Capítulo 3

Severus parpadeó lentamente al despertar en la pequeña y bajita cama de niño.

Comenzaba a recordar más y más de lo que pasaba durante el día, mientras era un niño, ahora que ya habían pasado algunas semanas.

Al principio había estado desorientado, despertando y sabiendo que había estado activo todo el día, de haber sido bañado y alimentado, pero sin tener ni un solo recuerdo al respecto.

La primera noche, Dipsy había aparecido en 'su' habitación, en cuanto Hermione se quedó dormida, y Severus había respondido a la carta que la chica le había escrito.

Para ser honesto, se había sorprendido sobre las preguntas que la castaña había hecho, todas sobre el niño, preguntando por alergias, las cosas que le gustaban, las que no, en lugar de preguntar sobre la persona que había dejado al pequeño allí, en primer lugar. La joven había dejado en claro que les había dicho a sus amigos y que les había dicho que se mantuvieran lejos del asunto, pero que, si llegaban a enterarse de algún niño como Valemon, que hubiera sido secuestrado, le informaran de inmediato.

No hay que preocuparse por tal cosa. Pensó el hombre con expresión seria.

Sus largos dedos atraparon el asa de su taza, bebiendo un poco de su té en la cocina.

Incluso si lo hubieran secuestrado siendo un niño, nadie movería un dedo o lo hubiera reportado.

El pensar en eso le causaba amargura, porque Hermione lo cuidaba bien. Cuidaba bien a Valemon. Lo hacía muy bien.

Tenía un vago recuerdo de una batalla de bolas de nieve y de un cálido aroma floral, probablemente del invernadero en la parte trasera.

La primera noche que despertó en casa de Hermione, se había avergonzado al encontrar pedazos de pan en sus bolsillos. Pensó que había logrado superar ese hábito, pero claramente, su yo de cuatro años todavía no lo lograba. Ahora ya casi no sucedía, así que Severus asumió que Valemon comenzaba a sentirse más seguro. ¿Tal vez era posible que pudiera influenciar al pequeño? No lo sabía.

Pero había algo que recordaba con más fuerza, y esto lo hacía con un gesto de desagrado absoluto, y era el haberse sentido aterrado de Potter.

Eso también había sido curioso, porque el muchacho había sido muy gentil con Valemon. Eso provocó que Severus le tuviera respeto a regañadientes. Muy, muy a regañadientes.

Severus pasaba sus noches recordando la risa de Hermione, su voz al leerle al niño, u observarla mientras buscaba libros en los estantes.

Se sintió inmensamente complacido al ver que tenía cada libro y artículo que había escrito, incluso los que había escrito bajo un seudónimo, (cómo había sido capaz de descubrirlo, no estaba seguro, pero esos estaban claramente puestos junto al resto de los libros con su nombre real, acomodados cronológicamente).

Habían sido leídos muchas veces, a juzgar por el suave desgaste de las páginas.

La chica era un enigma, y él deseaba poder resolverlo.

Parecía feliz con Valemon, con sus libros, y parecía ser que no trabajaba, así que tenía mucho tiempo para observarla y estudiar sus hábitos.

Cuanto más la conocía, más deseaba que ella también lo amara.

"Maestro de Pociones, Profesor." Dipsy apareció con un suave sonido, cerca de él. "Dipsy le ha preparado la comida, ¡venga, venga!"

El hombre echó un suspiro, observando los libros con nostalgia, luego miró hacia el pasillo, hacia el lugar en donde dormía la joven castaña, descansando en un apenas inducido sueño.

Esta noche, el hombre iba a escribirle, ahora que sabía más de ella.

Ahora significaba tanto más que solo un puñado de recuerdos.

"Dipsy, tráeme una pluma y pergamino, por favor." Ordenó con suavidad.

"¿Qué es esto?" Comentó Hermione, mientras se anudaba el cinto de su bata y ponía la tetera a calentar. Sobre la mesa yacía un pergamino doblado, con su nombre escrito.

