Capítulo 37
Severus Snape decidió dar unas vueltas por el laboratorio.
Ya estaba harto de las paladas de papeleo.
Aquello no era para lo que había dedicado tanto tiempo a estudiar pociones, y la interminable cantidad de burocracia le hizo entender por qué Hermione le confiaba, abusaba, tanto de él cuando era su asistente.
El tener que supervisar el trabajo tampoco hizo mucho para mejorar su mal genio.
La mayoría de los empleados, eran imbéciles insoportables, que hacían el trabajo porque debían, y aunque la mayor parte del tiempo hacían un trabajo satisfactorio, no tenían ningún respeto por el proceso o la ciencia. En pocas palabras, hacían el trabajo porque era su obligación, no lo hacían por amor al arte.
Fue en medio de la corrección a un levemente aterrorizado empleado, que ella entró, con la barbilla en alto, con ese aire autoritario.
"Severus." Masculló ella con tranquilidad.
"Hermione." Respondió él con frialdad.
"¿Qué estás haciendo?"
"Mi trabajo." Retrucó Severus secamente.
"Creo que quieres decir MI trabajo."
Severus bufó, molesto.
"Lo estás haciendo mal." Dijo Hermione, dirigiéndose al empleado al que Severus le había estado hablando.
"Severus, ¿no ves que lo está haciendo mal?"
"Mujer." Ladró él, "¿no se supone que estés en alguna clase, lejos de aquí?" Finalizó él, tratando de contener los ladridos.
"¡Cuida tu tono conmigo! Mis clases terminaron temprano. Decidí pasar a ver que estuvieras manteniendo el lugar como corresponde."
"Oh, qué alegría." Se burló él.
Los empleados no se sorprendían.
No llegaban a entender lo que pasaba, pero ya estaban acostumbrados a la dinámica entre esos dos.
Al parecer, habían estado saliendo unos seis meses antes que se supiera la noticia, y nadie hubiera sospechado jamás, por la forma en la que discutían, así que ese diálogo, no los sorprendía en lo absoluto.
De hecho, parecían haberse… suavizado un poco, a pesar de lo raro que sonaba tal cosa.
Tal vez era una de esas parejas que separaban muy bien la vida laboral con la hogareña.
Cada cual sabía qué cosas eran mejores para cada uno, así que, ¿quiénes eran los otros para meterse?
"Severus, necesito hablar contigo." Dijo Hermione, indicando la oficina con la cabeza.
Severus se hizo un lado y la dejó pasar, para que ella fuera adelante. La siguió con las manos en la espalda.
Ni bien se cerró la puerta de la oficina, Hermione le saltó encima con excitación, enredando sus piernas alrededor de la cintura de Severus, y besándolo de inmediato. Él la sostenía firmemente del trasero, comiéndole la boca con avidez.
"Hola Sev." Lo saludó ella con una sonrisa dulce y amplia, acomodando un mechón de cabello detrás de la oreja de su marido, mientras el resto del cabello color azabache permanecía atado.
"Hola Gatita." Respondió él con voz grave, depositándola en el suelo. "¿Qué tal las clases?"
Finalmente, Hermione estaba preparándose para sus maestrías, y él estaba cubriéndola en el trabajo mientras ella estaba de licencia.
Cuando ella regresara, y ya no faltaba mucho, debido a la intensa avidez por aprender de la castaña, él tendría su propio laboratorio. Ese había sido su acuerdo.
"Interesantes. Pero no lo suficientemente desafiantes como lo serían si te hubieran dejado ser mi mentor. Jodido conflicto de intereses." Refunfuñó ella.
Severus sonrió y le sostuvo la barbilla, deslizando el pulgar sobre la mueca en los labios de su esposa.
"Te extrañé."
"Yo también." Contestó él con la voz grave, y le besó los labios.
Tenían que mantener las apariencias.
Como nunca habían sido demostrativos en público, mucho menos en el trabajo, y se suponía que habían estado saliendo por seis meses antes de casarse, tenían que mantener ese acto.
Además, era mejor que la gente pensara que no había privilegiados, sobre todo, porque él todavía era empleado de ella.
"¿Cómo fue tu día?" Preguntó ella.
"Largo... Tedioso. Atorado de papeleo. Nunca termina." Severus soltó la retahíla con tono monótono.
Ella se rio. "Gracias por hacer esto por mí."
"Haría lo que fuera por ti, Gatita."
"Bueno, entonces… debería ir a casa y aprovechar del tiempo extra que obtuve hoy. Para estudiar."
Severus hizo un gesto burlón. "Siempre la misma Gryffindor sabelotodo."
