Capítulo 36
Cuando regresaron a la casa, todavía estaban las mujeres, cacareando como gallinas. De hecho, deseaban llevar a Hermione a una despedida de soltera improvisada esa noche misma. Además, seguían dándo los últimos toques a la boda, y Severus no tenía idea de qué mas podía ser arreglado ya. El evento había sido planeado por meses. De acuerdo, sí, no había sido planeado para ellos, pero aun así.
Les preguntaron si la pareja escribiría sus propios votos. Severus entró en pánico cuando vio el papel que Edward había dejado en la mesa de la cocina. No le agradaba la idea de demostrar sus más profundos sentimientos en público, en sus propias palabras. Miró a Hermione con las cejas arqueadas y ella sonrió mientras las demás mujeres estallaban en carcajadas.
"No. Los votos tradicionales están bien." Respondió la castaña con una suave sonrisa. Severus respiró aliviado.
No pasó mucho más tiempo cuando las damas se llevaron a Hermione para ir a la despedida.
Los muggles y sus estúpidas supersticiones.
¿Por qué no podía ver a la novia antes de la boda?
Ni siquiera sería 24 horas completas.
Pero la gente decía que era mejor perderse un rato que perder toda la vida.
Para la suerte.
No se sentía afortunado en ese momento. Para nada. En sus muy variados escenarios mentales, se podían encontrar desde convencerla a dejarlo, después de algunos tragos que le aflojaran la lengua, hasta ese idiota de Reynolds apareciendo y sacando la verdad a fuerza de veritaserum o legeremancia, y deteniendo la boda.
Incluso imaginaba una nueva aparición de Weasley.
Severus no había querido casarse tan rápido, pero era lo que debía ocurrir.
Era… feliz. Por primera vez en… bueno, nunca había sido de verdad feliz en su vida. Había tenido el ocasional momento de gozo, como cuando conoció a Lily o cuando era el primero de la clase, pero nunca duraba. Esto… esto parecía tener la capacidad de durar más. Así lo esperaba. No podía permitir que le arrebataran esa felicidad.
Y entonces, su mente comenzó a hacerle jugarretas una vez más.
Su mente lo llevó a un momento en el día, más temprano, cuando el asunto de los votos salió a colación. ¿Debió haber accedido? ¿Había sido demasiado abrasivo? ¿La había decepcionado? ¿Acaso la había avergonzado frente a su familia? ¿Es que no había sido lo suficientemente claro o enfático con respecto a sus sentimientos por ella?
Hermione lo había gritado a todo pulmón frente a su padre, el idiota del ministerio, Weasley… ella lo había dejado en claro más de una vez. Muchas más veces de las que él mismo había dicho. ¿Estaría ella dudando de él? No sería tan difícil. Con todo lo que había sufrido previamente, sus inseguridades, el hecho de ser el mismo un desgraciado frío y demasiado estricto. ¿Le había demostrado lo que sentía apropiadamente? Porque así lo sentía, pero lo cierto era que no sabía bien cómo demostrar cariño, porque nunca había tenido a nadie a quien demostrárselo. Nunca, nadie, jamás… lo había amado antes.
Se sentiría mucho mejor si pudiera hablar con ella en ese momento.
Estúpidos muggles y sus estúpidas tradiciones y supersticiones.
Lo dejaron solo para darle vueltas a esos pensamientos, justo en la habitación que había compartido con ella por las últimas dos semanas.
El lugar en donde su relación había florecido.
Solo supo algo cuando Jane regresó de dejar a Hermione en la casa de la abuela, y la señora había golpeado a su puerta para entregarle el smoking que le había traído.
Severus abrió la puerta y tomó el traje, agradeciéndole, mientras colgaba las prendas en el perchero junto a la puerta.
"¿De regreso tan pronto? ¿No es un poco temprano para que la despedida de soltera haya terminado?" Trató de indagar.
"No." Respondió Jane. "Hermione necesita descansar. ¡Ninguna novia desea verse con resaca y falta de sueño en su boda! Tú también deberías descansar. ¡Ve! Te veré mañana."
Jane estaba mas que feliz, tomando el pomo de la puerta mientras lo urgía a dormir y cerraba la puerta.
Esa mujer de verdad estaba feliz. Eso era una buena señal.
Severus durmió. No todo lo bien que hubiera querido, porque extrañaba el calor de su mujer a su lado, pero se las arregló para descansar un poco.
Se despertó temprano y se tomó todo el tiempo del mundo para prepararse.
Quería verse tranquilo, centrado, no quería verse ansioso por lo que estaba a punto de ocurrir, por toda la gente que estaría presente. Si se ponía ansioso, se escudaría tras sus duras murallas y eso podía llevarlo a hacer o decir algo que lamentaría después. Algo que podía lastimar a su chica.
Tomó una larga, cálida y relajante ducha. Se lavó el cabello. Se rasuró al estilo muggle, y se aseguró que todo el vello de su cuerpo estuviera bien recortado. Peinó meticulosamente su cabello y lo ató en una coleta. Luego, se puso un poco del perfume que a ella tanto le gustaba, y que solía repetir, lo hacía oler tan rico. A continuación, se puso el smoking, asegurándose de verse impecable. Los ajustes que había hecho Judith eran perfectos. Tomó los regalos que le diera Edward, el alfiler para la corbata y los gemelos, y se los puso, luego se miró al espejo.