"¿Para mí?"

Miró la carta, sentándose en una silla.

Era tan… dulce. Inseguro e inteligente, como si el autor le fuera conocido, pero que deseaba mantener su identidad en secreto.

La chica sonrió con dulzura, acariciando el pergamino con suavidad.

De acuerdo, tal vez los chicos tenían razón y todavía deseaba ser elogiada, ser reconocida por su esfuerzo. Todavía le gustaba ser llamada inteligente y bonita. Eso era… lindo.

La última vez que Viktor, maldito sea, la había elogiado, fue en la tercera cita.

El autor de la carta le había preguntado por su trabajo, sobre los que su 'brillante cerebro' estaba planeando, si le gustaba cuidar de Valemon, y agradeciéndole.

Era tan tierno, y Hermione dobló el pergamino, pensando en responderle antes de irse a la cama.

La tetera silbó e hizo té, disfrutando de la clama antes que Valemon despertara.

Amaba el invierno. El mundo estaba más tranquilo y envuelto en nieve y en las ventanas se formaban cristales de formas caprichosas. Cuando era ella misma una pequeña, solía pasar el tiempo escribiendo en las ventanas empañadas de frío, dibujando cosas y viendo como aparecían y desaparecían del cristal.

El hombre de nieve que Hermione y Valemon habían construido en el jardín, un poco torcido, envuelto en un viejo suéter Weasley como bufanda y con su sombrero de jardinería, le sonreía de lado desde afuera.

Apenas unas semanas bajo su cuidado, y el pequeño ya se había metido bajo su piel, en su corazón. Su pequeño de cabello negro y sedoso. Su pequeño tímido y dulce. Solía peinarle el cabello y al niño parecía encantarle. ¿Es que nadie le había demostrado un mínimo de ternura antes? El pequeño se sorprendía con las cosas más pequeñas, como cuando lo llamaba para que se diera un baño o le daba un abrazo, y cuando le daba la mano para dar un paseo, a Valemon le costaba soltarla luego. Era como si no quisiera apartarse de ella hasta la hora de dormir.

Hermione le echó una mirada al reloj. Pronto se levantaría, caminando pesadamente por el corredor, frotándose los ojitos sueñudos, con la mirada adormilada perdida en su lugar en la mesa para desayunar.

Con una sonrisa, la castaña regresó a la cocina, con la intensión de preparar unos sándwiches de tocino. ¿Tal vez Valemon quisiera salir a explorar hoy? Necesitaba comprar comestibles pronto, así que podía llevarlo al mercado muggle. Si necesitaba algo del mundo mágico, podía pedirles a Harry y Ron que se quedaran con el pequeño.

Y a los chicos no les molestaba. De verdad parecía que les caía bien Valemon, quien, con mucha rapidez, estaba aprendiendo a jugar al ajedrez, y ya había apaleado a Harry con un gestito pícaro y solemne. Ron había echado una palabrota, (y se había ganado un hechizo punzante de mediana intensidad), cuando Valemon, repentinamente en el último juego, cruzó la mano sobre el tablero y se deshizo de la reina del pelirrojo, un segundo antes que este se diera cuenta que la había dejado sin defensa.

"¿Mione?"

"Buenos días." Dijo la chica, terminando de cortar con sumo cuidado el sándwich del niño. "Tenía ganas de comer unos sándwiches de tocino esta mañana, ¿quieres uno?"

"Bueno." El pequeño se quedó parpadeando a su plato, con el ceño levemente fruncido. Iba a tener un perfil muy fuerte cuando creciera. Muy atractivo. Iba a tener que crecer un poco, para que la nariz no le desentonara en el rostro, pero era un niño tan adorable.

"Necesito ir por víveres hoy," comentó ella, tratando de mantener la expresión neutral cuando lo vio reaccionar abruptamente, con el rostro inundado de miedo. "Hay que comprar comestibles, ¿te gustaría venir conmigo? Puedes ayudarme a elegir las verduras."

