Hola a todxs, espero que estén muy bien.
Si alguien tiene ganas de una historia dulce, muy azucarada y con un final feliz terriblemente telenovelesco, ha llegado al lugar indicado.
No tengo idea de cómo esto ocurrió, no se suponía que esta historia se desarrollara de esta manera, pero una vez comenzada, hizo lo que prefirió.
Disclamer.- Todo lo reconocible en esta historia pertenece a JK Rowling, a la Warner y no tengo idea de a quién más. Aunque usted no lo crea ni siquiera Snape es mío, pero si el mundo fuera justo, debería serlo. Mío solo es la historia y la escribo sin ánimo de lucro, la estrofa del principio pertenece a la canción Perdido del grupo Warcry y fue la canción que escuchaba cuando imaginé esta historia.
Como sea, si hay alguien aquí, espero que disfrute, la canción y la historia. Serán diecinueve capítulos y estaré publicando más o menos dos por semana.
La Voz De Las Luciérnagas
por
Adrel Black
-.-
I
Una Oportunidad
Quiero un día despertar y,
al fin, poder recordar…
(Perdido, Warcry)
-.-
—Sé que es mucho pedir —aclara la Profesora McGonagall —sobre todo estando tan cerca de la boda.
—La Señora Weasley y Ginny estarán más que felices de que deje todo en sus manos, —responde Hermione.
Ambas mujeres están sentadas en el despacho de la Dirección de Hogwarts, frente a vasos con jugo de calabaza, afuera la mañana es brillante. Es la primera mañana de las vacaciones de verano, dentro del castillo reina un silencio armonioso.
Los alumnos han partido a sus casas la noche anterior, la mayoría de los profesores también, los pocos rezagados se han ido esa mañana, todos con las expectativas que trae el verano.
—Aun así, Hermione, es un mes completo de aislamiento,—luego aclara, —no es que sea difícil cuidar de él, usted sabe la situación del Profesor Snape, —la chica asiente. —No lo pediría si tuviera más opciones, pero se me acabaron, al menos las de personas de confianza.
Y así fue, McGonagall había acudido a sus compañeras docentes, pero todas tenían ya planes para las vacaciones, también barajó la posibilidad de contratar a una medimaga que se hiciera cargo, pero no se fiaba de dejar a una desconocida, sola en el castillo y a cargo de Severus.
—No tiene de qué preocuparse, Profesora. —Hermione deja en el escritorio el vaso luego de darle un sorbo. —Francamente será un descanso para mi, estoy bastante atribulada con todo el asunto de la boda, me viene bien un apartarme un poco.
—Hermione, —la chica mira fijamente a Minerva, luego de que borró la memoria de sus padres, durante la Segunda Guerra contra Voldemort la mujer se ha convertido para ella en algo a mitad de camino entre una amiga y una madre, o tal vez, por la edad de Minerva, una abuela, —no es que yo tenga una gran experiencia en lo que respecta a bodas, —luego guarda silencio y lanza una mirada ceñuda al vaso, como si la hubiera interrumpido, busca las palabras para continuar, —pero bueno, usted, —los ojos de McGonagall se levantan y Hermione sabe lo que va a decir antes de que lo haga, quizás porque no es la primera vez que lo escucha, Harry, Bill Weasley, Arthur Weasley, Kingsley Shacklebolt (que es su jefe en el Ministerio de Magia) y hasta la propia Ginny Weasley (que parece ser la más emocionada con el asunto de la boda) se lo han dicho antes —no parece muy contenta con la idea de casarse.
—Si bueno... —empieza ella, pero la mujer mayor la interrumpe.
—Lo que no sé, —dice la Profesora, —es si usted no está muy animada con la idea de casarse o, si no está muy animada con la idea de casarse con el Señor Ron Weasley.
—Ron y yo hemos estado juntos desde que la guerra terminó.
—Lo sé.
—Y bueno, este parece ser el paso adecuado... —Sigue un silencio a esa declaración, se siente impelida a completar: —casarse… casarse parece ser el paso siguiente.
