Estoy aislada con covid y en vez de ponerme a escribir mis historias anteriores, ¿qué hice ?: escribí una nueva. Lo siento, así de desorganizada soy.
Esto no está revisado, simplemente lo escribí hoy, así que puede tener muchos errores.
Ninguno de los personajes que reconozcan me pertenece. Sólo Emilia salió de mi imaginación.
SEVERUS SNAPE NECESITA UNA MUJER
Hermione dejó caer a un lado el periódico de esa mañana, soltando un pequeño bufido de irritación ante el nuevo artículo que hablaba sobre Severus Snape.
Habían pasado cinco años desde el final de la guerra y los periódicos y revistas del mundo mágico simplemente no podían dejar en paz a algunos de los participantes de la misma. Era simplemente irritante el modo en que solían hablar de ella, de Ronald o de Harry. Severus Snape, los Malfoy e incluso otros miembros de la familia Weasley eran también recurrentemente mencionados.
¿A caso les costaba demasiado dejarlos en paz? Estaba segura que había otras cosas más importantes de las cuales hablar más allá de si Ronald y ella tenían intenciones de retomar su fallida relación o de si Severus Snape era realmente aquel que aparecía en la fotografía tomada en Londres, llevando de la mano a un niño que no se parecía demasiado a él.
Bueno, iba a admitir que esto último quizás sí podría interesarles a muchas personas pero no era asunto de nadie más que del mismísimo Snape.
—Escuché un rumor de que es el hijo que tuvo con una de sus antiguas amantes y que se vio obligado a cuidar cuando a ella la mató el mismísimo Voldemor.
Hermione dio una mala mirada a su amiga pelirroja. Al notarlo, ésta se encogió de hombros simplemente.
—Es sólo un rumor — indicó con cierto tono defensivo—. Algunas de mis compañeras comenzaron a hablar del tema y yo sólo estaba ahí escuchando… ¡Deja de mirarme así, Hermione!
—Podrías haberles dicho que dejen de rumorear sobre temas que no conocen.
—Como si me hubieran hecho caso. Si les hubiera dicho eso, hubieran pensado que sé algo más.
—Ginny tiene razón, Hermione — intervino Luna mientras untaba mermelada de calabaza en su tostada—. Las personas son curiosas por naturaleza ya veces suelen hablar de las cosas que no comprenden o conocen por el simple placer que les da saber que serán escuchadas.
Hermione suspiró. No podía negar eso.
—Además — diciendo Luna con el mismo tono calmado de siempre—, a el profesor Snape realmente no le importa. Ha dejado de leer El Profeta hace muchos años.
Las dos antiguas Gryffindor alzaron el rostro hacia Luna para contemplarla con profunda sorpresa.
- ¿Cómo sabes eso, Luna? —Preguntó Ginny.
—Porque él lo comentó hace unos meses en uno de los almuerzos que tuvieron en la mansión.
De todos los caminos que tenía la vida, que Luna Lovegood terminara en una relación romántica con Draco Malfoy era el más sorprendente de todos. Ellos también eran una fuente importante de "noticias".
- ¿Ves al profesor Snape seguido? —Quiso saber Hermione, simulando que realmente no le importaba cuando su corazón se aceleraba ante la posibilidad.
- ¡Oh no! —Gimió Ginny— ¡Detente ahí, Hermione!
- ¿What?
- ¡No quiero escucharte suspirar por ese hombre de nuevo, Hermione! Ya tuve que escuchar defenderlo, enumerar sus cualidades y ver como soñabas despiertas con sus manos cuando eras su estudiante… ¡Pensé que habías superado tu enamoramiento!
Hermione sintió que sus mejillas ardían.
—Yo no tuve nunca ningún enamoramiento por el profesor Snape — indiqué con calma para intentar no delatarse.
- ¡Era tan obvio que estoy segura que incluso él se dio cuenta! —Insistió Ginny.
¡Joder, rogaba que no !, pensó Hermione mientras sentía que todo su rostro se volvía rojo.
—No creo que se haya dado cuenta. En aquel entonces el profesor estaba con demasiadas cosas en su cabeza como para darse cuenta si alguna estudiante suya estaba enamorada de él — notó Luna.
- ¡Yo no estaba enamorada de él! —Protestó casi gritando.