El pequeño la observó con cuidado, con la respiración acelerada. El dulce niño, ¿qué había dicho ahora para que se alterara tanto? Vio que apretaba los puños y luego preguntó. "¿Mione quiere que la acompañe?"

"Bueno, sí." Respondió ella, pero el niño fruncía todavía más el ceño. "No hay nada de malo en acompañarme al mercado, siempre y cuando no te alejes de mí. Me preocuparía mucho si te perdieras."

"No se supone que salga de la casa. Soy un monstruo." Eso último lo dijo casi en un susurro inaudible.

"Oh, Valemon, no eres un monstruo, amor, te lo juro." Hermione se arrodilló a su lado y lo abrazó con suavidad, furiosa con quien fuera que lo había lastimado así. ¡Si solo era un chiquitín! "Terminaremos de desayunar, luego haré una lista de las cosas que necesitamos, después te pondré ropa bien abrigadora y caminaremos hasta el mercado."

"Está bien." El pequeño la abrazó también y le respondió con la voz más suave al oído.

Esa noche, cuando la castaña escribiera la carta, le diría un par de cosas al personaje misterioso.

Su preocupación por el niño es muy apreciada… y tierna. Había olvidado lo muy maltratado que ha sido, de verdad. Habiendo tenido experiencias similares, Srta. Granger, le aseguro que no deseo que Valemon sufra de esa manera nuevamente. Desearía haber tenido alguien como usted cuando tenía la edad del pequeño. Los dos, él y yo, siempre estábamos solos y sin amigos. No se nos permitía salir al exterior, no había comida, a menos que fueran apenas sobras, y no se podía llorar, o éramos golpeados.

Usted nos está haciendo un gran favor, y solo sirve para magnificar mi respeto por usted. Tiene un alma cariñosa y es una maravillosa mujer, al permitir que Valemon se quede con usted, en su hogar y su corazón.

A Valemon le gusta leer, y ya debe ser capaz de hacerlo por sí mismo. Se enseñó a sí mismo, y es una habilidad por la que ha trabajado muy duro. Dudo que necesite preocuparse por estallidos incontrolables de magia, y lo cierto es que es más probable que su magia aparecerá para defenderla más que para dañarla, porque de verdad, usted ha entrado muy profundo en su corazón.

No tengo palabras suficientes para expresar mi gratitud por usted, Srta. Granger.

Ha preguntado por mi persona. Por favor, permítame ser un poco incierto. Soy muy callado, proclive al mal genio, prefiero la soledad. Leo mucho, y su última contribución para la revista de Aritmancia no me pasó desapercibida. Fue tan brillante que deseé poder contactarla, pero sentí que no debía. Ahora tengo la posibilidad de hacerlo, y la experiencia es liberadora y aterradora al mismo tiempo.

Si pudiera contactarla directamente, créame que lo haría. Me gustaría poder invitarla a cenar, y discutir sobre las más recientes publicaciones.

Usted es, y siempre ha sido, una persona brillante. Tiene una luz más brillante que la de sus compañeros, y eso solo hace que me sienta más atraído por usted. Su mente solo agrega a su belleza física, Srta. Granger, y su corazón todavía más.

Suyo.

Hermione había mantenido esa carta, junto con la otra docena que recibió de él, en un cajón de la mesa de café.

Habían pasado cuatro meses desde que Valemon había llegado a su vida, y que ella había comenzado a intercambiar correspondencia con su admirador, porque así lo llamaba ahora, con creciente frecuencia. Pero esa carta era su favorita. En ella, hablaban de sus sueños para el futuro, de Valemon, y de varios temas académicos.

Fuera quien fuera, y ella estaba segura que era un hombre, era brillante, de rápidas respuestas y tan, pero tan tierno con las palabras. Esas cartas tan bellamente escritas eran testigo, y ella no podía dejar de acariciar el pergamino con cuidadosas manos. Deseaba que estuviera allí, que fuera real, de carne y hueso, que fuera parte activa de su vida. Qué rápido había olvidado a Viktor, con las mordaces palabras que había escrito su admirador sobre su ex, y cómo había expresado un vacilante deseo de formar una familia propia.

