Capítulo 2

Severus se acercó lo más que pudo a la puerta de Hermione, invisible, por supuesto, y sintiéndose distintivamente intranquilo, mientras sus dedos acariciaban la fría madera de la puerta por voluntad propia.

¿Estaba soltera? ¿Era libre?

Miró la carta en su mano y se preguntó si aquello funcionaría.

Un año, (o supuestamente hasta el beso del verdadero amor, pero esa parte era mera conjetura), y sería libre de la maldición que había atraído sobre sí mismo.

Cierto, ni él ni Albus tenían certeza de lo que podía pasar si ella lo veía antes del plazo de un año, pero como no había casi información al respecto, estaban casi a ciegas.

Y Severus sabía lo curiosa que era Hermione, así que había dejado una pequeña pista que, esperaba, la detuviera de verlo en las noches.

Dipsy le jaló la manga al acercarse el fin de la noche.

La ebria rebeldía que tenía dentro se transformaba en sueño.

Estaba aterrorizado. ¿Lo rechazaría ella? ¿Se quedaría con él? ¿Quería niños, siquiera?

No tenía forma de saber.

Pero los ojos de Albus habían brillado, y él, como un bien entrenado soldado, había obedecido.

Y allí estaba él.

Tomando grandes inhalaciones, se paró en el canasto al mismo tiempo que el sol comenzaba a salir, y en lugar de hombre, ahora había un pequeño que se veía muy confundido.

El elfo ayudó al niño a recostarse, usando su magia para evitar que alguien más viera el canasto que estaba dejando frente a la puerta de la pequeña casita. Lo arrulló y mantuvo caliente al pequeño hasta que se quedó dormido.

Apenas estaba amaneciendo, y el elfo dudaba que la joven hechicera despertara tan temprano.

El pequeñito bostezó y, cuando los ojitos comenzaron a cerrarse, las orejas de Dipsy se irguieron.

El Maestro de Pociones no era un mal hombre y siempre trataba bien a los elfos.

El Bastardo Barbudo Pintado, como solía llamarlo el Maestro de Pociones, le había dado a Dipsy instrucciones muy claras.

Como elfo de Hogwarts, era todo un honor y orgullo ser llamado para semejante tarea.

Con una mirada final, el elfo ajustó el sobre para que fuera perfectamente visible. Se puso serio. Chasqueó los dedos y modificó la letra de la carta. Si la Srta. Hermione Granger era tan lista como decían los demás elfos, reconocería la letra del Maestro de Pociones, porque era muy distintiva.

Aguardaron en la puerta por horas, escuchando cuando la chica y sus amigos despertaron, clamando por pociones y por usar el baño. Luego escuchó que desayunaban.

Finalmente, la joven estaba sola.

Dipsy golpeó la puerta y desapareció.

La puerta se abrió con cautela y Hermione apareció, frunciendo el ceño ante la brillante luz de la mañana invernal.

"¿Hola? Hola, yo… ¡oh!"

La chica parpadeó repetidas veces al ver la canasta a sus pies, observando con un poco de desesperación, antes de tomar la carta que sostenía holgadamente la manito del niño que dormía.

El pergamino hizo un poco de ruido al desenrollarlo.

Srta. Granger,

Sé que lo que voy a pedirle es más que solo una mera imposición. Le pido que cuide del pequeño, cuyos orígenes no puedo revelar y posiblemente nunca sepa. Le pido que confíe ciegamente en mí, que haga lo que le pido. Si no puede hacerlo, solo cierre la puerta y no mire atrás.

Bueno, eso sí que era raro, pero siguió leyendo.

He sido maldecido y no puedo cuidar del niño como desearía poder. He deseado tener hijos, he deseado amor por tanto tiempo, que me entristece tener que hacer esto, ahora que está tan cerca de mis manos.

Si alguien se enterara de la identidad del pequeño, podría usarlo y lastimarlo, y no puedo permitir que eso suceda otra vez.

Usted es poderosa, inteligente, un faro de esperanza y bondad en nuestra comunidad. Lo admito, la he admirado por un largo tiempo, y estaría feliz de escribirle tantas veces como me sea posible en el transcurso del año.

Si tiene preguntas o preocupaciones, solo deje una carta sobre la mesa y esta me encontrará, lo juro.

