Disclaimer: Esta es una traducción/adaptación de la historia de Dragoon811, At your door. Los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling, la historia, a Dragoon811.

La imagen de portada, pertenece a MADD Love.

A tu puerta

Capítulo 1

Hojeando despreocupadamente el libro en su regazo, Severus hacía girar el whiskey de fuego a medio consumir con la mano libre.

De verdad, no debería haber visitado la mansión para las fiestas.

Era depresivo tener que observar a Lucius y Cissy sonreírle a su hijo, quien estaba cortejando a su propia futura esposa.

Le daba náuseas.

Se estaba haciendo viejo, lo sabía. Bueno, tal vez llegar a los cuarenta y cuatro en una semana más, no era 'ser viejo' per se, pero ciertamente se sentía viejo.

Sus amigos habían tenido niños, y ahora, esos niños pronto tendrían sus propios niños.

Al menos, esperaba que su ahijado le permitiera sostener a su bebito cuando naciera. Tal vez, incluso, le permitiría cuidarlo alguna que otra noche.

Era bueno con los bebitos.

Pequeños babositos, ensuciadores de pañales.

No era algo que se supiera o esperara de él, lo sabía muy bien, porque era malhumorado, taciturno, y un auténtico bastardo la mayor parte del tiempo.

Su mayor secreto, el mejor guardado de todos, era que Severus Snape adoraba a los pequeños, y, de hecho, había deseado poder tener uno o dos hijos.

Pero cuando murió Lily, sus sueños murieron con ella.

Además, los niños necesitaban de padres que se amaran mutuamente, ¿no?

Bastardo miserable.

Oh, sí. Detestaba a los niños cabeza huecas, no se confundan.

Su propia infancia había sido una porquería, de ninguna manera ejemplar para ningún niño, pero sus propios hijos, de haberlos tenido… bueno, les hubiera leído, hubiera jugado con ellos… les hubiera enseñado sobre pociones, justo como había hecho con Draco, antes que Lucius lo convirtiera en un mocoso malcriado.

En sus fantasías, plantaba un jardín de ingredientes con sus hijos, y los pequeños llegaban a amar las pociones tanto como él mismo.

Le hubiera gustado tener más de uno, solía pensar, para que no estuviera un niño solo, como había sido él.

Y sería por completo opuesto a su cretino padre, y les demostraría a sus retoños cuánto los amaba.

Maldito infeliz solitario.

Pasó otra página, cambió de capítulo, manteniendo el hechizo que traducía las palabras escritas en nórdico antiguo.

Draco y Cissy habían estado limpiando los libros de Lucius, y habían encontrado un raro tomo de pociones, que de inmediato fue envuelto como regalo de navidad, antes que Lucius se diera cuenta que faltaba de las estanterías.

Como buen Slytherin, le había lanzado un hechizo electrizante de mediana intensidad, cuando el rubio intentó recuperarlo, mientras su esposa e hijo los observaban tratando de ocultar la expresión divertida.

Tú pierdes, yo gano, Lucius.

De verdad, necesitaba buscar la forma de convertirse en padre antes que su propio trabajo lo matara.

Los padres solteros se defendían bastante bien, si los niños en sus clases eran algún indicativo.

Y el retrato de Albus no dejaba de molestarlo para que se buscara una esposa.

Ese viejo desgraciado no parecía darse cuenta que encontrar una compañera en algún bar de mala muerte o en alguno de esos servicios ofrecidos en el callejón Knockturn, era casi imposible para Severus.

Y, siendo honesto, Severus deseaba mucho más que un niño. Quería tener una familia.

¿Y esto?

Severus frunció el ceño y achicó los ojos, todavía observando el libro con atención, luego, usó un accio para tomar sus gafas de lectura con la mano libre.

Allí estaban un hechizo y una poción, que combinados, parecían prometedores, a pesar de los complejos movimientos de varita.

