Hola a todxs, primero a lo que vinieron y platicamos al final.

Disclamer.- Todo lo reconocible en esta historia pertenece a JK Rowling, a la Warner y no tengo idea de a quién más. Mío solo es la historia y la escribo sin ánimo de lucro, la estrofa del principio pertenece a la canción Parte De Tu Vida del grupo Adventus (básicamente Warcry 2.0) porque fue la canción que escuché mientras pensaba en qué tipo de relación quería que tuvieran Severus y Hermione.

Enjoy!


La Voz De Las Luciérnagas

por

Adrel Black


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XIX

Tres Sickles

Si creyera que es cuestión de tiempo

te daría mil siglos enteros.

No me digas que este es el final...

(Parte De Tu Vida, Adventus)

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Ha amanecido, y el sol encuentra a Hermione sentada frente al mismo espejo que la mañana anterior, Ginny está con ella tratando de cubrir con maquillaje las ojeras de la noche pasada sin dormir.

Juntas hechizaron uno de los vestidos de Ginny para que se volviera blanco, es un vestido simple, un vestido de verano acompañado de unas zapatillas de piso de un gris muy claro.

Tiene el cabello suelto y no lleva joyas de ningún tipo salvo por el anillo de compromiso que le pesa en la mano como si estuviera hecho de plomo y rocas.

Ginny tiene los ojos hinchados, ha llorado como una Magdalena cada vez que ve el rostro de dolor de su amiga, pero no dice nada, no le quedan más palabras para convencerla de que su decisión no es la correcta. Ya trató de hacerla entrar en razón, pero Hermione se niega en redondo a entender.

Siempre creyó que cuando llegara el día que se casaran, estarían felices, ese vínculo de amistad entre ellas se volvería en algo incluso más fuerte, serían familia, serían hermanas. Pero lo que tiene es a esta Hermione abatida que parece dirigirse hacia el cadalso en lugar de a su boda y el dolor de saber que su mejor amiga y su hermano están apostando por una vida miserable.

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El amanecer apenas ha llegado y lo encuentra en la casa abandonada en Soho, el ambiente huele a mugre, encierro y sangre, Minerva le dijo que el Ministerio pudo atrapar a los mortífagos gracias a que él dio la alarma. No habían intentado irse, pensando que su escondite seguía siendo seguro.

Camina hasta el rincón en el que estuvo amordazado durante casi un mes. Es ahí donde lo encuentra, cubierto de polvo y con una muesca en una de las caras, el dije de luciérnaga que creó para Hermione a partir de tres sickles de plata.

Lo pasa entre sus dedos quitándole el polvo de encima.

Fregotego —dice apuntando la varita. Ahora reluce como si fuera nuevo, pero la muesca no desaparece, piensa en repararla, pero no, es justo así como parece más hermoso, es imperfecto y dañado como él, pero eso no demerita ni su valor, ni su contenido.

Suelta el aire y trata de encontrar la fuerza para hacer lo correcto.

—Más vale que tengas razón, Minerva —dice al lugar vacío. Luego desaparece con rumbo a La Madriguera.

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Aparece en el mismo lugar que el día anterior, aunque su situación es, por mucho, mejor. Aun así le duele el pecho y se siente tembloroso, lo achaca a los maleficios sufridos en lugar de al nerviosismo.

Nunca ha sido un hombre nervioso, siempre ha podido controlar su cuerpo y su mente de forma envidiable, ahora mismo ese control se está rompiendo, tal vez porque no es su vida lo que está en riesgo si no algo mucho más valioso, el futuro.

Camina por el descampado y cruza hacia los terrenos de La Madriguera, el patio aún sigue en orden pero no hay ni rastro de las carpas del día anterior, dentro de la casa se puede escuchar el bullicio.

Escucha un plop a su espalda, Minerva en un imponente vestido negro y con su sombrero puntiagudo acaba de aparecer.

Él se detiene y ella le da alcance con paso firme, nadie adivinaría su edad.

—¿Qué haces aquí?

—Sabía que estarías aquí —responde la mujer.

—Eso no responde a mi pregunta, Minerva.

—Soy tu apoyo moral, Severus.

Él rueda los ojos y resopla.

—No soy un niño, soy un hombre cuarentón —jamás dirá en voz alta lo mucho que aprecia el gesto.

Severus llama a la puerta y Harry con las cejas alzadas por el asombro atiende.

—Profesor Snape, Profesora McGonagall, que sorpresa. Adelante.

