Este fic participa en el minireto de junio de La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. El reto consistía en escribir sobre un personaje tras su graduación.

Beta: Milenrrama

Palabras: 498


En el cementerio


Cuando el funeral terminó, los asistentes se marcharon lentamente, sujetándose los unos a los otros para no resbalar en la hierba helada. Pocos repararon en la mujer que permanecía cerca de la tumba, quieta y expectante.

Ninguno de ellos vio la figura plateada que estaba ante la lápida, ni escuchó las desesperadas palabras que les dirigía.

La mujer se dirigió a la tumba cuando el último de los presentes se perdió de vista. El fantasma intentó seguirlo, pero sus pies se hundieron en la nieve; todavía no controlaba su nueva condición.

—Hola —lo saludó la mujer.

El fantasma alzó la vista; solo era un niño. Demasiado pequeño para saber que era un mago o para protegerse del accidente que le había costado la vida.

—¿Puedes verme? —preguntó el chico; en sus mejillas resplandecían unas manchas húmedas, restos descoloridos de sangre mezclados con lágrimas.

—Sí. —La mujer se acercó un paso—. He venido a ayudarte. Me llamo Cho…

—¿Tú también estás muerta? —la interrumpió.

—No. —Era una cuestión que había contestado más de una vez. Algunos magos tampoco entendían qué camino habían tomado; para los nacidos de muggle era todavía más complicado—. ¿Por qué no…?

—¡Quiero a mi madre!

Cho le echó un vistazo a la lápida. Los nombres de los padres estaban inscritos justo encima del chico. Para ellos no habría regreso; no de esa forma.

Notó una presión en el pecho, pero se apresuró a respirar para calmarla.

El fantasma había conseguido elevarse a unos centímetros del suelo; la miraba con algo parecido a la rabia y desesperación.

—No puedo reunirte con tu madre —le explicó Cho, con calma—. Ella no está aquí.

—¿Dónde está?

Una buena pregunta. Cuando había manifestado su deseo de dedicarse a los fantasmas, todo el mundo había asumido que eso era lo que Cho quería: una respuesta a la eterna cuestión del más allá.Principio del formulario Algunos habían sonreído educadamente, al tiempo que sugerían que tal vez no era un camino adecuado para ella; otros habían llegado a hablar de una decisión macabra.

Nadie había pensado que tal vez solo deseaba mirar a la muerte a la cara. Que quería reflexionar, sentir, llorar; sin que nadie considerase si eso era un paso adelante para su duelo o un paso atrás.

Simplemente era un empleo en una oficina del Ministerio, nada más.

—Escucha, sé que estás triste. Te comprendo —dijo Cho—. Voy a contarte qué ha pasado y por qué tu madre no está aquí; después, podemos ir a donde quieras. —Tendría que enseñarlo a desligarse del cementerio, pero aprendería a moverse; todos los fantasmas lo hacían.

—¡Quiero que me lleves con ella! —protestó el fantasma.

—No puedo —insistió Cho—, pero voy a ayudarte.

El niño se echó a llorar. Cho se limitó a mirarlo mientras los copos de nieve le golpeaban las mejillas. Cuando se tranquilizase, le contaría por qué estaba todavía allí.

Esa era otra ventaja: no tenía que compartir su historia.

Le bastaba con escuchar las de los demás.