"¿De verdad eres mío?" Murmuró Hermione hacia la carta, presionando la palabra 'suya' contra los labios una vez más, antes de poner la misiva con las otras cartas del cajón.

Ciertamente, ella le pertenecía a ese hombre y su corazón estaba embelesado por él. Harry y Ron habían expresado su preocupación al respecto, pero no habían encontrado nada que señalara algo turbio, así que no se metieron.

De cualquier modo, la castaña se sentía horriblemente culpable. Allí estaba ella, habiendo salido con Ron brevemente, habiendo salido con Viktor por más tiempo, habiendo tenido un largo enamoramiento con su profesor, por años, y ahora, ahora estaba enamorándose de alguien que no existía en su vida, solo en tinta y papel.

"¡Mione!" Valemon entró a la carrera en la sala, agitando los bracitos y con el cabello meciéndose en todas direcciones, con una enorme sonrisa en el rostro. "¡Floreció! ¡Ven a ver!"

Hermione adoraba la sonrisa del niño. Sonreía tan poco, pero cuando lo hacía, era porque la excitación lo invadía tanto que se reflejaba en sus labios, y ella no podía evitar sonreír de igual manera.

Lo tomó de la mano y lo siguió hasta el jardín, en donde habían plantado un pequeño rosal, casi marchito, pero que Valemon se había quedado mirando con ternura, y por el cual, el pequeño había mirado a Hermione con la más implorante expresión.

Entre los dos, habían defendido al pequeño rosal de los intentos de Crookshanks por comerlo, y el pequeñito había estado cuidando de la planta con ahínco, hasta que el clima estuvo un poco más cálido y la planta pudo, finalmente, florecer.

"Oh, pero si es hermosa." Dijo ella, de rodillas en el suelo, junto al niño. De verdad tenía habilidad con las plantas, que iba codo a codo con la voracidad en la lectura, así que mantenerlo activo dentro y fuera de la casa, no era difícil.

"No me di cuenta que era rosada."

"El rosado es lindo." Dijo Valemon, con las mejillas sonrosadas, acuclillado junto a ella, abrazando sus propias huesudas rodillas contra su pecho. Una pálida y gentil mano infantil acarició con suavidad uno de los pétalos. "Es linda, como Mione."

Ella le dio un beso en la mejilla, mientras observaba la forma en la que Valemon acariciaba el pétalo, y la acción le parecía a Hermione vagamente familiar.

"La hice crecer, Mione."

"Así es. Estoy muy orgullosa de ti."

El rostro del niño se iluminó y ella le acarició el cabello. "Desearía que Mione fuera mi mamá."

"Pero tú eres mi pequeño." Respondió ella, luego de un breve momento, y volvió a besarle la mejilla.

Más tarde, en la privacidad de su cuarto, al tiempo que se sentía más y más cansada, Hermione suspiró.

Había deseado tener hijos y se había sentido decepcionada cuando las cosas con Ron no funcionaron. Y peor, se había sentido devastada cuando Viktor no quiso saber nada sobre niños.

No era la mamá de Valemon, pero deseaba poder serlo. Había perdido tanto de la vida del pequeño, pero ahora, parecía que siempre había estado a su lado. Era como un alma antigua en un cuerpo joven.

Ahogó un gemido de pena.

Deseaba tener hijos propios. Deseaba tener un hombre a su lado con quien compartir esa dicha.

Y ahora, su admirador, parecía más inalcanzable que nunca.

Como un sueño que nunca iba a hacerse realidad.

"¡Mione! ¿Has visto las noticias? Hola Val." Ron dijo todo eso a modo de saludo, mientras salía de la chimenea.

El ahora familiar y minúsculo gesto de fastidio, apareció en las pálidas facciones del niño.

"Valemon."