Solo tengo tres solicitudes:

No trate de descubrir quién soy.

No trate de averiguar la identidad del pequeño.

No lo vea en la noche.

Sé que usted es Gryffindor y sufre de una insaciable curiosidad, pero le juro por mi varita que no deseo que usted o el pequeño sufran daño alguno. Tampoco ha sido robado de sus padres, se lo aseguro.

Por favor, Srta. Granger, no ponga ese terco cerebro suyo a trabajar para resolver un misterio que no existe.

Puede llamar Valemon al pequeño.

Cuídelo. Cuídeme. Por favor.

Suyo.

Hermione se puso muy seria, dando vueltas a la carta una y otra vez, buscando, infructuosamente, alguna pista. Aunque escrita de una extraña manera, parecía sincera.

Se arrodilló y movió un poco la sábana que cubría al niño. Parecía muy pequeño, tal vez unos cuatro años, no mucho mayor que el pequeño de Ginny, y el corazón de la castaña se estremeció.

"Hola Valemon." Dijo con voz suave, acariciando la suavidad de la mejilla del pequeño.

El niño comenzó a despertar, y las negras pestañas, igual de negras que el cabello, contrastaban contra la pálida piel. Era un niño precioso, ¿por qué la eligieron a ella para que se lo quedara? ¿Por qué no su madre o su padre?

Hermione echó un vistazo a su alrededor.

No había nadie, y eso le partió el corazón.

¿No se había quedado nadie para ver si lo aceptaba o no? ¿Qué tal que hubiera sido una maldita desgraciada sin corazón y no lo metía en la casa?

"De acuerdo." Murmuró ella, poniéndose de pie y cargando la canasta con esfuerzo.

"Te llevaré adentro, corazón."

Le costó trabajo llevar la canasta dentro sin despertarlo, pero el chiquitín solo se acurrucó más entre las sábanas en cuanto Hermione puso la canasta sobre la mesa.

¡Santo cielo! Acababa de conseguirse un niño, ¿y ahora?

Hermione se retorció un poco las manos, puso un hechizo de protección alrededor de la mesa, en caso que el pequeño rodara, y corrió a la chimenea.

"¿Hola? Oh, hola Molly, buenos días, si, lo sé, es muy temprano, lo siento… ¿podrías enviar a los chicos de regreso, por favor? No, no, no más pastel, gracias."

Cuando Ron y Harry emergieron de la chimenea, desaliñados y malhumorados, ella los miró con ansiedad.

"Buenos días, otra vez… en realidad… lo que necesito de ustedes ahora mismo, es que actúen como aurores por un momento… Harry… llevas puesta la camisa de Ron de nuevo, y necesito que averigüen si hay algún niño, de entre tres y cuatro años, que se haya extraviado. No quiero saber nombres ni nada, solo saber si hay algún niño en esas condiciones."

Los dos chicos se miraron entre ellos y, con el ceño fruncido, negaron con la cabeza. "Ninguno, Mione, ¿por qué?"

"Oh, bueno, mejor. Estaba preocupada. Dejaron a un pequeño en mi puerta, y yo solo… no quería ser parte del secuestro de algún niñito. Pensé que podría ser una jodida idea de venganza de parte de Viktor."

"Por las barbas de Merlín." Dijo Ron, acercándose a la mesa. "Hermione, deberías reportar esto."

"No." Dijo ella con firmeza. "No voy a arriesgar la seguridad del pequeño. Solo… si saben algo, de algún niño con su descripción que se encuentre desaparecido, se llama Valemon, por cierto, y sí, es un nombre Harry, deja de reírte, quiero que su familia sepa que él está aquí, sano y a salvo, ¿de acuerdo? Puedo protegerlo. Nadie vendrá a molestarme aquí."

"Casi nadie sabe que vives aquí, Hermione." Masculló Harry por lo bajo, mientras inspeccionaba la misiva y usaba algunos hechizos. "Nada por aquí, nada por allá. Totalmente segura. El niño podría venir de cualquier parte."

"¡Pobrecito!" Dijo la chica. "¡Alguien lo dejó en la calle, Harry! Eso es tan cruel."

"Lo sé."

Ron intentó tomar la carta, pero Harry negó con la cabeza y le devolvió el pergamino a Hermione.

"No nos entrometeremos, lo prometo, pero si sabemos algo de un niño perdido con su descripción, haremos las averiguaciones con discreción."

