Hola, espero que estén muy bien, disfruten del capítulo.
Disclamer.- Todo lo reconocible en esta historia pertenece a JK Rowling, a la Warner y no tengo idea de a quién más. Mío solo es la historia y la escribo sin ánimo de lucro, la estrofa del principio pertenece a la canción Perdido del grupo Warcry y fue la canción que escuchaba cuando imaginé esta historia.
Enojy!
La Voz De Las Luciérnagas
por
Adrel Black
-.-
IV
No Te Vayas
¿Dónde estará?...
¿Me buscará?...
Ahora estoy perdido
y me deben de encontrar.
(Perdido, Warcry)
-.-
No es culpa de nadie que ella no quiera casarse con Ron… bueno, en realidad es culpa de Ron… también culpa suya.
La idea de casarse con un adicto al quidditch, sonaba a algo muy lindo unos años antes, "los opuestos se atraen" suele decir la gente, pero ahora Hermione está segura que esa gente no tiene ni idea de lo que habla.
"Los opuestos se atraen" pero ¿cómo podría funcionar?, ella y Ron no tienen una sola cosa en común, ella prefiere un buen libro junto a una manta mullida y un chocolate caliente en una tarde lluviosa, Ron estar fuera montado en una escoba intentando atrapar unas pelotas y evitar otras.
Ella quiere cambiar al mundo, convertir al mundo en un lugar más justo, él quiere que lo reconozcan por la calle, quiere que nadie olvide que es un héroe de guerra, y aparecer en corazón de bruja cada dos números.
Ella quería una relación tranquila y sosegada, un compañero con quien compartir logros, alguien con quien ver como los planes a futuro se convierten en metas cumplidas y pasadas. Él quiere boletos para el siguiente mundial.
Y claro, ella quiere una cena romántica, mientras él quiere atragantarse cualquier cosa que haya sobre la mesa.
Es por todo eso que aturdida de tantos abrazos por fin llega a su casa, luego de decir sí, cuando quiso decir no y deja el anillo sobre la mesa, lo mira como si fuera un animal ponzoñoso.
Ellos —ella y Ron —han estado juntos tanto tiempo que no sabe qué más hacer, no puede solo negarse. Pensar en el rostro de la Señora Weasley mirándola con desaprobación, o Ginny y Harry sorprendidos por su repentino cambio.
No puede.
Debió poner punto final hace años, ahora solo puede asumir las consecuencias de su cobardía.
-.-
Vivíamos en Estiria, en un castillo. No es que nuestra fortuna fuera principesca, pero en aquel rincón del mundo era suficiente una pequeña renta anual para poder llevar una vida de gran señor. En cambio, en nuestro país y con nuestros recursos sólo habríamos podido llevar una existencia acomodada. Mi padre es inglés y yo, naturalmente, tengo un apellido inglés, pero no he visto nunca Inglaterra.
Hermione había empezado a leerle Carmila al Profesor Snape, supone que una buena novela gótica debía gustarle. Puede imaginarlo en medio de todo aquel paisaje hermoso y oscuro, con sus largas capas negras ondeando tras sus pasos. Es muy el tipo de escenario en el que podrías imaginarlo, con su altivez característica y sus ojos negros, caminando por grandes castillos abovedados, hechos de piedra desnuda.
Ha estado leyéndole todos los días, a veces de pociones, a veces novelas muggles, lo que evita conscientemente son las artes oscuras, no necesitan hechizos complicados y destructores en esos días de soledad.
Es temprano por la mañana, pero salir no le apetece de momento, así que, recién empezando la lectura es cuando dos lechuzas tocan la ventana, una lleva entre sus garras El Profeta, la otra una carta.
Piensa dejarlo para después, no quiere interrumpir la historia cuando comienza, pero una foto de primera plana le llama la atención, Kingsley habla sobre la redada que realizaron. Los dos mortífagos que intentaban atrapar huyeron.
Mulciber y Macnair son dos mortífagos que durante años han evadido al Ministerio huyeron de la Batalla de Hogwarts antes de que Voldemort cayera y se han mantenido en el anonimato desde entonces. Harry les ha seguido la pista durante mucho tiempo, pero han resultado ser escurridizos como anguilas y hasta el momento no han podido detenerlos, no es solo eso, según Harry le ha contado, tiene que haber cuando menos uno más y luego de la fuga de Rodolphous Lestrange de Azkaban cree, que sin duda debe de estar con ellos. Las fugas de Azkaban se han vuelto, si no usuales, al menos posibles ahora que los dementores no están a cargo, como sea los aurores son mucho más falibles que los antiguos guardianes de la cárcel mágica.
Suspira y deja El Profeta, tendrá que leerlo después, tal vez deba ponerse en contacto con Kingsley y con Harry.
Toma la carta.
Señorita Hermione Granger
La Enfermería, Hogwarts.
Hermione la abre, es de Ginny, envía muestrarios de las invitaciones y una hoja escrita con tinta azul.