Severus pensó que no se veía tan mal.
Tal vez pudiera ser que la diferencia de edad y la diferencia en la apariencia no se notara tanto, al menos no como el hecho de no merecer a la joven a la que estaba a punto de desposar.
Mientras Severus descendía por las escaleras, se le ocurrió que no sabía cómo iba a llegar hasta su boda.
Jane no estaba allí, porque mas que seguro que se había marchado a los aposentos de la novia, como todas las damas, a prepararse en casa de Judith.
Podía aparecerse, pero pensó que eso causaría problemas. Ya no con Charles, pero sí con la docena de muggles que no sabían de la existencia de la magia.
Charles estaba en la cocina, leyendo el periódico que yacía sobre la encimera de la isla. Estaba muy bien vestido también. Observó a Severus bajando los peldaños. Ese enfado y desconfianza que habían estado presentes en sus ojos con tanta frecuencia, ya no estaban allí. Era casi como si fuera un hombre diferente.
"¿Nos vamos?" Preguntó en tono neutral. "Recomiendo llegar en auto, porque es lo que los invitados estarán esperando. Eres el novio. La gente también te mirará mucho."
Severus hizo un esfuerzo por ser… amigable, tal cual el otro hombre estaba tratando de ser. "Está bien. Gracias por la oferta." Contestó con una afirmación de su cabeza.
"Tendremos que parar para recoger a Edward primero y salvarlo del exceso de cotorreo femenino."
Snape rio con el chiste mientras salían por la puerta.
…
Severus, en verdad, era el centro de la atención mientras la novia no había arribado aún.
Saludó tensamente a los concurrentes, incluso a los que aún no conocía. Todos lo felicitaron. Lo cierto era que se sentía más relajado saludando a los conocidos, la tía, el tío y los mellizos, porque el resto de las chicas todavía estaban con Hermione, preparándose.
Aun cuando Victoria era parte de su familia, los mellizos y sus padres no parecían enfadados ni demostraban desprecio hacia Severus. Esas personas era los más agradables de todos, del lado de Charles. Y Severus lo recordaría bien.
Llegó mucha gente que conocía, curiosamente, arribando todos juntos, posiblemente por haber compartido el traslador.
Potter había hecho un gran trabajo supervisando a los más despistados para vestirse apropiadamente en medio de los muggles. Minerva hizo otro tanto.
Sin embargo, algunos de los colores elegidos, eran, con franqueza, un poco… alarmantes.
Todos se acercaron a él y le tendieron la mano, felicitándolo, algunos con una evidente interrogación en la mirada, a pesar de tratar de ocultarlo. Severus no pudo evitar sonreír con sorna, muy complacido. El atrevimiento de esa gente. Nunca se habían preocupado por él cuando dejó el hospital atrás. Muy pocos de ellos se habían molestado en preguntarle cómo se sentía. Ninguno de ellos, salvo Minerva, había peleado para que pudiera volver a Hogwarts. Y, aun así, allí estaban, sin vergüenza, para celebrar su boda, como si nada hubiera pasado.
Pero salía algo bueno de su presencia.
Como padre de la novia, Charles recibió mucha atención. Los miembros del mundo mágico no tenían más que elogios para su hija, comentando lo mucho que habían amado enseñarle a una joven tan brillante.
Aquello servía para cementar, reforzar, la lección que le había dado Severus a Charles dos días antes.
Jane, quien ya había llegado, era toda sonrisas, y se mostraba francamente intrigada, al poder, finalmente, conocer a toda esa gente de la que había escuchado hablar tanto, pero nunca conocido.
Potter se acercó a felicitar a Severus con una sonrisa tímida.
Había hecho algo así como las paces con Snape, unos años atrás, agradeciéndole por todo lo que había hecho.
Severus nunca se disculpó por su parte en la rivalidad.
En su opinión, Potter había actuado como un insolente mocoso que gustaba de darse inmensa importancia, justo como su jodido padre, y Severus había tenido que hacer lo necesario para tratar de disciplinar al tarado y salvar su vida.
Sin embargo, Severus ahora era mucho mas… cordial con el chico, las veces que se había topado con él en el ministerio.
"Snape… esto es inesperado…" Dijo el chico, mientras estrechaba la mano del hombre.
"Pero bellísimo, sin dudas." Dijo la joven Weasley, quien se sostenía del brazo de Potter, sonriendo ampliamente y apretando un poco el brazo de su esposo.
La pelirroja había leído la carta de amenaza que enviara Hermione y deseaba darle su apoyo a su amiga.
"¡Sí! ¡Nunca dije que no lo fuera! ¡Felicitaciones! Promete tratarla bien, ¿sí?"
Severus rio con malicia. "¿Prometes mantener la correa de tu comadreja mascota corta, para que no arruine la ceremonia?" Severus movió la cabeza en dirección del pelirrojo que andaba pululando por ahí, cabizbajo y mascullando por lo bajo, en los límites entre el césped y las vides. "Ya ha… causado problemas."
No muchos, pensó el hombre. De hecho, si no fuera por ese metido pecoso, no estaría casándose ese día.