Leyó un poco más y descubrió que la poción era capaz de apuntar, a quien la preparara, hacia su compañera ideal, y clamaba un alto índice de éxito, sobre todo en el amor duradero entre el pocionista y su pareja.

¡Pero qué interesante!

Poniéndose de pie, e ignorando las preguntas cargadas de curiosidad de Albus, mientras el entrometido anciano lo perseguía saltando de cuadro en cuadro, Severus se metió en su laboratorio y comenzó a juntar ingredientes.

Podía hacerlo. A la mierda con todo. Iba a intentarlo. Después de todo, era uno de los más brillantes pocionistas que había conocido el mundo mágico.

La preparación prometía ser complicada, y pasó el tiempo, entre cortar, trocear, exprimir y vigilar el caldero con precisos movimientos, hasta que los primeros rayos de sol comenzaron a brillar. Fue entonces, cuando apuntó al caldero con su varita, entonando el encantamiento requerido, mientras imaginaba todo lo que deseaba en una compañera, en una esposa. La imagen de un niño, de una familia, pasó por su mente sin querer, y el caldero explotó.

¡MALDITA SEA!

"¡Santo cielo!" Exclamó Albus, sin dejar de mirar a la figura envuelta en tela negra que yacía en el suelo del laboratorio.

Algo había salido espectacularmente mal.

El niño no se movía. Solo se notaba un suave movimiento respiratorio y no parecía estar mal herido, al menos, no que pudiera notar, porque no se veían heridas ni sangre.

Era claro que el pequeño requeriría asistencia.

Eran las vacaciones de las fiestas, y no quedaba nadie en el castillo, con excepción de los elfos.

Y no era como si Severus quisiera que este accidente se supiera entre los miembros del personal, ni siquiera Poppy, si podía evitarlo.

Albus fue a la cocina y le tomó un buen rato lograr atraer la atención de alguno de los elfos, y aun cuando lo logró, solo Dipsy se ofreció voluntariamente a enfrentar la potencial ira de Severus. El elfo se aseguró de alimentar y vestir al pequeño apropiadamente.

Fue un día intenso para Dipsy, que tuvo que seguir al callado pequeño de ojos enormes por toda la habitación, manteniéndolo lejos de cualquier peligro inminente y de la botella de whiskey de fuego.

Albus le pidió al pobre elfo que acercara el libro que Severus había estado leyendo, para tratar de encontrar qué era lo que había salido mal.

Qué raro. Evidentemente, Severus había preparado la poción correctamente, y no recordaba haber visto que cometiera algún error en el encantamiento o los movimientos de la varita.

Se escuchó un ruido proveniente de la habitación, y Albus se apresuró para llegar a la pintura de paisaje que se encontraba allí.

Todo estaba oscuro porque ya era de noche, pero Severus se estaba despertando con un gruñido.

"¡Dios! ¡Esa sí que fue una aventura!"

"Agua." Pidió Severus con voz rasposa, sacando la varita de alguna parte y atrayendo un vaso. "¿Cuánto tiempo estuve inconsciente, Albus?"

"Esa, muchacho, es una pregunta muy curiosa. ¿No recuerdas nada?"

Un par de ojos oscuros le lanzaron una mirada molesta al retrato. "Obviamente no."

"Vaya, qué problema." Comentó el anciano, observando a Severus beber varios vasos de agua.

"Recuerdo estar preparando una poción. Recuerdo a quién me mostró. Luego, la explosión. Supongo que llamaste a un elfo para que me pusiera en la cama." Lo último, fue dicho con un gesto de desdén.

"Bueno, sí, considerando que estabas como de tres o cuatro años, y sin posibilidad de hacerlo tú mismo."

Eso provocó una expresión de asombro. "Tienes que estar bromeando."

Severus se desenredó de las sábanas y puso sus pies en unas raídas zapatillas, para luego apresurarse para ir al laboratorio.

"Al menos evitaste que pusieran orden aquí." Masculló el hombre.