—No tienes que avergonzarte, Hermione — intentó tranquilizarla su rubia amiga mientras Ginny reía divertida ante la mortificación de la ex de su hermano—. Creo que si tuvieran la oportunidad de conocerte, harían una bonita pareja. Además, él es un padre tan dedicado… ¡Y adorarás a Emilia cuando la conozcas!
- ¿Emilia? —Preguntaron al unísono Ginny y Hermione.
—Sí, es su hija adoptiva — les informó Luna—. Tiene seis años y es muy inteligente. Realmente no sé cómo es que terminaron being padre e hija pero puedo preguntarle por ti, Hermione.
- ¡No! ¡No, Luna, no hagas nunca eso! —Le rogó la joven mujer, sintiendo la vergüenza de sólo pensar en la pensar en la posibilidad.
—O puedes ir conmigo a la mansión la próxima vez que ellos sean invitados — siguió sugiriendo Luna.
—Gracias, Luna, pero no será necesario — aseguró con una calma que no sintió.
Habían pasado demasiados años. Tenía que olvidarse de Severus Snape… y dejar de venir a desayunar con sus amigas. Algunas conversaciones podrían resultar peligrosas.
….
- ¡Esto es tan tonto!
Severus miró a su hija mientras intentaba ocultar la diversión que sintió.
- ¿Lo es?
- ¡Sí! —Aseguró mientras intentaba volver a dibujar, sin borrar la mueca de disgusto de su pequeño rostro— ¿Por qué la maestra cree que hacernos dibujar nuestro mayor deseo es algo productivo? Prefiero las sumas y las restas.
—Por supuesto que lo prefieres.
Era viernes y mientras él se preparaba la cena, su querida Emilia debía terminar ocupada con sus deberes escolares.
La niña era energética, charlatana, demasiado inteligente e increíblemente terca. Desde que había aprendido a leer, hacía unos seis meses atrás, no había parado de hacerlo y prefería tener un libro en su mano o pasar su tiempo haciendo cálculos antes de que dibujando, bailando o jugando. Bueno, a menos que fuera con Teddy Lupin, a quien desgraciadamente consideraba su mejor amigo.
- ¿Cómo te gustan las mujeres?
Severus se quedó de piedra al oír aquella pregunta hecha con la inocente voz de su hija.
Giró el rostro y la miró, pero ella seguía luchando con el papel y el lápiz, borrando y volviendo a dibujar.
- ¿What? —Preguntó mientras se acercaba a mirar lo que hacía.
Pudo reconocerse a sí mismo en una de las imágenes. Era algo parecido a una persona con cabello oscuro que le caía a los costado del rostro, vestido de negro… había un corazón rojo a un lado… y más allá, una masa borrosa sin forma que su hija luchaba por detallar.
- ¿Qué estás dibujando?
—Te dije que mi maestra quiere que dibujemos nuestro mayor deseo — le dijo con un tono molesto, como si no pudiera creer que tuviera que repetir sus palabras.
—Eso lo entendí — aclaró—, pero quiero saber cuál es tu mayor deseo y porqué me preguntas sobre cómo me gustan las mujeres.
—Mi mayor deseo es que seas feliz y para ser feliz debes tener una mujer a tu lado. Eso es lo que me dijo tía Cissy.
Severus maldito internamente a la Narcissa.
—Eso no es cierto — contradijo—. I'm happy.
—Eso no es cierto — repitió Emilia, dejando a su lado su trabajo para contemplar a su padre—. Quizás crees que eres feliz pero no lo eres en realidad. Escuché a tía Cissy diciéndole a tía Andrómeda que Draco no sabía que necesitaba una mujer para hacerlo feliz hasta que le pidió a Luna que fuera su novia… También podrías tener una novia y ser feliz — sugirió la niña—. Después pueden casarse y yo debería tener una mamá.
La mirada brillosa y llena de ilusión que vio en los ojos de su hija al decir aquella última palabra, hizo que el corazón de Severus latiera con dolor.
—Tú tienes una madre — le recordó.
—Sé que tengo a mamá — le aseguró mientras se llevaba una de sus manitos a su pecho—. Y que está siempre conmigo aquí. Pero quiero una mamá a la que pueda ver y abrazar.
—Me tienes a mí — intenté animarla—. Yo te abrazo siempre.
Emilia rió como si él hubiera dicho algo increíblemente divertido.
