Hola, bueno, llegó de nuevo el fin de semana, aunque tengo que trabajar mañana aun, no es de Dios trabajar en sábado, lo digo yo que ni siquiera soy religiosa.

Disclamer.- Todo lo reconocible en esta historia pertenece a JK Rowling, a la Warner y no tengo idea de a quién más. Mío solo es la historia y la escribo sin ánimo de lucro, la estrofa del principio pertenece a la canción Parte De Tu Vida del grupo Adventus (básicamente Warcry 2.0) porque fue la canción que escuché mientras pensaba en qué tipo de relación quería que tuvieran Severus y Hermione.

Enjoy!


La Voz De Las Luciérnagas

por

Adrel Black


-.-

XV

El Último Segundo

Si creyera que es cuestión de tiempo,
te daría mil siglos enteros...
no me digas que este es el final.

(Parte De Tu Vida, Adventus)

-.-

No puede respirar, supone que es porque tiene alguna costilla rota, además sus captores apenas se han molestado en alimentarle, han pasado varios días desde la última vez que le lanzaron un mendrugo de pan, le duele el estómago a causa del hambre.

Es cuando lo escucha.

—Te digo que es ella —dice Mulciber.

Severus no le pone mucha atención, no sabe de lo que hablan, tiene la mente embotada y la única cosa en la que puede pensar es el dolor acuciante de todo el cuerpo. No recuerda haber estado en una situación tan miserable, ni siquiera en su época de mortífago. Ni siquiera cuando Nagini lo atacó, en ese momento solo esperaba morir, ahora también lo espera, solo parece que la muerte está tomándose su tiempo.

Los hombres se ríen y lo sacan de su ensimismamiento.

Rodolphus se acerca al rincón en el que Severus está atado, y amordazado, lanza una copia del profeta al suelo junto a él.

—Parece que a tu novia no le costó mucho consolarse por tu desaparición Snape, —suelta una carcajada mientras Severus mira la portada del diario, en él Hermione está retratada junto a Ron Weasley, ambos sostienen órdenes de Merlín. Severus supone que es una fotografía vieja, una fotografía de cuando la guerra recién había terminado. En el encabezado se proclama que el siguiente fin de semana Hermione Granger y Ron Weasley se unirán en matrimonio.

Lanza una mirada envenenada a los hombres que por su parte sueltan carcajadas al mirarlo.

—¿Qué podría querer esa sangre sucia contigo, Snape? —dice Mulciber. —Es joven... y deliciosa —todos siguen riendo.

—Y es la mano derecha del Ministro, —les recuerda Rodolphus —tal vez podamos colarnos a la boda. —Severus sigue mirándolos, no puede permitir que se acerquen a Hermione. Su miedo debe de traslucir en su mirada porque el mortífago le dice: —¿Acaso creíste que tu nos importas? —niega —tu fuiste una casualidad, ella es la llave para entrar en el Ministerio.

—Y llegar a Harry Potter —acota Macnair.

—Tal vez hasta la traigamos aquí a que te haga compañía —dice Mulciber, la mueca que hace es asquerosa, es una mueca a medio camino entre el hambre y la lascivia, —a que veas como nos divertimos con ella. Una maldición Imperio e imagina lo complaciente que será.

—O podemos dejarte ir —Macnair se ríe —para que vayas a ver cómo se divierte con ella Weasley.

Otro coro de carcajadas mientras Snape aprieta los puños tras la espalda. No puede permitir que se acerquen a ella. No importa si ella quiere casarse con Weasley, no importa si ella no lo quiere, si no le perdona por haberla dejado ese día en el bar, él no puede permitir que le hagan daño.

-.-

Hermione permanece sentada muy seria en medio de lo que será su familia política, no tiene mucho que decir, todos parecen felices, aun así, Ginny y Bill Weasley le lanzan miradas de soslayo. Ron por su parte la mira como si creyera que ella va a explotar de un momento a otro. Pero no es así, ella no va a explotar, él piensa que ella está molesta por su infidelidad, pero no podría estar más lejos de la realidad, Hermione no tiene la capacidad para explotar porque no tiene la capacidad de sentir, está vacía, un recipiente vacío no puede explotar a menos que lo lances contra el suelo y ella, ahora, ya no puede caer más bajo.