"Gracias Harry." Le dedicó una sonrisa de alivio y luego miró a Valemon. Nombre extraño, pero, al fin y al cabo, mucha gente en el mundo mágico tenía nombres raros.

"Entonces… tú solo… ¿te vas a quedar con él?" Preguntó Ron, con las cejas muy arqueadas, enmarcando los asombrados ojos azules.

Harry le echó una mirada exasperada. "Es Mione, por supuesto que lo hará."

"¡Mione! ¡No es un elfo doméstico! ¡Es un niño!"

"¿Y?"

De acuerdo, sí era un poco peligroso, pero mientras no fuera un niño secuestrado, dejado en su puerta para cubrirse el trasero, o para incriminarla a ella, haría lo que fuera por ayudar.

Ron alzó las manos, pero le dedicó esa mirada como de perrito y movió la cabeza, dando a entender que solo estaba bromeando.

"De acuerdo. ¿Qué se supone que le diremos a todos sobre el niño quedándose aquí?"

"No." Intervino Harry firmemente. "No diremos nada. Por el tono de la carta, tenemos que suponer que existen personas capaces de lastimarlo, así que no saldrá de aquí, solo nosotros tres. Todo estará bien. Mantendré los oídos atentos, y ninguno de los dos, Ron, indagará al respecto."

"Menos trabajo para mí." Confirmó el pelirrojo alegremente. "¿Debería decirle a mamá que envíe más comida? Ya sabes, 'para ayudarte en la recuperación de tu rompimiento'. Así no tendrás que cocinar y podrás preocuparte por conocer mejor al chico."

"Esa es una buena idea."

Hermione ni siquiera había considerado eso, pero Ron tenía razón, eso tenía sentido. Lo miró agradecida. "¿Podrán venir más tarde? Quiero ir hasta la biblioteca local, la que es muggle, Harry, no me mires de esa manera, para buscar algunos libros sobre crianza de niños, si es que voy a tener que cuidarlo."

"Siempre con los libros." Harry se pasó la mano por el alborotado cabello y le dio un beso en la mejilla. "Vendremos para la cena, ¿qué tal?"

"¡Genial! Traeremos la comida." Añadió Ron. "Adiós Mione, me voy de regreso a la cama."

"Yo también." Dijo Harry con un guiño. Hermione revoleó los ojos y los abrazó a los dos.

"Oh, y Mione," susurró Ronald. "Harry siempre se ve bien con mis camisas."

"Largo." Dijo ella entre risas, empujándolos hacia la chimenea. "Largo, par de niñatos, vayan a su casa. ¡Fuera!"

La chimenea se encendió y los dos chicos se fueron, mientras Hermione sacudía la cabeza, sin dejar de mirar al durmiente Valemon.

¿Tendría miedo cuando despertara? ¿Habría sido maltratado? ¿Sabría ir al baño solo? ¿Cómo manejaban eso en el mundo mágico?

"¡Diablos!" Masculló la castaña, pero de inmediato, se tapó la boca con la mano. "De acuerdo, voy a tener que dejar de maldecir."

Con un cuidadoso hechizo, levitó la canasta y se dirigió hacia el cuarto de invitados. Iba a tener que transfigurar algunas cosas para crear mobiliario, pero todo estaba bien.

Por cierto, ¿en qué dormía un niño de esa edad? ¿En camas? ¿En cunas?

Al cabo de unos minutos de deliberación, decidió transfigurar la cama en una más pequeña y de menor altura, con una barandilla de seguridad que podía subir y bajar. Luego creó una mesita de noche, asegurándola a la pared, igual que la biblioteca, enviando los pocos libros que allí habían, a la sala. Luego se ocuparía de hacer lugar para esos libros también.

Muy despacio, levantó a Valemon de la canasta y lo puso en la cama, cubriéndolo con las sábanas y cobertores. Se alegró entonces, al ver que quien haya dejado al niño, se molestó en dejar ropa con él. No tener que salir de urgencia a buscarle ropa era algo bueno.

Se quedó mirando al pequeño. Se veía tan frágil mientras dormía. Se preguntó quién era, quiénes eran sus padres, y cómo sería posible cuidarlo por un año entero.

Hermione conjuró una mecedora y se sentó allí, retorciéndose las manos.