Ella le dio una palmadita juguetona en el pecho.
"Tú ve y estudia todo lo que debas antes que llegue a casa." Se inclinó hacia ella, para hablarle al oído, y la expectativa de lo que iba a decirle, erizó la piel del cuello de ella. "Porque una vez que cruce el umbral, quiero tenerte en la cama." Susurró él. "Vestida con esa atrevida lencería verde y negra, tendida en la cama y esperando por mí."
"Sí señor." Contestó ella con una sonrisa.
"¿Estarás tocándote? ¿Preparando esa deliciosa abertura tuya para que esté mojada y lista para mí? ¿Para que pueda meterte la polla bien rápido?"
La respiración de Hermione era cada vez más laboriosa, tan cargada de deseo con solo pensar en lo que él decía. Y escuchar su voz diciendo cosas tan atrevidas, y en el trabajo, ayudaba. Mucho.
"Sí." Jadeó ella, costándole respirar.
"Pero no llegarás al clímax, porque eso solo lo haces conmigo. Con mi polla abriendo tu sexo apretado y húmedo o cuando mi lengua juguetea con tu dulce clítoris."
Ella solo puso asentir, con los ojos medio cerrados, los labios abiertos, y resoplando contra la mejilla de su esposo.
"Tu vagina me pertenece. Solo yo puedo hacer que tenga un orgasmo."
"Si… sí, señor." Finalizó ella luego de aclararse la garganta.
Él sonrió al verla tan enrojecida.
"Ya me voy, o terminaré haciendo todo eso, pero sobre el escritorio."
Severus solo rio, pero en cuanto abrió la puerta, se puso la máscara de bastardo. "No era necesario que regresaras." Dijo en tono bien frío.
"¡Necesitaba saber que no habías destrozado el lugar!" Retrucó ella, mientras se alejaba en dirección de la puerta.
….
Severus no se aguantó mucho más.
No aguantó hasta el final de la jornada, así que apresuró algunos documentos urgentes, dio una vuelta más por el laboratorio, y se largó del ministerio una hora antes de lo habitual.
Ser el jefe tenía sus beneficios.
Llegó a la sala de su hogar a través de la chimenea, y de inmediato pudo escuchar que el estéreo estaba encendido, dejando oír de ese jodido pop que ella insistía en escuchar de vez en cuando. También escuchaba música decente, así que Severus no sentía la necesidad de desesperar y perforarse los tímpanos.
Si la radio estaba encendida, era porque ella estaba cocinando.
Él siguió caminando hacia la cocina, soltando los primeros botones de su siempre presente levita, para encontrare a su esposa canturreando mientras revolvía algo en la olla.
"Pensé que me esperarías en la cama, hechicera." La reprendió juguetonamente.
Ella se dio la vuelta con sorpresa y le sonrió. "Pensé que tenía más tiempo. ¡Llegaste temprano!" Entonces, la castaña se acercó y se puso de puntillas, para darle un rápido beso en los labios.
"No podía esperar para saborearte." Contestó él, y ella se rio. "Y, aparentemente, también estaré saboreando tu comida."
"Quería ayudarte un poco. Cocinas prácticamente a diario, y dijiste que hoy fue un día particularmente largo."
"Gracias Gatita." Dijo con él con voz rasposa, y abrazándola por detrás, mientras ella volvía a prestar atención al contenido de la olla.
Hermione había estado pidiéndole que le enseñara a cocinar mejor, y Severus le había estado mostrando algunas cosas los fines de semana. Ella había aprendido rápido, y ya podía preparar algunos platillos ella sola y bastante bien.
El teléfono sonó y Severus se separó de su mujer, quien ya estaba riendo como colegiala porque él le había estado haciendo cosquillas en el cuello con la nariz, para apagar el estéreo primero y luego para contestar el teléfono, en la extensión de la cocina.
"¿Hola?" Hizo una pausa y Severus sonrió. "Oh, hola Judith."
Al menos una vez a la semana, la familia de Hermione, bueno, ahora la familia de los dos, llamaba por teléfono desde Francia. Aunque casi toda la conversación la llevaban Jane o Judith. De vez en cuando, Edward y Charles también conversaban un poco.
"Muy bien… Nana…" Dijo Severus con timidez. Otra pausa. "Sí, claro, ella está aquí mismo, siendo una esposa ejemplar y preparando la cena para su esposo." Comentó él con picardía. Hermione lo miró con los ojos como un par de rendijas, mientras Severus seguía escuchando a Judith. Él solo le hizo un gestito burlón.
Después de algunas palabras más, Severus dijo, "de acuerdo, te dejo con ella. Siempre es un placer hablar contigo."