"Solo les pedí que acercaran el libro… no puedo encontrar qué fue lo que salió mal."

"Hmmmm…" Las hábiles manos comenzaron una meticulosa revisión de la poción derramada, revisando por contaminantes. A juzgar por la oscura expresión del pocionista, el preparado había sido perfecto. A continuación, comenzó a repasar el libro.

"Severus, si me permites…"

Una pálida mano cruzó el aire, haciendo un gesto para que guardara silencio, con los oscuros ojos escaneando las páginas a toda velocidad. Se dio la vuelta.

"Ah, genial." Severus se hundió en su silla, derrotado.

"¿Encontraste algo, muchacho?"

Una risotada, casi como ladrido, se le escapó a Snape, echando la cabeza hacia atrás, con el cabello cayendo sobre los hombros, dejando ver el mutilado cuello.

"Qué gracioso que me llames así, Albus. Parece que me las arreglé para auto maldecirme."

"¿Cómo?"

Los labios de Severus se abrieron, luego se cerraron para emitir un grave gruñido. "No puedo decir exactamente. A ver, ¿cuál es tu conocimiento de historias infantiles que no hayan sido escritas por Beedle?"

"Me gusta pensar que amplio. Siempre fui admirador de 'Hansel y Gretel'".

"Solo te gustaba la idea de la casa de caramelo."

Albus no negó la acusación.

Aunque también había disfrutado del Hombre de la piel de oso, aunque, sin duda, Severus seguramente encontraría el asunto de la ropa como 'estrafalario'.

"¿Y de historias noruegas?"

"Un poco."

"El Rey Oso Blanco." Severus dijo con desgano. "O tal vez, 'Al este del Sol y al oeste de la Luna', Albus. Como sea, estoy bien jodido. Me condené a…" Apretó los puños y se presionó los ojos.

"No creo que sea tan grave." Comentó el viejo, mirándolo por encima de las gafas de media luna. "Si no recuerdo mal, el hechizo puede ser fácilmente roto con la asistencia de una hechicera que no sea descendiente de trolls. Seguro involucra el beso del amor verdadero, a menos que quieras tomar la ruta del Cuidador, como en las historias."

"¿Y dónde te parece que voy a encontrar a una mujer que se enamore de mí, siendo yo un niño, Albus?" Preguntó con tono mordaz.

"Voy a estar atrapado en el cuerpo de un infante por un año, a merced de todo. ¿Qué tal si alguien lo descubre?"

"Solo durante el día. Y sabes tan bien como yo, que será una sentencia más corta, ya que eres un niño y no un animal."

Severus suspiró.

"¿Qué hay de la mujer que la poción te mostró? Cualquiera que sea adecuada para ti, debe ser una mujer inteligente y poderosa, lo suficiente como para cuidar a un pequeño… seguramente puede aprender a amarte."

"¿Y qué quieres que haga? ¿Quieres que me meta en una canasta y me presente ante su puerta, con una carta? ¿Que le escriba notas de amor? Ya estás bien senil. No creo que ese lienzo haya sido adecuadamente curado antes de pintarte ahí, porque claramente se te zafaron los tornillos."

"Eso es exactamente lo que creo que debes hacer. Podemos pedirle a Dipsy que evite que te vea en la noche… creo que el truco será darle unas gotitas de algún sedante suave." El anciano se reclinó en su silla pintada. "¿Y quién es la afortunada, Severus?"

"Vamos a tener que sedarla, aunque sea para calmar su voraz curiosidad." Masculló Severus por lo bajo. "Es Hermione Granger."

"Oh, una pareja perfecta. Y te has inclinado por ella por mucho tiempo." Le sonrió alegremente al hombre a quien consideraba casi un hijo. "Escribe una carta, Severus. Enviaré a Dipsy a buscar una canasta. Oh, sí, también escribe una carta para Minerva. Dile que podrás regresar en un año. No creo que a Horace le moleste cubrir tus clases por un año."