Ay, dios… bien se podía decir que había adoptado a un niño, y ahora, ¿qué iba a hacer?

"No sé qué hacer." Susurró con preocupación.

¡Ella siempre sabía qué hacer! ¡Era Hermione Granger! ¡La hechicera más brillante de su generación!

Y ahora no tenía idea sobre cómo proceder.

Se quedó allí sentada, en silencio, observando dormir al pequeño, tomando notas mentales sobre lo que necesitaba investigar y las cosas que debería adquirir, como libros.

El único libro infantil que tenía en la casa, era Beedle el Bardo.

Juguetes. Necesitaba conseguir juguetes. A los niños les gustaban los juguetes, ¿verdad?

Oyó un ruido proveniente de la cama y miró el reloj. Apenas pasadas las nueve de la mañana. Bueno, eso estaba bien. Al menos tendría un par de horas para sí misma en las mañanas.

El pequeño se sentó sobresaltado en la cama, con los ojos enloquecidos y el cabello revuelto.

Tenía los ojos más oscuros y expresivos que haya visto jamás.

"Está bien." Dijo ella en cuanto el pequeño la miró. "Está bien, tranquilo. Buenos días, Valemon."

Lo vio agarrar las sábanas en sus puñitos y hacerse bolita.

"¿Recuerdas algo? ¿Lo que sea?"

El niño permaneció en silencio, pero Hermione trataba de mantener la voz normal y suave. No sabía cómo hablarles a los niños, solo les hablaba como si fueran pequeños adultos.

"Puedes hablarme, te prometo que no te lastimaré. Se supone que debo cuidar de ti, debo protegerte. Eso está bien, ¿no?"

Valemon asintió y ella sonrió. "Me llamo Hermione, y tú eres Valemon, ¿cierto?" El niño titubeó, pero luego asintió.

"¿Te gustaría conocer la casa? ¿Y luego desayunar?"

Otra vez asintió. "Si, por favor."

Hermione sonrió ampliamente. Era un niño tan adorable y solemne, y sorpresivamente bien educado.

Despacio, se puso de pie y estiró la mano hacia Valemon. Al principio, el pequeño pareció acobardarse, pero lentamente, acercó su mano a la de Hermione y rozó la punta de sus dedos con la mano de ella. La castaña tuvo paciencia y aguardó, entonces el pequeño se relajó y la tomó de la mano.

Pobrecito.

Aminorando el paso para adecuarse al del niño, Hermione le mostró la casa, terminando el recorrido en la cocina.

Valemon no le soltó la mano ni un instante, observando todo con cautela. ¿Qué cosa le había pasado para ser tan desconfiado?

Sin embargo, se le iluminaron los ojos al ver los libros, y Hermione resolvió, más que nunca, que le conseguiría algunos cuentos para niños en la biblioteca.

Valemon comió con voracidad, como si estuviera muerto de hambre, aunque, de hecho, era muy delgadito y nervioso.

Cuando Crooks saltó sobre la mesa para investigarlo mejor, el pequeño casi salta de su silla, antes de darse cuenta que solo era un gato.

Hermione lo observó toda la tarde, animándolo a hablarle tanto como le era posible a un niño.

El pequeño estaba fascinado con Crookshanks y el medio kneazle estaba más que feliz de quedarse en el regazo del niño, ronroneando a todo volumen.

A Valemon le gustaban las flores, así que lo llevó a dar una vuelta en la nieve, hasta el invernadero.

Aunque era callado, lentamente comenzaba a relajarse con ella.

Cuando encontró pedacitos de pan en los bolsillos del niño, a Hermione se le partió el alma. Había observado el mismo comportamiento en Harry, después de los años que había pasado con los Dursleys.

En lugar de reprenderlo o hacerlo notorio, guardó silencio y se aseguró de dejar algunos refrigerios saludables siempre a su alcance, hasta que aprendiera solo que nunca le iba a faltar de comer.

Iba a necesitar un trabajo si tenía que cuidar del pequeño por todo un año.

Podía arreglárselas viviendo unos dos años con sus ahorros, pero, ¿un niño? ¿Uno que necesitaba proteger? Definitivamente tenía que conseguir un trabajo, pero esperaría un par de meses hasta que Valemon se acostumbrara a ella y pudiera explicarle la necesidad de trabajar.