En lugar de pasarle la bocina, Severus puso el teléfono en altavoz, para que Hermione pudiera hablar con su abuela sin dejar de cocinar.
"¡Hola Nana!" Hermione bajó la llama en la estufa y se dio la vuelta para hablarle al teléfono.
"Así que estás cocinando para Severus hoy, ¿eh?"
"Sí, sí. Es que tuvo un día un poco largo."
"Bien hecho. Tienes que cuidar de tu hombre, Hermie."
"Eso hago Nana."
"Además, él puede agradecerte en la alcoba. Eso siempre es una ventaja. Por ejemplo, podría ir hasta debajo de todo en agradecimiento, ¿no?" Dijo Judith, pensando que solo su nieta la estaba escuchando.
Severus no pudo aguantar y soltó una risita, mientras Hermione se puso roja como un tomate y casi gritó. "¡NANA!"
"Eso haré." Contestó Severus, muy bajito junto al oído de su esposa, besando la sien de la chica.
El hombre todavía se estaba riendo cuando fue a acercarse a la estufa y revisar la olla.
"Estás en altavoz, Nana." Advirtió la castaña a su abuela.
"¡Oh! ¡Ups!" Respondió la señora, riéndose sin vergüenza. "Severus es un niño grande. Estoy segura que no se avergüenza, ¿verdad Severus?"
"Claro que no, Nana." Respondió el aludido, sin dejar de reír por lo bajo. "Solo me hace mucha gracia la forma en la que tu nieta se sonroja y se ve todavía más hermosa."
"De verdad Hermie, tienes a un muy buen hombre ahí. Nunca lo dejes ir."
"No pienso hacerlo." Replicó la chica y sonrió, alzando la vista hacia Severus, quien ya estaba muy ocupado buscando ingredientes y elementos para seguir cocinando.
Los dos habían estado escuchando a la madre de Hermione pedirle a Judith que la dejara hablar, desde que la anciana comenzara a hacer comentarios subidos de tono. Finalmente, Nana entregó la bocina a su hija.
Jane, después un poco de charla, preguntó cuándo irían a visitarlos a Francia.
Apenas había pasado un año desde la visita, y la familia habían ido a visitarlos a Londres un par de veces.
"Pensábamos ir para Navidad. Posiblemente podremos tomarnos unos días." Dijo ella, mordiéndose el labio y mirando a Severus con un poco de timidez, quien ahora estaba parado junto a ella para saludar a Jane. El hombre le sonreía, frotándole la espalda y apretándola contra su costado.
"¡Maravilloso! Todavía falta un poco, pero es genial que puedan venir para Navidad. ¡Oh! ¡Todos estarán tan contentos!"
Severus besó el cabello de Hermione y regresó a vigilar la comida, mientras ella hablaba con su madre.
Después de la cena, mientras todavía estaban en la mesa, y después de haber levantado los platos y puestos a lavar, Severus estaba pensando en darse una larga ducha y en sentarse a leer un libro o ver una película junto a su chica, hasta que se le apagara el cerebro.
En verdad había sido un día cansador.
Pero entonces, vio la expresión en los ojos de su castaña. Allí estaban la esperanza y un tímido deseo.
Ella no quería presionarlo o extenuarlo después de un largo día, pero estaba muriéndose por mostrarle lo que había aprendido y deseaba escuchar su opinión.
Hacían aquello regularmente, mayormente los fines de semana, repasando todo lo aprendido en la semana.
A ella le encantaba, y aprendía tanto más de él.
Era como si el Profesor Ripper solo enseñara lo básico y Severus enseñara el curso avanzado. Siempre agregaba información, rectificaba datos, le mostraba formas más efectivas y rápidas de preparar ingredientes y pociones.
Era una mierda que no pudiera estudiar oficialmente con él, solo porque era su esposo.
Pero era tan excitante el poder ir a clases, aprender, y luego ir a casa y tener a Severus, que le enseñaba todavía más.
Ella trataba de imaginar que añadiría Severus a su conocimiento sobre pociones, mientras se suponía que estaba aprendiendo con otro profesor. Era como doble diversión.
"Ve, nena. Ve a traer tus notas. Sé que estás muriendo por hacerlo."
Hermione sonrió y soltó un gritito, usando su varita para que los pergaminos y los libros llegaran desde la oficina.
No podía esperar hasta el sábado, cuando ambos iban al laboratorio que habían construido en una de las cuatro habitaciones de su piso, y en donde preparaban las más complejas pociones.
Los papeles flotaron hasta la mesa y ella fue a sentarse junto a su marido, con el brazo de él sobre el respaldar de la silla de ella, mientras ambos se inclinaban sobre los pergaminos.