—Pero eres mi papá, no una mamá. Además, una mamá puede trenzarte el cabello y sabe sonreír como el sol. Y sus besos te curan.
- ¿De dónde sacaste eso?
—Lisa leyó un poema el otro día — le informó—. Y dijo que las mamás también compran helado.
—Emilia, yo te compro helado, te abrazo y te doy besos. Y estoy seguro que trenzar tu cabello no puede ser tan difícil. No necesitas a una mamá… y yo definitivamente no necesito una mujer — Dio un beso en la cabeza de su hija y rogó que el tema quedara finalizado—. Busca otro deseo que dibujar.
Pero debió de haber imaginado que su terca hija no iba a simplemente olvidarlo.
….
—Cuando sea grande, me casaré con Mimmi —informó Teddy a Emilia.
La niña miró a su mejor amigo confundida.
- ¿Tu niñera? —Cuestionó.
-Si.
Emilia nunca había conocido a la niñera de su mejor amigo del mundo pero si Teddy quería casarse con ella debía de ser muy buena.
—Está bien — se encogió de hombros— ¿pero no es muy grande para ti?
Teddy frunció el ceño y consideró la pregunta.
—Supongo que sí. Cuando nos casemos, ella será muy vieja — admitió con un tono de desilusión pero rápidamente puso una sonrisa en su rostro cuando una nueva idea llegó a su mente— ¡Entonces me casaré con Vicky! Tiene seis y le gustan mucho los helados, como a mí.
Emilia tampoco conocía a Vicky pero sonaba como una mejor esposa para su mejor amigo del mundo.
- ¿Y cuántos años tiene Mimmi?
—No sé — Teddy realmente no lo sabía pero intentó adivinar— Mi abuela tiene como cien años y Mimmi no es tan vieja. Debe tener… cuarenta.
—Mi papá tiene cuarenta y cinco — comentó—. Si Mimmi tiene cuarenta puede casarse con mi papá y ser mi nueva mamá.
Teddy suspiró.
—Pensé que tu papá te había dicho que no quería casarse.
- ¡Claro que quiere! Tía Cissy me dijo que todavía no lo sabe pero que realmente lo necesita para ser feliz — aseguró con rotundidad— ¿Crees que Mimmi sea una buena mamá?
—A veces me lleva a comer helado —le dijo como si eso fuera un punto realmente fundamental—. Y yo lee cuentos. Es linda. Creo que será una buena mamá… pero tu papá no la conoce.
- ¡Pero puede conocerla! —Exclamó con entusiasmo — Y estoy segura que se enamorará de ella y se casarán… ¡Y yo tendré una mamá linda!
Teddy sonrió, contagiado por el entusiasmo de su mejor amiga del mundo entero.
...
Hermione se movió incómoda sobre su asiento, sintiéndose muy fuera de lugar en aquella mansión llena de lujo y ostentosidad. Miró a su amiga pelirroja desde su posición y notó que se encuentran en iguales condiciones, lanzando miradas nerviosas a su alrededor mientras daba disimulados tirones a su camisa en un intento vano de borrar las arrugas de la prenda. Ella misma había estado intentando acomodarse el cabello una y otra vez, sintiendo que éste era más incontrolable que nunca…
¡Y no quería ni siquiera mirar su vestimenta! Unos jeans y una camisa. Quizás estaba bien para el cumpleaños de Teddy si se hubiera celebrado en la casa de Andrómeda Tonks pero inesperadamente la reunión se había trasladado a la Mansión Malfoy, ya que la dueña de la casa había anunciado que había organizado una "pequeña fiesta". Pero de pequeño, aquello no tenía nada.
¡Había ponis, por Circe! ¡Y muchos más niños de los que el cumpleañero podía conocer!
- ¿Esto no es demasiado elegante como para ser una fiesta para niños? —Le susurró a Ginny con prisa.
- ¡Vaya que sí! —Exclamó mientras lanzaba una mirada a las copas irrompibles llenas de jugo de fruta ya la orquesta que tocaba a un lado, siendo completamente ignorados por los invitados— ¡El pastel tiene cinco pisos! ¡Y hay una barra de helados! —Dudó unos segundos pero finalmente se encogió de hombros—. Voy por uno, ¿también quieres?