El clan Weasley al completo está en el recibidor, Ron Weasley de pie, vestido de pantalón gris y camisa azul parpadea al verlos.

—Severus, —saluda el Señor Weasley, —Minerva. Que inesperado.

—Lamentamos mucho importunarlos... —empieza a hablar la mujer, pero Severus la interrumpe.

—Debo hablar con la Señorita Granger, ¿está ella?

—Ella está ocupada —Ron da un paso al frente, Severus puede ver el miedo reflejado en sus ojos azules, pero aun así el chico no se amedrenta. —Soy su prometido, puede hablar conmigo.

—El tema que debo tratar con ella es… personal.

—Precisamente por eso puede tratarlo conmigo.

Harry se acerca a Ron, como si se estuviera preparando para intervenir, Severus puede ver como Arthur y Bill hacen lo propio, pero Severus duda que el chico se atreva a atacarlo, puede ver como le tiemblan las manos.

—Me temo que no, Señor Weasley. Hasta donde sé ella y usted aún no están casados, por lo que, los asuntos personales de ella, son solo de ella.

—Ella es una mujer comprometida Prof… —empieza Ron, pero luego se corrige —Señor Snape, estamos esperando al funcionario del Ministerio que nos casará hoy mismo. —El pelirrojo hace lo que puede por mantenerse firme, pero timbre agudo en su voz, no ayuda a dar el efecto de hombría que intenta aparentar.

Snape hace una mueca, el chico sigue siendo un pelmazo, pero al menos parece que la vida y la guerra lo han forjado, ya no se comporta como un pusilánime, aun cuando, en el fondo, siga siéndolo.

—Bueno, si ella es su prometida no veo en que pueda molestarle que yo hable con ella. Si está tan seguro de que se casarán esta mañana, en qué le afecta. —Ron aprieta los puños, se acerca a la mesa y toma su varita, Severus lleva la propia en la mano.

—No Ron, —dice Harry al verlo.

Severus, sin dejar de apretar su varita, pero sin demostrar el menor temor, sigue el curso de los movimientos de Ron.

—No lo haga Señor Weasley, no nos conviene a ninguno.

—¿Pero qué es lo que sucede? —pregunta Molly. —¿Minerva?

—Es un asunto entre Severus y Hermione, Molly, —responde la Directora. —Ninguno de nosotros debería intervenir.

Ron vuelve a dejar la varita en la mesa "lo sabía", piensa Severus "cobarde" Ron se vuelve hacia él.

—Puede hablar con ella de lo que quiera, Snape. Pero ella y yo hemos estado juntos por años, nada de lo que le diga la hará cambiar de opinión.

—¿Entonces a qué le teme?

—Es la primera puerta de la izquierda —Ron se aparta de las escaleras. Severus camina hacia allá. —Ella no cambiará, ella me ama.

Severus lo mira de arriba a abajo, pero no dice nada, solo sigue su camino subiendo hasta la puerta que le indicó.

-.-

Hermione se pasa un paño por el rostro y se deja sin maquillaje, se ve cansada.

—No, Ginny —dice a su amiga —no importa cuanto maquillaje uses, las ojeras no se van a ir. Solo déjalo así.

—Pero… —se escucha como llaman a la puerta, ambas se vuelven —espera, veré qué quieren. —La pelirroja se acerca y abre, Severus Snape, muy serio está bajo el dintel. —¿Profesor Snape?

Hermione la mira con sorpresa, entonces escucha la voz de Severus.

—Señorita Weasley. —Ella con la boca abierta y sin preguntar qué hace ahí se aparta, el hombre entra en la habitación, Hermione está de pie en un rincón, luce cansada, pero hermosa, como siempre. —¿Nos permitiría un momento? —pregunta mirando a Ginny.

—Claro.

Ginny sale de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

—¿Qué haces aquí?

—Necesito hablar contigo.

—No —es la respuesta, —dijiste todo lo que había por decir en San Mungo.

—Dije lo que creí que necesitabas oír.

—¿Qué?

—Ese día, —empieza Severus acercándose a ella, —el día que nos veríamos en el bar pasé por tu departamento, fue así como los mortífagos me encontraron. Estaban buscándote a ti.

—No es verdad, yo estuve en el departamento hasta muy tarde ese día.

—Era el único lugar de Londres que podía recordar para aparecer, así que llegué a un callejón cercano, pensé en llegar a buscarte, pero habíamos prometido vernos en el bar y solo seguí caminando por la calle principal, fue como me encontraron.