Aquél era un tiempo para aprender, y luego se tomaron algo de tiempo para descansar.
Se acurrucaron en el sofá, frente a la tele, y vieron una linda película. Luego se fueron a la cama.
Ambos tenían un día atareado por delante.
Hermione se duchó rápido para que él se pudiera refrescar antes de acostarse. Él ya se había duchado mientras ella terminaba de preparar la cena, luego que terminara de hablar por teléfono con la familia.
Severus salió del baño y entró en el dormitorio, sintiéndose muy bien. A pesar de haber sido un día largo, el tener la certeza de poder regresar a su hogar, con su esposa, era revitalizante. El tiempo que pasaba con ella siempre lo hacía sentir bien, y las duchas calientes eran muy buenas para sus cansados músculos y huesos, en especial, cuando las duchas eran con ella.
La puerta del cuarto de baño estaba frente a la cama.
El departamento que compartían no era lujoso y enorme como la casa que tenían los Grangers en Francia, pero era perfecto y cómodo para dos personas, incluso tres o cuatro, si dejaban de lado algunas comodidades, como el tener un laboratorio en casa. El laboratorio y el estudio se llevaban dos cuartos, dejando solo la recámara principal y un cuarto de invitados. Por supuesto, el laboratorio había sido agrandado con magia.
Cuando Severus volteó hacia la cama, luego de apagar las luces del baño, se vio frente a frente con la más gloriosa escena.
Su esposa, su hechicera, su amor, ataviada solo con un atrevido juego de lencería verde oscuro, con unos detalles en encaje negro, que apenas dejaban ver el verde.
La castaña estaba recostada sobre la cama, con las piernas bien abiertas, así que las bragas estaban dejando al descubierto un poco de su sexo, mientras se tocaba con dos dedos. Severus podía ver lo muy excitada que ya estaba, porque se veía con claridad la humedad entre sus piernas. Ella dejó de tocarse y se llevó los mojados dedos a la boca para lamerlos, sin perder la expresión de picardía.
"¿Era esto lo que tenías en mente, Sev?" Preguntó ella con voz seductora, luego, los empapados dedos regresaron a estimular su clítoris.
"Diablos, claro que sí Gatita." Dijo él casi gruñendo y comenzó a avanzar hacia la cama, subiéndose a ella. Se posicionó entre las piernas de su esposa y se inclinó para reclamar sus labios. "A ver, quiero que pongas ese sexo tuyo bien mojado y listo para mí." Susurró el hombre, y le besó el mentón.
"Ya está listo." Respondió ella en medio de los gemidos.
"¿Ya está listo para que te meta la polla y te llene completamente?" Un beso en la comisura de los labios.
"Sí…"
"¿O prefieres que te lama hasta que te vengas en mi rostro?"
"Ay, maldición, ¡sí!" La joven ya estaba delirando mientras se frotaba el clítoris con más intensidad.
"Sí, ¿qué?"
Hermione solo jadeaba mientras seguía frotándose vigorosamente, estimulando su clítoris más y más.
"¿Qué es esa forma de hablarme, Gatita? Sí, ¿qué?" Retiró la mano que ella usaba para masturbarse y la miró a los ojos, exhalando muy cerca de su boca, y la detuvo antes que pudiera llegar al orgasmo.
"Sí, señor… Amo Snape." Jadeó ella, con una sonrisa maliciosa.
"Que bien. Pero creo que tu insolencia requiere… requiere un castigo. Casi te vienes, me di cuenta."
Ella solo asintió con los ojos apenas abiertos.
"El único que puede hacer que te vengas, soy yo."
"Sí, señor." Gimoteó ella.
"Soy dueño de tu sexo. Es mío." Siguió diciendo Severus, mientras acariciaba lánguidamente los labios vaginales.
"Sí. Sí señor… es suya." Respondió ella entre suspiros.
"Date la vuelta, Gatita." Ordenó él.
Ella se recostó sobre su abdomen, aun junto a su marido, y él comenzó a acariciarle y apretarle el trasero. Acarició su cuello con la nariz y le mordisqueó el oído, mientras ella disfrutaba y se dejaba dominar por su esposo y sus caricias.
Y cuando menos se lo esperaba, la palmada cayó sobre una nalga con firmeza.
Ella se aferró fuerte de las sábanas y almohadas, soltando un largo gemido.
"¿De quién es esta dulce y pequeña vagina?" Dijo él gravemente en su oído, al tiempo que deslizaba los dedos en medio del trasero hasta alcanzar la abertura vaginal.
