Capítulo Diez. Positivo

Señorita Granger,

No respondió a mi última misiva. ¿Confío en que está bien?

-S. Snape

Severus,

Estoy bien, gracias, pero cansada. Estoy inmersa en un proyecto para el trabajo. Debo entregarlo pronto, y he estado trabajando muchas horas. Discúlpame.

Hermione

Señorita Granger,

No hay nada que disculpar. Incluyo dos pociones: un reconstituyente, y un leve inductor del sueño que le permitirá tener más descanso en menos horas. Ambas han sido alteradas para ajustarse a nuestro proyecto. Por favor, tómelas: su salud es de vital importancia.

-S. Snape

Severus,

Gracias por las pociones, ayudaron. Pero no son sustituto para terminar. Si me concentro, debería terminar en 3 días.

Hermione

Señorita Granger,

No mencionó si había menstruado este mes o no… ¿puedo inquirir?

-S. Snape

Severus,

No, no lo he hecho, pero eso no es inusual cuando estoy tan estresada.

Hermione

Señorita Granger,

¿Quizá podría hacerse la prueba de embarazo temprano? Un simple hechizo Reveglio debería ser adecuado.

-S. Snape

Severus,

Lo siento. No puedo manejar la prueba ahora mismo. Estoy demasiado ocupada. Haré la prueba en cuanto las cosas se calmen.

Hermione

Snape frunció el ceño al pedazo de pergamino en su mano. ¿Demasiado ocupada para un simple hechizo? El hechizo llevaría segundos. Además, lo perturbaba que las comunicaciones de la Señorita Granger hubieran estado despojadas de su humor habitual. La brevedad de su escritura habría estado bien en él, pero en ella, estaba completamente fuera de carácter… demasiado tensa, de lejos. Era obvio que la Señorita Granger no estaba bien. Y su bienestar era responsabilidad de él.

Nada de eso. Acudiría con la Señorita Granger tras sus clases de la tarde, y lo vería por sí mismo. Se aseguraría de que estaba adecuadamente cuidada. Y comprobaría el estado de su proyecto. Conjuraría el hechizo él mismo, si era necesario.

. . . . . . . . .

La pulcra casita se asentaba en medio de un bullicioso jardín. Sus paredes encaladas eran un contraste perfecto con el verde esmeralda del campo circundante. En conjunto, a Snape le pareció un hermoso edificio, aunque un poco femenino con su puerta roja y profusión de flores. Pero mientras se aproximaba, notó con aprobación que muchas de las plantas eran útiles. Y mientras muchos especímenes eran comunes, datura y lavanda, verbena y salvia, algunos no lo eran. Mandrágoras maduras, cardo de rana, mota de hada… muy bien establecidos, además. Tendría que ver si podía obtener un corte de ésa. Era notoriamente difícil de cultivar, pero añadía un gran efecto a las pociones fortalecedoras.

Dio un paso más cerca de la casa, y sintió un hormigueo antipático en la piel. Un paso más y se volvió más desagradable. Otro paso y fue directamente doloroso. No tuvo duda de que, de haber avanzado más, habría estado en serios problemas. Al parecer, el segundo círculo de plantas hacía las veces de una protección sorprendentemente fuerte. Snape gruñó con aprobación. Maravillosamente inteligente. La bruja era muy, muy hábil. Y sutil, también. Las protecciones normales eran tan obvias que un mago merodeando tendría amplia oportunidad de prepararse y evitarlas. Disfrazándolas, no sólo había fortalecido sus defensas, sino que también había ganado un tiempo valioso en caso de ataque. Era bueno ver que se tomaba su seguridad seriamente.

Retrocedió al portón del jardín, y tocó la campana allí. Nada. Podía inferir por el constante flujo de humo a través de la chimenea que ella estaba en casa… difícilmente era el tipo de dejar un fuego ardiendo sin atender. Volvió a tocar la campana, y esta vez una desaliñada Señorita Granger apareció en la puerta. Entrecerró los ojos en el sol de la tarde, levantó una mano para hacerse sombra, y sonrió. Agitó la mano para deshacer las protecciones, y le hizo un gesto para que la siguiera adentro. Incluso desde la distancia, pudo ver que había perdido peso desde la última vez que la vio. Sus ojos estaban enrojecidos, y se veía delgada y agotada. Snape tuvo que tragarse una oleada de preocupación.

"Supongo que debería haber sabido que vendrías después," ella bostezó, "Lo siento. Me refería a después de mi última carta. Iba a volver a escribir, una vez mi proyecto terminara. Pero entonces llegué aquí, y simplemente me quedé dormida. He estado sesteando por un par de horas."

Hizo un gesto hacia el sofá detrás de ella, que todavía tenía la impresión de su cuerpo.

"Bien," dijo Snape. "Es patentemente obvio que necesita dormir. Y también es obvio que ha estado descuidándose. Y eso no es algo que me tome a la ligera. Se pensaría que una mujer adulta sería capaz de cuidar mejor de sí misma."

Ella estaba demasiado cansada para ofenderse, "Lo sé, lo sé. Trabajaré en eso. ¿Supongo que te cuidaste mucho mientras estabas preparando el Amas Veritas?"