"Eso fue lo que dije."

"¿Qué noticias, Ron?" Preguntó Hermione, antes que Valemon pudiera responder con un insulto.

En los últimos meses, se había abierto más y más, y sus palabras y su lengua eran mucho más que veloces a la hora de llamar al orden a Harry y Ron, sobre todo cuando estaban actuando particularmente tontos. La última vez, había llamado 'zopenco' a Harry, y ella no tenía idea de dónde había sacado esa palabra.

"Hazte a un lado, que quiero pasar yo también." Avisó Harry, y Ron se hizo a un lado de inmediato. Hermione les lanzó un rápido hechizo de limpieza a ambos, para deshacerse de las cenizas. Valemon hizo un gesto de desagrado justo antes de ver desaparecer la mugre, y luego, puso su libro de estampas a buen recaudo.

"¡Son grandes noticias!" Anunció Ron, entregando el Profeta a la castaña. "Vector se va a jubilar. Van a necesitar una nueva profesora de Aritmancia, y, ¿a quién conocemos que es grandiosa en Aritmancia?"

"Pues yo." Contestó la chica, hojeando el periódico para encontrar el artículo. ¡Amaba a Hogwarts! ¡Poder regresar y enseñar allí sería genial! "¿Crees que tenga alguna oportunidad?"

Los ojos verdes de Harry brillaron. "¡Claro que sí! McGonagall te adora, y eres Hermione Granger. Serían unos tarados si no te contrataran de inmediato."

"A menos que la lista negra del ministerio les impida hacerlo." Dijo ella sombríamente. Esos cretinos habían estado evitando que consiguiera un trabajo por meses.

"Lo dudo." Dijo Ron, desplomándose en el sofá mientras hacía volar una bolsa de frituras hasta su mano. Valemon atrapó la bolsa en el aire y alzó retadoramente una ceja, para luego abrir el empaque y comenzar a comer. "Qué chico listo. Ya sabía por qué me caes tan bien. ¡Accio frituras! En cualquier caso, Mione, el ministerio no puede decidir sobre los profesores de Hogwarts, solo lograron salirse con la suya con Umbridge, y desde entonces, se han creado nuevas reglamentaciones para evitar que vuelva a suceder. El directorio de la escuela puede objetar a alguien, pero no el ministerio."
Hermione le quitó suavemente la bolsa de frituras a Valemon. "Después de comer, amor. Pero, ¿qué hay de Valemon? ¡No puedo dejarlo!" El tono de la voz de la castaña estaba cargado de angustia. "Y no quiero que nadie lo lastime o se lo lleve."

"Puedo cuidarme solo." Dijo Valemon con una mirada enfadada, pero echándole miradas calculadoras a la bolsa de frituras.

Algo en la forma en la que el niño ladeaba la cabeza, hizo que Harry frunciera el ceño.

"Pregunta." Comenzó a decir Harry. "Estoy seguro que, entre los profesores, tú, y los elfos, pueden arreglar algo. ¿Qué son? ¿Siete meses más?"

"Tal vez. ¿Valemon? ¿Tú que piensas?" Ella sabía que era mejor consultar una decisión tan grande con el niño.

"Serías una buena maestra." Dijo el pequeño con total honestidad, mirándola directamente con esos expresivos ojos oscuros, luego, volvió a prestar atención a su libro.

No fue sino hasta más tarde, cuando los chicos ya se habían ido, y ella ya le había escrito a la Directora, que Valemon se acercó a Hermione, la abrazó, y le susurró al oído. "No me dejes."

"Eso nunca." Murmuró la chica, besando el sedoso y negro cabello, y luego posó su dedo en la punta de la nariz del niño.

….

Hermione no podía esperar para escribirle a su admirador.

El hombre había estado un poco sarcástico con ella ese mes, quejándose por la falta de conversación inteligente, en el tiempo en el que ella y Valemon se preparaban para mudarse a Hogwarts.

