Capítulo 4

"¡Oh! ¡Hola Profesor!" Saludó Hermione toda sonrisas, acercándose al cuadro en donde residía el viejo director.

"Hola Srta. Granger." Replicó Albus, con ese brillo en los ojos. "Minerva me dijo que estaría llegando para unirse a nosotros, pero no sabía que sería tan rápido."

"Llevamos un mes aquí." Le dijo placenteramente, moviendo el libro en sus manos. "Valemon, Crookshanks y yo estuvimos adaptándonos. Supongo que Minerva ya le comentó sobre Valemon."

"Oh, sí. Ya sé todo sobre el pequeño. Un nombre interesante. No puedo decir que lo haya escuchado antes." En el mundo mágico, al menos. Se autocorrigió Albus en su interior. "Estoy muy feliz que sea usted Profesora en Hogwarts."

"¡Gracias!" Los ojos de la joven brillaron de alegría. "Desde que el ministerio me puso en esa jodida lista negra, ha sido muy complicado encontrar un empleo."

Albus rio. "Estaba en mi otro cuadro en esos días. La gente estaba horriblemente sorprendida al escuchar que había tenido exabruptos con tres miembros del Winzegamot. Y los hechizos fueron muy creativos."

Hermione encogió los hombros, visiblemente sonrojada. "Bueno, es que sus leyes sobre el avance de los hijos de muggle en el Ministerio eran muy injustas, ¡sobre todo después de todo lo que tuvimos que luchar! Esos desgraciados cabezas de…" Tomó una inhalación, tratando de calmarse. "Bueno, ya todo está resuelto. Extrañé mucho el castillo y estoy muy entusiasmada por comenzar a dar clases."

"¿Y cómo tomó tu pretendiente las noticias de tu mudanza a Hogwarts?"

"¿Cómo dice?" Los ojos se le abrieron de par en par y el sonrojo se hizo más pronunciado.

"Mi querida niña, por lo que dicen los otros retratos, has estado canturreando. Un poco fuera de tono, aunque no es algo que nos moleste, pero eso suele significar que hay alguien especial en tu vida. ¿Podrías permitirle a un viejo la curiosidad y el chisme?" El anciano volvió a sentarse contra el árbol pintado a sus espaldas. "¿Quién es el caballero?"

Hermione rio con suavidad, y su cabello ocultó su rostro. Movió el pelo hacia atrás. "Supongo que lo está tomando bien, y todavía no sé quién es. Estoy tratando de no indagar demasiado."

Albus puso una expresión alarmada. "¿No sabe? ¡Pero qué curioso! Porque parece que su joven le gusta."

"Oh, sí." Confesó la chica con voz queda, mirando hacia ambos lados del corredor. "Siento que lo conozco desde siempre. Él es increíble, y ha sido tan dulce al permitir que Valemon se quedara conmigo… lo extrañaré mucho cuando se vaya."

"El verdadero amor nunca nos abandona." Comentó el anciano director. "Y nunca sabrá lo que tiene, Srta. Granger, hasta que lo vea de frente. Ya debo dejarla ir a su oficina. Por favor, dele mis saludos a su jovencito de extraño nombre."

"De acuerdo. Adiós Profesor. Ha sido lindo verlo de nuevo. De verdad." La chica se quedó observando al anciano que se iba, cruzando una pintura en donde se servía una mesa de té y bebiendo un poco en el camino. Hermione sacudió la cabeza. El Profesor Dumbledore era un hombre extraño, manteniendo esa fachada de abuelito tierno, a pesar que todo el mundo sabía que podía ser un viejo manipulador.

Todavía sacudiendo la cabeza, la castaña siguió camino hacia su oficina, pensando. ¿De verdad estaba canturreando? De acuerdo, debía aceptar que la música no era algo en lo que sobresaliera, pero Valemon nunca se quejaba, ni tampoco su admirador, cuando la semana anterior, ella había canturreado mientras él la guiaba a ciegas por la sala, al ritmo del vals.

Cómo adoraba a su hombre misterioso. Podía ser cortante y cruel, pero nunca con ella, en general, lo era con el trabajo de algún pobre diablo, a quien él satirizaba para tratar de ganarle una discusión. Era divertido y muy listo, y algo que ella amaba mucho más, eran sus diestras, seguras manos. Y cuando bailaban, ella podía asegurar que era un hombre delgado pero fuerte. Y muy alto. Sabía que tenía el cabello largo, porque algunos mechones le rozaban las manos cuando él las tomaba entre las suyas, para besarlas como solía despedirse y darle las buenas noches.