Hermione estaba por negarse pero el helado venía también en copas y los bañaban en caramelo, chocolate o cualquier salsa de fruta que uno quisiera ¡No podría jamás resistirse a algo así!
—De menta con chocolate, por favor — pidió con una sonrisa vergonzosa.
Ginny puso los ojos en blanco.
—De todos los gustos, tienes que pedir el peor — gruñó antes de ir a la barra de halados.
Hermione siguió mirando a su alrededor, esperando ver algún conocido. Sabía que Harry y Ron estaban en una misión pero debería de poder hallar a Luna, Draco oa la misma Andrómeda. Sin desear moverse de la mesa en la que estaba ella y Ginny instaladas, se acomodó mejor en la silla mientras observaba un grupo de pequeños correr, soltando risas de felicidad mientras un mago alto y delgado los llamaba para… ¿Jugar al Quidditch? ¡Esas eran mini escobas!
- ¡Mimmi!
Hermione no tuvo demasiado tiempo para reaccionar pero logró atrapar al pequeño Teddy cuando éste saltó sorpresivamente a su regazo y la abrazó por el cuello con fuerza. Ella lo abrazó a su vez, sonriéndole, un poco sorprendida por el efusivo saludo ya que lo había visto momentos antes, cuando lo felicitó por su cumpleaños.
- ¿Estás pasándolo bien?
— ¡Es el mejor cumpleaños del mundo! —sonrió ampliamente— ¿Quieres conocer a mi mejor amiga del mundo?
—Por supuesto—le sonrió, aún algo conmocionada por el comportamiento del niño.
Teddy bajó de sus piernas y sin perder tiempo la tomó de la mano para comenzar a arrastrarla hacia donde más personas habían. Tuvieron que esquivar a muchos niños, a muchas padres y una importante cantidad de elfos domésticos ataviados con túnicas verdes. Fue en el sector de "El sombrero seleccionador", donde encontraron a la mejor amiga del mundo de Teddy.
Era una niña de estatura baja, delgada, con el cabello rubio muy corto y unos ojos marrones llenos de vida y curiosidad. Estaba usando un vestido largo y una túnica que le recordó mucho a Minerva McGonagall. Era ella la que hacía que los demás niños se subieran a un taburete donde le colocaba una réplica sin vida del Sombrero Seleccionador. Miraba los rostros de los alumnos muy de cerca y, tras unos segundos, gritaba a todo pulmón la casa de Hogwarts a la que pertenecerían.
— ¡Slytherin! —gritó en ese momento y el niño que tenía el sobrero en su cabeza puso una enorme sonrisa en sus labios al escucharlo.
— ¡Emilia! —la llamó Teddy de repente.
Hermione frunció el ceño, recordando demasiado bien que ese era el nombre de la hija de Severus Snape. Pero no podía ser posible, ¿verdad? Porque de otro modo se hubiese enterado que Teddy era amigo de la hija de su antiguo profesor.
La niña dejó su juego sin pensarlo dos veces y fue corriendo hacia ellos. Cuando estuvo frente a Hermione, la miró con fijeza como si estuviera evaluándola de algún modo. Y pareció aprobarla porque le sonrió de manera encantadora mienta.
— ¿Cuántos años tienes? —fue lo primero que le preguntó. Porque Teddy dijo que tenías cuarenta.
La joven mujer contuvo la risa, preguntándose si debía de darle clases de matemática al pequeño para que supiese realmente cuánto era cuarenta o si debía de mirarse más seguido y evaluar su imagen… ¿A caso realmente parecía una mujer de cuarenta años?
—Tengo veinticuatro—respondió— ¿Y tú?
—Tengo seis años, dos meses y cuatro días — explicado— ¿Te gusta comer helado?
—Sí — dijo divertida.
- ¿Y lees cuentos?
—Adoro leer cuentos — admitió ampliamente, lo que que la niña se emocionara.
- ¿Y qué opinas de tener mascotas?
—Tengo un gato.
- ¿Y te gustan los perros? ¿Los conejos? ¿Los peces? ¿Los búhos?
—Me suelen gustar todos los animales, por lo general — admitió la bruja.
- ¿Y te gustan que te abracen?
- ¿A quién no le gustan los abrazos? —Preguntó una vez, sin poder comprender bien el propósito de todas estas preguntas.
- ¿Sabes preparar chocolate caliente?