"Suya señor."
"¿Quién es la única persona que pueda hacer que se moje?" Los hábiles dedos comenzaron a deslizarse suavemente sobre los labios mojados.
"Usted, señor." Contestó ella obedientemente, ya respirando con dificultad.
Las varoniles manos estaban ya acariciando el trasero, y los dedos viajaban ocasionalmente hacia su sexo para estimularla. Repentinamente, una nueva palmada en el trasero que hizo vibrar la carne.
Ella gimió y se mordió el labio inferior, aferrándose a las sábanas con más firmeza en respuesta al placer.
"Entonces, ¿por qué eres una Gatita tan desobediente? ¿Eh? ¿Cuándo yo puedo hacer que te vengas con más intensidad?"
Otra palmada.
"¡SI!" Vociferó ella, sin poder evitarlo. "Sí, sí, castígueme. He sido tan desobediente. Castígueme señor, lo merezco."
Otra vez, la mano de Severus descargó una firme palmada y ella emitió otro gemido.
Todo eso la excitaba tanto… mucho más de lo que debería. Entregar el control, ser dominada y por alguien que lo hacía tan bien, y sentir la satisfacción al final.
Él le dio tres palmadas seguidas, en rápida sucesión, de un lado y de otro, y ella soltaba agudos gemidos con cada una, alzando el trasero y apoyando las rodillas sobre la cama, abriendo su sexo para él, silenciosamente rogando por sus manos.
Él accedió, deslizando los dedos sobre el sexo al desnudo. Metiendo los dedos bajo la diminuta braga, los dedos se deslizaron en medio de los labios mojados, hasta llegar al clítoris, y luego, sus dedos penetraron el húmedo sexo, moviéndolos suavemente mientras sus labios se deslizaban sobre la piel del cuello de la joven, hacia los hombros.
"Sev… ¿no necesito más castigo?" Preguntó ella sin aliento, pero con picardía.
"No. No quiero lastimarte, Gatita." Murmuró él con los labios todavía pegados a la piel de ella, justo en donde el cuello se encuentra con el hombro.
"Nunca me has lastimado Sev." Jadeó la castaña, sintiendo los dedos de su esposo, que todavía la penetraban con suavidad.
"Y ciertamente no comenzaremos ahora." Volvió a murmurar él.
Los dedos abandonaron su trabajo y fueron a quitar la braga, jalando despacio hacia abajo.
Hermione se dio la vuelta y él pudo quitar la prenda completamente.
Ella arqueó la espalda y alzó las piernas, todo con una sonrisa, para ayudarlo.
"¿Acaso dije que podías darte la vuelta?"
"¿Me darás unas palmadas por eso?" Preguntó ella, sonriendo provocativamente.
Severus solo puso su mano completa sobre el sexo de su joven esposa y comenzó a frotar despacio. Los labios del hombre reclamaron ávidamente los de ella, en contraste con la delicada estimulación que ofrecía con su mano.
Las manos de Hermione comenzaron a quitarle la camisa, haciéndola pasar por su cabeza y arrojando la prenda al suelo.
Ella siseó. "Eres tan jodidamente ardiente, Severus."
Una de las manos de ella comenzó a descender sobre el desnudo abdomen de su amante mientras admiraba su cuerpo. Fue entonces cuando metió la mano en el pantalón de ejercicio que él llevaba puesto, y tomó posesión de su duro miembro.
"Por favor, tócame más." Dijo ella entre jadeos, sin despegar los labios de los suyos y sin dejar de acariciarlo. "Así, como te estoy tocando yo."
Hermione abrió más las piernas.
"Me estás tocando de una manera muy poco apropiada, Gatita." Dijo él con una sonrisa torcida, pero su mano siguió como estaba, apenas rozando su sexo.
"Así que, ¿qué será? ¿Qué es lo que quieres?"
"Quiero que frotes mi mojado y duro clítoris, directamente, que palmees mi sexo hasta que me venga por completo en tu mano."
Él no pudo evitar sonreír con malicia. "Pero qué Gatita tan mas depravada." Masculló él, pero comenzó a frotar el pequeño botón con suavidad. Ella se mordió el labio y gimió, mirándolo a los ojos.
Usando cuatro dedos, comenzó a estimular todo el sexo de la chica, cada vez más rápido.
La respiración de ella se hizo más veloz y luego, más errática. El delicioso ritmo provocó que ella comenzara a mover la cadera, empujando su sexo contra la mano de su marido.
Mientras tanto, la mano de la castaña seguía acariciando el miembro de Severus, aunque con menos enfoque ahora que las oleadas de placer comenzaban a invadir su cuerpo.