Tal vez debería agradecerle al imbécil de Weasley.
"Tenemos eso cubierto." Comentó Ginny, con una mirada cargada de enfado, que Severus bien sabía no estaba dirigida a él mismo, sino al hermano que la chica había mirado de soslayo brevemente.
"Muy bien."
Molly también apareció y lo felicitó. Se la veía dulce y maternal, como era en general con todos, pero Severus pudo ver que no era sincera.
Estaba molesta. Estaba confundida porque la chica a la que había tratado como a su propia hija por tanto tiempo, no se había establecido con su hijo, y había ido a encontrar la felicidad con… él.
Arthur fue muy amigable también, pero infinitamente más sincero.
Pronto fue el turno de George Weasley de felicitarlo. "Ah, el mas festivo profesor que he tenido jamás." Dijo el joven con tono descarado.
"Por allí andan los primos mellizos de Hermione, creo que deberías conocerlos. Estoy seguro que se llevarán de maravillas. Podrás distinguirlos sin problemas en medio de la multitud. Deberían estar junto a su próxima víctima, o tal vez, iniciando algún incendio."
Minerva había estado esperando por su turno para felicitarlo, aguardando como una especie de chaperona o soporte moral, esperando para poder tener una conversación privada con el hombre, pero antes de poder acercarse, Reynolds le ganó de mano.
"Las cosas que se hacen por…" Comenzó a decir.
"¿Por qué? ¿Por casarse con la persona a la que se ama? Ah, sí. Es muy desalentador." Retrucó Severus sardónicamente.
"Los dos sabemos que esto es una farsa, Sr. Snape." Respondió Reynolds con los dientes apretados.
"¿En serio? Ha hablado con la familia, creo…" Y así había sido, desde el día que llegó. El cretino había estado diciendo que solo era para un informe especial que publicarían en el sitio web de la compañía, ya que Hermione era una de las más destacadas presencias y porque era muy querida. "¿Acaso alguien dijo algo en contra de nuestra relación? ¿Alguno de ellos piensa que…?" Severus alzó los hombros con gesto sobrador. "No lo sé… ¿Qué algo está mal entre nosotros?"
"No, pero el padre…"
"Su padre y ella no han tenido una buena relación, él no puede ser un parámetro."
"Pero nadie, ni una sola persona presente, sabía de usted antes de la charla que tuvimos hace casi tres semanas. Lo encuentro un poco extraño. De hecho, sus colegas no tenían idea de nada hasta hace dos días, tan solo los rumores que comenzaron a correr cuando se fueron juntos."
"Eso no es raro. Como establecimos desde un principio, nos gusta mantener la privacidad. Y con respecto a los tan llamados colegas…" Dijo él con un dejo de amargura en la boca, "que ha mencionado, no les debo nada. Trabajé muy duro para salvarles la vida, casi costándome la propia, y solo obtuve un gracias desganado y casi ningún reconocimiento, así que entenderá que no tengo motivos para ir con ellos a compartir detalles de mi vida personal. De hecho, hoy están aquí solo por insistencia de Hermione, se lo aseguro."
"Hmmmm…" Masculló el tipo con sospecha.
Antes que Reynolds pudiera recobrar el aliento y comenzar a molestar de nuevo, Severus lo atajó. "Ahora, si me disculpa, me alejaré de usted hasta que comience la ceremonia." Comenzó a alejarse con Minerva siguiéndolo, luego de mirar al burócrata de arriba hacia abajo.
"¡El martes! ¡A las diez en punto, en mi oficina, Snape!" Dijo Reynolds. No escaparían de esa entrevista, sin importar nada de nada.
"Y allí estaremos." Prometió Severus, sin dignarse siquiera en detenerse o mirar a Reynolds.
"Severus…" Minerva McGonagall comenzó a decir mientras caminaba junto al hombre, de camino hacia el lugar en donde se haría la fiesta. "Creo que no me estás contando la historia completa."
"Ciertamente no."
"Bueno…"
"Algún día lo sabrás, Minerva. Por ahora, puedes contentarte con saber que me he enamorado perdidamente de tu dorada princesa de Gryffindor, tan loco como suena, y quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para ser digno de ella."
Minerva le sonrió. "Ya lo eres, Severus."
Él solo hizo un ruido.
Se sentaron en el salón de fiestas, lejos del bullicio. "No puedes decir nada. Siempre te sentiste atraído por Gryffindor."
"Una de las tantas jugarretas que la vida me ha jugado."
"Tal vez tengas mas de Gryffindor en ti de lo que quieres admitir."
"Por mi parte, creo que Hermione tiene mas de Slytherin de lo que tú o ella quieren aceptar." Le dedicó una mueca indecente.
"¡Oh, Severus! ¿De verdad era necesaria esa insinuación así con una anciana como yo?"
Él solo se rio y luego echó una carcajada.
Severus y Minerva tuvieron tiempo de ponerse al día un poco, y aunque no conocía la historia completa, y sospechaba mucho, sobre todo por la actitud de Reynolds. Minerva podía ver que su amigo estaba muy feliz y claramente embobado con Hermione. Eso era suficiente para ella.
Pronto, Edward se acercó a ellos.