Valemon era muy tímido, pero cuando Hermione se sentó en el sofá con su copia de Beedle, el pequeño parecía más que feliz de sentarse en su regazo, y pasaron una tarde muy agradable, hasta que salieron al jardín, para dejarlo explorar el lugar, mientras sus alientos escapaban como volutas en el aire invernal.

Finalmente, la chimenea se puso verde, y el niño se quedó como piedra al ver a Ron y Harry salir de ella.

Tan pronto como los dos chicos se pusieron de pie, el pequeño se encogió, gritó y comenzó a correr, alejándose de ellos.

"¡Tranquilo!" Le dijo la castaña, echándoles a los chicos una mirada reprobatoria, antes de ir tras el chiquillo

"¿Valemon?"

Lo encontró escondido bajo la cama, cómo era posible que se metiera en un espacio tan pequeño, no lo sabía. Tal vez era algo así como magia infantil, pensó ella, recordando sus propias experiencias.

"Está bien, Valemon. Ellos son mis amigos. Trajeron la cena, ¿está bien?"

Vio que el niño apretaba los labios, negando con la cabeza y temblando.

"Oh, corazón, te prometo que no te lastimarán. ¿Prefieres cenar aquí? Está bien, ¿sabes? No hay problema. Ellos son mis mejores amigos en el mundo y siempre han cuidado de mí. De hecho, hoy trajeron la cena, para darte la bienvenida."

Lentamente, el pequeño se relajó y Hermione pudo ver que se había clavado las uñas en las palmas de las manos. ¿Por qué estaba tan aterrado? El pobrecito niño…

Le tomó unos cuantos minutos, pero finalmente, salió de su escondite y la joven lo sostuvo entre sus brazos, acariciándole el cabello y meciéndolo.

Juntos, regresaron a la sala, con Valemon en los seguros brazos de Hermione.

Ron y Harry estaban sentados en el sofá, con las manos donde pudieran verse, y Hermione supuso que era una de esas cosas que les enseñaban en la academia de aurores.

"Valemon, estos son mis amigos." Comenzó a decir ella, con el pequeño asegurado en su cadera. Por Merlín, sí que pesaba. "Este es Ron, el del cabello pelirrojo, y ese es Harry, con las gafas."

El chiquillo ocultó el rostro en el cuello de ella, hasta que al final, echó una mirada tímida. Era tan adorable que Hermione le dio un beso en la cabecita.

"Es hora de cenar. Ron, tú calienta la comida, Harry, ¿puedes poner la mesa?"

"Yo… ah, bueno, encontré algunas cosas de cuando Ginny era pequeña." Dijo Ron, levantando una bolsa. "Creo que solo es un juego de platos y cubiertos, vas a necesitar lavarlos mucho, pero no creo que ella los eche en falta."

"Gracias." Dijo Hermione, y se sintió complacida cuando Valemon agradeció también, con voz queda.

La cena consistió en abundante guiso, y los chicos habían traído suficiente comida como para que durara una semana. Harry dejó su silla con lentitud y fue a arrodillarse frente a Valemon, quedando a su altura, lo suficientemente lejos como para que el niño no se espantara. Le sonrió y mantuvo la voz suave y las manos quietas.

"Soy Harry." Le dijo al pequeño. "Te conocí esta mañana, pero estabas durmiendo."

"Harry." Repitió Valemon. Se podía escuchar un poco de arrastre en la erre. Tomó su cuchara y comió un poco del plato que le sirviera Ron sin dejar de observar con sumo cuidado a los dos chicos.

Hermione se sentó cerca de él, lo suficiente como para que pudiera acercarse a ella si necesitaba sentirse seguro y protegido.

"Eres un lindo niño, Val." Dijo Ron, pasando la canasta de pan alrededor de la mesa, y Harry miró a Hermione con tristeza al ver que el niño tomaba dos pedazos y se guardaba uno de ellos en el bolsillo.

"Valemon." Dijo el niño con firmeza, con una expresión ceñuda en su rostro infantil. Tenía las oscuras cejas casi juntas y la nariz arrugada.

"Valemon entonces." Dijo Ron de buena gana, como si le restara importancia. "Bueno, bueno, a comer, que luego hay postre. Te quedaste sin helado, Mione."