Snape apretó los dientes. Cuanto más veía cuán cansada estaba, más se enojaba. "Aquello fue diferente. Yo no estaba tratando de concebir un niño. Lo que me lleva al propósito de esta visita. ¿Ya ha conjurado el reveglio?"

Hermione parecía mortificada. "No. Todo para lo que he tenido energía es dormir." Suspiró. "Y supongo que he estado demorándolo. Simplemente no quiero volver a decepcionarme. Preferiría no saber. Pero sé que debería hacerse. Severus, ¿podrías, quiero decir, lo harías, por favor? ¿Conjurar el hechizo por mí?"

Años después, él recordaría este momento con especial claridad. Los ojos inseguros, vacíos, de ella. La sala cálida, acogedora. El resplandor del fuego. El olor de hierbas secándose y turba ardiendo. El sonido de su varita cuando la liberó de su túnica de lana. El poco familiar aleteo en su vientre cuando pronunció "Reveglio."

Y entonces, el nimbo de luz, alrededor de la lechuza leonada de la Señorita Granger, su propia mano, el rostro cansado, agotado, de ella. Y allí, resplandeciendo como un diminuto alfiler de una estrella, la vida de su hijo, emanando del útero de la Señorita Granger. Pequeño, tierno, latiendo con vida. Hermione miró su rostro, abrió su propia boca conmocionada, bajó la vista a su vientre, volvió a levantarla a Severus… y estalló en lágrimas.

De haber irrumpido en la habitación un dragón llameante, Snape habría estado menos desconcertado. Su primer instinto fue retroceder, como seguramente, cualquier hombre cuerdo habría hecho. Pero en cambio, avanzó, levantando a la Señorita Granger en brazos. La llevó, en su pequeña bola fetal, hasta el sillón más cercano, donde la acomodó en su regazo.

A menudo había acariciado a criaturas mágicas cuando estaban angustiadas. Supuso que el mismo principio se aplicaba aquí. Así que se encontró acariciándole el cabello con sus largos dedos, murmurando palabras sin sentido, abrazándola estrechamente contra el calor de su cuerpo.

"Señorita Granger, pensaba que quería este niño." Dijo él, con su voz sonora.

Desde lo más profundo de su camisa oyó su respuesta amortiguada, "Lo hago. Mucho."

Algún profundo instinto le dijo que lo dejara estar, que no dijera nada más. Pero la curiosidad ganó al instinto.

"Entonces, ¿por qué no está feliz?"

"Yo, yo" sollozó ella, "¡Estoy feliz!" aulló con renovado vigor.

Snape trató de digerir esto, pero estaba demasiado ocupado intentando lidiar con otro nuevo desarrollo. Al parecer, ese traicionero cuerpo suyo tenía ciertas intenciones inapropiadas hacia la cálida bruja llorando en su regazo. Estaba haciendo todo lo que podía por calmar su rabiosa erección, pero sólo estaba logrando llevarla a media asta. La Señorita Granger claramente estaba teniendo algún tipo de crisis psicótica, y ahora no era el momento de estar fantaseando con arrancarle la sudadera y los pantalones cortos. Pero en lo que concernía a su pene, habían pasado 17 días muy largos (no es que estuviera contándolos) desde la última vez que había estado tan cerca de una suavidad tan tentadora.

Se movió en su asiento, tratando de no presionar su erección contra la carne de la Señorita Granger. Sin embargo, incluso a través de su neblina hormonal, privada de sueño, Hermione notó sus movimientos. Fue suficiente para sacarla de su espiral emocional, y llevar una ronca risa a sus labios. Extrajo el rostro del pecho ahora húmedo de Snape, se desnudó de la sudadera, y la usó para secar la humedad de su rostro.

Cuando se había quitado la camiseta, había revelado una fina camisola de algodón. No era bonita, pero la carne que revelaba lo era, y Snape la pensó una prenda de ropa maravillosa. Hermione vio cambiar su expresión, sus ojos oscurecerse, el deseo escrito por todo su rostro. Puso una mano a cada lado de su rostro, y se movió de modo que su erección estuviera presionada exactamente donde la quería.

"Estamos haciendo un bebé, Severus."

"Sí, Señorita Granger, eso parece."

Cuando se inclinó para besarlo, Snape notó algo extraño, una vaga sensación de alarma de su subconsciente. A su cerebro nublándose velozmente no se le ocurría por qué podría ser el caso; no era que no hubiera besado a la Señorita Granger un millar de veces antes. Y francamente, con su regazo lleno de suave bruja dispuesta, no le importaba. Su subconsciente podía irse directamente al infierno, por lo que a él concernía.

No fue hasta mucho, mucho después, cuando los dos estaban acurrucados en la camita de la Señorita Granger, que se dio cuenta de que por primera vez, se habían unido sin ningún objetivo en mente más allá de darse placer a sí mismos, y al otro. Eso debía ser significativo. Pero la cama era tan cálida y blanda. Pensar en esto podía esperar hasta más tarde.

Fin del Capítulo 10

NA Entonces, sé que los libros dicen que no hay síntomas tempranos de embarazo, pero mi radar emocional se descontroló más de una semana antes de que mis pruebas dieran positivo. Así que vamos a asumir que Hermione es un monstruo hormonal como yo.

¡Gracias a todos por leer! Theolyn.