El día anterior, habían arreglado que Severus necesitaría de alguien que lo acompañara por el pasillo, así que decidieron que sería la misma Minerva quien lo hiciera, ya que la mujer había estado presente la mayor parte de su vida. Había sido su profesora, una muy buena, y luego su colega, que con el correr de los años, había derivado en cariño hacia la dama, y alguien con quien tener una amigable rivalidad como jefes de casa. Y aunque ella había dudado de su lealtad en algún momento, como todos los demás, había sido la primera en acercarse para ofrecerle disculpas y para pelear por él. Ella lo había cuidado, como una madre, así que haría lo que una madre haría, y eso sería caminar con él por el pasillo de su boda.
Como padrino, Severus escogió a Edward. El caballero lo había recibido en la familia con los brazos abiertos, le había conseguido un smoking, le había obsequiado esos gemelos y el alfiler tan caros, y lo había acompañado a comprar las alianzas.
De verdad era un gran hombre.
"Edward," se apresuró a decir Severus en cuanto vio que el hombre se acercaba. "Me gustaría presentarle a Minerva."
"Es un placer." Contestó el abuelo mientras estrechaba la mano de la dama, con una cálida sonrisa.
"Severus, me han dicho que la novia está lista." La sonrisa en el rostro de anciano no se iba. "Así que ya deberíamos comenzar. Te estamos esperando a ti."
Severus inhaló profundamente.
"¿Vamos? ¿O estás pensando en escapar? Creo que ya es un poco tarde." Dijo el abuelo en son de broma.
Severus le dedicó una media sonrisa. "Nunca. No soy ningún tonto." Se puso de pie y se encaminó hacia el área exterior, en donde se llevaría a cabo la ceremonia.
La procesión se organizó y los violines comenzaron a tocar. Música para que la gente en el pasillo comenzara a caminar. Quién era quién y en qué orden estaban organizados, Severus no tenía ni idea, porque, sorpresivamente, estaba poniéndose nervioso. Trató de serenar su respiración, pero de pronto, Minerva lo estaba empujando suavemente para que avanzara.
Se las arregló para mantenerse erguido, observando de soslayo al resto de la gente a su alrededor.
La música cambió, anunciando lo que estaba por venir.
El sol brillaba de manera tal, que lo dejó enceguecido, sin poder ver a la novia. A medida que la joven se acercaba del brazo de su padre, al principio, Severus solo podía verle los pies, pero a medida que se acercaba más y más, las sombras le permitieron ver más de su futura esposa.
Entonces, finalmente, pudo verla completa, toda, pura Hermione.
Se había alisado el cabello y luego recogido en un elegante moño, con algunas florecitas entrelazadas.
Ella sonrió con nerviosismo, expectante. El suave maquillaje solo acentuaba la belleza natural de sus facciones. Su vestido… el vestido era espectacular. Sin mangas, ciñendo el formidable cuerpo femenino. Era color crema, maravillosamente bordado con un patrón de hojas hasta la cadera, en donde la larga y delicada tela se movía mágicamente mientras la joven caminaba hacia Severus.
Fue entonces cuando él perdió un poco la compostura.
Le estaba sonriendo a Hermione con una expresión un poco zozobra, algo poco usual para él. Estaba como un niño en la mañana de Navidad. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos, pero se obligó a mantenerlas a raya.
Tenía una dignidad que cuidar.
Cuando llegaron al altar, Charles entregó la mano de Hermione a Severus.
Charles asintió una vez, sin sonreír realmente, pero con una suavidad en el rostro nunca vista por Severus anteriormente. Snape asintió también.
Ambos habían llegado a un entendimiento.
Severus y Hermione se acercaron al altar, y ella entregó su ramo de lirios blancos a una de las primas, para luego volverse y mirar a Severus y tomarlo de las manos, sonriéndole ampliamente, y recibiendo una igualmente abierta y hermosa sonrisa de él.
"Hola." Dijo ella con timidez y casi susurrando.
"Hola Belleza." Le susurró Severus, apretando sus manos con suavidad, justo antes que el ministro comenzara con la ceremonia.
De verdad estaba ocurriendo. Severus Snape estaba teniendo una oportunidad para ser feliz. Era increíble.
La ceremonia se llevó a cabo en francés para los vecinos que habían sido invitados y para los cónyuges de las primas, para que pudieran seguir los detalles, y en inglés, para los invitados de última hora.
La pareja dijo los tradicionales votos en inglés, los dos por completo embobados uno con el otro, apenas despegándose los ojos para ver a sus alrededores, mientras se ponían las alianzas.
Era indiscutible lo que sentían el uno por el otro. Era evidente para cualquiera que los viera. Incluso para Reynolds y para Weasley.
A pesar de los escarpados comienzos, ahora las cosas eran distintas y habían cambiado para bien. E iban mejorando a cada paso.
Probar lo contrario iba a ser muy difícil.
Las manos de Severus y Hermione temblaban un poco mientras colocaban las alianzas. Cuando Severus terminó, no pudo evitar llevarse la mano de Hermione hasta los labios y besar los dos anillos que había puesto en el dedo de su castaña. Hermione solo sonrió con más amplitud ante ese gesto, acariciando los nudillos de su hombre con el pulgar.