—Entonces instalaremos las carpas fuera en el patio. Ginny estará esperándote al frente y Harry va a acompañar a Ron mientras te espera, luego vamos a entrar nosotros y al final tú.

Hermione asiente con la cabeza.

—Creo que tengo que irme a dormir, —dice, cuando la mujer termina de hablar. —Mañana será un día largo.

—Todo está listo Hermione, no te preocupes.

Todos suponen que lo que le sucede son los nervios por la boda, qué pasaría si se pusiera a gritar que no ama a Ron, que en realidad está enamorada de su cascarrabias ex-profesor de pociones.

El pensamiento pasa como llega, silencioso.

Se pone de pie y se despide lo mejor que puede, Ron apenas le da un beso en la mejilla antes de que salga.

—¡Hermione!, ¡Hermione! —Arthur Weasley la llama mientras atraviesa el patio.

—¿Si, Señor Weasley.?

—Te acompaño fuera del terreno de la casa —dice él invitándole a que sigan caminando, ella continúa en silencio mientras él parece buscar las palabras. —El tiempo es algo extraño ¿no crees? —Hermione frunce el ceño y lo mira, pero no dice nada. —A veces los días parecen largos e interminables, —ella lo sabe, el mes que ha pasado desde aquel día en que se quedó esperando a Severus ha sido eterno, —luego hay otras ocasiones en que el tiempo parece un parpadeo y de pronto te das cuenta que has vivido años y más años, que tus hijos son mayores, que tienes nietos y que parece que todo sucedió cuando no estabas poniendo atención.

Llegan al punto en que la barrera anti-desaparición de La Madriguera termina, ambos se detienen.

—Creo que no entiendo lo que quiere decir, Señor Weasley.

—Los segundos también son extraños, cada minuto tiene sesenta y cada uno de los sesenta cuentan. —Ella niega con la cabeza, sigue sin comprender. —Lo que quiero decir, —aclara el patriarca de los Weasley, —es que, el último segundo aún es un segundo para arrepentirse. —Ella siente que se le rompe el alma ante las palabras del hombre, los ojos se le llenan de agua, él le toma el hombro y la abraza, tal como haría un padre —pasa una buena noche, Hermione, hay mucho que tienes que pensar.

-.-

La voz de Hermione llega desde lejos, como si estuviera al otro lado de un túnel, tiene los ojos cerrados por lo que todo es oscuridad, aunque su imaginación se empeña en traer luciérnagas a la escena, ellas vuelan de aquí hacia allá. Supone que nunca habrá un momento en su vida —si es que le queda vida— en la pueda disociar la voz de Hermione de las luciérnagas brillando.

"La varita es una invención Europea y aunque las brujas y magos africanos la han adoptado como una herramienta útil en el pasado siglo, muchos hechizos se realizan simplemente al apuntar el dedo o por medio de gestos de las manos. Esto les da a los estudiantes de Uagadou una robusta línea de defensa cuando se les acusa de romper el Estatuto Internacional de Ocultamiento (Simplemente estaba diciendo adiós con la mano, nunca quise que se le desprendiera la quijada)"

Abre los ojos azorado, claro, él podía hacer magia sin varita antes. Aunque solo fueron un par de veces aquella vez en la que tuvo que contrarrestar la magia de Quirrel en el partido de quidditch mientras intentaba tumbar de su escoba a Potter y alguna vez contra los mortífagos en alguna situación realmente peligrosa. Aunque claro, en esa época él estaba en plena forma, no era el despojo que está tirado ahora en este lugar a merced de esos tres, su mente era fuerte y firme, ahora su mente es un revoltijo de imágenes superpuestas unas a otras en las que lo único que parece real son los momentos vividos con Hermione.

Los tres mortífagos están dormidos, Mulciber que es el que debía montar guardia se ha quedado dormido también, despatarrado en una desvencijada silla y con la varita entre los dedos, la varita de Snape está sobre la mesa polvosa.

Nunca en la vida tuvo tanta necesidad, de que su capacidad fuera realmente —como él siempre creyó —excepcional.

Un "accio varita" es todo lo que necesita.

Trata de mover las manos, que siguen atadas a su espalda, y concentrarse, las ligaduras le ciñen, cortando la circulación y haciendo que sus dedos hormigueen. "Accio varita" piensa, incapaz de decirlo en voz alta a causa de la mordaza, aunque eso no le importa, siempre fue bueno con los hechizos no verbales, pero la madera no se mueve, sigue impertérrita sobre la mesa. Trata de concentrarse, tiene que hacerlo, pero la idea de Hermione casándose con ese gran pelmazo que es Weasley se le atraviesa en los pensamientos una y otra vez.