Minerva, como se suponía que la llamara de ahora en más, había ofrecido dejarlos mudarse antes, para que ella pudiera prepararse para comenzar a dar clases y para que el niño conociera el castillo.

Las habitaciones de Hermione, bastante amplias, incluso tenían un pequeño balcón, en donde ahora residía el rosal de Valemon, el cual había trasplantado a una maceta para llevarlo con ellos.

El rosal todavía conservaba la lozanía, y el rosado de la flor se había hecho más oscuro. Era una planta muy hermosa y Hermione estaba muy orgullosa de Valemon.

Deja de preocuparte, había escrito su admirador en la última carta que había recibido de él, Hermione, lo harás estupendamente. Los profesores y el alumnado tienen suerte de tenerte.

Y a la castaña se le había ocurrido una idea, así que había escrito una carta a toda velocidad una noche, luego que Valemon se hubiera ido a la cama en su nueva habitación. Incluso le habían asignado un elfo para él solo, Dipsy, que era tímido pero muy dulce.

Y esa noche, cenaría con él.

Su admirador estaba de acuerdo en cenar con ella, tarde, en la oscuridad, con hechizos que garantizaran que no pudiera verlo. Ella se había ofrecido de buena gana a cubrirse los ojos, y los nervios de la chica se estremecían por la anticipación.

Estaba en Hogwarts. Estaba a salvo.

Con Valemon ya en la cama, Hermione se preparó y se puso un vestido color crema, esperando que él la encontrara bonita. Solo un toque de maquillaje, una delicada gargantilla, y cerró los ojos cuando el reloj dio la hora, aguardando.

Sintió la suavidad de la seda en el rostro, y provocó que se le erizara la piel. La seda sobre su piel, tenía un hechizo para mantenerla en su lugar.

"Gracias." Susurró la castaña.

"Es un placer." Respondió una masculina, suave y grave voz, evidentemente enmascarada con un hechizo, pero el tono aún le era familiar. "Permíteme."

Una gentil mano de largos y ásperos dedos, la guio hasta la mesa en donde cenarían, en las habitaciones de ella.

"Es tan… hermoso poder conocerte." Dijo ella con cautela.

"De nuevo, sí." Respondió él, y el aroma de la comida llenó la habitación. "Como no puedes ver, me tomé la libertad de escoger comidas que puedes tomar con la mano, para evitar clavar el tenedor en la mesa por accidente."

Ella se rio, relajándose y tanteando con cuidado su plato.

Ese hombre olía deliciosamente. Una fragancia masculina, como pergamino y hierbas y luz del sol. Familiar, pero extraño. La voz también la confundía un poco, pero, de cualquier manera, la conversación entre los dos, duró horas.

Hermione había extrañado tanto esto. El tener alguien con quien conversar, para discutir las cosas que había leído, para preguntar cosas y que él tuviera la respuesta.

"Es tarde." Dijo él con suavidad, y la sonrisa de ella se desdibujó. "Debes descansar si vas a cuidar del pequeño."

"¿Vas a regresar?" Farfulló la chica de pronto, y él se quedó helado, con los dedos en el brazo de ella.

"Sí." Respondió el hombre al cabo de algunos agonizantes segundos. "Pero no podrás verme aún, Hermione."

"Lo sé."

Los dedos varoniles se deslizaron sobre el brazo de ella, hasta llegar a la mano, la tomó y se la llevó hasta los labios.

"Buenas noches, mujer que tanto amo."
"Buenas noches." Pudo decir ella, casi sin aliento, y con la electricidad subiendo desde su mano hacia su corazón.

Y luego, ella supo que él se había ido.

N/T: Guest: Ecco com'è. Lo scoprirà... alla fine. Ma non dirà niente.

¡Hola! Me disculpo por la demora al actualizar, pero es que he tenido algunos días un poco complicados, y en el medio, ¡nació mi sobrina!

Si ven que no actualizo cuando debería, no se preocupen, porque nunca voy a dejar un fic sin terminar.

¡Un saludo bien grande para todos!