Severus se quejó, pero lo hizo. "No fantaseo por sabelotodos que salieron con imbéciles pelirrojos o jugadores de quidditch cabezas huecas, Albus."

Pero el viejo solo le sonrió, con los ojos más brillantes que nunca.

"Juro por los flojos calzones de Merlín, Albus, que voy a preparar un removedor de pintura si no dejas de hacer eso. No ayudas para nada."

…..

"Necesito más helado." Le dijo Hermione a Crookshanks, con un suspiro.

La chica tenía los ojos hinchados y se veía como un espanto. "O un traslador internacional."

El gato le dedicó una mirada furibunda, como si quisiera decirle 'ya deja de ser tan patética'.

"Lo sé, lo sé." Gimió ella, soltando la cuchara sobre la mesa de café. "Soy una mujer adulta, que no necesita correr con su mami cuando un idiota la abandona por alguien más y pierde el trabajo el mismo día. Pero puedo comer helado, Crooks, mucho. Y ni siquiera tú puedes evitarlo."

El gato maulló a todo volumen y se sentó en el regazo de la chica.

"¡Crooks!" Hermione batalló con el felino, pero el desgraciado tenía la largamente perfeccionada habilidad de aumentar su propio peso cada vez que no quería ser movido. La chica suspiró y se inclinó para hundir el rostro en el pelaje del gato.

"Oh, Crooks… estaré bien, lo prometo."

"Mioooooooooooooneeeeeeeeeeee." Se oyó el canturreo desde la chimenea, mientras las llamas se volvían verdes. "Déjanos pasar, ¿quieres? Que estamos apretados aquí."

La castaña dijo la contraseña de la chimenea en voz baja, permitiendo que sus dos mejores amigos entraran, dando tumbos y cayendo como un par de torpes.

"Traje un poco del pastel que hizo mamá. Iré por los platos." Dijo Ron como saludo, metiéndose en la pequeña cocina, indicando a Harry con un movimiento de cabeza, para que fuera por los tenedores.

"Hey, Mione." La chica lo miró con una sonrisa triste. "Qué manera espectacular de ser despedida, diría yo."

"Está bien. Creo que estaba más molesta por ser abandonada por una rubia cabeza hueca, que por ser despedida." Miró a ambos con curiosidad. "¿Sabe Molly que ustedes dos están aquí, con SU pastel, o debo esperar otro vociferador?"

"Pues, debería. En realidad, fue idea de Gin, porque Percy nos contó la historia, y mamá no dijo que no podíamos traerlo." Retrucó Ronald, desplomándose en el sofá, a pesar de la expresión fruncida de Hermione. Crookshanks siseó y se bajó del regazo de la joven, para largarse a un sillón.

Hermione, estando apretada en medio de los dos muchachos, apenas era capaz de levantar el tenedor para llevárselo a la boca.

"Krum es un tarado, Mione. Te lo hemos estado diciendo por años."

"Lo sé." Dijo ella medio hipando. "Pero… él era…"

"Shhhh…" Dijeron los dos chicos, al mismo tiempo, sosteniéndola entre los dos, para que pudiera llorar.

Extrañaba a Viktor. Extrañaba su sedosa voz y sus oscuras miradas atontadas. Extrañaba sentarse a leer tranquilamente a su lado. De hecho, incluso extrañaba los arrumacos después del mediocre sexo. Ahora que lo pensaba, eso no había pasado por meses. Él había sido buena compañía, tolerando las largas horas de trabajo en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

Y ahora, ella sabía que solo la había estado usando. Usando su status, todo el tiempo. En lugar de esperarla en casa, el bastardo había estado por ahí, revolcándose con cuanta se le cruzara, y encontrando a Hermione frígida.

Y el muy cretino lo había dicho con esas palabras exactas, así que ella le había hechizado las bolas.

Literalmente.