—Hago el chocolate caliente más rico del mundo entero — dijo con orgullo y Teddy, a su lado, asintió con efusividad—. Y también sé preparar tartas de calabaza.
Hermione no lo sabía aún pero a los ojo de la niña, ella era la mamá perfecta que estaba esperando.
...
Severus no había asistido a la fiesta de cumpleaños del nieto de Andrómeda por cuestiones laborales pero en cuanto se desocupó, fue a buscar a su hija mientras rogaba internamente que no se hubiera mentido en ningún tipo de problemas.
Solía ser una niña buena la mayor parte del tiempo. Pero seguía siendo una niña y hacía comentarios fuera de lugar y actuaba sin pensar, lo que a veces no llevaba exactamente al mejor resultado.
Llegó a la mansión y no se sorprendió al descubrir la enorme fiesta que aún se estaba llevando a cabo. Narcissa había intentado hacer algo similar cuando Emilia cumplió los seis pero él se negó rotundamente e incluso se atrevió a amenazarla si hacía algo a sus espaldas.
Buscó entre la multitud hasta que vio un par de cabelleras rubias. Se acercó a ellas y las saludó con un movimiento brusco de su cabeza.
De todas las parejas que podrían formarse, el Destino quiso que Draco Malfoy y Luna Lovegood fueran una. Severus estaba seguro que los antepasados Malfoy estaban revolcándose en su tumba en ese momento.
- ¿Han visto a mi hija? —Le preguntó a la pareja.
Luna asintió y Draco puso una sonrisa burlona en sus labios que hizo que el antiguo profesor sospechara del buen comportamiento de Emilia.
—Por supuesto que sí respondió — éste.
- ¿Qué ha hecho ahora? —Preguntó con un suspiro de resignación.
—Ha pasado la mayor parte de la tarde hablando con Hermione — le explicado Luna.
- ¿Hermione? ¿Hermione Granger? —Preguntó confundido.
Hacía muchos años que no sabía nada de la chica. Había oído algunas menciones de su nombre aquí y allá por los conocidos en común pero nada significativo. Por qué su hija había demostrado tanto interés por la chica iba más allá de su comprensión.
—Están en la biblioteca — le informó Draco.
La mente de Severus se llenó de comprensión finalmente.
Sin perder el tiempo, fue al lugar indicado. Debía de haber adivinado que en algún momento su hija se iba a enterar de la existencia de alguien como Granger e iba a quedar encantada. La chica había sido una ávida lectora y su querida Emilia iba por el mismo camino ... ¿y dónde más podrían estar ellas si no era en una biblioteca, incluso si había una maldita fiesta fuera?
-… pero realmente no creo que esa sea su intención —oyó que decía la voz de su hija—. A veces suele ser muy gruñón pero es un buen papá. Incluso me compra helado y se ha esforzado mucho en aprender a trenzarme el cabello. Yo siempre le digo que me gusta para no herir sus sentimientos pero en realidad lo hace muy mal… pero no le vayas a decir que dije eso.
Severus sonrió sin poder evitarlo. Su hija no era precisamente una buena actriz, por lo que sus intentos de simular su disgusto ante los peinados que él hacía fracasaban terriblemente. Además, él la conocía mejor que nadie en el mundo. Una sola mirada a su rostro bastaba para saber qué pensaba.
- ¡Oh, no te preocupes! Te prometo que no le diré a nadie.
Su hija y Granger estaban dándole la espalda, de pie frente a una gran repisa, charlando y contemplando los títulos de los libros.
- ¿Qué opinas de este? —Preguntó la niña, señalando uno de los tomos más gruesos que había.
Vio la inconfundible cabellera risada de Granger move a un lado cuando ella inclinó la cabeza hacia un lado.
Iba a admitir, aunque nunca en voz alta, que Granger era algo digno de ver desde su posición. Los pantalones muggles que usaban se aferraban a la curva de sus piernas y su trasero.
—Creo que primero deberíamos que leer algunos otros libros antes de pasar a los conceptos avanzados de Transfiguraciones corporales complejas — oyó que la joven mujer le respondía a Emilia— ¿Qué opinas si comenzamos con este? -, sugirió, mostrándole uno mucho más pequeño—. Es el que leen los niños de once años al iniciar en Hogwarts. Es algo muy avanzado para tu edad.