A pesar de lo mucho que deseaba besarlo, sentía que no podía hacerlo. De alguna manera, él era… inalcanzable, y parecía casi triste y un poco perdido, como había sido Valemon.

Valemon de nuevo.

El Profesor Dumbledore tenía razón. De verdad, era un nombre curioso.

Se preguntó qué significaba y cuáles serían sus orígenes.

Decidió pasar por la biblioteca más tarde, mientras sonreía al pensar en el pequeño sentado en el balcón, junto a Dipsy, leyendo entre la suave fragancia de su rosal de oscuro rosa.

…..

"¡Feliz cumpleaños!" Dijo Valemon mientras abría la puerta y dejaba entrar a Harry y a Ron. "Mione hizo un pastel."

El pequeño casi parecía un cachorrito en su deseo por probar el pastel, el cual Hermione misma había preparado, y la joven había estado más que complacida con la habilidad del niño para asistirla en las mediciones de los ingredientes y para mezclarlos. Valemon también había estado complacido, cuando sus esfuerzos significaron que se ganó el derecho de lamer el bol, y luego Hermione se había ganado unos besos con sabor a chocolate en la mejilla, en recompensa por su propio trabajo.

"Me encanta el pastel." Le dijo Harry con seriedad al pequeño. "¿Sabías que tuve mi primer pastel a los once años? Hagrid lo preparó para mí."

"Sabe rico." Susurró Valemon con timidez, pero Hermione llegó a escucharlo. "Ya me fijé."

"Nuestra Hermione prepara un muy buen pastel, mamá se aseguró de eso." Dijo Ron. "Traje el juego de ajedrez y el Snap Explosivo, ¿con cuál quieres comenzar?"

"Damas Chinas."

"No tengo ese, Val."

"Mione tiene."

"Mamá me envió uno." Dijo Hermione desde la cocina, para luego reaparecer con unas tazas y la tetera. "Le encanta y es muy bueno. Me venció en un santiamén."

"¿En serio?" Ron lo miró inquisitivamente. "De acuerdo peque, tráelo y muéstrame cómo se juega."

Valemon se fue a su habitación y Harry lo miró. "¿Sabes? Ha cambiado mucho desde que lo conociste."

"¿Quién? ¿Ron? Todavía tiene tierra en la nariz."

El pelirrojo en cuestión frunció el ceño y se lamió el pulgar, para luego empezar a frotarlo donde supuso estaría la mancha.

"No, Valemon. En verdad parece… familiar, de algún modo. ¿No crees?"

"Claro que sí. Ha estado viviendo conmigo por medio año… oh, ¡Harry! ¡Más de medio año! ¡Y luego se irá! ¿Qué voy a hacer sin él?"

De pronto, esa certeza le cayó como una tonelada de ladrillos y miró a su amigo con angustia.

"La mancha está del otro lado, Ron, pero creo que solo te añade encanto." Harry le guiñó el ojo a Ron y luego se volvió hacia Hermione. "Todo estará bien, Mione. Las cosas se arreglarán, ya verás. ¿Cómo están las cosas con tu hombre misterioso?"

"Bien. ¿Cómo está el asunto de mudarse de La Madriguera?"

"Mamá no quiere que nos vayamos." Dijo Ron. "A pesar que Ginny todavía vive allí y está embarazada de nuevo, por cierto. Está por completo loca, mi hermana, pero parece que está feliz. Cree que este es de Terry Boot, ¿lo recuerdas?"

"Si, lo recuerdo, pero vigila la forma en la que hablas frente a Valemon." Siseó ella. "No quiero que comience a tener malos hábitos. No mientras esté conmigo."

"Pero no lo tendrás por mucho tiempo más, Hermione." Dijo Harry con preocupación, tomándola de la mano. "¿No tienes ni una pizca de curiosidad sobre su origen? ¿Qué tal si no te dejan visitarlo?"

Las lágrimas estaban a punto de derramarse de los ojos de la castaña. Harry había estado tratando de hacerla investigar desde que llegó a Hogwarts.

"Potter, deja de hacer llorar a Mione." Todos se sobresaltaron. No habían escuchado a Valemon regresar, y allí estaba, echando miradas reprobatorias a Harry, sosteniendo su juego de damas chinas entre sus brazos. "Eso es feo."