"Accio varita", nada.

Trata de recordar, Hermione lo ama, ella se lo dijo aquella noche. Ella es el mejor motivo para continuar, para intentar hasta lograr. La imagen de Weasley abrazándola, acariciando su cabello hace que su tristeza sea tan grande que no le alcanza la energía para convocar el hechizo que necesita.

"Accio varita", nada.

Es desesperante, no puede ser que esto esté sucediendo. Él fue capaz de cuidar de Harry Potter desde las sombras durante años y más años, él peleó dos guerras, él mató a Albus Dumbledore a sangre fría, él mintió a la cara al Señor Tenebroso por años. Él… él…

Él es un malnacido, un bastardo. ¿Cómo puede siquiera sentir que es digno de ella? Él no es digno, no lo es ahora, no lo fue antes, ni siquiera aquella noche en que la tomó en la cama de las mazmorras. Él no es digno ni siquiera de su recuerdo. Weasley tal vez sea un imbécil, pero tiene las manos limpias, Severus no puede pensar en sí mismo de esa forma. Todo en él es sucio y está impregnado de sangre y de dolor.

Por Merlín, él es escoria, un exmortífago, ¿cómo podría él tener la suerte de querer a alguien como Hermione? ¿cómo podría él tener la suerte de que alguien como Hermione le quisiera?

Cierra los ojos y con trabajo traga, tiene la boca seca, el cuerpo exangüe y el cerebro desorientado. A través de las ventanas tapiadas puede ver como está amaneciendo, tiene que hacerlo y rápido, si ellos despiertan será tarde, no cree que las fuerzas le alcancen para sobrevivir por mucho más.

Mulciber suelta un ronquido, Severus lo odia, siempre lo ha odiado, el Señor Tenebroso lo mantenía con ellos porque es un especialista en la maldición Imperio, nunca la usó con Severus, porque claro, es cruel, pero también es un cobarde. En el pasado jamás habría podido doblegar su mente.

Incluso ahora no lo ha intentado, Severus sonríe sin ninguna gracia, tal vez aún le teme. Tal vez por eso es que están haciendo esto, porque temen lo que él podría hacer si no lo rompen, seguramente el plan es, finalmente, matarlo.

"Tu fuiste una casualidad" había dicho Rodolphus, ellos iban tras Hermione, está seguro. Mira de nuevo a Mulciber, tiene las uñas largas y sucias aferradas a la varita, la sola idea de esas manos tocando el rostro de Hermione. Hermione con lágrimas en los ojos tratando de resistirse a la Maldición Imperio.

Severus puede sentir el fuego nacer en el estómago, le quema como ácido, puede sentirlo subir por su pecho y sacar el poco aire que tiene en los pulmones.

Rodolphus se remueve en una colchoneta en la otra esquina del lugar. Van a despertar de un momento a otro.

"Accio Varita" —piensa, y puede sentir la magia nacer de él y abandonar su cuerpo, ve cómo su varita rueda un poco sobre la mesa. Él es capaz, tiene que serlo, por Hermione. —"Accio Varita", —la varita rueda unos centímetros más. Rodolphus se sienta en la colchoneta, despierto, Severus desvía la vista hasta él, el pánico, el rencor y el miedo le atenazan el pecho. — "Accio varita" —la varita rueda por la mesa hasta el suelo.

Rodolphus comienza a ponerse de pie a causa del movimiento, tiene el ceño fruncido, no comprende lo que sucede.

"Accio varita" —sigue gritando Severus en su cabeza, increíblemente la varita vuela desde el suelo hasta sus manos atadas a su espalda, el tacto de la madera dura y lisa le hace sentir poderoso de nuevo.

—¡No! —grita Rodolphus y se lanza al lado del colchón buscando su propia varita.

"Diffindo" piensa Snape cortando las ligaduras de sus muñecas, y haciéndose un corte grande por el brazo en el proceso, se pone de pie.

Rodolphus despierta a Macnair y a Mulciber a causa del ruido. Severus ya con su varita en ristre, los mira a los tres mientras le apuntan, ni siquiera ha podido quitarse la mordaza.

