Capítulo I

El viaje

Terry se encontraba ordenando el maletín con los papeles de su negocio hacia un país que juró no iba a volver a pisar, pero su padre le pidió apoyo y no pudo negarse. Así que se encontraba, guardando y alistando todo cuando Arthur entraba y se le quedó mirando.

- ¡Hola Terry! – lo saluda Arthur, la mano derecha de Terrence Grandchester.

- ¡Hola! ¿Qué haces aquí? – pregunta un adusto castaño.

- Solo vine a confirmar tu vuelo a Estados Unidos - le dijo atento.

- Sí, tengo que ir… - mencionó suspirando.

- Pensé que habías dicho que no regresarías a Estados Unidos… nunca – refiere Arthur, sin esperar la mirada asesina de su jefe.

- Lo sé, pero esta vez tengo que invertir con Emporio Andley – le contesta sin muchos ánimos.

- ¿Tienes? – inquirió el joven empleado.

- Sí, es cosa de mi padre, la verdad que no me anima mucho regresar – le cuenta esperando que no le haga más preguntas. Anda dime, ¿qué tienes en la lengua? ¡Suéltalo! – le ordena Terry sin verlo realmente.

- Nada… sólo me queda darte ánimos para regresar pronto – era afortunado, él no iría esta vez con su jefe, pero tampoco quería hacerlo.

- Bien, ¿eso es todo? – cuestionó para que se fuera de allí.

- Sí eso es todo, permiso – Arthur salió de la oficina de su jefe sin mirar atrás, pero él sabía que para Terry era doloroso regresar a Estados Unidos.

- ¿Qué pasa Arthur? – le preguntó Gerard, que era amigo íntimo de Terry.

- Nada… sólo que no estoy muy seguro que Terry este convencido de regresar a Estados Unidos, es sólo eso – comentó Arthur.

- ¿Por qué? ¿Le has dicho algo? – cuestionó Gerard.

- No, aún recuerdo el día en que me dijo que no quería saber nada de ella y eso hice… bueno algo por el estilo – murmura por lo bajo.

- Pero si sabes de ella… - bromeó Gerard, pero por el rostro de Arthur presintió que en realidad sí sabía de ella.

- Claro que sé de ella, quién no lo sabe en el mundo en el que actualmente se mueve… ahora es culta y delicada y… - y era momento de detenerse.

- ¿Y? – inquirió Gerard curioso.

- Está casada con una gran familia que la cuida y la protege demasiado… tal como él debió de hacerlo – respondió con cautela.

- Pero fue ella quien no quiso seguir con él – reclamó Gerard.

- Pero es su esposa o al menos eso dice el papel que tiene en la caja fuerte – Arthur justifica sabiendo de lo que hablaba.

- Espera, me estás diciendo que están casados aún… - le dice a él.

- Sí, aún están casados… - afirma Arthur viendo a su amigo.

- Eso es un gran problema, cuando Terry regresó a Londres, ella desapareció por no sé, uno o dos años, ¿sabes algo que los demás no sepan? – Gerard quiso indagar.

Pero Arthur si sabía lo que había ocurrido con Candy, sólo que era mejor que Terry lo descubriera sólo y más aún que Gerard podría decirle todo lo que le contara en ese momento. Decir que Candy no quiso seguirlo cuando eran recién casados estaba totalmente fuera de contexto, pero Terry en su odio a la mujer que más amaba, canceló toda la posibilidad de contacto con ella, lo malo era que el estado de salud actual de Candy no era bueno y eso era lo que más le preocupaba, si ella no lograba reconocer el estatus de su primer esposo, su segundo esposo ¿la dejaría libre?

No quería ni pensar en lo que Terry haría si la viera en el circulo donde él se había convertido en un pez enérgico y rapaz en los negocios y ella en una simple mujer que no recordaba su pasado.

- ¡Arthur! – lo llamó.

- ¡Eh! Perdón, ¿me decías? – le preguntó Arthur desconcertado.

- ¿Qué si sabes algo por lo cual desapareció? – refirió Gerard.

- No y creo que la única que lo sabe es ella, así que lo mejor será que recemos porque ellos no se encuentren nunca, aunque sea la labor más titánica de la tierra – finalizó Arthur pensando si el destino los volvería a unir de nueva cuenta. Bueno… sí señor… en serio, bien, empacaré y lo espero en el aeropuerto – asintió con desánimo.

- ¿Qué pasó? – preguntó Gerard.

- Lo que más me temía – respondió Arthur.

- ¿Qué cosa? – quiso saber Gerard.

- Lo acompañaré en su viaje – le dijo cansinamente, él lo que menos quería era presenciar ese suceso, pero al parecer él quería sentir apoyo de aquel chico que demostraba ser su mejor amigo.

- ¿No iba a ir con Susana? – aseguró Gerard, que era su secretaria.

- Pues al parecer no, ahora si me disculpas tengo que ir a empacar rápidamente – dijo él sacando su saco de respaldo del sillón que se encontraba en el escritorio.

- De acuerdo, que les vaya bien en el viaje – deseó fervientemente.

- Gracias – Arthur se despidió y se fue.

Continuará…