"No fue mi intensión." Respondió Harry, deslizando los nudillos sobre la mejilla de Hermione. Pero Valemon siguió con esa mirada de enfado hasta que el chico se apartó, luego, el pequeño le dio la caja con el juego a Ron y se encaramó en el regazo de la chica.

"Nunca te dejaré." Le dijo en medio de un abrazo, para que los chicos no pudieran oírlo. "Amo a mi Mione."

"Yo también te amo." Le dijo ella con suavidad, sosteniéndolo cerca. Era cálido y familiar, y ella lo amaba todavía más de lo que hubiera imaginado.

"Damas Chinas preparadas." Anunció Ron, siempre tan alegremente en las nubes. "Ven a mostrarme cómo se juega."

….

"Hermione." Preguntó Harry en voz baja.

"¿Hmm?" La joven lo miró como adormilada.

Valemon se había ido a la cama hacía rato, y los tres adultos bebieron un poco de vino.

"¿Te lo has preguntado?"

La chica bostezó. "Sé que su nombre no es común. No he podido encontrar una sola referencia en el mundo mágico sobre él. La única que encontré, fue en un cuento de hadas muggle, una vieja fábula sobre un rey que recibió una maldición que lo condenaba a convertirse en un oso polar."

"Siempre volvemos a los cuentos de hadas, ¿eh?" Masculló Ron al salir del baño, rascándose el abdomen. El pelirrojo se dejó caer en el sofá, con la cabeza en el regazo de Harry, a pesar de las protestas. "Bueno, ¿qué sucedió con el rey oso polar?"

"La princesa lo miró en la noche, mientras él dormí." Dijo Hermione con voz queda. "Después de haber prometido que no lo haría. Y el rey fue tomado prisionero de una bruja mala, así que la princesa tuvo que ir a rescatarlo."

"Qué mierda."

"Y aun así, ¿no sientes curiosidad?" Preguntó Harry sorprendido. Casi sin darse cuenta, acariciaba el cabello de Ron como si de un gato se tratara. Crooks, celoso y ávido de atención, se subió de un salto al apoyabrazos del sofá, demandando los mimos de Hermione, y ella, como cualquier persona inteligente que tiene un gato, le dio lo que quería.

"¡Claro que la siento! Pero la fábula es una pista y una advertencia, Harry. Te lo dije en el pasado, es lógico, aunque la mayoría de la gente mágica no tenga un ápice de lógica. Y este razonamiento lógico me indica que si alguien dejó a un niño en mi puerta, con la advertencia de no mirarlo en las noches, y que ha nombrado como el protagonista de ese cuento, entonces lo más sensato es que oiga su consejo."

"Escucha a Mione, Harry." Murmuró Ron. "Ella es lista, nuestra Hermione. Y regresa eso a tu bolsillo."

Harry se puso serio, pero guardó el Mapa del Merodeador en el bolsillo. Ron y Hermione se rieron y luego se quedaron callados.

"Es tan bueno estar de nuevo aquí." Comentó la castaña en voz apenas audible. Los chicos asintieron. "Feliz Cumpleaños Harry."

"Feliz Cumpleaños." Añadió Ron. "No lo olvides. Tenemos planes con Hagrid mañana."

"Lo sé. Seguramente será algo peligroso."

Los tres se rieron, relajándose en la quietud del lugar.

Un rato después que Ron se durmiera, provocando risitas con sus ebrios ronquidos, Harry miró atentamente a Hermione, achicando los ojos al observarla.

"Entonces, ¿ya lo sabes?"

"Oh, Harry… siempre lo supe, en mi corazón." La chica apretó la mano de su amigo un poquito, todavía desparramados en el sofá, mientras el adormecimiento alcohólico los reclamaba lentamente.

….

"Creí que no vendrías." Dijo Hermione mientras él le ponía un pañuelo de seda sobre los ojos.

"Siempre vendré por ti." Contestó el hombre con dulzura, deslizando sus gentiles manos sobre los hombros de ella. "¿Tenías alguna duda?"

"Nunca dudé de ti."

El corazón de Severus se aceleró al oírla.

Severus la amaba más con cada día que pasaba, tratando de verla cuando era posible, dejando cartas para ella cuando no lo era. En las noches en las que no podía acercarse a ella, deambulaba por los corredores junto a su gato, mientras su mente se debatía con la incertidumbre de si ella lo amaba o no.

"Ven afuera conmigo." Murmuró Severus, y la guio hacia el fresco de la noche. Ella tembló un poco y él se acercó por detrás para brindarle calor, mirando las estrellas mientras ella no podía hacerlo. "Las clases comenzarán pronto."