El ministro pronunció las largamente esperadas palabras 'puede besar a la novia', y Severus acunó dulcemente con su mano la mejilla de la joven y se acercó más y más, hasta que sus labios hicieron contacto con los brillantes labios de ella, succionando suavemente para luego comenzar a explorar la boca de su amada, como tanto le gustaba hacer.
Cuando se apartaron, dejó otro beso en sus labios sonrientes, luego otro, y otro más. La abrazó, todavía acariciándole la mejilla y presionándola contra la de él, mientras todos los presentes vitoreaban y los violines comenzaban a tocar nuevamente, y Severus murmuró algo con voz grave en su oído.
"Y así es que hoy, mi mundo sonríe.
Con tu mano en la mía, recorreremos los caminos.
Gracias a ti, será posible.
Porque eres la única para mí.
Solo felicidad. No más tristeza.
Solo felicidad. Soy feliz."
Ella se apartó un poco, todavía con la sonrisa pintada en el rostro, y besó los labios de Severus una vez más, para agradecerle por tan bellas palabras.
"Te amo." Susurró ella, deslizando el pulgar sobre los labios de su hombre, tratando de limpiar el brillo labial que le había dejado.
Y así, los dos juntos, caminaron por el pasillo, con los invitados arrojándoles pétalos de rosas sobre ellos, de camino hacia la fiesta.
Y la fiesta fue muy divertida.
La comida estaba maravillosa, música perfecta para que todos bailaran hasta caer rendidos, y posaron para muchas fotos. Cada invitado se tomó un momento para felicitar a la feliz pareja y para comentar lo muy hermosos que se veían juntos o los muy felices que se veían.
A media tarde, la fiesta comenzó a finalizar, y Hermione y Severus estaban sentados en su mesa, descansando, observando el bullicio que armaban los invitados.
Ella miró su mano, observando los dos anillos brillando en su dedo. Sonrió y pasó el pulgar sobre ellos, moviéndolos un poco.
"¿Cómo se siente, Sra. Snape?" La dulce, sedosa voz de su esposo interrumpió sus pensamientos.
"De verdad me siento muy bien, Amo Snape." Respondió ella, mirándolo con una sonrisa plasmada en el rostro.
Él la besó tiernamente en la mejilla, con tal suavidad que solo pareció una cosquilla. Ella se rio.
"¿Ya podemos irnos, para que puedas llamarme así en la cama, toda desnuda y atada?" Le susurró él en el oído. Sentir su ardiente aliento y semejantes palabras, provocaron una contracción en su sexo.
"Tal vez ya deberíamos irnos." Retrucó ella, susurrando también. "Sobre todo porque solo tendremos unas treinta y seis horas de luna de miel, después de todo."
Habían tomado mucho tiempo libre ya, así que ambos tenían que regresar al trabajo el martes. Ya tendrían tiempo de programar un viaje más adelante.
Los dos se pusieron de pie con unas excitadas e indecentes sonrisas.
Tenían que encontrar alguien a quien advertirle que se retiraban, posiblemente Jane, y luego se largarían hacia el hotel frente al mar que habían reservado por dos noches.
Lo bueno era que podían usar un traslador para regresar a casa la mañana del martes.
"¿Retirándose tan pronto?"
Reynolds apareció como salido de un agujero para acosarlos con tono insinuante.
"Bueno, sí. Claro que sí. Nos retiramos para tener nuestra noche de bodas, por supuesto. ¿Quisiera acompañarnos? ¿Es eso un requerimiento del ministerio también? ¿Para asegurarse que produzcamos tantos bebés como quieren que produzcamos?" Severus estaba siendo tan sarcástico como solo él podía serlo.
Hermione se rio y le dio un golpecito juguetón en el pecho.
"¿Es usted un voyerista atrevido, Reynolds?"
Reynolds estaba muy incómodo, sin saber qué decir.
"No me molestan los mirones, pero tendrá que mantener sus manos sobre su propia persona."
"¡Severus!" Regañó Hermione con suavidad.
"¿Puedo sugerir que tome notas? De verdad que montamos un muy buen espectáculo."
Hermione casi se partía de la risa. "Ya deja al pobre hombre, Severus. Ya vámonos. Ven." Se acercó a su marido y le mordisqueó la oreja. "Lo veremos el martes, Sr. Reynolds."
La chica pasó junto al oficial del ministerio, llevando a su marido de la mano. Snape solo le sonrió con sorna al tipo, al pasar.
…
El cuarto del hotel era magnífico.
Era uno de esos lugares que una estrella de rock elegiría y destrozaría a guitarrazos.
Hermione estaba absorta observando el lugar mientras se quitaba los zapatos.
El equipaje había sido enviado de antemano y estaba en una esquina, hacia donde ella arrojó los zapatos.
La vista era una belleza. El mar color turquesa brillaba bajo la luz del sol. Se podía ver un poco del océano resplandeciente con claridad, a través de las vaporosas cortinas blancas, y la vista le provocaba ganas de ir a nadar.
Pero se le pasaron las ganas en cuanto sintió que su marido presionaba su creciente erección en su trasero.