Por un instante, Severus dejó de frotar y dio una suave palmadita sobre los empapados labios, haciendo que una corriente de puro deseo la recorriera entera. Le nació una sonrisa de satisfacción al mismo tiempo que se le escapaba un fuerte gemido.
Severus entonces dejó de estimularla para bajar las copas del sostén y de inmediato su boca se pegó a uno de los pezones, succionando con ganas, provocando que el otro pezón se endureciera y la piel de Hermione se erizara en todo el cuerpo.
"Mierda, sí… sí Amo Snape… Domina esa vagina como solo tú puedes…" Dijo ella, jadeando por encima de la cabeza de su esposo, mientras él seguía ocupado succionando sus pezones y comenzando a frotar su sexo con más vigor.
Ella empezó a gemir y jadear a todo volumen.
Ahora, la pequeña mano de la castaña se aflojó alrededor del miembro de Severus, con los movimientos restringidos, debido a la dominancia de su esposo sobre ella y el incrementado placer, pero de alguna manera se las arregló para lograr frotar la cabeza del miembro con el pulgar.
Severus gruñó con la boca pegada al pecho de ella. "Date la vuelta, Gatita."
Ella obedeció y se recostó sobre su abdomen. Severus se quitó el pantalón con rapidez y fue a montarla por detrás. Le acarició dulcemente la espalda y ella se estremeció. Luego soltó el sostén, y la misma mano se deslizó hacia el redondo trasero de la joven para apretarlo un poco y abrirlo. Fue entonces cuando comenzó a meter su miembro muy, muy despacio dentro de la desesperada vagina de ella.
Esa posición hacía que su sexo se sintiera increíblemente apretado, y el grave gemido de Severus reverberó en las paredes del dormitorio.
Sosteniéndola de los muslos, comenzó a embestir, siseando al sentir la húmeda y apretada calidez de su esposa envolviendo su vibrante miembro. Ella se aferró de las sábanas mientras el suave movimiento de Severus la estimulaba más, tratando de frotarse también contra la cama.
Se sentía tan bien sentir la apretada vagina envolviendo su miembro. Iba a venirse muy pronto, muy rápido y con mucha fuerza.
Tenía que hacer que ella se viniera primero.
Severus se retiró de ella y la dio vuelta con un veloz movimiento, y se arrodilló sobre la cama, acercando la cadera de su esposa, levantándola y apoyándola contra su propio pecho, sosteniéndola allí, casi doblada en dos, para poder lamer su cálido, empapado sexo.
"¡Sev! ¡Oh, Sev!" Gimió ella cuando la lengua de su marido penetró en su vagina y luego comenzó a lamer el muy duro y excitado clítoris.
Severus se sintió juguetón y comenzó a frotar la nariz contra el pequeño botón nervioso, sin dejar de lamer los mojados labios y penetrarla con la lengua, justo como lo había estado haciendo su miembro solo unos segundos antes.
"Sev… ay, mierda…" Dijo ella entre jadeos, tratando de aferrarse de la su propia cadera.
Fue entonces cuando él decidió que quería lamer su clítoris también, alternando entre lamidas y succiones, o aplicando toda la boca sobre la expuesta vulva completa.
Ella comenzó a decir incoherencias.
Cuando él comenzó a succionar sobre toda la vulva, con la fuerza de una auténtica aspiradora, que las piernas de ella perdieron todas las fuerzas. Comenzaron a temblar descontroladamente, y ella no pudo ahogar los gritos de intenso placer.
Mientras ella todavía estaba en medio del orgasmo, moviendo la cadera involuntariamente, y con las piernas todavía temblando, Severus la acomodó sobre la cama y de inmediato la penetró con su miembro.
Esa acción solo incrementó el placer de Hermione, abriéndola como una flor, alcanzando ese punto de placer en su interior, y cada vez que metía toda esa monumental polla hasta el fondo, el hueso púbico de su esposo frotaba contra su inflamado clítoris.
Ella seguía gritando y moviendo la cadera al compás de la cópula, viniéndose con fuerza, empapando a su esposo.
Una embestida mas y otra oleada de placer la invadió, generando que se mojara todavía más.
Tres, cuatro embestidas más y ya no podía sentir las piernas por los temblores, mientras él le arrancaba algunas descargas de placer más. Fue entonces cuando Severus sintió esa sensación cálida en la base de la columna que pareció explotar casi con la última embestida.
Cuando la cúspide del orgasmo hubo pasado, y mientras ambos recobraban el aliento, Severus se recostó a su lado.
Comenzó a acariciar la mejilla de su esposa con los nudillos, deslizándolos luego hacia el cuello, los pechos, el costado de su torso.