—Yo no quiero opinar sobre lo que no me concierne —aclara la mujer y extiende la mano sobre el escritorio, alcanza la de la chica en un apretón, luego le sonríe, —solo quisiera verla enamorada, Hermione. Flotando por entre las personas como hacen las mujeres enamoradas, emocionada y sonriente, —ella le suelta, nunca habría pensado en McGonagall como una mujer que alguna vez pudo estar enamorada, pero ahora en ese momento lo hace. Es obvio que McGonagall no nació de la edad que tiene ahora, que una vez fue joven y se enamoró y "flotó, como todas las mujeres enamoradas". La mujer le sonríe por encima de las gafas cuadradas —quiero que sea muy feliz Hermione, sé que lo merece.
—Gracias Profesora.
Luego la conversación deriva hacia otros derroteros, pero las palabras siguen resonando en la mente de Hermione por mucho rato "no parece muy emocionada con la idea de casarse".
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Luego del ataque de Nagini hacia el Profesor Snape, este fue encontrado en la Casa de los Gritos desangrándose, fue trasladado a San Mungo, donde se hizo lo posible por salvarle la vida.
Un grupo de medimagos trabajaron durante horas tratando de contener la hemorragia, de sacar el veneno de su sangre, y durante otras más para paliar los daños que la horrible mordida había dejado en su cuello.
Contra todo pronóstico el hombre sobrevivió, pero jamás despertó.
Luego de algunas semanas, en las que se le dieron los mejores cuidados que San Mungo podía entregar, se relegó al Profesor Snape a una sala de cuidados psiquiátricos. Allí, los padres de Neville Longbottom y Gilderoy Lockhart solían deambular.
—No hay mucho más que hacer —fue lo que los medimagos dijeron a Kingsley Shacklebolt y a Minerva McGonagall cuando se interesaron por la salud de Severus Snape.
A Kingsley lo empujaba la idea de que, un héroe de guerra no merecía ser abandonado a su suerte.
A Minerva, el recuerdo de la última palabra que él escuchó de ella: "cobarde".
Fue así que, un recién reivindicado Profesor Snape, homenajeado por su papel en la guerra y con una Orden de Merlín de primera clase, pero aun inconsciente, fue trasladado por decisión de McGonagall a Hogwarts.
Era un buen arreglo para ambos,para Kingsley no había nada más "romántico", en un sentido literario, que la idea del héroe que es acogido por su "alma mater", y, para Minerva, la idea de estar haciendo lo posible por hacer que Severus estuviera bien hacía que su consciencia se mantuviera callada.
El hombre no tenía familia que se hiciera cargo, no había algún amigo que pudiera interesarse por su estado o una esposa que le llorara.
Madame Pomfrey se encargó de su cuidado en la enfermería de Hogwarts y Minerva se convirtió en la única persona que preguntaba por su salud de vez en vez.
Él antes vilipendiado asesino de Albus Dumbledore y ahora héroe amado por multitudes de mujeres, se convirtió en un mueble más de la enfermería, un habitante silencioso y rígido que vivía tras unas cortinas blancas, como si fuera algo digno de vergüenza.
Inconsciente del tiempo y el espacio.
Vivo en términos médicos, pero muerto en términos prácticos.
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Las mujeres caminan por los pasillos. Las botas de Minerva hacen ruido al chocar contra la roca, las zapatillas de deporte de Hermione son silenciosas, el castillo es fresco a pesar del calor que hay fuera.
Caminan rumbo a la enfermería, ahora vacía, Madame Pomfrey, mucho mayor ahora que cuando fue la enfermera, en la época en que Hermione asistía a Hogwarts se ha ido, necesitada de un descanso luego de aquellos años cuidando de Severus Snape.
Las maletas de Hermione se encuentran en un rincón, ocupará una pequeña habitación de huéspedes dentro de la propia enfermería. Al fondo, detrás de cortinas y más cortinas, se encuentra Snape. McGonagall las descorre y Hermione lo ve por primera vez en años.
