plan brillante, de verdad. Es más increíble que no haya funcionado. No es como si fuera yo la única persona conocida que puede resistir el efecto." Concluyó Severus, rodando los ojos.

"¿Qué le hiciste para forzarla a casarse contigo?" Gritó el pelirrojo con enojo.

"¡No la forcé a hacer nada, imbécil!"

"¡Claro que sí! ¡Ella no puede amarte! Estábamos destinados a estar juntos, hasta el Ministerio lo sabe, porque nos iba a unir. Solo le estaba dando tiempo para que se diera cuenta que de lo bien que estamos juntos y regresara conmigo, ¡pero te entrometiste!"

"¡Por Merlín! ¿Cómo puede ser tan delirante una persona? No vales la pena como para que pierda el tiempo contigo." Severus pasó junto a Weasley y siguió camino, para regresar junto a su mujer. El camino de grava estaba justo a la vuelta de la esquina.

Mientras dejaba al tonto atrás, vio que Hermione se acercaba a él. El rostro se le iluminó en cuanto la vio, pero la expresión de ella era de furia. La vio sacar su varita y apuntarle.

No tuvo tiempo de pensar en lo que estaba pasando, cuando ella pronunció fuerte y claro un petrificus totalus, y el rayo pasó por encima de su hombro.

Algo a sus espaldas golpeó el suelo con un ruido seco.

Severus se dio la vuelta y confirmó lo que acababa de pasar, lo que suponía había sucedido.

Hermione llegó y se paró frente a él, con la varita en ristre y la mandíbula apretada.

Como había imaginado, Ronald estaba petrificado en el suelo, probablemente luego de haberse atrevido a levantarse.

El brazo con el que sostenía la varita estaba extendido.

El muy cobarde iba a atacarlo por la espalda.

"¿Qué diablos hace aquí?" Preguntó Hermione.

"Creo que está teniendo problemas para aceptar algunos hechos." Sacó el frasco con la pócima del bolsillo. "Quería forzarme a beber veritaserum y obligarme a admitir que te coaccioné para casarte conmigo, para mi beneficio personal, o algo por el estilo." Severus estaba meciendo el vial entre los dedos.

Hermione abrió la boca, presa de la furia.

Y la mejor parte era que ella había sido quien forzara a Severus.

Incluso ahora, que los dos estaban en completo y sano entendimiento, era absurdo que, encima de todo, Severus tuviera que escuchar semejantes acusaciones.

Hermione liberó a Ronald del hechizo y la castaña se transformó en una de las Furias.

"¡RONALD! ¡Jodido cabrón! Amo a este hombre, mañana nos casaremos porque queremos estar juntos ¡y nada más!" Dijo ella, de pie frente al cretino que, una vez más, estaba en el suelo polvoriento.

"Pero… pero… ¡no puede ser así! ¿Qué hay de nosotros? Se suponía que volverías conmigo después de tu pequeña… experiencia de trabajo."

Hermione achicó los ojos. "No hay cosa como 'nosotros', Ronald. ¡Y no lo ha habido por más de tres años! De hecho, ¡el tiempo en el que no hemos estado juntos, es mucho mayor que lo que duramos como pareja!"

"Pero… me llamaste… me buscaste… y no fue solo una vez… Tú me deseas."

Hermione sabía que se refería al par de oportunidades en las cuales había ido con él, en sus peores momentos de debilidad y soledad. "Esas veces fueron equivocaciones Ron. Nada más. Supéralo. Nunca podrías hacerme lo feliz que me hace Severus. Y no soy lo que quieres, de verdad no lo soy. Ya no delires más." Y no se lo dijo de mala manera.

Ronald se veía derrotado, sin más trucos o intentos en la manga. Severus sonrió triunfantemente cuando ella regresó a su lado y le pasó un brazo por la cintura. Él hizo lo propio, pasando su brazo sobre los hombros de Hermione, regresando a casa.

"¿Qué estabas haciendo aquí afuera? ¿Ibas a alguna parte?" Preguntó Severus.

"No. Vine a ver si venías. El abuelo llamó, preguntando si habías vuelto en una pieza, y como aún no aparecías, me preocupé."

Severus sonrió y la acercó para besarle la frente. Era tan agradable tener eso, alguien que se preocupara por uno. Ni siquiera había tenido eso cuando regresaba destrozado de las reuniones con los Mortífagos, torturado y al borde de la muerte.

Podía acostumbrarse a eso con mucha facilidad.

"Además, me muero por saber que estuviste haciendo." Sonrió ella con picardía.

Severus buscó algo en su bolsillo, un estuche de terciopelo, y se lo entregó mientras seguían caminando juntos.

Ella lo miró con los ojos enormes de sorpresa. Él solo sonrió con presunción, y ella volvió a mirar el estuche, abriéndolo.

Allí estaban dos alianzas doradas.

Una era más gruesa y grande, perfecta para la enorme y fuerte mano de él. La otra era más delicada, más pequeña y delgada, con tres pequeños diamantes incrustados.

A pesar de las obvias diferencias, encajaban perfectamente.

"El oro es una concesión hacia ti, pequeña Gryffindor. Yo hubiera preferido plata." Bromeó él.

"Son hermosas, Sev… Ay, dios mío… de verdad vamos a hacerlo, ¿verdad?"
"Parece que sí, amor. Así es." Severus le frotó el brazo con ternura y la mantuvo bien cerca.

N/T: Tenía que aparecer la zanahoria parlante…

Me pregunto si se quedará para la boda y si habrá otra metedura de pata de su parte o de alguien más…