Hermione se cubre la boca con la mano, pero no está dispuesta a creerlo.

—Eso no cambia nada lo que pasó, —responde.

—No podía escapar, me torturaron por días y más días —ella puede sentir como se quiebra, tiene que poner un freno a aquello, o no va a poder cumplir su promesa para con Ron. —Recordé cuando leías para mi, estabas leyéndome un libro de Historia de la Magia, me hablaste de la magia sin varita. —Ella lo recuerda, fue una de las primeras cosas que leyó para él. —Yo podía hacer magia sin varita antes, después de todo lo que pasó ya no me sentía capaz y fue difícil, pero lo conseguí. Fue por eso que estaba tan herido cuando llegué aquí, porque no pude defenderme, todo lo que pude hacer fue desaparecer para buscarte. Por eso tenía tantas heridas frescas cuando aparecí.

—¿Por qué has venido?

—Cuando estuviste en el hospital dije lo que creí que era lo correcto —él se aprieta el puente de la nariz antes de seguir hablando —todavía lo creo. Creo que no mereces a alguien como yo en tu vida, alguien con tantas cicatrices, alguien que ha vivido tanto. —Ella se lleva la mano al pecho, como si le doliera. —Pero también creo, que no mereces una mentira, que mereces que diga la verdad. —Hermione no puede evitar empezar a llorar. —Te amo, te amé incluso antes de saber quien eras, antes de conocerte ya te amaba, cuando estaba allá, en el vacío, tu luz brillaba en esa oscuridad y me atrajo, me iluminaste como lo hacen las luciérnagas en ese claro —lo único que se escucha además de las voz de Severus en la habitación son los sollozos de Hermione. —Tu conoces mi historia con Lily, —ella asiente —la amé más allá de su muerte, y fue necesario perder la memoria para que ella saliera de mi corazón y tu pudieras llegar, porque esa es la forma en que amo, sin ningún reparo. —Él guarda silencio, Hermione no pensó jamás que Severus Snape, pudiera parecer tan vulnerable, no después de la noche que pasaron juntos, creyó que era una faceta que no volvería a ver, pero ahí está de pie, con los ojos tristes y serios. —Te amé entonces cuando no tenías rostro, cuando solo eras una voz que venía desde las luciérnagas, en mi mente. Te amé en el bar, cuando fuiste una mujer de carne y hueso que me abrazaba bailando una canción que yo no entendía; te amé en el claro, cuando compartimos ese lugar secreto; te amé en mi cama, como jamás a otra mujer. Te amo ahora, cuando siento que ya no eres mía y te voy a seguir amando, luego de hoy, pase lo que pase, porque esa es la forma en la que sé amar.

Él mete la mano al bolsillo de su pantalón y saca la cadenilla de la que pende el dije de la luciérnaga. le da vuelta entre sus dedos, luego mira el imponente anillo que ella lleva en su dedo, en nada se compara el valor de ese anillo, con este obsequio que, literalmente, cuesta tres sickles.

—Te llevaba este obsequio ese día al bar, no es valioso, en realidad, transforme tres sickes en él. —Extiende la mano para que ella lo tome, la mano de ella tiembla mientras cierra los dedos en torno a la medalla —tiene una muesca, se la hizo algún hechizo que me golpeó mientras estuve en Soho, lo lamento, —termina él antes de soltarla. Le toma un momento poder continuar: —no vine a hacerte cambiar de opinión, solo vine a entregarlo. Te amo Hermione.

Él le pasa una mano por el cabello, despéjandole la frente, para dejarle un beso. Luego da media vuelta y sale de la habitación.

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Severus baja la escalera pesadamente, los Weasley, Potter y McGonagall están de pie muy serios, Molly acribilla a preguntas a Minerva mientras ésta sólo niega. Un hombre al que no vio antes, pero de traje muy formal está también de pie con cara de estar perdido, debe ser el funcionario del Ministerio.

Todos lo miran con el ceño fruncido y las preguntas grabadas en los rasgos. Salvo por Ron, a él se le ve el triunfo bailando en los ojos azules.

Severus no dice nada, camina, pisando fuerte hasta cruzar la casa.

—Severus, —lo llama Minerva, pero él la detiene con un gesto de negación.

—No, Minerva. Todo está bien. —Luego aún muy serio acota —gracias por el apoyo.

Sigue caminando fuera de la casa.