—No vas a poder con los tres Snape, tal vez antes lo hubieras conseguido, pero no ahora —dice Macnair.

Severus siente que las piernas no le sostienen y que los pulmones no pueden conseguir suficiente aire. Macnair tiene razón, no hay forma de que pueda dominarlos a los tres, tal vez si solo fuera uno, incluso tal vez caería luchando contra dos, pero jamás podrá conseguirlo contra los tres a la vez.

Severus, escucha como los hombres lo atacan y no hace nada por defenderse, porque no quiere luchar, quiere huir.

No recuerda en qué parte exactamente está el departamento de Hermione, no cree que sea bien recibido en el Ministerio si aparece de la nada, el único lugar que recuerda claramente es, como siempre, Hogwarts. Pero antes de ir hacia allá, reconsidera. Si quiere encontrar a Hermione ella tiene que estar junto a los Weasley.

Recuerda la casa, un montón de cuartos aquí y allá, añadidos y aumentados dándole la sensación de una madriguera ¿no es así como la llaman? Un enorme campo alrededor delimitado por un cercado de piedra y setos. La conoció como uno de los escondites seguros a los que los miembros de la orden podían acudir.

Los hechizos le golpean, pero él no se inmuta, solo revolea la varita y desaparece, sus pies golpean el suelo lleno de piedras y tierra, apenas por fuera de los terrenos de La Madriguera.

En el patio se levanta una gran carpa que destella en un tono dorado incluso a la luz del día. Es obvio lo que pasa, se celebra una boda.


Debo contarles que la conversación entre el Señor Weasley y Hermione está inspirada en algo que me dijo mi padre cuando me casé hace ya bastantes años. No porque yo no quisiera casarme, o estuviera dudosa, sino porque él no quería que me casara tan joven, y estando él y yo parados fuera de la Iglesia, y el coro empezó a tocar y antes de que entráramos me dio un beso en la frente y me dijo: "recuerda que incluso el último segundo, es un segundo que sirve para arrepentirse". Siempre recuerdo eso, claro que ahora mi padre está feliz, tiene un yerno al que aprecia y unos nietos a los que adora, pero siempre lo recuerdo con cariño porque es el tipo de cosa que solo alguien que te ama mucho puede decir.

Y nada, espero que hayan disfrutado del capítulo.

Hola Lora.- No la juzgues, recuerda la de tonterías que hace uno cuando toma decisiones con la cabeza caliente, o bueno, al menos a mi me ha pasado. Y Ron, ay Ron, Ron no pinta nada aquí, es un monigote que necesita la historia para funcionar, pero es todo, olvídate de él. Ten un lindo fin de semana.

Hola Sklublakaren.- Bueno, creo que ya tienes tu respuesta, como ves ni se canceló la boda, ni hubo rescate épico, sorry, aun así os aseguro que todo saldrá bien... al final. Sobre odiar a Ron, pues bienvenida al club, aquí si lanzas una piedra de seguro le pegas a alguien que odia a Ron :D.

Hola TequilaNervous.- Bueno, lo de odiar a Ronald, créeme que ha quedado claro, todas aquí lo odiamos, no sé si es requisito para que nos guste Snape, porque aquí todas lo odian, no hay ni una que diga, bueno, Ron solo me cae poquito mal, no, es odio del bueno. Hay a mi tampoco me extraña, de hecho me parecería algo muy propio de el. En cuanto a la frase concuerdo, a mi también me la han dicho y mira que si fue lo que parecía y no solo lo fue, fue muchas cosas peores. No, justificarse, no, no le alcance el cerebro para crear una justificación. Jajaja, Netflix se está perdiendo ese nicho de mercado, un talk show así, pegaría. Ten un lindo fin de semana, nos leemos.

Hola Mey.- Bueno, al menos me libré de la "patata voladora"... de momento, ya ves que Severus ha huido, así que tranquila, no lances la siguiente patata, espera hasta el final. Mey, tranquila, prometo que se lo que hago... mas o menos. :D Ten bonito fin de semana, nos leemos pronto *corre antes de que lances*

Y bueno hasta aquí por hoy, nos leemos bien pronto, el lunes sin falta les voy a actualizar, solo una cosa, al principio de la historia dije que serían diecinueve capítulos, pero me equivoqué serán veinte, ya dicho eso, tengan un lindo fin de semana.

Adrel Black