"Lo sé. Y pronto estaré más ocupada de lo que he estado en mucho tiempo. Voy a extrañarlos a los dos. A ti y a Valemon."

Severus presionó sus labios contra el cabello de ella, pero no dijo nada. Él también la extrañaría. ¿Cómo podía pasar tanto tiempo del año lejos de ella, mientras su Hermione quedaba exhausta pasando horas y horas enseñando? Su día estaría dedicado a pasar todas las preciosas horas posibles con Valemon, el tiempo restante, devota a sus alumnos, y las noches las reclamarían el planear las próximas lecciones y la corrección de ensayos.

Ya no habría tiempo para Severus.

"El rosal huele maravillosamente." Dijo la chica. "Debe ser algo de la magia, para que permanezca tanto tiempo florecida."

"Seguramente."

"¿Qué pasa si la maldición se rompe antes de un año?"

"¿Maldición?" Oh, pequeña sabihonda, descubriendo la verdad y apuntando directo al quid de la cuestión.

"No seas tímido… después de todo, me escogiste a mí." La voz de Hermione pasó de la firmeza a dubitativa, y él la sostuvo con más fuerza. "Quiero decir, vamos, no soy tonta. Por supuesto que eras tú."

"No sé." Murmuró él con la voz ronca. "Entre todo lo que sé, eso es algo que no sé."

"Bueno, averigüemos entonces." Leoncita arrojada y tenaz.

La castaña giró en los brazos de Severus, alcanzando el rostro de su hombre antes que él pudiera hacer algo para detenerla.

"Te amo Severus." Susurró la chica en el último instante antes de besarlo con toda intensidad. Cómo, exactamente, había descubierto quién era él, ya no importaba, porque sentía que el calor invadía su cuerpo y lo envolvía como en llamas. Los brazos de Severus envolvieron el cuerpo de Hermione, apretándola contra sí mismo mientras ambos gemían.

El ardor y la pasión… ella lo era todo, y el hombre no pudo evitar casi sollozar palabras de amor en medio de los fervientes besos, con la voz de ella también susurrante, cargada de devoción.

El fuerte perfume de la, ahora, rosa color rojo oscuro que crecía en la maceta, a sus espaldas, llenó el aire mientras los dos disfrutaban de sus besos.

…..

Cuando llegó la mañana, los dos estaban envueltos en la pesada capa de él, y Severus no pudo evitar soltar una ahogada carcajada, al darse cuenta que el sol ya había salido y todavía era un hombre.

Cuidadosamente, quitó la seda que cubría los ojos de Hermione y la despertó con sus besos, encantando su mente con la promesa de casarse con él antes que comenzara el nuevo periodo de clases, no, esa misma tarde, y que juntos, rearmarían la pequeña familia con la que ella tan feliz se había sentido.

Y de hecho, todavía sonrojados y ebrios de felicidad, fueron a La Madriguera, para arrastrar a sus amigos al Ministerio, después de todo, si Severus les había tomado cariño siendo un niño, suponía que podía tolerarlos siendo adulto.

Hermione cortó la rosa para su ramo.

Después de eso, cada año florecería bajo los tiernos cuidados de la pareja, mientras el rosal crecía alrededor de su cabaña.

Los Malfoy fueron avisados también, teniendo en cuenta que fue su libro el que puso todo en movimiento, y Hermione descubrió que se llevaba bastante bien con Astoria.

Minerva estaba feliz de tener a su Profesor de Pociones de regreso, a pesar de la abrupta, (y más bien ruda), carta de despedida, y Slughorn regresó a su retiro, con la promesa de varios barriles de piña confitada.

Cierto búlgaro desapareció de la vida pública, pero como, de alguna manera, era el villano de la historia, nadie pareció notarlo realmente.

Cuando llegaron los niños de los Profesores Snape, los llamaron Rose y Valemon, a pesar de las risitas de Harry y las bromas de Ron, y Dipsy fue el mejor niñero que pudieron haber pedido.

Y vivieron felices por siempre.

FIN.

N/T: Bueno, hasta aquí esta historia. Espero que les haya parecido tan dulce como a mí. Por favor, disculpen las demoras, pero es que no he estado bien de salud.

Muchas gracias a toda la gente que siguió la historia y que comentaron y la agregaron a la lista de favoritos.

Les mando un fuerte abrazo y hasta la próxima historia.