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Hermione se ha tenido que sentar en la cama de Ginny, incapaz de que le sostengan las piernas. Tiene la medalla en los dedos, es una medalla pequeña y muy pulida el grabado es de una claridad increíble, una luciérnaga con las alas abiertas, jamás pensaría que Severus fuera capaz de convertir tres sickles en algo tan bello.

Da vuelta a la medalla, en letras muy pequeñas y pulcras como de filigrana se puede leer una frase:

Eres La Voz De Las Luciérnagas.

Llora aun más fuerte, no puede hacer esto, no puede, no puede dejar que se marche.

Como un remolino sale de la habitación, baja las escaleras corriendo, sus zapatillas apenas hacen ruido contra el piso.

Todas las personas reunidas en la casa en ese momento miran la puerta por la que Severus ha salido, luego como coordinados se vuelven hacia Hermione.

—Hermione ¿qué es...? —empieza a decir Molly pero la chica no le presta atención.

Llega hasta donde está Ron, se ve feliz.

—Lo lamento Ron, te devuelvo tu anillo y tu promesa. Lo siento mucho, —pero son solo palabras, apenas puede contener la sonrisa.

Se vuelve, Fleur tiene los ojos entornados, como si la escena la entretuviera, Bill y Harry la ven con interés, mientras George parece confundido, Molly se ha cubierto la boca, horrorizada, por su parte Ginny sonríe de oreja a oreja cuando ella pasa, es ante Arthur ante quien se detiene.

—Gracias, Señor Weasley.

—Siempre serás bien recibida con nosotros, Hermione. —Ella sonríe aún más.

—Corra, Hermione —la apresura McGonagall.

Lo último que escucha es al funcionario del Ministerio preguntar:

—¿No es esa la novia?

Ella sale de la casa, Severus está a medio camino del patio, hacia el punto en el que podrá desaparecer.

—¡Severus! —grita —¡Severus, no te vayas!

Él se vuelve para verla corriendo a su encuentro. Y el encuentro es estrepitoso, le saca el aire de los pulmones, y le lastima las heridas recientes del pecho, pero no se queja, ella le rodea el cuello con los brazos, mientras él se agacha un poco para poder abrazar su cintura.

—Te amo, Severus —él tiene los ojos cerrados y el rostro enterrado en el cabello de ella. —Te amo, te amé entonces, te amo ahora y quiero amarte siempre, también quiero amarte siempre. —La voz de ella está rota por las lágrimas, él la aprieta aun más fuerte, incapaz de creerlo.

Suelta un poco el abrazo y la mira, pero ella toma la iniciativa, le toma las mejillas de él y lo besa, porque no va a dejarlo ir, luego se abraza a su cuello de nuevo y él no se queja.

Harry, Minerva, los Weasley y el hombre del Ministerio han salido de la casa y atestiguan la escena.

—No entiendo qué ha ocurrido —dice Molly.

—¿No es obvio? —aclara Ginny muy sonriente y con los ojos lagrimeando. —Hermione está enamorada del Profesor Snape.

—Pero ¿cómo? —vuelve a hablar la matriarca de los Weasley.

—Yo no lo sé —dice George, pero la risa le baila en los ojos y la voz —pero jamás dejaré que Ron olvide que lo plantaron por Snape.


Han sido días muy difíciles estos, mi familiar no ha mejorado y ahora yo también me encuentro enferma, es por eso que no había podido pasar a actualizar, sin embargo, ahora estoy en casa con mi familia, aunque estaré incapacitada cuando menos dos semanas.

Hola Skulblakaren.- Tranquila con la frustración, ya vez que todo va saliendo bien. No, cómo crees que la voy a dejar siendo feliz con Ron, ni siquiera yo soy tan malvada. Gracias por los ánimos y por los buenos deseos. Ay a mi me encanta Warcry, Adventus... pues apenas tiene un disco y aunque hay canciones que me gustaron mucho, como esta de Parte de tu Vida, la verdad no todo el disco me gustó. Ya veremos cuando tengan mas trabajos si logran superar a Warcry.

Hola TequilaNervous.- Si, bueno se tiene que ser muy terco para sobrevivir a Voldemort y a Dumbledore, o sea, Snape en esta historia a sido tan terco que básicamente despertó de la muerte, pero bueno, ya vez que todo a salido bien, ya tranquila. Ya ni siquiera odiar a Ron vale la pena, porque ya no pinta nada.

Como les había dicho, este sería el final, pero tengo un epílogo, lo dejaré publicado de una vez, para no retrasarme más.

Adrel Black