Hermione:
Amiga, entiendo que te sintieras obligada a hacer este favor para McGonagall, pero mi madre y yo no podemos elegir muchas cosas, tienes que venir y hacerte cargo, además dijiste que vas a volver hasta dentro de quince días ¿cuándo iremos a comprar tu vestido? Al menos podrías decirme de qué color quieres que nos vistamos Fleur y yo.
Amiga, si Harry me hubiera pedido que nos casáramos, estaría recorriendo el mundo buscando los arreglos más lindos y el mejor vestido, y me pasaría el día pensando si debemos soltar fuegos artificiales o si habría que usar las influencias de Harry para conseguir a Las Brujas de Macbeth, pero tu en cambio decidiste ir a recluirte en Hogwarts, con Snape… ¡CON SNAPE!
Hermione ¿estás bien?
Escríbeme si has tomado alguna decisión sobre las invitaciones o sobre los colores.
G
Hermione invoca tintero, pluma y da la vuelta a la carta, escribe con caligrafía rápida, descuidada y nada propia de ella.
No quiero casarme con tu hermano.
Luego con un pase de varita desaparece todo y se echa hacia adelante deja caer la frente en la cama en la que yace Snape y llora, por su propia estupidez.
-.-
Escucha a las luciérnagas hablar. No que las luciérnagas hablen realmente, ni siquiera ahí en el vacío, pero de ellas viene el sonido.
Es la voz que vuelve constantemente a contarle historias, le habla de cosas, algunas veces incluso le acaricia, lo sabe, lo siente, aunque no lo entiende.
¿Quién es ella? ¿Por qué está con él?
Estar escuchándola de alguna manera le mantiene despierto y atento, le hace interesarse por cosas distintas y evita que quiera ¿dormir? otra vez, evita que piense en las cosas que están en la presa, los recuerdos de los que intenta huir.
Algunas veces piensa que lo mejor sería dejarse caer en la inconsciencia, que estar ahí, en medio de nada escuchando historias. No tiene ningún sentido, pero la voz lo atrae de la misma forma que la luz a las luciérnagas, así que ha creado una pequeña rutina en la que viene y escucha. La escucha.
Ella habla y cuenta, pero luego, cuando la voz se va, él duerme de nuevo, es un trato justo, eso es lo que él cree. Tener una compañía agradable y lejana, pero poder volver a la nada siempre que los recuerdos son demasiado persistentes.
Vivíamos en Estiria, en un castillo. No es que nuestra fortuna fuera principesca, pero en aquel rincón del mundo era suficiente una pequeña renta anual para poder llevar una vida de gran señor. En cambio, en nuestro país y con nuestros recursos sólo habríamos podido llevar una existencia acomoda olda. Mi padre es inglés y yo, naturalmente, tengo un apellido inglés, pero no he visto nunca Inglaterra.
Empieza la voz, él pone atención a sus palabras y en la imaginación de su mente de inmediato se forman imágenes que concuerdan con la narración.
Pero entonces la voz guarda silencio, y ya no hay nada, las luciérnagas comienzan a apagarse, como cada vez que ella deja de hablar.
Él espera, algunas veces ella se interrumpe, pero nunca deja una historia sin terminar.
Nada.
No hay nada, ella no vuelve. No hay más historia, ni voz, ni ruido, las luciérnagas se van apagando de una en una.
—Espera, —dice él a la nada y su voz se pierde en el silencio que siempre le rodea.
Luego las luciérnagas aparecen de nuevo y la escucha, pero no está leyendo, está llorando. ¿Qué pasa?, ¿alguien está haciéndole daño?
Por primera vez, desde que está aquí se siente —¿realmente está en algún lugar? —impotente.
Él no es nada, solo una consciencia volátil en medio de ninguna parte, escuchando una voz a lo lejos, mientras las luciérnagas brillan en la distancia.
De pronto es consciente de que no es nada, no puede hacer nada, que sería mejor estar muerto que atrapado, que no quiere que ella llore, que solo quiere seguir escuchando su voz.
Por primera vez necesita salir, no tocará las compuertas, no está seguro que pueda manejar los recuerdos, pero si puede salir sin tener que recordar lo hará, llegará con ella.
En la inmensidad de aquel lugar hace lo posible por acercarse a las luciérnagas, el llanto de ella es más audible, también la luz se hace más fuerte, pero luego parece que ella va a dejar de llorar, porque las luciérnagas se apagan, una a una, como bombillas fundiéndose van apagándose antes de que él pueda alcanzarlas.
—No, —dice él, el silencio se traga su voz. —No te vayas, espera.
La última luciérnaga se apaga y él se queda en la oscuridad total.
Y hasta aquí, por hoy.
Hola Lora.- ¿Cómo estás? Bueno creo que ya tienes un poco de idea sobre eso, ¿no? Gracias a ti por escribirme, nos leemos pronto.
Y bueno, creo que el siguiente capítulo será el que la mayoría está esperando, ¿saben cuál?
Adrel Black