Esas últimas fueron las palabras necesarias para convencer a su hija de que aquel era el libro indicado. La vio asentir sin dudarlo ni un segundo y tomar la mano de Hermione para arrastrarla hacia uno de los sillones cerca de la ventana. Sin perder el tiempo, se subió al regazo de la mujer y, poniéndose cómoda, abrió el libro en el suyo propio antes de comenzar a leer en voz alta de manera clara.
Algo en el corazón de Severus se estremeció al ver aquella escena pero se negó rotundamente a analizarla.
—Hermione ...
Emilia se había interrumpido, pronunciando el complicado nombre de manera correcta.
- ¿Sí?
- ¿Eres soltera?
Severus supo que ese era el momento adecuado para intervenir e ingresó prácticamente corriendo a la biblioteca, sabiendo que el sigilo en ese momento era algo demasiado sobrevalorado. Quería que escucharan sus pasos, quería que se dieran cuenta que ya no estaban solas y quería, por encima de todas las cosas en el mundo, que su preciosa hija cerrara la boca.
- ¡Papi! —Exclamó Emilia con alegría, dando un pequeño brinco desde el regazo de Hermione al suelo— ¡Viniste!
Sin dudarlo la elevó entre sus brazos, sintiendo la calidez usual que lo invadía cuando ella lo rodeaba entre los suyos y se apoyaba en su pecho.
—Por supuesto que vine — indicó— ¿Estás lista para irnos?
Todavía no había mirado en dirección hacia Granger y sabía que era descortés pero, ¿desde cuándo él se molestaba por las cortesías? Mientras pudiera, haría todo lo posible por ignorar su presencia porque sabía que en cuanto la mirara, una vergüenza suprema lo llenaría al recordar la pregunta de su hija y las intenciones detrás de la misma.
Pero por supuesto debió de haber imaginado que Emilia tenía sus propios planes y deseos.
- ¡No! —Protestó la pequeña, retorciéndose entre sus brazos para desprenderse y terminar nuevamente en el suelo— ¡Quiero quedarme con Hermione! Estamos leyendo, padre, y no terminamos el libro.
—No puedes esperar a terminar un libro de más de doscientas páginas en una tarde, Emilia —le dijo con seriedad—. Además, estoy seguro que la señorita Granger tiene cosas más importantes que hacer.
—No, no lo tiene — aseguró la niña— La llamaste señorita Granger… ¿Ya la conoces? —Sus ojos se llenaron de un brillo entusiasta— ¡Si ya la conoces puedes pedirle que sea tu novia y después se pueden casar!
- ¡EMILIA!
El grito que dio fue potente y con un tono claramente represor pero sirvió para que su hija dejara de decir tonterías. La niña miró al suelo con el ceño fruncido, ofendida más que dolida.
Severus sintió la necesidad de disculparse en nombre de Emilia con Granger. No hacerlo y sabía que no necesitaba hacerlo tampoco pero no quería que la maldita perfecta Hermione Granger quería pensara que su hija había sido criada de un modo tan atroz. Él realmente había hecho un gran esfuerzo por inculcarle valores y buenos comportamientos a la niña.
Tuvo que luchar consigo mismo pero finalmente alzó el rostro hacia ella, encontrándose con un rostro femenino bastante agradable y notablemente ruborizado. Sus propias mejillas ardieron de vergüenza sin que pudiera evitarlo.
—Lamento mucho este incidente desagradable — dijo con mucha dificultad—. Puedo prometerle, Granger, que si vuelve a toparse con mi hija, no volverá a ocurrir.
—Eg… No tiene importancia.
La tenía para él, quien sólo quería desaparecer de la faz de la tierra para el resto de la eternidad.
Se volvió hacia Emilia, quien seguía contemplando el suelo de la biblioteca con mucha concentración.
—Vamos a casa.
Tiró suavemente de la mano de su hija y, por fortuna, ella comenzó a seguirlo. Se alejaron sin mirar atrás y hubieran salido de allí si no fuera porque Granger llamó a su hija repentinamente. Emilia se detuvo de inmediato y miró a Hermione con esperanza.
—Sí, estoy soltera.
Severus no miró a Granger. Le costó toda la fuerza de voluntad no hacerlo pero no la miró. Y, con el corazón acelerado, siguió avanzando, obligando a Emilia a avanzar con él.