La castaña sonrió al sentir el cuerpo de su marido haciendo contacto con el de ella, al sentir las enormes manos de él deslizándose sobre sus costados y su pecho cubierto por el vestido bordado, mientras que su nariz acariciaba su cuello.
"Creo que es requerido que consumemos nuestro matrimonio." Comentó él, con un murmullo grave y mordisqueándole la oreja.
"Si, Amo Snape." Contestó ella, moviendo su mano para hundirla en el cabello de Severus y tratando de desanudar la corbata con la otra.
El hombre emitió un grave gruñido y enredó sus propios dedos en el cabello de ella, deslizándolos despacio, quitando los broches del cabello, soltando el moño, pero dejando las florecitas enredadas en los rizos.
Una de las masculinas manos fue a acariciar el cuello de Hermione, lo que estaba expuesto de sus hombros, mientras que con la otra, la sostenía de la cintura.
Ella no podía dejar de frotar su trasero contra el duro miembro, provocando gruñidos y gemidos de tanto en tanto.
Lentamente, los hábiles dedos de él comenzaron a desabotonar el vestido, y cada botón liberado, era marcado con un beso en el hombro, o en la espalda, sobre el camino que los botones iban exponiendo.
"Severus… usa un hechizo…" Susurró ella.
"No, no… gatita impaciente…" Otro botón liberado, otro beso sobre la piel. "Quiero tomarme todo el tiempo del mundo contigo." Otro botón. Otro beso. "Ahora eres toda mía, ¿no es así?"
"Sí. Sí. Toda tuya." Respondió ella, casi sin aliento.
Cuando todos los botones estuvieron sueltos, y las manos de Severus empujaron suavemente el vestido de los hombros de Hermione, la prenda se deslizó hasta el suelo, revelando una sensual lencería color rosa claro, con todo y liguero, que mantenía las largas medias blancas en lo alto de los muslos.
Severus se apartó un poco de ella y la tomó de la mano para hacerla girar lentamente, y poder observarla completamente.
Ella pudo ver que él aun llevaba puesto el smoking, que solo se había quitado la chaqueta, y la joven pensó que, aunque se veía extremadamente sensual así vestido, llevaba mucha ropa puesta.
"Mierda, sí…" masculló el hombre mientras la admiraba.
Hermione sonrió y caminó provocativamente hacia la cama, alejándose de él. Se subió a la cama, apoyándose en sus manos y rodillas, haciendo énfasis en mostrarle el trasero cubierto apenas por las bragas de encaje, moviéndolo intencionalmente.
Él la siguió. Su deseo por ella provocó que usara su cuerpo para presionar el cuerpo de ella contra la cama, pecho contra espalda, mientras le mordisqueaba el cuello, sin dejar de frotar su miembro contra su trasero.
Ella gimió y giró la cabeza para poder besarlo.
Severus se apoderó de sus labios apasionadamente, y su mano fue a posarse en uno de los pequeños y firmes pechos, acariciándolo.
Ella le mordisqueó el labio inferior con ternura, mientras los dedos de Severus acariciaban y pellizcaban un pezón a través del fino encaje del sostén.
Los labios de él recorrieron el hombro, lamiendo la cálida piel, mordisqueando suavemente, liberando el sostén y quitándolo de los hombros, hasta que la prenda se perdió en medio de las sábanas y los almohadones.
Los dedos regresaron a acariciar los pechos, mientras los labios recorrían la espalda, describiendo un camino sobre la columna, provocando los gemidos en Hermione.
Los labios regresaron entonces a los hombros, para mordisquear y los dedos fueron a deslizarse sobre su trasero, descendiendo hacia más abajo, acariciando su sexo lentamente a través de las bragas.
"Severus…" Soltó ella con la voz entrecortada. "Me estás volviendo loca."
"Esa es la idea." Contestó él con una sonrisa burlona.
"Tócame." Suplicó la castaña, con el pecho cada vez más agitado y abriendo las piernas un poco más, sin darse cuenta. "Estás obligado a hacer lo que te pido, a honrar a tu esposa." Dijo ella en tono burlón.
Severus metió los dedos bajo las bragas y comenzó a acariciar suavemente el inflamado sexo de la joven. "¿Así?" Gruñó él, con el rostro todavía hundido en el cabello de ella, cerca de su oído.
"Sí…" Gimoteó ella.
"¿Es así como quiere que la toque, Sra. Snape?"
"Si, por favor."
"¿Y qué tal si mis dedos se hunden en tu pequeña y apretada vagina?" Los dedos anular y mayor penetraron en la mojada abertura, para comenzar a moverlos despacio, sin dejar de susurrarle al oído.
"Mierda, sí, así Sev." Dijo ella entre gemidos, empujando la cadera contra la mano de su esposo.
"Quieres que llene esta pequeña y mojada almejita, ¿no?"
"Sí, señor."
Severus hizo a un lado las bragas para exponer el sexo de la castaña por completo. Luego se puso los dedos en la boca y los llevó hasta el clítoris de Hermione, deslizando los dedos sobre los labios hasta encontrarlo. Ella gimió a todo volumen y se aferró con fuerza de las sábanas.