Tiene el cabello por debajo de los hombros y algunas canas en las sienes, las ojeras muy marcadas, como si a pesar de estar dormido no estuviera descansado, aunque no es eso lo que sorprende a Hermione, si no la barba y el bigote muy negros y descuidados, además de la bata de la enfermería —negra, eso si —, que le dan una apariencia descuidada, muy contraria a lo que fue su arreglo recargado y su vestimenta tan característica.
—¿Qué cree que le ocurre? —pregunta Hermione a la Profesora.
Ella suelta un suspiro y mira al que fue su alumno, luego su colega, su compañero de armas en la Orden del Fénix, su enemigo y ahora, ahora ya no sabe. Lo único que sabe es que luego de conocer todos los sacrificios que él hizo para que ellos tuvieran una oportunidad contra Voldemort, quisiera poder concederle la misma oportunidad, solo una. Una oportunidad para que pudiera ser feliz, aunque solo fuera una vez.
La mujer le pasa los dedos marchitos por la barba.
—No lo sé, algunas veces creo que no despierta porque no quiere, porque está cansado. Siempre fue difícil saber lo que le ocurría, incluso en su época de alumno, llegaba aquí golpeado y sangrando, pero nunca delataba a nadie. —Hermione mira al Profesor Snape, es difícil imaginarlo siendo joven, también parece haber nacido en sus cuarentas, más que nada por la arruga que se forma entre sus cejas y le da un aire de enfado permanente. —Claro que todos sabíamos que James Potter o Sirius Black tenían que estar involucrados, pero, luego ellos llegaban aquí, siempre deseosos de culpar a Severus en cuanto cualquiera preguntaba —Hermione puede ver como la mujer aprieta los labios que se convierten en una línea blanca en su rostro, —siempre llegaban aquí juntos, porque nunca lo atacaban por separado. —McGonagall desvía por fin la vista de Snape hacia Hermione. —No digo que estuviera bien y yo entonces no lo veía, pero ahora a la distancia, él siempre ha sido fuerte, mental, física y mágicamente, creo que ellos le temían, por eso lo atacaban en grupo.
Hermione asiente, claro que lo entiende.
—No se preocupe, Profesora, me haré cargo, lo cuidaré bien. Vaya descanse y dígale a Madame Pomfrey que no se preocupe. —Le sonríe con confianza. —Tomarse un tiempo para descansar es lo correcto.
—Gracias Hermione, —responde la mujer, —ni Poppy ni yo somos jóvenes ya, nos vendrá bien alejarnos del castillo un poco.
—Todo estará bien.
Las mujeres se despiden con un abrazo, de pie, junto a la cama de Severus Snape. McGonagall estará fuera un mes que aprovechará para descansar y para repasar los nuevos programas de educación para el año escolar siguiente. Madame Pomfrey dormirá hasta tarde por primera vez en tres años y comerá muchos chocolates, cosa que nunca se permite, para no dar el mal ejemplo a los alumnos. Hermione, por su parte, piensa que pasará la mayor parte del tiempo leyendo la montaña de libros que ha traído de su casa. Las tres tienen los planes ya hechos, los de Hermione no se cumplirán.
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La nada es ajena al tiempo y el espacio, la nada es vacío y oscuridad, en la nada no existe la consciencia, ni la persona. En la nada no eres, ni fuiste, ni serás.
No sabe qué es lo que le ha despertado —¿está despierto? — solo que es la primera vez que recuerda esta sensación, aunque la tuvo antes, lo sabe, aunque no lo recuerde.
Hay algo a lo lejos, es como un punto de luz, —sabe lo que es la luz, aunque no la vio antes, o al menos no lo tiene presente—. Hay una sensación, es una especie de instinto que le dice que debe alcanzar la luz, que hay algo más, que, si puede llegar allá lo verá, pero su cuerpo y su consciencia no tienen forma y ahí, en el vacío, lo más fácil es que todo siga igual, volver a dormir.
Todo se queda en silencio y se pierde de nuevo.
Y bueno, esta es una nueva historia y espero que les agrade.
Un abrazo a quien esté por aquí, nos leemos pronto.
Adrel Black