Eventualmente, el imbécil las encontraría de nuevo, si alguna vez se molestaba en volver a dormir en su propia cama, en lugar de ir por ahí, enredándose con putas sin cerebro.

"Está bien, Mione." Harry depositó un beso en el cabello de la chica, con una mueca dolida, mientras Ron, con cuidado, desenredaba las gafas de su amigo de los rulos de Hermione. "Mereces a alguien mejor que ese."

"Lo sé." El sonido salió amortiguado por el cuerpo de Ron, pero se escuchó claro de cualquier manera.

"Vamos, a ver, descríbenos a tu hombre perfecto." Dijo Ron con repentina alegría, picándola con un dedo hasta que ella también se rio. "¡Somos Aurores! ¡Podemos encontrarlo para ti!"

"Con la suerte que tengo, seguro ya está casado, o muerto." Dijo ella con resentimiento. "Alguien…"

"¡Inteligente!" Saltó Harry, y Ron se rio.

"Tiene que serlo para ti, Hermione."

"Y alto. De esos que se inclinan sobre ti, es muy sexy eso. Eso siempre es ardiente." Intervino Harry. Ella revoleó los ojos.

"Con una enorme p…" Comenzó a decir Ron, para ser interrumpido por el codo de Hermione en su vientre.

"¡Ronald!" Se enrojeció la castaña, escandalizada. "¡No! Bueno, sí, eso sería lindo también, ¡pero no es necesario!"

Harry sonrió con picardía y la picó en la rodilla. "Bueno, entonces, dinos qué es lo que quieres."

Ella refunfuñó. "Alguien inteligente, si, gracias Harry, alto también. Más alto que yo, al menos. Alguien que me escuche, que no le moleste sentarse a leer. Alguien leal… quiero… quiero un hombre que me adore tal cual soy. Quiero que me ame, que esté primera en su lista de prioridades… y por él… por él, yo haría cualquier cosa."

"Oooohhh… mira… te apareció la mirada soñadora." La molestó Ron, abrazándola.

"¿Has pensado en alguien, Mione?"

"No." Pero la chica estaba mirando el patrón de la camisa de Ron con expresión culposa, evitando que Harry pudiera verla.

Había cierto hombre al que deseaba. Alto y delgado, con una boca atrevida y una mente veloz como la luz. Y unas manos hábiles y cabello negro, y que no la miraría dos veces, y alguien a quien Viktor no le llegaba ni a la suela de las botas.

"Bueno, entonces." Dijo Ron, palmeándole la espalda. "Harry, ¿trajiste ese vino? Creo que vamos a necesitar levantarle el ánimo un poco más. ¿Un poco más de pastel, tal vez?"

Ella se las arregló para emitir una débil carcajada. "Nunca vas a cambiar, ¿verdad Ron?"

"No, hasta que ganen los Cannons." Dijo con mucha seriedad el pelirrojo. "E incluso entonces, voy a tener que esperar un par de temporadas para asegurarme que no fue un golpe de suerte."

"Eso es un no, en caso que todavía no le prestes atención al Quidditch." Dijo Harry con un guiño y poniéndose de pie. "¿En dónde tienes las copas para vino?"

"Eran de él." Dijo la chica con un hilo de voz. "No tomo mucho vino."

"¡Tazas de café, entonces!" El chico dio un salto por encima del respaldar del sofá, aterrizando con suavidad, y regresando en segundos con tres tazas diferentes, obsequios de viaje de los padres de ella.

"¿Rojo o blanco?"

"Me da igual."

Y así era. Justo en ese momento, ponerse como cuba con sus dos mejores amigos, en medio de los dos, refugiándose en el cariño de ambos, mientras se atiborraban del mejor pastel de manzana de Molly, sonaba como la mejor actividad en el mundo.

N/T: Nueva historia de Dragoon811, una de mis autoras favoritas. Por si no han leído el cuento al que hace referencia Severus, lo recomiendo.