"Cielos, Gatita… tu clítoris está tan inflamado." Seguía masajeando mientras le hablaba. Ella solo seguía gimiendo y asintiendo. "¿Te inflamo tanto como tú a mí?" Presionó su miembro contra el muslo de ella. De nuevo, ella sintió. "¿Te gusta esto, Gatita? ¿Quieres venirte?" El empapado dedo se movía acompasadamente sobre el excitado sexo, tan deliciosamente que ella comenzó a mover la cadera involuntariamente contra el colchón.
"Me encanta, mi amor." Jadeó ella.
Severus besó el hombro de su chica, provocando un estremecimiento y añadiendo sensaciones en su cuerpo. El cabello de su esposo caía como una cortina y le rozaba la espalda mientras él le lamía la piel o la mordisqueaba.
"Apuesto a que mi lengua se sentiría muy bien en ese mojado y duro clítoris, ¿sí?"
Hermione aulló como una auténtica gata al asentir, y los dedos de él seguían estimulándola. Fue entonces cuando ella trató de levantarse y darse la vuelta, para verlo cara a cara, pero él fue más rápido y soltó el liguero y le bajó las bragas cuando la chica se encontraba sosteniéndose en sus manos y rodillas.
Severus comenzó a besar suavemente la cintura y las nalgas. Le mordisqueó el redondo trasero y luego descendió más para lamer el sexo de la chica, y su trasero también. Hundió la lengua en la abertura, sin dejar de estimular el clítoris.
Ella se las arregló para darse la vuelta.
Deseaba tanto poder besarlo, poder verlo.
Severus le terminó de quitar las bragas y ella alzó las piernas hacia arriba para ayudarlo, con una pícara y excitada sonrisa en el rostro.
Entonces fue ella la que atacó, acercándose a él con expresión hambrienta, deslizando un dedo sobre la línea de botones del chaleco gris que Severus llevaba puesto, soltándolos mágicamente.
"Aunque te ves absolutamente maravilloso, creo que estás excesivamente vestido para la ocasión, Sev." Comentó ella, ya ocupada abriéndole los pantalones, bajando todo lo que pudo, incluyendo el bóxer, y liberando su monumental erección, para poder admirarla y acariciarla.
El miembro se movió por sí mismo ni bien ella lo tocó, y la joven sonrió, inclinándose para meterlo en su boca mientras él se quitaba el chaleco apresuradamente.
"Oh, mierda… amor, eso es…" Masculló él en cuanto la boca de su esposa cubrió caso la mitad de su miembro y comenzó a hacer presión con suavidad. El hombre siseó y con un movimiento de su mano, abrió el pantalón por completo, liberando todo para la ávida boca de su esposa y la cálida mano que lo acariciaba.
Rápidamente, Severus también se quitó la camisa, y Hermione se retiraba un poco del miembro para solo succionar la punta, deslizando la lengua sobre el orificio.
Él la tomó suavemente de los hombros y la puso a la altura de su rostro, para besarla apasionadamente, con avidez, para inmediatamente acostarla con un rápido movimiento sobre la cama y abrirle las piernas, exponiendo todo para sus ojos. Ella soltó un gritito de sorpresa y se rio, pero enseguida soltó un largo y sentido gemido cuando la lengua de su esposo hizo contacto con su sexo, lamiendo, invadiendo su abertura, mientras el sedoso cabello negro rozaba el interior de sus muslos.
"Oh… Severus… sí…"
Él se deleitó con el festín entre las piernas de su esposa, lamiendo lánguidamente, succionando cada parte expuesta del sexo de la joven, penetrando cada recoveco con su lengua, usando incluso su nariz para estimularla, provocando que la chica alzara la cadera y se llenara las manos con el cabello de su marido, obligándolo a acercarse más.
La chica no paraba de gemir y casi maullar como una auténtica gata, mientras él seguía con lo suyo con avidez. Cuando Severus notó que ella estaba cerca del orgasmo, moviendo la cadera con más fuerza, arqueando la espalda mientras estimulaba sus pezones con sus propias manos, así que él comenzó a lamer y chupar el clítoris con más intensidad.
Los gemidos ahora eran una melodía continua, que acompañaban al firme movimiento de su cadera contra los labios de su marido. Y las manos de Hermione regresaron para acariciar el despeinado cabello de Severus.
"Sí, sí, ahí, sí, Sev, por favor, sí, sí."
Y entonces, llegó a la cúspide.
"¡Oh! ¡Mierda! ¡Sí!" Gemía ella a todo volumen, y una oleada de intensa satisfacción la llenó, mientras la calidez se extendía sin descanso sobre todo su cuerpo, desde su sexo, mientras él seguía acariciándolo y lamiéndolo delicadamente.
Severus entonces depositó un beso en el interior del muslo de Hermione, observándola tratar de recuperar el aliento, yaciendo con el cuerpo laxo y una sonrisa en los labios.
Entonces, Severus comenzó a mordisquear la piel del interior de los muslos, para excitarla de nuevo, porque todavía no había acabado con ella.
Y Hermione respondió, abriendo los ojos cargados de lujuria, lo miró y lo invitó a acercarse, flexionando un dedo hacia él.
Severus sonrió y se apresuró a quitarse los pantalones y el bóxer, para anidar entre las abiertas y cálidas piernas de su esposa.
Frotó su nariz con la de ella y Hermione no pudo evitar hundir los dedos en el negro cabello de su marido.