"Lo sé." Masculló ella. "Me lo comí todo mientras lloraba por mi ex."

"¿Mione está triste?" Valemon la miró de inmediato, con una expresión angustiada.

"Lo estaba, antes que tú llegaras." Contestó ella, acariciándole la mejilla.

El niño siguió observándola, como si quisiera asegurarse, hasta que estuvo satisfecho con lo que veía, y entonces volvió a comer.

La cena fue tranquila, una vez que se acostumbraron los unos a los otros, y a Valemon le encantó el helado, a juzgar por los gruñidos miniatura que soltó cuando le dijeron que no podía comer de nuevo.

Ron sacó su tabla de ajedrez de alguna parte y se puso a jugar a 'las damas' con el niño, mientras Harry y Hermione hablaban en voz baja.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, Valemon miró a la castaña.

"Es hora de dormir. Tengo que ir a la cama ahora."

"De acuerdo peque." Dijo Ron, y Valemon le dedicó una mirada ceñuda, pero luego se levantó y corrió hacia la chica, tironeando de su manga con urgencia.

"Mione, tengo que ir a la cama ahora."

"De acuerdo."

El pequeño se apresuró para lavarse los dientes y se paró junto a su cama, para darle a Hermione un beso con olorcito a menta en la mejilla.

"Buenas noches Valemon, que tengas dulces sueños."

"Mione también."

La chica sonrió y cerró la puerta de la habitación.

"Qué niño más raro." Comentó Ron, guardando el tablero. "Pero es adorable."

"Me gusta como gruñe." Añadió Harry, sentándose en el suelo y apoyando la cabeza en el regazo de Ron. "¿Vas a mirar más tarde?"

"No." Dijo la chica con el ceño fruncido, moviendo la mano en dirección de los platos en la cocina.

"Muy bien."

"Hombre, no puedo levantarme contigo encima."

"Sí, claro que puedes."

"Qué gracioso, Harry."

"Dejaré una carta para quien lo haya dejado conmigo." Añadió Hermione como si hablara consigo misma. "No sé si tiene alguna alergia, y de verdad voy a necesitar ir a la biblioteca. Harry, ¿puedes mantener a Ron fuera de problemas?"

"Por supuesto."

"Gracias." Les sonrió agradecida a los dos. "No lo despierten."

…..

El viaje a la biblioteca fue fructífero, y Hermione, muy feliz, se llevó a casa una pila de libros, algunos sobre cuidados infantiles y crianza, otros, la mayoría, libros con cuentos para niños, para leerle a Valemon.

Cuando la bibliotecaria alzó una ceja ante la cantidad de libros que sacaba, Hermione le sonrió y le dijo que su mejor amiga de la escuela iría a visitarla con su hijo y que ella no tenía idea sobre las cosas que le gustaban a los niños o las cosas que hacían, aunque a mitad de la diatriba, la bibliotecaria le hizo un gesto para que guardara silencio, y Hermione sonrió para sí misma, feliz por haber sido capaz de evitar la incómoda pregunta que empezaba a insinuar la mujer, y no quería ser la fuente de chismes del pueblo.

Harry y Ron estaban jugando al ajedrez sobre la mesa cuando ella regresó. Hizo un gesto incómodo cuando una de las torres de Ron, destrozó el alfil de Harry.

"Ya volví. Vayan a casa ustedes dos. Ron, ya deja de molestarlo y termina el juego ya." Les ordenó como la mandona que era.

Los muchachos sonrieron y Harry se rindió sin quejas.

Luego Hermione escribió rápidamente una carta para la misteriosa persona que le había dejado al niño, mientras sus amigos guardaban el tablero y las piezas.

Luego de volver a empujarlos hacia la chimenea, haciéndoles prometer que se tomarían unos días lejos de la casa, Hermione envió la mayoría de los libros hacia los estantes, mientras los informativos fueron a parar a su mesita de noche.

Cuando se fue a la cama, se sintió complacida al encontrar una taza de té caliente en su mesita.

¡Qué buenos amigos!

Después de leer algunos capítulos, la castaña bostezó y se estiró.

Cielos, el día había sido cansador, ahora que lo pensaba. La verdad, era mejor que se fuera a lavar los dientes y luego se iría a la cama.

N/T: Aún siendo chiquito. Severus tiene su carácter, ¿eh? Bravito el peque.