"¿Fui muy rudo? ¿Estás bien, mi amor?"
"Severus…" Ella le sonrió y le acarició el rostro.
"Espectacular, como siempre."
"Te amo." Murmuró él, mientras su mano, que había llegado al abdomen de la joven, acariciaba suavemente la piel.
"Y yo te amo a ti." Se acercó para capturar sus labios con los suyos, succionando con lentitud.
Hermione le dio la espalda mientras le recordaba. "Deberíamos dormir un poco. Tenemos una cita mañana temprano."
Severus gruñó con enfado al recordar la dichosa cita, pero se acercó a su chica y la abrazó por detrás, envolviéndola con sus brazos. Esa era la mejor posición para dormir con ella, como cucharitas.
"Buenas noches, Gatita." Masculló mientras rozaba el cuello de la castaña con la nariz.
"Buenas noches amor." Respondió ella.
…
La mañana siguiente, ambos estaban en una sala de espera del ministerio. Estaban callados, pero jugueteaban con sus manos, entrelazando los dedos.
Severus posó los ojos en la sortija que había sido de su madre, con una gema verde Slytherin entre diamantes, y el oro de la banda enredado en forma de nudos celtas.
"Debería conseguirte otro anillo."
"¡Pero si adoro este!"
"Pero no fue entregado con la intensión correcta." Dijo él con suavidad. "Ni en el momento apropiado."
"Ya hemos hablado de esto, Sev. No me molesta. Es parte de nuestra particular historia. Además, sé que ahora si son los sentimientos y la intensión apropiados, mi amor." Ella le sonrió con dulzura y se acercó para darle un suave beso en los labios.
Mientras se besaban, la puerta de la oficina se abrió y Reynolds asomó la cabeza.
"Sr. Snape, Srta… Sra. Snape." Abrió la puerta de par en par, como si les estuviera ordenando que entraran.
Y ellos entraron.
Se sentaron. La oficina era pequeña y estaba rebosando de pilas de expedientes.
"Esto debería hacerse por separado." Refunfuñó el burócrata.
"¡Ya deje la mierda!" Bramó Severus, completamente enfadado.
"Yo no hago las reglas, Sr. Snape."
"Sí, sí, claro, usted solo las sigue, y de la más mojigata y molesta manera que puede, ¿no?"
"Para que sepa, Sr. Snape, yo…" Comenzó a decir el tipo, pero Severus sacó su varita y la movió alrededor de su propia cabeza, haciendo aparecer una burbuja silenciadora.
Con un gesto de satisfacción, Snape se cruzó de brazos.
Reynolds torció el gesto, molesto por haber sido interrumpido. Miró a Hermione, quien se estaba riendo, para iniciar la entrevista.
"Bueno, comencemos. ¿Cuál es el color favorito de su esposo?"
"El verde."
"Siempre me pareció muy conveniente que el color de los dos sea el mismo." Comentó Reynolds sin ocultar sus sospechas.
"¿O tal vez es un signo de lo muy compatibles que somos?" Ofreció la chica.
"¿El nombre de su madre?"
"Eileen Snape, Prince de soltera. Su padre fue Tobias Snape, un muggle. Ambos fallecieron hace ya 28 años. Él, por cirrosis, porque era alcohólico, ella, unos meses más tarde, debido a algún tipo de cáncer."
Reynolds hacía las mismas preguntas en cada entrevista. Habían empezado con una cita por semana, pero ahora era una vez al mes. Y la verdad, no habían muchos temas que el burócrata pudiera abarcar, pero de vez en cuando, metía alguna que otra pregunta nueva en medio de las viejas, algunas un poco más complejas.
Inicialmente, se había sorprendido, aun cuando pasaban mucho tiempo hablando sobre todo y nada, no porque quisieran quedar bien en las entrevistas, sino porque de verdad querían saber todo del otro. Estaban fascinados, enamorados, y necesitaban conocer cada detalle.
Pero ya habían llegado al punto en el que ninguna pregunta los sorprendía.
Incluso las más exóticas, de temas que nunca habían discutido, eran respondidas con elegancia y correctamente, con todo lo que sabían del otro, con todo el tiempo que llevaban de conocerse.
"¿Cuál es su posición favorita para dormir?"
"Yo diría… cualquier posición que sea enredado conmigo." Contestó la joven con una sonrisa tímida.
"¿Un sueño que no ha podido concretar aun?"