"Te amo tanto, Severus." Susurró la castaña
El sol brillaba por la ventana, haciendo que los ojos de la chica se vieran más intensamente ambarinos.
O tal vez, era el intenso amor que reflejaban y la intensa pasión que sentía por su hombre.
"Yo también te amo, Gatita." Dijo él con voz grave, y se apoderó de sus labios con un dulce y profundo beso, que decía todo lo que las palabras no podían expresar.
Mientras tanto, su endurecido miembro se frotaba contra el empapado sexo de la joven, provocando un marcado aumento de su excitación. Y ella lo demostró abriendo mucho más las piernas, todo sin interrumpir el beso.
Este movimiento la dejó por completo abierta y expuesta, y el duro miembro se adentró un poco más en la abertura, refugiándose en la húmeda calidez.
Severus emitió un gruñido sin despegar los labios de los de ella al sentir que su miembro penetraba la húmeda vagina de su esposa, y el enorme miembro se estremeció, como suplicando que lo dejara hundirse por completo en ese preciado calor.
Separó los labios de los de Hermione y se encargó de su desesperada necesidad, alineando su miembro con la tentadora y receptiva abertura, penetrando hasta el fondo con un largo y suave gemido, pero manteniendo los ojos cerrados.
Hermione sonrió con picardía cuando vio que su marido se sostenía de la cabecera de la cama, y comenzó a embestir lentamente contra ella, haciendo que sintiera cada centímetro de su miembro, abriéndola y llenándola deliciosamente. Ella se mordió el labio inferior, todavía con esa expresión pícara.
"¿Qué sucede, Gatita?" Masculló él.
"Nada." Respondió ella con una sonrisa. Una de esas lentas embestidas provocó que la castaña perdiera el hilo, cuando el duro miembro encontró el lugar justo, haciendo que la chica emitiera un gemido y se aferrara de la espalda de Severus, hundiendo sus dedos en su carne. "Me encanta cómo mi sexo hace que pierdas la compostura." Dijo ella casi sin aliento.
Él sonrió de lado. "Y así lo hace."
Severus se movió y se sostuvo con el antebrazo, apoyándolo junto a la cabeza de ella. La otra mano levantó la femenina pierna, todavía cubierta por la media, hasta colocar la rodilla cerca de su pecho, ganando más espacio para penetrarla.
Cuando su hueso púbico hizo contacto con el sensible clítoris, Severus comenzó a mover la cadera de manera tal que la fricción estimulaba más y más el sensible botón. Frotó su nariz contra la piel del cuello de su esposa, besándolo, mordisqueándolo.
Ella se aferró de él con más fuerza, gimiendo muy cerca del oído de él, en un inesperadamente alto tono. "¡Oh! ¡Severus!"
"Parece que tengo un par de trucos bajo la manga." Le susurró él en el oído, sin perder el ritmo de las embestidas.
"Claro que sí. Maldita sea, claro que los tienes." Jadeó ella mientras él aumentaba un poco la velocidad.
Los labios de Severus seguían en su cuello, provocando que todo el cuerpo de ella se estremeciera de placer, provisto por el cuerpo de su marido.
"Sev… Sev…" Maulló ella. "Quiero venirme otra vez. Sigue, sigue. No te detengas." Dijo ella entre jadeos.
"Voy a seguir tanto como tú quieras, amor." Respondió él, también jadeando y sin dejar de mover la cadera.
Ella atrapó la cadera de él con sus piernas. "Oh… sí… abre bien mi vagina, Sev… fóllame bien fuerte, amor."
"Diablos Gatita…" Estaba casi sin aliento y su miembro pareció vibrar al escucharla. Aumentó la velocidad ante semejante pedido.
Ahora, lo único que se escuchaba en el dormitorio, era el sonido de los cuerpos chocando uno contra el otro.
Entonces, el placer de Hermione se desató, derramándose por su cuerpo y fuera de él, y la chica gritó el nombre de su esposo, y su vagina apretó con fuerza el miembro, y él también se vino, sintiendo cómo se contraían sus testículos, mientras el ardiente sexo de ella exprimía hasta la última gota, llevándola muy profundamente a su cuerpo.
Cuando el éxtasis terminó, Severus casi se desplomó sobre ella, mordisqueando el cuello de su amada. "¿Está feliz la Sra. Snape?" Pronunció él con la voz ronca.
"Mucho." Contestó ella con una sonrisa. "Prométeme que será siempre así, mi amor." Dijo ella, acariciándole el cabello y la espalda, y deslizando su pie sobre la pierna de él, como una caricia. Ella se refería al amor, la ternura, la amistad y la complicidad.
Y él lo sabía.
"Lo prometo." Contestó Severus, recorriendo con su mano el camino sobre su pecho, besando el hombro de la joven.
"¿Y tú?"
Severus tenía sus propias inseguridades y necesidades.
"Si, amor. Siempre." Dijo ella, acariciándole la mejilla mientras él la miraba intensamente a los ojos.
Y los dos vieron la sinceridad en la respuesta de ambos.
N/T: Bueno, jóvenes, solo queda un capítulo y se termina. Espero hayan disfrutado de esta historia tanto como yo.