"¡Oh, cielos! ¡Una nueva! De acuerdo. Hay algunas cosas que comenta siempre. Aún no hemos decidido traer un perro. Le gustaría tener una motocicleta, pero teme que con la edad que tiene, sea como un anuncio de neón de crisis de la mediana edad. También le gustaría tener un Aston Martin, pero eso sí que se va a quedar en el país de los sueños."
Reynolds se quedó mirándola como si no entendiera una palabra.
"Es un vehículo muy elegante, muy usado en películas de espías." Explicó ella con simpleza.
"Ya, bueno. Pasemos a su esposo entonces, ¿de acuerdo?"
Hermione acarició el brazo de Severus, y él de inmediato canceló el hechizo y miró a su esposa, preguntando sin palabras si todo estaba bien, si necesitaba algo.
Ella solo señaló a Reynolds con la quijada.
"¿Color favorito?"
Severus exhaló, muy molesto ya, y cruzó los brazos sobre el pecho. "Verde."
"Sus padres…"
Eileen Prince, Tobias Snape. Padres horribles los dos, que murieron cuando tenía 16."
¿Posición favorita para dormir?"
"Con mi muy satisfecha polla presionada contra el trasero de Hermione. Asegúrese de escribir eso, palabra por palabra."
Hermione se echó a reír cuando Reynolds detuvo desesperadamente la pluma encantada y comenzó a escribir con su propia mano.
"¿Un sueño pendiente?"
"Hmmmmm… una pregunta nueva. Qué interesante. Bueno, me gustaría poder comprar un Aston Martin, pero eso nunca será posible con la mierda de salario que paga este basurero."
"Muy bien. Ahora, si la Sra. Snape pudiera…"
Hermione estaba a punto de ponerse la burbuja cuando a Severus se le terminó la paciencia.
"¡¿Cuál es el jodido motivo de todo esto?! Llevamos ya un año de casados, es claro que nos conocemos bien, entonces, ¿por qué diablos mantiene esta estupidez, buscando una mentira que claramente no existe? ¿Qué carajos quiere? ¿Quiere que le haga una lista de la extensa familia de mi esposa? Me sé todos los nombres, de cada pariente. Nos reunimos con los dos cretinos que son sus primos mellizos para ir a beber, al menos una vez al mes. Alexander y Maxwell. Sus padres son Richard y Jocelyn, también muy presentes en nuestras vidas porque ellos también viven en Londres. Su madre y abuela, jane y Judith, llamaron anoche mismo. ¿Quiere saber cuál es su platillo favorito? Pollo fettuccini Alfredo, aunque creo que mi risotto bien puede hacerla cambiar de opinión muy pronto."
"Eso es cierto." Dijo ella, pensando en lo muy rico que él cocinaba.
"¿Quiere saber cuál es la posición que la lleva más rápido al orgasmo? ¿O la que le provoca los más fuertes? Porque la he follado en cada posición que el ser humano pueda imaginar y sé muy bien cómo complacerla."
"Eso también es cierto." Dijo ella, totalmente ruborizada.
"Eso no será necesario." Intervino Reynolds.
"Entonces, ¿qué quiere?" Ladró Snape. "¿Qué mierda quiere? Ya ninguna otra pareja pasa por esto. Lo nuestro es muy real. No hay engaño. Acéptelo."
"Bueno, pero entonces, ¿por qué no han llevado a cabo el objetivo de esta ley? Porque yo no veo bebés."
"Oh." Soltó ella.
"¿Así que es eso?" Preguntó Severus.
La pareja se miró y ambos sonrieron. Hermione asintió.
"Está bien."
Severus sacó su varita mientras Hermione se acomodaba en la silla, estirándose un poco hacia atrás.
Él comenzó a mover la varita en un patrón complejo, sobre el abdomen de su esposa, y un humo dorado comenzó a emanar del vientre, indicando que estaba embarazada.
"Ahí tiene. Como en unos ocho meses, va a tener el bebé mágico que tanto quiere." Dijo Snape, ahora con una media sonrisa feliz en rostro, nacida tan solo con pensar que sería papá.
En realidad, había sido poco honesto al responder una de las preguntas de Reynolds.
No tenía ningún sueño pendiente.
El Aston Martin podía irse al carajo.
Ya tenía todo lo que siempre había deseado y necesitado.
Y todo gracias a su magnífica hechicera.
Fin.
N/T: Bueno, llegamos al final.
Me disculpo por la demora, pero he estado bastante ocupada estos días.
Agradezco mucho a toda la gente que siguió la historia, que comentó, que la puso en favoritas o en alerta. Muchas gracias.
Y un gracias todavía más grande para DCFitzpatrick, autora de esta historia genial y quien me dio permiso para traducirla.
¡Hasta la próxima historia!
